Edad Media Cristiana

Arquitectura románica -  Oviedo - Santa María de Naranco

 

ARTE PALEOCRISTIANO - ARTE BIZANTINO - ARTE PRERROMÁNICO - ARTE

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Arte Paleocristiano

Estilo artístico, que se desarrolla durante los cinco primeros siglos de nuestra era, desde la aparición del Cristianismo, durante la dominación romana, hasta la invasión de los pueblos bárbaros, aunque en Oriente tiene su continuación, tras la escisión del Imperio, en el llamado arte bizantino.

En Occidente, Roma es el centro y símbolo de la cristiandad, por lo que en ella se producen las primeras manifestaciones artísticas de los primitivos cristianos o paleocristianos, recibiendo un gran influjo del arte romano tanto en la arquitectura como en las artes figurativas. Lo mismo que la historia del Cristianismo en sus primeros momentos, en el arte se distinguen dos etapas, separadas por la promulgación del Edicto de Milán por Constantino en el año 313, otorgando a los cristianos plenos derechos de manifestación pública de sus creencias.

Arquitectura Paleocristiana  

Hasta el año 313, el arte arquitectónico de los cristianos se centró en la excavación de las catacumbas y el reforzamiento de sus estructuras. Éstas eran cementerios cristianos, excavados, en un principio, en los jardines de algunas casas de patricios cristianos, como las de Domitila y Priscila, en Roma. Más tarde en el siglo III, y ante el aumento de creyentes, estos cementerios se hicieron insuficientes adquiriendo terrenos en las afueras de las urbes donde surgen los cementerios públicos, en los que se excavan sucesivos pisos formando las características catacumbas que ahora conocemos.

La primera vez que se aplica el término catacumba es a la de San Sebastián en Roma. El cementerio o catacumba se organiza en varias partes: estrechas galerías (ambulacrum) con nichos longitudinales (loculi) en las paredes para el enterramiento de los cadáveres. En algunos enterramientos se destacaba la notabilidad de la persona enterrada, cobijando su tumba bajo una arco semicircular (arcosolium). En el siglo IV en el cruce de las galerías o en los finales de las mismas se abrieron unos ensanchamientos (cubiculum) para la realización de algunas ceremonias litúrgicas. Las catacumbas se completaban al exterior con una edificación al aire libre, a modo de templete (cella memoriae) indicativa de un resto de reliquias que gozaban de especial veneración. Entre las catacumbas más importante, además de las ya citadas, destacan las de San Calixto, Santa Constanza y Santa Inés, todas ellas en Roma, aunque también las hubo en Nápoles, Alejandría y Asia Menor.

Después de la Paz de la Iglesia, a partir del año 313, la basílica es la construcción eclesiástica más característica del mundo cristiano. Su origen es dudoso, pues se la considera una derivación de la basílica romana, o se la relaciona con algunos modelos de casas patricias, o, incluso, con algunas salas termales. La basílica organiza su espacio, generalmente, en tres naves longitudinales, que pueden ser cinco, separadas por columnas; la nave central es algo más alta que las laterales, sobre cuyos muros se levantan ventanas para la iluminación interior. La cubierta es plana y de madera y la cabecera tiene un ábside con bóveda de cuarto de esfera bajo la que se alberga el altar. En las grandes basílicas, como la de San Pedro y San Juan de Letrán, en Roma, la estructura de su cabecera se completaba con una nave transversal llamada transepto. Al edificio basilical se accede a través del atrio o patio rectangular (antecedente de los claustros), con una fuente en el centro, que conducía hasta el nártex o sala transversal, situada a los pies de las naves, desde donde seguían la liturgia los catecúmenos. Las basílicas más notables, además de las citadas, son la de Santa María la Mayor, San Pablo de Extramuros y la de Santa Inés.

Otros edificios de carácter religioso fueron los baptisterios, edificaciones de planta poligonal, frecuentemente octogonal, que tenían en su interior una gran pila para realizar los bautismos por inmersión. El más conocido es el Baptisterio de San Juan de Letrán, en Roma, construido en tiempos de Constantino. También son de planta central algunos enterramientos que siguen la tradición romana; de planta circular con bóvedas es el Mausoleo de Santa Constanza y de planta de cruz griega es el Mausoleo de Gala Placidia en Rávena. En el arte paleocristiano oriental se acusa la marcada tendencia a utilizar construcciones de planta de cruz griega, con los cuatro brazos iguales, como la Iglesia de San Simeón el Estilita.

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Artes figurativas paleocristianas

Tanto en la pintura como en la escultura, la valoración de los primitivos cristianos se dirige al significado de las representaciones más que a la estética de las mismas. El carácter simbólico se impone a la belleza formal. El repertorio de las representaciones pictóricas se encuentra básicamente en las catacumbas, decorando sus muros. Los temas son muy variados. Muchos representan a animales cargados de simbología cristiana, paloma, ciervo, pavo real, o signos acrósticos con un gran significado teológico. Destacan entre ellos el Crismón, monograma formado por las dos primeras letras griegas del nombre de Cristo, XR, junto a la alfa a y la omega o, primera y última letra del alfabeto griego, significando el principio y el fin. A estas letras se solía añadir la cruz y todo ello era encerrado en un círculo. En este signo existe un simbolismo cosmológico, la rueda solar, con la idea de Cristo. La combinación del círculo, con el monograma y la cruz representa a un Cristo como síntesis espiritual del universo, como la luz que alumbra las tinieblas del paganismo grecorromano sobre las que triunfa. Ya Constantino los utilizó en sus estandartes, en el Lábaro constantineano como señal de victoria. En la iconografía paleocristiana aparecen otros temas paganos como el de Orfeo, ahora transformado en Cristo, o el tema del Buen Pastor, variante del Moscoforo griego.

En la escultura, su mejor muestra se encuentra en los relieves de los sarcófagos. Los temas representados en la etapa de persecución eran los geométricos, astrales y zoomorfos, con molduras sinuosas y cóncavas (estrigilos). Después del año 313 los temas figurativos son las más frecuentes, inspirados en los modelos romanos, en los frentes de los sarcófagos aparecen relieves, que si en un principio siguen la estética clásica, como en el Sarcófago de Probo, luego se estereotipan las formas en esquemas planos y figuras de igual tamaño, encajadas en los espacios que determina un estructura de arcos que unifican la escena. Los temas de los sarcófagos se refieren a la vida de Cristo y a escenas del Antiguo Testamento (Daniel entre los leones, sacrificio de Abraham, Adán y Eva, etc.). Entre los sarcófagos más importantes se encuentra el de Junio Basso, en el Vaticano o el Dogmático o de la Trinidad en el museo Laterano.

Arte paleocristiano en España   

El arte paleocristiano en España constituye la etapa final de la influencia romana. El cambio cultural que se opera durante los siglos II al IV tuvo en la Península poca vigencia, pues las invasiones de los pueblos germánicos se inician en el año 409. Pese a ello, y cada vez más, han aparecido abundantes testimonios de la vitalidad del arte paleocristiano hispano. En arquitectura hay que citar las casas patricias de Mérida y Fraga, adecuadas al culto, en Ampurias, una basílica de una nave, en San Pedro de Alcántara, en Málaga una basílica con dos ábsides contrapuestos, y en Lugo la iglesia subterránea de planta basilical de Santa Eulalia de Bóveda. Edificios funerarios los hay en La Alberca, en Murcia y sobre todo el mausoleo de dos cámaras cubiertas por cúpulas en Centcelles (Tarragona). La escultura de la época se halla especialmente representada por los sarcófagos decorados con temas del Crismón, estrígilos, escenas bíblicas y representaciones alegóricas. Entre ellos se destacan el de Leocadius en Tarragona y el de Santa Engracia en Zaragoza. También se conservan alguna estatuas exentas, como varias con el tema del Buen Pastor, laudas sepulcrales y mosaicos que por su técnica y sentido del color siguen los modelos romanos.    

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Arte bizantino

Expresión artística que se configura a partir del siglo VI, fuertemente enraizada en el mundo helenístico como continuador del arte paleocristiano oriental. En sus primeros momentos se consideró como el conservador natural en los países del Mediterráneo oriental del Imperio romano, siendo transmisor de formas artísticas que influyen poderosamente en la cultura occidental medieval. Los períodos del arte bizantino se ajustan a las grandes fases de su historia política. Desde comienzos del siglo V se va creando un lenguaje formal artístico propio y diferenciado del que se mantiene en el Imperio de Occidente. Más tarde, en la época de Justiniano (527-565), se inició la primera etapa específicamente bizantina: es la Primera Edad de Oro que comprende los siglos VI y VII, etapa de formación del arte bizantino en sus aspectos formales básicos. Después del período de la lucha de los iconoclastas, aunque pobre en monumentos, comenzó, en torno al año 850, el arte bizantino medio o Segunda Edad de Oro, que perduró hasta el año 1204, cuando Constantinopla fue conquistada por los cruzados; en esta época esencialmente se consolidaron los aspectos formales y espirituales del arte bizantino; es la verdadera etapa creadora y definidora de la estética bizantina. Después del dominio latino, con la dinastía de los Paleólogos, se dio paso a la Tercera Edad de Oro, que se centró en el siglo XIV y finalizó con la toma de Constantinopla en el año 1453. Después, el arte bizantino floreció en los países eslavos, Rusia y sureste de Europa, transmitiéndose hasta nuestros días a través del Monte Athos.
 

Arquitectura bizantina

En la Primera Edad de Oro, época de Justiniano, siglo IV, se realizaron las más grandiosas obras arquitectónicas que ponen de manifiesto los caracteres técnicos y materiales, así como el sentido constructivo que caracteriza el arte bizantino de este período. Del mundo romano y paleocristiano oriental mantuvo varios elementos, tales como materiales (ladrillo y piedra para revestimientos exteriores e interiores de mosaico), arquerías de medio punto, columna clásica como soporte, etc., pero también aportaron nuevos rasgos, entre los que destaca la nueva concepción dinámica de los elementos y un novedoso sentido espacial; y, sobre todo, su aportación más importante, el empleo sistemático de la cubierta abovedada, especialmente la cúpula sobre pechinas, es decir, triángulos esféricos en los ángulos que facilitan el paso de la planta cuadrada a la circular de la cúpula. Estas bóvedas semiesféricas se construían mediante hiladas concéntricas de ladrillo, a modo de coronas de radio decreciente reforzadas exteriormente con mortero, y eran concebidas como una imagen simbólica del cosmos divino. Otra aportación de gran trascendencia fue la decoración de capiteles, de los que hubo varios tipos; así, el de tipo teodosiano es una herencia romana empleado durante el siglo IV como evolución del corintio y tallado a trépano, semejando a avisperos; otra variedad fue el capitel cúbico de caras planas decorado con relieves a dos planos. En uno y otro caso era obligada la colocación sobre ellos de un cimacio o pieza troncopiramidal decorada con diversos motivos y símbolos cristianos. En la tipología de los templos, según la planta, abundan los de planta centralizada, sin duda concordante con la importancia que se concede a la cúpula, pero no son inferiores en número las iglesias de planta basilical y las cruciformes con los tramos iguales (planta de cruz griega).

En casi todos los casos es frecuente que los templos, además del cuerpo de nave principal, posea un atrio o narthex, de origen paleocristiano, y el presbiterio precedido de iconostasio, llamado así porque sobre este cerramiento calado se colocaban los iconos pintados.

La primera obra bizantina, del primer tercio del siglo VI, es la iglesia de los Santos Sergio y Baco, en Constantinopla (527-536), edificio de planta central cuadrada con octógono en el centro cubierto mediante cúpula gallonada sobre ocho pilares y nave en su entorno. A este mismo momento de la primera mitad del siglo V corresponde la iglesia rectangular con dos cúpulas de la Santa Paz o de Santa Irene, también en Constantinopla. Pero la obra cumbre de la arquitectura bizantina es la Iglesia de Santa Sofía, iglesia de la Divina Sabiduría, dedicada a la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, construida por los arquitectos Antemio de Tralles e Isidoro de Mileto, entre los años 532 y 537, siguiendo las órdenes directas del emperador Justiniano.

También fue importante la desaparecida iglesia de los Santos Apóstoles de Constantinopla, proyectada como mausoleo imperial e inspirada en la iglesia de San Juan de Éfeso. Ofrecía un modelo de planta de cruz griega con cinco cúpulas, ampliamente imitada en todo el mundo bizantino, por ejemplo en la famosa iglesia bizantina de San Marcos de Venecia, obra del siglo XI. No fue Constantinopla el único foco importante en esta primera Edad de Oro de Bizancio, es menester recordar el núcleo de Rávena, el exarcado occidental situado en el nordeste de la península italiana en las riberas del mar Adriático, junto a Venecia. Las iglesias bizantinas de Rávena presentan dos modelos: uno de clara inspiración constantinopolitana relacionado con la iglesia de los Santos Sergio y Baco, la de iglesia de San Vital en Rávena (538-547), la que, igualmente que su modelo, es de planta octogonal con nave circundante entre los elevados pilares y con una prolongación semicircular en la cabecera, delante del ábside del presbiterio; en los pies tiene un amplio atrio con torres laterales. En esta iglesia de San Vital están ya prefigurados los rasgos más característicos de la estilística en la arquitectura medieval de Occidente, sobre todo en lo que se refiere al sentido vertical de la construcción en detrimento de la horizontalidad precedente. Las otras iglesias bizantinas de Rávena tienen influencia paleocristiana por su estructura basilical con cubierta plana. Son la iglesia de San Apolinar in Classe y la iglesia de San Apolinar Nuevo, ambas de la primera mitad del siglo V y con destacados mosaicos.

En la Segunda Edad de Oro predominan las iglesias de planta de cruz griega con cubierta de cúpulas realzadas sobre tambor y con una prominente cornisa ondulada en la base exterior. Este tipo nuevo de iglesia se plasma en la desaparecida iglesia de Nea de Constantinopla (881), construida por Basilio I. A este mismo esquema compositivo corresponde la catedral de Atenas, la iglesia del monasterio de Daphni, que usa trompas en lugar de pechinas, y los conjuntos monásticos del Monte Athos en Grecia. En Italia destaca la anteriormente citada basílica de San Marcos de Venecia, del año 1063, planta de cruz griega inscrita en un rectángulo y cubierta con cinco cúpulas sobre tambor, una sobre el crucero y cuatro en los brazos de la cruz, asemejándose en su estructura a la desaparecida iglesia de los Santos Apóstoles de Constantinopla. En esta Segunda Edad de Oro el arte bizantino se extendió a la zona rusa de Armenia. En Kiew se construyó la iglesia de Santa Sofía en el año 1017, que siguiendo fielmente los influjos de la arquitectura de Constantinopla, se estructuró en forma basilical de cinco naves terminadas en ábsides; en Novgorod se levantaron las iglesias de San Jorge y de Santa Sofía, ambas de planta central. Durante la Tercera Edad de Oro, entre los siglos XIII y XV, el arte bizantino se extendió por Europa y Rusia, con predominio de las plantas de iglesias cubiertas mediante cúpulas abulbadas sobre tambores circulares o poligonales. A esta etapa corresponden en Grecia la iglesia de los Santos Apóstoles de Salónica, del siglo XIV, la iglesia de Mistra, en el Peloponeso, y algunos monasterios del Monte Athos.

Así mismo se multiplican los templos bizantinos por los valles del Danubio, por Rumanía y Bulgaria, llegando hasta las tierras rusas de Moscú, donde destaca la iglesia de la Asunción del Kremlin, en la Plaza Roja de Moscú, realizada en tiempos de Iván el Terrible (1555-1560), cuyas cinco cúpulas, la más alta y esbelta en el crucero y otras cuatro situadas en los ángulos que forman los brazos de la cruz, resaltan por su coloración, por los elevados tambores y por sus característicos perfiles bulbosos.

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Artes figurativas bizantinas


La pintura y los mosaicos bizantinos, más que su escultura, han tenido una singular importancia en la historia de las formas de representación plástica, por cuanto que han servido de puente a los modelos cristianos orientales hacia Europa, así como a la transmisión de las formas clásicas cuando en Occidente habían desaparecido por la acción de los pueblos bárbaros. Por último, el arte bizantino ha sido la fuente principal en la fijación de la iconografía occidental.

Escultura bizantina

La plástica escultórica bizantina supuso la culminación del arte paleocristiano, manteniendo sus técnicas y su estética de progresivo alejamiento de las cualidades clásicas: la mayor rigidez, la repetición de modelos estereotipados, la preferencia del bajorrelieve a las obras de bulto redondo, y el uso de materiales ricos (marfil) que proporcionan pequeñas piezas, son los caracteres más destacados de la estatuaria bizantina de la primera etapa. Tras la sistemática destrucción del período iconoclasta hay una vuelta al culto de las imágenes, pero, para no caer en la idolatría y por influjo de las nuevas corrientes islámicas, desaparece la figura humana en la estatuaria exenta. Las obras más destacadas son las labores ornamentales de los capiteles con motivos vegetales y animales afrontados, como son los de San Vital de Rávena o los sarcófagos de la misma ciudad en los que se representan los temas del Buen Pastor. Pero las obras capitales de la escultura bizantina son las pequeñas obras, dípticos y cajas, tallados en marfil. Destacan el díptico Barberini, Museo del Louvre, del siglo V, o la célebre cátedra del obispo Maximiano, en Rávena, tallada hacia el año 533 sobre placas de marfil con minucioso trabajo.

El gusto por la riqueza y la suntuosidad ornamental del arte bizantino, eminentemente áulico, exigía el revestimiento de los muros de sus templos con mosaicos (Véase Mosaico), no sólo para ocultar la pobreza de los materiales usados, sino también como un medio para expresar la religiosidad y el carácter semidivino del poder imperial (cesaropapismo). De la Primera Edad de Oro, el conjunto más importante es el de Rávena, que enlaza con los mosaicos paleocristianos del siglo V: en las iglesias de San Apolinar Nuevo y San Apolinar in Classe se cubren sus muros superiores con mosaicos que representan, en la primera, un cortejo procesional encabezado por los Reyes Magos hacia la Theotokos o Madre de Dios, en la segunda, en el ábside, se muestra una visión celeste en la que San Apolinar conduce un rebaño. La obra maestra del arte musivario es, sin duda alguna, el conjunto de mosaicos de San Vital de Rávena, compuestos hacia el año 547, y en los que se representan varios temas bíblicos. En los laterales del ábside aparecen los grupos de Justiniano y de su esposa Teodora con sus respectivo séquito.

Terminada la lucha iconoclasta, a mediados del siglo IX es cuando verdaderamente se configura la estética bizantina y su iconografía. Surgió una nueva Edad de Oro, la segunda, que supuso el apogeo de las artes figurativas y que irradió sus influjos al arte islámico, por entonces en formación, y al naciente arte románico europeo. Las figuras acusan una cierta rigidez y monotonía, pero muy expresivas en su simbolismo, con evidente desprecio del natural y las leyes espaciales; son alargadas y con un aspecto de cierta deshumanización. Los nuevos tipos iconográficos se adaptan simbólicamente, según un programa prefijado (hermeneia), a las diferentes partes del templo: el pantocrátor (Cristo en majestad bendiciendo) en la cúpula, el tetramorfos (cuatro evangelistas) en las pechinas, la Virgen en el ábside, los santos y temas evangélicos en los muros de las naves. Los modelos más repetidos son las figuras de Cristo con barba partida y edad madura (modelo siríaco) y de la Virgen que se presenta bajo diversas advocaciones (kyriotissa o trono del Señor en la que sostiene sobre sus piernas al Niño, como si fuera un trono; Hodighitria, de pie con el Niño sobre el brazo izquierdo mientras que con el derecho señala a Jesús como el camino de salvación -es el modelo desarrollado en el gótico-; la theotokos, o Madre de Dios, ofrece al Niño una fruta o una flor; la blachernitissa o platytera con una aureola en el vientre en el que aparece el Niño indicando la maternidad de la Virgen).

Otros temas muy repetidos son la Déesis o grupo formado por Cristo con la Virgen y San Juan Bautista, como intercesores, y los dedicados a los doce fiestas litúrgicas del año, entre las que destaca la Anastasis o Bajada de Cristo al Limbo, el Tránsito de la Virgen, la Visón de Manré, es decir, la aparición de los tres ángeles a Abraham simbolizando la Trinidad. Durante la Tercera Edad de Oro el mosaico continuó en uso hasta el siglo XIII, en esta época se enriqueció la iconografía de los ciclos "marianos", de los santos y evangélicos, a la vez, que por influjos italianos, se aprecia una mayor libertad compositiva y un evidente manierismo en las estilizaciones.

Destruidos los mosaicos de Constantinopla, quedan como únicas referencias los de San Marcos de Venecia, con abundante empleo del dorado que ejerció un marcada influencia en las obras góticas de Cimabue, Duccio y otros pintores italianos. La pintura sustituye al mosaico en esta Tercera Edad, contando con el precedente de los interesantes conjuntos de iglesias rupestres de Capadocia, en Asia Menor. Son importantes los talleres rusos de Novgorod y Moscú, donde trabajó Teófanos el Griego, fresquista y pintor sobre tabla en el siglo XIV; y en la centuria siguiente destacaron, como obra maestra, la Virgen de Vladimir (Moscú) y el monje Andrés Rublev o Rubliov especialmente a través de su icono de la Trinidad.

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LaTrinidad

Este icono del siglo XV es considerado como el más importante icono bizantino de la escuela rusa; representa a la Trinidad a través de la escena bíblica llamada visión de Manré, es decir, tres ángeles que se aparecen al patriarca Abraham. Se caracteriza por el aire melancólico, de intensa espiritualidad, en la que el ángel del centro, con túnica roja, se cree que representa a Cristo con un árbol al fondo; el de la izquierda representa a Dios Padre y el de la derecha al Espíritu Santo. La perspectiva es típica del tipo bizantino, es decir, inversa, abriéndose las líneas conforme se alejan de los ojos del espectador. Algo más tardías son las escuelas veneciana y cretense, donde destacó Andrea Riccio de Candia, a quien se atribuye la creación del famosísimo icono de la Virgen del Perpetuo Socorro. La pintura de iconos ha seguido manteniéndose durante toda la Edad Moderna, tomando como referencia estética los caracteres de la pintura bizantina clásica, que se impone a las influencias italianas. Las colecciones de iconos más completas se encuentran en la galería Tretiakov de Moscú, en el museo Puskin de Leningrado, en la catedral de Sofía (Bulgaria) y en el museo de iconos "La Casa Grande" de Torrejón de Ardoz (Madrid). En la catedral de Cuenca se encuentra el díptico de los déspotas de Épiro correspondiente a la escuela yugoslava. Paralelamente se desarrolla la realización de miniaturas para los códices purpúreos, llamados así por el uso de fondos de púrpura. De la primera época es el Génesis de Viena, del siglo V, los evangeliarios de Rábula y de Rossano, ambos del siglo siguiente. En las etapas siguientes destacaron los salterios con abundantes representaciones en toda la página o en los márgenes, llenos de sentido narrativo. Destacan el Menologio de Basilio II (Biblioteca Vaticana) y el tratado de Cinegética de Oppiano (París). En las artes suntuarias sobresalieron gracias al ambiente cortesano bizantino.

Las labores textiles se inspiraron en los modelos sasánidas (motivos encerrados en círculos); en la orfebrería sobresale el uso de los esmaltes sobre metales preciosos, siguiendo la técnica del tabicado o alveolado de origen germánico, en el que los colores se separan por filamentos de oro. La obra maestra de la orfebrería es la Pala de Oro, en San Marcos de Venecia, o el icono esmaltado de San Miguel, del mismo templo.

Estilo artístico que, por lo general, incluye todas las manifestaciones estéticas de Europa occidental desde la desaparición del Imperio romano en el siglo V hasta el comienzo del arte románico en el siglo XI. Se trata, pues, de un concepto más cronológico que estilístico y, por tanto, dada la gran variedad de formas que tuvieron vida durante esos siglos, es más correcto hablar de ?arte cristiano occidental en la Alta Edad Media?. Estéticamente, este período se inició con un empobrecimiento artístico de las formas romanas que los pueblos germanos hicieron suyas, simplificándolas y mezclándolas con elementos propios. De esta fusión nacieron y se desarrollaron, entre los siglos V y VIII, nuevos estilos coincidentes con los reinos de reciente creación, como el ostrogodo y el lombardo en Italia, el merovingio en Francia, el visigodo en Hispania o el anglosajón (e irlandés o celta) en las islas Británicas. Estos estilos, de característico tono áulico y religioso, evolucionaron con el tiempo y, entre los siglos VIII y X, época de mayor desarrollo cultural, dieron origen al arte carolingio, el arte otoniano o el arte asturiano, precedentes directos del románico, verdaderos estilos protorrománicos. Por este hecho, a veces se ha restringido el concepto de ?arte prerrománico? a esta segunda etapa. 

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Arte prerrománico europeo

En un primer momento, a veces denominado período ?bárbaro?, entre los siglos V y VIII, el arte europeo fue en general rudimentario (algo menos entre los godos, más romanizados que otros germanos). La arquitectura, poco desarrollada, usó frecuentemente la planta basilical según modelos paleocristianos, salvo en el caso de los baptisterios, de planta centralizada. La escultura fue poco cultivada, y los raros ejemplos conservados muestran figuras sin profundidad, muy esquemáticas y, por tanto, con más sentido simbólico que realista. Más perfección tuvieron la miniatura (especialmente entre los merovingios y las islas británicas) y la orfebrería, ésta de antigua tradición entre los pueblos germánicos.

En el siglo VIII, coincidiendo aproximadamente con la entronización de los carolingios y el renacimiento cultural impulsado por éstos, todas las artes se renovaron y adquirieron mayor refinamiento. La basílica se convirtió definitivamente en modelo para los templos cristianos, comenzando entonces a usarse las cubiertas abovedadas. En el campo de la escultura, eran de considerable valor los marfiles carolingios, de influencia bizantina, la iconografía de las grandes cruces irlandesas o los bronces otonianos. La miniatura carolingia alcanzó gran corrección y expresividad, sobre todo en la escuela de Metz. Finalmente, la orfebrería creó trabajos muy preciosistas, tanto en cruces como en relicarios o altares.
 

Arte prerrománico en la Península Ibérica

En la Península Ibérica el primer arte prerrománico fue el de los visigodos, el pueblo germano que terminó por dominar casi toda la antigua región romana de Hispania. Éstos, como en el caso de los demás germanos, tanto en la arquitectura como en las artes figurativas, se inspiraron en parte en los modelos romanos y orientales para realizar sus creaciones artísticas; edificaron edificios robustos, con un uso de la planta central o basilical, el sillar, la bóveda y arco de herradura. Su escultura fue eminentemente decorativa, con temas vegetales, geométricos y figurativos dispuestos en capiteles, muros o sarcófagos. Como entre los demás germanos, la orfebrería tuvo gran calidad, sobre todo apreciable en algunos tesoros encontrados en varias necrópolis. Destruido el reino visigodo en el s. VIII por los musulmanes, los cristianos refugiados en varios núcleos montañosos del norte crearon sus propios estilos. El más importante fue el asturiano, heredero del visigodo, pero también hubo manifestaciones prerrománicas en la Marca Hispánica (Cataluña), en este caso influidas por el arte carolingio.

En el s. X, trasladada la capital del reino de Asturias de Oviedo a León (reino de León), el gran número de mozárabes emigrados desde al-Andalus impuso unas nuevas formas estéticas: el arte mozárabe, muy influido por el arte musulmán, que del sur peninsular se extendió por los territorios astur-leoneses de conquista ya consolidada, como el propio León, Cantabria, Castilla o La Rioja, y también por otros estados cristianos como Aragón y Cataluña. La arquitectura mozárabe usó con profusión el arco de herradura sobrepasado y con alfiz, aleros apoyados en modillones, bóveda de gallones y otros elementos característicos. De especial importancia fue la miniatura, de vivo colorido y originalidad iconográfica.
 

Arte prerrománico asturiano

El arte prerrománico de Asturias, conocido habitualmente como ?arte asturiano? desde que el escritor Gaspar Melchor de Jovellanos acuñó el término en el siglo XVIII, es probablemente, junto con el mozárabe, el que, gracias a sus numerosos y significativos ejemplos, posee mayor importancia dentro del arte altomedieval español. Su arco cronológico abarca parte del s. VIII, todo el siglo IX y principios del s. X, durante gran parte de la existencia del reino cristiano de Asturias, y concentrándose la mayor parte de sus muestras en Oviedo (la capital del reino) y alrededores. Arte promovido por la realeza, pero en muchos casos con sentido religioso, es una síntesis de corrientes anteriores y de estilos contemporáneos. Debe mucho a los desaparecidos arte romano y visigodo, pero también recibió en la época de su desarrollo influencias carolingias y bizantinas, y mozárabes en su último período. Todos estos elementos básicos los elaboró luego el arte asturiano con originalidad, alcanzando, dentro de su rusticidad, cierta perfección técnica. El conjunto de sus edificios fue declarado por la UNESCO, en 1985, Patrimonio de la Humanidad.

En la arquitectura se emplearon muros de sillarejo y mampostería, con sillares en los ángulos. Para abrir vanos se usó el arco de medio punto, no pocas veces peraltado y, en su época final, de herradura (influencia mozárabe). Las cubiertas eran de madera, o bien se trataba de bóvedas de cañón, generalmente reforzadas con arcos fajones, los cuales estaban contrapesados exteriormente por contrafuertes. Estos contrafuertes se usaban también, de forma original en el estilo asturiano, como elemento decorativo. Era frecuente, asimismo, en la decoración el uso de sogueados en las columnas y celosías en las ventanas. Las iglesias son los edificios más representativos del estilo; proporcionadas y con tendencia a la altura, situadas frecuentemente en emplazamientos de gran belleza natural, eran por lo general de planta basilical (influencia carolingia), con tres naves (más alta la central para permitir la entrada de luz), finalizadas en capillas rectangulares, que forman la cabecera; ésta, en la liturgia, se separaba del resto del interior mediante un iconostasio. A veces, dos pequeñas cámaras situadas a los lados formaban lo que en estilos posteriores será el transepto. A sus pies había un pórtico (herencia visigoda), y en la cabecera, sobre la capilla central, una ?cámara del tesoro?, a la que se accedía desde el exterior. Este espacio pudo usarse como celda penitencial o lugar donde proteger los objetos valiosos de la iglesia.

En otro tipo de artes no arquitectónicas las manifestaciones que han llegado a la actualidad son escasas, limitándose prácticamente a la decoración de los edificios mencionados: relieves en puertas, capiteles o muros; frescos, etc. Las creaciones de orfebrería también suelen ser piezas litúrgicas o, al menos, religiosas: cruces, relicarios y otras que los reyes asturianos solían donar a iglesias o monasterios, muy frecuentemente levantados por su patronazgo. En la evolución del arte asturiano se han distinguido generalmente tres períodos: prerramirense o de Alfonso II el Casto (siglo VIII y primera mitad del siglo IX); ramirense o de Ramiro I (mediados del siglo IX) y posramirense o de Alfonso III el Magno (segunda mitad del siglo IX y principios del siglo X).
 

Período prerramirense o de Alfonso II el Casto

En una fase inicial, todavía en siglo VIII, el ejemplo más temprano es la capilla o ermita de Santa Cruz, construida por el rey Fávila hacia el 737 en Cangas de Onís, entonces capital del reino asturiano. Se erigió donde anteriormente había existido un dolmen. Del edificio original nada queda, pues fue derribado y reconstruido en el siglo XVIII. La nueva ermita (de nave única con una cámara a modo de ábside más amplia que el resto), que pudo ser quizá similar a la anterior, fue destruida en la Guerra Civil. El siguiente templo que se conoce es del último cuarto de la centuria: la iglesia del rey Silo en Santianes de Pravia (la capital había sido trasladada a Pravia), de la que sólo partes del actual edificio son originales, dado que está muy reconstruida. Tuvo antiguamente un aspecto diferente al actual; era una iglesia de mampostería con sillares en los extremos, con cubierta de madera, de tres naves, crucero que no sobresalía ni en anchura ni en altura, un único ábside central semicircular peraltado con anchura algo menor que la nave central, al igual que el pórtico de los pies, pavimento de opus signium (en mosaico) y muros recubiertos de estuco rojo. No hay duda de su autoría, dado que se encontró una pieza epigráfica con la inscripción «Silo princeps fecit» (?Lo hizo el rey Silo?). Quizá algo anterior pudo ser Santa María de Veranes (entre Gijón y Oviedo), de la que sólo quedan algunos restos, que sugieren una estructura parecida a la de Santianes.

Sin embargo, no fue hasta el largo reinado de Alfonso II el Casto (791-842) cuando comenzó a definirse el arte prerrománico asturiano. Este rey estableció definitivamente la capital de Asturias en Oviedo, donde su padre Fruela I había tenido ya su corte, y reorganizó todo el reino. Así, embelleció y engrandeció esta ciudad con todo un programa constructivo destinado a realzar su condición de sedes regia, heredera de la visigoda Toledo. En primer lugar, delimitó claramente el área urbana, levantando una muralla con forma de rectángulo irregular. Reconstruyó luego la ya existente iglesia de San Salvador (obra del arquitecto Tioda), a la que dio luego el rango de catedral; en el año 812 estaba ya terminada, como consta en el testamento del rey de esa fecha. Las sucesivas reformas han modificado profundamente la construcción, y no quedan apenas trazas de ella; debió ser de planta rectangular, con tres naves y cabecera tripartita, siendo los ábsides cuadrados, y con vestíbulo-panteón a los pies.

La llamada Cámara Santa, que aparece hoy adosada a la torre de San Miguel de la catedral gótica, perteneció en realidad al palacio de Alfonso II, construido junto a San Salvador. Debió ser un edificio alargado, que tenía dos torres separadas entre sí, una de las cuales sería la de San Miguel, muy reformada. La Cámara Santa fue adosada posteriormente, y debió tener funciones de capilla-relicario; de planta rectangular, consta de una cripta, llamada de Santa Leocadia, y una capilla superior abovedada, igualmente dedicada a san Miguel. Se han encontrado también, muy próximos y en el otro lado de la catedral, los cimientos de la iglesia-panteón real de Santa María, donde estuvo enterrado Alfonso II; su estructura era casi idéntica a San Salvador, aunque de menores dimensiones. Alineado con el palacio se sitúa la iglesia de San Tirso, que del templo prerrománico posee aún la cabecera plana (en gran parte hoy bajo suelo), con un curioso ventanal tripartito enmarcado por alfiz.

Pero la obra mejor conservada y más representativa del período es la iglesia-residencia regia de San Julián de los Prados o Santullano (dedicada en realidad a los santos Julián y Basilisa, esposos y mártires del siglo IV), construida como parte de un complejo áulico en las afueras de Oviedo, donde antaño hubo una villa romana. Edificio amplio (el mayor del arte asturiano, de unos 40 m de largo y 25 m de ancho), monumental, presenta ya rasgos característicos como el pórtico, las tres naves (mayor la central) cubiertas con artesonado de madera, capillas rectangulares menores que aquéllas, crucero de notables dimensiones, cámaras laterales, iconostasio y cámara del tesoro sobre la capilla central abierta al exterior con triple arquería. Probablemente el crucero y la cámara del tesoro o tribuna fueran espacios reservados para el monarca. En la división de las naves, del crucero y de los ábsides se emplearon arcos de medio punto de distintos tamaños, sostenidos por pilares. Santullano (o un templo similar perdido) fue probablemente el modelo de otras dos iglesias de los alrededores de Oviedo: San Pedro de Nora y Santa María de Bendones. La primera es muy parecida a aquélla, pero de dimensiones bastante más reducidas y sin crucero. La segunda, descubierta en ruinas en 1954 y reconstruida, posee una planta peculiar, con una nave única más ancha que larga. En estilo afín debió levantar Alfonso II, desde el año 812, la primera iglesia de Santiago de Compostela erigida sobre el sepulcro del apóstol.

En cuanto al arte figurativo, lo más importante del período son los frescos sobre estuco del interior de San Julián de los Prados, que cubrían totalmente el interior y de los que hoy quedan todavía bastantes restos. En realidad, la mayoría de las iglesias asturianas estuvieron decoradas, pero sus pinturas se han perdido. Las de San Julián, de clara influencia paleocristiana y bizantina, representan, con gran riqueza cromática, imitando el mármol y con cierta perspectiva, la Jerusalén celeste. Hay ornamentación de grecas y motivos lineales en los zócalos, y diversos edificios (iglesias y palacios) con cortinajes y cruces en la parte superior de los muros. Muestra de la orfebrería asturiana, heredada de la visigoda, es la Cruz de los Ángeles que Alfonso II donó en 808 a San Salvador de Oviedo, y que hoy se conserva en la Cámara Santa; es una cruz griega patada, de madera, cubierta con lámina de oro labrada en filigrana y engastada con piedras preciosas de origen romano; de ella cuelgan a ambos lados las letras griegas Alfa y Omega (anagrama de Cristo Principio y Fin). Verdadero símbolo del reino de Alfonso II, de ella se hicieron numerosas reproducciones en otros materiales.
 

Periodo ramirense o de Ramiro I

A mediados del siglo IX, en tiempos del rey Ramiro I (842-850), el arte asturiano llegó a su mayor plenitud y originalidad, partiendo de los conocimientos acumulados en la etapa precedente, pero renovándose ahora con nuevas soluciones. El ejemplo más conocido y uno de los de mayor importancia de todo el prerrománico es Santa María del Naranco, sobresaliente edificio probablemente usado como palacio o capilla palatina, y más tarde sólo como iglesia. A diferencia de los templos del período anterior, posee una planta rectangular y dos pisos. El inferior cuenta con una cámara central y otras dos menores, una a modo de vestíbulo y otra que se ha identificado a menudo con unos baños; se apoya en arquerías ciegas soportadas, no ya por pilares, sino en columnas. La superior (?sala regia?), con acceso exterior, es casi toda ella una gran sala de bóveda de cañón y arcos fajones, sistema novedoso que parece sacado directamente de modelos romanos. Esta sala se abre al exterior mediante arquerías en los lados y dos miradores de arquerías triples en ambos extremos, decorándose los arcos con fustes sogueados muy característicos, y los contrafuertes del exterior con estrías. Dichos contrafuertes y las numerosas arquerías, junto con la sobreelevación respecto a la anchura, dotan al edificio de considerable plasticidad y expresividad. En el mirador orientado al este hubo un altar que hoy se conserva en el Museo Arqueológico de Oviedo.

En emplazamiento próximo se levanta la notable iglesia de San Miguel de Lillo, de la que sólo queda parte de la construcción original, un tramo de los pies y el pórtico, pero que originariamente contaba con cuatro tramos y tres naves abovedadas, más alta la central, que al ser además relativamente estrecha poseía cierto sentido ascensional que aún conserva acentuado por su truncada longitud. Los muros tienen contrarresto exterior en varios contrafuertes con acanaladuras. En el interior poseía una tribuna.

Más alejada está Santa Cristina de Lena (Pola de Lena), quizá erigida ya bajo Ordoño I, hijo y sucesor de Ramiro I, que utiliza soluciones de los dos edificios precedentes. Con volúmenes muy distintos pero bien proporcionados entre sí, cuenta con una única nave de bóveda de cañón con arcos fajones, con vestíbulo a los pies, tribuna en el piso superior, y capilla en la cabecera separada por un iconostasio visigodo perfectamente integrado; sus arcos de medio punto están muy peraltados

Las muestras figurativas de este período provienen sobre todo de la decoración de los edificios mencionados, mucho más abundantes que en época de Alfonso II y perfectamente integradas en la arquitectura, con cierta similitud otras artes, como la orfebrería. Entre los ejemplos más importantes están los clípeos o medallones de Santa María del Naranco, las jambas de la puerta de entrada de San Miguel de Lillo, con figuras humanas que representan escenas circenses (por lo que se lo ha relacionado con el díptico bizantino del cónsul Areobindus, de principios del siglo VI), los sogueados de las columnas, las celosías de las ventanas, o los motivos geométricos y vegetales de los capiteles de Santa Cristina de Lena y de nuevo de San Miguel de Lillo (en este caso también se decoraron, como detalle excepcional, las basas de las columnas). En cuanto a la pintura, apenas quedan algunas trazas de frescos en San Miguel de Lillo, con fragmentos de figuras humanas.
 

Periodo posrramirense o de Alfonso III el Magno


La última época del arte asturiano, coincidente de forma aproximada con el reinado de Alfonso III el Magno (866-910), estuvo influida por el arte mozárabe, estilo que más adelante, cuando el centro político del reino se trasladó a León, adquiriría aún mayor importancia hasta imponerse sobre cualquier otra corriente artística. No obstante, numerosos elementos asturianos pervivirían en el siglo X y llegarían a ser empleados, desde el siglo XI, por el arte románico. De este período final es muy representativa la iglesia de San Salvador de Valdediós (cerca de Villaviciosa), pequeño edificio datado en el 891, de buena ejecución técnica, especialmente en los sillares de las esquinas, los contrafuertes, la fachada y el ábside. De volúmenes sencillos, tiene tres naves sobreelevadas y abovedadas que cuentan con sus correspondientes capillas rectangulares a modo de ábside, y dos cámaras laterales. Como aportación de gran originalidad hay que tener en cuenta el pórtico abierto a uno de los lados. El uso de arcos de herradura y de alfices encuadrando las ventanas denota una influencia mozárabe.

San Salvador de Priesca (Villaviciosa), Santiago de Gobiendes (Colunga, muy reformado) y San Adrián de Tuñón (Santo Adriano, también con modificaciones) son también de este período y muestran con claridad su parentesco con Valdediós. San Salvador, que data del 921, tiene tres naves con cubierta de madera, y tres ábsides abovedados. Santiago, también de principios del siglo X es, como las demás iglesias del período, de planta tripartita, con cubierta de madera; sólo se conservan los dos ábsides laterales. Posee también una ventana con arco de herradura. San Adrián, de aspecto tosco, fue consagrada en 891, y es igualmente de tres naves. En Oviedo existe todavía la Foncalada, construida con grandes sillares, que no es sino una sencilla estructura rectangular con bóveda de cañón que cubre una fuente, a la que se accede por un arco de medio punto. También en la capital, Alfonso III construyó una fortaleza de características no conocidas, y una muralla interior. En tiempos debió haber más construcciones en la propia Asturias, Galicia y León, posteriormente perdidas, como San Pedro de Teverga, la reedificación de la basílica de Santiago de Compostela (que sustituyó a la de Alfonso II el Casto), o San Juan de León.

No hay prácticamente muestras escultóricas y pictóricas, salvo en capiteles y celosías, o en el interior de San Salvador de Valdediós y San Adrián de Tuñón. Ejemplos que hubo anteriormente se han perdido desde entonces. Sí hay dos piezas de orfebrería de gran valor: la Cruz de la Victoria, encargada por Alfonso III en 908 (hoy símbolo del Principado de Asturias), que es una gran cruz latina con brazos trilobulados, recubierta de chapa de oro a su vez decorada con filigranas, piedras y esmaltes; la Caja de las Ágatas de la catedral de Oviedo, relicario de madera cubierta de chapa de oro y casi un centenar de placas de ágata; y la Caja de las reliquias donada a la catedral de Astorga, de plata dorada repujada.

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Arte prerrománico catalán

Aunque mucho menos difundido y evolucionado que el asturiano, también en Cataluña en la época en que este territorio dependió del imperio carolingio con el nombre de Marca Hispánica hubo un arte prerrománico muy próximo a modelos tardorromanos y carolingios, más vinculado a los estilos europeos. Su marco cronológico se extiende, pues, entre el siglo IX y el siglo X, aunque la mayoría de las manifestaciones que perduran datan de la segunda mitad del siglo X, cuando comenzaron a construirse resistentes edificios con piedra y, en vez de barro, cal. Como en el resto del arte prerrománico, se trata de un arte sobre todo religioso, habiéndose perdido casi todos las iglesias y edificios monásticos fundados por entonces en los condados cristianos de la Cataluña Vieja, en muchos casos sustituidos por construcciones posteriores que las reemplazaron. Las iglesias prerrománicas catalanas, de aspecto robusto y gruesos muros, solían tener, aunque no exclusivamente, una única planta terminada en ábside de formas variadas (cuadrado, semicircular o incluso trapezoidal), con transepto de diferente altura, y cubierta (salvo en un primer momento en que se usó techumbre de madera) de bóveda pétrea, a veces con piezas dispuestas en espiga. Se usó el arco de medio punto, el peraltado y el de herradura. Los muros interiores estaban decorados habitualmente con esculturas ornamentales (rara vez de representación humana) y frescos.
 

El conjunto de Tarrasa

La principal muestra del prerrománico catalán es el llamado conjunto de Tarrasa, de claro tono clasicista. Comprende las iglesias de San Pedro, Santa María y San Miguel, de finales del siglo IX y principios del siglo X, aunque se aprovechó para su construcción elementos de hasta el siglo V, de cuando la ciudad era la sede episcopal de Egara.

La iglesia de Santa María ha sufrido numerosas reformas y modificaciones. Junto a la nave actual, del siglo XIII (parece que antiguamente fueron tres), debió tener dos salas a modo de crucero (protesis y diaconicon). Sí es original el ábside semicircular, cubierto en el exterior por un macizo cubo de sillarejo y sillares de mayor tamaño en las esquinas.

La iglesia de San Pedro es de estructura similar, con los mismos ábside tripartito (símbolo trinitario) y crucero de los primitivos templos. Los lóbulos del ábside muestran al exterior su parte convexa; por su parte, los brazos del crucero tienen menor altura y anchura que la nave.
Por último, la iglesia de San Miguel es la más antigua, mejor conservada y más similar a los modelos carolingios de las tres. Su planta, cuadrada, tiene un elegante y esbelto aspecto gracias a ocho columnas (reaprovechadas) que crean un espacio central cubierto con cúpula sobre trompas; los espacios de los bordes están techados con cúpula de cuarto de esfera, que al exterior son de menor altura que la cúpula central. En un lado del cuadrado hay un ábside de herradura, que al exterior es heptagonal. Esta iglesia se usó más tarde como baptisterio, como sugería su planta centralizada, muy usada en este tipo de edificios sacramentales.
 

Los monasterios prerrománicos catalanes

Algunos de los grandes monasterios catalanes medievales tuvieron su origen en cenobios prerrománicos de dimensiones más modestas que las que luego alcanzaron. Uno de los más importantes en el aspecto social (por su papel en la repoblación), cultural y religioso, es el benedictino de San Miguel de Cuixà (Rosellón), fundado en 879 por el arcipreste Potasi, sustituyendo al próximo de San Andrés de Eixalada, que había sido destruido por una crecida del río Tet. Originariamente un pequeño edificio anterior a su fundación como monasterio, los abades Pons y Garí construyeron en él una nueva iglesia entre los años 956 y 974, por deseo del conde de Cerdaña Sunifredo II. Coincidió, pues, con la extensión del espíritu cluniacense. Esta iglesia es la única parte que queda del monasterio prerrománico. Posee una planta basilical de tres naves, más grande la central que las otras en todas sus dimensiones (altura, anchura y longitud), y divididas entre sí por arcos de herradura abiertos en el muro. El ábside central es rectangular, en tanto que los dos pares de absidiolos en que terminan las naves laterales son semicirculares.

También es notable la iglesia del monasterio, igualmente benedictino, de Santa María de Ripoll (Gerona), fundado en 879 por el conde de Barcelona Wifredo I el Velloso (muy restaurado en el s. XIX). Su gran basílica no fue consagrada hasta el 977, cuando era abad Guidisclo, aunque había iniciado la construcción su predecesor, Arnulfo, sobre un templo anterior de menores dimensiones. Son prerrománicas sus cinco largas naves, que se inspiran en modelos paleocristianos, uno de los más importantes ejemplos de filiación clásica. Las naves centrales están separadas entre sí por pilares, y las laterales por pilares y columnas alternados, de modo que se diferencia perfectamente del resto el espacio constituido por la nave central.

Otras iglesias y monasterios con restos prerrománicos son: San Julián de Boada (Gerona), del siglo X, con ábside trapezoidal y arco de herradura que separa éste de su única nave; Santa María de la Tossa de Montbui (Anoia, Barcelona), una pequeña iglesia de tres naves con dos arcadas prerrománicas, que data de finales del siglo X y principios del siglo XI, levantada por el obispo Frujà de Vich; y San Quirce de Pedret (Gerona), del año 994, también con ábside con forma de trapezoide. En el Rosellón sobresalen los templos monásticos de San Genís de Fontanes y San Andrés de Sureda. El primero fue fundado por el abad Setimir hacia el año 819, pero, destruido el edificio primitivo por los musulmanes, fue reedificado un tiempo antes del año 981, con una iglesia con planta de cruz latina; sin embargo, en el actual templo sólo quedan de entonces los brazos del crucero y parte de los ábsides, que muestran cierto parentesco con San Miguel de Cuixà. El segundo monasterio fue fundación del abad Miró en torno al 823, aunque también aquí la iglesia actual es posterior, del siglo X, con planta de cruz latina y cabecera de tres ábsides semicirculares, cuyo muro está construido con técnica de espina de pez

La pintura mural catalana  

Contrastando con la pobreza de la decoración escultórica de los edificios, apenas limitada a motivos geométricos y vegetales decorativos situados en basas, capitales y cornisas, la pintura prerrománica catalana tuvo en cambio mayor desarrollo. Lineal pero expresiva, se inspira fuertemente en la pintura y mosaicos romanos y paleocristianos, y también en la miniatura mozárabe. Se han encontrado restos de frescos murales en los ábsides de Santa María, San Miguel y San Pedro de Tarrasa, más tarde cubiertos por otras pinturas, y en la pared del fondo de la nave central de San Quirce de Pedret. Los frescos de Santa María representan, dispuestos en tres círculos concéntricos, escenas de la vida de Cristo, identificándose el Prendimiento, Jesús ante Caifás y la Crucifixión. Los de San Miguel tienen una disposición similar, con menor número de figuras por ser un ábside de menor tamaño; muestran una teofanía que incluye a los Apóstoles, dispuestos en dos grupos de seis. Los de San Pedro se diferencian más de los anteriores, con figuras mal identificadas y de peor técnica, colocadas en una especie de retablo delante del ábside central, en tres niveles. Por último, los frescos de San Quirce de Pedret, conservados actualmente en el Museo Diocesano de Solsona, consisten en medallones que contienen figuras: un caballero enmarcado asimismo por una cruz y un oferente con las manos alzadas, ambos bajo un pavo real, un símbolo de la inmortalidad. 

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EL ARTE ROMÁNICO

Estilo artístico predominante en Europa en los siglos XI, XII y parte del XIII, el Románico supone el renacimiento del arte cristiano, al agrupar las diferentes opciones que se habían utilizado en la temprana Edad Media y conseguir formular un lenguaje específico y coherente aplicado a todas las manifestaciones artísticas. No fue producto de una sola nacionalidad o región, sino que surgió de forma paulatina y casi simultánea en Italia, Francia, Alemania y España. En cada uno de estos países brotó con características propias, aunque con suficiente unidad como para ser considerado el primer estilo internacional de ámbito europeo.

Desde el siglo VIII una serie de acontecimientos históricos posibilitó la renovación y expansión de la cultura europea: la subida al trono de Francia de los Capetos, la consolidación y difusión del cristianismo, el inicio de la Reconquista en la Península Ibérica y, fundamentalmente, el nacimiento de las lenguas románicas son los hitos que marcan ese resurgir. Sin embargo, el arte no alcanzó una formulación coherente hasta que fue superado el año 1000, cuando una corriente de vitalidad y expansionismo, tanto económico como cultural, se apoderó de las sociedades occidentales, que tuvieron un importante crecimiento demográfico gracias a la roturación de nuevas tierras y la apertura de antiguas rutas de comercio que posibilitaron los caminos de peregrinación. Toda Europa se vio invadida por una auténtica fiebre constructiva; se había conseguido formular un arte capaz de representar a toda la Cristiandad: el Románico.

El término Románico, como concepto que define un estilo artístico, fue utilizado por primera vez en 1820 por De Grebille, que englobaba bajo esta acepción todo arte anterior al estilo gótico y posterior a la caída del imperio romano; por analogía al término ya conocido de lenguas románicas, el arte románico sucedía al arte antiguo tal y como las lenguas románicas eran las sucesoras del latín. Posteriormente, la acepción de arte románico se fue restringiendo y pasó a designar el arte desarrollado en Occidente entre los siglos XI y XII, aunque todavía hoy siguen las controversias para determinar con exactitud la amplitud de espacio y tiempo que abarca este estilo.

En la definición de este primer arte europeo es fundamental la reforma monacal realizada por la orden cluniacense como resultado de una revisión en profundidad de las comunidades benedictinas. El monasterio de Cluny, fundado en el año 930, se convirtió en el gran centro difusor de la Reforma. La reforma benedictina alcanzó rápidamente una gran expansión y consiguió que, a través de sus monasterios, el arte Románico se difundiera por todo el mundo cristiano europeo. Con anterioridad ya se había desarrollado en Italia, en la región de Como, y en España, en Cataluña, lo que se denomina el primer Románico. Los maestros de Como, con sus aparejos de albañil, su estructura de iglesia de una nave y sus populares bandas lombardas, así como los primeros abovedamientos de las iglesias catalanas, sentaron bases sólidas para un rico desarrollo de la arquitectura románica.
 

Arquitectura románica

Los progresos del Románico se desarrollaron fundamentalmente en el terreno de la arquitectura religiosa. Las iglesias y los monasterios eran los lugares de experimentación donde se aportaban las soluciones más significativas.

Esta arquitectura se caracteriza por ser el resultado de un proceso de creación continuada donde no se pueden establecer unos principios estrictos generales, sino que salva progresivamente todas las dificultades con aquellos planteamientos arquitectónicos, funcionales y constructivos que solucionaban la erección de una iglesia. Su amplio desarrollo trajo como consecuencia la repetición, casi estereotipada, de modelos tanto constructivos como decorativos, fundamentalmente en las zonas rurales.

La iglesia románica, por tanto, no presenta una tipología uniforme, sino una continua adaptación a las necesidades sociales y religiosas, e introduce peculiaridades en cada una de las regiones donde se desarrolla. La planta basilical, la iglesia de salón con naves a igual altura, las naves únicas o las plantas radiales, son igualmente utilizadas. En este sentido, es la concepción del espacio recogido, aislado del exterior mediante gruesos muros de gran plasticidad, e iluminado por luz natural mediante focos muy concretos, lo que puede caracterizar estos edificios.

El cubrimiento con bóvedas fue uno de los grandes problemas que la arquitectura románica tuvo que resolver, la solución más extendida fue la bóveda de arista. El paso al Románico maduro lo marcó la consecución de una iglesia totalmente abovedada. Los paramentos, al tener que soportar los empujes de las bóvedas, son de gran grosor, por lo que se tienen que construir muros de sostén en las naves laterales; este espacio se aprovecha para la colocación de tribunas.

Pero las paredes entendidas como masa plástica resaltan su volumen con la inclusión de galerías o mediante los numerosos escalonamientos de puertas y ventanas. Los cruceros se realizan en forma de capillas laterales o entendidos como una nave que atraviesa el cuerpo de la iglesia. Las fachadas y las torres tienen asimismo un rico desarrollo.

Pero la iglesia románica no es sólo un edificio, sino que para el hombre de la época representa todo un símbolo. La fusión entre lo religioso, lo social y lo simbólico hace difícil distinguir en un edificio románico cuáles son las exigencias técnicas y funcionales, y diferenciarlas de las propiamente simbólicas.

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La arquitectura románica francesa

En Francia el Románico gozó de un importante desarrollo, incluso se pueden establecer escuelas regionales concretas. En primer lugar se ha de señalar el conjunto de edificios caracterizados por la utilización de la bóveda de cañón o la bóveda de arista, con un triforio de escaso desarrollo, localizadas en Borgoña y en menor medida en Poitou y Provenza. Sus ejemplos más destacados son las catedrales de Langres y Autun, seguidoras del modelo que estableció el monasterio de Cluny, o las iglesias de San Martín y San Lázaro, seguidoras del modelo de Santa María de Vézelay, que suprimen el triforio. Caracterizadas por las naves a igual altura, suprimiendo la iluminación directa de la nave central y siguiendo el modelo de Fontenay, se encuentran las iglesias de Poitou, Notre Dame de Poitiers; o en la Provenza, San Trófimo de Arlés y la Catedral de Avignon.

El conjunto de las iglesias llamadas de peregrinación, cuyos mejores ejemplos se encuentran en la Auvernia y el Languedoc, en torno a los caminos de peregrinación, se caracterizan por estar cubiertas con bóvedas de cañón o arista, situar el triforio sobre las naves laterales y en la cabecera presentar girola. Saint Sernin de Toulouse y Notre Dame du Port en Clermont Ferrand son ejemplos característicos.

El grupo de iglesias, cubiertas con cúpulas sobre pechinas, reciben directamente la influencia bizantina en este tipo de cubrición. Se ubican fundamentalmente en el Perigord y en el Angoumois. Entre otros ejemplos destacan Saint Etienne de la Cité y Angulema.

Las denominadas iglesias normandas se caracterizan por no presentar girola, alternar en los soportes las columnas y los pilares, y por tener un cimborrio sobre trompas. En decoración predominan los motivos geométricos. La Catedral De Beyuex o la Abadía de San Esteban y la de Cresy son ejemplos característicos. Este grupo de iglesias tuvo una influencia notable en Inglaterra y en Sicilia y algunos ejemplos se interpretan como precedentes del estilo Gótico.
 

La arquitectura románica en Italia

En Italia, la arquitectura recibió la fuerte influencia de la antigüedad clásica, sin embargo fueron mucho más fuertes las diferencias regionales que en España o Francia. En Lombardía se siguió la evolución de primer románico, caracterizado por la decoración de arquillos ciegos y el aparejo rústico, e incluía un pórtico de columnas exentas que cobijaba la portada principal y que descansaba sobre animales fantásticos, como en San Ambrosio de Milán y las catedrales de Ferrara y Parma. En la Toscana, destaca el conjunto pisano, compuesto por la Catedral, el Campanile y el Baptisterio, con arquerías exteriores de decoración y policromías a base de mármoles coloreados. En Lacio, se desarrolló el denominado estilo cosmatesco, cuyos edificios se decoraron con mármoles diversos y teselas de mosaicos. La Italia meridional estuvo definida por las diferentes influencias recibidas (árabe, bizantina o normanda) y dio como resultado una arquitectura muy original cuyos ejemplos más destacados son la capilla palatina de Palermo y la catedral de Monreale.

La arquitectura románica en Alemania

Alemania recibió la influencia francesa de Borgoña y la italiana de Lombardía, y recogió toda la tradición del arte otoniano. Se caracteriza por plantas con doble ábside: uno en la cabecera y otro a los pies (este último normalmente de carácter funerario), y por la colocación de las torres, circulares, flanqueando estos ábsides, mientras que los paramentos son decorados con pequeñas arquerías, las denominadas arquerías renanas. El conjunto de templos más representativo es el renano, donde destacan las catedrales de Spira y Maguncia, del siglo XI, y la de Worms, del XII. En ellas destaca el gran desarrollo de los cimborrios, así como las galerías abiertas al exterior que pasaron al Románico sueco, con la catedral de Lund como el ejemplo más característico. Otros edificios destacados son la catedral de Bamberg, la abadía de Laach, edificio donde mejor se aprecia la influencia borgoñona, o la iglesia de Santa María del Capitolio, en Colonia.
 

La arquitectura románica en Inglaterra


En Inglaterra se recibió la influencia directa de la arquitectura francesa de Normandía debido a la conquista de Inglaterra realizada por el normando Guillermo, el Conquistador, en 1066. De más amplias proporciones y solidez que los templos peninsulares, se caracterizan por las plantas de tres naves con cabecera formada por ábside rectangular que remata la nave central y ábsides de menor tamaño en las laterales. Sus más destacados edificios son las iglesias abaciales de Westminster y York, las catedrales de Lincoln y Durham, esta última considerada como uno de los precedentes del gótico por la utilización temprana de la bóveda de ojivas. La Catedral de Canterbury es una de los pocos ejemplos que presentan cabecera con girola.
 

Escultura románica


El Románico hizo posible el renacimiento de la escultura en piedra, formando parte de los edificios y quedando supeditada a ellos. La escultura romana había quedado empobrecida en los últimos tiempos del Imperio y terminó por desaparecer con las invasiones bárbaras. La actividad escultórica a partir de este momento se vio limitada a la orfebrería y pequeños trabajos en marfil. La importancia de la escultura románica en el edificio se hizo posible gracias a la incorporación de escultores en las cuadrillas ambulantes de canteros que fueron incorporando la decoración esculpida a la propia arquitectura en capiteles, frisos, cimacios, molduras, arcos, tímpanos, etc. Esta estrecha colaboración entre escultores y arquitectos hizo posible que en el siglo XII se desarrollara la escultura monumental, que no puede concebirse fuera de su soporte vital, la arquitectura, y más específicamente en las iglesias, donde se desarrolló la mayor parte de los programas decorativos.

La particularidad de estar supeditada al soporte arquitectónico hizo que esta escultura adquiriera dentro de él sus formas precisas: se ajustaron las figuras a la estructura del capitel, se alargaron las jambas o se empequeñecieron las dovelas de un arco. Esta supeditación y el carácter instructivo de la decoración hizo que existiera una despreocupación por la belleza formal, la simetría y la proporción, primando el principio de claridad expositiva frente a la ilusión espacial o la acción dramática. Era necesario entender con un golpe de vista qué era lo representado, que a su vez tenía que adaptarse perfectamente al marco arquitectónico elegido. La simplificación en los métodos de representación, apartándose del mundo de las cosas visibles, permitió expresar el mundo sobrenatural mediante un simbolismo muy sutil.

En la iconografía, la escultura se inspiró en fuentes muy diversas, tanto religiosas como profanas, y recogió motivos tanto de la antigüedad clásica como de los modelos prerrománicos. Los temas y motivos más representados fueron los que narraban historias del Antiguo Testamento, los Evangelios, el Apocalipsis, o las luchas simbólicas entre hombres y animales, además de representaciones del bestiario heredado de la antigüedad clásica y el mundo oriental y simplemente motivos vegetales y geométricos. Esta iconografía tenía como una de sus más importantes finalidades la de instruir a los fieles, uniendo las funciones narrativas con las pedagógicas y de transmisión de la cultura.
 

Escultura románica en Francia


En Francia la escultura se desarrolló en torno a las grandes escuelas arquitectónicas; fueron sus grandes centros Languedoc, Borgoña, Provenza, Auvernia y Poitou. En Languedoc influyó su proximidad a España y el Camino de Santiago, así como las canteras de mármol de los Pirineos. Obras fundamentales son el tímpano de Moissac, donde se representa una visión apocalíptica inspirada en un Beato mozárabe, y la portada de San Sernín de Toulouse, íntimamente relacionada con San Isidoro de León.
(Véase San Isidoro de León, Colegiata de).

En Borgoña destacaron el tímpano de Santa María de Vézelay, con la representación de Pentecostés, o el de San Lázaro, obra del maestro Gislebertus; en Auvernia, destacan los capiteles de San Benoit sur Loire y el tímpano de Santa Fe de Conqués, con una representación del Juicio Final; en Provenza, destaca el friso de San Trófimo de Arlés o el de San Gil de Gard, con la representación completa de la vida de Cristo. En Poitou y el sudoeste, sobresalieron la catedral de Angulema, con temas de la Ascensión y el Juicio Final, y Notre Dame la Grande destacó en Poitiers.

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Escultura románica en Italia


En Italia, la influencia de la estatuaria romana fue determinante. En Lombardía vivieron dos de las primeras personalidades del arte románico: Guglielmo de Módena, que trabajó en la catedral de Módena, y Benedetto Antelami, que trabajó en Parma, así como en las esculturas del Baptisterio y en la Catedral de Fidenza. En el resto de las regiones italianas destaca el clasicismo impuesto por la corte de Federico II en Capua y las obras en bronce debidas a artistas formados en los talleres del monasterio de Montecasino, donde recibieron las influencias bizantinas. Destaca la puerta de bronce de la catedral de Monreale realizada por el maestro Bonanno Pisano.

Escultura románica en Alemania


En Alemania la escultura monumental fue escasa, aunque se mantuvo la técnica de tratamiento del bronce derivada de los talleres de Hidesheim. Sus obras más destacadas son la Puerta Dorada de Freiberg y la imagen de Santa María del Capitolio de Colonia.
 

Pintura románica


Las formas de pintura románica fueron la mural sobre tabla (de más amplio desarrollo) y las miniaturas. Esta técnica contaba con importantes precedentes en el mundo prerrománico e incluso en el paleocristiano, a lo que se sumaba la fuerte influencia bizantina que se plasmó tanto en las técnicas, como en los temas. En este sentido, es fundamental el ejemplo del Monasterio de Montecasino que difunde su influencia por toda Europa.

Los templos románicos se decoraron prácticamente en su totalidad con pinturas murales, adoptando los principios de disposición que ya se habían definido en el arte bizantino. Los temas tratados, así como los motivos utilizados, fueron los mismos que en la escultura, puesto que esta decoración se rigió igualmente por la intencionalidad de instruir y, por tanto, por los principios de claridad y adaptación al soporte arquitectónico.

En la organización de los temas iconográficos, el ábside es el punto culminante de la representación, lugar donde se sitúa la representación del Pantocrátor: Dios entronizado, rodeado por una mandorla o almendra mística, sentado sobre el arco iris y rodeado por el Tetramorfos, símbolo de los cuatro evangelistas.

En Francia, en relación directa con los talleres de Cluny y recibiendo la influencia bizantina de Montecasino, se encuentran los ejemplos de la Cripta de Auxerre y las pinturas de Berzé la Ville. Más populares y recogiendo influencias locales se encuentran las de Saint Savins sur Gartempe, Montmorillón y Vich.

En Italia la pintura estuvo dominada por la influencia que ejercieron en ella las fórmulas bizantinas; fue más pura la denominada maniera italo-bizantina, que la maniera greca, donde las formas se estilizaron y dieron lugar al naturalismo florentino propio del siglo XIII. Sus ejemplos más característicos son San Urbano alla Caffarella, San Vicente de Galliano o San Pedro de Civitate.

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Arte Románico en España


El Románico español muestra caracteres peculiares respecto a Europa debido a las propias circunstancias históricas de la Península y al hecho de haber sido uno de los focos más importantes tanto en la gestación de las formas románicas, como en su evolución y en la disolución de las mismas.

El diferente proceso histórico desarrollado en la Península ibérica, motivado por la invasión musulmana de la misma y el mantenimiento de reductos cristianos en la zona norte, que se fueron extendiendo paulatinamente a medida que avanzaba la reconquista, hizo que el arte románico sólo tuviera manifestaciones en la mitad septentrional del territorio; la actual provincia de Cuenca, en la línea de Alarcón, fue el límite más meridional de este estilo en Europa.

Esta peculiar situación le dotó de una infinita variedad y riqueza, ya que se fue desarrollando en una tierra en lucha constante con otra cultura, poseedora de otra religión y de una estética tan poderosa como la occidental. Desde este punto de vista, el arte románico español se presenta como la afirmación de occidentalidad de un pueblo, un arte beligerante, de unidad cristiana y europea, frente al enemigo musulmán y su estética oriental. A la vez, el Románico se nutrió de toda esa cultura, ya que las dos áreas no se mantuvieron aisladas, sino que existió un continuo intercambio que acabó manifestándose en la decoración, en los temas y en las técnicas utilizadas.
 

Arquitectura románica en España


En España, este estilo se desarrolló a partir de dos focos: el Camino de Santiago y Cataluña.

El Camino de Santiago tuvo un destacado papel en la génesis y formación del Románico. Siguiendo esta ruta de peregrinación, se introdujeron en España todas las soluciones francesas y pasaron a Europa las influencias españolas.

En Cataluña, la existencia de la Marca Hispánica, ligada a la Europa cristiana, hizo que se conservasen formas constructivas tradicionales que acabaron desarrollando, junto con la arquitectura de los maestros de Como, lo que se ha dado en llamar el primer Románico, antecesor de la arquitectura cluniacense. Se caracteriza por el empleo rústico del aparejo de sillería y la decoración de paramentos mediante arquillos ciegos; son las denominadas bandas lombardas.

Los ejemplos más destacados son: la Abadía de Ripoll, consagrada en 1032 por el abad Oliva, importante figura de la cultura del momento, las iglesias de San Pere en la Seo de Urgel, la de San Vicente en Cardona y la de Santa Cecilia de Monserrat, entre otras. Este estilo se extendió hacia el Pirineo aragonés, donde se encuentran obras tan representativas como la de San Juan de la Peña, junto a Jaca.

Durante el siglo XI, a través del Camino de Santiago, el Románico se extendió por las tierras noroccidentales de Castilla; es el Románico de las grandes rutas jacobeas que, partiendo de ciudades francesas como Arlés, Le Puy, Vézelay y Orleáns, recorrió el norte peninsular por Jaca, Leyre, Sangüesa, Puente la Reina, Eunate, Estella, Santo Domingo de la Calzada, Burgos, Frómista, Carrión, Sahagún de Campos, León, Ponferrada y, tras atravesar Galicia, llegaba a Santiago de Compostela. Estas rutas se jalonaron con una serie de monumentos que se presentaron como la gran síntesis española del Románico internacional, que integraba en él todo el sustrato cultural heredado del arte hispánico prerrománico. Formas visigodas, asturianas, mozárabes, o del arte hispanoárabe, fueron recogidas y compendiadas junto a las formas del Románico francés.

Muestra de este arte, donde las influencias del prerrománico son notables, son las criptas de la catedral de Palencia, las de Loarre y Leyre, y el panteón de San Isidoro de León.

La Catedral de Jaca, iniciada en 1075, responde a modelos italianos y se caracteriza por alternar los soportes en pilares y columnas, y por su bóveda de crucero, de influencia mozárabe. La iglesia de San Martín de Frómista comenzó a construirse años antes que la Catedral de Jaca y constituye uno de los ejemplos más puros de este estilo. Totalmente abovedada, desarrolló un bello cimborrio sobre el crucero.

El siglo XII fue, ante todo, el siglo de la popularización y nacionalización del Románico. Tanto en Castilla como en Cataluña, no quedó aldea sin su correspondiente iglesia románica, a las que se unieron las grandes construcciones de monasterios y catedrales. En este segundo Románico, especialmente para sus manifestaciones más tardías, tuvo una importancia determinante la introducción de la Orden del Císter en España y todo su programa arquitectónico desornamentado.
 

En Galicia, la construcción de la catedral de Santiago determinó las restantes construcciones, aunque se fueron popularizando y permanecieron durante un largo tiempo. Sus ejemplos más destacados son las catedrales de Orense, Tuy, Lugo y Mondoñedo, o la iglesia de Santa María la Real de Sar, así como, en arquitectura civil, el palacio de Gelmírez.

En Castilla y León los modelos más influyentes son San Martín de Frómista y San Isidoro de León; esto se refleja en los edificios leoneses de San Pedro de las Dueñas y la iglesia de San Vicente, cuya construcción se inició a fines del siglo XI, aunque sus bóvedas de influencia cisterciense pertenecen al último tercio del siglo XII. En Ávila destacan las murallas, construcción del siglo XI.

En Zamora, el Románico presentó iglesias sumamente peculiares, como las de San Martín de Castañeda, Santa María de Tera y la cabecera de Santa María de Azoque. Su catedral, junto a la de Salamanca, presenta igualmente elementos románicos.

Fundamentalmente fueron las provincias de Soria y Segovia las productoras de una nueva y especial tipología de iglesia románica: son iglesias de una sola nave con galería porticada adosada en su lado meridional. Desde Soria y Segovia se extendió a toda Castilla; se encuentran ejemplos de este estilo en La Rioja, Navarra, Burgos y Guadalajara. Entre los ejemplos más destacados y más antiguos destacan las iglesias de San Miguel, en San Esteban de Gormaz (Soria), y la de San Salvador, en Sepúlveda. Los últimos ejemplos de esta nueva iglesia, tanto cronológica como geográficamente, sobresalen en la provincia de Guadalajara, cuyos edificios más destacados son las iglesias de Sauca, Beleña de Sorbe, Pinilla de Jadraque o Jodra del Pinar.

El Románico, totalmente popularizado, permaneció como estilo constructivo en innumerables iglesias rurales en todo el reino de Castilla a lo largo de buena parte del siglo XIII. Incorporó en su estructura elementos arquitectónicos que habían sido utilizados en la arquitectura cisterciense, como la bóveda nervada o los arcos apuntados. Los últimos ejemplos de esta arquitectura en Europa se desarrollaron en las provincias de Guadalajara y Cuenca hasta el límite de Alarcón, donde destacaron iglesias como las de Campisábalos, Albalate de las Nogueras o Albendiego, o ejemplares tan puros de este último Románico como la iglesia de Villar del Gato. La estructura románica como modelo constructivo se mantuvo en siglos posteriores en estas comarcas rurales.
 

Escultura románica en España

En el siglo XI, fecha de los primeros ensayos de la escultura románica, sobresalieron los talleres pirenaicos catalanes que se desarrollaron en torno a Ripoll y la vertiente septentrional del Pirineo. También, aunque es difícil su encuadramiento cronológico, dado el carácter de talleres volantes surgidos a lo largo del Camino de Santiago, se trabajó en Jaca, Frómista, Sahagún y Santiago de Compostela. Al igual que en la arquitectura, la escultura estuvo impregnada del rico poso de las artes hispanas prerrománicas.

Los capiteles que coronan las columnas del Panteón de San Isidoro de León, obra que señala el nacimiento de la escultura románica castellana, poseen un carácter netamente hispano que derivaba de modelos mozárabes locales. El establecimiento de comunidades mozárabes en el reino de León favoreció el desarrollo de una escultura monumental en la que se mezclaron las tradiciones visigodas con las cordobesas. Los escultores del Panteón sólo tuvieron que amoldar formas que ya tenían aprendidas al nuevo espíritu del románico.

El punto culminante de la escultura española lo marca el claustro del Monasterio de Santo Domingo Silos, donde las esculturas son tratadas casi a la manera de los marfiles musulmanes y mozárabes. Este edificio se convirtió en foco de continua inspiración de todo el Románico castellano.

La escultura que se había desarrollado de forma tan rica y compleja en todo el ámbito de los reinos del Norte y de Castilla, prácticamente desapareció en las últimas manifestaciones del Románico, popularizadas e impregnadas de la pobreza ornamental cisterciense. Quedó algún ejemplo importante en la provincia de Guadalajara, como son los Mensarios de las iglesias de Beleña, de Sorbe o Campisábalos, así como los capiteles de la portada de la iglesia de Millana.

Durante el siglo XII la escultura adquirió unos caracteres de naturalismo y alargamiento en el canon que se plasmó, sobre todo, en las obras que decoran el Pórtico de la Gloria en Santiago de Compostela y en la Cámara Santa de Oviedo.
 

Pintura románica en España

Las influencias estilísticas que recibió la pintura románica española son fundamentalmente tres: la italo-bizantina, la francesa y la local, formada por todo el sustrato prerrománico.

Los ejemplos más importantes y ricos se encuentran en la región de Cataluña. Destacan los ábsides de San Clemente y Santa María de Taull, ambos trasladados al museo de Arte de Cataluña. En las dos obras predomina la influencia italo-bizantina. En San Clemente se representa el Cristo en majestad, marcado por la frontalidad y el hieratismo, y resaltado por el rico colorido que lo acompaña. En Santa María, obra realizada en 1123, el ábside está dominado por la representación de la Virgen entronizada con Niño, acompañada por la escena de la Adoración de los Reyes. En relación con estas obras se encuentra la iglesia de la Vera Cruz de Maderuelo, en la que destaca una bella escena del Juicio Final.

El grupo de influencia francesa se desarrolló en torno al Camino de Santiago; destacan las pinturas de San Isidoro.

Herederas directas del arte peninsular son las pinturas que recogen influencias islámicas. Destacan las de la Iglesia segoviana de San Justo, o las pertenecientes al llamado círculo de Toledo, con ejemplos como San Román. Las pinturas de San Baudelio de Berlanga, actualmente en el Museo del Prado, son excepcionales por su iconografía profana. Posiblemente, la última manifestación de la pintura románica europea, perteneciente al Románico final, se encuentra en el ábside de la iglesia de Valdeolivas, en la provincia de Cuenca.

Estilo artístico que se desarrolla en la Europa occidental desde el siglo XIII hasta la implantación del Renacimiento. El termino gótico fue utilizado por primera vez en el siglo XVI por el gran historiador del arte italiano Giorgio Vasari: con él quería definir el "oscuro" arte de la Edad Media frente al glorioso pasado de la Antigüedad Clásica. Según esta definición, el arte gótico era sinónimo de bárbaro, cargado de connotaciones negativas. Esta actitud hacia el arte medieval se mantiene hasta las primeras décadas del siglo XIX, cuando el movimiento romántico descubre, con asombrosa admiración, la arrolladora fuerza y originalidad del Gótico, sobre todo de manos del joven Goethe. Se sueña a partir de este momento con un renacimiento del arte medieval, llenándose de contenido nuevamente al termino gótico, que empieza a distinguirse y separarse claramente del románico. El entusiasmo romántico y el historicismo llevan a cabo amplias restauraciones de edificios medievales, llegándose a establecer el estilo neogótico, arquitectura realizada a imitación de la gótica medieval.

Actualmente, como gótico entendemos un amplio período artístico que, según los países y las regiones, se desarrolla en momentos cronológicos diversos pero que, de forma general, podemos establecer desde mediados del siglo XII hasta comienzos del XVI, ofreciendo en su amplio desarrollo diferenciaciones profundas de país en país.

Este arte se ha definido durante mucho tiempo de manera bastante superficial, exclusivamente por la utilización de uno de sus elementos (el arco apuntado): suele llamarse ojival. Pero la utilización de un elemento no puede definir un estilo de forma global, ya que se trata de un problema más amplio que afecta a una nueva etapa histórica, una nueva concepción del arte y, con ello, también una nueva forma de entender el mundo, un nuevo cosmosistema. Un elemento estructural, por importante que sea, no puede resumir el concepto global sobre la vida que queda plasmado en las obras artísticas.

Los nuevos edificios religiosos se caracterizan por la definición de un espacio que quiere acercar a los fieles, de una manera vivencial y casi palpable, los valores religiosos y simbólicos de la época. La catedral se va a llenar de luz, este es el elemento que conforma realmente el nuevo espacio gótico. Será una luz física, no figurada en pinturas y mosaicos, luz general y difusa, no concentrada en puntos y dirigida como si de focos se tratase, a la vez que es una luz transfigurada y coloreada mediante el juego de las vidrieras, que trasforma el espacio en irreal y simbólico. La luz está entendida como la sublimación de la divinidad. La simbología domina a los artistas de la época: la Escuela de Chartres considera la luz el elemento más noble de los fenómenos naturales, el elemento menos material, la aproximación más cercana a la forma pura. El arquitecto gótico organiza una estructura que le permite, mediante una sabia utilización de la técnica, emplear la luz, una luz transfigurada que desmaterializa los elementos del edificio consiguiendo sensaciones de elevación e ingravidez.
     

el arte gótico

Estilo artístico que se desarrolla en la Europa occidental desde el siglo XIII hasta la implantación del Renacimiento. El termino gótico fue utilizado por primera vez en el siglo XVI por el gran historiador del arte italiano Giorgio Vasari: con él quería definir el "oscuro" arte de la Edad Media frente al glorioso pasado de la Antigüedad Clásica. Según esta definición, el arte gótico era sinónimo de bárbaro, cargado de connotaciones negativas. Esta actitud hacia el arte medieval se mantiene hasta las primeras décadas del siglo XIX, cuando el movimiento romántico descubre, con asombrosa admiración, la arrolladora fuerza y originalidad del Gótico, sobre todo de manos del joven Goethe. Se sueña a partir de este momento con un renacimiento del arte medieval, llenándose de contenido nuevamente al termino gótico, que empieza a distinguirse y separarse claramente del románico. El entusiasmo romántico y el historicismo llevan a cabo amplias restauraciones de edificios medievales, llegándose a establecer el estilo neogótico, arquitectura realizada a imitación de la gótica medieval.

Actualmente, como gótico entendemos un amplio período artístico que, según los países y las regiones, se desarrolla en momentos cronológicos diversos pero que, de forma general, podemos establecer desde mediados del siglo XII hasta comienzos del XVI, ofreciendo en su amplio desarrollo diferenciaciones profundas de país en país.

Este arte se ha definido durante mucho tiempo de manera bastante superficial, exclusivamente por la utilización de uno de sus elementos (el arco apuntado): suele llamarse ojival. Pero la utilización de un elemento no puede definir un estilo de forma global, ya que se trata de un problema más amplio que afecta a una nueva etapa histórica, una nueva concepción del arte y, con ello, también una nueva forma de entender el mundo, un nuevo cosmosistema. Un elemento estructural, por importante que sea, no puede resumir el concepto global sobre la vida que queda plasmado en las obras artísticas.

Los nuevos edificios religiosos se caracterizan por la definición de un espacio que quiere acercar a los fieles, de una manera vivencial y casi palpable, los valores religiosos y simbólicos de la época. La catedral se va a llenar de luz, este es el elemento que conforma realmente el nuevo espacio gótico. Será una luz física, no figurada en pinturas y mosaicos, luz general y difusa, no concentrada en puntos y dirigida como si de focos se tratase, a la vez que es una luz transfigurada y coloreada mediante el juego de las vidrieras, que trasforma el espacio en irreal y simbólico. La luz está entendida como la sublimación de la divinidad. La simbología domina a los artistas de la época: la Escuela de Chartres considera la luz el elemento más noble de los fenómenos naturales, el elemento menos material, la aproximación más cercana a la forma pura. El arquitecto gótico organiza una estructura que le permite, mediante una sabia utilización de la técnica, emplear la luz, una luz transfigurada que desmaterializa los elementos del edificio consiguiendo sensaciones de elevación e ingravidez.
 

Catedrales Góticas

La catedral será el edificio simbólico de la Baja Edad Media, asumiendo funciones sociales muy determinadas. Su construcción va a representar el empeño de toda la colectividad: es el símbolo de la confianza de la ciudad en su capacidad, sus recursos, su riqueza y su prestigio. Es el elemento de referencia espiritual y física. Materializa no sólo la realidad espiritual de un mundo sino que también sirve de espacio ciudadano utilizado para la concentración, el encuentro e incluso el mercado, así como para la liberación de las tensiones de la sociedad mediante la fiesta.

Arquitectónicamente, la catedral se convierte por excelencia en el espacio del templo gótico, donde se produce la materialización genial del presentimiento humano del mundo sobrenatural.

En el interior, los grandes espacios definidos (tanto en altura como en anchura) de las naves centrales y laterales, así como la cubrición abovedada de estos espacios, se consigue técnicamente enviando los grandes empujes de estas bóvedas hacia el exterior mediante arbotantes y contrafuertes, dejando, sorprendentemente, libres de elementos de sostén los muros de las naves, que pueden ser horadados con grandes ventanales. Elementos como los arcos apuntados, las bóvedas de crucería, los arbotantes reforzados con pináculos o los contrafuertes, conocidos y utilizados ya en la arquitectura, ahora son empleados conjuntamente para definir un espacio de elevación e ingravidez, simbólico y transfigurado mediante la luz coloreada.

Los empujes producidos por el peso de la bóveda se envían al exterior mediante la concentración de haces de columnillas en los pilares, que dejan libre el paramento e incluso permiten su adelgazamiento, siendo sustituido por grandes ventanales y tracerías con vidrieras para acrecentar el sentido ascensional de la arquitectura.

Las vidrieras tamizan y fragmentan la luz, que penetra en el espacio a través de colores diferentes creando una atmósfera irreal y fingida. También acentúan la tensión entre la materialidad de los elementos constructivos y el artificio de su utilización, para lograr la sensación de ingravidez y desmaterialización. A la vez, sirven igualmente como soporte de una iconografía que, sin relación con los soportes y, por tanto, con la materia, permiten el juego simbólico de relacionar la luz con la divinidad.

La nueva concepción del espacio no elimina el diseño de cada una de las partes que conforman la catedral. Las plantas suelen ser de cruz latina y basilicales.

En el exterior, la catedral va a destacar sobre el resto de los edificios de la ciudad por su monumentalidad y grandeza, caracterizando los núcleos urbanos medievales. Los volúmenes van a quedar escondidos en juegos infinitos de arbotantes, pináculos, haces de columnas y arcos apuntados. Las fachadas principales se van a disponer, siguiendo la tradición de la arquitectura normanda, mediante grandes portadas flanqueadas por torres esquinales.

La portada se organiza siguiendo la composición tradicional de la portada románica: se utilizan arquivoltas apuntadas, dinteles, parteluces y tímpanos que, en muchas ocasiones, son sustituidos por rosetones, introduciendo elementos como gabletes, pináculos y todo un complejo programa escultórico que por su disposición, exuberancia y combinación, parece responder a un crecimiento orgánico casi vegetal.
 

Arquitectura gótica en Francia

A diferencia del arte románico, que tiene su nacimiento en diferentes centros geográficos, el arte gótico tiene como único centro de nacimiento e irradiación el norte de Francia. Desde el punto de vista histórico, este hecho viene marcado por la alianza que se produce entre la monarquía francesa y la iglesia. La región de Ile de France (territorio dominado por la dinastía de los Capetos) fue adquiriendo una sólida estructura monárquica, favoreciendo la formación de una clase dirigente unitaria animada por el ideal caballeresco y cortés; esta sociedad se encontró una iglesia debilitada que sólo se ve renacer en la reforma cisterciense propiciada por San Bernardo de Claraval y por la clase dirigente de la abadía de Saint Denis. Otro factor importante para la difusión del arte gótico (y que lo une al románico) es el desarrollo de las lenguas vernáculas romances: en esta época se establecen las lenguas literarias nacionales que viene determinadas por su prestigio político o poético.

El primer intento de arquitectura gótica se produce, precisamente, en la abadía de Saint Denis, propiciada por el abad Suger, seguidor de San Bernardo de Claraval y consejero de Luis VI. En la construcción de la planta y en la zona inferior de la cabecera existe una clara intencionalidad política, buscándose en el nuevo estilo un lenguaje más dúctil, sutil y elegante, que sea una expresión original y contundente del poder real frente al clero cluniacense y la nobleza feudal.

Siguiendo el ejemplo de Saint Denis, en la segunda mitad del siglo XII se erigen varios edificios de un gótico primitivo. En la catedral de Laon (1156-1160) y en la de Notre Dame de París (1163) se ensaya una mayor elevación de la nave central, así como que la luz se convierta en el elemento dominante: los intentos de mayor iluminación son constantes. En un principio, en ambas se utilizan las bóvedas sexpartitas, sistema que es abandonado pronto por la introducción de un nuevo elemento, el arbotante (utilizado por primera vez en 1180 en Notre Dame de París) que permite dirigir los empujes desde las bóvedas hasta los contrafuertes exteriores, consiguiéndose la apertura de grandes vanos.

En esos mismos años se inicia la construcción de la catedral de Chartres, que introduce la novedad de la eliminación de las tribunas sobre las naves laterales y la utilización de bóvedas de crucería simple.

A partir del siglo XIII y tras estos primeros intentos, el estilo gótico se afianza definitivamente: las catedrales de Reims (1211) y Amiens (1220) son los mejores ejemplos del gótico internacional o clásico. En ambas se utiliza la planta cruciforme y los elementos son combinados en un sistema consciente que busca la ingravidez, la iluminación irreal y la regularidad. Las variedades regionales del gótico francés serán múltiples, ramificadas y derivadas de la adaptación del estilo a las tradiciones regionales.

Pero el estilo perfectamente asentado se dirigirá a una artificiosidad contínua, empeñada en ganar altura, expandir los vanos y acentuar el apuntamiento de los arcos. Esta tendencia conforma lo que se ha llamado el gótico radiante, cuyo ejemplo más característico es la Sainte Chapelle de París, representativa del estilo más efectista y ornamental.

En el siglo XIV se terminarán las grandes catedrales comenzadas con anterioridad y se construirán edificios de menor entidad, destacando la catedral de Albi o la iglesia de los Jacobinos de Toulouse, ambas realizadas en ladrillo.
 

Arquitectura gótica en Inglaterra


El nuevo estilo se difundió rápidamente por Inglaterra, adquiriendo características originales. Uno de los primeros edificios es la catedral de Durham (1093-1133) donde los nuevos elementos se ensayan en una concepción del espacio todavía románica.

Hasta el siglo XIII no se desarrolla plenamente el estilo: en esta primera época seguirá las formas francesas, traduciendo, en sentido ornamental, la lógica estructural francesa y remitiéndose al románico normando para desplegar en horizontal superficies vastas y muy decoradas. De este primer momento son la catedral de Salisbury, el crucero de la de York, la nave y la sala capitular de Lincoln y el coro de Worcester. Posteriormente, la tendencia decorativa del gótico inglés se fue acentuando: es el llamado estilo decorado, que se desarrolla desde 1230 y que se constituye como un gótico internacional de inspiración íntegramente inglesa, liberado de la influencia francesa e, históricamente, marcado por el conflicto de la guerra de los Cien Años. Sus mejores ejemplos son las bóvedas estrelladas de Gloucester, Canterbury, Bristol y Winchester. A partir de 1350 el uso de las bóvedas de abanico, que permiten el desarrollo de estructuras ligeras sin arbotantes, dará lugar al llamado estilo perpendicular, caracterizado por complicadísimos entrelazados de nervaduras en las bóvedas y una profusa ornamentación. Sus obras más representativas son el claustro de la Abadía de Gloucester el King´s College de Cambridge, la capilla de San Jorge de Windsor y la de Eton´s College.
 

Arquitectura gótica en Alemania


En los países germánicos la evolución de la arquitectura fue compleja: se desarrolla a partir del siglo XIII copiando en sus catedrales, casi de forma literal, los modelos de Chartres, Reims y Amiens, como ocurre en Colonia (1240), Bamberg (1248), Estrasburgo o Friburgo. Sin embargo, consiguen crear un nuevo modelo en las iglesias denominadas de sala, donde las naves dispuestas a la misma altura unifican el espacio y producen una sensación de diafanidad que no se había conseguido en los modelos franceses; esta visión del espacio se aplicará en el llamado gótico tardío de los siglos XV y comienzos del XVI. El ejemplo más temprano de esta tipología es la catedral de Minden. La influencia del gótico alemán se trasmitirá hacia el norte y centro de Europa hasta Rusia
 

Arquitectura gótica en los Países Bajos


El desarrollo y la influencia del Císter en los Países Bajos hace que el estilo gótico sea menos esbelto y más robusto que el gótico francés. Ejemplos de ello son los de Santa Gúdula de Bruselas y San Salvador y Nuestra Señora de Brujas. La iglesia de Hal anuncia lo que será el gótico flamígero del siglo XV, que será muy fructífero en Flandes. Muy destacado es el gótico civil, centrado fundamentalmente en edificios municipales como los palacios de Brujas, Bruselas, Lovaina y Gante.
 

Arquitectura gótica en Italia

En Italia, los múltiples aspectos del gótico son aún más variados, debido a que este estilo penetró ligado a modelos cistercienses desde los primeros decenios del siglo XIII y se desarrolló en una multiplicidad de expresiones, caracterizadas por la tensión entre la verticalidad y la horizontalidad, además de la solidez de los muros. Todo ello lleva a una predilección por la planta basilical, la tendencia a ventanas de reducido tamaño y a fabricar arcos sólo ligeramente apuntados. La horizontalidad se remarcara por la utilización de bandas horizontales de colores alternados. Ejemplos claros son las iglesias de Santo Domingo en Bolonia (1221), Santa María Novella en Florencia (1278) o la iglesia de San Francisco de Asís (1228). La reacción contra las formas góticas, tan lejos de la tradición de la Antigüedad Clásica, es muy temprana, apareciendo ya en las catedrales de Orvieto y Siena.
 

Arquitectura gótica en Portugal


Es una arquitectura tardía. Uno de sus mejores ejemplos es el monasterio de Batalha de finales del siglo XIV, realizado en conmemoración de la batalla de Aljubarrota. Otra obra importante es el monasterio de los Jerónimos de Belem, realizado en el estilo denominado manuelino.
 

Escultura Gótica


El estilo gótico supone la liberación de las artes figurativas respecto a la arquitectura. La escultura, aunque sigue ligada a ella, muestra en el tratamiento del relieve una libertad respecto al marco arquitectónico que no hubiera sido posible en el románico. Tanto pintura como escultura rompen la llamada ley de adecuación al marco, con lo que los relieves pasan a ser trabajados más con un aspecto de escultura de bulto redondo adosada que de estatuas columnas como habían sido las románicas. La evolución es producto de la nueva forma de entender la realidad del hombre gótico: su preocupación por el Dios Hombre y su naturaleza mortal hace que cobren gran importancia escenas de su vida como La Crucifixión o la Pasión, mientras que el ascetismo románico es sustituido por sentimientos de ternura, de felicidad o de compasión. La figura de la Virgen juega un papel fundamental: en ella destaca el tratamiento de sentimientos humanos como dolor, ternura o protección. La Virgen se convierte en el eslabón que media entre los hombres y Dios. Los Santos adquieren también un gran protagonismo, representándose con frecuencia historias de sus vidas. La naturaleza sigue siendo ampliamente tratada, así como se mantiene el gusto por los monstruos y los animales fantásticos aunque es mucho menos frecuente que en la iconografía románica.

El volumen, el movimiento y la expresividad constituyen las características de una escultura que camina claramente hacia un marcado naturalismo. Se centra esta escultura principalmente en las portadas, que adquieren un gran desarrollo reproduciendo temas como el Juicio Final, la Coronación de la Virgen o la Vida de los Santos. Los capiteles apenas se utilizan como soporte decorativo, a no ser de motivos vegetales. Los retablos adquieren gran monumentalidad y desarrollo, así como los coros. Por otra parte, el nuevo sentido de la muerte hace que surja una importante escultura funeraria, gran parte de ella alojada en el interior de las catedrales.
 

Escultura gótica en Francia


El nacimiento de la escultura gótica se puede fechar alrededor de 1175, con los relieves dedicados a la Virgen en la catedral de Senlis; en ellos, las figuras aparecen ya libres del soporte arquitectónico. En la catedral de Laon y en la de Chartres las estatuas columnas se presentan casi como esculturas de bulto redondo adosadas, y contribuyen con su tratamiento al sentido ascensional de la arquitectura. La evolución de la escultura hará que florezcan múltiples talleres que se van a ir preocupando cada vez más de la técnica de la representación que del tema repreentado, adquiriendo una mayor importancia la escultura exenta tanto en imágenes de santos como en escultura funeraria.

En el siglo XIV la escultura adquiere un marcado interés por la expresividad y el movimiento. Uno de sus principales centros es Borgoña, donde trabaja el famoso escultor Claus Sluter, realizando obras tan destacadas como el conjunto funerario de Felipe el Atrevido y el conocido pozo de Moisés.
 

Escultura gótica en Italia


La mayor escuela de escultura gótica en Italia se desarrolla en Toscana, sobre todo en la ciudad de Pisa, donde se había mantenido con más fuerza la cultura clásica y donde se está en permanente contacto con la cultura de Oriente. Esta escultura, influida por los logros de la escultura francesa, evoluciona rápidamente hacia un clasicismo que desemboca en el Renacimiento.

Nicola Pisano sintetiza su conocimiento de la antigüedad clásica a través de los sarcófagos romanos con los logros de la escultura francesa. Sus obras más importantes son el púlpito del Baptisterio de Pisa y el púlpito de la catedral de Siena. Su hijo, Giovanni Pisano, sigue la línea del padre, introduciendo un mayor dramatismo con una clara referencia a la escultura francesa en los púlpitos de la catedral de Pisa y la fachada de la catedral de Siena. Con un tono anunciador del Renacimiento, Andrea Pisano realiza las puertas del baptisterio de Pisa en bronce, donde se recorta nítidamente el volumen de las figuras. También trabaja en los relieves del Campanile de Pisa que habían sido diseñados por Giotto.
 

Escultura gótica en Inglaterra


Recibe toda la influencia de Chartres pero no se realiza con la misma maestría. En las estatuas de la catedral de York (1210) o en las de Wells y Lincoln (1230), los ejemplos franceses se repiten con una nota grotesca. De ella va a derivar posteriormente el retrato humorístico. La escultura sepulcral tendrá una fuerte implantación y desarrollo, realizada en la mayor parte de los casos en alabastro y en cobre dorado. Se caracteriza por su realismo y por su visión idealizada del difunto; son, en general, tumbas de obispos y caballeros, la clase social ascendente en Inglaterra que, a partir de ahora, será sustituida por la clase parlamentaria.
 

Escultura gótica en Alemania


La influencia recibida en Alemania desde Francia va a ser determinante en su escultura que, sin embargo, va a ir evolucionando hacia un realismo austero cuyos primeros intentos se observan en la puerta dorada de Freiberg en Sajonia. En Bamberg será determinante la intervención de un maestro de Reims que, con su obra el Jinete y otra serie de esculturas, introduce plenamente el gótico francés. La culminación de la escultura gótica alemana se produce en la catedral de Naumburg, con las obras del Maestro de Naumburg, de gran libertad dramática y vigor expresivo.

Pintura Gótica

La invasión que hacen las ventanas en las paredes de los edificios góticos hace que la pintura mural pierda importancia, que pasa a ser ahora de la pintura en las vidrieras, en tabla o las miniaturas. Al mismo tiempo, se desarrolla el arte del retablo, donde se mezclarán pintura y escultura para desarrollar programas iconográficos coherentes.

La pintura gótica va a presentar una temática preferentemente religiosa, donde las figuras se representan como símbolos de la realidad natural y donde el mundo sobrenatural se simboliza mediante fondos dorados que la luz hace brillar. Las figuras son planas e ingrávidas sin referencias a la realidad, tratando de crear un espacio simbólico desvinculado del entorno.

La crisis del siglo XIV da lugar a la llamada pintura del gótico internacional que en muchos lugares llegará hasta mediados del siglo XV. En esta época, las cortes y los nobles van a desarrollar un gusto por el lujo y por las obras de arte, propiciando un desarrollo de la orfebrería y las artes suntuarias. En unión con ello se desarrollará en gran medida la miniatura; uno de los mejores ejemplos son las realizadas para Alfonso X el Sabio. El interés por la narración y por el naturalismo en la representación influirá en gran medida en esta miniatura, que irá caminando hacia un detallismo y una minuciosidad en las representaciones. Uno de los ejemplos más destacado es Las ricas horas de Jean de Berry, Libro de las Horas realizado por los hermanos Limbourg para el duque de Berry.
 

Vidrieras góticas


La belleza y la intención del espacio gótico no puede entenderse sin la luz, elemento que lo condiciona todo. Con ella son las vidrieras las que serán encargadas de dar una luz difusa, coloreada e irreal que transforme ese espacio en simbólico. En ellas se van a representar temas del Antiguo y Nuevo Testamento.

Las únicas que ha llegado hasta nosotros son las que el abad Suger mandó construir para las capillas del coro de Saint Denis. Ejemplos magistrales son las vidrieras de la catedral de Chartres y las de la Sainte Chapelle, donde se representan grandes y estáticas figuras, y las de la catedral de León. La técnica utilizada en la conformación de la vidriera es el teñido de trozos de vidrio realzados en grisalla y unidos mediante tiras de plomo que delimitan las figuras y aíslan los tonos, conservándoles su valor. La composición lo invade todo: se realiza sin perspectiva y con una gran precisión en el dibujo y en la coloración, que es infinita y muy rica, dando como resultado una decoración traslúcida.
 

Pintura gótica italiana. Giotto


En Italia se conservó hasta bien entrado el siglo XIII la decoración de mosaico que, sobre todo por la influencia bizantina, tanto se había utilizado en el arte románico. En estos mosaicos se mantuvieron la mayor parte de los logros del arte helenístico, como el modelado de las figuras mediante la luz y la sombra o el conocimiento del espacio mediante el escorzo; sin embargo, estos conocimientos expresados en la época románica permanecen rígidos y anclados en el tiempo. Será con el nuevo estilo gótico y gracias a una personalidad concreta, Giotto y la escuela florentina, cuando se liberen y puedan evolucionar hacia el Renacimiento.

El proceso de transformación de la pintura heredada de los bizantinos se inicia con artistas como Cavallani y Cimabue, que desarrollan su actividad en Florencia y Roma. Pero la fuerza de la tradición era grande y sólo una figura de la talla de Giotto es capaz de elaborar la ruptura. Este artista es el verdadero introductor de la pintura moderna: con él se inicia el Renacimiento y una nueva valoración y consideración del Arte y los artistas. Giotto consigue la representación del espacio real mediante el tratamiento de las figuras con luces y sombras: el estudio de sus anatomías traducirá expresiones anímicas. Las escenas son tratadas como narraciones donde se crea la ilusión del tema que sucede delante de nosotros; el movimiento, la rotundidad casi monumental de las figuras, sus gestos dramáticos y el tratamiento de la luz presentan la escena como un auténtico montaje escenográfico.

La fama de Giotto se difundirá rápidamente y todos los pintores lo imitarán, lo que da lugar a la llamada escuela florentina. Con él cambia el concepto del artista-artesano anónimo, sólo diferenciado por la pericia y conocimiento de las técnicas tradicionales. Pasa a un primer plano el ingenio inventivo, siendo la fuerza y la novedad de la creación su mayor valor. Estos conceptos darán forma al Renacimiento y serán la base de la historia de los grandes artistas.
Sus obras más destacadas son los frescos de la capilla de los Scrovegni en Padua y los frescos sobre la vida de San Francisco de la iglesia alta de Asís.

Sin embargo, esta forma de entender el arte, primer paso hacia el Renacimiento, queda reducida al núcleo florentino, ya que en Siena se desarrolla la denominada escuela sienesa, imbuida por la pintura del gótico internacional, con figuras estilizadas, onduladas y elegantes. Duccio di Buoninsegna es el mejor representante de esta escuela, donde se sintetizan la tradición bizantina y los nuevos modelos europeos. Sus obras más conocidas son la Pala Rucellai (1285) y la Maestá de la catedral de Siena (1311).

En el siglo XIV Simone Martini difunde este estilo sienés por Europa, dando al gótico internacional un mayor gusto por el ritmo lineal y la fuerza del color. La influencia de Giotto llega a Siena de manos de los hermanos Lorenzetti, que decoran el palacio público de Siena con alegorías del buen y el mal gobierno.
 

Arte Gótico en España

En España, el gótico se desarrolla desde finales del siglo XIII, sus primeras formas estéticas son importadas de Francia, para luego pasar a formular características propias. Es un arte que seguirá vigente hasta bien entrado el siglo XVI, desarrollando en su última época estilos propiamente nacionales como el Gótico Isabelino.

En un primer momento, el estilo gótico español participa de las características e influencias que llegan a la Península desde los grandes centros europeos. Las estrechas relaciones de Castilla con Francia en el siglo XIII, y de la Corona de Aragón con Italia en el siglo XIV, así como el intenso comercio desarrollado con Flandes en el siglo XV, marcan las diferentes etapas evolutivas del gótico español. La llegada de los cistercienses en 1131, llamados por Alfonso VII, y la rápida implantación de sus monasterios, influyó en gran medida en el último románico español. El empleo de la bóveda de crucería en las construcciones románicas no era extraño puesto que se había heredado de las construcciones cordobesas. La fusión de las últimas formas del románico con las formas cistercienses, dará lugar, en las postrimerías del siglo XII y principios del XIII, a una serie de edificios como las catedrales de Lérida, Tudela, Tarragona o Sigüenza, que se han interpretado como los primeros ensayos de arte gótico, aunque la concepción de su espacio y el tratamiento de la luz son todavía absolutamente románicos.

El gótico llega a la Península importado desde los grandes centros franceses. Los reyes y obispos imponen las nuevas formas en sus catedrales, sin que se pueda establecer un nexo de unión con las realizaciones anteriores. La primera fase del gótico español deriva directamente de la catedrales de Chartres, Reims y Amiens, y como en Francia, es el momento de la construcción de las grandes catedrales. En el siglo XIV, este clasicismo evolucionado se va a fundir con las formas italianas que se introducen a través del reino de Aragón, junto con la influencia germánica del gótico internacional. En el siglo XV se introducen formas borgoñonas que más tarde son sustituidas por las flamencas y que unidas a las germánicas, darán como resultado el denominado estilo hispano-flamenco.

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Arquitectura gótica en España

Siglo XIII

Durante el siglo XIII se introducirán en Castilla las formas góticas francesas, debido a las estrechas relaciones que mantiene Fernando III el Santo con Francia, siguiendo inicialmente la ruta del comercio lanero.

En 1118, siguiendo el modelo de Amiens, se inicia la catedral de León, una de las más bellas catedrales góticas, donde se reúnen todos los logros de la arquitectura francesa. El autor de la catedral se propuso llevar a su máximo límite la ligereza constructiva permitida por la nueva arquitectura.

En 1221 se comienza la catedral de Burgos por iniciativa del obispo Mauricio, que conocía las realizaciones europeas.

El arquitecto que inicialmente dirige el proyecto es de la Ile de Francia, sin embargo la sucesión de nombres de maestros españoles en la dirección de las obras, demuestra como éstos habían asimilado el arte francés tanto en su esencia como en sus formas.

En 1226 se inician las obras de la catedral de Toledo, mayor por sus dimensiones que la de León y Burgos, y también más independiente de los patrones franceses.

En ella se encuentran algunos elementos de franco-mudejarismo, especialmente en el triforio que presenta arcos lobulados y arcos entrelazados. A partir de la catedral de Toledo, se puede decir que el gótico francés se había asimilado y se había acomodado al gusto y las maneras tradicionales del país.
(Véase Catedral de Toledo en Toledo).

La catedral de Cuenca supone un hecho singular en el gótico español, por las influencias anglonormandas y borgoñonas que recibe. Al margen de ésta, las enseñanzas aprendidas en el purismo de las grandes catedrales no fueron decisivas en la evolución del estilo en Castilla, que tomará soluciones adaptándolas más en un sentido popular, y superponiéndose con el mudejarismo.
 

Siglo XIV

El gótico del siglo XIV se centra, sobre todo, en las construcciones del Reino de Aragón, que se van a caracterizar por la adaptación de soluciones procedentes de Francia e Italia. En arquitectura se tiende a la planta de salón, prescindiendo de la diferencia de altura entre nave central y naves laterales, con lo que se reduce la función de los arbotantes que en muchos casos desaparecen, reforzando la función de los contrafuertes. Las cubiertas se hacen planas y se abren pequeños ventanales. Igualmente se prescinde del gran aparato decorativo que había invadido las construcciones castellanas del siglo anterior.

Respondiendo al carácter burgués de la sociedad aragonesa, se realizarán una gran cantidad de edificios civiles.

La catedral de Barcelona se inicia en 1298, consta de tres naves casi a la misma altura, y girola sin arbotantes. La catedral de Santa María del Mar, de Barcelona, presenta planta de salón, con tres naves de idéntica altura, separadas por pilares octogonales y con ausencia de arbotantes.
(Véase Catedral de Barcelona en Barcelona).

La catedral de Gerona, inicialmente con un proyecto idéntico a la de Barcelona, tiene fama por la simplificación de este proyecto, que hizo de ella un monumento único, ya que sus tres naves iniciales fueron unidas en una. En 1417 fue encargado Guillermo Bofill en realizar el nuevo proyecto.
(Véase Catedral de Gerona en Gerona).

La catedral de Palma de Mallorca se inicia en el primer tercio del siglo XIV, planteada como una iglesia de tres naves con cabecera rectangular, es un edificio falto de pureza estilística, con elementos de las más diversas escuelas. Destacan la utilización de pilares ochavados a imitación de Santa María del Mar; y la utilización de gruesos contrafuertes exteriores, que la dotan de un aspecto recio.

Entre los grandes núcleos de arquitectura gótica, castellana y catalana, se encuentra el foco navarro, muy vinculado al francés por razones históricas. Su máximo exponente es la catedral de Pamplona, construida entre 1397 y 1472, que presenta una girola cuya planta es un pentágono irregular.

Siglos XV Y XVI

                           
La renovación de la arquitectura gótica que se había realizado en siglo anteriores, dará como resultado el denominado estilo hispano-flamenco. La fusión del gótico con la tradición del arte hispano-musulmán y posteriormente la necesidad de los Reyes Católicos de crear un arte que pudiera representar la unidad de las coronas, es determinante. Este estilo se va a caracterizar por la complicación infinita de las nervaduras de las bóvedas, la utilización de todo tipo de arcos (el carpanel, el conopial, el escarzano, o el mixtilíneo), y la abundante decoración de finos labrados. Pero además con los Reyes Católicos el gótico se simplifica en estructura, y se consigue una clarificación en las construcciones que permitirá que el gótico, como expresión del poder real, se popularice y extienda a toda la Península, renovándose en este estilo infinidad de iglesias situadas en el mundo rural y que, inicialmente, habían sido construidas en estilo románico.

Estas últimas construcciones góticas coinciden en el tiempo con las primeras renacentistas, superponiéndose y utilizándose de manera aleatoria. Los dos estilos eran válidos y los dos eran novedosos, puesto que en la regeneración del gótico de la época de los Reyes Católicos se entiende que hay un abandono en las formas tradicionales, y se presenta como una expresión del pensamiento humanista, por ello, es imposible entender el Renacimiento español sin este gótico final.

En 1442, Juan de Colonia, encargado de las obras de la catedral de Burgos, comienza a construir la aguja sur y termina la norte, en las que hay una clara imitación de las formas flamígeras germánicas. Estas formas llegan a su máxima culminación con la construcción del cimborrio de la catedral, en 1539, por Felipe Bigarny, donde se aprecia un virtuosismo artesanal heredado de las formas hispano-musulmanas. En 1482, Simón de Colonia realiza la capilla del Condestable, cubierta con bóveda octogonal estrellada y calada.

El monumento máximo de este momento es la catedral de Sevilla, cuya construcción se prolonga a lo largo del siglo XV, singular tanto por sus dimensiones como por su estructura. La planta es de cinco naves de nueve tramos, con capillas laterales entre los contrafuertes, recargadas de decoración. Las naves se cubren con bóvedas de nervadura sencilla, salvo en el crucero. Construida sobre el espacio de la antigua mezquita, mantuvo el alminar árabe como torre de campanas, y el patio como claustro.

Con las obras de Juan de Colonia en la catedral de Burgos y el traslado del arzobispo de Sevilla a Toledo, las formas flamígeras se extienden por Castilla, siendo Burgos y Toledo los focos de irradiación. En este momento se construyen la puerta de los Leones de la catedral de Toledo, realizada por Hanequin de Bruselas y las capillas sepulcrales de San Ildefonso y don Álvaro de Luna. En 1454, en las cercanías de Burgos, se realiza la cartuja de Miraflores, tras lo trabajos de Juan y Simón de Colonia en la catedral.

La catedral de Oviedo se puede considerar una de las obras más completas del flamígero. En Valladolid, vinculadas al taller de Burgos, se construyen las fachadas denominadas "de tapiz" de las iglesias de San Pablo y del colegio de San Gregorio.

La nueva arquitectura planteada en el período de los Reyes Católicos se ha denominado gótico isabelino. Se inicia en Toledo con las realizaciones de Juan Guas en San Juan de los Reyes; en este edificio la exuberante decoración del gótico flamígero se combina con una estructura de iglesia simplificada en sus elementos y concepción, de nave única y cabecera poligonal. La decoración se utiliza como fórmula de exaltación de las coronas.

Este mismo arquitecto trabajara en el Palacio de los Duques del Infantado en Guadalajara, y en el castillo de Manzanares el Real.

Antón y Enrique Egas trabajan en el hospital de la Santa Cruz de Toledo y en los de Granada y Santiago, y realizan los proyectos de la capilla Real y de la Catedral de Granada.

Igualmente, se construyen en este siglo XVI las últimas catedrales góticas; de 1512 es la de Salamanca, y de 1525 es la de Segovia, obras de Juan y Rodrigo Gil de Hontañón que combinan estructuras góticas con elementos renacentistas.

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Escultura gótica en España

La escultura en piedra se encuentra íntimamente ligada a la arquitectura y depende, durante el siglo XIII, de las influencias francesas de los escultores de las grandes catedrales. En España destaca la talla en madera, generalmente policromada, de gran tradición en el país y muy utilizada en los retablos.

El siglo XIII confluirán la rica tradición de la escultura románica y la importación de la nueva escultura francesa, ejecutada en un principio por maestros venidos de fuera.

Es indudable que en las catedrales de Burgos y León trabajaron escultores llegados de Francia, solo así se entiende la repentina aparición de un estilo que no podía derivarse de las formas anteriores. El autor de la puerta del Sarmental de la catedral de Burgos ha sido identificado como el mismo maestro que realizó el "Beau-Dieu" de la catedral de Amiens, así como otros maestros de la catedral de León.

Los talleres leoneses y burgaleses ejercen su influencia sobre los escultores españoles apegados a la tradición. Su inmensa actividad se centrará sobre todo en la escultura de sepulcros, que rápidamente evolucionan hacía formulas góticas, pero la riqueza de planteamientos de la escultura anterior influirá en el nuevo estilo conformándolo con caracteres propiamente hispanos que tendrán un rico desarrollo, sobre todo, en la imaginería.

La influencia italiana es muy temprana en la escultura, que conecta rápidamente con el naturalismo de la escuela de Pisa, y se refleja en la puerta del Perdón de la catedral de Toledo, o en la puerta Dorada de la catedral de Pamplona.

En Cataluña se establece una escuela propia de gran tradición iniciada por el Maestro Bertomeu, que labra la imagen del parteluz de la catedral de Tarragona. Los reyes de Aragón estimularán esta actividad escultórica, mandando realizar los importantes sepulcros reales de Santes Creus y Poblet. El siglo XV es una época de esplendor para esta escuela catalana que trabaja el alabastro, muchas veces policromado, y que tiene como representante a Pere Joan, autor del Medallón de Sant Jordi en la Generalitat.

En Castilla, ligada al desarrollo de la arquitectura hispano-flamenca, se desarrolla una escultura influida por la presencia de maestros nórdicos como Hanequín de Bruselas, Egas Cueman y Rodrigo Alemán, autor de la puerta de los Leones de la catedral de Toledo, o Juan Guas, que proyecta y decora San Juan de los Reyes en Toledo. Pero sin duda el autor más importante de este período es Gil de Siloe, autor del retablo y sepulcro de Juan II, en la cartuja de Miraflores. De este momento cabe destacar el Doncel de Sigüenza, escultura funeraria que anuncia el final de la Edad Media.

La riqueza artística de este período es inmensa y se refleja, fundamentalmente, en el desarrollo de los retablos, que con características netamente hispanas, muestran la prodigiosa capacidad narrativa y creadora del momento.
 

Pintura gótica en España

La pintura se va a caracterizar por el mantenimiento de la tradición románica hasta finales del siglo XIII y la constancia de la pintura mural hasta mediados del siglo XIV. Una de las primeras obras góticas es la capilla de San Martín de Salamanca, realizada por Antón Sánchez de Segovia, en la que el gusto por los fondos planos y el dibujo es primordial, y se difunde por toda la Península.

En el siglo XIV, Cataluña, debido a su relaciones comerciales, recibe la influencia italiana de las escuelas florentina y sienesa en la obra de Ferrer de Bassa se introducen ya aspectos de la obra de Giotto. La influencia sienesa es ampliamente difundida en el Reino de Aragón por los hermanos Jaume y Pere Serra.

En Castilla, la influencia italiana es más tardía, y es Nicolás Francés, artista galo, quien introduce el gusto por el refinamiento.

A mediados del siglo XV, las relaciones comerciales con Flandes marcan el desarrollo de la pintura. Jan van Eyck realiza una estancia en Barcelona y Valencia, introduciendo las formas flamencas en la península. Lluís Dalmau es enviado a Flandes por Alfonso V el Magnánimo para formarse en la nueva pintura burguesa; su Virgen dels Concellers representa la asimilación de las obras flamencas. Sin embargo en Cataluña se mantendrán con gran fuerza la pintura gótica y la influencia italiana. En Castilla la influencia de pintores flamencos es determinante; Jorge Inglés o Fernando Gallego son sus mejores representantes. Fuente de estos artículos: Enciclonet

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Esta es una página de recopilación de los mejores datos del español que he encontrado en Internet.  Aquí hay muchos artículos e incluso muchas fotos que me bajé de la red hace mucho tiempo. Si de alguna manera me he olvidado de hacerle la referencia a algún autor o fotógrafo, te pido que por favor me ayudes, avísandome de la autoría de los mismos, será un placer poner los nombres de los responsables por estos trabajos:   esf@espanolsinfronteras.com

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