Don Juan Manuel

 
 
 

Si al comienzo no muestras quien eres,
nunca podrás después, cuando quisieres.
Don Juan Manuel

El no y el sí son breves de decir pero piden pensar mucho.
Baltasar Gracián

Don Juan Manuel (Escalona, 5 de mayo de 1282 - Peñafiel, 13 de junio de 1348) es uno de los más importantes escritores medievales españoles, sobrino de Alfonso X el Sabio como hijo de su hermano el Infante don Manuel de Castilla (Señor de Escalona y de Peñafiel) y de doña Beatriz de Saboya.

Conviene no confundir con muchos de sus descendientes homónimos, entre ellos Juan Manuel, señor de Belmonte (siglo

BIOGRAFÍA

Don Juan Manuel (1282-1348) nació en el Castillo de Escalona en la provincia de Toledo y fue un político y guerrero muy activo. Era hijo del infante Manuel, nieto de Fernando III el Santo y sobrino de Alfonso X el sabio. Con ocho años perdió a sus padres, por lo que fue dueño a muy temprana de edad del amplio patrimonio de su familia. Don Juan Manuel se caracteriza por haber recibido una primorosa educación, pues fue adiestrado en artes como la equitación, la caza o la esgrima, y además aprendió latín, historia, derecho y teología. Con tan solo doce años, tuvo que partir a la guerra para repeler el ataque de los moros de Granada a Murcia. En general, llevó una vida plagada de batallas.

Se casó tres veces, eligiendo a su esposa por conveniencia política y económica y, cuando tuvo hijos se esforzó por emparejarlos con personas pertenecientes a la realeza. Don Juan Manuel se convirtió en uno de los hombres más ricos y poderosos de su época, y, además de mantener él solo un ejercito de mil caballeros, llegó a acuñar su moneda propia durante un tiempo, tal y como hacían los reyes.

El autor de El Conde Lucanor compaginó durante toda su vida sus actividades como escritor y como noble caballero. En su entorno, hubo ciertas críticas acerca de la vocación de Don Juan Manuel por la literatura, porque pensaban que un noble de tan alto prestigio no debería dedicarse a tales actividades. Él en las letras encontraba un remanso de paz que lo aliviaba de sus amarguras, por lo que jamás se planteó el dejarlo, además, sostenía que sus obras servían de utilidad a quienes las leían.

Don Juan Manuel tuvo enfrentamientos constantes con su rey. En esta época, el trono de Castilla estuvo ocupado por dos monarcas que incluso llegaron a trazar planes para matarlo: Fernando IV y Alfonso XI. Sin embargo, este último busco la fidelidad de Don Juan Manuel pidiéndole la mano de su hija Constanza. Las bodas se aplazaron varias veces, hasta que finalmente Alfonso XI encarceló a Constanza en el Castillo de Toro por razones todavía no muy claras. Si bien se cree que esta falta de palabra fuera obra de los consejeros de Alfonso XI que odiaban al noble.

Este hecho hizo que Don Juan Manuel, que siempre había tenido un concepto muy alto de la dignidad personal y la honra, se dejara llevar por su ira. Por ello, tomó la grave decisión de enfrentarse contra su rey y declararle la guerra. Este enfrentamiento duró cinco años en los que el ejército de Don Juan Manuel cometió todo tipo de atropellos. Finalmente fue el Papa el que logro la reconciliación entre Don Juan Manuel y Alfonso XI.

Sin embargo, la reconciliación total entre ambos se produjo cerca de 1340, cuando Don Juan Manuel y Alfonso XI se aliaron contra los musulmanes en la batalla del Salado, arrebatándoles la ciudad de Algeciras.

Tras estos acontecimientos, Don Juan Manuel dejó la vida política y se retiró a Murcia, donde pasó sus últimos años entregado a la literatura. Orgulloso de sus obras decidió reunirlas todas en un solo volumen, que, desgraciadamente no ha llegado a nuestros días debido a que ardió en un incendio. Finalmente, don Juan Manuel falleció en 1348, a sus sesenta y seis años.

A lo largo de su vida, don Juan Manuel escribió aproximadamente trece libros, de los que, solamente conservamos ocho. En todas estas obras la función predominante es la función didáctica. En este sentido, Don Juan Manuel tuvo un gran referente en cuanto a su tío, Alfonso X, una figura importantísima en la difusión de la cultura y un impulsor crucial del enriquecimiento léxico y sintáctico de la lengua castellana.

LA LITERATURA DE DON JUAN MANUEL

Don Juan Manuel, decidido a seguir los pasos de su tío, decidió cultivar una literatura formativa y en castellano, lo cual era una rareza en aquella época, en la que todos los escritores cultos preferían el latín.

En el siglo XIV don Juan Manuel se decidió a escribir libros escritos en lengua vulgar con el objetivo de facilitar su acceso a un mayor número de lectores. Don Juan Manuel dirigía casi en exclusiva su literatura hacia las personas de la nobleza.

Además de divulgar el saber humano, don Juan Manuel utilizó su obra para retratarse a sí mismo en muchos casos. En general, la literatura de este señor es un fiel reflejo de su carácter, de sus ambiciones y de sus creencias. Por lo que más de una vez escribió a favor de difundir la religión, como queda es manifiesto en Tratado de la Asunción, exaltación a la Virgen en la que don Juan Manuel defiende el dogma de la Inmaculada Concepción.

MATRIMONIO Y DESCENDENCIA

Don Juan Manuel se casó tres veces. Su primera esposa fue Isabel de Mallorca (¿? - 1301), hija de Jaime II. Su segunda esposa fue Constanza de Aragón (1300 - 1327), hija de Jaime II. Tuvieron dos hijos:

Constanza Manuel (1323 - 1345), casada con Pedro I de Portugal;
Beatriz, murió joven.
Su tercera esposa fue Blanca Núñez de Lara, con quien tuvo otros dos hijos:

Fernando Manuel (¿? - 1350), Señor de Escalona, Penafiel y Villena. Se casó en 1346 con Juana de Ampurias, hija de Ramón Berenguer, Conde de Ampurias, hijo de Jaime II de Aragón. Tuvieron una hija, Blanca Manuel (c 1348-1361), heredera de Villena, Escalona y Penafiel hasta el 1361;
Juana Manuel (1339 - 1381), casada en 1350 con Enrique II de Castilla (1333 - 1379).

Don Juan Manuel tuvo, además, dos hijos ilegítimos con Inés de Castañeda:

Sancho Manuel (1320 - 1347). Adelantado Mayor del Reino de Murcia, Alcaide de Lorca, Señor de Carcelén y de Montealegre y Ricohombre de Castilla. Se casó con Leonor González de Manzanedo y tuvo descendencia;
Enrique Manuel (1340 - 1390). Conde de Cea, de Sintra y de Montealegre, Señor de Cascais

OBRAS

Su obra, de carácter fundamentalmente didáctico y narrativo, está en general impulsada por una gran preocupación sobre la adecuada formación en cuerpo, alma e inteligencia de un perfecto caballero medieval, y por lo general se clasifica en la habitual denominación de "educación de príncipes"; consta de pequeños opúsculos (Crónica abreviada, Libro de la caza, Libro de las armas, De las maneras de amor, Tractado en que se prueba por razón que Sancta María está en cuerpo y alma en Paraíso y el Libro infinido o Libro de los castigos y consejos a su hijo don Fernando) y de otras obras de más extensa ambición por las que se le recuerda fundamentalmente, el Libro del caballero y el escudero, el Libro de los Estados y el Libro de Patronio o Conde Lucanor.

El Libro del caballero y el escudero se nos ha transmitido con una gran laguna textual en su interior; narra la historia de un escudero mancebo aspirante a cortesano que ha de ir a unas cortes convocadas por el rey y que recibe en ese sentido las más diversas enseñanzas por parte de un ermitaño que ha sido caballero. Asiste a unas justas y vuelve a la ermita para recibir nuevas enseñanzas. El anciano excaballero muere y su joven discípulo le sepulta. Se inspira en obras semejantes de Raimundo Lulio y en una desconocida obra del escritor romano Vejecio.

El Libro de los estados ofrece una visión de cómo debe ser una sociedad ideal en el siglo XIV, aunque es asimismo una narración de fin didáctico (educación de un príncipe) inspirada en la leyenda de Barlaam y Josafat, forma cristianizada en que fue transmitida a Occidente la leyenda de Buda, si bien parece que utilizó una versión de esta leyenda diferente a la atribuida a San Juan Damasceno.

Su obra maestra se considera, sin embargo, el Libro de Patronio o Conde Lucanor, concluida en 1335, un libro que consta de una cincuentena de cuentos (en realidad, apólogos, fábulas, alegorías e incluso pequeñas novelitas) precedida de un prólogo y postcedida de cuatro breves tratados en prosa, en los que se ensaya una forma preliminar de conceptismo, ya que, según cuenta el propio autor, se le requirió que utilizase un estilo menos llano y explícito para dirigirse a personas de educación superior y concentrase más significado en menos palabras. Pero no sólo por eso se trata de una obra de una extraña originalidad, sino por la inaudita variedad de sus fuentes (desde relatos orales de sus sirvientes judíos y moriscos a su propia experiencia personal, la Disciplina clericalis del judío converso español Pedro Alfonso y múltiples y variopintos repertorios de cuentecillos morales usados para sermones eclesiásticos), sino también por constituirse en la primera colección europea de género novelesco (el Decamerone de Giovanni Boccaccio se compuso a partir de 1348) y por la originalidad de su tratamiento literario y estilístico, que no excluye sagaces razonamientos sobre la pluriforme naturaleza humana ya desde la primera narración. La variedad temática es amplísima, como lo es el origen de las fuentes.

La estructura de los cuentos, sin embargo, refleja el ordenancismo y la jerarquización medieval. En primer lugar un joven noble, Lucanor, expone en tono abstracto un problema que le exige pronta resolución a su viejo consejero y ayo Patronio; después, este le cuenta un apólogo del que el joven extrae la solución de su conflicto, que aplica y le resulta bien; entonces Don Juan Manuel introduce unos versos (de métrica muy interesante y variada para la época) que condensan la moraleja y finalmente se expone una estoria o viñeta dibujada alusiva al problema expuesto, dibujos que desgraciadamente no se conservan y por tanto no aparecen en las ediciones de la obra. Este riguroso orden expositivo responde a una intención claramente didáctica, que marcha de lo más abstracto a lo más concreto, pero donde realmente aparece el arte y el genio de Don Juan Manuel es en la estructura interna de los pasajes meramente narrativos que constituyen los cuentos y en la penetración psicológica de los motivos últimos que mueven a los personajes, que hacen de su autor un auténtico Dostoievski del signo XIV.

El estilo del infante Don Juan Manuel se caracteriza por la selección, la sobriedad y la precisión. Lo define él mismo de esta manera: "Sabed que todas las razones son dichas por muy buenas palabras et por los más fermosos latines que yo nunca oí decir en libro que fuese fecho en romance; et poniendo declaradamente cumplida la razón que quiere decir, pónelo en las menos palabras que pueden seer".

El Conde Lucanor o Libro de Patronio

El Conde Lucanor o Libro de los ejemplos o Libro de Patronio es la obra no sólo de un escritor, sino de un militar y de un político. Es, además, la obra de un noble y la obra de un cristiano. Pero, sobre todo, es la obra de un Infante que no llegó a reinar. Si El Conde Lucanor es la obra más representativa de Don Juan Manuel, y por la que ha pasado en realidad a la historia de la literatura, es debido, principalmente, a que en ella trata con rara astucia, entre, consciente e inconsciente (como siempre ocurre en estos casos) de cumplir de alguna manera sus reprimidos deseos de gobernar dando buenos consejos a unos hipotéticos súbditos. Y de que Don Juan Manuel hubiera querido gobernar no puede dudar nadie sabiendo que era político, militar, noble, Infante y cristiano (y, por tanto, seguro de que el poder viene de Dios; a los nobles, naturalmente) Lucanor, el Conde, es, en realidad, Don Juan Manuel, y Patronio viene a ser una especie de primer ministro, de consejero real, de valido o privado, del que gobierna «en la som­bra», o de representante de algún grupo de presión.

El sistema que utiliza no carece de concreción y de cierta objetividad literaria, de cierto contrapunto, que hace de El Conde Lucanor una obra bien trabada, propia para leer fragmentariamente y, de cuando en cuando, co­mentando en voz alta sus ingenios. Mucho se ha dicho, además, de la originalidad del estilo y de la contribución a la creación del castellano de esta obra. Y ése puede ser, quizá, su mérito más destacado. El lenguaje es algo capital en nuestro vivir. Sin lenguaje, sin términos, no podríamos seguir desarrollando nues­tro conocimiento. De este libro puede decirse, como de tantos, que lo valioso no es la letra sino la música (y ya es mucho!).

El Conde va ofreciendo al consejo de Pa­tronio problemas que éste soluciona contando una historia como ejemplo de aquello que preocupa al Conde, y el Conde encuentra dig­no de escribirse indeleblemente lo que dice Patronio, delegarnos unas tablas que recogen la experiencia del «consejero» y la sabiduría del «rey». Algunos de estos cuentos "o ejemplos" se han hecho famosos, gracias a ellos mismos o a adaptaciones posteriores: el cuen­to de la lechera, el del sabio pobre (que luego Calderón tenía que inmortalizar en una céle­bre espínela, siguiendo fiel a su concepción del mundo reaccionaria: La vida es sueño, El gran teatro del mundo, etc.); el tiernísimo de un padre con su hijo y un burrito, uno de los cuentos más deliciosos que se conocen y que da lugar a una serie de meditaciones objeti­vas acerca de nuestro subjetivismo. Alguno hay que viene a ser como un precedente de

obras posteriores, como el cuento número VII de nuestra edición, que es un claro precedente del Retablo de las maravillas, de Cervantes. Otros, en cambio, son menos poéticos y contienen mayor carga «moralizante» (y éstos parecen los más originales del Infante), como los que tratan del honor, de la docilidad que conviene a la mujer casada (de la sumisión, por supuesto), del triunfo del bien sobre el mal (y de los «buenos» sobre los «malos», por consiguiente), así como un repaso de las virtudes y vicios de la época para no ser menos. Otros temas son entre históricos y legendarios, como los que tratan de Fernán González o de los amores del poeta y rey Almutamid con la sultana Romaiquia, etc. Hay en el libro elementos que corresponden a la tradición oriental en España (la Disciplina Clericales, del converso Pedro Alfonso; el Calila e Dimna, de Alfonso X, y la versión del mismo de Barlaam y Josafat (versión de la leyenda de Buda), así como restos de la lírica derivada de los «zéjeles» con temas de los antiguos musulmanes es­pañoles, lo que significa el acompañamiento de voces árabes de uso común.

Hay otros elementos de origen clásico (del padre del cuento, Esopo), de la historia fran­cesa o de las famosas Cruzadas: Hay, también, derivaciones de la Sagrada Escritura (sobre todo del Eclesiastés y del Evangelio). Fedro influye también en el Infante y en sus derivaciones medievales (Gesta Romanorum), de don­de se sabe que los predicadores obtenían manantial inspirador. Una de las cualidades más brillantes es la ingenuidad y el gracejo de algunos personajes, por obra y gracia del len­guaje, los cuales forman un retablo vivo de tipos humanos, difuminados y condicionados por la intención paternalista, pero auténticas creaciones literarias, o en otros casos, como hemos visto, buenas transcripciones de otros autores. Contiene el libro frases y palabras graciosísimas; sólo por esto valdría la pena leer en voz alta este libro: palabras poéticas v llenas de vitalidad.

Esta prosa, en efecto, supera con mucho a la de las obras legislativas (Fuero Juzgo e, incluso, las Partidas) y de otros libros (Libro del Saber de Astronomía). Puede decirse que hace castellanos todos esos cuentos de tan diversa procedencia, siempre merced al lenguaje.

Finalmente, en cuanto al capítulo de influencias, cabe añadir la que ejerció sobre el Infante, Don Jaime de Xérica, magnate de Aragón, contribuyendo a modificar su estilo, heredado de las obras anteriores, sobre todo del Rey Sabio.

También merecen destacarse las diferencias señaladas por algunos tratadistas literarios entre los cuentos de El Conde Lucanor y las de El Decamerón, señalando a los primeros como idealistas y a los segundos como materialistas. Por supuesto que esta clasificación es harto ingenua v proviene de viejas concepciones ya muy superadas. E1 materialismo ha venido identificándose con ideas y sentimientos poco nobles y elevados (los solapados en el idealismo...) en contra del idealismo que ha venido representando todo lo bueno. Célebre, y también superada, es la comparación entre el idealismo de Don Quijote y el materialismo de Sancho Panza, idealistas los dos... (piénsese en Dulcinea y Barataria). La comparación entre El Decamerón y El Conde Lucanor la creo un poco forzada. Sería mejor hablar del realismo de El Decamerót2 y del idealismo de

El Conde Lucanor, aunque en muchos cuentos de este último libro aparece un realismo muy castellano (piénsese en el cuento del padre y del hijo) y en algunos pasajes de El Decamerón, por imperativo de la época, se da paso a diversos aspectos idealistas. Fuera de lugar, por otra parte, el querer dignificar los cuentos de El Conde Lucanor por su «moralidad» en contraposición de los cuento de Bocaccio, procaces y obscenos. Bocaccio pinta la vida tal como es, al menos en uno de sus aspectos, y no sin cierta exageración literaria, algo comprensible, y el Infante, intimista, subjetivista, escribe un libro como resultado de sus represiones. E1 libro de Bocaccio, salvadas las agudezas de su forma, me parece un libro mil veces más moral que el libro de Don Juan Manuel, pues así como el primero es un canto a la vida abierta y llena de esperanza, el segundo es una solapada canción a la falsa prudencia, al individualismo, a considerar la vida estática, al paternalismo y a la huida de la realidad objetiva. Lo que hoy constituiría un libro de «evasión».

El idealismo y el materialismo son dos concepciones del mundo, en pugna desde siempre (toda la historia de la Filosofía es su historia) v en este sentido sí que cabe situar al Infante en el idealismo y a Bocaccio, aunque con algunos reparos, en el materialismo. Bocaccio desemboca en la comprensión de la realidad objetiva. Juan Manuel en todas las formas de «evasión» conocidas.

El libro de Patronio está formado por dos prólogos y cinco partes bien diferenciadas, de las cuales la más interesante es la primera, que consta de 51 "enxiemplos" o apólogos. Cada cuento se estructura idéntica y rígidamente de la siguiente manera: Un joven señor feudal, el conde Lucanor, consulta a su ayo ante los muy diversos problemas que se le plantean en el gobierno de sus estados. Patronio le responde con un cuento o ejemplo alusivo al problema planteado y deduce una enseñanza moral. Se dice que el conde la aplica y que le va bien. Don Juan Manuel resume la moraleja en un pareado que remata el enxiemplo.

Los temas de los diferentes temas que aparecen a lo largo de toda la obra so muy variados y todos los estados y estratos sociales - ricos y pobres, nobles y plebeyos, mercaderes, frailes, burgueses y prelados - están presentes en ella. Con ello don Juan Manuel nos muestra la realidad española de la época en toda su riqueza y complejidad .

El empleo de una lengua tan selecta es el resultado de la búsqueda constante de un estilo personal por parte de don Juan Manuel. La selección del vocabulario, la claridad de la expresión y la concisión nos revelan el gran afán didáctico del autor. A parte de esto se distingue la presencia de un léxico abundante y selecto, la adjetivación precisa y las frases cargadas de intención.

Pero aparecen rasgos de inmadurez lingüística como la constante repetición de la conjunción copulativa "et ... et" . Aparte de esto se aprecia una reiteración del verbo "dezir" , a veces sustituido por los verbos "contar, preguntar, responder, rogar, ..."

La mayor parte de los ejemplos procede en primer lugar de cuentos y fábulas orientales. Además, también provienen de fuentes clásicas, de la tradición española - el cuento de la lechera - y de la eclesiástica - la Biblia.

->El Arcipreste rehace estos cuentos y los convierte en una pequeña obra maestra con un sello personal.

El propósito de la obra es expresado claramente en el primer prólogo de la obra: se pretende el provecho para aumentar la fama, la honra y la hacienda - preocupaciones típicas del noble castellano - y además conseguir la salvación del alma. De este hecho se puede deducir el gran afán didáctico y moralizador de todas las obras de don Juan Manuel. La enseñanza moral, religiosa y filosófica que pretende el autor y su intento de defender su clase social y la honra se puede entrever también en el apólogo de origen oriental.

ALGUNAS PARTES DEL LIBRO: EL CONDE DE LUCANOR

ANTEPRÓLOGO

Este libro fizo don Johan, fijo del muy noble infante don Manuel, deseando que los omnes fiziessen en este mundo tales obras que les fuessen aprovechosas de las onras et de las faziendas et de sus estados, et fuessen más allegados a la carrera porque pudiessen salvar las almas. Et puso en él los enxiemplos más aprovechosos que él sopo de las cosas que acaesçieron, porque los omnes puedan fazer esto que dicho es. Et sería maravilla si de cualquier cosa que acaezca a cualquier omne, non fallare en este libro su semejança que acaesçió a otro.

Et porque don Johan vio et sabe que en los libros contesçe muchos yerros en los trasladar, porque las letras semejan unas a otras, cuidando por la una letra que es otra, en escriviéndolo, múdasse toda la razón et por aventura confóndesse, et los que después fallan aquello escripto ponen la culpa al que fizo el libro; et porque don Johan se reçeló desto, ruega a los que leyeren cualquier libro que fuere trasladado del que él compuso, o de los libros que él fizo, que si fallaren alguna palabra mal puesta, que non pongan la culpa a él, fasta que bean el libro mismo que don Johan fizo, que es emendado, en muchos logares, de su letra. Et los libros que él fizo son éstos, que él a fecho fasta aquí: la Crónica abreviada, el Libro de los sabios, el Libro de la cavallería, el Libro del infante, el Libro del cavallero et del escudero, el Libro del Conde, el Libro de la caça, el Libro de los engeños, el Libro de los cantares.

Et estos libros están en el monesterio de los fraires predicadores que él fizo en Peñafiel. Pero, desque vieren los libros que él fizo, por las menguas que en ellos fallaren, non pongan la culpa a la su entençión, mas pónganla a la mengua del su entendimiento, porque se atrevió a se entremeter a fablar en tales cosas. Pero Dios sabe que lo fizo por entençión que se aprovechassen de lo que él diría las gentes que non fuessen muy letrados nin muy sabidores. Et por ende, fizo todos los sus libros en romançe, et esto es señal çierto que los fizo para los legos et de non muy grand saber como lo él es. Et de aquí adelante, comiença el prólogo del Libro de los Enxiemplos del Conde Lucanor et de Patronio.

PRÓLOGO

En el nombre de Dios: amén. Entre muchas cosas estrañas et marabillosas que nuestro Señor Dios fizo, tovo por bien de fazer una muy marabillosa; ésta es que de cuantos omnes en el mundo son, non a uno que semeje a otro en la cara; ca como quier que todos los omnes an essas mismas cosas en la cara los unos que los otros, pero las caras en sí mismas non semejan las unas a las otras. Et pues en las caras, que son tan pequeñas cosas, ha en ellas tan grant departimiento, menor marabilla es que aya departimiento en las voluntades et en las entenciones de los omnes. Et assí fallaredes que ningún omne non se semeja del todo en la voluntad nin en la entençión con otro. Et fazervos he algunos enxiemplos porque lo entendades mejor.

Todos los que quieren et desean servir a Dios, todos quieren una cosa, pero non lo sirven todos en una manera; que unos le sirven en una manera et otros en otra. Otrosí, los que sirven a los señores, todos los sirven, mas non los sirven todos en una manera. Et los que labran et crían et trebejan et caçan et fazen todas las otras cosas, todos las fazen, mas non las entienden nin las fazen todos en una manera. Et así, por este exienplo, et por otros que serién muy luengos de dezir, podedes entender que, como quier que los omnes todos sean omnes et todos ayan voluntades et entençiones, que atán poco como se semejan en las caras, tan poco se semejan en las entençiones et en las voluntades; pero todos se semejan en tanto que todos usan et quieren et aprenden mejor aquellas cosas de que se más pagan que las otras. Et porque cada omne aprende mejor aquello de que se más paga, por ende el que alguna cosa quiere mostrar a otro, dévegelo mostrar en la manera que entendiere que será más pagado el que la ha de aprender. Et porque a muchos omnes las cosas sotiles non les caben en los entendimientos, porque non las entienden bien, non toman plazer en leer aquellos libros, nin aprender lo que es escripto en ellos. Et porque non toman plazer en ello, non lo pueden aprender nin saber así como a ellos cumplía.

Por ende, yo, don Johan, fijo del infante don Manuel, adelantado mayor de la frontera et del regno de Murçia, fiz este libro compuesto de las más apuestas palabras que yo pude, et entre las palabras entremetí algunos exiemplos de que se podrían aprovechar los que los oyeren. Et esto fiz segund la manera que fazen los físicos, que quando quieren fazer alguna melizina que aproveche al fígado, por razón que naturalmente el fígado se paga de las cosas dulçes, mezclan con aquella melezina que quieren melezinar el fígado açúcar o miel o alguna cosa dulçe; et por el pagamiento que el fígado a de la cosa dulçe, en tirándola para sí, lieva con ella la melezina quel’ a de aprovechar.

Et esso mismo fazen a cualquier miembro que aya mester alguna melezina, que sienpre la dan con alguna cosa que naturalmente aquel mienbro la aya de tirar a sí.

Et a esta semejança, con la merçed de Dios, será fecho este libro, et los que lo leyeren si por su voluntad tomaren plazer de las cosas provechosas que ý fallaren, será bien; et aun los que lo tan bien non entendieren, non podrán escusar que, en leyendo el libro, por las palabras falagueras et apuestas que en él fallarán, que non ayan a leer las cosas aprovechosas que son ý mezcladas, et aunque ellos non lo deseen aprovecharse an dellas, así como el fígado et los otros miembros dichos se aprovechan de las melezinas que son mezcladas con las cosas de que se ellos pagan. Et Dios, que es complido et complidor de todos los buenos fechos, por la su merçed et por la su piadat, quiera que los que este libro leyeren, que se aprovechen de’l a serviçio de Dios et para salvamiento de sus almas et aprovechamiento de sus cuerpos; así como Él sabe que yo, don Johan, lo digo a essa entención.

Et lo que ý fallaren que non es tan bien dicho, non pongan la culpa a la mi entençión, mas pónganla a la mengua del mío entendimiento. Et si alguna cosa fallaren bien dicha o aprovechosa, gradéscanlo a Dios, ca Él es aquél por quien todos los buenos dichos et fechos se dizen et se fazen.

Et pues el prólogo es acabado, de aquí adelante començaré la manera del libro, en manera de un grand señor que fablava con un su consegero. Et dizían al señor conde Lucanor, et al consegero, Patronio.


Exemplo Iº
De lo que contesçió a un rey con un su privado

Acaesció una vez que el conde Lucanor estava fablando en su poridat con Patronio, su consegero, et díxol’:

-Patronio, a mí acaesçió que un muy grande omne et mucho onrado, et muy poderoso, et que da a entender que es ya cuanto mío amigo, que me dixo pocos días ha, en muy grant poridat, que por algunas cosas quel’acaesçieran, que era su voluntad de se partir desta tierra et non tornar a ella en ninguna manera, et que por el amor et grant fiança que en mí avía, que me quería dexar toda su tierra: lo uno vendido, et lo ál, comendado. Et pues esto quiere, seméjame muy grand onra et grant aprovechamiento para mí; et vós dezitme et consejadme lo que vos paresce en este fecho.

Señor conde Lucanor -dixo Patronio-, vien entiendo que el mío consejo non vos faze grant mengua, pero vuestra voluntad es que vos diga lo que en esto entiendo, et vos conseje sobre ello, fazerlo he luego. Primeramente, vos digo que esto que aquél que cuidades que es vuestro amigo vos dixo, que non lo fizo sinon por vos provar. Et paresçe que vos conteçió con él como contençió a un rey con un su privado.

El conde Lucanor le rogó quel’ dixiese cómo fuera aquello.

Señor -dixo Patronio-, un rey era que avía un privado en que fiava mucho.

Et porque non puede seer que los omnes que alguna buena andança an que algunos otros non ayan envidia dellos, por la privança et bien andança que aquel su privado avía, otros privados daquel rey avían muy grant envidia et trabajávanse del’ buscar mal con el rey, su señor. Et como quier que muchas razones le dixieron, nunca pudieron guisar con el rey quel’ fiziese ningún mal, nin aun que tomase sospecha nin dubda de’l, nin de su serviçio. Et de que vieron que por otra manera non pudieron acabar lo que querían fazer, fizieron entender al rey que aquel su privado que se trabajava de guisar porque él muriese, et que un fijo pequeño que el rey avía, que fincase en su poder, et de que él fuese apoderado de la tierra que guissaría cómo muriese el mozo et que fincaría él señor de la tierra. Et como quier que fasta entonce non pudieran poner en ninguna dubda al rey contra aquel su privado, de que esto le dixieron, non lo pudo sofrir el coraçón que non tomase de’l reçelo. Ca en las cosas en que tan grant mal ha, que se non pueden cobrar si se fazen, ningún omne cuerdo non deve esperar ende la prueva. Et por ende, desque el rey fue caído en esta dubda et sospecha, estava con grant reçelo, pero non se quiso mover en ninguna cosa contra aquel su privado fasta que desto sopiese alguna verdat.

Et aquellos otros que buscavan mal a aquel su privado dixiéronle una manera muy engañosa en cómo podría provar que era verdat aquello que ellos dizían, et enformaron bien al rey en una manera engañosa, segund adelante oidredes, cómo fablase con aquel su privado. Et el rey puso en su coraçón de lo fazer, et fízolo.

Et estando a cabo de algunos días el rey fablando con aquel su privado, entre otras razones muchas que fablaron, començól’ un poco a dar a entender que se despagava mucho de la vida deste mundo et quel’ paresçía que todo era vanidat. Et entonçe non le dixo más. Et después, a cabo de algunos días, fablando otra vez con el aquel su privado, dándol’ a entender que sobre otra razón començava aquella fabla, tornól’ a dezir que cada día se pagava menos de la vida deste mundo et de las maneras que en él veía. Et esta razón le dixo tantos días et tantas vegadas, fasta que el privado entendió que el rey non tomava ningún plazer en las onras deste mundo, nin en las riquezas, nin en ninguna cosa de los vienes nin de los plazeres que en este mundo avié. Et desque el rey entendió que aquel su privado era vien caído en aquella entençión, díxol’ un día que avía pensado de dexar el mundo et irse desterrar a tierra do non fuesse conosçido, et catar algún lugar extraño et muy apartado en que fiziese penitençia de sus pecados. Et que por aquella manera, pensava que le avría Dios merced de’l et podría aver la su gracia porque ganase la gloria del Paraíso.

Cuando el privado del rey esto le oyó dezir, estrañógelo mucho, deziéndol’ muchas maneras porque lo non devía fazer. Et entre las otras, díxol’ que si esto fiziese, que faría muy grant deserviçio a Dios en dexar tantas gentes como avía en el su regno, que tenía él vien mantenidas en paz et en justiçia, et que era çierto que luego que él dende se partiese, que avría entrellos muy gran bolliçio et muy grandes contiendas, de que tomaría Dios muy grant deserviçio et la tierra muy grant dapño, et cuando por todo esto non lo dexase, que lo devía dexar por la reina, su muger, et por un fijo muy pequeñuelo que dexava: que era çierto que serían en muy grant aventura, tanbién de los cuerpos, como de las faziendas...

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DICCIONARIO LITERARIO

ACCIÓN NARRATIVA
Cadena coherente de acontecimientos, regida por las leyes de la sucesividad temporal y la causalidad, y dotada de un significado unitario. Junto al modelo actancial, refleja la estructura de la historia narrada en la novela.

ACOTACIÓN
Nota del dramaturgo para indicar la acción o movimiento de los personajes.

ACRONÍA
Atemporalidad, ucronía. Véase también: Timelessness.

ACRÓSTICO
Poema en que las letras iniciales, medias o finales de cada verso, leídas en sentido vertical, forman un vocablo o expresión. Ej. En los versos de las octavas que aparecen antes del Prólogo de La Celestina se puede leer la siguiente frase: El bachiller Fernando de Rojas acabo la comedia de Calisto y Melibea. y fue nacido en la Puebla de Montalban.

ACTANTES
Cada “función” -actante- puede estar recubierta por uno o varios personajes -”actores”-. El SUJETO es la fuerza principal, generadora de la acción de la historia. El OBJETO. es aquello que el sujeto pretende. El DESTINADOR, también llamado “emisor”, es la instancia que promueve la acción del sujeto y sanciona su actuación. El DESTINATARIO es la entidad en beneficio de la cual actúa el sujeto. El ADYUVANTE, también llamado “auxiliar”, es quien ayuda al sujeto. El OPONENTE es quien adopta la actitud contraria, enfrentada a la del sujeto. Este modelo actancial de Gréimas sirve para formular la estructura interna de la historia narrada. Véase también: Función.

ACTO DE HABLA
Toda expresión verbal considerada, no como enunciado, sino como enunciación mediante la que un sujeto desea transmitir un mensaje a uno o varios destinatarios con el propósito de obtener determinadas respuestas. Este planteamiento es la base de la Pragmática lingüística y desde ella está siendo objeto de diversas aplicaciones a la literatura (“Teoría dela recepción”, por ejemplo).

ADAGIO
Expresión breve que sintetiza una observación general o un principio moral. Ej. "non ha mala palabra si no es a mal tenida". (Arcipreste de Hita, 1283-1353? Libro de buen amor).

ADYNATON
Enumeración de cosas imposibles. Por ej. "... que a las tigresas les plazca ser cubiertas por los ciervos, adultere también la paloma con el milano, no teman los rebaños, confiados, a los rojizos leones..." (Quinto Horacio Flaco, 65-8 a. C.).

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Recopilado
de Enciclonet:
Basada en la Enciclopedia Universal editada por Micronet brinda acceso a artículos sobre distintas ramas del conocimiento: artes plásticas, arquitectura, cine, ...

 

                                                                         Principal Fernando de Rojas Don Juan Manuel Juan Ruiz - El Arcipreste de Hita Íñigo López de Mendoza Alfonso X - El Sabio El poema de Mío Cid Cantar del destierro Cantar de las bodas Literatura española del Romanticismo Jorge Manrique Literatura de la ilustración