Dichos y Refranes

 

   

 
 

¿Dichos? ¿Frases hechas?¿Locuciones? ¿Modismos?... Batiburrillo en el que, quizá por fortuna, nada hay claramente deslindado.

¿Qué significan los dichos y frases hechas o las llamadas "expresiones idiomáticas? Abajo el autor Alberto B. Jiménez nos da una explicación de estas frases tan comunes y corrientes en el idioma español.

LAS PALABRAS DEL AUTOR

Descartado todo lo que huela a refrán o proverbio -si bien muchas veces, como se verá en estas páginas, los refranes se camuflan hábilmente, cortan por aquí su carga de moralina, añaden por allá un toque de neutralidad y pasan, en silencio, a engrosar las filas de alguno de los apartados anteriores, queda un cajón de sastre que, voluntariamente, y con el atenuante y la dispensa de pensar que tampoco lo han hecho ni lo hacen los diccionarios, no nos hemos detenido a ordenar.

Un modismo es, amalgamando definiciones de aquí y de allá, una expresión lija (de la lengua, cuyo significado no se puede deducir interpretando las palabras que la forman. Por ejemplo, se me ocurre, de buenas a primeras, de gorra o llevarse el gato al agua. Una  locución es, amalgamando definiciones de allá y de aquí, un grupo de palabras que forman una expresión cuyo sig­nificado no siempre se deduce de las palabras que la forman. Por ejemplo, se me ocurre, de buenas a primeras, de gorra o lle­varse el gato al agua... La lengua, sobre todo si va teñida de la infinita libertad que otorga lo popular, lucha a brazo partido contra las etiquetas, y uno, a su modesto entender, cree que es mejor optar por ropajes más cómodos que por la estrechez del corsé; por eso tal vez sea mejor recurrir a términos como dicho o frase hecha, que abarcan, en su libre ambigüedad, a todas aquellas expresiones para cuya interpretación o comprensión a veces resulta bastante arriesgado hablar de significado necesitamos filtros diferentes a los habituales, ya sean puramente léxicos (arcaísmos, tecnicismos), semánticos (connota­ciones, metáforas, metonimias, eufemismos, disfemismos...) o sociolingüísticos. Se han tenido en cuenta en este trabajo, fundamentalmente, aquellas expresiones que están construidas sobre términos arcaizantes (echar pestes), extranjerismos (de bote en bote; per­der la chaveta), las referidas a hechos muy remotos en el tiem­po y en el espacio (cantar la palinodia), a relatos más o menos folclóricos (ser la caraba), de carácter histórico o legendario (al buen callar llaman Sancho) y localista (ser una birria; más chulo que un ocho). Se han procurado evitar, y seguramente no se habrá conseguido en la medida en que sería de desear, aquellas expresiones que podrían entenderse consultando cualquiera de los diccionarios al uso. En muchos casos, tal vez más de los deseables, se ha acabado por ceder ante el poco lexico­gráfico criterio de la curiosidad.   Por lo que se refiere al aspecto meramente externo de esta obra, he querido, respetando al máximo el espíritu de lo lexicográfico, eliminar la mayor cantidad posible de ese olor a labo­ratorio del lenguaje que desprenden los diccionarios, y hacerla así más digerible para quien no quiera entrar en mayores profundidades, para que estas páginas puedan, además de con­sultarse, leerse de noche a noche dejando una marca en la página del sueño. Hay, no obstante, algunas consideraciones de laboratorio que habrían de tenerse en cuenta: El orden alfabético se establece, parece verdad de Perogrullo, considerando la primera palabra de la entrada, Cuando se considera al verbo, si apareciera, como un componente semántico más, forma, lógicamente, parte de la expresión. Otras veces la expresión, pese a que pueda funcionar con verbo, aparece sin él; son fórmulas en que considero que el verbo no es estrictamente necesario como componente semántico, y otras en que pueden aparecer varios verbos. En estos casos, se coloca detrás y entre cor­chetes el/los verbo/s más habitual/es. Entre paréntesis, detrás de la palabra o sintagma afectados, aparecen las variantes que afectan a una misma expresión. Suelen ser sinónimos o variantes fonéticas propias de la lengua coloquial.  Se comentan también algunas palabras adjetivos y sus­tantivos en su mayoría que tienen un origen histórico o libresco (pantagruélico, rocambolesco, caco...).

En los índices, que se han deseado minuciosos en extremo, se recogen las expresiones completas, así como todas las palabras -excepto determinantes, preposiciones y conjunciones que forman parte de ellas. La tarea es, ha sido y será, sobre desmesurada y agotadora, apasionante e interminable, como interminables son los territorios de la lengua hablada. De todas formas, mucho trabajo dejó ya hecho don José María Iribarren con su indispensable El porqué de los dichos, y justo es reconocer aquí tan impresionante, y seguramente insuperable, labor. A pesar de todo queda mucha tela que cortar, y lo que sí es verdad es que hincándole el diente a este trabajo, uno se echa al coleto una dosis de cultura y de sorpresas impensables, tan necesarias como gratificantes. Esto no es el canto del cisne, ni el gorigori, que tal da. Queda todo el rabo por desollar y uno tiene aún ganas de lan­zarse al ruedo, de meterse en harina y de revolver Roma con Santiago para que esto no se quede en agua de borrajas. Sabido es que don Juan Manuel, celoso de la propiedad intelectual de su obra, mandó hacer una copia de sus trabajos y la encerró a cal y canto en el castillo de Peñafiel. El fuego acabó con el celo del infante y con gran parte de los derechos de autor que le hubieran correspondido. Yo, querido lector, como no tengo castillo... ni obra, desde este momento te hago depositario y custodio de estas páginas que, pues salieron de la lengua que hablas y de lo que la rodea, son también tuyas. Cualquier sugerencia, apunte, nota, explicación u orientación que tengas a bien hacer será recibida a bombo y platillo. 

ALBERTO BUITRAGO JIMÉNEZ.

Salamanca, junio de 1995.

  • Hasta que Colón (San Juan) baje el dedo

  • Se quiere decir con esta frase que algo va a durar muchísimo tiempo. Me has puesto tanta paella que me parece que no voy a terminármela hasta que Colón baje el dedo. Tanto Colón como San Juan suelen representarse en esculturas o pinturas con el dedo índice alzado, el uno señalando América, el otro indicando a la Virgen el camino del Calvario. 

  • ¡A mí, plin!

  • Significa indiferencia, desentendimiento o desinterés. Se utiliza cuando una persona no se siente afectada por algún suceso o por cualquier otra circunstancia que atañe a otros. Al parecer, el origen de esta expresión tiene relación con el general Juan Prim (1814-1870), antes de la Revolución de 1808, llamada “La Gloriosa”. Algunos autores suponen que la expresión “A mí, PLIN” sería una corrupción de “A mí, Prim”, lo cual se diría cuando a uno le preguntaran por sus aficiones políticas. Se dice también que ésta fue la expresión de cierta actriz cuando fue interrogada acerca de sus preferencias amorosas. Otros investigadores prefieren negar este origen histórico y sostienen que esta expresión es una de las muchas frases elaboradas en función de su sonido o sin ningún significado en absoluto.

  • A la vejez, viruelas

  • Se quiere decir con esta locución que alguien que no ha hecho algo en su tiempo, cuando era joven, lo hace a destiempo, cuando no es época ni momento para ello. Ya ves. Felipe toda la vida soltero y ahora que tiene setenta y cuatro años va  y se nos casa... A la vejez, viruelas. Allá por los siglos XV y XVI se llamaba viruelas a las afecciones de la piel en las que aparecían manchas o granos, sea cual fuera su origen. También estaba, por tanto, picado de viruelas quien mostraba en su rostro lo que hoy llamarnos acné juvenil, o espinillas, propios de la adolescencia y de la primera juventud. La frase es también el título de una obra teatral de Manuel Bretón de los Herreros (1793-1876) y que cuenta las aventuras y desventuras de dos viejos enamorados. Es posible que, dado el éxito de este autor, la frase tomase nuevos bríos y volviera a usarse en esta época.

  • Blanco y migado, leche

  • Expresión con forma de adivinanza que se emplea para alu­dir a lo que está claro y no necesita ole ninguna explicación. Si olla no estaba en corsa y él te dijo que iba a salir, es que están juntos: blanco y migado, leche. Cosas blancas y que se puedan migar no hay muchas, la verdad. 

  • Borrón y cuenta nueva [hacer]

  • Si uno está haciendo una cuenta y se equivoca, tacha, o horra, y vuelve a empezar. Si alguien comete algún error en su vida o no le sale algo bien, lo lógico es que lo olvide y vuelva a intentarlo.  

  • Brillar algo o alguien por su ausencia

  • Expresión irónica que se utiliza para indicar que algo o alguien destaca, precisamente, porque no está. En esta fiesta las chicas guapas (los canapés) brillan por su ausencia. Tácito (55-120), ilustre escritor romano, emplea un juego irónico similar en el libro II de sus anales, cuando habla de que en el entierro de una dama romana de alcurnia los personajes más destacados fueron, por su ausencia, Casio y Bruto, ya que habían sido ejecutados por Octavio Augus­to tras haber sido hallados culpables de la muerte del Julio César 

  • Brindis al sol

  • Atrevimiento. Fanfarronada. Desafío difícil de cumplir. El gobierno ha dicho que dentro de diez años el país estará entre los cinco más ricos del mundo. A mí, la verdad, me ha parece un brindis al sol. La locución se origina en la fiesta de los toros. Brindis es el ofrecimiento que de la lidia y muerte del toro hace el torero, al presidente de la corrida o a otra persona o personas, para lo cual les entrega o lanza la montera. Un brindis al sol, por tanto, transmite esa idea de imposibilidad y de osadía que tiene la expresión. 

  • Buscar las cosquillas (las vueltas) a alguien

  • Buscar el punto en el que una persona es más vulnerable para conseguir algo. Siempre consigues de mí lo que quieres porque sabes buscarme las cosquillas. 

  • Buscarle tres (cinco) pies al gato

  • Buscar excusas imposibles de creer o tratar de demostrar lo indemostrable. Si te dice que no ha podido ir a trabajar por­que le dolía la cabeza, créetelo y no le busques tres pies al gato. La frase original era buscar cinco pies al gato y parece ser que hubo alguien que se los encontró, pues consideró la cola como un pie más.

  • Cabeza de chorlito [tener, ser un]

  • Tienen cabeza de chorlito quienes son sumamente torpes, brutos o inconscientes, como parece demostrar por su com­portamiento el ave zancuda llamada chorlito. ¿Pero cómo se te ocurre salir (de viaje con el coche en ese estado? Eres un cabeza de chorlito. 

  • Caco [ser un]

  • Esta palabra vale por «ladrón» en la lengua coloquial: Mien­tras estaba de vacaciones, los cacos se han desvalijado la casa. Cuenta la Mitología que Caco, hijo de Vulcano, dios roma-no del fuego, era un ladrón tan hábil y recalcitrante, que, incluso, se atrevió a robarle a Hércules unos bueyes y unas terneras que este a su vez había robado a Gerión en Espa­ña. Pero no queda ahí la cosa, porque, cual si hubiera sali­do de una película de Hitchcock, Caco no dejaba pistas. Virgilio narra así el robo en el libro VIII de La Eneida: Excitado por las Furias [...] Caco sustrajo de la manada cuatro espléndidos toros y otras tantas hermosísímas becerras, y para que las pisadas de las bestias no dieran indicios de robo, se los llevaba a su cueva tirándolos por la cola, con lo que desaparecía todo rastro del hurto; luego los escon­día debajo de una piedra grande y oscura, con lo que ninguna señal podía llevar a la cueva.» De todas formas, ya se sabe: quien roba a un ladrón, tiene cien años de perdón. 

  • Cada loco con su tema

  • Se emplea la expresión para dejar claro que cada persona tiene su propia opinión, por muy extraña que sea, o su forma particular de reaccionar ante una situación, por muy extra­vagante que parezca. ¿Sabes que Luís en invierno se pasea en manga corta? Bueno. Cada loco con su tema. Ya se sabe: un loco se cree Napoleón, el otro Agustina de Aragón... 

  • Caer algo por su propio peso

  • O sea, por la ley de la gravedad, sin que nadie lo empuje ni ayude en la caída. Usamos la frase cuando queremos indi­car que algo se resolverá o se aclarará sin que sea necesario que nadie intervenga. 

  • Caer chuzos de punta

  • Con el auge de los llamados porteros automáticos y de los guardias de seguridad, han desaparecido por completo de nuestras calles los entrañables serenos, siempre prontos y dispuestos para acudir a la llamada del trasnochador. Lle­vaban los serenos gorrilla de plato y botones dorados, el manojo de llaves en una mano y una especie de bastón con la punta metálica que sacaba chispas (le los adoquines cuan­do los golpeaba ruidosamente: el chuzo. Decimos que caen chuzos de punta cuando llueve mucho, muchísimo, cuan­do cae esa lluvia ruidosa y dura, casi espesa, dura y pun­tiaguda como chuzos. 

  • Caer(se) (bajar, bajarse, apearse) del burro (del macho)

  • Convencerse alguien de algo. Existen también las expresio­nes ir bien en el burro o no apearse del huero, para indicar la terquedad o la persistencia en una opinión equivocada. Todas ellas parecen tener su semilla en algún cuento popular cuyo protagonista afirmaba que jamás se caería de su burro, hasta que se cayo, claro. En la segunda parte del Quijote (Cáp. XIX), el Licenciado Corchuelo se atreve a intentar luchar con clon Quijote desde su burra, fingiéndose diestro en el manejo de la espada. Por supuesto, cae, y comenta a Sancho Panza tras la caída: «Yo me contento de haber caído de mi burra y que me haya mostrado la experiencia, la verdad.» La propia Celestina, segura de que Pármeno se auto convencerá de la inutilidad de su fidelidad a Calisto y caerá en las redes que ella le tiende, afirma «déjale, que él caerá de su asno». 

  • Caer en la cuenta

  • Darse cuenta de algo una persona por sí misma. No sabía que su marido tenía una amante; cayó en la cuenta cuando le encontró una carta de ella en un bolsillo de la chaqueta. Lite­ralmente, la locución significa «entender la cuenta», o sea, la operación matemática.  

  • Caer gordo a alguien

  • La gordura, ya se sabe, es en nuestra sociedad marchamo de antipatía, y si decimos de alguien que nos cae gordo, esta­mos diciendo, simplemente, que nos resulta antipático. Tú dirás que es encantador pero a mi desde siempre ese tío me ha caído gordísimo. 

  • Caerse (estrellarse) alguien con todo el equipo - Meter la pata de manera más que notoria.

  • Equivocarse por completo. Si malo es caerse, invagínense qué malo es hacer­lo con todo ese equipo pongamos que de paracaidista que debía, cuando menos, protegernos en la caída. 

  • Caerse de un guindo

  • Expresión con la que alguien da a entender que no se está creyendo una mentira que le cuentan. Manoli me ha dicho que su marido gana un millón al mes. Esta se cree que yo me he caído de un guindo. La persona que la utiliza quiere dar a entender que tiene mucho mundo, que no ha aparecido de repente en la tierra, como si fuese una fruta-guinda en este caso-caída del árbol. El significado es muy parecido al de la locución: chuparse el dedo 

  • Caérsele a alguien el alma a los pies

  • Con esta tristísima y evidente expresión se sugiere profun­da decepción, disgusto o malestar ante algo, acompañado todo ello de una anulación de la capacidad de reacción de la persona. Vi a ese pobre niño, medio desnudo, pidiendo limosna y se me cayo el alma a los pies. 

  • Caérsele a alguien el pelo

  • Sufrir una persona una fuerte condena por algún delito. O sea, que la policía pilló a los ladrones cuando saltan del banco... Pues se les va a caer el pelo. La Frase parece hacer alusión a un personaje prototípico en nuestra lengua coloquial: Picio, mote con el que se conocía a un pobre zapatero de la villa granadina ele Alhendín y que a comienzos del siglo XIX fue condenado a muerte por un cielito que, al parecer, no había cometido. Aunque fue indultado a última hora, se llevó tal susto, que se le cayo todo el pelo de su cuerpo y se llenó de pústulas y granos; de aquí también su consabida fealdad. 

  • Caérsele a alguien la baba

  • Si es niño, es un hecho normal, para eso existen los baberos. Si es adulto habrá que pensar en algo que provoca el asombro de esa persona hasta el punto de quedarse con la boca abier­ta (se dice también quedarse: boquiabierto) y no controlar la emisión de saliva: Francisco está enamoradísimo de Beatriz; Cada  vez que la ve, se le cae la baba. 

  • Caérsele a alguien la cara de vergüenza

  • Si a alguien le da mucha vergüenza algo. lo normal es que se ponga colorado Si le da muchísima vergüenza, la cara prácticamente le arderá hasta desprendérsele. La expresión, como otras muchas de nuestra lengua, sólo requiere para su interpretación una mínima dosis de imaginación. 

  • Caérsele a alguien los palos del sombraje

  • Lo mismo que caerse el alma a los pies, empleamos está expresión, quizá más propia del sur peninsular, para indi­car sorpresa mezclada con disgusto y con sensación ele impotencia ante algo: Esa chica me gustaba muchísimo cuando me enteré che que tenía novio se me cayeron los palos del sombrajo. El sombrajo es la sombra hecha con un toldo ele ramas, canas o tela, sustentado por tres o cuatro palos. Si se caen los palos, el invento se viene abajo. Trasladen la imagen á lo dicho anteriormente y no hay que dar mas vueltas. 

  • Caja o faja

  • Significa algo así como «o todo o nada». Se emplea en con­textos en que una persona quiere dar a entender que está arriesgando ni ocho en algún aspecto de su vida, ele forma que puede lograr el éxito total o el fracaso mas rotundo: He gustado todo el dinero que tengo, y mucho del que no tengo, en poner este negocio y no se que vu a aposar: cuja o faja. Aunque no es una expresión muy usada, la recogemos aquí que su origen es ciertamente curioso. En 1843 fue enviado á Barcelona el general Prim, para sofocar uno de los muchos levantamientos que tuvieron lugar durante esos turbulen­tos años del siglo XIX. A las acusaciones de que lo único que buscaba era la faja de mariscal, respondió situándose en pri­mera línea y gritando para cargar: ¡adelante, o caja de muerto, se entiende-, o faja! Al final, fue la faja, que le otorgó el regente general Serrano. 

  • Cajón de sastre (ser, parecer)

  • En un cajón de sastre entra todo: hilos de mil tipos, tijeras, botones, cremalleras, metros, dedales, agujas, alfileres, pedacitos secos de jabón para marcar la tela... Decimos que algo es un cajón de sastre cuando comprende o recoge cosas heterogéneas, muy diversas y, además, de forma desorde­nada. Los estudiantes de inglés han sido divididos en tres gru­pos: en tuno estén los que saben algo, en otro los que no saben nada; el otro es un cajón de sastre en el que hay personas que entienden algo, otros que no hablan nada paro entienden, uno que entiende un poquito, dos que hablan perfectamente pero no saben gramática... 

  • Calentársele a alguien los cascos -

  • Enfadarse, y además de manera violenta y perdiendo el con­trol. Los cascos no son otra cosa que la cabeza o, mejor dicho, el entendimiento, la mente, en frases como la ante­rior o como ser o estar levantado de cascos o romperse los cascos. 

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  • La explicación de algunos de estos dichos pertenecen al Dicc. de Dichos y Frases hechas de Alberto B. Jiménez

  • Si te animas a enviarme la explicación de los demás dichos házmelo por este correo:  esf@espanolsinfronteras.com

 

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