La Economía en la TV

 
 
 

 

 

3.  Introducción

¿Sabes qué diferencia existe entre televisión pública y servicio público de televisión? ¿Sabes qué papel juegan los Estados en el desarrollo del medio televisivo en los modelos europeo y estadounidense? En los siguientes epígrafes haremos un repaso de los principales aspectos de esta relación.

El modelo televisivo se ha ido transformando desde que, finales de los 70, el Estado cediera su monopolio sobre el medio -un proceso conocido como desregulación- y nos encontráramos con un universo televisivo completamente distinto, con canales públicos y privados que emiten en abierto –sin pago de cuotas- y canales de pago que cobran por sus contenidos.

¿De qué viven las empresas televisivas, de dónde se alimentan económicamente? Las posibilidades de financiación son varias y generalmente coexisten. Aquí veremos las más importantes.

Y una última pregunta: ¿eres un apocalíptico, un integrado o tienes algo de ambos? Toma la palabra en el interminable debate entre quienes ven en la televisión un medio cargado de posibilidades y quienes la perciben como un elemento creador de mentes alienadas.
Volver al inicio

3.1. El servicio público de radiodifusión

El desarrollo de la Televisión está determinado porque en muchos lugares del mundo es una actividad que se entiende como de servicio público; es decir, que los poderes públicos consideran que por sus particulares características la Televisión debe tener una reglamentación distinta que la de otros medios de comunicación.

A nuestros efectos, el servicio público televisivo significa que el Estado es el dueño del espectro de radiofrecuencias, por donde se difunden las ondas hertzianas transmisoras de los programas de televisión, y también quien concede las frecuencias y las licencias de emisión a los distintos operadores televisivos. Asimismo, es el Estado quien, a través de la legislación pertinente, determina quiénes y bajo qué condiciones pueden ser operadores estipulando parámetros más o menos básicos acerca de los contenidos mínimos de la programación, cuotas diversas y otras obligaciones que se imponen a los licenciatarios.

La televisión está compuesta por una serie de actividades de distinta naturaleza que abarcan desde creatividad a la hora de concebir un determinado programa hasta la puesta en marcha de complejos dispositivos tecnológicos para la emisión y recepción de las señales. Así, es posible distinguir básicamente las siguientes actividades:

  • La producción de programas audiovisuales, la cual puede o no estar a cargo del operador televisivo

  • La emisión de los programas a partir de la elaboración de una rejilla de programación responsabilidad exclusiva de la emisora

  • La difusión de la señal en una determinada zona geográfica, responsabilidad de la emisora o de otras empresas ajenas a su actividad, por ejemplo las empresas de correos.

Excusado es decir que el servicio público televisivo puede referirse a las tres actividades mencionadas, tal como ocurrió en el pasado en muchos países europeos, y en otras ocasiones centrarse tan sólo en la emisión.

Llegado a este punto debemos hacer una diferenciación entre servicio público y la televisión pública. A pesar de que en muchas ocasiones se omite, lo cierto es que en España toda la actividad televisiva es considerada servicio público; de esta manera buena parte de la legislación se aplica por igual a todas las emisoras con independencia de la titularidad jurídica de la misma; por ejemplo: el tiempo máximo de emisión publicitaria o la imposibilidad de emitir programas violentes antes de las diez de la noche.

Sin embargo, como se sabe, no todas las emisoras son de titularidad pública. Se supone que estas últimas poseen compromisos adicionales con la sociedad establecidos, a veces anualmente, por sus órganos de control y tutela (con frecuencia los parlamentos de representación política).
Volver al inicio

3.2 Modelos fundadores

Dos son los sistemas tradicionales de funcionamiento del medio televisivo que se conforman a la terminación de la II Guerra Mundial: uno, el modelo europeo, desarrollado a partir de la concepción de la televisión como un servicio público gestionado por el Estado y cuyo “correcto” funcionamiento es esencial para el conjunto de la sociedad; y otro, el modelo estadounidense, comercial y privado, en el cual el Estado ni gestiona televisiones ni produce contenidos.

El modelo europeo


A pesar de las diferencias de cada experiencia nacional, los países de Europa han guardado ciertos puntos en común en el desarrollo de sus sistemas nacionales de televisión. En la gran mayoría de los casos el Estado tuvo una fuerte intervención tanto en la producción de los programas como en la gestión, en forma directa o delegada, de las estaciones de televisión.

Partiendo de la base de lo limitado del espectro de las radiofrecuencias por el que circulan las señales de televisión, y de la falta de un mercado de consumo capaz de garantizar la venta de televisores y la rentabilidad de las inversiones publicitarias, las Administraciones centrales de los Estados se volcaron a gestionar uno o dos canales de televisión de alcance nacional financiados a través de un impuesto específico llamado canon.

En la base de estos sistemas estuvo la idea de que la televisión es un instrumento formidable para educar, informar y entretener a los ciudadanos. Y que la Televisión, nuevo y vital espacio público de la democracia, debe garantizar el derecho a la libertad de expresión y estar al servicio del pluralismo.

Del conjunto de sistemas televisivos surgidos en Europa, el británico, con la emisora pública British Broadcasting Corporation a la cabeza, ha sido (y aún hoy lo es) el más celebrado. La BBC ha enarbolado estándares de calidad de realización e independencia informativa tomados como modelos en todo el mundo.

El modelo estadounidense


Este modelo, conmformado a lo largo de varias décadas, se basa en la actuación de empresas de televisión privadas y comerciales -denominadas networks- que fueron estableciendo cadenas de emisoras a lo largo del territorio estadounidense. Empero, el Estado se reserva un cierto control del funcionamiento del sistema a partir del funcionamiento de la agencia federal FCC (Federal Communications Commisission).

Fue en los años 50 cuando la FCC dictó una norma clave en la ordenación del sistema audiovisual del país: puso un límite a la cantidad de emisoras que podía tener una cadena (no más de siete), al tiempo que impidió que éstas fueran productoras de programas (salvo porcentajes mínimos). Asimismo, a partir de esta norma se prohibió que los grandes estudios cinematográficos de Hollywood fueran propietarios de canales de televisión.

El sistema se estabilizó con la presencia de tres grandes networks nacionales (NBC, CBS y ABC) conformadas por una emisora-cabecera unida a una amplia red de emisoras afiliadas. Estas últimas emiten entre 80 y 100 horas semanales de programación suministrada por la cabecera y completan sus emisiones con programación local. Por último no podemos dejar de hacer referencia a la Public Broadcasting System (PBS), una corporación de televisión no comercial, fundada en 1969, financiada a través del dinero público (Administraciones) y privado (fundaciones, particulares, etc.)
Volver al inicio

3.3 La televisión pública: fuentes de financiación públicas

La televisión pública, principalmente en Europa Occidental, se financia básicamente a través de cuatro vías:

  1. El pago de un impuesto directo por parte de los propietarios de televisores, denominado canon

  2. Las subvenciones públicas provenientes de los presupuestos del Estado

  3. Los ingresos publicitarios provenientes de la venta de espacios.

  4. La venta de programas en los mercados internacionales, cantidades significativas en el caso británico y testimonial en los otros países.

La financiación de las estaciones públicas a través del canon es la base del modelo europeo de televisión. Esta inyección de dinero da a las emisoras independencia respecto a la presión que los anunciantes puedan ejercer respecto de los contenidos, al tiempo que obliga a las emisoras a satisfacer, mediante la programación, las necesidades de todos los públicos sin tener en cuenta la “dictadura del rating”.

El canon es un impuesto que grava el hecho de poseer un televisor; habitualmente se paga con periodicidad anual tal como ocurre con otros tipos de impuestos conceptualmente similares como por ejemplo el de circulación automovilística.

Según el Informe anual de cumplimiento de la función de servicio público 2002, elaborado por el Grupo RTVE, durante el 2001 los italianos propietarios de un televisor debieron hacer frente a un pago directo anual, en concepto de canon, de 90,9 euros; dicho canon fue de 116,5 euros para los franceses; de 178,1 euros para los habitantes de Gran Bretaña; mientras que los alemanes debieron abonar unos 193,8 euros.

Así, durante el 2001, las emisoras públicas alemanas ARD y ZDF y la británica BBC se financiaron básicamente mediante el canon, el cual representó más del 80 por ciento de la financiación total; en las emisoras públicas francesas y la RAI italiana el canon alcanzó un 50 por ciento de la financiación.

Sin embargo, los ingresos que las televisiones públicas obtienen del canon se han estancado en las últimas décadas debido, en primer lugar, a la imposibilidad de mantener las ventas de televisores. Asimismo, han influido en su estancamiento las lógicas excepciones de pago decididas políticamente (pensionistas, parados, pobres, etc.), la evasión creciente de su abono y el hecho de que su incremento no ha alcanzado la subida del coste de la vida y la inflación concreta de la industria audiovisual.

El ingreso de dinero a través de la publicidad fue tardío, comenzó de forma reciente y tímidamente en los años 70, y controlado de manera severa por las distintas administraciones. Sólo en los años 80 y 90, con la llegada de la televisión comercial privada, la publicidad se convirtió en una fuente de ingresos primordial para muchas cadenas públicas.

Si analizamos el panorama actual de televisiones públicas en la Unión Europea encontramos que hay países que:

  1. Se financian básicamente a través de un canon televisivo: Gran Bretaña, Alemania y los Países Nórdicos.

  2. Tienen financiación mixta que comprende tanto los ingresos procedentes del canon como los originarios de la publicidad: Irlanda, Países Bajos y Austria;

  3. Reciben financiación pública, canon y publicidad: Francia, Italia y Bélgica;

  4. Reciben el mayor ingreso de la publicidad y marginalmente financiación pública (subvenciones ligadas a contratos programas): Portugal y EspañaVolver al inicio

3.4 La televisión privada: fuentes de financiación

La televisión como negocio incluye dos grandes apartados: por una parte la producción y compra-venta de programas y por otro, la venta de tiempo de difusión a anunciantes publicitarios. La televisión privada, basada en el modelo de funcionamiento de las estaciones de radio comerciales, ha tenido su cuna en los EEUU pero se ha extendido tempranamente hacia otras regiones como bien lo atestiguan los sistemas desarrollados en los países latinoamericanos.

Con respecto a la venta de programas, pocos países o productoras tienen capacidad de traspasar las fronteras nacionales. Por supuesto, es el caso de Estados Unidos y en menor medida de las emisoras privadas (o públicas) de Gran Bretaña; asimismo en algunos formatos Japón (dibujos animados), Brasil y otras naciones latinoamericanas (telenovelas) son significativos exportadores de programas. Más recientemente alguna productora como la holandesa Endemol han sabido vender sus programas incluso al muy autárquico mercado estadounidense (Gran Hermano, entre otros)

Sin embargo, hace ya algunos años que investigadores de los medios masivos de comunicación han argumentado que el verdadero negocio de las empresas de televisión es vender audiencias a los anunciantes publicitarios. Para ello los programadores de televisión deben ser competentes a la hora de captar la atención de hombres y mujeres, de ricos y pobres, de grandes y niños... Por su lado, los anunciantes han concebido a la televisión como un medio capaz de llegar a la intimidad del hogar de cada familia para ofertar sus marcas y productos.

De este esquema deriva la importancia suprema que ha ido cobrando la rentabilidad máxima de las audiencias a la hora de elaborar una parrilla de programación. El rating, nombre que recibe la unidad de medición de audiencia televisiva, es un indicador de referencia central para la definición de las tarifas publicitarias, al asignar un valor al número de personas que ven un determinado programa y, consecuentemente, son alcanzados por la publicidad inserta en éste. Así, en general, anunciar en los programas más vistos suele ser más caro, pues suponen para el anunciante una alta audiencia para sus avisos comerciales.

Sin embargo, la proliferación de cadenas de televisión con sus variadas ofertas temáticas hace cada día más discutible esta ecuación simple. Hoy es complicado reeditar históricos éxitos de audiencias y la diversidad de opciones audiovisuales da lugar a una cada vez mayor especialización a la hora de investigar los perfiles de las audiencias de las cadenas y de los programas. A la hora de publicitar ya no es tan decisivo el mayor rating sino también el perfil de los telespectadores (edades, sexo, nivel educativo, nivel económico, hobbies, etc) más adecuado para el producto a anunciar.

Por último, cabe señalar que si bien es cierto que los anunciantes y sus mensajes publicitarios inciden en los contenidos ofertados por las televisiones, también es verificable el fenómeno contrario: los efectos sobre nuevas formas de negocio que pueden llegar a incorporar determinados programas. Por ejemplo el programa estrella de la temporada televisiva española 2002, “Operación Triunfo” produjo espectaculares entradas de dinero a través de las llamadas por teléfono (fijos e inalámbricos) y los mensajes SMS utilizados por el público para elegir a sus candidatos, en total cerca de cinco millones de llamadas efectuadas al programa que equivalen a unos ingresos de 6 millones de euros aproximadamente.
Volver al inicio

3.5 La publicidad y el patrocionio en TV

El ingreso de dinero proveniente de la emisión de publicidad en la pequeña pantalla es el principal sostén de las televisiones comerciales y, hoy por hoy, de muchas televisiones públicas. La estructura básica de la actividad publicitaria televisiva nos indica la presencia de una serie de agentes que se relacionan entre sí, a saber:

  • Anunciantes: las grandes multinacionales junto a algunas grandes empresas nacionales son los principales anunciantes de este sector en las cadenas de cobertura nacional; pero encontramos anunciantes económicamente mucho más modestos en las ofertas publicitarias de las cadenas autonómicas o locales.

  • Agencias de publicidad: tienen a su cargo la creatividad de las campañas publicitarias y la inserción de éstas en los espacios ofertados por las emisoras.

  • Centrales de Medios: son las empresas mayoristas del mercado publicitario, compran minutos y segundos de emisión en gran cantidad para luego venderlos a diferentes anunciantes y agencias de publicidad.

  • Emisoras de televisión: elaboran el flujo de imágenes y sonidos que constituye la programación televisiva y definen los perfiles de los canales de televisión y sus audiencias.

El tipo de publicidad principal es el spot o anuncio, que es como se denomina a aquellas películas cortas -entre 10 y 90 segundos de duración aunque casi todos son de veinte- que se intercalan a lo largo de la programación del día.

Otra modalidad de publicidad importante es el patrocinio; es decir, la implicación de un anunciante en la oferta de un programa o segmento de programa determinado. Este tipo de publicidad, presente en la historia de la televisión comercial desde sus primeros días, puede ser “pasivo”, en caso de ser externo a la producción del programa (anuncios en los estadios en las retrasmisiones deportivas, caretas de avance, de entrada, intermedias o de salida) o “activo” con intervención en los contenidos mismos del programa.

La época dorada del patrocinio de programas terminó cuando una investigación del Congreso estadounidense comprobó, en 1957, la manipulación de los contenidos de un programa patrocinado. La película Quiz Show (El dilema), realizada por Robert Reford en 1994, muestra aquellos primeros pasos de la televisión y cómo el famoso ganador de un programa de preguntas y respuestas, patrocinado por la compañía Revlon, vio empañada su fama al descubrirse que el espacio estaba amañado y la empresa patrocinadora proporcionaban a los concursantes las preguntas por anticipado.

Además de spots y patrocinios, debemos señalar un conjunto de otras modalidades de publicidad que en la última década van ganando espacio en las pequeñas pantallas de las distintas regiones: sobreimpresiones, publirreportajes, trueque (bartering), emplazamiento de producto o televenta, entre otros. Asimismo, el desarrollo tecnológico del medio televisivo está dando lugar a nuevos formatos de publicidad (anuncios interactivos, t-commerce, quiz, banners, tv site) que se engloban bajo el rótulo “publicidad interactiva”, la cual busca la interacción del público intentando superar el concepto de mero receptor al que se ve resignado en la televisión analógica.

No obstante, en Media-Publicidad podrás ampliar todo lo referente al complejo e interesante mundo de la publicidad.
Volver al inicio

3.6 Desregulación

Las últimas décadas han sido de transformaciones estructurales en los modelos tradicionales de los sistemas de televisión. Una mayoría de analistas utiliza el término “desregulación”, aunque no siempre con el mismo significado, para referirse a estas transformaciones. En términos generales los cambios han implicado un cambio del rol histórico que los Estados nacionales habían tenido en relación con el funcionamiento del sector y un intento de potenciar la competencia entre empresas de televisión.

En los EEUU la “desregulación”, que se dio de forma relativamente ordenada a partir de la segunda mitad de los años 70, se orientó a permitir el desarrollo de la televisión por cable, la televisión de pago y la oferta fragmentada de señales (Bustamante, 1999). Por un lado, se eliminaron las restricciones que tenían las empresas de televisión por cable las cuales entraron a competir en el terreno de las networks que con ello comenzaron a perder audiencia. Por otro, se flexibilizó un conjunto de normas que ponían límites a la concentración de empresas en el sector: en los años 90 se autorizó a las productoras a entrar en el mercado de la difusión, se crearon nuevas networks y a las televisiones se les permitió aumentar la cuota de producción propia.

En Europa, mosaico de muy distintas tradiciones y estructuras, la “desregulación” ha adquirido diferentes formas según cada país. Hitos importantes fueron el que el Poder Judicial italiano autorizase la televisión privada a nivel local (1976) o que el Gobierno francés privatizara la primera cadena pública, la de más audiencia, en 1981. Finalmente en todos los países acabaron por desmantelarse los monopolios públicos de televisión.

En términos generales podemos afirmar que la “desregulación” en Europa trajo aparejado:

  • El incentivo a la televisión comercial privada

  • La desestabilización de la televisión pública

  • La competencia comercial entre televisiones (públicas y/o privadas)

  • La flexibilización de la regulación de la publicidad en televisión

Asimismo, la “desregulación” europea impulsó la implantación de un nuevo modelo de televisión (de pago) y la presencia cuasi monopólica del sector privado en los nuevos dispositivos de emisión de señales (cable y satélite).

La ausencia de una concepción de servicio público y el financiamiento publicitario de la televisión estatal hicieron que la de España fuese una “desregulación” peculiar que tuvo grandes diferencias con el entorno europeo. El monopolio estatal público comenzó a desquebrajarse con el surgimiento de los canales autonómicos (1982-88) y la obligatoriedad de financiar RTVE exclusivamente con publicidad (1983), y se completó finalmente con la irrupción de los canales privados (1989-90) y la promulgación de las leyes de Televisión por satélite (1992), de Televisión por cable (1995) y de Televisión digital (1997).

En consecuencia, los modelos americano y europeo han acabado curiosamente por coincidir (Contreras/Palacio, 2001).
Volver al inicio

3.7 Televisión de pago

Un nuevo modelo de televisión se generalizó en los años 80 en varias regiones del mundo: la televisión de pago. En términos generales podríamos afirmar que la televisión de pago es un servicio de televisión, suministrado vía herciana (satélite o terrestre) o por cable, que ofrece la posibilidad de acceder a una o más programaciones específicas a cambio del pago regular, generalmente mensual, de un abono.

Técnicamente el funcionamiento de la televisión de pago es simple: la estación de televisión emite una señal codificada que un aparato en poder del abonado (el decodificador) decodifica y restituye para su visión en el televisor. El decodificador se convierte en la pieza fundamental en los servicios de televisión de pago ya que a través de éste se accede a la programación. El decodificador es puesto a disposición del abonado (normalmente a cambio de un depósito) en el momento del inicio del abono; con frecuencia las disputas económicas entre los agentes de la televisión de pago se centran en la manera de proveer ese aparato.

En cuanto a los contenidos, las empresas que gestionan televisiones de pago presentan una oferta heterogénea compuesta por programas o productos de contenidos temáticos, monográfico o especializado (canales de deportes, de películas, de información, de geografía, de medicina, de historia, etc.) para públicos específicos.

Los inicios de la televisión de pago se remontan a comienzos de los años 70 cuando en EEUU el grupo editorial Time concibe la exitosa Home Box Office (HBO). Esta iniciativa fue emulada por Warner Communication y Viacom al crear The Movie Channel (1975) y Show-time (1976), respectivamente. El estadounidense es un mercado de canales de pago altamente competitivo.

Mientras, la televisión de pago llegó a Europa en la década de los 80 con la aparición en Francia de Canal +, sociedad que comenzó sus emisiones en noviembre de 1984 situándose, desde el punto de vista de sus contenidos, a medio camino entre un canal temático y uno generalista.

A principios del siglo XXI la televisión de pago por abono se presenta como la modalidad dominante. Sin embargo, desde principios de los años 80 se encuentra en expansión el pago por consumo o pago por visión (ppv, pay per view en su denominación en inglés) en la que el espectador paga únicamente el programa que ve: una película, un partido de fútbol o un combate de boxeo, por ejemplo). En el mercado estadounidense. Viewer’s Choice y Request Television son las dos principales cadenas de pago por visión asociadas a la televisión por cable.

Hoy en día la mayoría de las televisiones de pago adopta la fórmula “producto combinado”: las empresas además de ofertar señales de televisión (canales generalistas y temáticos, algunos de éstos últimos de producción propia) ofrecen productos y servicios de telecomunicaciones, como el acceso a Internet o la telefonía básica.
Volver al inicio

3.8 La fascinación de los grandes eventos

Muy de vez en cuando el flujo continuo y planificado de imágenes emitidas que es la programación televisiva se ve alterado por un acontecimiento de carácter excepcional. Es entonces cuando la Televisión es atravesada por momentos llenos de emoción colectiva que aumentan la cohesión social de una comunidad. A estos acontecimientos los investigadores Daniel Dayan y Elihu Katz los denominaron con un calificativo que ha prendido en muchos lugares: Media Events (ME), eventos mediáticos que tienen la base de su sentido social y colectivo precisamente en su emisión televisiva.

Los ME son acontecimientos de relevancia nacional o internacional, en ocasiones planificados y anunciados con antelación a los potenciales televidentes, que congregan frente al televisor a vastos sectores sociales más allá de diferencias de sexo, edad o clase. Se trata de acontecimientos únicos, retransmitidos en directo, que tienen lugar obviamente fuera de los estudios de televisión.

Otra de las características de muchos de éstos acontecimientos (calificados por el propio medio de) históricos es que tienden a monopolizar las ondas hertzianas, puesto que varias (o incluso) todas las cadenas los retransmiten simultáneamente.

Daniel Dayan y Elihu Katz (1995) han establecido la siguiente tipología básica para ordenar los ME a partir de su contenido:

  • Competición: retransmisiones de grandes acontecimientos deportivos de carácter nacional o internacional (por ejemplo, los Juegos Olímpicos, los Mundiales de Fútbol o las finales de las ligas de campeones), o de los enfrentamientos políticos de primer orden como el debate entre el entonces presidente de gobierno Felipe González y el líder de la oposición José María Aznar de 1993.

  • Conquista: retransmiten la actuación de los líderes en sus misiones históricas; por ejemplo, la añorada llegada del hombre a la Luna, en 1969, o la visita del Papa Juan Pablo II a la Cuba socialista, en 1998.

  • Coronación: implica la retransmisión de los ritos de “los grandes” (por ejemplo, los funerales celebrados con motivo del asesinato del presidente estadounidense John F. Kennedy, en 1963; la boda real británica celebrada entre el príncipe Carlos de Inglaterra y la malograda princesa Diana, en 1981 o la boda de la infanta Cristina Borbón en Sevilla).

Otros grandes acontecimientos no suelen dar preaviso. Irrumpen con la fuerza de lo imprevisible. Es el momento en que un austero presentador suele reclamar la atención y la inquietud de los televidentes con la clásica frase “Interrumpimos este programa para...”

Ejemplos de este tipo de acontecimientos históricos, fuera de cualquier guión y que tienen a la televisión como testigo privilegiado, podrían ser la noticia del fallido golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 (puedes oír la retransmisión radiofónica en la galería de audio de media-Radio) que culminó en la madrugada del 24 cuando el rey Juan Carlos se dirigió al país a través de TVE condenando el levantamiento militar. Más cerca en el tiempo y de carácter mundial podemos señalar la retransmisión, en gran parte en directo, del ataque contra las Torres Gemelas en Nueva York el pasado 11 de septiembre de 2001.
Volver al inicio

3.9 Ver y leer la televisión: apocalípticos

La implantación de la televisión como medio de información y entretenimiento hegemónico a lo largo del pasado siglo XX trajo aparejados una serie de debates en torno a los usos y los efectos de la televisión. A riesgo de pecar de cierto reduccionismo y sólo a fines explicativos, vamos a utilizar una célebre clasificación debida al investigador italiano Umberto Eco que dividía los análisis sobre el ejercicio de ver y leer la televisión en dos grandes grupos: aquellos que critican el funcionamiento de la Televisión denominados “apocalípticos”, y aquellos otros que observan a la cultura de masas, en general, y a la Televisión, en particular, como un elemento democratizador y positivo, los llamados “integrados”.

Las discusiones entre “apocalípticos” e “integrados” lleva produciéndose varias décadas. Se trata de un debate histórico que se actualiza permanentemente a partir nuevas constataciones relacionadas con el consumo televisivo o con la aparición de nuevos formatos de programación (por ejemplo, el programa Gran Hermano en sus diferentes versiones nacionales).

Los apocalípticos afirman que la televisión es un medio que favorece la manipulación, la alienación, y da lugar a la imitación casi simiesca. Desde los contenidos emitidos por televisión, critican la violencia, sexo, lenguaje soez, reproducción de estereotipos negativos de clase, raza y sexo con frecuencia habituales en las parrillas de la pequeña pantalla.

Las críticas apocalípticas provienen de intelectuales de procedencia muy diversa tales como educadores; sociólogos; filósofos, artistas, asociaciones de consumidores y amas de casa; sindicatos; ONG’s; congregaciones religiosas; etc.

En el campo de este tipo de pensamiento uno de los últimos conceptos acuñados es el de “telebasura” utilizado por críticos de muy diversa procedencia para denunciar el amarillismo y el sensacionalismo con que se tiñe la pantalla nuestra de cada día. En España la Asociación de Usuarios de la Comunicación; los sindicatos Unión General de Trabajadores y Comisiones Obreras; la Confederación Española de Madres y Padres de Alumnos; la Unión de Consumidores de España y la Confederación de Asociaciones de Vecinos de España han elaborado un Manifiesto contra la telebasura.

Debates candentes tiene la relación de la infancia con la pequeña pantalla. Mucho se ha escrito sobre la influencia negativa de la televisión en la formación de los pequeños y muchos informes vincularon la delincuencia y el vandalismo presentes en nuestras sociedades con las imágenes televisadas. La resolución de conflictos apelando a la violencia, el incentivo al consumo desde los programas infantiles o el inculcar en los menores estereotipos sexistas son con frecuencia materia de condena por parte de educadores, padres y legisladores.

Tales preocupaciones han propiciado en EEUU, por ejemplo, el ensayo de una solución tecnológica: el V-Chip. Como reza el folleto de FCC, el V-Chip es un dispositivo tecnológico que se instala en los televisores para ayudar a los padres a bloquear los programas que consideren inadecuados para sus hijos, sobre la base de la clasificación por edades y las categorías del contenido, tales como sexo, violencia, lenguaje para adultos o diálogo insinuante.
Volver al inicio

3.10 Ver y leer la televisión: integrados

Numerosos profesionales del medio, junto a periodistas e intelectuales, constituyen el núcleo de los integrados y juntos unen sus voces y recursos para señalar que la televisión es un fantástico medio de comunicación que, lejos de cualquier elitismo pasado o presente, forma parte del sistema nervioso de las sociedades contemporáneas.

En la defensa del medio televisivo y de los contenidos que éste transmite subyace una defensa de los gustos masivos y populares, puesto que la cultura de masas de nuestros días es la cultura genuina de la sociedad. En este sentido, la televisión es “una ventana al mundo” y un formidable instrumento de socialización que sirve de elemento de cohesión social y de satisfacción personal al poner al alcance de cualquiera entretenimiento, información y cultura.

El investigador español Raúl Rodríguez Ferrándiz (2001) explica que las defensas de la televisión pasan en resumidas cuentas por:

  • Proclamar los efectos benéficos del consumo televisivo

  • Audiencia astuta y activa capaz de reapropiarse y de manipular los mensajes que la televisión pone a su alcance.

En suma, que la televisión elabora los verdaderos discursos pedagógicos que circulan hegemónicamente por la nación: el medio nos tiene al corriente de las amenazas que nos rodean, nos informa sobre el cáncer, el alcoholismo, las enfermedades de transmisión sexual, nos advierte de las precauciones que debemos tomar en las carreteras, en las playas. La Televisión promueve un individualismo narcisista pero tolerante, de principios fluctuantes y moralidad esencialmente abierta; por ejemplo en la representación social e ideológica de los valores ‘políticamente correctos’ que trasmiten las series de ficción.

De esta manera, los medios, entre ellos evidentemente la televisión, han conseguido completar en un ciclo temporal más corto los valores pedagógicos y de socialización que emanan a medio plazo de otras instancias de socialización y de transmisión del saber, como la familia o la escuela.

Los integrados consideran que la Televisión es uno de los mecanismos básicos de socialización y una de las principales fuentes de información de los niños. Además, señalan numerosos investigadores, la influencia de la televisión en la conducta del niño depende en gran medida del entorno familiar y social en que se desarrolla el pequeño televidente.

En otro orden, se señala que la televisión y la “irrefutabilidad” de sus imágenes enseña a considerar la política y la información como bienes consumibles. Lejos de denunciar la función mediadora de la televisión y la construcción de la realidad de cada día, sus defensores apelan la objetividad de las crónicas y reportajes televisivos, el clásico “Así sucedió, así se lo contamos”.

Por último, señalemos una corriente de pensamiento que en los últimos años viene revalorizando la figura del televidente activo, es decir, un televidente capaz de analizar críticamente los productos audiovisuales ofertados y de dar a los mismos significados funcionales para sus necesidades

________________________

Recopilado
de:
Fuente: recursos.cnice.mec.es/media/index.html

 

   
Búsqueda personalizada
   

 

Principal ] Arriba ] Historia de la Tv en España ] [ La Economía en la TV ] Tecnología en la TV ] El Lenguaje en la TV ] Programación de la TV ] Información y Cultura en la TV ] Los Géneros en la TV ] Los Deportes en la TV ] Educación y TV ]