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LENGUA
ESPAÑOLA O CASTELLANA
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Castellana
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ORIGEN Y NOMBRE
El castellano se originó como un dialecto del latín en las zonas
limítrofes entre Cantabria, Burgos, Álava y La Rioja, provincias del
actual norte de España, convirtiéndose en el principal idioma
popular del Reino de Castilla (el idioma oficial era el latín). De
allí su nombre original de idioma castellano, en referencia a la
zona geográfica donde se originó. La otra denominación del idioma,
español, procede del latín medieval Hispaniolus o más bien de su
forma ultracorrecta Spaniolus (literalmente: "hispanito",
"españolito"), a través del occitano espaignol.
Con la conquista de América, que era una posesión personal del
monarca de Castilla, el idioma castellano se extendió a través de
todo el continente, desde California hasta la Tierra del Fuego. En
esa época no existía España como entidad unificada, sino una unión
dinástica de varios reinos y territorios con grados diversos de
autonomía: la Corona de Castilla, los reinos y territorios de la
Corona de Aragón y el reino de Navarra.
El original idioma castellano derivó luego en numerosas variantes
dialectales que, si bien respetan el tronco principal, tienen
diferencias de pronunciación y vocabulario. A esto hay que agregar
la influencia de los idiomas de las poblaciones nativas de América,
como el aimara, náhuatl, guaraní, chibcha, mapudungun, taíno, maya,
y quechua, que hicieron también contribuciones al léxico del idioma,
no sólo en sus zonas de influencia, sino en algunos casos en el
léxico global.
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¿ESPAÑOL
O CASTELLANO?
Esta lengua también se llama castellano...por ser el nombre de la
comunidad lingüística que habló esta modalidad románica en tiempos
medievales: Castilla. Existe alguna polémica en torno a la denominación
del idioma; el término español es relativamente reciente y no es
admitido por los muchos hablantes bilingües del Estado Español, pues
entienden que español incluye los términos valenciano, gallego, catalán
y vasco, idiomas a su vez de consideración oficial dentro del territorio
de sus comunidades autónomas respectivas; son esos hablantes bilingües
quienes proponen volver a la denominación más antigua que tuvo la
lengua, castellano entendido como ‘lengua de Castilla’.
En
los países hispanoamericanos se ha conservado esta denominación y no
plantean dificultad especial a la hora de entender como sinónimos los
términos castellano y español. En los primeros documentos tras la
fundación de la Real Academia Española, sus miembros emplearon por
acuerdo la denominación de lengua española.
Quien mejor ha estudiado esta espinosa cuestión ha sido Amado Alonso en
un libro titulado Castellano, español, idioma nacional. Historia
espiritual de tres nombres (1943). Volver a llamar a este idioma
castellano representa una vuelta a los orígenes y quién sabe si no sería
dar satisfacción a los autores iberoamericanos que tanto esfuerzo y
estudio le dedicaron, como Andrés Bello, J. Cuervo o la argentina Mabel
Manacorda de Rossetti.
Renunciar al término español plantearía la dificultad de reconocer el
carácter oficial de una lengua que tan abierta ha sido para acoger en su
seno influencias y tolerancias que han contribuido a su condición. Por
otro lado, tanto derecho tienen los españoles a nombrar castellano a su
lengua como los argentinos, venezolanos, mexicanos, o panameños de
calificarla como argentina, venezolana, mexicana o panameña, por citar
algunos ejemplos. Lo cual podría signifcar el primer paso para la
fragmentación de un idioma, que por número de hablantes ocupa el tercer
lugar entre las lenguas del mundo. En España se hablan además el catalán
y el gallego, idiomas de tronco románico, y el vasco, de origen
desconocido.
Como dice Menéndez Pidal "la base del idioma es el latín vulgar,
propagado en España desde fines del siglo III a.C., que se impuso a las
lenguas ibéricas" y al vasco, caso de no ser una de ellas.
De este substrato ibérico procede una serie de elementos léxicos
autónomos conservados hasta nuestros días y que en algunos casos el
latín asimiló, como: cervesia > cerveza, braca > braga, camisia >
camisa, lancea > lanza.
Otros autores atribuyen a la entonación ibérica la peculiar manera de
entonar y emitir el latín tardío en el norte peninsular, que sería el
origen de una serie de cambios en las fronteras silábicas y en la
evolución peculiar del sistema consonántico.
Otro elemento conformador del léxico en el español es el griego, puesto
que en las costas mediterráneas hubo una importante colonización griega
desde el siglo VII a.C.; como, por otro lado, esta lengua también
influyó en el latín, voces helénicas han entrado en el español en
diferentes momentos históricos. Por ejemplo, los términos huérfano,
escuela, cuerda, gobernar, colpar y golpar (verbos antiguos origen del
moderno golpear), púrpura (que en castellano antiguo fue pórpola y
polba) proceden de épocas muy antiguas, así como los topónimos Denia,
Calpe.
A
partir del renacimiento siempre que se ha necesitado producir términos
nuevos en español se ha empleado el inventario de las raíces griegas
para crear palabras, como, por ejemplo, telemática, de reciente
creación, o helicóptero.
Entre los siglos III y VI entraron los germanismos y su grueso lo hizo a
través del latín por su contacto con los pueblos bárbaros muy
romanizados entre los siglos III y V. Forman parte de este cuerpo léxico
guerra, heraldo, robar, ganar, guiar, guisa (compárese con la raíz
germánica de wais y way), guarecer y burgo, que significaba 'castillo' y
después pasó a ser sinónimo de 'ciudad', tan presente en los topónimos
europeos como en las tierras de Castilla, lo que explica Edimburgo,
Estrasburgo y Rotemburgo junto a Burgos, Burguillo, Burguete, o burgués
y burguesía, términos que entraron en la lengua tardíamente.
Hay además numerosos patronímicos y sus apellidos correspondientes de
origen germánico: Ramiro, Ramírez, Rosendo, Gonzalo, Bermudo, Elvira,
Alfonso. Poseían una declinación especial para los nombres de varón en
-a, -anis, o -an, de donde surgen Favila, Froilán, Fernán, e incluso
sacristán.
Junto a estos elementos lingüísticos también hay que tener en cuenta al
vasco, idioma cuyo origen se desconoce, aunque hay varias teorías al
respecto. Algunos de sus hábitos articulatorios y ciertas
particularidades gramaticales ejercieron poderosa influencia en la
conformación del castellano por dos motivos: el condado de Castilla se
fundó en un territorio de influencia vasca, entre Cantabria y el norte
de León; junto a eso, las tierras que los castellanos iban ganando a los
árabes se repoblaban con vascos, que, lógicamente, llevaron sus hábitos
lingüísticos y, además, ocuparon puestos preeminentes en la corte
castellana hasta el siglo XIV. Del substrato vasco proceden dos
fenómenos fonéticos que serán característicos del castellano.
La
introducción del sufijo -rro, presente en los vocablos carro, cerro,
cazurro, guijarro, pizarra, llevaba consigo un fonema extravagante y
ajeno al latín y a todas las lenguas románicas, que es, sin embargo, uno
de los rasgos definidores del sistema fonético español; se trata del
fonema ápico-alveolar vibrante múltiple de la (r).
La
otra herencia del vasco consiste en que ante la imposibilidad de
pronunciar una f en posición inicial, las palabras latinas que empezaban
por ese fonema lo sustituyeron en épocas tempranas por una aspiración,
representada por una h en la escritura, que con el tiempo se perdió: así
del latín farina > harina en castellano, pero farina en catalán,
italiano y provenzal, fariña en gallego, farinha en portugués, farine en
francés y faina en rumano; en vasco es irin.
La lengua árabe fue decisiva en la configuración de las lenguas de
España, y el español es una de ellas, pues en la península se asienta
durante ocho siglos la dominación de este pueblo. Durante tan larga
estancia hubo muchos momentos de convivencia y entendimiento. Los
cristianos comprendieron muy pronto que los conquistadores no sólo eran
superiores desde el punto de vista militar, sino también en cultura y
refinamiento.
De
su organización social y política se aceptaron la función y la
denominación de atalayas, alcaldes, robdas o rondas, alguaciles,
almonedas, almacenes. Aprendieron a contar y medir con ceros, quilates,
quintales, fanegas y arrobas; aprendieron de sus alfayates (hoy
sastres), alfareros, albañiles que construían zaguanes, alcantarillas o
azoteas y cultivaron albaricoques, acelgas o algarrobas que cuidaban y
regaban por medio de acequias, aljibes, albuferas, norias y azadones.
Influyeron en la pronunciación de la s- inicial latina en j- como en
jabón del latín 'saponem'. Añadieron el sufijo -í en la formación de los
adjetivos y nombres como jabalí, marroquí, magrebí, alfonsí o carmesí.
Se arabizaron numerosos topónimos como por ejemplo Zaragoza de
"Caesara(u)gusta", o Baza de "Basti". No podría entenderse correctamente
la evolución de la lengua y la cultura de la península sin conceder al árabe y su influencia el lugar que le corresponde.
POLÉMICA EN
TORNO A ESPAÑOL O CASTELLANO
La polémica en torno a
los términos "español" y "castellano" consiste en decidir si, dado
el uso histórico de los dos términos, resulta más adecuado llamar a
la lengua hablada en la mayor parte de América Latina y la península
ibérica "español", o bien, "castellano".
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INTRODUCCIÓN
Aunque la introducción
del idioma en los países conquistados fue previa a la existencia de
España como Estado moderno, el Diccionario de Lengua Española de la
Real Academia Española de la Lengua, da castellano y español como
sinónimos. La denominación español fue predominando en la península
ibérica a partir de la unificación de los reinos de España durante
el reinado de Carlos I de España en el siglo XVI.
La denominación castellano es más frecuente en Sudamérica y
península ibérica, mientras que en Centroamérica, México y Colombia
es más frecuente el término español, si bien cuesta discernir si la
respuesta es condicionada por la pregunta, pues la denominación de
castellano es más frecuente en contextos de oficialidad, y el
término español es más frecuente en la denominación espontánea.
En España a menudo se usa el término español al referirse a la
lengua en contraposición a lenguas extranjeras, y castellano con
relación a otras lenguas que también son españolas. Este es el uso
que recomienda Manuel Seco en su Diccionario de dudas y dificultades
del castellano. La Constitución Española de 1978, en su artículo
tercero, utiliza la denominación castellano para la lengua,
diferenciándola de las otras lenguas españolas:
El castellano es la lengua española oficial del Estado. (...) Las
demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas
Comunidades Autónomas...
Se arguye que el resto de lenguas habladas en España, como el
euskera, el catalán o el gallego, también son españolas, y que
los casos del alemán en Alemania y del francés en Francia surgen de
una centralización lingüística con orígenes completamente diferentes
a los del castellano en España.
Por el contrario, hay quienes argumentan que el término español hace
referencia a la lengua oficial del Estado español, mientras que
un idioma como el gallego hace referencia a la lengua propia de
Galicia. El hecho de que provincias como La Coruña sean gallegas y
españolas a la vez, son la base de la llamada cooficialidad de los
idiomas español y gallego.
Otros autores afirman que aunque el castellano medieval se vio
influido en su evolución por otras lenguas peninsulares, los cambios
no fueron significativos. En base a esto se propone como
denominación correcta el término castellano, pues es el idioma que
surgió en Castilla y después se extendió por todo el territorio
español por la supremacía política del Reino de Castilla sobre los
demás reinos peninsulares. Estos autores suelen poner como ejemplo
que en el Reino Unido y otros países angloparlantes el idioma se
denomina inglés (y no británico), pues es originario de Inglaterra,
aunque éste caso no es enteramente extrapolable a nuestra lengua
pues el término castellano no encuentra eco en otras lenguas como sí
lo halla el inglés (y ente caso el término español).
Después que España perdiera sus últimas colonias americanas, algunos
intelectuales americanos siguieron empleando el término "América
Española", en las primeras décadas del siglo XX. Aunque esto
causó rechazo en algunos sectores sociales, todos los países de
habla castellana denominan oficialmente española a su lengua , como
lo evidencian sus afiliaciones a la Asociación de Academias de la
Lengua Española.
ALGUNAS RAZONES DE LA
CONTROVERSIA
La controversia
trasciende el debate méramente académico o de adecuación
terminológica, ya que con cierta frecuencia el debate se ha mezclado
con intencionalidades políticas de dos tipos:
Dentro de España, ciertos sectores nacionalistas y/o regionalistas
han preferido el término castellano por entender que todas las
lenguas de España son autóctonas de un cierto territorio que es
subparte del territorio español. Sin embargo, en los últimos tiempos
puede percibirse también una tendencia a utilizar el término español
por parte de estos sectores, para reforzar la idea de que los
territorios como Cataluña o Euskadi no forman parte de España. En
contraposición, el españolismo, defiende mayoritariamente el término
español para señalar la preeminencia o naturalidad de describir a la
lengua como forma predominante de comunicación en España.
En tiempos de la
dictadura de Primo de Rivera se produce un apropiamiento del término
español al mismo tiempo que se fijan cánones de corrección basados
en el uso castellano (y concretamente burgalés) para evitar la
centrifugación patente en las hablas periféricas (bable, andaluz,
panocho...). Más tarde durante la dictadura de Franco se reforzará
la identificación del español con la indisolubilidad de la patria.
En América latina, se
ha llegado a considerar que el uso del término español era una forma
de subordinación cultural a España.
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PREFERENCIAS DE USO
- Las academias de la
lengua
Las Academias de la
Lengua de los países en los que el término castellano es usado
corrientemente (como Chile, o Argentina) han adoptado la
denominación de idioma español. Para estas academias, que fijan el
vocabulario oficial de su país, el término es de origen filológico y
no tiene connotaciones políticas. Por ejemplo, según la Academia
Argentina de Letras:
En el uso general las denominaciones «castellano» y «español» son
equivalentes. No obstante, es preferible, en razón de una más
adecuada precisión terminológica, reservar el tradicional nombre de
«castellano» para referirse al dialecto de Castilla anterior a la
unificación, y llamar «español» -como internacionalmente se hace- a
la lengua que desde entonces lleva en sí, junto al viejo tronco, los
múltiples aportes que otros pueblos de España y de América han dado
al «castellano»
Por su parte la Asociación de Academias de la Lengua Española
mediante su publicación, el Diccionario panhispánico de dudasha
dicho:
Para designar la lengua común de España y de muchas naciones de
América, y que también se habla como propia en otras partes del
mundo, son válidos los términos castellano y español. La polémica
sobre cuál de estas denominaciones resulta más apropiada está hoy
superada.
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HISTORIA
La historia del idioma castellano comienza con el latín vulgar del
Imperio Romano. Específicamente tiene su origen en el latín vulgar
presente en la zona central del norte de Hispania. Tras la caída del
Imperio Romano en el siglo V la influencia del latín culto en la
gente común fue disminuyendo paulatinamente. El latín hablado de
entonces fue el fermento de las variedades romances hispánicas,
entre ellas el castellano, origen a su vez (al menos en la
proporción mayor), de las variedades que constituyen la lengua
española. En el siglo VIII, la invasión musulmana de la Península
Ibérica hace que se formen dos zonas bien diferenciadas. En Al-Ándalus,
se hablarán los dialectos romances englobados con el término
mozárabe, además de las lenguas de la minoría alóctona (árabe y
bereber). Mientras, en la zona en que se forman los reinos
cristianos, desde pocos años después del inicio de la dominación
musulmana, comenzará una evolución divergente, en la que surgen
varias modalidades romances; la catalana, la aragonesa, la
asturiano-leonesa y la gallega, además de la castellana.
El dialecto castellano primigenio se originó en el condado medieval
de Castilla (oriente de Santander y norte de Burgos), con
influencias vascas e idioma germánico-visigodo. Se extendió al sur
de la península gracias a la Reconquista. En el siglo XV, durante el
proceso de unificación española de sus reinos, Antonio de Nebrija
publica en Salamanca su Grammatica. Es el primer tratado de
gramática de la lengua castellana, y también primero de una lengua
vulgar europea. Los textos más antiguos que se conocen en castellano
son las Glosas Emilianenses, escritas por monjes vascos tal y como
lo demuestran las anotaciones en los márgenes, que se conservan en
el Monasterio de Yuso, en San Millán de la Cogolla (Logroño),
localidad considerada centro medieval de cultura.
Algunas de las características distintivas de la fonología incluyen
la lenición (latín vita - castellano vida, latín lupus - castellano
lobo), la diptongación en los casos fonéticamente breves de la E y
la O (latín terra - castellano - tierra, latín novum - castellano
nuevo), y la palatalización (latín annum - castellano año). Algunas
de estas características están también presentes en otras lenguas
romances.
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DIALECTOS DEL CASTELLANO
Como todas las lenguas ampliamente
difundidas el español está sujeto a variaciones regionales y
sociolingüísticas. No obstante a pesar de esa heterogeneidad
el grado de variación no es muy grande y sólo raramente hay
interrupciones de mutua ininteligibilidad, Las dificultades
nacen con los criollos basados en el español de Filipinas y
Colombia y con el judeo-español, la lengua hablada por las
comunidades sefarditas expulsadas de España en 1492. El
sefardí tiene fama de haber preservado numerosas
características del siglo XV, pero tal afirmación es
exagerada; es vedad que ciertas peculiaridades fonéticas,
como la preservación de la /f-/ inicial es un elemento
arcaico, pero esa lengua también ha evolucionado
extensamente en su morfología y ha asimilado gran número de
préstamos léxicos. La figura inferior muestra la distinción
dialectal en México.
Entre las variedades dialectales españolas del romance
tenemos el asturiano-leonés, cuyos límites no coinciden ni
con los antiguo reino de León ni con la actual provincia de
León. Entre algunas características que lo acercan al
gallego-portugués destacan: ou < au, al- + consonante (cousa,
touro, outro); se conserva f- (filo, farina); se pierde toda
-n- intervocálica, como raa < rana; la l pasa a r después de
consonante sorda, como praza < platea. Una variedad parecida
al leonés pero que apunta al gallego-portugés es el mirandés,
hablado en Miranda do Douro, en Portugal.
Otro dialecto importante es el aragonés, que en parte se
funda históricamente en el antiguo reino de Aragón y Navarra,
pero que recibió gran influencia del castellano. Hoy se
habla en la provincia de Huesca, al pie de los Pirineos.
El extremeño, ligado históricamente con el asturiano-leonés,
se habla en una región septentrional de Extremadura.
Aparte de estas lenguas que tienen personalidad propia, las
hablas dialectales del castellano se pueden clasificar en
dos grupos: las septentrionales y las meridionales,
comprendiendo éstas al murciano, al andaluz y al canario,
hablados en Murcia, Andalucía y Canarias, respectivamente.
Los dialectos septentrionales se caracterizan por ser más
conservadores y abarcan las tierras castellanas y las que
ocuparon los dialectos históricos del latín, como el
aragonés y el asturiano-leonés. En el habla de las tierras
donde nació el castellano encontramos una serie de rasgos
dialectales, como el uso del leísmo (le como complemento
directo: Este piso ya le vimos), laísmo y loísmo (la y lo
como complemento indirecto: La dije que no viniera);
pronunciación de la d final como z: Madriz; aparición de una
s en la segunda persona del singular del pretérito
imperfecto: vinistes; uso del infinitivo para la segunda
persona del plural del imperativo: ¡Traerme algo!. Hacia el
este (La Rioja, Navarra y Aragón) hay una influencia de la
huella aragonesa, como el uso de pronombres precedidos de
preposición: con tú, con mí; el uso del diminutivo -ico:
pajarico; abundante uso de pues. Hacia el oeste (León,
Zamora y Salamanca) hay huellas del leonés, como la
tendencia a cerrar las vocales finales: otru; diminutivos en
-ín, -ina: niñín, niñina; uso del indefinido en el vez del
perfecto compuesto: hoy fui a tu casa.
Los dialectos meridionales se caracterizan por ser más
evolucionados en su pronunciación y por rasgos fonéticos muy
marcados. En esta región dialectal se hallan el andaluz, el
extremeño, el canario y el murciano. Las principales
características de estos dialectos son: confusión de r y l
en posición final de sílaba o palabra: arta, cuelpo y otras
se pierden, como españó; seseo (pronunciación de la z o la c
ante e o i como s: sielo; ceceo (pronunciación de la s como
z: zerio; pérdida de la d y de la n intervocálicas o ante r:
cansao, mare; yeísmo con distintas pronunciaciones: yuvia.
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LISTA TENTATIVA DE CLASIFICACIÓN
DE LOS DIALECTOS

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DIALECTOS EN
ESPAÑA
dialecto castellano septentrional
dialecto andaluz
dialectos de transición entre andaluz y castellano
dialecto canario
dialecto churro
dialecto murciano
DIALECTOS EN
ÁFRICA
español ceutí
español melillense
dialecto canario
español saharauí
español ecuatoguineano
DIALECTOS EN
AMÉRICA
español amazónico
español andino
español antioqueño (paisa)
español camba
español caleño
español cundiboyacense
español llanero
español caribeño
español cubano
español dominicano
español marabino
español panameño
español puertorriqueño
español venezolano
español centroamericano
español chileno
español chilote
español ecuatorial
español mexicano
español paraguayo
español peruano ribereño
español norperuano ribereño
español rioplatense
español santandereano-tachirense
español tolimense(opita)
español yucateco
DIALECTOS EN
ASIA
español filipino
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OTRAS DIFERENCIAS LINGÜÍSTICAS EN
PAÍSES DONDE EL CASTELLANO NO ES LENGUA OFICIAL:
español estadounidense
español beliceño
español gibraltareño
español andorrano
judeo-español, sefardí o ladino;
djudezmo;
haquetía o haketiyya;
chabacano;
chamorro;
papiamento (también considerada como lengua criolla del portugués);
papiamento de Aruba;
papiamento de Bonaire;
papiamento de Curaçao;
palenquero;
LENGUAS
DERIVADAS
judeo-español, sefardí o ladino;
djudezmo;
haquetía o haketiyya;
chabacano;
chamorro;
papiamento (también considerada como lengua criolla del portugués);
papiamento de Aruba;
papiamento de Bonaire;
papiamento de Curaçao;
palenquero;
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DISTRIBUCIÓN
GEOGRÁFICA
El castellano es la lengua oficial de más de veinte países,
principalmente en América además de España. México es el país con el
mayor número de personas que hablan el idioma español (más de 104
millones), esto es, una cuarta parte del total mundial
castellanohablante.
Entre los países con presencia del idioma sin estatus oficial,
encontramos una realidad lingüística singular en Estados Unidos,
debido al avance progresivo del bilingüismo, especialmente en
ciudades cosmopolitas como Nueva York, Los Ángeles, Denver,
Baltimore, Houston y Miami.
En el Estado Libre Asociado de Puerto Rico es el idioma oficial
junto con el inglés, y en el estado de Nuevo México el castellano es
ampliamente utilizado, incluso por la administración estatal, aunque
ese estado no tiene ninguna lengua oficial establecida por su
constitución.
El caso de las islas Filipinas, antigua colonia española, es
bastante atípico ya que a diferencia de otros países hispanos, no
consiguió su independencia tras sus movimientos revolucionarios del
siglo XIX. Por el contrario, y debido a la intervención
norteamericana, Filipinas pasó a ser colonia de los EE.UU. a partir
de 1899. Desde entonces, sus autoridades siguieron una política de
descastellanizacion del país, e imposición del inglés. A pesar de
que en Filipinas había un 10%-15% de castellanohablantes (unas
900.000 personas) a principios del Siglo XX, y que su primera
constitución (promulgada en 1899) tenía establecido el castellano
como lengua oficial, las autoridades estadounidenses impusieron
progresivamente el uso del inglés, especialmente después de la
Guerra Filipino-Estadounidense que diezmó a la burguesía urbana
castellanohablante. Según fuentes del Instituto Cervantes y en un
comunicado de la presidenta filipina Gloria Macapagal-Arroyo el
castellano volverá a ser oficial en Filipinas a principios de 2008.
Otros lugares donde el español tiene presencia es Luena, en Angola
por la presencia del ejército cubano y Tinduf, en Argelia por la
presencia de refugiados saharauíes. Recientemente la ciudad de
Cocobeach, en Gabón, empleó el uso oficial de la lengua española.
La cadena de televisión de China CCTV comenzó en octubre de 2007 a
emitir un canal de TV solo en español, (CCTV-E) y Rusia hará lo
propio en 2008, bajo el nombre de Rusia Hoy.
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POBLACIÓN HISPANOHABLANTE
A continuación figura una tabla estadística de la población de los
países con el español como idioma oficial (con *), y la población
hispana en los países con el español como lengua no oficial. En las
dos últimas columnas, figura el porcentaje y número de hablantes de
español
Pincha allí para que se te abra la
tabla
HABLANTES POR PAÍSES
El 94,6%*, es la media de los porcentajes de los países donde se
habla español como idioma oficial.
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SONIDOS
La estructura silábica más frecuente del castellano es CV
(consonante más vocal), de forma que tiende hacia la sílaba abierta.
Caracteriza al castellano una tensión articulatoria alta, no tan
relajada como en italiano, y estadísticamente una gran presencia de
la vocal a. El acento es de intensidad y estadísticamente dominan
las palabras llanas, o acentuadas en la penúltima sílaba, después
las agudas y por último las esdrújulas. Gracias a la Real Academia
Española, fundada en el siglo XVIII, la ortografía del castellano se
ha ido simplificando buscando el patrón fonético, aunque esta
tendencia se paralizó a mediados del siglo XIX pese a las propuestas
en ese sentido del gramático Andrés Bello.
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VOCALES
En castellano hay cinco vocales fonológicas: /a/, /e/, /i/, /o/ y
/u/. La /e/ y /o/ son vocales medias, ni cerradas ni abiertas, pero
pueden tender a abrirse y cerrarse [e], [ɛ], [o] y [ɔ] dependiendo
de su posición y de las consonantes por las que se hallan trabadas.
Sin embargo, estos sonidos no suponen un rasgo distintivo en
castellano, a diferencia del catalán o del italiano, considerándolos
por tanto como alófonos.
Según Tomás Navarro Tomás, los fonemas vocálicos /a/, /e/ y /o/
presentan diferentes alófonos.
Las vocales /e/ y /o/ presentan unos alófonos algo abiertos, muy
aproximados a [ɛ] y [ɔ], en las siguientes posiciones:
En contacto con el sonido doble erre ("rr") [r], como en "perro",
"torre", "remo", "roca".
Cuando van precediendo al sonido [x], como
en "teja", "hoja".
Cuando van formando parte de un diptongo decreciente, como en
"peine", "boina".
Además, el alófono abierto de /o/ se
produce en toda sílaba que se encuentre trabada por consonante y el
alófono abierto de /e/ aparece cuando se halla trabado por cualquier
consonante que no sea [d], [m] y [n]: "pelma", "pesca", "pez",
"costa", "olmo".
El fonema /a/ presenta tres variedades
alofónicas:
Una variedad palatal, cuando precede a consonantes palatales, como
en "malla", "facha", "despacho".
Otra variante velarizada se produce cuando
precede a las vocales [o], [u] o a las consonantes [l], [x]:
"ahora", "pausa", "palma", "maja". Una variante media, que se
realiza en los contornos no expresados en los párrafos anteriores:
"caro", "compás", "sultán".
Tanto /i/ como /u/ pueden funcionar
también como semivocales ([i^] y [u^]) en posición postnuclear de
sílaba y como semiconsonantes ([j̞] y [w̞]) en posición prenuclear.
En el castellano existe una pronunciada tendencia antihiática que
con frecuencia convierte en diptongos los hiatos en una
pronunciación relajada, como héroe ['eroe]-['erue], o línea
['línea]-['linia].
Además en castellano todas las vocales pueden nasalizarse al
encontrarse trabadas por una consonante nasal dando como resultado
[ã], [ẽ], [ĩ], [õ] y [ũ]. Este rasgo es más destacado en unos
dialectos que en otros.
En diversos dialectos meridionales del castellano de España, como el
andaluz y el murciano entre otros, se distinguen 10 vocales, e
incluso 15 si se cuentan las vocales nasales, las cuales están muy
presentes en estos dialectos. Cualquier vocal al hallarse trabada
por una "s" (muda), o por las demás consonantes (mudas), dan como
resultado las siguientes vocales /ɑ/, /ɛ/, /ɪ/, /ɔ/ y /ʊ/;
formándose así los siguientes pares vocálicos: /a/-/ɑ/, /e/-/ɛ/,
/i/-/ɪ/, /o/-/ɔ/ y /u/-/ʊ/. Estos pares vocálicos son distintivos en
estos dialectos, como hasta y asta /ɑt̪a/ - ata (verbo atar) /at̪a/,
mes /mɛ/ - me /me/, los /lɔ/ - lo /lo/.
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CONSONANTES
Según la mayoría de los autores, se distinguen por lo general 24
fonemas en el castellano, cinco de los cuales corresponden a vocales
([a e i o u]) y 19 a consonantes [b s k d f g x l m n ɲ p r ɾ t ʧ ʝ
ʎ θ]), además de otros fonemas dialectales y/o alofónicos, vocales
aunque la mayoría de los dialectos sólo cuentan con 17, y algunos
otros con 18. Las diferencias fonológicas dialectales, debidas en su
mayoría a diferencias en las consonantes, son las siguientes:
Ningún dialecto del castellano hace la distinción espontánea entre
la pronunciación de las letras "b" y "v". Esta falta de distinción
se conoce como betacismo. Sin embargo hay que tener en cuenta que en
algunos países, particularmente Chile, se presiona mucho a los niños
en la escuela para que pronuncien la 'v' como labiodental, por ello
uno puede encontrarse ocasionalmente con esta pronunciación
(percibida por muchos como afectada), especialmente en los medios.
La pronunciación de la "v" como fonema bilabial oclusivo o
fricativo, idéntico al de "b", es compartida también con el gallego,
occitano, sardo y varios dialectos del catalán, entre otros. Una
posible causa de esta peculiaridad es la influencia del substrato
vascoide, lo que explicaría su extensión en estas lenguas citadas a
partir de un foco vasco-pirenaico. Otra posible explicación, más
bien estructural, es que aunque el latín tenía la letra 'v' que en
realidad era solamente una variante escrita de la 'u' semivocal,
ésta se pronunciaba /w/ y evolucionó en otras lenguas romances hacia
/v/. Por otro lado, la fricativización de /b/, común en todas las
lenguas romances, dio lugar a los alófonos /b/ oclusivo y /β/
fricativo. El segundo es casi indistinguible de la aproximante /w/,
con lo que la 'v' [w] latina pasó directamente a [b, β] en
castellano.
En general existe confusión entre la "y"
(pronunciada [ʝ] o [ɟ]) consonántica y la "ll" (originalmente [ʎ]),
salvo en diversas zonas de España (en regresión) y, en América, en
los dialectos con sustratos de lenguas en que existe dicha
diferencia, como en las zonas bilingües castellano-quechua o
castellano-guaraní.
En la mayoría de variedades de América y
sur de España /s/ es un sonido laminoalveolar, mientras que en otras
variedades americanas (la mayoría de Colombia, Perú, Bolivia, zonas
dispersas de México y República Dominicana) y en el centro y norte
de España la /s/ es apicodental [s̪].
Se considera característica particular y
singular de la lengua castellana el uso de la letra "ñ" (procedente
del grupo latino nn que en la Edad Media comenzó a abreviarse como
una "n" con una raya encima que luego tomó la forma ondulada
representando su pronunciación palatal), aunque también existe en
otras lenguas como el aragonés, gallego, el bretón, el quechua, el
guaraní, el mixteco, otomí, el bubi o el chamorro. En algunos
dialectos la 'ñ' se pronuncia [nj] en vez de [ɲ].
El castellano de España, salvo Canarias y gran parte de Andalucía,
distingue entre [θ] (escrito 'z' o 'ce', 'ci') y [s]: casa ['kasa],
caza ['kaθa].
La mayoría de los dialectos registra una pérdida más o menos
avanzada de la s implosiva, un fenómeno típico de las 'tierras
bajas' americanas, en un proceso parecido al del francés medieval.
Las excepciones son México (salvo algunas zonas costeras del
Caribe), mitad norte de España (donde empieza a aparecer) y en la
zona andina (especialmente en Colombia, Ecuador y Perú).
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FONOLOGÍA DEL CASTELLANO
El sistema fonológico del castellano está compuesto por un mínimo de
22 fonemas consonánticos (y algunas variedades de España pueden
llegar a presentar hasta 24 fonemas al disponer además de los
fonemas /ʎ/ y /θ/). En cuanto a las vocales, la mayoría de
variedades sólo cuentan con 5 fonemas y varios alófonos. En algunas
variedades del andaluz y otros dialectos meridionales del castellano
pueden tener hasta 10 vocales en oposición fonológica, ya que en
ellas el rasgo ATR de apertura puede llegar a ser relevante,
duplicándose el número de vocales.
Todos estos fonemas son analizables mediante un mínimo de 9 rasgos
binarios (para las variedades sin /θ/), aunque normalmente con el
fin de hacer más natural la descripción se usan algunos más. La
tabla de consonantes en términos de estos rasgos viene dada por:
poner un cuadro aqui...
Donde se han indicado mediante paréntesis (·) los fonemas que no
están presentes en todas las variedades de castellano.
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GRAMÁTICA
La influencia del árabe en el
español tiene carácter casi exclusivamente léxico. Una serie
de términos que se refieren a la cultura árabe medieval (astronomía,
matemática, medicina, filosofía, etc.) entra a formar parte
del patrimonio cultural europeo. Se trata de palabras que, a
partir casi siempre de la Península Ibérica o de Sicilia, se
difunden al italiano, al francés, y de ellos a las otras
lenguas europeas. A veces son de origen erudito, como
álgebra, procedente del árabe al-gabr que propiamente
significa "restauración, reducción".
Un término matemático menos técnico y más común, que se
manifiesta con doble aspecto en las lenguas cultas
occidentales, es el representado por las voces cifra y cero.
El árabe tenía la palabra sifr, que al principio era (y ha
seguido siéndolo en la lengua común) un adjetivo que
significaba "vacío"; merced a un calco del sánscrito sunyá,
que significaba también "vacío", pero que los matemáticos
indios emplearon para "cero", el árabe ,sifr adquirió, entre
los matemáticos, el mismo sentido de 'cero'. Leonardo
Fibonacci latinizó el término a zephirum que luego, en las
fuentes italianas, se volvió zeliro, zefro y al fin zero (atestiguado
desde 1491; de él procede el español 'cero'). Una adaptación
de la palabra árabe más próxima al original es la del
español cifra.
También viene del árabe la costumbre de designar la
incógnita por X; en los textos árabes de álgebra, la
incógnita era indicada mediante la letra S, inicial de la
palabra sai', 'res, aliquid, quicquam'. Esta letra sonaba
casi lo mismo que la patatal aspirante sorda que el español
antiguo escribía x, según se aprecia por las transcripciones
latinas de palabras árabes. Leonardo Fibonacci, en Liber
abbaci, no hizo más que transliterar la S con X, y así entró
X en uso para la incógnita.
Diversos términos árabes que se han difundido por todas las
lenguas europeas tienen que ver con la astronomía, de la que
los árabes fueron maestros, como es sabido; casi inalterados,
con forma árabe, aparecen algunos términos técnicos como
azimut; nadir < árabe nazir, 'opuesto' (esto es, nazir as-samt,
'opuesto al zenit'); se ha hecho popular almanaque, < árabe
al-manah, 'calendario'.
Notables son también los nombres relativos a la química o,
mejor dicho, a la química medieval o alquimia, empezando por
esta mismísima palabra, atestiguada desde el siglo XIII y
que viene del árabe al-kimiya ("fusión"), cuyo sentido era "piedra
filosofal, sustancia que transforma los metales bajos en oro".
El nombre más común de la piedra filosofal en árabe era, en
cambio, al-iksir ( < gr. "seco"), de donde elixir, con el
sentido de "remedio maravilloso, licor mágico".
Y ya que hablamos de palabras de la química, recordemos
también el árabe al-kuhl, al-kuhul, 'polvos para teñir cejas
y párpados > español alcohol.
Proceden del árabe o de otras lenguas orientales, pasando
por el árabe, algunos nombres de juegos (y las terminologías
correspondientes), ante todo el ajedrez, que los árabes
aprendieron de los persas como éstos de los indios. No hay
que ser orientalista para saber que en persa sah significa "rey",
y basta conocer los rudimentos del juego para saber que su
objeto es inmovilizar el "rey" del adversario; en persa, y
de ahí en árabe, tal operación se llama, en la terminología
del juego, sah mát, que al pie de la letra significa "el rey
(está) muerto"; de ahi el español jaque mate.
Sin salir de la terminología ajedrecística, se puede señalar
que el término alfil, que designa cada una de las dos piezas
que franquean al rey y a la reina viene del árabe al-fil, "elefante",
pues en los ajedreces más antiguos, dos elefantes ocupaban
los lugares de los alfiles.
Encontramos voces árabes en la toponimia, como Albacete <
al-basit; esp. Alcalá < qal'a, "castillo, fortaleza";
Gibraltar, < gebel Tariq, "monte de Tariq", del nombre del
comandante árabe que en 711 emprendió desde allí la
conquista de España. Son importantes los nombres de ríos
compuestos con guad- del árabe wad(i) "río, valle". Tenemos
así los hidrónimos Guadiana, Guadalquivir < wadi al-kabir,
"el río grande"), etc.
Pero en la Península Ibérica la influencia árabe llega a los
términos administrativos: por ejemplo alcalde < al-qa'dí, "juez";
alguacil < al-wazir, "ministro".
Otra observación notable es la siguiente: como se habrá
visto por los ejemplos citados, las lenguas iberorromances,
en la mayoría de los casos, adoptan las palabras árabes con
el artículo determinado unido (artículo que suena al, pero
cuya 1 se asimila, según regla constante en todo el dominio
árabe, ante algunas consonantes). Así encontramos azúcar <
árabe (as-)sukkar; azafrán < ár. (az-)za'farán, etcétera.
Aunque abundantes voces de origen árabe atestiguadas en el
español antiguo están a estas alturas fuera de uso (si bien
no pocas siguen vivas en los dialectos españoles o en
portugués), no cabe duda de que la influencia árabe sobre
las lenguas iberorromances fue importantísima, desde los
puntos de vista cuantitativo y cultural, hasta el punto de
afectar la sintaxis del espacio¡ antiguo.
Entre las características principales del español podemos
recordar: la diptongación de e y o en sílaba abierta y
cerrada, como tiene < tenet, tierra < terra, bueno < bonu(m),
puerta < porta. Luego, por influencia de fonemas adyacentes,
los diptongos pueden reducirse (ie > i y ue > e,
respectivamente) como castillo, frente. Las vocales finales
se han conservado bien, como en toscano (-a > -a; -e, -i >
-e; -o, -u > -o.
En el consonantismo las iniciales suelen conservarse aunque
f- pasa a h-, hoy muda, como fabulare > hablar (si bien se
conserva ante el diptongo ur, como fuerte, fuego); los
grupos de consonantes + l tienden a reducirse a ll (correspondiente
al italiano gli), como llamar < clamare, llano < planu(m).
Las consonantes sordas intervocálicas sufren lenición y se
vuelven fricativas, como vita > vida, lupu(m) > lobo. Las
consonantes largas y geminadas se simplifican pero no se
sonorizan, como bucca > boca; ll y nn pasan en cambio a
palatales, como annu(m) > año, caballu(m) > caballo. El
grupo ct, a través de it (como en francés y portugués) pasa
a la palatal ch, como lacte > leche, octo > ocho. El grupo
li pasa a j, como muliere(m) > mujer.
Las tendencias naturales a la divergencia lingüística son
combatidas en el caso del español por poderosos lazos
culturales y también por mecanismos normativos bien
desarollados, cuyos antecedentes proceden de hace varios
siglos. Uno de los más antiguos y mejor conocidos ejemplos
de prejuicio lingüístico es la crítica hecha por Juan de
Valdés en su Diálogo de la Lengua (1535) contra la Gramática
de la lengua castellana de Antonio de Nebrija (1492) porque
Nebrija, siendo andaluz, no podía conocer el castellano lo
suficientemente bien para la obra que se traía entre manos.
Aunque el español tiene fama de ser una lengua 'fonética' (más
exactamente habría que decir fonémica) la realidad es que
presenta ciertas dificultades para hacer tal aseveración.
Por ejemplo, c y g tienen dos pronunciaciones, dependiendo
de la vocal que sigue; la h es muda; b y v corresponden a un
solo fonema.
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CLASIFICACIÓN
ARTICULATORIA DE LOS FONEMAS Y CLASIFICACIÓN ARTICULATORIA
DE LOS SONIDOS ESPAÑOLES (AFI)
El verbo tiene tres modos: indicativo, imperativo y
subjuntivo. Se distinguen tres conjugaciones: -ar, -er, -ir.
El español también se caracteriza por su constante empleo
del pronombre se, y el uso vivo del subjuntivo que tantos
problemas origina a quienes aprenden español como segunda
lengua. Entre las características heredadas del latín debe
destacarse la sintaxis y los procedimientos sintácticos para
matizar, calificar o convertir en nombres, y por tanto
sujetos, a oraciones completas.
El orden de la frase es sujeto, verbo y objeto o verbo,
sujeto y objeto.
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|
Valor de las letras en algunas lenguas romances |
|
|
Italiano |
Español |
Portugués |
Catalán |
Francés |
Rumano |
|
a |
[a] |
[a] |
[á;
] |
[á;
] |
[a,
] |
[a] |
|
ãe |
|
|
[ ] |
|
|
|
|
ai |
[ai] |
[ai] |
[ai] |
[ai] |
[ε] |
[ai] |
|
ain |
|
|
|
|
[ ] |
|
|
an |
|
|
|
|
[ã] |
|
|
ão |
|
|
[
] |
|
|
|
|
au |
[au] |
[au] |
[au] |
[au] |
[o] |
[au] |
|
â |
|
|
[ ] |
|
[ ] |
[ ] |
|
ǎ |
|
|
|
|
|
[ ] |
|
ã |
|
|
[ã] |
|
|
|
|
b |
[b] |
[b~β] |
[b] |
[b~β] |
[b] |
[b] |
|
c |
[t ] |
[θ] |
[s] |
[s] |
[s] |
[t ] |
|
c |
[k] |
[k] |
[k] |
[k] |
[k] |
[k] |
|
ch |
[k]..i,e |
[t ] |
[ ] |
[k] raro |
[ ] |
[k]..i,e |
|
ç |
|
|
[s]..i,e |
[s]..i,e |
[s]..i,e |
|
|
d |
[d] |
[d~ð] |
[d] |
[d~ð] |
[d] |
[d] |
|
e |
[e,ε] |
[e] |
[é,
;
i] |
[é,
;
] |
[e, ε;
] |
[e] |
|
è |
* |
|
|
[ ] |
[ε] |
|
|
ê |
|
|
[é] |
|
[ε] |
|
|
é |
|
|
[ ] |
[é] |
[e] |
|
|
eau |
|
|
|
|
[o] |
|
|
ei |
[ei] |
[ei] |
[ei] |
[ei] |
[ε] |
[ei] |
|
ein_s |
|
|
|
|
[ ] |
|
|
en_s |
|
|
|
|
[ ] |
|
|
eu |
[eu] |
[eu] |
[eu] |
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[ø, œ] |
[eu] |
|
f |
[f] |
[f] |
[f] |
[f] |
[f] |
[f] |
|
g |
[d ] |
[χ] |
[ ] |
[d ~ ] |
[ ] |
[d ] |
|
g |
[g] |
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[g] |
[g~ ] |
[g] |
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|
gh |
[g]..i,e |
|
|
|
|
|
|
gl |
[ (:)] |
|
|
|
|
|
|
gn |
[ (:)] |
|
|
|
[ ] |
|
|
gu |
[gw] |
[g] |
[g] |
[g] |
[g] |
[gw] |
|
gu |
[gw] |
[gw] |
[gw] |
[gw] |
|
[gw] |
|
gü |
|
[gw] |
[gw] |
[gw] |
|
|
|
h |
ø |
ø |
ø |
ø |
ø |
[h] |
|
i |
[ ]..V,
[i] |
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[i] |
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[i] |
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[i] |
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[i] |
|
î |
|
|
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|
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|
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|
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|
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[k] |
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[k] |
[k] |
[k] |
|
l |
[l] |
[l] |
[l] |
[l] |
[l] |
[l] |
|
lh |
|
|
[ ] |
|
|
|
|
ll |
|
[ ]
(América [j]) |
[ ] |
|
|
|
|
l.l |
|
|
|
[l] |
|
|
|
m |
| |