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EL MUNDO HISPANO - HISPANOAMERICANO - HISPANIDAD Y ETC

Ser hispano significa tener algún tipo de identidad física o cultural con España. Este término hispano se refiere fundalmentalmente a aquellos que habitaron la antigua Hispania y por antonomasia a todos los ciudadanos de las muchas nacionas de Hispanoamérica e Hispanoasia. El término hispanoamericano significa lo mismo en sus distintas definiciones ya que agrupa a españoles y americanos de lengua castellana.

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HISPANO

Término que denota una derivación cultural y o física de España. Según las definiciones que da la Real Academia Española del término hispano estos serían fundamentalmente los habitantes de la antigua Hispania, es decir los españoles de la península ibérica y por extensión todos los ciudadanos de las naciones de Hispanoamérica e Hispanoasia , entre las que se incluyen España y los países hispanohablantes de América, África Asia y Oceanía así como los habitantes de Estados Unidos que sean originarios de alguno de estos países.

El término hispanoamericano viene a significar lo mismo en sus distintas definiciones ya que agrupa a españoles y americanos de lengua castellana.

Principalmente en Estados Unidos, se utiliza el término hispano para nombrar a todos los hablantes del español o castellano, (en vez de llamarles hispanohablantes) independientemente de su raza, grupo étnico y nacionalidad.

Así en Estados Unidos, un cubano de origen africano, un argentino de origen italiano, un mexicano de origen amerindio, un chileno de origen europeo o incluso un mismo español (de España), son todos ellos hispanos ante la sociedad mayoritaria (anglosajones), pues su lengua es el español, mientras que entre ellos mismos no se identificarían así, prefiriendo hacerlo por su país de origen o por ser latino- o ibero-americanos en general.

Los filipinos no están dentro de esta consideración que los anglo-estadounidenses hacen del término "hispano", puesto a que la gran mayoría de estos llegados de Filipinas hablan inglés y un número muy escaso el español, independientemente de si llevan nombre o apellido español o no, y a esto agregar que serían hispanos sólo los que tienen raíz española parcial o totalmente.

Volviendo al término hispano, este uso de la palabra no ocurre en Latinoamérica, donde la gente primero se identifica por su nacionalidad, y los únicos que se nombran como hispanos son los que son en parte o en completo de ascendencia española.

El uso erróneo del término hispano en Estados Unidos ha sido combatido en los últimos años por grupos de iberoamericanos de origen no español, que no se identifican como hispanos dadas las connotaciones colonizadoras de dicho término y no desean ser asociados con España ni sus ascendientes en América que colonizaron sus tierras.

El término hispano antes se usaba en el censo estadounidense como una identificación racial dentro de una lista excluyente de categorías en la que se incluían, por ejemplo, blanco, negro o amerindio. En la actualidad hispano en dicho censo se encaja en una categoría independiente, la de etnia, la cual identifica si la persona es de origen de un país donde la mayoría son hispanos o hispano-hablantes.

De esa forma, ahora se requiere identificar dos categorías, raza y etnia, y, por ejemplo, un español residiendo en EE.UU. sería un hispano blanco (White Hispanic) denotando así su raza (blanca) y su origen (o etnia) de un país de mayoría hispana (en este caso España es 95% White hispanic)

En América latina, dada la inmigración histórica de españoles, hispano se refiere a los habitantes de ascendencia española, no incluyendo a personas latinoamericanas de ascendencia portuguesa o francesa, o de etnia africana o amerindia. Por lo tanto, hispano no puede ser usado como un sinónimo de latino o latinoamericano, tampoco de iberoamericano, puesto que incluiría a Brasil. El conjunto de países donde la población hispana es la mayoritaria se conoce como Hispanoamérica.

De esta forma, hispana, es solamente cualquier persona cuyo linaje, en total o en gran parte, proceden de la gente de España. En este sentido, hablando de una población hispana, los implicados son españoles (de España), criollos (latinoamericanos de ascendencia española ; españoles nacidos en América), mestizos (mezcla de español y amerindio), y mulatos (mezcla de español y africano).

Se excluyen los indígenas y los descendientes solo de africanos u otros pueblos no españoles independientemente de si ellos ahora usan el español como su primera o única lengua.

LENGUA HABLADA POR LOS PAÍSES HISPANOAMERICANOS

Lengua romance originada en España y que actualmente constituye la lengua primordial de América. En España y algunos países latinoamericanos, se le conoce también como "castellano", por referencia a Castilla, donde se habló antes de su expansión a la hispanidad.

Es junto con el inglés la lengua occidental que cuenta con más hablantes, y es la lengua de origen europeo más uniforme en las distintas partes del mundo donde se habla y escribe, gracias al cuidado de una activa Asociación de Academias de la Lengua Española.

Indoeuropeo > Itálico > Grupo Romance > Romance > Lenguas Romances Ítalo-Occidentales > Grupo Ítalo-Occidental - Subgrupo Occidental > Grupo Galo-Ibérico > Grupo Ibero-Romance > Grupo Ibero-Occidental > Subgrupo Castellano

Mientras que en la lista mundial de lenguas más habladas figura en tercera o cuarta posición según la fuente consultada (al fin y al cabo los censos de la India y Sudamérica varían mucho según el organismo consultado), lo que sí queda claro es que en la lista mundial de importancia ocupa la segunda posición detrás del inglés, con casi 400 millones de hablantes nativos.

Aunque el castellano es una lengua referentemente americana, se lo habla en los seis "continentes", aunque en algunos de forma casi testimonial:

América: Es oficial en Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Puerto Rico, República Dominicana, Uruguay y Venezuela, pero su presencia también es importante en las Antillas Holandesas, Belice, Estados Unidos de América, Trinidad y Tobago y en algunos pequeños sectores del Brasil, Canadá y Haití.

África: Canarias, Ceuta, algunas zonas de Marruecos, Melilla, Guinea Ecuatorial, Sáhara Occidental y al resto del norte de África, por las comunidades sefardíes. El 11 de julio de 2001, el español fue declarado una de las lenguas oficiales de la Organización de la Unidad Africana (OUA), junto con el árabe, francés, inglés, portugués y swahili.

Antártida: Argentina, Chile, España y Perú han establecido bases en esta parte del mundo.

Europa: Es oficial en España, se habla también en Andorra, Gibraltar y por muchas comunidades sefardíes en los Balcanes, como Bulgaria, Grecia y Rumania. Núcleos de emigrantes en Alemania, Francia, Italia, República Checa y Suiza. Es una de las lenguas oficiales de la Unión Europea.

Asia: Minorías en Filipinas (2.900.000, sin contar los hablantes de "chabacano"), Israel (100.000 a 160.000) y Turquía (20.000-30.000), actualmente también existen, algunos emigrantes radicados en Arabia Saudí, Japón y Kuwait.

Oceanía: Isla de Pascua (Chile). Núcleos de emigrantes en Australia. El chamorro se habla en Guam y las Marianas.

LENGUAS PRERROMANAS

El español que hoy hablamos deriva directamente del latín a través de un largo proceso de transformaciones. Incluso podemos decir con todo rigor que nuestro español actual es el latín hablado en el siglo XX en el dilatado mundo hispanohablante.

La lengua de Roma se extendió por la península ibérica a partir del año 218 a. J. C.. y poco a poco fue fue ocupando casi todo nuestro territorio y anulando paulatinamente la cultura y la lengua de los pueblos que aquí habitaban antes de su llegada.

Por la región levantina, en el territorio comprendido entre los ríos Segura y Ródano, y alcanzando probablemente hasta la Cordillera Ibérica, se extendían los iberos, poseedores de una cultura muy desarrollada. Estos habitantes procedían del norte de África, y a ellos se debe el nombre de Iberia.

Por la baja Andalucía y sur de Portugal se extendían los tartesos o turdetanos. Y los fenicios fundaron en el 1100 a. J. C. Gádir, que significa "recinto amurallado", para controlar la zona del estrecho y la costa africana atlántica y proseguir su comercio del cobre y del estaño, así como de salazón de pescado.

Cuando Tiro perdió su hegemonía, las colonias fenicias pasaron a depender de Cartago, intensificando ésta su influencia por el Mediterráneo, donde fundó diversas colonias, como Cartagena, Mahón, etcétera.

Desde época muy remota, los griegos fueron los rivales de los fenicios en el comercio del Mediterráneo. En la Península fundaron varias colonias. A partir del 535 a. J. C., una serie de catástrofes debilitaron el poderío griego en nuestras costas hasta perder prácticamente todas sus colonias en el 237 a. J. C.

Hacia el 800 a. J. C. comenzaron a invadir el centro y noroeste peninsular los celtas. Su figura aparece mucho más desdibujada que la de los pobladores del litoral: no hay referencias escritas que aludan a ellos: sólo huellas toponímicas y arqueológicas.

Los celtas llegaron en sucesivas oleadas a la Península: unos se establecieron en gran parte de Cataluña y Aragón a caballo sobre la Cordillera Ibérica, constituyendo lo que se llamó la Celtiberia, cuyo máximo desarrollo cultural se centra en las ruinas de Numancia.

Otros se establecieron en la meseta (provincias de Palencia, Valladolid, Zamora, Salamanca, Ávila, Burgos y parte de Soria; una de sus manifestaciones son los famosos toros de Guisando), llegando hasta Sierra Morena, y algunos incluso más al sur. Un tercer núcleo se estableció en Galicia y norte de Portugal.

Los testimonios que han llegado hasta nosotros de lo que fue la lengua de los iberos se hallan en diversos alfabetos encontrados en el este y sur de la Península. Estos monumentos gráficos se han conservado en monedas, plomos, bronces, inscripciones lapidarias e inscripciones basculares.

Entre los eruditos vascos dominaba desde el siglo XVI la idea de que su lengua, el vascuence o euskera, era, ni más ni menos, que la descendiente de la ibérica. Y la teoría vasco-iberista de Humboldt, elaborada por Hübner y por Schuchardt, fue la que predominó en los medios lingüísticos durante muchos años.

Basándose en que hay líneas que unen el vasco con el N. de África y con el Cáucaso, se desarrollaron dos hipótesis sobre su origen: a) para unos, el vasco es de procedencia africana, por las similitudes que presenta con las lenguas camíticas; b) para otros, es de origen caucásico, apoyándose, sobre todo, en semejanzas de estructura gramatical.

Las investigaciones más recientes de A. Tovar y de J. Hubschmidt, han puesto de relieve que el vasco y el ibero son dos lenguas distintas, aunque entre ambas se produzcan muchos rasgos comunes.

La aportación de J. Hubschmidt se resume con sus propias palabras del siguiente modo: "El vasco es un último resto de, por lo menos, dos grandes familias lingüísticas preindoeuropeas, que se han superpuesto en Europa occidental, el euroafricano y el hispano-caucásico".

"Aunque, desde el punto de vista lingüístico, no pueda demostrarse, no hay que excluir la tesis, generalmente aceptada hoy en día, según la cual el ibérico habría tenido una influencia de superestrato sobre el léxico protovasco; con ello podría hablarse de un sustrato hispánico preibérico, últimamente relacionado con el vascuence.

La aportación de J. Hubschmidt se resume con sus propias palabras del siguiente modo: "El vasco es un último resto de, por lo menos, dos grandes familias lingüísticas preindoeuropeas, que se han superpuesto en Europa occidental, el euroafricano y el hispano-caucásico". Antonio Tovar, después de reunir casi un millar de palabras en su vocabulario ibérico, en las que las coincidencias con el vasco son muy limitadas, opina también que el vasco y el ibero son lenguas distintas.

LA ROMANIZACIÓN DE HISPANIA

Por romanización se entiende el proceso histórico mediante el cual los pueblos peninsulares se incorporaron al mundo cultural romano (Ubieto et al., pág. 22). 

El desembarco de los Escipiones en Ampurias, en 218 a. J. C., señaló el comienzo de la romanización de Hispania. El motivo inicial fue militar: aislar a Aníbal, en su expedición por tierra hacia Roma, de sus bases de aprovisionamiento. Pero después, los objetivos económicos decidirían la conquista total de la Península.

La conquista de Hispania fue muy lenta. Según Ubieto et al., el litoral mediterráneo y la mayor parte de la actual Andalucía fueron ocupados entre los años 218-206 a. J. C. En el 194 a. J. C., la cuenca del Ebro hasta el Moncayo y las Bardenas. Entre los años 193-172 a. J. C., la cuenca del Ebro navarro y riojano y las cuencas altas del Guadiana, Júcar y Turia.

En el año 153 a. J. C. se inició la conquista de la Meseta, se ocupó Segeda (cerca de Calatayud), se fundó Ocilis (Medinaceli), se puso sitio a Numancia (153) y se ocupó en el 13 a. J. C. junto con toda la cuenca del Duero. Las tierras de Galicia, Asturias y Santander continuaron libres hasta la época de Augusto (29-19 a. J. C.).

Si la conquista fue lenta, la total romanización lo fue aún más, y no tuvo la misma intensidad en toda la Península: desde la Bética, por ejemplo, la de más primitiva e intensa romanización, hasta Lusitania o los pueblos astures, galaicos y cántabros, hay todo un abanico de grados de culturización romana.

El mismo Estrabón decía que "las (tribus) que viven a uno y otro lado del Betis se han cambiado totalmente al estilo romano, y ya no recuerdan su propia lengua", mientras que en el centro y norte de la Península la presencia de las legiones romanas estaba civilizando aquellos pueblos. "En conjunto, puede decirse que hacia el siglo III la romanización de España era total -si no geográficamente, al menos en densidad-, que sus habitantes hablaban exclusivamente latín y que el Gobierno de Roma se ejercía sobre ciudadanos romanos, no sólo por la concesión universal de derechos en tiempo de Caracalla, sino por auténtica fusión de indígenas y gentes de Italia" (Díaz y Díaz, 1960 a, pág. 154). Indígenas, que desaparecieron poco a poco.

A la adopción de la civilización seguiría inmediatamente la de la lengua, que no se impuso radicalmente, sino a través de muchísimos años de bilingüismo, en detrimento de las lenguas indígenas. Las causas de la romanización son, por un lado, humanas y, por otro, culturales.

La presencia en Hispania de las legiones romanas, el alistamiento de hispanos en esas legiones, la existencia de matrimonios mixtos, los lazos comerciales, la presencia de colonos romanos en la Península, etc., son las razones humanas.

Pero, al mismo tiempo, los romanos traían una estructura administrativa coherente y eficaz, un derecho bien probado y una gran experiencia en las obras públicas. La instalación de escuelas en nuestro territorio (por ejemplo, la escuela de gramática que Sertorio estableció hacia el año 80 a. J. C. en Huesca) permitió inculcar a los jóvenes hispanos la lengua y la cultura romanas al mismo tiempo que el pensamiento heleno, hasta tal punto que Julio César pudo arengar públicamente en latín a sevillanos y cordobeses, mientras que en las Galias tenía que hablar por medio de intérpretes (Oliver, HLE, pág. 20). Todo este peso cultural influyó notablemente en la romanización de las regiones.

Del latín al romance hispánico

LAS LENGUAS ROMÁNICAS

Con la desmembración del Imperio romano comenzó la fragmentación lingüística, que evolucionando a lo largo de los siglos ha dado lugar a la división de la Romania en tres grandes regiones con un determinado número de lenguas en cada una de ellas:

I. Romania occidental, que comprende:

1. La Galorromania, con las siguientes lenguas: a) El francés propiamente dicho, el literario, la lengua oficial, que es el francés del Norte. b) El provenzal, en el Sur. c) El francoprovenzal, entre el provenzal y el francés. Sus límites formarían como una elipse cuyos focos fuesen Ginebra y Lyon. d) El catalán, en el Rosellón.

2. La Retorromania, con el retorrománico, que forma tres zonas lingüísticas, independientes geográficamente: a) El grisonés, en el Cantón de los Grisones, en el S. E. de Suiza, con literatura propia y muchos dialectos. b) En los valles del N. de Italia, en los Alpes Dolomíticos y al N. de Trento. c) En la provincia de Udine, cerca del río Tagliamento. d) N. de Italia.

3. La iberorromania. con las siguientes lenguas: a) El castellano, procedente de un pequeño rincón de Burgos. b) El catalán, con varios dialectos. c) El gallego-portugués, hoy gallego y portugués: históricamente es una misma lengua.

II. Romania oriental, que comprende:

1. La Dalmacia, con el dálmata, en la isla de Veglia y en la costa dalmática. Se extinguió en 1898.

2. Rumania, con el rumano, dividido en cuatro dialectos principales: a) El Rumano o Dacorrumano, hoy la lengua oficial del país. b) E! Macedorrumano, hablado fuera de Rumania, entre Albania y N. de Grecia, en la Macedonia. c) El Meglenorrumano, en una pequeña región al N. O. de Salónica. d) El Istriorrománico, en la Península de Istria.

3. Centro y S. de Italia. La división entre Italia del N. o Italia continental y la peninsular (Centro y Sur) se establece por medio de la línea Spezzia-Rimini.

III. Cerdeña:

En toda la isla se habla el sardo, muy influido por el catalán y el español.

LA IBERORROMANIA

                            LA ESPAÑA VISIGODA (SIGLOS V, VI y VII)

Diversos acontecimientos comenzaron a poner en peligro el Imperio romano. Desde el exterior, a partir del siglo III se cernía la amenaza de los bárbaros, cuyas agresiones eran muy frecuentes. El Mediterráneo estaba dominado por piratas, que hacían muy difícil la comunicación entre España e Italia.

Los francos y germanos atravesaron el Rhin, devastaron la Tarraconense y la Bética y llegaron a Africa en el siglo III. En el interior, la reforma fiscal emprendida en todo el imperio fue injusta; el valor de la moneda descendió. La descomposición fue tan grande que el Imperio se dividió en dos partes: la oriental y la occidental.

La decadencia política llevaba paralelamente la pérdida del peso cultural, que junto al aislamiento de cada provincia iba a influir decisivamente en la lengua, que, sin la fijación que supone una manifestación escrita, e irradiada principalmente desde Roma, se fue circunscribiendo en cada territorio y allí fue adoptando nuevas peculiaridades, evoluciones autóctonas, que poco a poco convertieron el latín imperial en las diversas lenguas románicas.

En el año 406, los suevos, los vándalos y los alanos pasaron el Rhin e invadieron el Imperio. En la Península penetraron, atravesando el Pirineo, el año 409. Hasta el 411 vagaron por todo el territorio, pero ya en esa época se fueron asentando: los vándalos asdingos entre los ríos Miño y Sil y el Cantábrico; los suevos entre la línea Miño, Sil y Duero; los alanos en la Cartaginense y en la Lusitania; los vándalos silineos en la Bética.

La Tarraconense continuó integrada en el Imperio romano. La suerte de estos pueblos, con la excepción de los suevos, que permanecieron, fue efímera.

Otro pueblo, el de los visigodos, invadió el sur del imperio y llegó también a España. El rey Ataulfo ocupó Barcelona en el 415. El número de invasores escasamente llegó a cien mil, localizando sus asentamientos preferentemente en la meseta castellana, desde el norte de Palencia y Burgos, hasta Soria, Madrid, Toledo, Segovia.

Estos visigodos eran los más civilizados de todos los pueblos bárbaros invasores. Su contacto durante siglo y medio con el pueblo romano les hizo asimilar gran parte de su cultura, lo que facilitó seguramente la convivencia con los antiguos pobladores hispanos.

Algunas de las instituciones romanas, como el Derecho vulgar, fueron revitalizadas, pero otras, como el Derecho Fiscal, suprimidas. La época visigoda fue de gran esplendor en muchos órdenes, entre los que hay que destacar la aparición de un nacionalismo hispánico, que consideró la Península como algo diferente del Imperio romano.

En Hispania los visigodos se romanizaron poco a poco, aunque dejaron su huella en las costumbres y en el Derecho. La romanización alcanzó a su lengua, que fueron perdiendo, en favor del latín; por eso, es muy escasa la huella lingüística de estas lenguas germanas en el español: sólo algunas palabras pasaron al latín de entonces.

LA INVASIÓN ÁRABE

En el año 711, el musulmán Tárik desembarca en Gibraltar con el objeto de ayudar a los partidarios de Witiza contra el rey visigodo Rodrigo. Éste fue vencido en la batalla de Guadalete, y a partir de este momento comenzó la conquista musulmana de la Península que se llevó a cabo con una rapidez asombrosa.

Tárik llegó hasta Toledo en el mismo año. Muza. en el 712, tomó Sevilla y Mérida; en e1 714, Lugo y Zaragoza. La conquista de Cataluña se culminó en el año 719. Sólo las montañas del norte resistieron a la invasión.

Si el mundo romano había encontrado su línea de continuación en los pueblos que habían surgido de la simbiosis con los invasores bárbaros, la llegada del Islam, en el siglo VIII, produce una ruptura con lo anterior: se pierde la cultura romana; los nuevos invasores son fundamentalmente guerreros. Los hispanos se convirtieron masivamente al islamismo: con ello, se olvidó el legado de Roma conservado en la época visigótica.

Así, se creó un gran vacío que no se llenaría hasta el siglo IX, en el que comenzó el renacimiento cultural bajo el signo del Islam. Por otra parte, la !legada de los musulmanes acabó dividiento el viejo mundo romano en dos partes antagónicas, caracterizadas por sus creencias: la cristiana y la musulmana.

Con la invasión musulmana penetraron nuevos credos en Hispania que dieron lugar a la aparición de núcleos religiosos en enclaves de religión diferente; se encontraban:

a) los judíos, que primero vivieron entre los musulmanes y a partir del siglo XII entre los cristianos;

b) los mozárabes, que eran los cristianos que practicaban su religión en territorio gobernado por los musulmanes, con la condición de pagar tributo;

c) los mudéjares: musulmanes que vivían en territorio gobernado por cristianos. Su número fue muy elevado; obligados a bautizarse se convirtieron en moriscos.

Desde el punto de vista lingüístico hay que fijar la atención en la lengua románica de los hispanorromanos que vivían sometidos al islam, es decir, los mozárabes, que conservaban su lengua y en gran parte su cultura. Su habla era el mozárabe.

La influencia árabe fue muy amplia y lingüísticamente se refleja sobre todo en el léxico. El número de arabismos que pasaron al español es muy difícil de calcular: al parecer, entre los simples y los derivados se alcanzaría un total de unas 4.000 palabras.

Piénsese en que términos como azequía, zanja, noria, res, jabalí, alcalde, alguacil, arroba, albañil, tabique, alfiler, jubón, laúd; trompeta, tambor, etc., son otros tantos términos árabes utilizados hoy en e! español.

En el aspecto fonológico el árabe no ejerció ningún influjo en los fonemas españoles, pese a la creencia de Nebrija y gramáticos posteriores. En el nivel morfológico sólo nos dejó el sufijo -i: jabalí; baladí, adoptado en castellano durante la Edad Media para la formación de nuevas palabras: alfonsí, zaragozí.

En la sintaxis, hay que mencionar la influencia del árabe en las traducciones de esa lengua al castellano medieval.

EL ROMANCE PRIMITIVO (SIGLOS VIII, IX Y X)

La invasión islámica dividió la Península en dos núcleos de extensión desigual; uno, al norte, refugio de los viejos cristianos hispanos, reducido a poco más que la cordillera cántabro-pirenaica, y otro que abarcaba el resto del territorio, con capital en Córdoba, cuya fe, cultura y lengua eran diferentes.

En la España cristiana del norte existen los siguientes núcleos políticos:

a) El núcleo asturiano, que elige como rey a Pelayo (718-737). Este núcleo alcanzó verdadera importancia con Alfonso I, yerno de Pelayo, que aprovechó las circunstancias socioeconómicas del momento (guerra civil entre bereberes y árabes, época de sequía y hambre que obligó a los musulmanes a abandonar el valle del Duero y a replegarse hacia el sur o hacia el valle del Ebro) para acabar con los pocos musulmanes que quedaban y hacer que los mozárabes que había en estas tierras pasaran la cordillera y fuesen a repoblar el interior de Asturias, donde la sequía y el hambre eran menores.

Así se consiguió un gran desierto fronterizo entre el reino asturiano y la España musulmana, que se extendía por todo el valle del Miño, del Duero, las Bardenas navarroaragonesas, el desierto de la Violada, Los Monegros, La Litera y los llanos de Lérida, y ciudades como León, Lugo, Astorga, etc., quedaron vacías.

El reino de Asturias inició la fortificación de "las tierras donde el río Ebro queda estrangulado por las estribaciones de las cordilleras Cantábrica e Ibérica, lugar por donde necesariamente pasarían los musulmanes cordobeses para atacar el reino asturiano.

La zona de Cellórigo, Haro, Pancorbo y Llantarón se pobló de Castillos (Castella, en latín), y hacia el año 800 las viejas tierras de Bardulia cambiaron su nombre por el de Castella, que conoceremos más tarde por Castilla" (Ubieto et al., pág. 81).

El reino asturiano comienza teniendo su sede en Oviedo, a la que sus sucesivos reyes trataron de engrandecer para que emulase a la perdida capital visigótica, Toledo.

Más tarde, Ordoño II (914-924) trasladó la capitalidad del reino a León con el fin de estar más próximo a la cuenca del Duero, que ya había empezado a repoblarse.

Pese a esta hegemonía política, León entró pronto en decadencia, sobre todo a partir de las incursiones de Almanzor contra distintas partes del reino y contra la misma capital, León, cuyas murallas arrasó (988).

b) El núcleo navarro, centrado en Pamplona, procuró mantener su independencia entre el reino asturiano, el poderío musulmán y la influencia franca, aliándose con quien más convenía.

c) El núcleo pirenaico, desde Aragón hasta Gerona, estaba fragmentado en varios condados, dependientes del reino franco hasta finales del siglo IX y principios del X. La independencia total se logra a finales del siglo X, cuando se extingue la dinastía carolingia y Almanzor ataca las tierras catalanas (985), sin que reciban ayuda del monarca francés.

En todos estos núcleos los eruditos seguían empleando el latín para todos los usos cultos y oficiales y además era la lengua que se aprendía en las escuelas. Con él coexistían, desde finales de la época visigoda, además de un romance llano, un latín avulgarado, que probablemente sería la lengua hablada y escrita de la gente semidocta.

Esta lengua amoldaba las formas latinas a la fonética romance y conservaba restos de declinación y voz pasiva, así como multitud de partículas y vocablos cultos.

Mientras perduró tal forma de lenguaje intermedio, no estuvieron bien marcados los linderos entre el latín y el romance; palabras absolutamente romances aparecen latinizadas, mientras se romanceaban otras que seguramente no habían pertenecido nunca al habla vulgar.

Durante toda esa época primitiva, toda voz latina era susceptible de ser deformada, y toda palabra vulgar podía ver detenido o desviado su proceso por influjo del latín culto.

El romance primitivo de los estados cristianos españoles ha llegado a nosotros gracias a documentos notariales que, a pesar de su empeño en mantener el uso del latín, insertan por descuido, ignorancia o simplemente por necesidad de hacerse entender, formas, voces y construcciones en lengua vulgar.

Este romance aparece usado con plena conciencia en las Glosas Emilianenses, del monasterio de San Millán de la Cogolla, y en las Glosas Silenses, incluidas en un manuscrito proveniente de la biblioteca del monasterio de Silos; seguramente copiado en este monasterio de un original procedente de San Millán de la Cogolla.

Unas y otras datan del siglo X y están escritas en dialecto navarro-aragonés. El centro irradiador de estos y otros manuscritos procedentes de otros monasterios parece haber sido San Millán de la Cogolla.

El español primitivo carece de fijeza. Coinciden en el habla formas que representan diversos estados de evolución y en medio de esta coexistencia de normas, la evolución lingüística avanza con pasos lentos, pero firmes.

Poco a poco se van eliminando los arcaísmos y disminuye la anarquía. La fijación de criterios llegará más adelante, a partir del siglo XII, como fruto del cultivo literario.

A causa de la inseguridad del lenguaje y de la aspiración de los hablantes a hablar bien para hacerse entender, eran frecuentes los errores de falsa corrección, pues no había idea clara de las formas que debían emplearse.

Algunos juzgaban que era demasiado vulgar emplear determinadas formas a la manera castellana, otros que a la manera leonesa.

A partir del siglo XI y de la modificación del trazado del abrupto camino francés, haciendo que atravesara por tierra llana, empezaron a afluir a Compostela innumerables devotos europeos; la abundancia de franceses da a la ruta el nombre de "camino francés". La influencia ultrapirenaica se acentúa durante el reinado de Alfonso VI, casado sucesivamente con tres reinas extranjeras.

España sale de su aislamiento, pero con perjuicio de sus tradiciones. Desaparece la escritura visigoda y en su lugar se emplea la carolingia. En el lenguaje entran muchos términos provenzales y franceses.

LA ÉPOCA DE ALFONSO X EL SABIO

Y LA TRANSIÇIÓN DEL del español medieval al clásico (siglos XIII al XV)

Apuntes históricos

Durante el siglo XIII queda prácticamente terminada Ia Reconquista: sólo Granada quedará como último reducto musulmán, pero su rey será vasallo de Castilla. Los acontecimientos más importantes de ese siglo son: la derrota musulmana en las Navas de Tolosa (1212); la conquista de Sevilla en 1248; la conquista de las Baleares y del reino de Valencia por la Corona de Aragón; el impulso cultural de Alfonso X El Sabio.

El siglo XIV supone una gran crisis en todos los terrenos: comienza por la aparición de la peste bubónica, que diezmó la población de Occidente en un 50%. Más tarde, la crisis económica, y junto a ella la crisis de autoridad, tanto espiritual como temporal.

Castilla había detenido la Reconquista en los límites del reino de Granada. La Corona de Aragón se extendía por el Mediterráneo, logrando la vinculación de Sicilia, Córcega y Cerdeña.

El siglo XV representa el final de la Edad Media y el tránsito a la Edad Moderna, que surge con el reinado de los Reyes Católicos. Es la época del reinado de Juan II en Castilla y de la entronización de la casa de Trastamara en Aragón, con Fernando I de Antequera.

La crisis iniciada en el siglo anterior tiene sus repercusiones más hondas en el XV: la autoridad real era nula; el poder de los nobles aumentó.

Castilla sigue con la Reconquista detenida. Aragón aumenta su poderío en el Mediterráneo: además de la incorporación de Sicilia, que permanecerá unida a Aragón hasta 1713, en Cerdeña y Córcega se reconoce la autoridad del rey aragonés y Alfonso V ocupa el reino de Nápoles y ejerce cierta protección sobre el ducado de Milán.

Del español medieval al clásico

Evolución lingüística

En el aspecto cultural, desde los primeros años del siglo, surge la admiración por el pasado de Roma, cuya cultura estudian simultáneamente los reyes de Castilla (Juan II) y de Aragón (Alfonso V). En esta época son conocidas e imitadas las obras de Dante y de Boccaccio, cuyo lenguaje aristocrático, con su vocabulario y sintaxis latinizante, deslumbra a los escritores castellanos.

A medida que la Reconquista baja hacia el Sur, los dialectos románicos que se van perfilando en la Península aumentan progresivamente. El gallego y el portugués ocupan todo el Oeste peninsular; el leonés se detiene al Sur del Tajo; el catalán alcanza sus limites actuales, más el reino de Murcia, a causa de la conquista de Jaime I y su repoblación catalana.

El aragonés se filtra hasta el Sur entre el castellano y el catalán. Y lo que es importante observar es cómo el castellano penetra como una cuña en la hasta entonces relativa unidad lingüística de la Península. La Reconquista Ilevó hacia el Sur, fundamentalmente, cinco tipos lingüísticos: el gallegoportugués, el leonés, el castellano, el navarro-aragonés y el catalán. Por ello, puede decirse que la fragmentación lingüística actual de la Península es básicamente el resultado de la Reconquista.

Durante estos siglos, el castellano escrito se siguió perfeccionando para hacerse capaz de ser instrumento de la más alta expresión artística, a la par que comprensible y utilizable por toda la sociedad. La lengua liquidó en estos siglos alguna de sus más importantes vacilaciones, caminando hacia su regularización.

En la fijación del castellano es fundamental la labor de Alfonso X, más brillante como científico que como gobernante. El conocido como Rey Sabio congregó a su alrededor a todos los sabios del país: judíos, mahometanos, cristianos, en verdaderas academias constituidas en sus palacios. La labor de todos estos eruditos era dirigida por el rey, y él intervenía en ella en dos momentos: en el primero, para dirigir su composición, y en el último en la misión delicada de su corrección.

Entre estas dos intervenciones directas del rey actuaban los traductores de las obras. Era ya tradicional en Toledo la versión al latín de las obras científicas árabes. Esta versión se realizaba por medio de dos personas impuestas en la materia: una conocía la lengua original; otra era entendida en la lengua en la que se hacía la versión; la primera, por ejemplo, realizaba la traducción del árabe al castellano, y la segunda del castellano al latín. Pero Alfonso X introdujo una novedad: hizo que un escriba copiase la variante castellana, haciendo que desapareciesen poco a poco las traducciones al latín.

A partir de 1296 el rey empezó a intervenir más intensamente en la actividad cultural: no se limitaba a dirigir y a corregir lo hecho, sino que personalmente acopiaba y seleccionaba los materiales para la obra. En esta época nacieron las obras más personales y también más originales: las Cantigas, las Crónicas, etcétera.

Es importante señalar que, ya en el siglo XIII, en el reinado de Fernando III, fue declarado el castellano lengua oficial de la cancillería. Con Alfonso X, los documentos ya se redactaban en castellano, no en latín, proclamando, por otra parte, la lengua de Toledo como norma en los casos de dudosa interpretación de palabras.

El mismo rey Sabio aunó el leonés y el castellano al ordenar que fuesen redactados en esta lengua los edictos de las ciudades del Reino de León. Según Américo Castro, "La súbita aparición en la corte de Alfonso X el Sabio de magnas obras históricas, jurídicas y astronómicas, escritas en castellano y no en latín, es un fenómeno insuficientemente explicado, si nos limitamos a decir que un monarca docto quiso expresar en lengua accesible a todos grandes conjuntos de sabiduría enciclopédica. Tal aserto equivale a una abstracción, pues no tiene en cuenta el horizonte vital de Alfonso X, ni las circunstancias dentro de las cuales existía.

En ninguna corte de la Europa del siglo XIII podía ocurrírsele a nadie redactar en idioma vulgar obras como la Grande e General Estoria, los Libros del saber de astronomía o las Siete Partidas. Tampoco se dio el caso de que el texto bíblico se tradujera íntegramente fuera de España en aquel siglo. Tal hecho es solidario de la escasez en España de obras de carácter teológico, filosófico, científico o jurídico dotadas de alguna significación y redactadas en latín" (España en su historia, Buenos Aires, 1948, pág. 478). Y un poco más adelante: "Mas la cultura viva de Castilla era a la vez cristiana, islámica y judía, y su común denominador tenía que ser el idioma entendido por quienes integraban tan extraño conglomerado. Era patente el fracaso de las fuerzas africanas interesadas en reanimar la lenta agonía del Imperio islámico en España, ya incapaz de reaccionar.

Castilla se afirmaba como potencia dominante e indiscutida, y sobre el trono de Alfonso X lucía la estrella de un imperio peninsular y quizá europeo. Como todo imperio necesita una lengua de cultura, los judíos, siempre despiertos proponían una `era alfonsí' y allegaban materias con que henchir la lengua hablada, compatibles con la especialísima forma del vivir castellano" (pág. 485). Cabe añadir, según el parecer de muchos autores, que los judíos, además, eran poco amigos de la lengua litúrgica de los cristianos, el latín.

De este modo, Alfonso X tuvo la necesidad de acuñar una nueva lengua que cubriese las necesidades de la prosa que con él comenzaba a tomar cuerpo duradero, y en la que se iban a verter todos los conocimientos científicos de la época.

Pretendía el rey Sabio plasmar en sus libros la realidad de su país, que hasta entonces hablaba en castellano pero escribía en latín. Él pone todo su entusiasmo en hacer del castellano también una lengua escrita y con ello fijarlo para la posteridad. En esta empresa, rehuye el latín, castellanizando cuantos términos científicos puede.

El Padre Mariana dijo de él: "Él fue el primero de los reyes de España que mandó que las cartas de ventas y contratos e instrumentos todos se celebrasen en lengua española con deseo que aquella lengua que era grosera se puliese y enriqueciese. Con el mismo intento hizo que los sagrados libros de la Biblia se tradujeran en lengua castellana. Así, desde aquel tiempo, se dejó de usar la lengua latina en las provisiones y privilegios reales y en los públicos instrumentos".

El lenguaje constituye una preocupación constante para el rey Sabio; su trabajo consiste en eliminar lo superfluo y conservar lo esencial, dando el justo significado a cada término y a cada expresión. Como dice Antonio G. Solalinde: "El lenguaje constituía, en efecto, una noble preocupación de Alfonso; gracias a este interés la prosa castellana, reducida antes a traducciones infelices y a documentos notariales, da un gigantesco paso. Las obras del rey Sabio, por la variedad de sus asuntos, por la multiplicidad de sus fuentes, obligaban a la creación de un vocabulario abundante. Así, los científicos que forman los libros astronómicos o el Lapidario adaptan y traducen una buena cantidad de palabras árabes y latinas: en el Libro de Ajedrez se introducen multitud de neologismos.

Y nada digamos de la enciclopedia medieval de las Partidas, donde se tocan todos los puntos esenciales de la vida, sin que en su expresión se eche de menos la palabra precisa, o de las obras históricas, en que por la misma calidad del asunto, y por los modelos que habían de imitarse o traducirse hubo que forjar todo un nuevo léxico literario" (Antología de Alfonso X el Sabio, Madrid, 3.a ed., Espasa-Calpe, Col. Austral, 1946, págs. 20-21).

La evolución del castellano en el siglo XIV

Con la muerte de Alfonso X, se redujo la actividad de sus escuelas. Sancho IV (1284-1295) concentró su interés, más que en la continuación de la obra de su padre, en la formación de su heredero mediante enseñanzas prácticas sobre conducta y gobernación para lo cual fomentó la constitución de un vademécum que condensara los saberes reconocidos sobre Dios y el mundo; también se aplicó a corregir los textos y materiales alfonsíes sobre el pasado de España.

Faltan la grandeza de miras y la potencia impulsora del Rey Sabio, pero se prepara el camino a los grandes moralistas don Juan Manuel, don Sem Tob y Ayala. El "castellano drecho" propugnado por Alfonso X como norma de la lengua escrita se impone definitivamente.

A lo largo del siglo XIV el castellano invade el terreno de la lírica, hasta entonces reservado al gallego. En el Cancionero de Baena sólo los poetas más antiguos siguen prefiriendo el gallego en sus obras de amores, pero la mayoría de la producción lírica recogida está en castellano. Además el gallego usado es muy impuro, casi una lengua híbrida con un ligero barniz gallego.

De todos modos, el influjo de la lírica gallego-portuguesa dejó huellas lingüísticas en castellano.

El dialecto leonés se mezcla con el castellano en cierto número de producciones literarias. La independencia política de Aragón respecto de Castilla, y su unión con Cataluña, explican la mayor resistencia del dialecto aragonés, así como el fuerte influjo catalán que en él se percibe. En este siglo el aragonés tiene un considerable florecimiento autónomo, sobre todo en obras históricas.

Por su parte, el castellano liquida alguna de sus más importantes vacilaciones, desecha anteriores prejuicios con respecto a fenómenos típicos de la fonética castellana y camina hacia su regularización. Durante todo este siglo continúa sin interrupción la entrada de cultismos, impulsada por la actividad de las nacientes universidades, la formación de juristas en el Colegio español de Bolonia y las traducciones de las obras doctrinales e históricas.

La convivencia de gentes "de las tres religiones" en la España medieval hizo que el romance no se escribiera sólo en caracteres latinos, sino también en los del alfabeto hebreo y en los del califato árabe. Es lo que se conoce como literatura aljamiada (del árabe al – ‘agamïya, ‘lengua extranjera’). Después de 1492 siguieron haciéndolo en España los moriscos hasta su expulsión en tiempos de Felipe III, y aún más tarde en el norte de África. Los judíos sefardíes en la diáspora publicaron en caracteres hebreos Biblias y otros textos romances. El rasgo lingüístico más destacado de los manuscritos aljamiados es su notable arcaísmo, que les hace conservar usos que en el siglo XVI habían desaparecido en la norma de la sociedad cristiana.

EL ESPAÑOL DEL SIGLO DE ORO

EL ESPAÑOL LENGUA UNIVERSAL EN LA ÉPOCA DE CARLOS I (1517-1556)

    El siglo XVI lo Ilenan los reinados de Carlos I (1517-1556) y de Felipe Il (1556-1598); en el final, comienza el reinado de Felipe III (1598-1621). Desde el punto de vista de la historia de la lengua literaria se pueden señalar dos épocas:

  1. la del reinado de Carlos V; en ella la lengua española alcanza la cota de mayor esplendor; el modelo sigue siendo la norma toledana;

  2. la época de los grandes místicos, aproximadamente entre 1555 y 1585, que comprende los años del reinado de Felipe II; en esta época predomina un tipo de lenguaje nacional, en el que se imponen las modalidades de Castilla la Vieja.

Desde el punto de vista histórico, según Ubieto et al. (págs. 309-311), estos tres reinados coinciden con:

a) Tres actitudes diferentes ante Europa: "la apertura del imperio universal de Carlos I, el repliegue del imperio hispánico de Felipe II y el pacifismo, doblado de la inoperante hegemonía dinástica de Felipe III".

b) Tres posiciones culturales: "el erasmismo (fecundos contactos con el humanismo occidental, empeñado en zanjar la crisis religiosa e ideológica de la época mediante el diálogo, con la esperanza –fallida- de lograr la reunificación cristiana), el neoescolasticismo (fundamentación doctrinal filosófica y teológica de la Contrarreforma durante las guerras de religión) y el barroco (expresión genial en la literatura y en el arte, de los varios matices del alma hispánica)".

c) Tres fases en la expansión económica general: "prosperidad bajo Carlos I, primeras crisis con Felipe II y cambio de coyuntura -de la expansión a la depresión- con Felipe III.

d) Tres fases dentro de la estructura constitucional de la monarquía hispánica: "la normalidad bajo Carlos I, las primeras fisuras con Felipe II y el planteamiento de la crisis con Felipe III".

Características generales del lenguaje

Los años que transcurren bajo el cetro de Carlos I son de pleno optimismo. Farinelli pinta la época del siguiente modo: "Granada caída, descubierto por Colón un Nuevo Mundo, dueño Carlos V de dos coronas, Francia humillada y vencida, el orbe entero parece obedecer a un solo cetro, a una sola espada.

En esta Monarquía sin límites nunca se pone el sol. Por un conjunto de circunstancias que nunca podrán ser igualadas, España iba a la cabeza del mundo. Las grandes y heroicas hazañas, las peregrinaciones atrevidas, una milicia de las mejor organizadas y de las más temibles, la conciencia nacional despierta, el ingenio español más vivo, dúctil y poderoso; capaz de ideas más grandes y robustas que en ningún otro siglo: todo parecía prometer una preponderancia política e intelectual sin contraste, prosperidad duradera, perpetua".

Tal situación era propicia para buscar un sentido de perfección que en opinión de los eruditos de la época aún no se había logrado: la literatura de la centuria anterior dejaba mucho que desear en cuanto al logro artístico del lenguaje: ni Mena ni Santillana representaban la cima de nuestras letras.

El buen gusto, nota predominante de la época, lo iba a imponer el humanismo como reacción frente a la etapa pasada. Para lograr esa perfección pusieron todo su esfuerzo Valdés, con su Diálogo de la lengua, marcando las directrices del uso del lenguaje, Garcilaso con su poesía y Boscán con el dominio de la prosa reflejado en la traducción de El cortesano.

Para lograr esa naturalidad, que debe emanar de la Naturaleza, cuyo centro es el hombre, hay que buscar las palabras, las expresiones, en el lenguaje vulgar, natural, del coloquio y engarzarlas en el lenguaje del Arte. Pero no todo el lenguaje vulgar puede pasar a la literatura. Hay que realizar una selección, es decir, es menester "usar lo mejor de la lengua hablada corrientemente, escogiendo elementos no sólo de la lengua hablada por todos, sino de una manera muy especial aquellos vocablos propios de la lengua de la aldea, del pueblo, que por fuerza ha de ser la más natural" (Oliver, HLE, 84.)

Entre estos elementos vulgares, existen unos que ya gozaban de tradición literaria, como hemos señalado anteriormente: los refranes. Ellos representan, como señala Jaime Oliver, la quintaesencia de la sabiduría popular, de la pureza y corrección, de la belleza natural en la forma de expresión, y, además, son típicamente españoles.

Como dice Menéndez Pidal "en la época de Nebrija se intenta la primera solución al problema lingüístico de España con una orientación andaluza. Se forma el tipo social del cortesano y la lengua de la cortesanía hispano-italiana, bajo los auspicios del "buen gusto".

En el período de Garcilaso de la Vega esa lengua cortesana se impone en la literatura, regida por una norma toledana que repele la andaluza. Auge del italianismo. Se desechan los últimos restos de afectación del período nebrisense" (Op. cit., pág. 83).

El español lengua universal

Si Fernando III, Alfonso X y los Reyes Católicos suponen hitos importantes para la unificación y extensión del castellano en la Península, no lo es menos Carlos I, que logró hacer del español una lengua universal.

A los dieciocho años aún no hablaba español; cuando llegó a España, se tenía que valer de intérpretes, pero bien pronto sorprendió a todos: ante el senado genovés comenzó su discurso con estas palabras: "Aunque pudiera hablaros en latín, toscano, francés y tudesco, he querido preferir la Iengua castellana porque me entiendan todos".

Y el 17 de abril de 1536, cuando ante el Papa Paulo III desafiaba al rey de Francia, enemigo de la cristiandad, hablaba en español.

Cuando el obispo de Macôn, que representaba al rey francés, le interrumpió alegando que no entendía el español, Carlos I le contestó: "Señor obispo, entiéndame si quiere, y no espere de mí otras palabras que de mi lengua española, la cual es tan noble, que merece ser sabida y entendida de toda la gente cristiana", Desde que el emperador aprendió el español, siempre lo utilizó como medio de comunicación, e hizo que también lo utilizasen los que estaban ante él.

A partir de este momento, el español comenzó a difundirse por todo el mundo. No sólo inció en América su largo peregrinar de hispanización aún no concluida, sino que alcanzó también a Italia, Francia, Flandes, Filipinas, y con la diáspora de los judíos llegó hasta los confines del Asia Menor.

El contacto entre España e Italia era muy intenso en aquella época. No sólo Sicilia y Nápoles pertenecían a España, sino que Roma, Bolonia, etc., eran centros culturales importantes donde nuestros humanistas iban a estudiar. Muchos de nuestros libros se imprimieron en Italia (lo mismo que en Francia o Flandes), se representaba nuestro teatro y existían Estudios donde se enseñaba la lengua española. Surgen las primeras gramáticas, que pudiéramos Ilamar comparadas, del español y otras lenguas. Baltasar de Castiglione, embajador del Papa ante el rey de España, escribe El cortesano, que es el prototipo del noble que rodea al príncipe. Para Castiglione, los españoles eran los modelos del cortesano: si el cortesano ha de ser esforzado y tener desenvoltura, estas dos cualidades son innatas al español. De ahí que estos hispanismos pasen inmediatamente al italiano (sforzato, disinvoltura)

La época de Felipe II y de los grandes místicos (1555-1597)

En la segunda mitad del siglo XVI comienzan a cambiar las tendencias aparecidas en el anterior. Estas tendencias se pueden concretar en los siguientes puntos:

1.° Parece que se había exagerado al otorgar tanto prestigio al habla popular o natural, poniéndola como modelo de la lengua literaria; por ello, en la época, escritores como Ambrosio de Morales o Fray Luis de León piensan que las cualidades y dignidad de la lengua serán tanto mejores cuanto más se seleccionen los vocablos, se apropien, se repartan y se mezclen suavemente y con diversidad.

2.° Se rechaza la supremacía que en materia de lenguaje le había sido concedida a Toledo, y también se rechaza el lenguaje cortesano para imponer un tipo nacional, pero predominando modalidades de Castilla la Vieja. Al mismo tiempo, hay un atisbo de reacción andaluza, en cuya región tan brillantes poetas y escritores había en aquel tiempo.

3.° Si a los escritores de la época no les conviene el habla popular ni los modelos toledano o cortesano, tienen que forjar el lenguaje artístico utilizando para ello cuantos elementos encuentren a su alcance: enriquecen y adornan la poesía siguiendo el criterio del buen gusto y huyendo de la afectación. Si para Valdés el neologismo se debe usar por ornamento y necesidad a la vez, para Herrera se puede usar por ornamento o por necesidad haciendo la salvedad de que "no a todos compete la formación de voces nuevas, pues requiere excelente juicio".

4.º Dos tendencias opuestas se estaban produciendo en la época: por un lado, como vemos, se buscaba la perfección en la lengua para la manifestación artística, pero por otro se huía del español para escribir obras científicas. (Por ejemplo, Fray Luis debe justificar el empleo del español en una obra de tanta profundidad teológica como la de Los Nombres de Cristo, que a juicio de los eruditos debió haber escrito en latín.)

Lo mismo que los libros de ciencia se escribían en latín, no sólo las clases sino la lengua común en las universidades, debía ser el latín. Contra esta tiranía se levantaron Fray Luis de León, el Brocense, Pedro Simón Abril, el Dr. Laguna, etcétera.

Pero de cualquier modo, "el español del Siglo de Oro era mucho más seguro que el de la Edad Media aunque fuese también un idioma en evolución muy activa. El concepto de corrección lingüística era más amplio que en los períodos posteriores. En los siglos XVI y XVII se produjo una labor de selección entre sonidos, formas y giros coincidentes, que condujo a una considerable fijación de la lengua literaria, y, en menor grado, en la lengua hablada también.

Mucho influyó en esta regulación el desarrollo de la imprenta, capaz de reproducir un mismo texto en multitud de ejemplares sin las anárquicas variantes de la transmisión manuscrita. La imprenta, imponía normas gráficas, corrigiendo el individualismo de los originales, de ordinario libre y caprichoso" (Véase Rafael Lapesa, Historia de la lengua española, Gredos, 1985, 367-68.).

Al finalizar el Siglo de Oro, se pone fin a una larga etapa de la evolución del castellano, que desde sus orígenes se mostró como lengua más cambiante. Los verbos ser y estar habían llegado a alcanzar un uso muy semejante al del español actual. La forma en -ra del subjuntivo se irá sustituyendo por la del pluscuamperfecto de indicativo, etc. Todo camina ya hacia la modernización de la lengua que, a partir de aquí, sin cambios bruscos, dará lugar al español actual

EL ESPAÑOL MODERNO

Durante el Siglo de Oro la fijación del idioma había progresado mucho, pero los preceptos gramaticales habían tenido escasa influencia reguladora. Desde el siglo XVIII la elección es menos libre; se siente el peso de la literatura anterior. Sobre la estética gravita la idea de corrección gramatical y se acelera el proceso de estabilización emprendido por la lengua literaria desde Alfonso el Sabio.

La evolución del idioma no se detuvo en ningún momento, lo cual se percibe en el lenguaje escrito que, con ser tan conservador, revela una constante renovación, aún más intensa que el hablado, a juzgar por la literatura. Las novedades y vulgarismos tropiezan desde el siglo XVIII con la barrera de normas establecidas que son muy lentas en sus concesiones.

El reflejo de este conservadurismo es la fundación de la Real Academia Española (l713) y la protección oficial que recibió. En los primeros tiempos, la Academia realizó una eficacísima labor, que le ganó merecido crédito. Publicó entonces el excelente Diccionario de Autoridades (1726-1739). Dio a luz también la Orthographía (1741) y la Gramática (1771). Su lema "limpia, fija y da esplendor" quedó cumplido en cuanto a criba, regulación y estímulo.

El estudio y purificación del dioma tiene cabida también en la obra de otros conocidos eruditos. Toda esta preocupación por la regularidad idiomática permitió resolver en el siglo XVIII dos de los problemas en que más habían durado las inseguridades. Quedaba por decidir si los grupos consonantes que presentaban las palabras cultas debían pronunciarse con fidelidad a su articulación latina, o si, por el contrario, se admitía definitivamente su simplificación, según los hábitos de la fonética española.

La academia impuso las formas latinas concepto, efecto, digno, solemne, excelente, etc., rechazando las reducciones conceto, efeto, dino, solene, ecelente. Por concesión al uso prevalecieron multitud de excepciones, como luto, fruto, respeto, afición, cetro, sino. Cuando en los cultismos había grupos de tres consonantes que resultaban duros para nuestra articulación, como en prompto, sumptuoso, fueron también preferidas las formas sencillas, pronto, suntuoso; oscuro, sustancia, generales en la pronunciación, van desterrando de la escritura a obscuro, substancia.

Otro problema grave era el de la ortografía. El sistema gráfico que había venido empleándose durante los siglos XVI y XVII era esencialmente el mismo de Alfonso X, que no se correspondía con la pronunciación real de 1700.

La Academia, con un apoyo oficial que no habían tenido los ortógrafos anteriores, emprendió la reforma, jalonándola en una serie de etapas, la primera de las cuales se formuló en el prólogo al Diccionario de Autoridades (1726).

En 1815 quedó fijada la ortografía hoy vigente. Las reformas posteriores han sido mínimas y se han limitado a la acentuación y a casos particulares. En 1999 se ha publicado la edición más reciente de la Ortografía.

En el siglo XVIII se registra una justificada preocupación por el idioma y se produce una auténtica lucha contra el mal gusto imperante en la literatura plagada de escritores de poca monta y predicadores ignorantes que prolongan los gustos barrocos de la extrema decadencia. El abuso de metáforas e ingeniosidades llega al grado de chabacanería. Fustigadas estas aberraciones y el amaneramiento avulgarado por escritores como el padre Isla, Mayans, Cadalso, Forner y Moratín, sólo les quedó como último reducto el teatro.

Con el neoclasicismo se produjo una vuelta a los escritores de nuestro siglo XVI, pero también se volvió la vista hacia los escritores franceses cuya prosa llegó a despertar gran admiración hasta tal punto que los galicismos empezaron a admitirse con gran indulgencia: la introducción de voces o construcciones extrañas resultaba más cómoda que el aprovechamiento de los recursos propios del idioma, y a veces inevitable.

El alud de galicismos desencadenó una actitud defensiva que trató de acabar con la corrupción del idioma, tan lleno de excelentes cualidades. Poseéis –decía Forner- una lengua de exquisita docilidad y aptitud para que, en sus modos de retratar los seres, no los desconozca la misma naturaleza que los produjo; y esta propiedad admirable, hija del estudio de vuestros mayores, perecerá del todo si, ingratos al docto afán de tantos y tan grandes varones, preferís la impura barbaridad de vuestros hambrientos traductores y centonistas."

A fuerza de repetir imágenes y conceptos, la literatura se había apartado del habla, y el léxico estaba empobrecido. Los escritores más notables del siglo XVIII pugnaron por recobrar el dominio de la lengua y aumentar el vocabulario disponible.

Durante la Ilustración, la renovación del vocabulario cultural español se hizo por trasplante del que había surgido o iba surgiendo más allá del Pirineo, aprovechando el común vivero grecolatino. El vocabulario científico y especialmente el político es fundamentalmente el mismo en España y la América hispana.

Durante el siglo XIX, las nuevas apetencias expresivas pugnaban por romper el caparazón neoclásico de la lengua. Los nuevos tiempos y los nuevos estilos literarios pedían un lenguaje variado y flexible, pero la educación estética de los escritores mantenía resabios puristas.

La artificiosa imitación del español del Siglo de Oro, acompañada por el uso de voces antiguas o regionales, dio lugar a la tendencia casticista, que si en ocasiones aportó un notable caudal de palabras jugosas y coloridas, resultó disfraz incómodo llevada al extremo por muchos autores.

A este respecto decía Larra que "las lenguas siguen la marcha de los progresos y las ideas; pensar fijarlas en un punto dado a fuer de escribir castizo, es intentar imposibles".

Los románticos todavía conservaron muchos hábitos del siglo XVIII a pesar de sus alardes de crudeza realista, de desenfreno imaginativo y sentimental, de cambios bruscos de la altisonancia a la vulgaridad, de libertades expresivas inusitadas.

En la poesía continuaron el boga palabras y giros gratos a la poesía neoclásica, pero a la relamida expresión neoclásica sucede otra directa y enérgica. No obstante, la eficacia se pierde en medio de adjetivos vacuos y hojarasca palabrera.

En la prosa, la novela histórica dejó paso a la novela realista que exigió a los escritores el aguzamiento de las posibilidades descriptivas de la lengua, acostumbrarla al análisis psicológico, y caldear el diálogo con la expresión palpitante del habla diaria. Como reacción contra el atildamiento hinchado, los novelistas del realismo se abandonaron con frecuencia al desaliño y a la frase hecha, pero dieron a la novela el tono medio que necesitaba.

EL VOCABULARIO CULTO A PARTIR DEL ROMANTICISMO

Los cambios radicales experimentados por las formas de vida y pensamiento a lo largo del siglo XIX y durante el actual han influido en el vocabulario español igual que en el de todos los idiomas europeos. Ciencias, filosofía, progresos técnicos, cuestiones políticas y sociales exigen la constante ampliación de las nomenclaturas. El incremento léxico se ha hecho mediante la formación de derivados. El léxico literario se resiente de la sequedad que traen estas voces de acarreo, cómodas en un momento, pero artificiales y de estructura complicada. La lengua se encuentra en una encrucijada: la exactitud de la expresión incita a pecar contra la eufonía. La introducción de palabras tomadas del latín y del griego hace que el vocabulario moderno carezca de íntima coherencia y el léxico se hace cada vez más abstracto e intelectual.

LOS EXTRANJERISMOS

La infiltración de voces francesas aumenta ya en tiempo de Carlos II, pero desde el siglo XVIII se intensificó extraordinariamente. Al incrementarse las actividades comerciales y bancarias y desarrollarse el sistema capitalista, su terminología se nutrió de galicismos o de voces venidas a través de Francia.

Pero la infiltración no se quedó ahí. Son también legión los galicismos sintácticos que pone en circulación el descuido con que se redactan y traducen noticias, libros, documentos oficiales, fruto de la ignorancia gramatical de gran parte de la población instruida y que habrían desaparecido si la enseñanza del español fuera más eficaz.

La lengua inglesa, que había permanecido ignorada en el continente durante los siglos XVI y XVII empezó a ejercer influencia, primero con su literatura y pensadores, más tarde por prestigio social. Los románticos fueron especialmente receptivos a las voces inglesas. También a través del francés se han incorporado numerosos anglicismos durante el último siglo.

El el siglo que acaba, el anglicismo ha ido aumentando en intensidad, primero en los países hispanoamericanos más estrechamente afectados por la expansión política y económica de los Estados Unidos y después en todo el mundo hispánico, incluida España. Muchos anglicismos son voces pasajeras que desaparecen en cuanto surje el sustituto adecuado.

LA TERMINOLOGÍA CIENTÍFICA Y TÉCNICA

La mayoría de los anglicismos que entran en el español y se quedan son las traducciones o calcos de términos especializados de la ciencia y de la técnica. El hecho de que los inventos tecnológicos y los descubrimientos científicos del último siglo hayan tenido lugar en el ámbito de los países anglosajones, especialmente en el Reino Unido y Estados Unidos; la circunstancia de que el inglés se haya consolidado como lengua mundial paralelamente al aumento de la influencia política y militar de los EE.UU. han sido decisivos a la hora de crear los nuevos términos especializados que con diversa fortuna se van adaptando o traduciendo, o incluso adoptando en su forma original, en las diferentes lenguas de origen latino e incluso en las de origen eslavo.

Países como Francia o Alemania, Austria o los escandinavos, han reaccionado ante la invasión de la terminología en inglés creando sus propios organismos normalizadores de la lengua científica y técnica a cuyo cargo se encuentra la búsqueda de equivalentes propios para los términos ingleses.

En el ámbito del español, y mucho menos en el del portugués o del italiano, no se produjo una reacción paralela. Los países de lengua española no comparten, en gran número de casos, ni los equivalentes, ni los calcos, ni las adaptaciones al español de la terminología científica y técnica que reciben del inglés y del francés, principalmente.

Esto está creando una situación de anarquía y desconcierto que impedirá a medio plazo que puedan compartirse entre los diferentes países los manuales de instrucciones de aparatos, máquinas y programas informáticos. También surgirán dificultades de comunicación entre los especialistas de las diferentes disciplinas a la hora de compartir resultados dentro de los mismos campos.

Es un contrasentido que a medida que se avanza en la unificación de la lengua general creando un español normativo administrado por las Academias de la Lengua, estemos dando marcha atrás en los lenguajes especializados.

LA EXTENSIÓN E IMPORTANCIA DEL ESPAÑOL ACTUAL

La vitalidad del español ha resistido todas las vicisitudes de la crisis de identidad y política que atravesó el mundo hispánico a partir del siglo XVIII. Hoy es lengua oficial y de cultura de más de 350 millones de seres humanos lo que lo pone a la cabeza de la familia de las lenguas románicas, seguido a gran distancia por el portugués , con alrededor de 200 millones, el francés, con unos 120 millones, y el italiano, que cuenta alrededor de los 65.

La extensión geográfica del español es también extraordinaria: comprende España, parte del Suroeste de los Estados Unidos, México, América Central y Meridional, a excepción de Brasil y Guayanas; Cuba, Santo Domingo y Puerto Rico y una minoría hispanohablante en Filipinas. Puede decirse que el español es el instrumento expresivo de una comunidad que abarca dos mundos y en la que entran gentes de todas las razas.

LA NORMA CULTA ESPAÑOLA

La vitalidad de la lengua española se echa de ver no sólo en su creciente difusión, sino también en la fundamental unidad que ofrece, a pesar de usarse en tierras y ámbitos sociales tan diversos. Esta cohesión se debe principalmente a la robustez de la tradición literaria, que mantiene vivo el sentido de la expresión correcta.

El uso culto elimina o reduce las particularidades locales para ajustarse a un modelo común, que dentro de España se ha venido identificando con el lenguaje normal de Castilla. Las diferencias aumentan conforme es más bajo el nivel cultural y menores las exigencias estéticas; entonces asoma el vulgarismo y se incrementan las notas regionales. Pero es muy significativo que los rasgos vulgares sean, en gran parte, análogos en todos los países de lengua española.

Es difícil establecer lo que puede ser la norma culta de la lengua española, máxime si tenemos en cuenta la extensión y la diversidad geográfica y social que se ha mencionado. En los Estados Unidos, hace muchos años, se optó por la solución práctica, con fines didácticos, de tomar por norma culta la que se establecía a partir del habla de informantes cultos, universitarios, siempre que la sociedad la aceptase como tal, y dio buen resultado.

Evidentemente, esta norma así establecida difiere de la literaria, pero así como ésta puede ser divergente en ciertos sectores por la imposibilidad de ser alcanzada, la otra es al final convergente y se aproxima más de lo que parece a la norma literaria. Posiblemente sería esta la solución que habría que adoptar en nuestro ámbito hispánico.

LOS PROBLEMAS DEL BILINGÜISMO

El contacto de dos lenguas supone a la larga un proceso de bilingüismo sobre los hablantes, empezando, lógicamente, por los niveles más cultos hasta llegar a los menos cultos. El bilingüismo lleva aparejados varios fenómenos:

a) El trasvase de elementos de una lengua a otra. Generalmente este trasvase se produce principalmente desde la lengua de mayor prestigio, o si se quiere de mayor presión política, cultural, social a la de menor prestigio, aunque el fenómeno inverso, en menor cuantía, también se da. Los elementos que más fácilmente se toman en préstamo, son los léxicos, e incluso los semánticos; en segundo lugar, determinadas construcciones sintácticas, y por último los fonemas: cuanto más finito y cerrado sea el sistema, tanto menor será la posibilidad de que pase de un sistema a otro.

b) El trasvase de elementos no sólo lingüísticos, sino culturales.

c) El verdadero bilingüismo lleva consigo un enriquecimiento cultural e intelectual del individuo.

España, con cuatro lenguas, tres de ellas cooficiales con el castellano en sus respectivas Comunidades Autónomas, tiene una vivencia actual muy directa del bilingüismo. Superada, o en vías de superación, la situación de diglosia en la que vivieron durante varios siglos por la imposición del castellano, la Constitución garantiza en la actualidad la plena utilización de todas ellas en sus Comunidades Autónomas respectivas, sin dejar por ello de establecer la obligatoriedad de estudiar y usar la lengua común de todos los españoles.

Pero la cooficilidad está forzando un cambio de mentalidad en los habitantes de otras partes de España que viven y trabajan en las Comunidades Autónomas de Galicia, Euskadi y Cataluña. Las leyes de desarrollo del gallego, del euskera y del catalán suponen una prueba de fuego para el sistema educativo, cuyas competencias han sido traspasadas a los respectivos gobiernos autónomos.

La aplicación del método de inmersión, con el dictado de todas las asignaturas en la lengua autóctona y del castellano como si se tratase de una asignatura más, ha despertado duras controversias y agrias polémicas, especialmente en Cataluña donde a la enseñanza en catalán se suma la obligatoria catalanización de los rótulos de empresas y comercios y de las indicaciones que ostentan los productos que se comercializan. En las tres comunidades con lengua propia las dificultades no han hecho más que empezar y de momento no se vislumbra en España una solución al modo suizo. Fuente de algunos de estos artículos: wikipedia.

¿LATINOAMÉRICA O IBEROAMÉRICA?

¿Latinoamérica? ¿Iberoamérica? ¿Hispanoamérica? ¿Suramérica?

Algunas ideas sueltas sobre esta importante cuestión
Publicado por Santiago Armesilla

En aquel continente, y no sólo allí, actualmente hay un debate treméndamente importante, que no es otro que la definición del mismo. La cuestión es que en España no somos ajenos a ésta definición, y hay que mojarse.

¿Cómo definir un “continente”?
Veamos las siguientes opciones, y su definición en
Wikipedia

S
URAMÉRICA



O América del Sur, o Sudamérica, o América Meridional. Es un subcontinente atravesado por la línea ecuatorial, con la mayor parte de su área en el Hemisferio Sur. Está situado entre el Océano Pacífico y el Océano Atlántico.

HISPANOAMÉRICA

 

O América Hispana. Es la región integrada por las naciones americanas de habla española.

IBEROAMÉRICA

 



Es el término que designa a las naciones ibéricas (Portugal, Andorra, el Reino de España, excepto el sur de Francia y la colonia británica de Gibraltar) y a las naciones americanas que se independizaron de su dominación colonial española y portuguesa y, por extensión, a la comunidad de los nacidos o naturalizados en esas naciones.

LATINOAMÉRICA

 



O América Latina. Se encuentra constituida por el conjunto de países de América que fueron antiguas colonias de potencias europeas y en los que se habla español, portugués y, en algunos francés, es decir lenguas romances derivadas del latín.

En un primer momento parecería que no hay ningún problema. Pero veamos:

Suramérica es una definición púramente geofísica, por lo que no hay nada que objetar.

De Hispanoamérica se excluye -algunas voces lo hacen- a España. No así con Iberoamérica, ya que también se incluye a Portugal e incluso a Andorra. Y se quiere extender el término Iberoamérica a todos los países del mundo en los que se habla español (Guinea Ecuatorial, Filipinas, Sáhara Occidental) y portugués (Angola, Mozambique, Santo Tomé y Príncipe, Guinea Bissau, Cabo Verde, Timor Oriental, Macao) fuera de América. Sería, en todo caso, la definición más integradora y menos, por decirlo de alguna manera, “nacionalista”.

Latinoamérica es el más polémico. Es, además, el que más se usa en la actualidad, el más de moda. El termino fue utilizado por primera vez en 1856, en una conferencia por el socialista chileno Francisco Bilbao[2] y el mismo año por el escritor colombiano José María Torres Caicedo, en su poema “Las dos Américas”, que decía lo siguiente:

Las dos Américas (frag.)

La raza de la América latina,
Al frente tiene la sajona raza,
Enemiga mortal que ya amenaza
Su libertad destruir y su pendón.

José María Torres Caicedo

Pero, y esto es lo más importante, el término América Latina fue apoyado por el Imperio Francés de Napoleón III, durante su Invasión francesa de México, como forma de incluir a Francia entre los países con influencia en América y para excluir a los anglosajones, pero también para ponerse por encima de las influencias española y portuguesa en el continente. El término ha ido evolucionando para comprender un concepto de características culturales, étnicas, políticas, sociales y económicas similares.

Si se sigue la definición de Wikipedia, Latinoamérica debería incluir al Quebec, en Canadá. Sin embargo, salvo muy pocas voces, Quebec es incluído. Por no hablar de la Guayana francesa, de las posesiones francesas del Caribe o, incluso, de Haití. En España, el término Latinoamérica es el más usado, desplazando a los otros dos, Hispanoamérica e Iberoamérica, que por tradición histórica y por, por qué no decirlo, orgullo patrio, están postergados por relacionarlos con términos políticos erróneos. Pero no se repara en que Latinoamérica es un término tan político como los otros, aunque eso sí, es un término que atenta contra la influencia y comunión de Iberoamérica con las dos naciones que de verdad hicieron a ese continente: España y Portugal. Además, Latinoaméricano no incluye en ningún momento a países de lengua francesa fuera de América, ni tampoco a otros países con lengua romance, como Rumanía, Moldavia, San Marino, Suíza, Bélgica, Luxemburgo, Andorra o Italia.

¿ Por qué al referirse a Latinoamérica los “latinos” no incluyen a Quebec ? Me llama mucho la atención. ¿ Y por qué en ciertos ambientes decir Hispanoamérica se ve con malos ojos ?

No hablo de definiciones geofísicas, porque entonces nosotros, españoles, no estaríamos en Europa (un concepto político), sino en Eurasia, o más aún, en Euroafrasia (Europa más Asia más África, la porción de tierra más grande del planeta).

Yo a “Europa” la llamo “Europa”, pero “Europa” es un concepto político, no geográfico. Prueba de ello es la discusión sobre si Turquía es Europa o es Asia.

El dilema está en que, por ejemplo, Suramérica es un concepto geofísico, estático, y sin discusión alguna. Latinoamérica es un término muy polémico, rechazado tanto por indigenistas radicales como por hispanistas, y recalco que el término fue generalizado por el Imperio Colonial Francés. El lenguaje es algo muy importante, y lo que buscaba Francia con el término Latinoamérica era luchar contra el Imperio Británico por una parte y contra España y Portugal por otra.

Hispanoamérica es un término que se sigue utilizando mucho, pero las connotaciones políticas del presente y lo políticamente correcto (o sea, los tópicos) no permiten ver más allá de este término. Hasta tal punto llega que España es excluída de Hispanoamérica, y por lo tanto de la Hispanidad, ya que Hispanidad e Hispanoamérica son en cierto sentido conceptos análogos. Hoy, hablar de Hispanidad, conlleva que a uno le asimilen con el Florido Pensil franquista.

El otro término, Iberoamérica, es más abierto. No sólo porque incluye a España y Portugal (que, por otra parte, ambas naciones son parte de la Hispanidad -tan hispánica es Portugal como España), sino también a países asiáticos, africanos y a ciertas islas de Oceanía. Es el término más “internacionalista”, con lo que se podría hablar sin duda alguna de un “internacionalismo iberoamericano“, ya que va más allá de la Península Ibérica o de Suramérica.

El dilema está en que la definición de un territorio depende de las fuerzas políticas que luchen por su dominio. No es lo mismo “España” que “Estado Español” o que “Al-Ándalus”, como no es lo mismo “Euskadi” que “Vascongadas” o que “Euskal Herría”. De la misma manera, no es lo mismo Iberoamérica que Latinoamérica o que Hispanoamérica.

La discusión sobre si Turquía es Asia o Europa es más antigua que la Unión Europea. Estambul es una ciudad entre dos continentes políticos, pero si hablamos de Eurasia o de Euroafrasia, Turquía está en un sólo continente físico.

La cuestión es que, a nivel político, lo físico sólo importa en términos geopolíticos.

Los rumanos también son latinos. ¿ Por qué Rumanía no es Latinoamérica? ¿ Puede -si se me permite la broma- un rumano tener “flow latino” ?

Sobre naciones que desbordan en la actualidad su límite geofísico, hay varias:

Turquía es una nación euroasiática.
Rusia es una nación euroasiática.
Egipto es una nación afroasiática (por el Sinaí).
España es una nación euroafricana (Ceuta, Melilla y las Islas Canarias).
Francia es una nación euroafricanoamericanoceánica (Guayana francesa, Nueva Caledonia, &c.).

El Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte es una nación euroasiáticoafricanoamericoceánica.

Dinamarca es una nación euroamericana (por Groenlandia).
Estados Unidos de Norteamérica es una nación americoceánica (tiene varias islas en el Pacífico).

Chile es una nación américoceánica (Isla de Pascua, &c.).

Por no hablar de las soberanías de ciertas naciones en la Antártida, como Francia, Estados Unidos de Norteamérica, Reino Unido, Noruega, Argentina, Chile, Australia o Nueva Zelanda.

En lo que a definiciones de continentes se refiere, ¿ a qué obedece la utilización de términos que cierran más las posibilidades de apertura a otras poblaciones hermanas ? Latinoamérica es un concepto muy cerrado, tan cerrado que incluso se niega que poblaciones latinas de América sean latinoamericanas (Quebec).

Algunos desde las “izquierdas” hablan de Islamoeuropa. Islamoeuropa, o Eurabia como diría Oriana Fallaci, tendría que ser hasta el Reino Unido, por la extensa población de pakistaníes, o Francia (con el mayor número de población musulmana de Europa), o Rusia, o Kosovo. España no es islámica desde 1492 más o menos, porque, aparte, cuando era islámica no era España, sino Al-Ándalus.

Influencia lingüística e histórica igual a influencia política. La lengua y la lucha de las lenguas por sobrevivir es una lucha política que, por fuerza, lleva a la lucha contra otras lenguas y a la solidaridad con otras lenguas también.

Si nos ponemos a ser tiquismiquis, hay abismos hasta dentro de un propio país, como por ejemplo Bolivia -entre la “Nación Camba” y el resto de los bolivianos- o Venezuela -con el separatismo de la región de Zulia-, lo que no quita que conformen una misma entidad nacional. Incluso en una misma ciudad hay abismos culturales. Pero no se trata de separar, sino de buscar términos lo más universales posibles.

En eso, Iberoamérica es el término más universal porque, repito, se extiende o podría extenderse a naciones de África, Asia y Oceanía. Filipinas, Guinea Ecuatorial, Timor Oriental y con la excepción de Belice, ex-colonia británica, ya se encuentran en proyecto para ingresar y formar parte, sobretodo en la Cumbre Iberoamericana, como ser participantes junto a las demás naciones dentro de este término. Esto es síntoma de que podría extenderse a Angola, Mozambique, Cabo Verde, Santo Tomé y Príncipe o el Sáhara Occidental.

A mí me parece un error garrafal llamar a todo lo que está por debajo de Estados Unidos Latinoamérica, que es el que más se usa, pero en todo el mundo además.

Surinam, Guyana, Jamaica, Barbados, Bahamas, Dominica, San Vicente y Granadinas, Trinidad y Tobago, Islas Vírgenes, Santa Lucía, Antigua y Barbuda, Aruba, &c., fueron colonias británicas u holandesas. Por lo tanto, de latinas tienen más bien poco. Habría que desecharlas como parte de Latinoamérica, si es que esa cosa existe.

En segundo lugar, Guayana francesa (parte de Francia hoy por hoy), algunas islas más del Caribe y Haití son los únicos territorios de lengua francesa de América. Y sigo diciendo que se obvia Quebec. Se ha dicho que los quebecqueses de latinos tienen poco. ¿Pero es que el francés no es una lengua latina? ¿No son tan latinos los francófonos como los lusoparlantes o los hispanoparlantes ? Parece ser que la mentalidad de la gente identifica sólo Latinoamérica con lo hispano y lo luso (e incluso sólo con lo hispano).

Repito, que el término Latinoamérica sea el más extendido y usado supone una aberración, teniendo además en cuenta para qué se utiliza. Digamos que el uso masivo del término Latinoamérica es el triunfo de Francia (y, más tarde, adoptado por Estados Unidos) sobre España y Portugal en el siglo XIX.

Teniendo en cuenta que la presencia francesa en América fue mínima, salvo en -curiosamente- el Norte de ese gran continente, aparte de Suramérica, el término correcto para definir aquel territorio, desde El Paso hasta Tierra de Fuego -en principio, ya que se podría extender el territorio comprendido bajo ese término-, es Iberoamérica (o Hispanoamérica, pero no vamos a ir de “patrioteros”, no vaya a ser que nos llamen fachas por defender la Hispanidad).

Pero es una pena que, una vez más, los españoles (no se lo que pensarán de ésto los portugueses) se avergüencen de su propia historia, se alejen de unos países hermanos y abran sus brazos a Europa, como si Europa fuese el sumun del progresismo y la democracia.

Yo hay palabras que no soporto por el uso extensivo que se hacen, por ser políticamente correctas pero que se usan sin saber lo que significan: palabras como Solidaridad, Desarrollo Sostenible, Comercio Justo, Fascismo, Estado Español o Latinoamérica son ese tipo de palabras.

El usar palabras sin pensar en su significado real es muy grave. El ejemplo se da al decir que Quebec no es latino, y es por ello que es necesario separar cada término y definirlo certéramente.

Quebec es tan latinoamericano como Haití, Brasil o Costa Rica. Pero Quebec no es Iberoamérica ni Hispanoamérica. De la misma manera, España y Portugal son Iberoamérica -o Hispanomérica, si se acepta que Portugal fue Hispania- tanto como Brasil, Cabo Verde, Timor Oriental, Guinea Ecuatorial, Andorra, Argentina o Méjico.

Que no se meta Quebec en Latinoamérica-por motivos púramente ideológicos pero que se escapan a la psicología de mucha gente- es prueba de la confusión de términos, derivada de intereses políticos y geoestratégicos, en que vivimos.

No entiendo por qué una nación como España ha de arrepentirse de haber sido un Imperio. Un Imperio tiene sus luces y sus sombras, pero no se puede negar su contribución inestimable a la historia universal. Antes de que España existiese, Cataluña y Aragón juntos -como condados y reino respectívamente- habían conformado un gran Imperio mediterráneo. ¿Alquien se lo reprocha? ¿Alguien reprocha a los catalanes que introdujeran el catalán a golpe de espada en las islas Baleares, en Sicilia o en Cerdeña? Yo, desde luego, no. Aragón y Cataluña contribuyeron decisívamente a la conformación de la Hispanidad, y son los culpables de la cercanía entre los pueblos español e italiano (aparte de la era de dominación romana, claro).

Lo que trato de dar a entender es que el lenguaje es política. Y que la definición de un continente entero depende de la política. Si a eso se le llama Latinoamérica es por obra y gracia de Francia y de los Estados Unidos de Norteamérica (ellos son América y el resto los “latinos”).

Que España no lo llame Hispanoamérica o Iberoamérica (donde Portugal también entra, aunque Portugal también fue parte de la Hispania romana) es sintomático del autodesprecio que tenemos hacia nuestra historia, incomparable e incomprensible en otras naciones.

Mi tesis es que el Imperio Estadounidense, desde la Doctrina Monroe, y coadyuvado por Francia, trata por todos los medios de acabar con la Hispanidad que sirve de nexo de unión entre los países iberoamericanos (tanto fomentando el inglés en la América hispana como mediante la colonización religiosa de los predicadores protestates, como en España mostrando sus simpatías hacia los separatismos catalán y vasco). Por ello, toda aquella ideología que recuerde mínimamente a la Hispanidad (sea la idea de Patria Grande de Bolivar y ahora de Hugo Chavez o cualquier otra) ha de ser combatida. Estados Unidos utiliza la máxima de César de divide y vencerás.

El indigenismo ahora tan de moda en aquel continente ha sido fomentado durante décadas por antropólogos estadounidenses pagados con fondos públicos de dudoso origen (militar, si me quereis entender) como forma de acabar con cualquier posibilidad de unión hispana frente al Imperio. Es más fácil de domeñar una población indígena aislada que una o más naciones unidas bajo una sóla bandera. Es la típica táctica anglosajona de dominación imperial: “que sigan orando a sus piedras, que yo me hare con lo que en sus tierras hay y ni ellos saben“.

Lo que escribo no es una muestra de nostalgia del pasado, sino, por mi parte, una reivindicación de la idea de Hispanidad -como Hispanoamérica o como Iberoamérica- que pueda entenderse de manera socialista, internacionalista si se quiere y enfrentada al colonialismo yanki y francés.

¿Por qué se habla de América anglosajona al referirse a Estados Unidos y Canadá, entre otras naciones, y no de América Germánica o Germanoamérica, ya que el inglés es una lengua germánica?

¿Por qué no se habla de Latinoáfrica o África Latina? ¿Por qué los franceses hablan con tanto orgullo del África Francófona?

En Estados Unidos ya son más de 50 millones de hispanos. Para este siglo XXI se espera que se suba a 80 millones. Estados Unidos es ya el tercer país con más hispanoparlantes del mundo, tras Méjico y Colombia (después iría Brasil, curiosamente).

GALERÍA DE IMÁGENES

 

Fuente: izquierdahispanica

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