El cine y la sociedad

 

 

 

Sigue abajo los demás apartados relacionados a la Historia del Cine

 

6   Introducción


La creación impulsada por la industria cinematográfica no alcanzaría el eco social que tiene -tanto en su dimensión nacional como internacional- de no ser por el diseño y la aplicación de una estrategia adecuada en la promoción y publicidad del producto que vende. Como espectáculo de masas debe contemplar con rigor la exigencia de ese público receptor, aprovechando los mitos surgidos en su propio seno y los soportes que realzan esos nombres que ejercen un poder de seducción indiscutible en la dinámica del mercado; no se olvida en este sentido todo el trasfondo propagandístico y el ejercicio censor impulsado en diversas épocas en todos los países. El negocio cinematográfico consigue casi todos los objetivos apoyándose en los medios especializados, en cuyos espacios se recoge la incesante actividad en torno a los festivales nacionales e internacionales y los premios que se conceden en las categorías más diversas. Así pues, los vínculos existentes entre el cine y la sociedad son muy estrechos y constantes a lo largo de su historia .

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6.1 Consideraciones generales

La sociedad de cada época se ha visto alterada a lo largo de los siglos por las novedades tecnológicas que se producen en su entorno. No se puede olvidar lo que supone la imprenta, el periódico, la fotografía, el teléfono, el fonógrafo, la radio, la televisión, el magnetófono, el telégrafo, el vídeo, Internet, el ordenador personal, el disco compacto y, por supuesto, el cine. Todos estos inventos revolucionan la comunicación entre los hombres, transformando la relación entre los pueblos y traspasando las fronteras de los países de una manera sorprendente.

Nada tienen que ver los primeros recursos tipográficos de Gutenberg con los periódicos digitales de principios del siglo XXI. Tampoco se puede establecer algún tipo de comparación entre los primeros mensajes del primitivo teléfono con la oferta que un ciudadano tiene en su mano con los últimos modelos de teléfono móvil. Ni es posible definir el progreso habido de las primeras señales enviadas a través del telégrafo y la comunicación por Internet.

La sociedad está marcada, ineludiblemente, por todos los inventos que, especialmente desde el siglo XIX, han introducido una serie de mejoras en el mundo de la comunicación, entendiendo que enriquecen contenidos informativos, de formación y de entretenimiento como sus ejes fundamentales.

El cine marca una impronta en lo que a espectáculos populares se refiere. Influye en la vida de la sociedad con el paso de los años, y se convierte en un espectáculo de masas que trasciende el espacio de la sala de proyección para adentrarse en la esfera de lo personal, en lo que se refiere a identificación con los héroes y mitos emanados de la ficción cinematográfica.

Cine y sociedad están unidos por un invisible cordón umbilical a través del cual se produce un feed-back, una retroalimentación comunicativa que da forma a actitudes de convivencia y reclama una postura participativa, aunque sólo sea para consolidar fórmulas de entretenimiento que se justifican en las horas de ocio que todas las personas intentan concederse al cabo de los días.

El ciudadano que forma parte de una sociedad determinada es el eje de una serie de acciones que los productores de contenidos de consumo (películas, libros, discos, etc.) diseñan para atraerlo por medio de referentes icónicos que logran convertirse modelos mediáticos, paradigmas que impregnan la vida cotidiana con mensajes que transforman el modo de vida de miles de personas que buscan ídolos, mitos que iluminen efímeros senderos.

El cine se presenta como un medio de entretenimiento sostenido por una estructura industrial muy eficaz que propone, de vez en cuando, modelos artísticos para el deleite de un público más alejado de los convencionalismos narrativos. Como espectáculo se ha sumido en el diseño de soportes sugerentes que tienen tanto de publicidad como de propaganda, utilizando todos los recursos posibles para evitar la injerencia de colectivos que afrontan como necesidad modelar los espíritus dentro de una moral acorde con los tiempos.

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6.2 Espectáculo de masas

Cuando se habla de espectáculo de masas se tiene una idea precisa de qué se quiere decir con ello: cuando un numeroso grupo de personas asiste, al mismo tiempo, a lo que acontece en un determinado recinto. Así se debe contemplar una carrera hípica, una competición deportiva, los números musicales y escénicos —variedades, que se ofrecen en los espacios habilitados para ellos; se habla, pues, de espectáculos deportivos, artísticos, culturales, etc.   Los medios de comunicación han sido considerados desde siempre como "medios de masas" por dirigirse a un público —radioyente, telespectador, lector de periódicos y espectador de cine- que, desde su casa o en una sala de cine, sigue una programación determinada o asisten a una proyección constituyéndose como público que, en el discurrir de los años, ha devenido en una nueva figura -denominada "audiencia"- bajo la que se mueven todos los patrones de gestión y programación que generan los recursos económicos necesarios para mantener viva una emisora de radio, un canal de televisión, un diario o revista y una sala de cine (Puedes ver detalles de cada sector en las diferentes secciones de MEDIA: Prensa, Publicidad, Radio, Televisión y Cine).

El cine es un medio de entretenimiento, en la misma línea que la televisión, con los matices propios que cada uno requiere al tratarse de obra única o de programa que tiene una emisión diaria. El cine se fue definiendo como espectáculo de masas desde las primeras proyecciones de los hermanos Lumière. El público se sorprendió con el tren que parecía quería salirse de la pantalla. La reacción del grupo de personas fue de tal envergadura que pasado el tiempo el espectador de cine fue viviendo en cada época situaciones más o menos similares que hablaban de la grandiosidad de una puesta en escena o de la magnífica interpretación de unos actores que dejaron un sello de indiscutible calidad.

El cine italiano de los años diez comenzó a mostrar la importancia del cine espectáculo a la hora de atraer masivamente al público a las salas (Quo Vadis?, 1912, de Enrico Guazzoni; Cabiria, 1914, de Giovanni Pastrone). Los estadounidenses supieron aprovechar esta influencia; gracias a la proyección internacional de su cine consiguieron que películas como El nacimiento de una nación (The birth of a nation, 1915), de David W. Griffith, dejaran boquiabiertos a los espectadores tras su estreno: por cómo estaba contada la historia, por su duración y por la música que acompañó la proyección, entre otras razones. En cierta medida, fue similar la reacción del público soviético cuando vio diez años después El acorazado Potemkin (Bronenosez Potemkin, 1925), de Serguei M. Eisenstein, un filme de gran calidad artística y, también, de gran carga ideológica para los tiempos que vivía el país.

No obstante, con la implantación del sonido el espectáculo audiovisual lo definieron películas como Lo que el viento se llevó (Gone with the wind, 1939), de Victor Fleming, Ben Hur (1959), de William Wyler, Cleopatra (1963), de Joseph L. Mankiewicz, La guerra de las galaxias (Star wars, 1977), de George Lucas, Titanic (1997), de James Cameron, El señor de los anillos: La comunidad del anillo (The lord of the rings: the fellowship of the ring, 2001), de Peter Jackson, Minority report (2002), de Steven Spielberg, o Harry Potter y la cámara secreta (2002), de Chris Columbus, por citar algunas. Precisamente Ben Hur y Titanic han sido las dos películas que más Oscar han obtenido, once cada una, en la Historia de los premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood.

El cine como medio permite crear espacios de ficción en los que el espectador se ve inmerso y logra disfrutar con lo que acontece delante de sus ojos, en una pantalla de grandes dimensiones y con un soporte sonoro que le hace vibrar con todo lo que pasa en la sala. Es así como espectáculo de masas alcanza las dimensiones apropiadas: cuando las salas se convirtieron en grandes coliseos, cuando del cine mudo se pasa al sonoro, cuando la pantalla convencional evoluciona a sistemas de proyección como el Cinerama, CinemaScope o IMAX, de color como el Technicolor, y de sonido como el Dolby, el THX o el SDDS, entre otros muchos; o cuando la tecnología informática se aplica generando nuevas realidades que parecen predecir el futuro. Ese es el espectáculo que puede ofrecer el cine y hacia muchas de estas películas va el espectador en busca de entretenimiento.Volver al inicio

 

6.3 El cine como industria

Con más de un siglo de existencia, resulta difícil hablar de películas sin entender que, detrás de todos los cientos de miles de títulos, existe una industria muy activa que es la que pone en marcha los mecanismos necesarios para que una idea concluya en una obra que tendrá una difusión en los espacios que le son propios.

La estructura que sostiene esta industria, que abordamos más extensamente en diferentes bloques de Media-Cine, cuenta con tres pilares fundamentales: la producción, la distribución y la exhibición. El primer pilar no sólo reúne a todo un conjunto de empresas y personas físicas que son los que ponen en marcha —buscando su financiación- un proyecto, sino que además disponen de un amplio repertorio de empresas, denominadas auxiliares, que son las que hacen posible que ese proyecto pueda ser realizado; se debe contemplar en este sentido a las firmas encargadas de suministrar el vestuario, el atrezzo y mobiliario, los equipos eléctricos, de cámaras, etc. Además este sector cuenta con empresas de servicios de publicidad y marketing de cara a la promoción de sus rodajes y estrenos. Estas empresas también colaboran con otros sectores.

La distribución, por su parte, no sólo se encarga de hacer circular las películas por el máximo de salas posibles, sino que también debe asumir tareas de promoción y publicidad de los títulos que tiene en cada temporada. Estas empresas, las principales, dependientes de la casa matriz estadounidense —se refiere a las multinacionales- se ajustan a los patrones que les vienen dados, adaptándolos al país en el que se mueven. Se suele constituir otra empresa similar para encargarse exclusivamente de las películas que sacan al mercado en vídeo o DVD, tanto en fórmula de alquiler como de venta directa.

La exhibición es el último eslabón de la industria, aunque es considera el primer mercado. Es el sector quizás más fuerte de la industria cinematográfica por cuanto puede decidir —y decide- qué tipo de película se estrena, cuándo y dónde. La tendencia del sector ha sido con el paso de los años la concentración de salas, por entender que en esa concentración favorecería un control más acorde del mercado.

A finales del siglo XX el cine como industria ha ampliado sus fronteras al integrarse en un mercado mucho más amplio, el audiovisual, en el que se integran, especialmente, todos los servicios de televisión que, según los países, pueden reunir a las grandes cadenas, los canales independientes, la televisión por cable y por satélite, etc. No se habla exclusivamente de ventanas de comercialización, sino también de canales de producción, pues desde que la televisión comenzó a necesitar contenidos para cubrir sus programaciones, el sector cinematográfico inició la producción de películas y series específicas para la pequeña pantalla, incrementando su trabajo.Volver al inicio

 

6.4 El cine como arte

Los pioneros de la industria y la creación cinematográfica jamás pensaron a finales del siglo XIX que lo que ellos hacían podía llegar a ser considerado un arte. La verdad es que la envergadura de lo que se hacía en el mundo del cine muy pronto comenzó a ofrecer obras que, sin ningún tipo de dudas, iban más allá de lo que generalmente se podía considerar como producto de consumo.

Es el teórico italiano, Riccioto Canudo, una persona que se mueve en el mundo del periodismo y la literatura, el que reconoce en unos de sus textos de 1911 que el cine debe ser considerado como "Séptimo arte". Este rasgo amplía notablemente la perspectiva de acercamiento a las películas que se producen en todo el mundo. Ya no se trata sólo de productos para un consumo masivo, sino que el espectador debe asumir que además de pasar un rato agradable y de mero entretenimiento en la sala de cine, también se va a encontrar con otras obras que merecen una contemplación más apasionada que, por su interés y calidad artística, va a derivar, inevitablemente, en una reflexión sobre lo contemplado.

No se puede decir que la consideración de "Séptimo arte" suponga un aval para todo lo que se exhibe en las pantallas del mundo. Las cualidades artísticas de una obra van emergiendo en cuanto los directores apuestan por trabajos más cuidados desde el punto de vista de la iluminación, la interpretación, el montaje, la dirección o la puesta en escena en general. En su revalorización intervienen todos los apasionados que se reúnen en torno a asociaciones que buscan desde su fundación disfrutar del valor artístico de la película.

Desde que Louis Delluc -escritor, periodista, crítico y director francés- impulsa los primeros encuentros cinematográficos en espacios que denomina "cine-clubs", se abre una nueva vía de contemplación para lo que está haciendo la industria y que tiene que ver con aquellos que piensan en el cine como vehículo cultural. Las primeras revistas de análisis, las reflexiones en torno al mundo del cine van un poco más allá de los textos históricos y atienden especialmente a los contenidos visuales, el lenguaje y las aportaciones artísticas implícitas en la narración que se contempla.

El valor que tienen las películas alcanza una mayor dimensión cuando a partir de 1920 en Europa se viven las vanguardias con mayor apasionamiento y se producen algunas de los títulos más emblemáticos del cine expresionista, por mencionar sólo dos caminos. Todos los escritores que continuaron la línea de Delluc, entre otros, van consolidando un terreno que se ramificará con los años en posturas tan diversas que permitirán abordar el cine, sus películas, desde planteamientos que darán visiones enriquecedoras y sorprendentes.

Son numerosas las películas que entran en la denominación de "obra artística". A lo largo de la Historia han sido numerosas las listas con las consideradas "mejores películas". Cabe decir que entre otros mucho títulos se encuentran obras como El acorazado Potemkin (Bronenosez Potemkin, 1925), de Sergei M. Eisenstein, Ciudadano Kane (Citizen Kane, 1941), de Orson Welles, Centauros del desierto (The searchers, 1956), de John Ford, 2001: una odisea del espacio (2001: a space odyssey, 1968), de Stanley Kubrick, El padrino (The godfather, 1974), de Francis Ford Coppola, y Fanny y Alexander (1982), de Ingmar Bergman. Es evidente que, salvo casos excepcionales, las películas más artísticas se encuentran en épocas en las que el espectador acudió a la sala buscando la emoción e intensidad que proporciona el relato bien elaborado, algo que ofrecía la industria con más continuidad frente a lo que proporcionó a partir de mediados de los años setenta.

El arte cinematográfico es palpable en la obra de numerosos directores que con los años alimentaron el interés de muchos espectadores que, a su vez, mostraron su fidelidad por el trabajo bien hecho. No obstante, cabe también decir que el espectador ha mostrado con los años su inclinación mayoritaria por las historias desapasionadas, por el puro entretenimiento. Quizá la recepción cinematográfica se ha visto marcada en el tiempo por los argumentos culturales que consolidaron las diversas generaciones, siendo éstas definitorias a la hora de marcar pautas de comportamiento en la industria del cine mundial.Volver al inicio

 

6.5 La censura

Siempre se entiende como censura el acto de prohibir algo, desde la corrección o la reprobación. La censura cinematográfica siempre tuvo que ver con la acción gubernamental de cara a preservar la conducta moral del ciudadano o a garantizar la preponderancia de su discurso ideológico como único e incontestable. Pero también se definió, en sus orígenes, por la acción directa de grupos de presión social como los colectivos de amas de casa, grupos religiosos y personas que, a título individual, pretendían desde atajar los males que arrastra Hollywood desde sus primeros años hasta impedir la exhibición de títulos que corrompen a la sociedad de cada época. Sin embargo, lo que muchos ciudadanos desconocen es que también hay otro tipo de censura que es la que aplican cada uno de los sectores que intervienen en el negocio del cine: productores, distribuidores y exhibidores. Y, por último, la autocensura, que es la que ejerce el propio autor sobre la obra que elabora.

Cuando se estrena una película el espectador desconoce las fases por las que ha tenido que pasar para conseguir un hueco en la programación de dicha sala. Esas penurias afectan más a una películas que a otras y también son más palpables en unos países que en otros. Se censura tanto lo que se dice como lo que se ve. El visionado previo de películas que se realiza en muchos países por parte de una comisión da lugar a toda una serie de interpretaciones subjetivas que para nada se corresponden con el criterio mayoritario del espectador.

En la mayoría de los países existen mecanismos de control que ejemplifican modelos de represión. En muchos países europeos el Estado presiona a través de comisiones y juntas en las que todos los estamentos políticos y sociales están representados y que actúan sobre presupuestos —subvenciones, créditos, etc.-, guiones e imágenes —planos, escenas, etc-, además de los premios a posteriori que se puedan conseguir. La industria por su parte es impulsora de diversas iniciativas que destacan su capacidad interventora. Tanta fuerza muestran los productores hacia los directores, que los enfrentamientos son numerosos y las consecuencias se proyectan sobre la distribución y exhibición de su trabajo. Hasta finales del siglo XX el director se ve obligado a ofrecer un montaje que no es el que esperaba hacer, lo que provoca que años después se comercialicen las películas que ellos siempre desearon: el montaje del director.

Uno de los capítulos notables sobre la censura hollywoodiense tiene que ver con los contenidos. Sobre éstos ejerce una gran influencia la Iglesia católica, con un primer paso importante en el código elaborado en 1930 por el sacerdote estadounidense Daniel Lord, que la industria asume pronto como propio a través del denominado Código Hays, por ser Will Hays el presidente de la asociación de productores y distribuidores norteamericanos. El texto de Lord hace hincapié en que hay que prohibir todo lo que tenga que ver con el sexo y la violencia, en aras de que se fortalezcan con ello los vínculos familiares y el respeto e integridad de las instituciones. Estas imposiciones son adoptadas en todo el mundo de diversa manera, atendiendo a una tabla calificadora que los espectadores también deben seguir con rigor al tiempo que el control queda en manos de los empresarios de salas. A finales de los años cincuenta la industria cinematográfica comienza a abordar temas sin ningún tipo de cortapisas atendiendo a la libertad de expresión y dejando que, si el caso lo exige, los problemas sean abordados por la justicia ordinaria.Volver al inicio

 

6.6 Cine y propaganda ideológica

El cine se convierte muy pronto en el mejor vehículo propagandístico que puedan tener los países. Si bien se trata de una industria que mira eminentemente al ocio del ciudadano mundial, cuando surgen enfrentamientos y conflictos internacionales los países implicados estudian cómo utilizar el medio para no sólo difundir sus ideas en su propio país sino, también, cómo hacerlo de cara al exterior. Al hablar de propaganda cabe referirse a momentos de singular trascendencia que se ajustan a periodos conflictivos: desde la Primera Guerra Mundial o la revolución soviética de 1917 hasta la caída del muro de Berlín y los conflictos de finales del siglo XX.

La Primera Guerra Mundial es la prueba de fuego para entender la efectividad propagandística del cine. Historias de todo tipo se impresionan durante y tras la guerra con desigual acierto a la hora de destacar el pacifismo de un país o la necesidad de combatir al enemigo. Son visiones ejemplares Sin novedad en el frente (All quiet on the western front, 1930), de Lewis Milestone, o Senderos de gloria (Paths of glory, 1957), de Stanley Kubrick. Sergei M. Eisenstein se convierte en el referente visual de la revolución soviética montando películas como La huelga (Stacka, 1924), El acorazado Potemkin (Bronenosez Potemkin, 1925) y Octubre (Oktiabr, 1927), revisando algunos de los momentos vividos por el vasto país desde los primeros años del siglo XX.

Un jalón significativo en este itinerario ideológico lo constituye el fascismo con recordadas propuestas italianas como La vieja guardia (La vecchia guardia, 1934), de Alessandro Blasetti, o Escipión el Africano (Scipione l’Africano, 1937), de Carmine Gallone, y el cine nazi, especialmente el ejemplar trabajo documental de Leni Riefenstahl El triunfo de la voluntad (Triumph des Willens, 1934). A finales de los años treinta, la Guerra Civil española genera algunas producciones al margen de todas las imágenes que se filman en el frente y la retaguardia por ambos bandos.

La Segunda Guerra Mundial permite aprovechar al máximo los recursos que tiene la industria del cine con el fin de producir documentales y películas de ficción que encadenen la campaña propagandística necesaria para alentar a las tropas y a los países inmersos en el conflicto. Europa se convierte en un dramático plató cinematográfico en el que se experimentan todas las fórmulas posibles para captar imágenes y elaborar mensajes que justifiquen el desgarro que se está produciendo. Tanto durante, como una vez finalizado el conflicto bélico, se hace necesaria una reflexión sobre todo lo realizado. Si resulta extraordinariamente emotivo el documental The Battle of Midway (1942, de John Ford, también son impactantes la película británica Sangre, sudor y lágrimas (In which we serve, 1942), de David Lean y Noel Coward, o las estadounidenses También somos seres humanos (Story of G.I. Joe, 1945), de William A. Wellman, y Los mejores años de nuestra vida (The best years of our lives, 1946), de William Wyler.

La tensión generada entre las dos grandes potencias (Estados Unidos y la Unión Soviética) da pie a que el mundo se sumerja en la denominada guerra fría, un marco de conflicto subterráneo que se aprecia en las relaciones internacionales y en la actuación de los organismos que tiene que dirimir sobre cuestiones que afectan a los países del Este y occidentales.

En este sentido, la producción cinematográfica de ficción estadounidense sirve de plataforma para seguir hablando del peligro comunista, y se ayuda en su objetivo no sólo del cine de terror, sino también de la ciencia-ficción, el cine bélico y hasta el western, géneros que le permiten propagar un paranoico estado de alerta permanente que sirve, al mismo tiempo, como marco idóneo para difundir el estilo de vida americano —el american way of life- como antesala de la telaraña colonizadora que extiende —ya con la ayuda de la televisión- por todo el mundo, al tiempo que sigue librando numerosos conflictos en Corea, Vietnam, el Golfo, Irán...

La propaganda ideológica está implícita en buena parte de los contenidos audiovisuales que se han producido y se producen en el mundo. No se puede entender la información y la comunicación desde los inicios del siglo XX sin esas dosis de propaganda inevitable.Volver al inicio

 

6.7 La mercadotecnia

Cuando la maquinaria de la industria cinematográfica comienza a funcionar a un ritmo constante en los primeros años del siglo XX, los productores se dan cuenta de la importancia que tiene no sólo la película como producto sino, también, todos los profesionales que intervienen en su realización; especialmente los actores, vínculo indiscutible con el espectador tanto nacional como internacional, y garantía inicial del éxito de una película.

No obstante, en los primeros años sólo se piensa en producir películas y difundirlas a través de unas hojas o folletos informativos que canalizan con gran efectividad los distribuidores en todo el mundo. En esos impresos se contempla la información básica sobre la película, a la que se escatiman todavía detalles sobre el director y los actores, centrándose mucho más en el argumento.

A partir de 1910 se puede comprobar cómo la publicidad se convierte en una herramienta fundamental en la comercialización de la película, pasando las productoras con los años a crear departamentos específicos con gran autoridad que evolucionan hacia los nuevos métodos surgidos en el mundo de la comunicación, que originan algunos cambios y demandan el diseño de estrategias más acordes con los tiempos que se viven.

Es así como destaca la inmediatez que se aprecia en la información cinematográfica a lo largo del periodo mudo: carteles, programas de mano, fotocromos que se instalan en las carteleras que se sitúan en la entrada del cine y en el hall, etc., son soportes fotográficos y creativos que intentan atraer al máximo la atención del posible espectador. Es más, en cuanto los actores se convierten en reclamos se aprovecha al máximo su imagen para lanzar productos comerciales en otros sectores: cigarrillos, cerillas, postales, cajas de chocolate, caramelos... alimentando el que surjan los primeros clubs de fans, para los que rápidamente se editan publicaciones específicas (revistas, álbumes de cromos, etc.). Pero además de estas iniciativas, el productor comienza a diseñar y editar una serie de revistas de carácter semanal o mensual, con el fin de cuidar su relación con los exhibidores. En estas publicaciones, que aparecen en los primeros años del siglo XX, buscan convencer al empresario de sala de las ventajas de contratar sus películas. En cualquier caso, las publicaciones que se venden en quioscos abordan la fidelización del lector a partir de la inclusión en sus números de valores añadidos como pegatinas, chapas, ciertos concursos y todo tipo de recuerdos que abocan a un coleccionismo que con los años se extendió por todo el mundo.

Esta oferta de contenidos supone un primer merchandising, que a partir de los años treinta se planifica desde los departamentos de publicidad correspondientes, con el fin de explotar al máximo todo lo que podía realizarse en torno a una película. Y mientras el cartel se convierte en el referente más claro de la publicidad cinematográfica, con desigual continuidad se mantiene el programa de mano y se diseñan productos de todo tipo.

Si ya es importante el lanzamiento estelar que hace la Biograph entre 1908 y 1910, en la que trabaja David W. Griffith, mayor repercusión tienen las iniciativas de Carl Laemmle, sobre todo al darle nombre a los protagonistas a partir de 1910. Dos décadas más tarde es Walt Disney quien, ante el éxito que tiene su trabajo, impulsa la comercialización de sus productos en todo tipo de soportes y espacios, generando una dinámica que recoge a mediados de los años setenta George Lucas cuando el lanzamiento de La guerra de las galaxias (Star wars, 1977) le permite explotar al máximo todo lo que ha generado para la película, siendo a partir de ese momento la fuente de ingresos más importante de su cuenta particular. Este camino fue seguido por toda la industria del entretenimiento que, a partir de estos años se vuelca en la producción de todo tipo de recursos publicitarios pensado no sólo en el lanzamiento de la película sino en un coleccionismo sin freno.

La comunicación mercadotécnica ha evolucionado al tiempo que nuevos medios y soportes de comunicación —televisión, el vídeo, DVD, Internet- introducen nuevas ventanas de comercialización que se extienden a otros espacios que, desde grandes almacenes hasta los parques de atracciones y temáticos, irrumpen en la sociedad contemporánea.Volver al inicio

 

6.8 Los mitos del cine

Pasar de un total anonimato a la más sonora popularidad puede ser cuestión de que algo circunstancial pase sin que el protagonista se de cuenta. Si Florence Lawrence deja de ser "la chica de la Biograph" para ser reconocida por su propio nombre, o Mabel Normand se consagra como uno de los grandes rostros del cine mudo tras ser conocida como Muriel Fortescue, no dejan de ser con el tiempo anécdotas después de saber cómo evoluciona la industria del cine. Los mitos que consagra la gran pantalla tienen que ver con los rostros de sus intérpretes y con personajes que trascienden al imaginario del espectador a partir de obras que los plasman.

La mitología de Hollywood genera identidades con las que el espectador de todo el mundo se identifica con el paso de los años. La "novia de América" siempre es Mary Pickford, "el hombre que las amó a todas" y latin-lover por excelencia, Rodolfo Valentino. La "divina" identifica a Greta Garbo, como el "rey de Hollywood" a Clark Gable, y "la más grande estrella de la pantalla" a Gary Cooper. Como cada década trae nuevos rostros, el "sex-symbol de los cuarenta" es sin discusión Rita Hayworth, la irrepetible Gilda, el símbolo sexual de los cincuenta es Marilyn Monroe, y "el animal más bello del mundo" Ava Gardner. Al mismo tiempo Humphrey Bogart, Katharine Hepburn, Marlon Brando, Elisabeth Taylor, James Dean, Elvis Presley, Paul Newman y un largo etcétera; femme fatale, pin-up, jóvenes rebeldes sin causa, nombres que consolidaron su estrellato a partir de la belleza y elegancia, el inconformismo, la intransigencia, la rebeldía... y siempre, en cada época, una nueva generación recrea circunstancialmente las vivencias de sus predecesores.

El Olimpo hollywoodense se construye no sólo sobre las ficciones que sus actores ofrecen en la pantalla, sino también sobre la "realidad" que emerge del día a día, y de la que numerosas publicaciones y prensa diaria da cuenta fehaciente. Nada se escapa al periodista encargado de cubrir la existencia de las estrellas del cine; su vida privada, plagada de situaciones más o menos convencionales, interesa a lectores ávidos de información íntima, personal. Quieres saber todo lo que sucede en torno a su estrella, sus romances, qué tipo de ropa visten, quién las peina, cómo se maquillan, qué amplitud tiene su mansión, qué automóvil conduce. Por todo eso y por la vida alegre que siempre se ha adueñado de los habitantes de Hollywood, los mitos, lejos de apagarse, brillan con luz propia en un firmamento que los espectadores de todo el mundo han defendido como propio.

Y más allá de esta mitología de carne y hueso, las historias de ficción que el cine ha trasladado a la pantalla han permitido que en el imaginario colectivo pervivan personajes, héroes y monstruos, que salidos de la literatura o de la historieta animada cobran cuerpo como identidad consagrada. En este sentido tanto se puede hablar de Frankenstein, Drácula, King Kong, Godzilla o el hombre lobo, como de Superman, Batman o Spiderman. Pero también se recuerdan el Norman Bates de Psicosis (1960), el ET de E.T. El extraterrestre (E.T. The Extra-terrestrial, 1982), el grupo formado por Obi-Wan-Kenobi, Luke Skywalker, Han Solo, R2D2, C3PO, Chewbaka y Yoda surgido de La guerra de las galaxias (Star wars, 1977), Hannibal Lecter, el detective Philip Marlowe o el agente secreto británico 007 (James Bond).

El repertorio mitológico es abundante en el mundo del cine. La trascendencia de la estrella del cine y de los héroes y villanos lanzados desde la pantalla alcanza una notoria influencia en el espectador que, sin dudarlo, no sólo aprehende su iconografía sino que también se lanza al consumo de productos que surgen tras su estela. Es el culto al mito más allá de un tiempo vivido.Volver al inicio

 

6.9 Revistas cinematográficas

La industria del cine cuenta desde sus primeros años con numerosas publicaciones que en su información se complementan de cara a ofrecer un amplio perfil de las actividades de las empresas, de los actores y de todo el negocio que se genera en su entorno. El espectador, desde los primeros años del siglo XX, dispone de puntuales referencias sobre los detalles más serios y frívolos del universo cinematográfico. Los comentarios, las reseñas y críticas de las películas se combinan con reportajes sobre producciones, lanzamientos y semblanzas biográficas de todo tipo.

El ejercicio del periodismo cinematográfico más o menos especializado comienza amparado en el dedicado al mundo del espectáculo en general. Precisamente van a ser las páginas de algunas publicaciones dedicadas al teatro, variedades, circo y otros espectáculos las que den cabida a los primeros párrafos sobre las proyecciones de cine.

En Estados Unidos las primeras publicaciones como "Moving Picture World" y "Film Reports", surgidas en la segunda década del siglo XX, dejan paso a otras muchas que desde los años treinta se consolidan en el tiempo, como sucede con "The Hollywood Reporter". Sin embargo, es "Variety" —revista del espectáculo desde 1905- la que se consagra como la "Biblia" del cine a lo largo del siglo.

En todos los países europeos surgen cabeceras que se consolidan en sus respectivos mercados. En Gran Bretaña "Kinematograph and Lantern Weekly", surgida a principios del siglo XX, se mantiene durante varias décadas, aunque cambiando de nombre, siendo el germen de "Screen International"; algo similar le pasa a "The Daily Film Renter" y a "Picturegoer". Con los años, la publicación más conocida es "Sight and Sound" que desde los primeros años treinta está respaldada por el British Film Institute, aunque también haya que mencionar "Movie".

En Francia las primeras publicaciones aparecen en los años diez con cabeceras como "La Cinematographie Française" y "Le Film Français", publicaciones que se mantienen a lo largo del siglo XX. Pero en suelo francés y con una proyección internacional de singular relieve, la publicación que más repercusión va a tener es "Cahiers du Cinéma" fundada en 1951 por Lo Duca, André Bazin y Jacques Doniol-Valcroze y que tendrá mucho que ver con la definición de la política de autor y el surgimiento de la Nouvelle Vague. En esos años también se puede recoger la aparición de "Cinéma" y "Positif".

En España la relación de revistas profesionales, de fans y especializadas son abundantes desde principios del siglo XX. "El cine", "Arte y cinematografía" y "La pantalla" son muestra de las publicaciones durante el periodo mudo. A partir de los años treinta surgen, entre otras, "Nuestro Cinema", "Cinegramas", "Radiocinema", "Primer Plano", "Cinema Universitario", "Fotogramas" —quizá la más conocida popularmente-, "Objetivo", "Film Ideal", "Nuestro Cine", "Cineinforme", "Contracampo" y un largo etcétera.

En Italia son importantes "Bianco e Nero", editada por el Centro Sperimentale di Cinematografia, "Cinema Nuovo" y "Filmcritica". En Alemania "Film woche", "Mein Film" y "Deutsche Filmzeitung", entre otras muchas. En todos los países se publican revistas cinematográficas, convirtiéndose en un sector activo, en donde también hay cabida para la declaración política e intelectual.

Se debe decir que la inmensa mayoría de estas publicaciones ejercen una labor de divulgación, de información general, dado que sus textos no se pueden comprometer con una crítica feroz hacia la película que comentan, pues la existencia de la publicación depende de la inversión publicitaria que hacen las productoras y distribuidores en la misma. Las que se vuelcan en una valoración artística, ideológica y eminentemente crítica de la obra cinematográfica, salvo excepciones, tienen una tirada muy reducida, siendo exigua una vez que el lector ha superado generacionalmente las inquietudes de la época.Volver al inicio

 

6.10 Festivales y premios

La industria del cine tiene muy presente, desde los primeros años del siglo XX, que la producción debe alcanzar al mayor número de espectadores. Y para ello no basta sólo con la promoción y el estreno de la película, sino que debe proporcionar otros escaparates que sirvan a la proyección social del título.

Un primer encuentro cinematográfico de productoras estadounidenses y europeas tiene lugar en Milán en 1910. No obstante, se debe decir que el concepto Festival de Cine surge con el Festival de Venecia (1932). Después le siguen el de Cannes (1939), Berlín (1951), San Sebastián (1952), y un largo etcétera que pasa por Valladolid, Karlovy Vary, Moscú, Locarno...

Los festivales de cine tienen diversos cometidos: ser plataforma de lanzamiento de las producciones estadounidenses, dar a conocer otras cinematografías y ser punto de encuentro para negocios cinematográficos. Los premios que se conceden en cada uno de ellos sirven para que las películas, directores y actores, entre otros, alcancen un reconocimiento que ayuda a la comercialización de la película y, también, a que su sueldo pueda ir creciendo. No es de extrañar que desde la dirección de cada uno de los festivales se quiera garantizar la presencia de figuras consagradas no sólo formando parte de los jurados, sino también en la inauguración y la clausura y durante la celebración de los mismo.

En este sentido, salvo en los casos mencionados, muchos festivales se van especializando con el fin de que un gran número de producciones no desaparezcan entre los fastos de las multinacionales. Así se encuentran festivales de cine de animación (Zagreb, Annecy, etc.), de cortometrajes (Oberhausen, Bilbao, Alcalá de Henares, etc.), de cine de terror y fantástico (Avoriaz, Sitges, etc.), cine iberoamericano (Huelva) y otros como el de Sundance (Estados Unidos) en el que se busca descubrir nuevos y jóvenes valores.

Si son importantes para el negocio del cine los festivales, no se quedan atrás otros reconocimientos. Es así como en 1927 los productores de cine estadounidenses deciden crear unos galardones que llamaron Academy Award (Montaje de los Oscar) con el objeto de premiar a las mejores películas, directores, actores, actrices, etc. y a los que, con los años, se fueron añadiendo nuevas especialidades. La entrega de los Oscar se convierte desde aquella fecha en un evento de singular trascendencia, ceremonia que en cuanto van surgiendo los nuevos medios de comunicación alcanza a todo el mundo.

Con el tiempo otros países siguieron la propuesta estadounidense creando sus propias Academias de Cine y sus correspondientes premios anuales. Es así como la italiana concede los "Donatello", la británica los "Bafta", la francesa los "César", la española los "Goya",  etc. Cuando se constituye la Academia de Cine Europeo en el segundo lustro de los años ochenta se conceden los "Félix", un galardón más que busca la integración del cine europeo y se consolida como la plataforma idónea para que en todo el continente se conozcan las producciones de los países miembros.

Y por si fueran pocos los premios que la industria y las academias entregan, son también numerosas las asociaciones de críticos nacionales e internacionales, numerosas publicaciones especializadas, etc., las que son nombradas una vez al año por hacer entrega de sus correspondientes galardones. Así están los Globos de oro que concede la Asociación de la Prensa Extranjera acreditada en Hollywood y, por poner ejemplos más cercanos, en España los que concede el Círculo de Escritores Cinematográficos, la revista "Fotogramas", la Asociación de Actores, etc.

Los festivales y premios generan un flujo de promoción y negocio que son los que motivan la existencia de tal cantidad de eventos. Participar en un festival internacional, nacional, provincial, local o patrocinado por una entidad cualquiera siempre, según la dimensión del mismo, sirve de lanzamiento. Lamentablemente, no se conceden tantos premios como autores hay en el mundo, aunque también es verdad que muchos que se entregan nunca debieron ni mencionarse. En cualquier caso, sirven para que a cualquier nivel se puedan ver obras de muchos autores que, de no ser así, nunca tendrían un mínimo visionado.

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6.11 Los parques temáticos

Los antecedentes del parque temático se encuentran en los parques de atracciones que se instalaron a finales del siglo XVII en las cercanías de muchas grandes ciudades europeas como París, Londres, Viena, etc. Los empresarios de ferias circulan sin descanso con sus atracciones aprovechando las fiestas locales y el tiempo de esparcimiento que permite a los habitantes de aquellos lugares disfrutar de sus ofertas.

Los empresarios de salas de cine, el primitivo cine ambulante que se ofrecía en barracones y pabellones que se instalan en los ensanches de las ciudades de finales de siglo XIX, es la prolongación de esta actividad ferial que, sin duda, ayuda a que otros avispados empresarios tengan en cuenta nuevas ofertas para el ocio del hombre de la calle.

No obstante, el primer paso importante hacia la consolidación del parque temático no se da hasta 1957, año en que Walt Disney inaugura en Anaheim (California) su primer complejo con el nombre de Disneylandia, con un personaje como protagonista indiscutible: Mickey Mouse. A partir de los personajes ya conocidos en todo el mundo, los visitantes acuden por millones al recinto con el fin de pasar en familia todas las horas posibles. Las atracciones se multiplican a la vez que las ventas de productos llenan las arcas de la compañía. En 1971 da un nuevo paso con otro complejo –Disneyworld- levantado en Orlando (Florida) que se va completando años más tarde con nuevos complejos (Magic Kingdom, Disney-MGM Studio, etc.). Participa en 1983 en el complejo que la Oriental Land Company levanta en Tokio (Tokio Disneyland) y en 1992 en Disneyland París, parque que se complementa años después, en 2002, con la inauguración de otro espacio también cerca de la capital francesa denominado Disneyland Resort París, dedicado al cine, la televisión y los dibujos animados. Cuando se habla de estos complejos no sólo se debe pensar en las atracciones, sino que en torno a ellos se levantan hoteles, campos de golf y otros muchos servicios que permiten a las familias disfrutar de la oferta.

Si bien Disney es la referencia principal en este tipo de parques, cabe decir que otras grandes compañías de cine, televisión, vídeo y música, han apostado por la construcción de espacios propios en los que explotar al máximo sus productos. Es así como la Universal impulsa un modo de ver el espectáculo que se genera en el mundo del cine con las visitas guiadas a sus Estudios. En 1990 inauguró los Universal City Studios Hollywood y después los Universal Studios Florida, en donde el espectáculo de efectos especiales tiene un notable protagonismo. La Universal, que también dispone de otro parque en Osaka (Japón), en su intento fallido de instalar otros similares en Europa se decanta finalmente por absorber el complejo español Port Aventura (inaugurado en 1995), situado cerca de la ciudad de Salou (Tarragona), en el que se propone una vuelta al mundo pasando por China, la Polinesia, el Oeste americano, México, al tiempo que se pasea al lado de Betty Boop, Popeye y Olivia, Woody y Winnie, entre otros muchos personajes de dibujos animados.

La Warner cuenta con varios parques en Australia, Alemania y España, los llamados Warner Bros. Movie World, en los que se explota la marca y los productos generados por el Estudio cinematográfico. Estos parques tienen una calle principal llamada Hollywood Boulevard, un área de diversión para los más pequeños (Cartoon Village), la reconstrucción del lejano Oeste (The Wild West), espacio para que los héroes de la casa, Superman y Batman, puedan desarrollar sus historias (Superhéroes World) y otro ambiente, el puramente cinematográfico, en donde se cuenta con espectáculos basados en diversas películas.

Estos nuevos espacios de entretenimiento se están enriqueciendo con la introducción de las nuevas tecnologías, productos multimedia y toda una estructura electrónica que refuerza el interés por disfrutar plenamente de lo sorprendente. Entrar en estos mundos de hierro, cartón piedra y efectos especiales, de atracciones clásicas y otras en la vanguardia tecnológica, supone traspasar fronteras que sólo se hacen realidad cuando se viven personalmente. La visita a estos parques supone una experiencia única que muchos visitantes repiten con cierta frecuencia.

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6.12 Los parques temáticos segun Wikipedia

Parque temático es el nombre genérico que se utiliza para denominar a un recinto con un conjunto de atracciones, espacios para el ocio, entretenimiento, educación y cultura, normalmente organizadas en torno a una línea argumental que les sirve de inspiración. Precisamente por esto un parque temático es algo mucho más complejo que un parque de atracciones o una feria. Esto también implica que vaya ligado a un proyecto empresarial más sólido y con importantes inversiones económicas.

Importancia


Los parques temáticos se han popularizado en el mundo, tanto en países industrializados como en vías de desarrollo, porque atraen a una gran población, especialmente infantil y juvenil y son una oportunidad para crear conciencia acerca de temas que antes fueron relegados al espacio de la escuela como la ciencia y las matemáticas, temas de preocupación mundial como la ecología o temas vistos como restringidos a una clase intelectual como la tecnología, la antropología, la geología y otros. Muchas compañías comerciales, con el fin de promocionar racionalmente sus productos, crean parques temáticos, por ejemplo, fábricas, compañías cinematográficas y medios de comunicación (radio, televisión, prensa). Por otra parte, muchos países los crean alrededor de actividades tendientes a la protección del medio ambiente (explotación minera) o la educación cívica.

Clasificación de los parques temáticos

Los parques temáticos están encuadrados dentro de la industria cultural y de ocio, por lo que se pueden considerar como servicios culturales, estos se clasifican según su tamaño y su tema en:

Según su tamaño podríamos distinguir entre:
Ferias. Atracciones tradicionales, carácter temporal y pequeño tamaño.
Parques de atracciones. Atracciones tradicionales con alguna de última generación basada en simuladores en la mayoría de casos, gran tamaño y emplazamiento fijo.

Family Entertainment Centers. Son parques cubiertos, abiertos todo el año, cercanos a un centro urbano, donde lo que se busca atraer son familias.

Parques temáticos tradicionales. Atracciones tradicionales adaptadas a la temática, atracciones con desarrollo narrativo, puesta en escena y entornos adaptados a la temática (inclusive el personal), espectáculos itinerantes o fijos dentro del parque de carácter teatral, desfiles, gags cómicos o demostraciones. Gran tamaño, servicios de restaurante y regalos muy desarrollados. En ocasiones adscritos a zonas turística con servicios hoteleros ajenos al parque.

Resorts. Engloban parques temáticos con varias zonas (atracciones de tierra, zonas de parque acuático, atracciones de última generación.), además disponen de zonas de ocio nocturnas, hoteles tematizados circunscritos al parque y propiedad de este.

Los parques temáticos podemos clasificarlos según su temática en:
Cine y personajes de animación
Aventuras y lugares exóticos
Históricos
Científicos
El mundo de la imagen y las comunicaciones
Acuáticos
[editar]Parques temáticos en el mundo.

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Fuente: recursos.CNICE.MEC.ES

 

 

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