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LENGUA
CASTELLANA - LENGUA ESPAÑOLA - LENGUA LATINA
¿Español o Castellano?
Esa es una cuestión que le trae al alumno del idioma español muchas
dudas. En algunos casos no se le dice realmente de dónde ha surgido
el idioma y tampoco se hace referencia a esta historia. Por detrás
de este idioma hay mucho que saber y aprender. En esta recopilación
de datos, este artículo
está bastante completo y hace referencia a muchas cosas y términos
que son importantes para conocer un poco de esta historia.
___________________________________
ORIGEN Y NOMBRE
El castellano se originó como un dialecto del latín en las zonas
limítrofes entre Cantabria, Burgos, Álava y La Rioja, provincias del
actual norte de España, convirtiéndose en el principal idioma
popular del Reino de Castilla (el idioma oficial era el latín). De
allí su nombre original de idioma castellano, en referencia a la
zona geográfica donde se originó. La otra denominación del idioma,
español, procede del latín medieval Hispaniolus o más bien de su
forma ultracorrecta Spaniolus (literalmente: "hispanito",
"españolito"), a través del occitano espaignol.
Con la conquista de América, que era una posesión personal del
monarca de Castilla, el idioma castellano se extendió a través de
todo el continente, desde California hasta la Tierra del Fuego. En
esa época no existía España como entidad unificada, sino una unión
dinástica de varios reinos y territorios con grados diversos de
autonomía: la Corona de Castilla, los reinos y territorios de la
Corona de Aragón y el reino de Navarra.
El original idioma castellano derivó luego en numerosas variantes
dialectales que, si bien respetan el tronco principal, tienen
diferencias de pronunciación y vocabulario. A esto hay que agregar
la influencia de los idiomas de las poblaciones nativas de América,
como el aimara, náhuatl, guaraní, chibcha, mapudungun, taíno, maya,
y quechua, que hicieron también contribuciones al léxico del idioma,
no sólo en sus zonas de influencia, sino en algunos casos en el
léxico global.
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¿ESPAÑOL
O CASTELLANO?
Esta lengua también se llama castellano...por ser el nombre de la
comunidad lingüística que habló esta modalidad románica en tiempos
medievales: Castilla. Existe alguna polémica en torno a la denominación
del idioma; el término español es relativamente reciente y no es
admitido por los muchos hablantes bilingües del Estado Español, pues
entienden que español incluye los términos valenciano, gallego, catalán
y vasco, idiomas a su vez de consideración oficial dentro del territorio
de sus comunidades autónomas respectivas; son esos hablantes bilingües
quienes proponen volver a la denominación más antigua que tuvo la
lengua, castellano entendido como ‘lengua de Castilla’.
En
los países hispanoamericanos se ha conservado esta denominación y no
plantean dificultad especial a la hora de entender como sinónimos los
términos castellano y español. En los primeros documentos tras la
fundación de la Real Academia Española, sus miembros emplearon por
acuerdo la denominación de lengua española.
Quien mejor ha estudiado esta espinosa cuestión ha sido Amado Alonso en
un libro titulado Castellano, español, idioma nacional. Historia
espiritual de tres nombres (1943). Volver a llamar a este idioma
castellano representa una vuelta a los orígenes y quién sabe si no sería
dar satisfacción a los autores iberoamericanos que tanto esfuerzo y
estudio le dedicaron, como Andrés Bello, J. Cuervo o la argentina Mabel
Manacorda de Rossetti.
Renunciar al término español plantearía la dificultad de reconocer el
carácter oficial de una lengua que tan abierta ha sido para acoger en su
seno influencias y tolerancias que han contribuido a su condición. Por
otro lado, tanto derecho tienen los españoles a nombrar castellano a su
lengua como los argentinos, venezolanos, mexicanos, o panameños de
calificarla como argentina, venezolana, mexicana o panameña, por citar
algunos ejemplos. Lo cual podría signifcar el primer paso para la
fragmentación de un idioma, que por número de hablantes ocupa el tercer
lugar entre las lenguas del mundo. En España se hablan además el catalán
y el gallego, idiomas de tronco románico, y el vasco, de origen
desconocido.
Como dice Menéndez Pidal "la base del idioma es el latín vulgar,
propagado en España desde fines del siglo III a.C., que se impuso a las
lenguas ibéricas" y al vasco, caso de no ser una de ellas.
De este substrato ibérico procede una serie de elementos léxicos
autónomos conservados hasta nuestros días y que en algunos casos el
latín asimiló, como: cervesia > cerveza, braca > braga, camisia >
camisa, lancea > lanza.
Otros autores atribuyen a la entonación ibérica la peculiar manera de
entonar y emitir el latín tardío en el norte peninsular, que sería el
origen de una serie de cambios en las fronteras silábicas y en la
evolución peculiar del sistema consonántico.
Otro elemento conformador del léxico en el español es el griego, puesto
que en las costas mediterráneas hubo una importante colonización griega
desde el siglo VII a.C.; como, por otro lado, esta lengua también
influyó en el latín, voces helénicas han entrado en el español en
diferentes momentos históricos. Por ejemplo, los términos huérfano,
escuela, cuerda, gobernar, colpar y golpar (verbos antiguos origen del
moderno golpear), púrpura (que en castellano antiguo fue pórpola y
polba) proceden de épocas muy antiguas, así como los topónimos Denia,
Calpe.
A
partir del renacimiento siempre que se ha necesitado producir términos
nuevos en español se ha empleado el inventario de las raíces griegas
para crear palabras, como, por ejemplo, telemática, de reciente
creación, o helicóptero.
Entre los siglos III y VI entraron los germanismos y su grueso lo hizo a
través del latín por su contacto con los pueblos bárbaros muy
romanizados entre los siglos III y V. Forman parte de este cuerpo léxico
guerra, heraldo, robar, ganar, guiar, guisa (compárese con la raíz
germánica de wais y way), guarecer y burgo, que significaba 'castillo' y
después pasó a ser sinónimo de 'ciudad', tan presente en los topónimos
europeos como en las tierras de Castilla, lo que explica Edimburgo,
Estrasburgo y Rotemburgo junto a Burgos, Burguillo, Burguete, o burgués
y burguesía, términos que entraron en la lengua tardíamente.
Hay además numerosos patronímicos y sus apellidos correspondientes de
origen germánico: Ramiro, Ramírez, Rosendo, Gonzalo, Bermudo, Elvira,
Alfonso. Poseían una declinación especial para los nombres de varón en
-a, -anis, o -an, de donde surgen Favila, Froilán, Fernán, e incluso
sacristán.
Junto a estos elementos lingüísticos también hay que tener en cuenta al
vasco, idioma cuyo origen se desconoce, aunque hay varias teorías al
respecto. Algunos de sus hábitos articulatorios y ciertas
particularidades gramaticales ejercieron poderosa influencia en la
conformación del castellano por dos motivos: el condado de Castilla se
fundó en un territorio de influencia vasca, entre Cantabria y el norte
de León; junto a eso, las tierras que los castellanos iban ganando a los
árabes se repoblaban con vascos, que, lógicamente, llevaron sus hábitos
lingüísticos y, además, ocuparon puestos preeminentes en la corte
castellana hasta el siglo XIV. Del substrato vasco proceden dos
fenómenos fonéticos que serán característicos del castellano.
La
introducción del sufijo -rro, presente en los vocablos carro, cerro,
cazurro, guijarro, pizarra, llevaba consigo un fonema extravagante y
ajeno al latín y a todas las lenguas románicas, que es, sin embargo, uno
de los rasgos definidores del sistema fonético español; se trata del
fonema ápico-alveolar vibrante múltiple de la (r).
La
otra herencia del vasco consiste en que ante la imposibilidad de
pronunciar una f en posición inicial, las palabras latinas que empezaban
por ese fonema lo sustituyeron en épocas tempranas por una aspiración,
representada por una h en la escritura, que con el tiempo se perdió: así
del latín farina > harina en castellano, pero farina en catalán,
italiano y provenzal, fariña en gallego, farinha en portugués, farine en
francés y faina en rumano; en vasco es irin.
La lengua árabe fue decisiva en la configuración de las lenguas de
España, y el español es una de ellas, pues en la península se asienta
durante ocho siglos la dominación de este pueblo. Durante tan larga
estancia hubo muchos momentos de convivencia y entendimiento. Los
cristianos comprendieron muy pronto que los conquistadores no sólo eran
superiores desde el punto de vista militar, sino también en cultura y
refinamiento.
De
su organización social y política se aceptaron la función y la
denominación de atalayas, alcaldes, robdas o rondas, alguaciles,
almonedas, almacenes. Aprendieron a contar y medir con ceros, quilates,
quintales, fanegas y arrobas; aprendieron de sus alfayates (hoy
sastres), alfareros, albañiles que construían zaguanes, alcantarillas o
azoteas y cultivaron albaricoques, acelgas o algarrobas que cuidaban y
regaban por medio de acequias, aljibes, albuferas, norias y azadones.
Influyeron en la pronunciación de la s- inicial latina en j- como en
jabón del latín 'saponem'. Añadieron el sufijo -í en la formación de los
adjetivos y nombres como jabalí, marroquí, magrebí, alfonsí o carmesí.
Se arabizaron numerosos topónimos como por ejemplo Zaragoza de
"Caesara(u)gusta", o Baza de "Basti". No podría entenderse correctamente
la evolución de la lengua y la cultura de la península sin conceder al árabe y su influencia el lugar que le corresponde.
POLÉMICA EN
TORNO A ESPAÑOL O CASTELLANO
La polémica en torno a
los términos "español" y "castellano" consiste en decidir si, dado
el uso histórico de los dos términos, resulta más adecuado llamar a
la lengua hablada en la mayor parte de América Latina y la península
ibérica "español", o bien, "castellano".
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INTRODUCCIÓN
Aunque la introducción
del idioma en los países conquistados fue previa a la existencia de
España como Estado moderno, el Diccionario de Lengua Española de la
Real Academia Española de la Lengua, da castellano y español como
sinónimos. La denominación español fue predominando en la península
ibérica a partir de la unificación de los reinos de España durante
el reinado de Carlos I de España en el siglo XVI.
La denominación castellano es más frecuente en Sudamérica y
península ibérica, mientras que en Centroamérica, México y Colombia
es más frecuente el término español, si bien cuesta discernir si la
respuesta es condicionada por la pregunta, pues la denominación de
castellano es más frecuente en contextos de oficialidad, y el
término español es más frecuente en la denominación espontánea.
En España a menudo se usa el término español al referirse a la
lengua en contraposición a lenguas extranjeras, y castellano con
relación a otras lenguas que también son españolas. Este es el uso
que recomienda Manuel Seco en su Diccionario de dudas y dificultades
del castellano. La Constitución Española de 1978, en su artículo
tercero, utiliza la denominación castellano para la lengua,
diferenciándola de las otras lenguas españolas:
El castellano es la lengua española oficial del Estado. (...) Las
demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas
Comunidades Autónomas...
Se arguye que el resto de lenguas habladas en España, como el
euskera, el catalán o el gallego, también son españolas, y que
los casos del alemán en Alemania y del francés en Francia surgen de
una centralización lingüística con orígenes completamente diferentes
a los del castellano en España.
Por el contrario, hay quienes argumentan que el término español hace
referencia a la lengua oficial del Estado español, mientras que
un idioma como el gallego hace referencia a la lengua propia de
Galicia. El hecho de que provincias como La Coruña sean gallegas y
españolas a la vez, son la base de la llamada cooficialidad de los
idiomas español y gallego.
Otros autores afirman que aunque el castellano medieval se vio
influido en su evolución por otras lenguas peninsulares, los cambios
no fueron significativos. En base a esto se propone como
denominación correcta el término castellano, pues es el idioma que
surgió en Castilla y después se extendió por todo el territorio
español por la supremacía política del Reino de Castilla sobre los
demás reinos peninsulares. Estos autores suelen poner como ejemplo
que en el Reino Unido y otros países angloparlantes el idioma se
denomina inglés (y no británico), pues es originario de Inglaterra,
aunque éste caso no es enteramente extrapolable a nuestra lengua
pues el término castellano no encuentra eco en otras lenguas como sí
lo halla el inglés (y ente caso el término español).
Después que España perdiera sus últimas colonias americanas, algunos
intelectuales americanos siguieron empleando el término "América
Española", en las primeras décadas del siglo XX. Aunque esto
causó rechazo en algunos sectores sociales, todos los países de
habla castellana denominan oficialmente española a su lengua , como
lo evidencian sus afiliaciones a la Asociación de Academias de la
Lengua Española.
ALGUNAS RAZONES DE LA
CONTROVERSIA
La controversia
trasciende el debate méramente académico o de adecuación
terminológica, ya que con cierta frecuencia el debate se ha mezclado
con intencionalidades políticas de dos tipos:
Dentro de España, ciertos sectores nacionalistas y/o regionalistas
han preferido el término castellano por entender que todas las
lenguas de España son autóctonas de un cierto territorio que es
subparte del territorio español. Sin embargo, en los últimos tiempos
puede percibirse también una tendencia a utilizar el término español
por parte de estos sectores, para reforzar la idea de que los
territorios como Cataluña o Euskadi no forman parte de España. En
contraposición, el españolismo, defiende mayoritariamente el término
español para señalar la preeminencia o naturalidad de describir a la
lengua como forma predominante de comunicación en España.
En tiempos de la
dictadura de Primo de Rivera se produce un apropiamiento del término
español al mismo tiempo que se fijan cánones de corrección basados
en el uso castellano (y concretamente burgalés) para evitar la
centrifugación patente en las hablas periféricas (bable, andaluz,
panocho...). Más tarde durante la dictadura de Franco se reforzará
la identificación del español con la indisolubilidad de la patria.
En América latina, se
ha llegado a considerar que el uso del término español era una forma
de subordinación cultural a España.
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PREFERENCIAS DE USO
- Las academias de la
lengua
Las Academias de la
Lengua de los países en los que el término castellano es usado
corrientemente (como Chile, o Argentina) han adoptado la
denominación de idioma español. Para estas academias, que fijan el
vocabulario oficial de su país, el término es de origen filológico y
no tiene connotaciones políticas. Por ejemplo, según la Academia
Argentina de Letras:
En el uso general las denominaciones «castellano» y «español» son
equivalentes. No obstante, es preferible, en razón de una más
adecuada precisión terminológica, reservar el tradicional nombre de
«castellano» para referirse al dialecto de Castilla anterior a la
unificación, y llamar «español» -como internacionalmente se hace- a
la lengua que desde entonces lleva en sí, junto al viejo tronco, los
múltiples aportes que otros pueblos de España y de América han dado
al «castellano»
Por su parte la Asociación de Academias de la Lengua Española
mediante su publicación, el Diccionario panhispánico de dudasha
dicho:
Para designar la lengua común de España y de muchas naciones de
América, y que también se habla como propia en otras partes del
mundo, son válidos los términos castellano y español. La polémica
sobre cuál de estas denominaciones resulta más apropiada está hoy
superada.
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HISTORIA
La historia del idioma castellano comienza con el latín vulgar del
Imperio Romano. Específicamente tiene su origen en el latín vulgar
presente en la zona central del norte de Hispania. Tras la caída del
Imperio Romano en el siglo V la influencia del latín culto en la
gente común fue disminuyendo paulatinamente. El latín hablado de
entonces fue el fermento de las variedades romances hispánicas,
entre ellas el castellano, origen a su vez (al menos en la
proporción mayor), de las variedades que constituyen la lengua
española. En el siglo VIII, la invasión musulmana de la Península
Ibérica hace que se formen dos zonas bien diferenciadas. En Al-Ándalus,
se hablarán los dialectos romances englobados con el término
mozárabe, además de las lenguas de la minoría alóctona (árabe y
bereber). Mientras, en la zona en que se forman los reinos
cristianos, desde pocos años después del inicio de la dominación
musulmana, comenzará una evolución divergente, en la que surgen
varias modalidades romances; la catalana, la aragonesa, la
asturiano-leonesa y la gallega, además de la castellana.
El dialecto castellano primigenio se originó en el condado medieval
de Castilla (oriente de Santander y norte de Burgos), con
influencias vascas e idioma germánico-visigodo. Se extendió al sur
de la península gracias a la Reconquista. En el siglo XV, durante el
proceso de unificación española de sus reinos, Antonio de Nebrija
publica en Salamanca su Grammatica. Es el primer tratado de
gramática de la lengua castellana, y también primero de una lengua
vulgar europea. Los textos más antiguos que se conocen en castellano
son las Glosas Emilianenses, escritas por monjes vascos tal y como
lo demuestran las anotaciones en los márgenes, que se conservan en
el Monasterio de Yuso, en San Millán de la Cogolla (Logroño),
localidad considerada centro medieval de cultura.
Algunas de las características distintivas de la fonología incluyen
la lenición (latín vita - castellano vida, latín lupus - castellano
lobo), la diptongación en los casos fonéticamente breves de la E y
la O (latín terra - castellano - tierra, latín novum - castellano
nuevo), y la palatalización (latín annum - castellano año). Algunas
de estas características están también presentes en otras lenguas
romances.
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DIALECTOS DEL CASTELLANO
Como todas las lenguas ampliamente
difundidas el español está sujeto a variaciones regionales y
sociolingüísticas. No obstante a pesar de esa heterogeneidad
el grado de variación no es muy grande y sólo raramente hay
interrupciones de mutua ininteligibilidad, Las dificultades
nacen con los criollos basados en el español de Filipinas y
Colombia y con el judeo-español, la lengua hablada por las
comunidades sefarditas expulsadas de España en 1492. El
sefardí tiene fama de haber preservado numerosas
características del siglo XV, pero tal afirmación es
exagerada; es vedad que ciertas peculiaridades fonéticas,
como la preservación de la /f-/ inicial es un elemento
arcaico, pero esa lengua también ha evolucionado
extensamente en su morfología y ha asimilado gran número de
préstamos léxicos. La figura inferior muestra la distinción
dialectal en México.
Entre las variedades dialectales españolas del romance
tenemos el asturiano-leonés, cuyos límites no coinciden ni
con los antiguo reino de León ni con la actual provincia de
León. Entre algunas características que lo acercan al
gallego-portugués destacan: ou < au, al- + consonante (cousa,
touro, outro); se conserva f- (filo, farina); se pierde toda
-n- intervocálica, como raa < rana; la l pasa a r después de
consonante sorda, como praza < platea. Una variedad parecida
al leonés pero que apunta al gallego-portugés es el mirandés,
hablado en Miranda do Douro, en Portugal.
Otro dialecto importante es el aragonés, que en parte se
funda históricamente en el antiguo reino de Aragón y Navarra,
pero que recibió gran influencia del castellano. Hoy se
habla en la provincia de Huesca, al pie de los Pirineos.
El extremeño, ligado históricamente con el asturiano-leonés,
se habla en una región septentrional de Extremadura.
Aparte de estas lenguas que tienen personalidad propia, las
hablas dialectales del castellano se pueden clasificar en
dos grupos: las septentrionales y las meridionales,
comprendiendo éstas al murciano, al andaluz y al canario,
hablados en Murcia, Andalucía y Canarias, respectivamente.
Los dialectos septentrionales se caracterizan por ser más
conservadores y abarcan las tierras castellanas y las que
ocuparon los dialectos históricos del latín, como el
aragonés y el asturiano-leonés. En el habla de las tierras
donde nació el castellano encontramos una serie de rasgos
dialectales, como el uso del leísmo (le como complemento
directo: Este piso ya le vimos), laísmo y loísmo (la y lo
como complemento indirecto: La dije que no viniera);
pronunciación de la d final como z: Madriz; aparición de una
s en la segunda persona del singular del pretérito
imperfecto: vinistes; uso del infinitivo para la segunda
persona del plural del imperativo: ¡Traerme algo!. Hacia el
este (La Rioja, Navarra y Aragón) hay una influencia de la
huella aragonesa, como el uso de pronombres precedidos de
preposición: con tú, con mí; el uso del diminutivo -ico:
pajarico; abundante uso de pues. Hacia el oeste (León,
Zamora y Salamanca) hay huellas del leonés, como la
tendencia a cerrar las vocales finales: otru; diminutivos en
-ín, -ina: niñín, niñina; uso del indefinido en el vez del
perfecto compuesto: hoy fui a tu casa.
Los dialectos meridionales se caracterizan por ser más
evolucionados en su pronunciación y por rasgos fonéticos muy
marcados. En esta región dialectal se hallan el andaluz, el
extremeño, el canario y el murciano. Las principales
características de estos dialectos son: confusión de r y l
en posición final de sílaba o palabra: arta, cuelpo y otras
se pierden, como españó; seseo (pronunciación de la z o la c
ante e o i como s: sielo; ceceo (pronunciación de la s como
z: zerio; pérdida de la d y de la n intervocálicas o ante r:
cansao, mare; yeísmo con distintas pronunciaciones: yuvia.
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LISTA TENTATIVA DE CLASIFICACIÓN
DE LOS DIALECTOS

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DIALECTOS EN
ESPAÑA
dialecto castellano septentrional
dialecto andaluz
dialectos de transición entre andaluz y castellano
dialecto canario
dialecto churro
dialecto murciano
DIALECTOS EN
ÁFRICA
español ceutí
español melillense
dialecto canario
español saharauí
español ecuatoguineano
DIALECTOS EN
AMÉRICA
español amazónico
español andino
español antioqueño (paisa)
español camba
español caleño
español cundiboyacense
español llanero
español caribeño
español cubano
español dominicano
español marabino
español panameño
español puertorriqueño
español venezolano
español centroamericano
español chileno
español chilote
español ecuatorial
español mexicano
español paraguayo
español peruano ribereño
español norperuano ribereño
español rioplatense
español santandereano-tachirense
español tolimense(opita)
español yucateco
DIALECTOS EN
ASIA
español filipino
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OTRAS DIFERENCIAS LINGÜÍSTICAS EN
PAÍSES DONDE EL CASTELLANO NO ES LENGUA OFICIAL:
español estadounidense
español beliceño
español gibraltareño
español andorrano
judeo-español, sefardí o ladino;
djudezmo;
haquetía o haketiyya;
chabacano;
chamorro;
papiamento (también considerada como lengua criolla del portugués);
papiamento de Aruba;
papiamento de Bonaire;
papiamento de Curaçao;
palenquero;
LENGUAS
DERIVADAS
judeo-español, sefardí o ladino;
djudezmo;
haquetía o haketiyya;
chabacano;
chamorro;
papiamento (también considerada como lengua criolla del portugués);
papiamento de Aruba;
papiamento de Bonaire;
papiamento de Curaçao;
palenquero;
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DISTRIBUCIÓN
GEOGRÁFICA
El castellano es la lengua oficial de más de veinte países,
principalmente en América además de España. México es el país con el
mayor número de personas que hablan el idioma español (más de 104
millones), esto es, una cuarta parte del total mundial
castellanohablante.
Entre los países con presencia del idioma sin estatus oficial,
encontramos una realidad lingüística singular en Estados Unidos,
debido al avance progresivo del bilingüismo, especialmente en
ciudades cosmopolitas como Nueva York, Los Ángeles, Denver,
Baltimore, Houston y Miami.
En el Estado Libre Asociado de Puerto Rico es el idioma oficial
junto con el inglés, y en el estado de Nuevo México el castellano es
ampliamente utilizado, incluso por la administración estatal, aunque
ese estado no tiene ninguna lengua oficial establecida por su
constitución.
El caso de las islas Filipinas, antigua colonia española, es
bastante atípico ya que a diferencia de otros países hispanos, no
consiguió su independencia tras sus movimientos revolucionarios del
siglo XIX. Por el contrario, y debido a la intervención
norteamericana, Filipinas pasó a ser colonia de los EE.UU. a partir
de 1899. Desde entonces, sus autoridades siguieron una política de
descastellanizacion del país, e imposición del inglés. A pesar de
que en Filipinas había un 10%-15% de castellanohablantes (unas
900.000 personas) a principios del Siglo XX, y que su primera
constitución (promulgada en 1899) tenía establecido el castellano
como lengua oficial, las autoridades estadounidenses impusieron
progresivamente el uso del inglés, especialmente después de la
Guerra Filipino-Estadounidense que diezmó a la burguesía urbana
castellanohablante. Según fuentes del Instituto Cervantes y en un
comunicado de la presidenta filipina Gloria Macapagal-Arroyo el
castellano volverá a ser oficial en Filipinas a principios de 2008.
Otros lugares donde el español tiene presencia es Luena, en Angola
por la presencia del ejército cubano y Tinduf, en Argelia por la
presencia de refugiados saharauíes. Recientemente la ciudad de
Cocobeach, en Gabón, empleó el uso oficial de la lengua española.
La cadena de televisión de China CCTV comenzó en octubre de 2007 a
emitir un canal de TV solo en español, (CCTV-E) y Rusia hará lo
propio en 2008, bajo el nombre de Rusia Hoy.
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POBLACIÓN HISPANOHABLANTE
A continuación figura una tabla estadística de la población de los
países con el español como idioma oficial (con *), y la población
hispana en los países con el español como lengua no oficial. En las
dos últimas columnas, figura el porcentaje y número de hablantes de
español
Pincha allí para que se te abra la
tabla
HABLANTES POR PAÍSES
El 94,6%*, es la media de los porcentajes de los países donde se
habla español como idioma oficial.
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SONIDOS
La estructura silábica más frecuente del castellano es CV
(consonante más vocal), de forma que tiende hacia la sílaba abierta.
Caracteriza al castellano una tensión articulatoria alta, no tan
relajada como en italiano, y estadísticamente una gran presencia de
la vocal a. El acento es de intensidad y estadísticamente dominan
las palabras llanas, o acentuadas en la penúltima sílaba, después
las agudas y por último las esdrújulas. Gracias a la Real Academia
Española, fundada en el siglo XVIII, la ortografía del castellano se
ha ido simplificando buscando el patrón fonético, aunque esta
tendencia se paralizó a mediados del siglo XIX pese a las propuestas
en ese sentido del gramático Andrés Bello.
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VOCALES
En castellano hay cinco vocales fonológicas: /a/, /e/, /i/, /o/ y
/u/. La /e/ y /o/ son vocales medias, ni cerradas ni abiertas, pero
pueden tender a abrirse y cerrarse [e], [ɛ], [o] y [ɔ] dependiendo
de su posición y de las consonantes por las que se hallan trabadas.
Sin embargo, estos sonidos no suponen un rasgo distintivo en
castellano, a diferencia del catalán o del italiano, considerándolos
por tanto como alófonos.
Según Tomás Navarro Tomás, los fonemas vocálicos /a/, /e/ y /o/
presentan diferentes alófonos.
Las vocales /e/ y /o/ presentan unos alófonos algo abiertos, muy
aproximados a [ɛ] y [ɔ], en las siguientes posiciones:
En contacto con el sonido doble erre ("rr") [r], como en "perro",
"torre", "remo", "roca".
Cuando van precediendo al sonido [x], como
en "teja", "hoja".
Cuando van formando parte de un diptongo decreciente, como en
"peine", "boina".
Además, el alófono abierto de /o/ se
produce en toda sílaba que se encuentre trabada por consonante y el
alófono abierto de /e/ aparece cuando se halla trabado por cualquier
consonante que no sea [d], [m] y [n]: "pelma", "pesca", "pez",
"costa", "olmo".
El fonema /a/ presenta tres variedades
alofónicas:
Una variedad palatal, cuando precede a consonantes palatales, como
en "malla", "facha", "despacho".
Otra variante velarizada se produce cuando
precede a las vocales [o], [u] o a las consonantes [l], [x]:
"ahora", "pausa", "palma", "maja". Una variante media, que se
realiza en los contornos no expresados en los párrafos anteriores:
"caro", "compás", "sultán".
Tanto /i/ como /u/ pueden funcionar
también como semivocales ([i^] y [u^]) en posición postnuclear de
sílaba y como semiconsonantes ([j̞] y [w̞]) en posición prenuclear.
En el castellano existe una pronunciada tendencia antihiática que
con frecuencia convierte en diptongos los hiatos en una
pronunciación relajada, como héroe ['eroe]-['erue], o línea
['línea]-['linia].
Además en castellano todas las vocales pueden nasalizarse al
encontrarse trabadas por una consonante nasal dando como resultado
[ã], [ẽ], [ĩ], [õ] y [ũ]. Este rasgo es más destacado en unos
dialectos que en otros.
En diversos dialectos meridionales del castellano de España, como el
andaluz y el murciano entre otros, se distinguen 10 vocales, e
incluso 15 si se cuentan las vocales nasales, las cuales están muy
presentes en estos dialectos. Cualquier vocal al hallarse trabada
por una "s" (muda), o por las demás consonantes (mudas), dan como
resultado las siguientes vocales /ɑ/, /ɛ/, /ɪ/, /ɔ/ y /ʊ/;
formándose así los siguientes pares vocálicos: /a/-/ɑ/, /e/-/ɛ/,
/i/-/ɪ/, /o/-/ɔ/ y /u/-/ʊ/. Estos pares vocálicos son distintivos en
estos dialectos, como hasta y asta /ɑt̪a/ - ata (verbo atar) /at̪a/,
mes /mɛ/ - me /me/, los /lɔ/ - lo /lo/.
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CONSONANTES
Según la mayoría de los autores, se distinguen por lo general 24
fonemas en el castellano, cinco de los cuales corresponden a vocales
([a e i o u]) y 19 a consonantes [b s k d f g x l m n ɲ p r ɾ t ʧ ʝ
ʎ θ]), además de otros fonemas dialectales y/o alofónicos, vocales
aunque la mayoría de los dialectos sólo cuentan con 17, y algunos
otros con 18. Las diferencias fonológicas dialectales, debidas en su
mayoría a diferencias en las consonantes, son las siguientes:
Ningún dialecto del castellano hace la distinción espontánea entre
la pronunciación de las letras "b" y "v". Esta falta de distinción
se conoce como betacismo. Sin embargo hay que tener en cuenta que en
algunos países, particularmente Chile, se presiona mucho a los niños
en la escuela para que pronuncien la 'v' como labiodental, por ello
uno puede encontrarse ocasionalmente con esta pronunciación
(percibida por muchos como afectada), especialmente en los medios.
La pronunciación de la "v" como fonema bilabial oclusivo o
fricativo, idéntico al de "b", es compartida también con el gallego,
occitano, sardo y varios dialectos del catalán, entre otros. Una
posible causa de esta peculiaridad es la influencia del substrato
vascoide, lo que explicaría su extensión en estas lenguas citadas a
partir de un foco vasco-pirenaico. Otra posible explicación, más
bien estructural, es que aunque el latín tenía la letra 'v' que en
realidad era solamente una variante escrita de la 'u' semivocal,
ésta se pronunciaba /w/ y evolucionó en otras lenguas romances hacia
/v/. Por otro lado, la fricativización de /b/, común en todas las
lenguas romances, dio lugar a los alófonos /b/ oclusivo y /β/
fricativo. El segundo es casi indistinguible de la aproximante /w/,
con lo que la 'v' [w] latina pasó directamente a [b, β] en
castellano.
En general existe confusión entre la "y"
(pronunciada [ʝ] o [ɟ]) consonántica y la "ll" (originalmente [ʎ]),
salvo en diversas zonas de España (en regresión) y, en América, en
los dialectos con sustratos de lenguas en que existe dicha
diferencia, como en las zonas bilingües castellano-quechua o
castellano-guaraní.
En la mayoría de variedades de América y
sur de España /s/ es un sonido laminoalveolar, mientras que en otras
variedades americanas (la mayoría de Colombia, Perú, Bolivia, zonas
dispersas de México y República Dominicana) y en el centro y norte
de España la /s/ es apicodental [s̪].
Se considera característica particular y
singular de la lengua castellana el uso de la letra "ñ" (procedente
del grupo latino nn que en la Edad Media comenzó a abreviarse como
una "n" con una raya encima que luego tomó la forma ondulada
representando su pronunciación palatal), aunque también existe en
otras lenguas como el aragonés, gallego, el bretón, el quechua, el
guaraní, el mixteco, otomí, el bubi o el chamorro. En algunos
dialectos la 'ñ' se pronuncia [nj] en vez de [ɲ].
El castellano de España, salvo Canarias y gran parte de Andalucía,
distingue entre [θ] (escrito 'z' o 'ce', 'ci') y [s]: casa ['kasa],
caza ['kaθa].
La mayoría de los dialectos registra una pérdida más o menos
avanzada de la s implosiva, un fenómeno típico de las 'tierras
bajas' americanas, en un proceso parecido al del francés medieval.
Las excepciones son México (salvo algunas zonas costeras del
Caribe), mitad norte de España (donde empieza a aparecer) y en la
zona andina (especialmente en Colombia, Ecuador y Perú).
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FONOLOGÍA DEL CASTELLANO
El sistema fonológico del castellano está compuesto por un mínimo de
22 fonemas consonánticos (y algunas variedades de España pueden
llegar a presentar hasta 24 fonemas al disponer además de los
fonemas /ʎ/ y /θ/). En cuanto a las vocales, la mayoría de
variedades sólo cuentan con 5 fonemas y varios alófonos. En algunas
variedades del andaluz y otros dialectos meridionales del castellano
pueden tener hasta 10 vocales en oposición fonológica, ya que en
ellas el rasgo ATR de apertura puede llegar a ser relevante,
duplicándose el número de vocales.
Todos estos fonemas son analizables mediante un mínimo de 9 rasgos
binarios (para las variedades sin /θ/), aunque normalmente con el
fin de hacer más natural la descripción se usan algunos más. La
tabla de consonantes en términos de estos rasgos viene dada por:
poner un cuadro aqui...
Donde se han indicado mediante paréntesis (·) los fonemas que no
están presentes en todas las variedades de castellano.
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GRAMÁTICA
La influencia del árabe en el
español tiene carácter casi exclusivamente léxico. Una serie
de términos que se refieren a la cultura árabe medieval (astronomía,
matemática, medicina, filosofía, etc.) entra a formar parte
del patrimonio cultural europeo. Se trata de palabras que, a
partir casi siempre de la Península Ibérica o de Sicilia, se
difunden al italiano, al francés, y de ellos a las otras
lenguas europeas. A veces son de origen erudito, como
álgebra, procedente del árabe al-gabr que propiamente
significa "restauración, reducción".
Un término matemático menos técnico y más común, que se
manifiesta con doble aspecto en las lenguas cultas
occidentales, es el representado por las voces cifra y cero.
El árabe tenía la palabra sifr, que al principio era (y ha
seguido siéndolo en la lengua común) un adjetivo que
significaba "vacío"; merced a un calco del sánscrito sunyá,
que significaba también "vacío", pero que los matemáticos
indios emplearon para "cero", el árabe ,sifr adquirió, entre
los matemáticos, el mismo sentido de 'cero'. Leonardo
Fibonacci latinizó el término a zephirum que luego, en las
fuentes italianas, se volvió zeliro, zefro y al fin zero (atestiguado
desde 1491; de él procede el español 'cero'). Una adaptación
de la palabra árabe más próxima al original es la del
español cifra.
También viene del árabe la costumbre de designar la
incógnita por X; en los textos árabes de álgebra, la
incógnita era indicada mediante la letra S, inicial de la
palabra sai', 'res, aliquid, quicquam'. Esta letra sonaba
casi lo mismo que la patatal aspirante sorda que el español
antiguo escribía x, según se aprecia por las transcripciones
latinas de palabras árabes. Leonardo Fibonacci, en Liber
abbaci, no hizo más que transliterar la S con X, y así entró
X en uso para la incógnita.
Diversos términos árabes que se han difundido por todas las
lenguas europeas tienen que ver con la astronomía, de la que
los árabes fueron maestros, como es sabido; casi inalterados,
con forma árabe, aparecen algunos términos técnicos como
azimut; nadir < árabe nazir, 'opuesto' (esto es, nazir as-samt,
'opuesto al zenit'); se ha hecho popular almanaque, < árabe
al-manah, 'calendario'.
Notables son también los nombres relativos a la química o,
mejor dicho, a la química medieval o alquimia, empezando por
esta mismísima palabra, atestiguada desde el siglo XIII y
que viene del árabe al-kimiya ("fusión"), cuyo sentido era "piedra
filosofal, sustancia que transforma los metales bajos en oro".
El nombre más común de la piedra filosofal en árabe era, en
cambio, al-iksir ( < gr. "seco"), de donde elixir, con el
sentido de "remedio maravilloso, licor mágico".
Y ya que hablamos de palabras de la química, recordemos
también el árabe al-kuhl, al-kuhul, 'polvos para teñir cejas
y párpados > español alcohol.
Proceden del árabe o de otras lenguas orientales, pasando
por el árabe, algunos nombres de juegos (y las terminologías
correspondientes), ante todo el ajedrez, que los árabes
aprendieron de los persas como éstos de los indios. No hay
que ser orientalista para saber que en persa sah significa "rey",
y basta conocer los rudimentos del juego para saber que su
objeto es inmovilizar el "rey" del adversario; en persa, y
de ahí en árabe, tal operación se llama, en la terminología
del juego, sah mát, que al pie de la letra significa "el rey
(está) muerto"; de ahi el español jaque mate.
Sin salir de la terminología ajedrecística, se puede señalar
que el término alfil, que designa cada una de las dos piezas
que franquean al rey y a la reina viene del árabe al-fil, "elefante",
pues en los ajedreces más antiguos, dos elefantes ocupaban
los lugares de los alfiles.
Encontramos voces árabes en la toponimia, como Albacete <
al-basit; esp. Alcalá < qal'a, "castillo, fortaleza";
Gibraltar, < gebel Tariq, "monte de Tariq", del nombre del
comandante árabe que en 711 emprendió desde allí la
conquista de España. Son importantes los nombres de ríos
compuestos con guad- del árabe wad(i) "río, valle". Tenemos
así los hidrónimos Guadiana, Guadalquivir < wadi al-kabir,
"el río grande"), etc.
Pero en la Península Ibérica la influencia árabe llega a los
términos administrativos: por ejemplo alcalde < al-qa'dí, "juez";
alguacil < al-wazir, "ministro".
Otra observación notable es la siguiente: como se habrá
visto por los ejemplos citados, las lenguas iberorromances,
en la mayoría de los casos, adoptan las palabras árabes con
el artículo determinado unido (artículo que suena al, pero
cuya 1 se asimila, según regla constante en todo el dominio
árabe, ante algunas consonantes). Así encontramos azúcar <
árabe (as-)sukkar; azafrán < ár. (az-)za'farán, etcétera.
Aunque abundantes voces de origen árabe atestiguadas en el
español antiguo están a estas alturas fuera de uso (si bien
no pocas siguen vivas en los dialectos españoles o en
portugués), no cabe duda de que la influencia árabe sobre
las lenguas iberorromances fue importantísima, desde los
puntos de vista cuantitativo y cultural, hasta el punto de
afectar la sintaxis del espacio¡ antiguo.
Entre las características principales del español podemos
recordar: la diptongación de e y o en sílaba abierta y
cerrada, como tiene < tenet, tierra < terra, bueno < bonu(m),
puerta < porta. Luego, por influencia de fonemas adyacentes,
los diptongos pueden reducirse (ie > i y ue > e,
respectivamente) como castillo, frente. Las vocales finales
se han conservado bien, como en toscano (-a > -a; -e, -i >
-e; -o, -u > -o.
En el consonantismo las iniciales suelen conservarse aunque
f- pasa a h-, hoy muda, como fabulare > hablar (si bien se
conserva ante el diptongo ur, como fuerte, fuego); los
grupos de consonantes + l tienden a reducirse a ll (correspondiente
al italiano gli), como llamar < clamare, llano < planu(m).
Las consonantes sordas intervocálicas sufren lenición y se
vuelven fricativas, como vita > vida, lupu(m) > lobo. Las
consonantes largas y geminadas se simplifican pero no se
sonorizan, como bucca > boca; ll y nn pasan en cambio a
palatales, como annu(m) > año, caballu(m) > caballo. El
grupo ct, a través de it (como en francés y portugués) pasa
a la palatal ch, como lacte > leche, octo > ocho. El grupo
li pasa a j, como muliere(m) > mujer.
Las tendencias naturales a la divergencia lingüística son
combatidas en el caso del español por poderosos lazos
culturales y también por mecanismos normativos bien
desarollados, cuyos antecedentes proceden de hace varios
siglos. Uno de los más antiguos y mejor conocidos ejemplos
de prejuicio lingüístico es la crítica hecha por Juan de
Valdés en su Diálogo de la Lengua (1535) contra la Gramática
de la lengua castellana de Antonio de Nebrija (1492) porque
Nebrija, siendo andaluz, no podía conocer el castellano lo
suficientemente bien para la obra que se traía entre manos.
Aunque el español tiene fama de ser una lengua 'fonética' (más
exactamente habría que decir fonémica) la realidad es que
presenta ciertas dificultades para hacer tal aseveración.
Por ejemplo, c y g tienen dos pronunciaciones, dependiendo
de la vocal que sigue; la h es muda; b y v corresponden a un
solo fonema.
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CLASIFICACIÓN
ARTICULATORIA DE LOS FONEMAS Y CLASIFICACIÓN ARTICULATORIA
DE LOS SONIDOS ESPAÑOLES (AFI)
El verbo tiene tres modos: indicativo, imperativo y
subjuntivo. Se distinguen tres conjugaciones: -ar, -er, -ir.
El español también se caracteriza por su constante empleo
del pronombre se, y el uso vivo del subjuntivo que tantos
problemas origina a quienes aprenden español como segunda
lengua. Entre las características heredadas del latín debe
destacarse la sintaxis y los procedimientos sintácticos para
matizar, calificar o convertir en nombres, y por tanto
sujetos, a oraciones completas.
El orden de la frase es sujeto, verbo y objeto o verbo,
sujeto y objeto.
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|
Valor de las letras en algunas lenguas romances |
|
|
Italiano |
Español |
Portugués |
Catalán |
Francés |
Rumano |
|
a |
[a] |
[a] |
[á;
] |
[á;
] |
[a,
] |
[a] |
|
ãe |
|
|
[ ] |
|
|
|
|
ai |
[ai] |
[ai] |
[ai] |
[ai] |
[ε] |
[ai] |
|
ain |
|
|
|
|
[ ] |
|
|
an |
|
|
|
|
[ã] |
|
|
ão |
|
|
[
] |
|
|
|
|
au |
[au] |
[au] |
[au] |
[au] |
[o] |
[au] |
|
â |
|
|
[ ] |
|
[ ] |
[ ] |
|
ǎ |
|
|
|
|
|
[ ] |
|
ã |
|
|
[ã] |
|
|
|
|
b |
[b] |
[b~β] |
[b] |
[b~β] |
[b] |
[b] |
|
c |
[t ] |
[θ] |
[s] |
[s] |
[s] |
[t ] |
|
c |
[k] |
[k] |
[k] |
[k] |
[k] |
[k] |
|
ch |
[k]..i,e |
[t ] |
[ ] |
[k] raro |
[ ] |
[k]..i,e |
|
ç |
|
|
[s]..i,e |
[s]..i,e |
[s]..i,e |
|
|
d |
[d] |
[d~ð] |
[d] |
[d~ð] |
[d] |
[d] |
|
e |
[e,ε] |
[e] |
[é,
;
i] |
[é,
;
] |
[e, ε;
] |
[e] |
|
è |
* |
|
|
[ ] |
[ε] |
|
|
ê |
|
|
[é] |
|
[ε] |
|
|
é |
|
|
[ ] |
[é] |
[e] |
|
|
eau |
|
|
|
|
[o] |
|
|
ei |
[ei] |
[ei] |
[ei] |
[ei] |
[ε] |
[ei] |
|
ein_s |
|
|
|
|
[ ] |
|
|
en_s |
|
|
|
|
[ ] |
|
|
eu |
[eu] |
[eu] |
[eu] |
[eu] |
[ø, œ] |
[eu] |
|
f |
[f] |
[f] |
[f] |
[f] |
[f] |
[f] |
|
g |
[d ] |
[χ] |
[ ] |
[d ~ ] |
[ ] |
[d ] |
|
g |
[g] |
[g~ ] |
[g] |
[g~ ] |
[g] |
[g] |
|
gh |
[g]..i,e |
|
|
|
|
|
|
gl |
[ (:)] |
|
|
|
|
|
|
gn |
[ (:)] |
|
|
|
[ ] |
|
|
gu |
[gw] |
[g] |
[g] |
[g] |
[g] |
[gw] |
|
gu |
[gw] |
[gw] |
[gw] |
[gw] |
|
[gw] |
|
gü |
|
[gw] |
[gw] |
[gw] |
|
|
|
h |
ø |
ø |
ø |
ø |
ø |
[h] |
|
i |
[ ]..V,
[i] |
[ ]..V,
[i] |
[ ]..V,
[i] |
[ ]..V,
[i] |
[ ]..V,
[i] |
[ ]..V,
[i] |
|
î |
|
|
|
|
[i] |
[ ] |
|
j |
|
[χ] |
[ ] |
[d ~ ] |
[ ] |
[ ] |
|
k |
[k] |
[k] |
[k] |
[k] |
[k] |
[k] |
|
l |
[l] |
[l] |
[l] |
[l] |
[l] |
[l] |
|
lh |
|
|
[ ] |
|
|
|
|
ll |
|
[ ]
(América [j]) |
[ ] |
|
|
|
|
l.l |
|
|
|
[l] |
|
|
|
m |
[m] |
[m] |
[m] |
[m] |
[m] |
[m] |
|
n |
[n] |
[n] |
[n] |
[n] |
[n] |
[n] |
|
nh |
|
|
[ ] |
|
|
|
|
ñ, ny |
|
[ ] |
|
[ ] |
|
|
|
o |
[o,
] |
[o] |
[ó,
;u] |
[ó,
;u] |
[o,
] |
[o] |
|
ò |
* |
|
|
[ ] |
|
|
|
ô |
|
|
[ó] |
|
[o] |
|
|
ó |
|
* |
[ ] |
[ó] |
|
|
|
õ |
|
|
[õ] |
|
|
|
|
õe |
|
|
[õ ] |
|
|
|
|
œ(u) |
|
|
|
|
[œ] |
|
|
oi |
oi |
oi |
oi |
oi |
[w ] |
oi |
|
on..s |
|
|
|
|
[ ] |
|
|
ou |
|
|
[ou] |
|
[w]..V,
[u] |
|
|
p |
[p] |
[p] |
[p] |
[p] |
[p] |
[p] |
|
qu..i,e |
[kw] |
[k] |
[k] |
[k] |
[k] |
|
|
qu |
[kw] |
|
|
|
[k] |
|
|
r |
[r] |
[r:~ ] |
[r:~ ] |
[r:~ ] |
[ ] |
[r] |
|
rr |
|
[r:] |
[r:] (América [χ]) |
|
[r:] |
|
|
s |
[s~z] |
[s] |
[ ]_s
[s~z] |
[s~z] |
[s~z] |
[s] |
|
ss |
|
|
[s] |
[s] |
|
|
|
ş |
|
|
|
|
|
[ ] |
|
t |
[t] |
[t] |
[t] |
[t] |
[t] |
[t] |
|
ţ |
|
|
|
|
|
[ts ] |
|
u |
[ ]..V,
[u] |
[ ]..V,
[u] |
[ ]..V,
[u] |
[ ]..V,
[u] |
[ ]..V,
[y] |
[ ]..V,
[u] |
|
un_s |
|
|
|
|
[ ] |
|
|
v |
[v] |
[b~β] |
[v] |
[b~β] |
[v] |
[v] |
|
w |
[v, w] |
[w] |
[v, w] |
[w] |
[v, w] |
[v, w] |
|
x |
[ks] |
[ks] |
[ ,
ks] |
[ ,
ks] |
[ks] |
[ks] |
|
y (en préstamos menos en español) |
[j] |
[i] (aislada)
[j] |
[j] |
[j] |
[i,j] |
[j] |
|
z |
[ts, dz] |
[θ] (América [s]) |
[z] |
[z] |
[z] |
[z] |
|
Notas: El símbolo .. significa 'precede'; _s es
límite de sílaba; V significa vocal; el asterisco *
recuerda que el acento grave en italiano y el acento
en español acentúan la palabra. |
Tabla de Valor de las letras en algunas lenguas romances
Fuente:
http://www.proel.org/
MORFOLOGÍA
Las palabras del castellano se forman mediante lexemas o raíces a
los que se agregan morfemas gramaticales o gramemas (como el género
masculino o femenino y el número singular o plural para los
sustantivos y adjetivos, y el modo, tiempo, voz, aspecto y persona y
número para el verbo), más todo tipo de afijos que sirven para
formar palabras derivadas o bien para marcar la afectividad, como
ocurre con la especialmente abundante y característica derivación en
sufijos diminutivos, muchos de ellos de uso más bien local.
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LÉXICO
Aproximadamente un 94% del vocabulario del castellano de uso diario
es de origen latino, lo que es natural y no muy sorprendente
teniendo en cuenta que se trata de un idioma románico. Sin embargo,
como en caso de cualquier lengua, también tiene préstamos de otros
idiomas con los cuales se haya encontrado durante su historia de más
de mil años.
De las lenguas prerromanas de la península (íbero, euskera, celta o
tartesio) existen bastantes topónimos, algunas palabras ("barro",
"perro", "cama", "gordo", "nava"...) y algún antropónimo aislado,
como "Indalecio". La invasión de los visigodos insertó bastantes
nombres de pila ("Enrique", "Gonzalo") y sus respectivos apellidos,
el sufijo "-engo" en palabras como "realengo" y vocabulario
referente a la guerra como "yelmo" y "espía".
Además, la ya mencionada ocupación musulmana dio paso a la adopción
de numerosos arabismos. En morfología, cabe apuntar que viene del
árabe el sufijo "-í" de gentilismos tales como "ceutí" o "israelí".
En el siglo XVI se introdujeron numerosos italianismos referentes a
las artes, pero también gran número de palabras indígenas o
americanismos, referentes a plantas, costumbres o fenómenos
naturales propios de esas tierras, como "batata","papa", "yuca",
"cacique", "hamaca", "huracán", "tabaco", "cacao", "chocolate". En
el XVII entraron numerosos cultismos por influjo de la lengua
gongorina o culterana. En el XVIII, galicismos o palabras tomadas
del francés referentes sobre todo a la moda, la cocina y la
burocracia: "puré", "tisú", "menú", "peluquín", "maniquí", "restorán",
"buró", "carné", "gala", "collage", "bricollage". En el XIX, se
incorporan nuevos préstamos, sobre todo del inglés y el alemán,
aunque también del italiano en ámbitos referentes a la música, en
particular la ópera ("batuta", "soprano", "piano", "radio"), y la
cocina. En el XX se acentúa muchísimo la presión del inglés en los
campos de la tecnología, la informática, la ciencia y el deporte: "set",
"penalti", "fútbol", "e-mail", "internet", "software". Todos estos
son conocidos como préstamos lingüísticos.
Sin embargo, la Real Academia Española ha hecho, durante estos
últimos años, grandes esfuerzos para evitar el uso de estos vocablos
proponiendo alternativas más acordes con nuestra ortografía
tradicional (entre otros muchos ejemplos: zum en lugar de zoom,
correo electrónico en lugar de e-mail, fútbol en lugar de
football...). Aunque la mayoría de estas iniciativas han ido calando
en la sociedad, ciertas propuestas como "yaz" en lugar de "jazz" no
han tenido demasiada acogida, a pesar de ser preferentes para la
RAE.
Por lo general, Latinoamérica y sobre todo México es más susceptible
a los préstamos del inglés o anglicismos ("mouse", en España:
"ratón"), debido en buena medida al contacto con el vecino Estados
Unidos de América. Por su lado, España lo es a los galicismos o
palabras tomadas de la vecina Francia (como el galicismo "ordenador"
en el castellano de la península Ibérica, en contraste con el
anglicismo "computador" o "computadora" en el castellano de México).
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VOSEO
En algunas variantes del castellano americano se emplea la forma vos
para el pronombre de segunda persona singular en lugar del tú
estándar; normalmente esta variación está acompañada de una
conjugación particular.
En el castellano de la península el vos fue, en un principio,
tratamiento solo propio de nobles o como forma de respeto similar al
actual usted (> vuestra merced). La irrupción de la forma vuestra
merced, progresivamente contraída a usted, comienza a reestructurar
el uso de los pronombres en España, de forma que vos comenzaba a
usarse como fórmula de trato entre iguales y entraba en competencia
con tú. Con el paso del tiempo el uso culto de España rechazó vos
dejando usted como forma de respeto y tú para el uso familiar o
entre iguales. La colonización de América a finales del siglo XVI se
produce en el momento en que vos todavía se usaba para el trato
entre iguales y con este valor se implantó en varias zonas como
forma popular de tratamiento para la segunda persona del singular,
pero perdió sus connotaciones de prestigio. En España solo sobrevive
actualmente en una de las formas de la segunda persona del plural,
vosotros. Los núcleos urbanos cultos de América que quedaron más
expuestos a la influencia del castellano europeo siguieron la
reestructuración de los pronombres de la península y rechazan el vos
en favor del tuteo (casi todo México, las Antillas y Perú), mientras
que en el resto el voseo ha sobrevivido, con distinta consideración,
hasta la actualidad.
El voseo se presenta marcadamente en Argentina, Bolivia (este),
Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Paraguay y
Uruguay. Aparece, de maneras ligeramente distintas en Venezuela
(noroeste), Colombia (occidente), Chile (centro) y Ecuador (norte).
Menos frecuentemente y limitado a un ámbito familiar, el “vos” se
puede encontrar en México (norte de Chiapas), Colombia (costa
pacífica), Ecuador (sierra), Chile (norte y sur) y en zonas más
reducidas del interior de México (Tabasco), Panamá (Península de
Azuero), Colombia (centro), Ecuador (sur) y Belice (sur). En el
Perú, Cuba, Puerto Rico y República Dominicana está extinto su uso.
Sólo en el ámbito del castellanorioplatense, castellano
antioqueño,castellano camba y centroamericano se emplea regularmente
como forma prestigiosa; en otras regiones existe cierta diglosia
entre ambas conjugaciones. En Argentina y Uruguay el “vos” ha
incluso desplazado casi por completo al tú de las fuentes escritas.
No obstante hay escritores rioplatenses que aún mantienen la forma
clásica "tú" para sus obras de ficción, como Daniel Herrendorf
(escritor franco-argentino, cf. sus obras "Evita, la Loca de la
Casa" o "Memorias de Antínoo") o Mario Benedetti (poeta uruguayo).
En Costa Rica el tuteo es evitado por completo en la conversación
porque se considera pedantesco y está sancionado socialmente.
En Guatemala el uso del tuteo es usado mas frecuentemente entre
personas de diferente sexo, cuando un hombre le habla a una mujer
que está conociendo por lo general el trato es de "tú", cuando hay
mas confianza es usado el "vos". Cuando un hombre trata de "tú" a
otro hombre se presume de homosexualidad.
En El Salvador el uso del tuteo es poco, al igual que en Guatemala
el hablado de "tú" entre hombres es signo de homosexualidad, para un
trato más respetuoso a otras persona se emplea el uso de "usted".
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SISTEMA DE ESCRITURA
El castellano se escribe mediante una variante del alfabeto latino
con la letra adicional "ñ" y los dígrafos "ch" y "ll", consideradas
letras del abecedario desde 1803 (cuarta edición del DRAE), debido a
que representan un solo sonido, distinto de las letras que lo
componen.
Así, el alfabeto castellano está formado por 29 letras:
a, b, c, ch, d, e, f, g, h, i, j, k, l, ll, m, n, ñ, o, p, q, r, s,
t, u, v, w, x, y, z.
Durante el X Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua
Española (Madrid, 1994), se acordó adoptar el alfabeto latino
universal, en el cual ch y ll no son letras independientes, lo que
afecta a la alfabetización de las palabras que contengan esas dos
letras, que desde entonces deben aparecer ordenadas en el lugar que
les corresponde dentro de la c y la l. Sin embargo, de acuerdo con
las Academias, esta reforma «afecta únicamente al proceso de
ordenación alfabética de las palabras, no a la composición del
abecedario, del que los dígrafos ch y ll siguen formando parte».[18]
Además, el castellano emplea signos gráficos de interrogación y
exclamación que no poseen otras lenguas ("¿" y "¡"). Estos signos
especiales facilitan la lectura de interrogaciones y exclamaciones
largas que oralmente solo se expresan por variaciones de entonación.
En otros idiomas ("¿" y "¡") no son necesarios debido a que su
sintaxis oral no causa ambigüedad al ser leída, ya que existen
inversión de sujeto, auxiliares especiales, locuciones... (ejemplo:
Is he coming tomorrow?, Est-ce qu'il vient demain? Kommt er morgen?
¿Viene mañana?).
Las vocales constituyen siempre el centro o núcleo de la sílaba,
aunque la "i" y la "u" pueden funcionar como semiconsonantes antes
de otro núcleo vocálico y como semivocales después. Un núcleo
vocálico de sílaba puede sonar más fuerte y alto que los restantes
núcleos silábicos de la palabra si lleva el llamado acento de
intensidad, que se escribe según unas normas ortográficas con el
signo denominado acento gráfico o tilde para marcar el golpe de voz
cuando este no sigue el patrón habitual, o para distinguir palabras
que se escriben igual (véase acento diacrítico).
Además, la "u" puede llevar diéresis ("ü") para indicar que se
pronuncia en los grupos "güe", "güi". En la poesía, las vocales "i"
y "u" pueden llevar también diéresis para romper un diptongo y
ajustar convenientemente la métrica de un verso determinado (por
ejemplo, "ruido" tiene dos sílabas, pero "ruïdo" tiene tres). El
español es una lengua que posee una marcada tendencia antihiática,
por lo cual suelen reducirse en el habla relajada los hiatos a
diptongos, e incluso reducirse estos a una sola vocal: indoeuropeo >
indouropeo > induropeo; ahora > ahura > ara; héroe > herue.
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CURIOSIDADES
Las palabras más largas del idioma castellano son
anticonstitucionalmente, electroencefalografista y
otorrinolaringológicamente.
La única palabra del idioma castellano que
contiene dos veces todas las vocales es Guineoecuatoriano
En la escritura, la letra que más se
repite en el idioma castellano es la <e>, y la letra consonante más
repetida es <r> (que puede representar al fonema [r] a principio de
palabra o cuando es doble, o bien al fonema [ɾ] en el resto de
posiciones).
La primera gramática europea de una lengua
moderna es del idioma , castellano escrita por Elio Antonio de
Nebrija en 1492.
En www.escueladeescritores.com se pueden
apadrinar palabras para que no caigan en desuso.
En la escritura española es habitual utilizar expresiones latinas.
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BIBLIOGRAFÍA
Cano, Rafael (coord.): Historia de la lengua castellana, Ariel
Lingüística, Barcelona, 2005.
Grijelmo, A.: Defensa apasionada del idioma astellano, Grupo
Santillana de Ediciones, Madrid, España, 1998. ISBN 968-19-1132-6.
López García, Ángel: El rumor de los desarraigados: conflicto de
lenguas en la Península Ibérica, Barcelona, Anagrama, 1985. (XIII
Premio Anagrama.)
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RUTA DE LA LENGUA CASTELLANA
Los gobiernos
autónomos de Castilla y León, La Rioja y Madrid, junto con
los Ayuntamientos de Valladolid, Salamanca, Avila y Alcalá
de Henares y la Diputación vallisoletana, crearon el 22 de
febrero del 2000 la Fundación Camino de la Lengua
Castellana.
Su objetivo principal es la difusión de la historia y el
conocimiento de nuestro idioma. Para ello, se propone
conseguir que el Camino sea declarado Camino de Interés
Cultural e Itinerario Cultural Europeo, para más adelante
extender el trayecto a Sudamérica y dar a conocer el
desarrollo que tuvo el castellano a partir de 1492 en este
continente. También se trabaja en la elaboración de una
serie de tomos enciclopédicos sobre la historia, el arte y
la literatura de cada uno de los lugares de la ruta, se ha
organizado una exposición itinerante para dar a conocer y
promocionar esta iniciativa turística, y se desarrolla una
continua labor de estudio y promoción cultural del Camino.
Los impulsores de la Fundación han realizado una campaña
dirigida a captar visitantes, consistente en la elaboración
y distribución de folletos y guías y en la celebración de
distintas actividades, jornadas y congresos sobre la lengua
y el turismo, con el propósito de beneficiar al propio
idioma y ayudar al desarrollo económico y social del entorno
por el que transcurre la ruta, cuyo interés turístico está
fuera de toda duda. A lo largo de ella se pueden conocer
interesantes paisajes, monumentos e incluso degustar una
variada gastronomía.
El Camino de la Lengua enlaza en su itinerario (700 km.)
seis lugares muy vinculados con el proceso de fijación y
expansión del castellano. A los balbuceos de las glosas
Emilianenses y Silenses seguirá una gloriosa madurez,
encarnada por un lado en los quehaceres universitarios de
vallisoletanos, salmantinos y complutenses, y por otro en la
obra cumbre del también alcalaíno Miguel de Cervantes. Una
lengua capaz incluso de expresar la encendida mística de los
abulenses Teresa de Jesús y Juan de la Cruz. De este modo se
conforman las seis etapas del Camino: San Millán de la
Cogolla (La Rioja), Santo Domingo de Silos (Burgos),
Valladolid, Salamanca, Ávila y Alcalá de Henares (Madrid).
Este recorrido es pues una aproximación física e intelectual
a los orígenes del castellano y a los lugares por donde
comenzó a evolucionar esta lengua, hoy hablada por unos 400
millones de personas. Se trata de unos pueblos y ciudades
repletos de cultura, historia y simbolismo en relación con
la lengua, en los cuales nacieron o vivieron personajes de
la talla de Gonzalo de Berceo, el Infante don Juan Manuel,
el Marqués de Santillana, Antonio de Nebrija, Fray Luis de
León, Luis de Góngora, Lope de Vega, Francisco de Quevedo,
Pedro Calderón de la Barca, Miguel de Unamuno o Miguel
Delibes entre otros muchos, nombres que por sí solos
componen una completísima historia de la literatura
castellana.
DE VIAJE POR EL CAMINO DE LA
LENGUA CASTELLANA
Lengua y camino
son realidades que casan bien, que unidas potencian su
fertilidad metafórica y despliegan una especial capacidad de
sugestión. Cuando leemos o escribimos, seguimos las líneas
que dibuja el texto en la página, igual que cuando, al
andar, damos un paso detrás de otro. Las lenguas, además, se
encuentran, se mezclan y se propagan por los caminos, que
son espacios favorables a los contactos entre personas y a
los intercambios de cosas y palabras. En concreto, el
español –se ha dicho muchas veces- es un idioma de viajeros
y emigrantes, forjado y extendido por gentes andarinas,
nómadas de buen grado o a la fuerza. Y la lengua puede ser
una excusa como otra cualquiera, o mejor, para echarse al
camino, para emprender un viaje y disfrutarlo.
Eso es
precisamente lo que propone el Camino de la Lengua
Castellana, un itinerario de turismo cultural por varios de
los lugares que, entre los siglos X y XVII, resultaron
determinantes por un motivo u otro en el origen, el
desarrollo y el primer lustre literario del español, y que
contribuyeron de manera destacada a asentar sus cimientos
como idioma de cultura y de comunicación internacional. La
idea surgió a finales de 1997, en el gobierno regional de La
Rioja, a raíz de la declaración por la UNESCO de los
monasterios de Suso y Yuso, en San Millán, como Patrimonio
de la Humanidad por su papel en el nacimiento del castellano
escrito. Poco después se iniciaron los contactos entre los
responsables políticos de varias ciudades y comunidades
autónomas para poner en marcha esta iniciativa de promoción
turística basada en el atractivo cultural e histórico de la
lengua, y se fijaron los hitos que compondrían el recorrido.
Partiendo de
San Millán, donde se originaron algunas de las muestras más
tempranas de escritura en romance, la ruta del Camino se
dirige al monasterio de Santo Domingo de Silos, en la
provincia de Burgos, otro de los principales centros de
producción escrita del castellano incipiente. Después se
encamina a Valladolid, foco difusor del idioma, en torno a
cuya Corte se desarrolló una intensa actividad cultural que
dio lugar a un modelo de lengua. El hito siguiente es
Salamanca, que dio al idioma rango universitario y sustancia
humanística, y de cuyas imprentas salió la primera gramática
de una lengua europea, la que Antonio de Nebrija le dedicó
al castellano. Tras pasar por Ávila, donde Santa Teresa de
Jesús y San Juan de la Cruz desbordaron los límites
expresivos de la lengua, el Camino termina en Alcalá de
Henares, ciudad natal de Miguel de Cervantes.
Para la gestión
del proyecto, en febrero del año 2000 los ayuntamientos y
las comunidades autónomas participantes constituyeron, con
el apoyo adicional del Ministerio de Cultura, la Fundación
Camino de la Lengua Castellana; pronto se obtuvo también el
respaldo de otro ministerio, el de economía, a través de la
Secretaría General de Turismo; se inició la difusión de la
ruta (las agencias de viajes Maravilla Travel y Ultramar
Express lo van a incluir entre sus ofertas de paquetes
turísticos); se organizaron viajes promocionales para
periodistas extranjeros, en colaboración con Turespaña; se
creó una página web, se editaron guías y folletos...
Los
responsables de la iniciativa pensaron también en su
extensión internacional. De ahí que la Fundación del Camino
se propusiera enseguida establecer vínculos con la América
hispanohablante (organiza ya en Salamanca unos encuentros
hispanoamericanos de poesía, y el año pasado llevó a México,
al Museo Nacional de las Culturas, una exposición sobre su
recorrido) y que trabajara para darle una dimensión europea
a la ruta, vinculándola con las líneas de difusión del
judeoespañol por varios países del continente, fruto de la
dispersión de los sefardíes expulsados de España. Así, el
Camino español tendrá una continuación por el Mediterráneo,
uniendo las ciudades de Tetuán, Salónica, Sofía, Estambul y
Jerusalén, motivo por el cual fue declarado por el Consejo
de Europa, el 25 de junio de 2002, Itinerario Cultural
Europeo.
Hasta aquí, se
puede hablar de un inteligente y bien ejecutado proyecto de
explotación económica de ese recurso intangible y
prestigioso -aunque no siempre bien conocido ni respetado-
que es la lengua española. Una iniciativa, además, basada en
precisas consideraciones mercadotécnicas sobre la mejor
forma de “diseñar” un “producto turístico-cultural” para
suscitar su “demanda” en el “mercado” (los promotores de la
idea no evitan este vocabulario), y que sin duda debió de
costar no pocos esfuerzos poner en marcha. Tal vez sólo
quien sepa de las pejigueras sin fin que comporta en España
la firma de un simple convenio entre un ministerio y una
comunidad autónoma, podrá ponderar en su justa medida el
valor de este Camino como experiencia de cooperación entre
distintas administraciones.
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EL CAMINO ALTERNATIVO
Ahora bien, ¿no
era de esperar que quisieran sumarse a la idea otros pueblos
y ciudades con títulos suficientes para albergar esa
pretensión? ¿No cabía prever que el éxito de la iniciativa,
el prestigio que iba adquiriendo y -por qué no- los
beneficios económicos que podía reportarles a los hitos de
la ruta, alentarían en otros gobiernos locales y regionales
el deseo de integrarse en ella? En realidad, los promotores
del Camino sí lo habían previsto, y frente a posibles
discrepancias, habían afinado el criterio justificador de su
itinerario: el de “enlazar entre sí aquellos lugares en los
que escritores e instituciones importantes llevaron a cabo,
entre los siglos X y XVII, no antes ni después, una
destacada labor en pro del desarrollo, consolidación y
proyección de la lengua y la literatura entonces castellanas
y después españolas”. Tal vez esto podía descartar a Burgos,
pero, aun así, ¿por qué Toledo quedó fuera? ¿Y Sevilla o
Madrid? “El Camino de la Lengua Castellana”, escribía en una
ocasión uno de sus responsables, “pone en valor, subraya,
resalta y presenta seis hitos de entre todos los posibles”.
Todo ello no
impidió que el 21 de julio del año pasado, en la sexta
edición del Día de las Merindades, celebrado en Villarcayo,
el presidente de la asociación de amigos de esa localidad
burgalesa, Francisco López Huidobro, afirmara que “la cuna
de Castilla coincide con el territorio del nacimiento de la
lengua castellana” y que por ello “sería muy justo incluir
en el Camino de la Lengua localidades como Valpuesta y
Rioseco, ya que el estudio de sus cartularios será cada vez
más fundamental para probar que nuestra lengua nació aquí”.
Unos meses después, el 10 de octubre, el filólogo e
historiador vallisoletano Jorge María Ribero-Meneses anunció
que había “impugnado” el Camino “ante la UNESCO”, por
considerar errónea la teoría de que el castellano nació en
La Rioja. Para el investigador, que debió de confundir la
UNESCO con el Consejo de Europa, el origen de la lengua
reside más bien en la cabecera del río Ebro, en tierras de
Cantabria, el norte de Burgos y Palencia y el sur de Álava.
En apoyo de su tesis, Ribero-Meneses, que tildó de
“aberración” al Camino de la Lengua Castellana, adujo la
existencia en esa zona de numerosos testimonios escritos del
castellano anteriores a las famosas glosas de San Millán.
El filólogo
también propuso un trazado alternativo de la ruta, a su
juicio “más fiel a los orígenes de nuestra lengua”. Su línea
principal uniría Santoña, en Cantabria, con Toledo, y a ella
se incorporarían siete ramales procedentes de otros tantos
puntos clave del nacimiento del idioma: Oviedo, Ardón
(León), Aguilar de Campoo (Palencia), Vitoria, Santo Domingo
de Silos (Burgos), Soria y Nájera (La Rioja). Al parecer, el
itinierario -una auténtica red de caminos, más que un
trayecto único- se complica con tres ramales secundarios,
que parten de Santo Toribio de Liébana (Cantabria), San
Millán de la Cogolla y Espinosa de los Monteros (Burgos).
Otras localidades incluidas en este complejo mapa serían, en
Burgos, las de Valpuesta, San Martín de Herrán, Frías, Oña,
Briviesca, San Pedro de Arlanza, San Pedro de Cardeña y
Aranda de Duero; en las provincias de León y Palencia,
Sahagún y Dueñas, además de las capitales; El Burgo de Osma
y San Esteban de Gormaz, en Soria; y también Valbuena de
Duero, Valladolid, Tordesillas, Toro, Salamanca, Ávila,
Segovia y Alcalá de Henares...
Una propuesta
con el atractivo y la virtud innegables de dar cabida a
muchos parajes y territorios que probablemente desempeñaron
un papel esencial en la configuración y la temprana pujanza
del romance castellano. Pero también con un pequeño
inconveniente, y es que, de querer llevarse a la práctica,
resultaría inviable, o al menos mucho más difícil de
gestionar y explotar turísticamente que el Camino “oficial”,
debido a su extensión y sus ramificaciones y al mayor número
de ayuntamientos y comunidades autónomas implicadas. Pero
esta objeción no iba a poder ofrecer mucha resistencia ante
el potencial intrínseco de la alternativa, ante su fuerza
fabulosa (y un punto demagógica): como la ruta planteada
dibuja un mapa muy amplio, se multiplican sus posibilidades
de captar adhesiones fáciles y entusiastas en pueblos y
comarcas tal vez despechados por su ausencia del proyecto
inicial. Pueblos y comarcas -y sus políticos- razonablemente
deseosos de ver reconocida su participación en la gestación
de la lengua, y también de beneficiarse de los réditos
económicos que de ello se pudieran derivar. Quien expresara
con rotundidad ese reconocimiento, quien lo sustentara con
datos y argumentos y exigiera a las autoridades su
aceptación, ¿no encontraría un eco inmediato, un apoyo
incondicional y hasta ferviente en los lugares afectados?
Eso es lo que
empezó a suceder con la tesis de Ribero-Meneses. De nada
sirvió que el lingüista riojano Claudio García Turza saliera
al paso de sus declaraciones, asegurando que “la producción
glosística riojana no admite parangón con [la de] otras
regiones” y recordando que, en realidad, desde un punto de
vista científico, “las lenguas no nacen en ninguna parte”.
La propuesta de aquél pronto empezó a encontrar eco en
medios locales. El 5 de diciembre, un noticiero electrónico
de San Esteban de Gormaz (Soria) titulaba: “Proponen que San
Esteban sea incluida en el Camino de la Lengua”. Días más
tarde, el presidente del patronato soriano de turismo y
alcalde de El Burgo de Osma, Antonio Pardo, prometía apoyar
el trazado alternativo del Camino, por incluir “a Soria en
una iniciativa en la que siempre hemos considerado que
teníamos que estar, como así lo solicitamos en numerosas
ocasiones a la Fundación”. En ese mismo acto, Ribero-Meneses
había regalado los oídos de los políticos locales sorianos
con una conferencia en la que afirmó que “Soria es una de
las provincias [...] que ha jugado un papel fundamental
(sic) en la configuración de la lengua, sobre todo en las
poblaciones de la Ribera del Duero como El Burgo de Osma y
San Esteban de Gormaz”.
Después, ya en
el pasado mes de enero, la polémica alcanzó tierras
burgalesas: tres ayuntamientos del norte de la provincia,
los de Frías, Oña y Valle de Tobalina, reclamaron que se
reconociera que el castellano nació en el alto Ebro y se
adhirieron al Camino de la Lengua de Ribero-Meneses mediante
acuerdos aprobados en los correspondientes plenos
municipales. El ayuntamiento de Frías, además de pedir apoyo
a la Junta de Castilla y León, aseguró que en la comarca
existió “un uso generalizado y documentado de nuestra lengua
muy anterior al pretendido nacimiento del castellano en La
Rioja”. Por su parte, los concejales de Oña reivindicaron
“el reconocimiento oficial de que el nacimiento de la lengua
castellana se establezca y mantenga en la propia y actual
Castilla”, para lo que demandó el respaldo, no ya de las
autoridades regionales, sino “de los organismos nacionales e
internacionales” competentes.
¿Y quién es
este Jorge María Ribero-Meneses que de tal manera ha
conseguido encender algunos ánimos? Un historiador que
sostiene, entre otras teorías, la de Los orígenes ibéricos
de la Humanidad (título de uno de sus ¡más de 80 libros!);
la tesis de que el castellano es autóctono de la Península
Ibérica, y no una evolución del latín; o la idea de que el
eusquera es “la lengua más antigua y más importante del
mundo” y constituye el sustrato lingüístico europeo. Pero,
al margen del perfil del “impugnador”, el caso es que su
intervención ha conseguido convocar en torno al Camino de la
Lengua el fantasma de los agravios comparativos, las
pulsiones localistas y la tendencia a la mixtificación
pseudocientífica, todo ello revuelto con otros ingredientes
más puros, como el amor a la lengua, el cariño por la tierra
natal y la búsqueda de la verdad histórica, y también con
legítimos intereses materiales, con comprensibles
expectativas de beneficios económicos fundadas en un bien
compartido, como es el español.
Pero hay que
entender que el Camino (que no tiene previsto por el momento
ampliar su itinerario, aunque sí integrará, en calidad de
puntos de interés”, a varias localidades cercanas a sus seis
hitos principales) no es sino una iniciativa de promoción
turística conjunta de varias administraciones públicas, y
como tal, una convención: la única razón concreta de que
pase por los sitios por donde pasa –más allá de sus
atractivos y de sus “méritos” en la historia de la lengua-,
es la de que fueron sus autoridades, y no las de otros
pueblos o regiones, las que se pusieron de acuerdo para
practicar este brillante ejercicio de fomento del turismo
cultural y de interior.
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LENGUA Y CAMINO VAN BIEN JUNTOS
Dejando de lado
estas cuestiones, puede decirse que el solo hecho de unir la
idea del camino con la de la lengua confiere una fascinación
particular al proyecto del que venimos hablando. Porque
lengua y camino van bien juntos, tienen un maridaje fácil y
fértil, son realidades con una densidad semántica y una
potencia metáforica propias que unidas se refuerzan,
engendrando nuevas sugestiones y correspondencias. Los
caminos son, para empezar, vías de comunicación, igual que
las lenguas, y también lugares propicios al intercambio, al
encuentro y el trato con personas de otras tierras, y por
ello espacios favorables al trasiego de palabras, al
enriquecimiento y la mezcla lingüística.
Hablar, leer y
escribir, por otra parte, son como caminar, se avanza paso a
paso de la misma manera que se pone letra tras letra y que a
una palabra le sigue otra palabra; si en el camino hay
encrucijadas, atajos y bifurcaciones, o se desdibujan a
veces la huella y los márgenes de la pista, tampoco cuando
se habla o se escribe se siguen siempre las sendas marcadas;
y echarse en un veril a la sombra de un olmo, interrumpiendo
la andadura, vendría a ser como el silencio, como dejar
pasar el ángel que visita de improviso la conversación o
levantar la mirada de la página para degustar, como un eco
callado, las palabras recién leídas... Están también los
caminantes que pasean hablando y hacen camino al hablar (la
charla en movimiento, oxigenada, no puede ser igual que la
de gabinete), y ya se sabe que nuestra mejor novela es
precisamente eso, una larga ruta dialogada o un coloquio
vivo y en marcha: las voces de don Quijote y Sancho hechas
uno con el silencio y la soledad del campo -que es donde
mejor suena y resuena una lengua- o mezcladas con las de los
demás, en el bullicio de las ventas y los mesones del
camino.
Quizá no en
vano esto es así, porque si lengua y camino, en general,
casan bien, su correspondencia resulta aún más apropiada en
el caso del español, que es una lengua de caminantes, hecha
y extendida por gentes que no se estaban quietas, viajeros y
emigrantes, exploradores y colonos, peregrinos y arrieros,
corredores de comercio y pastores trashumantes, refugiados y
transterrados, fugitivos de mil exilios y persecuciones.
Esto sucede también hoy, cuando los emigrantes son -como ha
señalado alguna vez Carlos Fuentes- “el agente más eficaz,
más numeroso y más vivo” de la lengua y la cultura en
español, un idioma que “no sólo viaja en la cabeza de sus
pensadores y poetas, también viaja en los pies y las manos
de sus trabajadores”.
En un catálogo
completo de los posibles motivos para viajar, para lanzarse
al camino, no podría faltar la lengua. Entre los casos más
obvios estarían los viajes al extranjero para estudiar otro
idioma y las encuestas itinerantes de los dialéctologos
(recuérdese a ese gran caminante del español que fue don
Manuel Alvar). Y si la ruta escogida recorre algunos de los
parajes más significativos en el nacimiento y la expansión
inicial del castellano, como hace el Camino de la Lengua,
mejor que mejor. En ella encontrará el viajero, además de
pueblos y ciudades de gran belleza, una ocasión inmejorable
para detenerse a considerar cómo un tosco y equívoco romance
fronterizo, de guerreros, pastores y comerciantes, llegó a
convertise –circulando por nuevas sendas y tras muchas idas
y venidas- en la lengua de comunicación de millones de
personas. Victoriano Colodrón
Denis.
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LA BIBLIOTECA DEL
MONASTERIO DE YUSO
La grandeza de la Biblioteca
Emilianense se debe más al mérito de algunas obras que en
ella se guardan que al número de volúmenes que contiene. La
sala destinada para biblioteca y su artística estantería no
admite más de diez mil volúmenes. Los monjes que habían
cursado estudios especiales para obtener grados académicos
tenían su librería particular.
En los últimos decenios del siglo XII y los primeros del
XIII se produce en muchos monasterios, entre ellos San
Millán, una intensa labor de copia de los más importantes
manuscritos guardados en la biblioteca, especialmente los de
vidas de santos, Biblias y textos históricos de todo tipo.
Al mismo tiempo, surgió otra situación: en los centros
dependientes del cenobio emilianense (que cada vez contaba
con más posesiones) la conservación de códices antiguos no
ofrecía especiales alicientes, por lo que, en más de una
ocasión, fueron remitidos probablemente a San Millán para
incorporarlos a la Biblioteca central.
Desde el año 1835, en el que tuvieron que abandonar el
monasterio los monjes benedictinos, hasta el 1878, en el que
se instalaron los Agustinos Recoletos, fueron numerosos los
saqueos y despojos de que fue víctima el cenobio. Por lo
tanto, cuando llegaron los Agustinos, la Biblioteca estaba
prácticamente vacía. Los Agustinos fueron recobrando muchos
libros que habían desaparecido y hoy en día la Biblioteca,
aunque no está tan completa como antes, posee una verdadera
riqueza de libros antiguos.
Desde la Fundación San Millán de la Cogolla se ha pretendido
realizar un esfuerzo para poner a disposición de todo el
público esta gran maravilla que es la Biblioteca del
Monasterio de San Millán. Inicialamente se han escogido los
libros más emblemáticos y se han digitalizado por un equipo
de profesionales. Este trabajo ha supuesto un esfuerzo muy
grande pero una vez visto el resultado, creemos que ha
merecido la pena. Confiamos que esta sección sea de su
agrado.
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ANTONIO DE NEBRIJA
Uno de los
grandes humanistas del Renacimiento y ciertamente el más
grande de España, Antonio de Nebrija conquistó un sitial de
honor en la historia de la lengua española como autor de la
primera gramática española (1492) y el primer diccionario de
nuestra lengua (1495). Fue filólogo, historiador, pedagogo,
gramático, astrónomo y poeta.
Nacido en 1444 en Lebrija, en la provincia de Sevilla, hijo
de Juan y Catalina, bautizado como Antonio Martínez de Cala
e Hinojosa, Nebrija empezó sus estudios a los 15 años en la
Universidad de Salamanca, donde se graduó cuatro años más
tarde en Retórica y Gramática.
Tras recibir su diploma, viajó a Italia y se inscribió en la
Universidad de Bolonia, alegando que le interesaban, sobre
todo, el buen decir y un perfecto aprendizaje de griego y
latín, lenguas que él creía que en Salamanca no eran
tratadas como merecían. En Bolonia, prosiguió sus estudios
durante diez años más, consagrándose a la Teología, al
latín, al griego, al hebreo, y aprendió también Medicina,
Derecho, Cosmografía, Matemáticas, Geografía, Historia y,
por supuesto, la Gramática, materia en la que tuvo como
maestro a Martino Galeotto. También recordaría más tarde con
cariño las clases de ética de Pedro de Osma.
En Italia bebió con avidez de la fuente del naciente
humanismo, que estaba mucho más avanzado que en España,
probablemente debido a la Inquisición, que temía y perseguía
las nuevas ideas.
En 1470, Nebrija volvió a España como portador el humanismo
renacentista, «para desbaratar la barbarie por todas partes
de España tan ancha y luengamente derramada». Fue por
entonces que adoptó el nombre con el cual lo conocemos.
Añadió Elio como homenaje al conquistador romano que
conquistó la Bética, que era el nombre latino de Sevilla y
"de Nebrija", por ser Nebrissa el nombre en latín de su
Lebrija natal.
A su regreso, contrajo matrimonio con Isabel de Solís, con
quien tuvo seis hijos y una hija. Pero el matrimonio no
atemperó sus ímpetus de conquistador y se cuenta que durante
muchos años pasó por dificultades económicas debido a sus
gastos con un incontable número de hijos habidos fuera del
matrimonio y de ex amantes que lo acosaban.
En esta época, Nebrija trabajó durante algún tiempo para el
obispo Fonseca, pero su ambición lo llamaba a Salamanca,
adonde finalmente fue en 1475, decidido a revolucionar la
enseñanza del latín en España. Con ese fin, publicó en 1481
Introductiones latinae, que serviría como texto de los
estudiantes de la lengua de los césares hasta el siglo XIX.
Esta gramática latina se dividía en dos partes: La Analogía,
que trataba sobre morfología y otra parte que versaba sobre
problemas de sintaxis, ortografía, prosodia, figuras de
dicción y un léxico que no era muy extenso. Sorprendido por
el retumbante éxito de su obra, Nebrija se lanzó a la tarea
de traducirla a la "lengua vulgar", como se llamaba por
entonces al castellano. En diez años, llevó a cabo en
Salamanca una labor titánica y, a la llegada de los
humanistas italianos Mártir de Anglería y Luigi Marineo, él
había formado ya varias generaciones de alumnos.
Confiado en su saber y dueño de la cátedra de Retórica,
arremetió contra sus compañeros claustro por el carácter
poco científico de sus enseñanzas. En medio de esta lucha,
cuando intentaban expulsarlo de la Universidad, Nebrija
obtuvo el apoyo del maestre de la Orden de Alcántara y
frecuentó Alcalá de Henares, con la tarea de corregir la
Biblia Políglota. En 1490, se consagró como poeta y
conquistó el cargo de cronista real, en el que permaneció
hasta 1509, cuando decidió volver a Salamanca como
catedrático de Retórica.
En la vieja universidad donde había comenzado sus estudios,
fue perseguido por sus colegas, que le impideron concursar
en la cátedra de Gramática, por lo que decidió abandonar
Salamanca y volver a Sevilla.
Pero su permanencia en Andalucía duró menos de un año; el
cardenal Cisneros lo llamó a la Universidad de Alcalá donde
enseñó retórica y escribió un texto de esa disciplina,
además de terminar sus gramáticas y léxicos.
Su Introductiones Latinae, que había publicado en 1481, se
constituyó en el texto más importante escrito hasta entonces
sobre ese tema y se convirtió en manual para los estudiantes
hasta el siglo XIX.
Lo más importante de su obra se completó en la última década
del siglo XV, con su Gramática de la lengua castellana y sus
dos diccionarios de latín y castellano.
De todas sus obras, ninguna tuvo el peso y la importancia
histórica de su Gramática, que se adelantó a todos los
estudios hechos en todas las lenguas romances sobre esta
materia. Fue el primer gramático de destaque en considerar
una lengua romance (por entonces llamada "lengua vulgar")
como digna de ser estudiada.
La novedad de la gramática residía en que nunca antes se
había escrito una gramática en una lengua contemporánea.
Para los hombres de la Edad Media, sólo el latín y el griego
estaban dotados de una grandeza que hacía esas lenguas
merecedoras de estudio y análisis, mientras que las "lenguas
vulgares" se regían apenas por el gusto de los hablantes,
sin necesidad de que éste fuera estudiado ni de que sus
reglas se establecieran.
Razones políticas habían llevado a Nebrija a escribir su
Gramática castellana. Como explicó en una extraña
premonición al presentarla a Isabel la Católica, era preciso
fijar la lengua, que sería "la compañera del Imperio" que
nacería tras la Reconquista de Granada y la llegada del
Colón al Nuevo Mundo. Nadie soñaba aún las consecuencias del
Descubrimiento de América, pero es como si Nebrija de algún
modo hubiera intuido que aquella oscura lengua nacida en la
tierra de los bárdulos, en el Norte de España, estaba en
vías de convertirse en el gran idioma internacional, segundo
del planeta, que es hoy el castellano.
La Gramática de Nebrija inspiró el surgimiento de una serie
de obras similares que fue surgiendo en toda Europa, a
medida que los idiomas del Viejo Continente cobraban
conciencia de que eran tan nobles como el viejo latín.
En 1495, publicó una nueva obra en la misma dirección: Su
vocabulario español latín, latín-español, el primer
diccionario de nuestra lengua.
Pero Nebrija fue mucho más que un filólogo y un lingüista.
Hombre de su tiempo, con la amplitud de horizontes que
caracterizaba a los intelectuales del Renacimiento, se ocupó
también la Teología, de la que trató en Quinquagenas; del
Derecho, que abordó en Lexicon Iurus Civilis; de
Arqueología, con Antigüedades de España; y de Pedagogía, con
De liberis educandis.
Si como hombre de su tiempo, se empeñó en difundir los
clásicos, su obra estuvo marcada también por deseo de
sistematizar el conocimiento que había adquirido en
Salamanca y en Bolonia y tornarlo accesible al mayor número
posible de personas.
Nebrija murió en Alcalá de Henares el 5 de julio de 1522.
Fuente de algunos de estos
artículos y de las Fotos:
Wikipedia /
Castillo Luna -
Guiaojodijital.com
/ Foto con Cervantes
Cervantes CVC / ENCICLONET
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Estos son los mejores datos del idioma español
que he encontrado en internet. Estos artículos no han sido escritos
por mí y tampoco me pertenecen, los he recopilado desde la red
(textos/imágenes).
En el caso de que me haya olvidado de hacerle la debida referencia a
alguna fuente, os pido que por favor me aviséis de la autoría de los
mismos envíandome un correo a:
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