El arte en el Oriente Próximo

 

EL ARTE EN EL ORIENTE PRÓXIMO - ARTE EGIPICIO - MESOPOTANIA - PERSA

Sigue todos los demás temas de Recursos Didácticos Gratis al de esta pie página...

EL ARTE EN EL ORIENTE PRÓXIMO - ARTE EGIPICIO - MESOPOTANIA - PERSA

Sigue todos los demás temas de Recursos Didácticos Gratis al de esta pie página...

 

ARTE EN EGIPTO

Estilo artístico desarrollado por la cultura egipcia. Pervive durante tres milenios, sin apenas introducir variaciones en su estética y en los conceptos básicos que lo definen, como la monumentalidad, el hieratismo y la falta de realismo.

La civilización egipcia ha dejado a la posteridad el conjunto de obras más espectaculares de la Antigüedad. Son obras concebidas para existir eternamente, por estar dedicadas a los dioses y a los muertos. Para conseguir tal permanencia, los materiales y las técnicas utilizados también debían ser eternos; la piedra y el sistema arquitectónico adintelado caracteriza estas construcciones. Frente a esto, las construcciones corrientes, incluidos los palacios de los faraones, se realizan con materiales perecederos, ladrillo y tapiales, que han dejado pocos e irreconocibles restos.

Tres caracteres parecen perdurar a lo largo de los tres milenios del arte egipcio: la monumentalidad de sus obras, la rigidez de la normativa constructora y de las formas plásticas y el conservadurismo en las tradiciones, sobre todo religiosas, que impiden innovaciones artísticas. Estas características se muestran desde las primeras obras predinásticas, en particular en los bajorrelieves de las plaquetas y estelas. Durante el Imperio Antiguo son la arquitectura y la escultura funeraria las que asumen el papel más representativo, sobre todo durante la IV dinastía. Durante el Imperio Medio aparecieron nuevos elementos estéticos basados en una concepción menos mayestática del poder y con un mayor naturalismo, tanto en concepciones religiosas como en las terrenas. Este proceso continuó desarrollándose en el Imperio Nuevo, durante el cual se fragua la revolución religiosa de Akenatón (Amenofis IV), que en el arte se concreta en las obras de Tell-Amarna del siglo XIV a.C., caracterizadas por un refinado naturalismo que se truncó con la política antirreformista de los faraones de la XIX dinastía. A partir de esta dinastía el arte egipcio vuelve a los moldes clásicos, renaciendo en el gusto de los "ramsidas" los modelos de la época menfita.Volver al inicio
 

 
ARQUITECTURA EGIPICIA

Las construcciones más características del arte egipcio son las tumbas y los templos. Durante el Imperio Antiguo, la arquitectura funeraria logró el mayor esplendor con la construcción de las grandes pirámides, cuyo origen hay que buscarlo en la mastaba de la etapa predinástica, que es el tipo más antiguo de tumba. Consiste ésta en un tronco de pirámide de planta rectangular bajo la cual se encuentra la cámara mortuoria, cegada después del enterramiento. En la parte superior tiene una capilla para las estatuas y ofrendas. La superposición de mastabas origina la pirámide escalonada, como la construida en Sakkarah para el faraón Zoser, de la III dinastía.

Los ejemplos más notables de tumbas faraónicas son las pirámides de Gizeh, construidas durante la IV dinastía por los faraones Keops, Kefrén y Micerinos.
En su estructura, las pirámides tienen un formato muy parecido a las mastabas: una o dos cámaras funerarias bajo tierra con gran cantidad de corredores y falsos pasillos, y uno o varios templos funerarios que conducen a la ribera del Nilo. El acceso al templo de la tumba de Kefrén está presidido por la esfinge de Gizeh, retrato del faraón.

Durante el Imperio Medio el sistema de enterramientos en Egipto cambia. Las tumbas se excavan directamente en los acantilados del río: son los hipogeos, sin que en el exterior haya una pirámide que delate su presencia; más bien se trata de disimular su emplazamiento para evitar los saqueos. De esta época son los hipogeos de Beni-Hassan y las tumbas de los Valles de los Reyes y de las Reinas.

Los templos más solemnes corresponden al Imperio Nuevo, en el siglo XVI a.C. Su estructura era muy complicada. Una larga avenida de estatuas y esfinges conducían al templo. El acceso al mismo, a través del pílono, daba paso a un patio sin cubierta con una fila de columnas en todo su derredor (hípetro), al que seguía la sala hipóstila, cubierta y con varias filas de columnas formando naves a diferente altura. Al fondo de ella se sitúa una pequeña cámara reservada para el culto del faraón. Son característicos de este momento los templos de Amón en Luxor y Karnak.

Otro tipo de templos, que a la vez tienen un carácter funerario, son los speos. En su estructura se parecen a los hipogeos, pues la mayoría de sus salas están excavadas y sólo al exterior se aprecia una gran obra arquitectónica, unas veces en forma de pirámide, como ocurre en el templo de la reina Hathshepsut, organizado en terrazas porticadas con columnas protodóricas, y otras veces es una fachada como un gran pílono que contiene talladas en la misma roca la efigie del faraón. Es el caso del templo de Abú Simbel, sobre el que están esculpidas esculturas seVolver al iniciodentes de Ramsés II.
 

 
ESCULTURA

Casi en su totalidad, las esculturas egipcias que conocemos son esculturas funerarias, que proceden de enterramientos. Tenían la misión de albergar el Ka (`Ba) o alma del difunto, por lo cual su representación debía de ser idéntica al muerto. El carácter hierático y majestuoso de las formas escultóricas y su marcado frontalismo están naturalmente copiados de la realidad de un cadáver.

Las primeras esculturas conocidas corresponden a los últimos momentos del período predinástico, en forma de paletas de tocador y estelas con temas simbólico-narrativos. La Paleta de Narmer (El Cairo) es una de las obras importantes de este momento.

Durante el Imperio Antiguo se esculpen las obras más características del arte egipcio; tales son las esculturas sedentes y policromadas de los príncipes Rahotep y Nefret (El Cairo), la figura de Kefrén también sedente y majestuosa con todos los atributos faraónicos, cualquiera de las diversas Tríadas de Mikerino en diorita negra, muestras simbólicas del arte egipcio. La majestuosidad solemne de los retratos reales se pierde cuando el artista tiene que representar a personajes de menor rango en favor de un realismo extraordinario como puede observarse en las figuras de los Escribas del Louvre y de El Cairo o el popularmente llamado Alcalde de pueblo o Cheik-el-Beled.

Durante el Imperio Nuevo se desarrolla una tendencia idealizante en las esculturas de los faraones, manteniendo, no obstante, el tradicional hieratismo y la majestuosidad, sobre todo en los primeros momentos del período.

En el reinado de Amenofis IV, y a tenor de las transformaciones de carácter religioso que el mismo faraón potencia, en la nueva capital del imperio, Tell El-Amarna, surge una escuela artística en la que triunfan los principios de naturalidad, elegancia y de humanidad majestuosa. La obra más característica de este momento es el Busto de la reina Nefertiti (Berlín) y algunos relieves del faraón (llamado ahora Akenatón) y sus hijas, en escenas religiosas en las que las figuras son tratadas con rasgos humanos exentos de la majestuosa divinidad. Todavía las figuras del Tesoro de Tutankamón, sucesor de Amenofis, tienen algo de estos revolucionarios caracteres que desaparecen totalmente a la vuelta a la ortodoxia con el reinado del faraón Ramsés II.

En las últimas etapas del arte egipcio la escultura cae en una tendencia decadente y ecléctica que se deja influir por otras fuentes artísticas. De la época saíta sobresalen únicamente pequeñas muestras de escultura: la Cabeza verde y la Dama de Tacusit.

 
PINTURA Y ARTES APLICADAS

Los mejores ejemplos de pintura egipcia se han encontrado en las tumbas, bien decorando las paredes con escenas de carácter religioso y de la vida ordinaria, bien en papiros en los que se describen los ritos ceremoniales funerarios.
Estas pinturas se caracterizan por la nitidez de los perfiles, la riqueza y suavidad cromática, el frontalismo disimétrico y la belleza majestuosa.
Las artes aplicadas es otro de los campos en el que los egipcios destacaron, tanto por la calidad de los materiales empleados como por las técnicas y diseños utilizados. En este capítulo habría que destacar muebles, obras de orfebrería, joyas y útiles, que constituyen auténticos tesoros que acompañaban a los faraones en su vida de ultratumba. El conjunto extraído de la Tumba de Tutankamón es la muestra más relevante de estas actividades egipcias.

Arte Mesopotámico

 
INTRODUCCIÓN

Arte y arquitectura de Mesopotamia, conjunto de obras realizadas por las civilizaciones del antiguo Oriente Próximo que habitaron la región comprendida entre los ríos Tigris y Éufrates, actual Irak, desde la prehistoria hasta el siglo VI a.C. Las tierras bajas de Mesopotamia abarcan una llanura fértil, pero sus habitantes se tuvieron que enfrentar al peligro de las invasiones, las extremas temperaturas, los periodos de sequía, las violentas tormentas y los ataques de las fieras. Su arte refleja al mismo tiempo su adaptación y su miedo a estas fuerzas naturales, así como sus conquistas militares. Establecieron núcleos urbanos en medio de las llanuras, cada uno dominado por un templo, que fue el centro del comercio y la religión hasta que fue desbancado en importancia por el palacio real. El suelo de Mesopotamia proporcionaba el barro para los adobes que fueron el material constructivo más importante de esta civilización. Los mesopotámicos también cocieron esta arcilla para obtener terracota, con la que realizaron cerámica, esculturas y tablillas para la escritura. Se conservan pocos objetos en madera. En la escultura emplearon basalto, arenisca, diorita y alabastro. También trabajaron algunos metales como el bronce, el cobre, el oro y la plata, así como nácar y piedras preciosas en las piezas más delicadas y en las labores de incrustación. En sus sellos cilíndricos usaron piedras de todas las clases, como lapislázuli, jaspe, cornalina, alabastro, hematites, serpentina y esteatita. No obstante, algunas de estas piedras escaseaban en la zona, por lo que tuvieron que importarlas.

El arte de Mesopotamia abarca una tradición de 4.000 años que en estilo e iconografía es aparentemente homogénea. De hecho, fue creada y mantenida por las sucesivas oleadas de pueblos invasores, diferentes tanto étnica como lingüísticamente. Hasta la conquista por los persas en el siglo VI a.C. cada uno de esos grupos hizo su propia contribución al arte mesopotámico. Los sumerios fueron el primer pueblo que controló la región y estableció su arte, seguidos por los acadios, babilonios y asirios. El control político mesopotámico y sus influencias artísticas se extendieron a las culturas vecinas, llegando incluso en ocasiones a zonas tan alejadas como la costa sirio-palestina, de modo que los motivos artísticos de estas áreas lejanas influyeron en los centros mesopotámicos y viceversa.

 
EL PERIODO PREHISTÓRICO

Los vestigios artísticos y arquitectónicos más antiguos conocidos hasta la fecha proceden del norte de Mesopotamia, del asentamiento proto-neolítico de Qermez Dere en las colinas de Jebel Sinjar. Niveles arqueológicos fechados en el noveno milenio a.C. han revelado que existieron cabañas de planta circular, con uno o dos pilares de piedra enlucidos en yeso. Además, cuando se abandonaron estas construcciones, se colocaron sobre el suelo calaveras humanas, hecho que indica alguna práctica ritual.

Los periodos neolítico y calcolítico del arte mesopotámico (c. 7000 a.C.-c. 3500 a.C.), anteriores a la aparición definitiva de la escritura, se designan por el nombre de sus yacimientos arqueológicos: Hassuna, en el norte, es una localidad donde se han hallado algunas viviendas y cerámica pintada; Samarra, cuyos diseños cerámicos abstractos y figurativos parece que tuvieron significado religioso, y Tell Halaf, lugar en el que se realizó cerámica decorada y estatuillas de mujeres sedentes que se interpretan como diosas de la fertilidad. En el sur los primeros periodos reciben las denominaciones de El-Obeid (c. 5500-c. 4000 a.C.) y antiguo y medio Uruk (c. 4000-c. 3500 a.C.). La cultura de El Obeid se caracteriza por su cerámica brillante decorada en negro encontrada en dicha localidad, aunque existen otros ejemplos posteriores en Ur, Uruk y Eridú. Uno de los rasgos principales de la larga secuencia de niveles arqueológicos descubiertos en Eridú es la existencia de un pequeño santuario cuadrado (c. 5500 a.C.) reconstruido con una hornacina que pudo alojar la estatua de culto, delante de un altar ritual. Los templos superpuestos posteriormente son más complejos, presentando una cella central o verdadero santuario rodeado por pequeñas habitaciones con pórticos. El exterior estaba decorado con hornacinas y contrafuertes, elementos típicos de los templos mesopotámicos. En cuanto a la escultura en barro del periodo de El Obeid, se conservan la figura de un hombre de Eridú y de una mujer sujetando un niño en Ur.

En varios de los lugares mencionados anteriormente se han encontrado diferentes objetos pertenecientes al último periodo de Uruk y al Jemdet Nasr, también conocido como periodo protoliteral (c. 3500-c. 2900 a.C.). La ciudad más importante fue Uruk, la Erech de la Biblia, actual Warka en Irak. El templo de caliza fue el edificio principal del quinto nivel en Uruk (c. 3500 a.C.). Aunque su superestructura no se ha mantenido, se conservan algunos restos, en un estrato de tierra compacta, que nos permiten intuir que fue un edificio con hornacinas de tamaño monumental (76×30 m). Algunas construcciones del cuarto nivel de Uruk estaban revestidas con mosaicos a base de conos de arcilla policromada que se incrustaban en los muros formando diseños geométricos. Otra de las técnicas decorativas fue el encalado o blanqueado de los muros. Esto ha hecho que se denomine como templo Blanco a un edificio construido en el área de Uruk, dedicado al dios sumerio Anu, que tuvo en su interior un santuario encalado, estrecho y largo. Situado sobre un elevado podio, el templo medía 12 metros desde el nivel del suelo, prefigurando la típica construcción religiosa mesopotámica, el zigurat o torre escalonada, cuya función consistía en acercar un poco más a los sacerdotes o soberanos a los dioses celestiales, o servir de estrado para que la deidad pudiera descender a comunicarse con los que la adoraban.

En Uruk se han descubierto excepcionales esculturas en piedra. La más hermosa es una cabeza de mujer o diosa realizada en piedra caliza (c. 3500-c. 3000 a.C., Museo de Irak, Bagdad), que supuestamente tuvo incrustaciones decorativas en las cejas, en los grandes ojos abiertos y en la profunda raya central de su cabello. También en el Museo de Irak se conserva una vasija ritual de alabastro (3500-3000 a.C.) compartimentada en registros o bandas horizontales. La banda superior representa una procesión en la que el rey ofrece a la diosa de la fertilidad Inanna (véase Religión sumeria), o a su sacerdotisa, un cesto de frutas; sacerdotes desnudos llevan ofrendas en la central y en la franja más baja aparece una hilera de animales sobre formas vegetales. El último periodo Uruk incorporó el sello cilíndrico, seguramente en estrecha asociación con el primer uso de las tablillas de barro cocido. Su forma cilíndrica permanecerá como prototipo de sello mesopotámico en los 3.000 años siguientes. Estas pequeñas piedras grabadas se usaron como forma de identificación personal en cartas y documentos, envolviéndose en una banda de arcilla húmeda para obtener una impronta continua o escena simbólica en miniatura. Los sellos más antiguos exhiben motivos decorativos: toros, sacerdotes o reyes portando ofrendas, crías de ganado, motivos marinos o de caza, arquitecturas, leones con cabeza de serpiente y otras figuras grotescas. Los animales, reales o imaginarios, se reprodujeron con gran vitalidad, incluso cuando fueron interpretados de forma estilizada. El arte de los grabadores de sellos fue una expresión de la cultura mesopotámica tan importante como las artes monumentales.

 
EL PERIODO PROTODINÁSTICO

La primera época histórica del dominio sumerio se extendió desde aproximadamente el 3000 a.C. al 2340 a.C. Al mismo tiempo que se continuaron las antiguas tradiciones constructivas se introdujo una nueva tipología arquitectónica: el templo oval, un recinto con plataforma central que sustenta un santuario. Las ciudades-estado dirigidas por gobernantes o soberanos que no eran considerados seres divinos se localizaron en Ur, Umma, Lagash (actual Tell al-Hiba), Kis y Esnunna (actual Tell Asmar). Muchos de los objetos realizados en este periodo son conmemorativos: relieves que describen escenas de banquetes, celebraciones de victorias militares o construcciones de templos. Muchas de ellas, como la estela de piedra caliza (conservada en el Museo del Louvre de París) del rey Eannatum de Lagash, se utilizaban frecuentemente como mojones. Dicha estela representa en uno de los lados al rey a la cabeza de su ejército en una batalla y por el otro lado al dios Ningirsu sosteniendo una red que contiene al enemigo derrotado. El Estandarte de Ur (c. 2700 a.C., Museo Británico de Londres) es una tabla adornada con conchas marinas, esquisto, lapislázuli y piedras rosáceas que muestra escenas religiosas o procesiones ordenadas en tres bandas.

En los sellos cilíndricos tallados, así como en la escultura en metal, los temas mitológicos son los motivos más habituales de representación. En un gran relieve en cobre del templo de El Obeid (c. 2340 a.C., Museo Británico), un águila con cabeza de león o leontocéfala, con las alas extendidas, se cierne sobre dos ciervos. Las figuras, mitad hombre, mitad toro, fueron motivos destacados, así como las figuras femeninas luchando con leones. Sin embargo, hoy día no se pueden identificar todos estos motivos mitológicos. Se han encontrado también objetos refinadamente trabajados, como coronas, puñales, vasijas y otras piezas decorativas. Leonard Wooley, entre los años 1926 y 1931, encontró muchos de estos elementos en la necrópolis real de Ur (c. 2600 a.C.). Dos de los más hermosos representan a dos cabras rampantes (Museo Universitario de Filadelfia y Museo Británico de Londres) que descansan sus patas delanteras sobre un árbol dorado que termina sus ramas en rosetas simbólicas. El árbol, las cabezas y las patas de las cabras están cubiertas de oro repujado, los vientres están hechos de plata, su piel con conchas marinas y las barbas, pelaje y cuernos están tallados en lapislázuli.

La escultura sumeria, generalmente de alabastro, exhibe una gran variedad de estilos, y sus formas geométricas pueden ser muy expresivas. Incluye figuras oferentes, sacerdotes o gobernantes, algunas de sexo femenino. En el templo de Abu en Tell Asmar se encontraron doce de ellas. Estas esculturas de piedra (c. 2740 a.C.-2600 a.C., Museo de Irak, Instituto Oriental de la Universidad de Chicago, Museo Metropolitano de Nueva York), con sus brazos dispuestos delante del pecho con las manos juntas, tienen ojos enormes, redondos y desorbitados de mirada fija, realizados con conchas marinas y caliza negra. Ligeramente más naturalista, el Museo del Louvre conserva una figura masculina sedente (c. 2400 a.C.) de alabastro procedente de Mari. La arquitectura de este periodo en Mari (actual Tell Hariri, Siria), muestra influencias del área occidental de Mesopotamia.

 
EL PERIODO ACADIO

Los pueblos semitas acadios alcanzaron gradualmente el dominio de la zona hacia finales del siglo XXIV a.C. Bajo Sargón I el Grande, que reinó aproximadamente entre el 2335 a.C. al 2279 a.C., extendieron su dominio sobre Sumer, unificando toda Mesopotamia. Aunque subsisten pocos vestigios de su arte, los restos conservados están dotados de una maestría técnica y una fuerte energía. En las ciudades acadias de Sippar, Assur, Esnuna, Tell Brak y en su aún no encontrada capital Acad, el palacio se convierte en el edificio más importante en sustitución del templo. Una magnífica cabeza de cobre de Nínive (Museo de Irak), que representa probablemente a Naram-Sin, el nieto de Sargón que reinó durante los años 2255 a.C. al 2218 a.C., enfatiza la nobleza de estos soberanos acadios, que asumieron el aspecto de semidioses. El propio Naram-Sin es el protagonista de una estela en piedra arenisca, hábilmente realizada (Museo del Louvre), que muestra una de sus victorias en las montañas. El rey viste la tiara con cuernos, símbolo de la divinidad y, a diferencia de la iconografía de la estela de Eannatum, el dios protector no se reconoce por su ayuda en el éxito militar. Las fuerzas celestiales están simplemente insinuadas por estrellas solares situadas en la cumbre. Perfectamente adaptado a la forma de la piedra se destaca el movimiento rítmico del ejército triunfal de Naram-Sin subiendo la montaña y haciendo caer al enemigo.
Los entalladores de sellos aplicaron las innovaciones acadias más significativas. El pequeño espacio de cada sello se rellena con escenas agitadas: dioses y héroes luchando cuerpo a cuerpo contra animales salvajes, monstruos y carros procesionales. Las escenas de presentación u ofrenda, en las que un intermediario o una deidad personificada presenta a otra figura ante un dios sedente de mayor importancia, constituyen una innovación temática acadia que evolucionó en los periodos siguientes. Algunos de los temas descritos en los sellos acadios han sido identificados con historias del Poema de Gilgamesh, aunque todavía muchas de ellas no han sido interpretadas.

 
EL PERIODO NEOSUMERIO

Después de un mandato de siglo y medio, el Imperio acadio cayó bajo dominio de los gutis, pueblos nómadas que no centralizaron su poder. Esto permitió reorganizarse a las ciudades sumerias de Uruk, Ur y Lagash, iniciándose así la edad neosumeria o tercera dinastía de Ur (c. 2121-2004 a.C.). En Ur, Eridú, Nippur y Uruk se construyeron impresionantes santuarios que incorporaban zigurats realizados con ladrillos y adobe. Gudea (c. 2144-2124 a.C.), soberano de Lagash, contemporáneo de Ur-Nammu —el fundador de la tercera dinastía de Ur— se conoce por más de 20 estatuas que lo representan, realizadas en dos tipos de piedras negras y duras, la dolomita y la diorita. Sus manos están cruzadas al viejo estilo sumerio, pero su cara redonda y su ligera musculatura en brazos y hombros muestran el deseo del escultor por plasmar en este difícil soporte unas formas más naturales. La excepción aparece en las figuras antropomórficas que combinan rasgos zoomorfos, porque son más estáticas que el resto de las representaciones escultóricas. Los más realistas son unos pequeños relieves y estatuillas de terracota que representan a fieles haciendo sacrificios de animales, héroes legendarios, músicos e incluso una mujer amamantando a su hijo.

 
PERIODO ARCAICO BABILONIO O PERIODO PALEOBABILÓNICO

Tras el declive de la civilización sumeria, Mesopotamia fue una vez más unificada por gobernantes semitas (c. 2000-1600 a.C.), como Hammurabi de Babilonia. La representación en relieve del soberano en su famoso código legal (c. 1780 a.C., Museo del Louvre) no es muy diferente de las estatuas de Gudea, aunque sus manos no estén cruzadas ni aparezca como intermediario ante el dios solar Shamash. De Mari procede el arte más original del periodo babilónico, incluyendo arquitectura, escultura, metalistería y pintura mural. La representación de animales, como en la mayor parte del arte mesopotámico, es más natural que la de los seres humanos. Los pequeños frisos de Mari y otras ciudades muestran escenas de la vida cotidiana con músicos, boxeadores, carpinteros y campesinos. Estas representaciones son mucho más reales que las del solemne arte religioso u oficial.

 
LAS DINASTÍAS CASITA Y ELAMITA

Los casitas, pueblo de origen no mesopotámico, aparecieron en Babilonia poco después de la muerte de Hammurabi en el año 1750 a.C., sustituyendo a los gobernantes anteriores hacia el 1600 a.C. Los casitas adoptaron la cultura y el arte mesopotámicos. Los elamitas del oeste de Irán destruyeron el reino casita hacia el 1150 a.C. Su arte parece una imitación provinciana de los primeros estilos mesopotámicos. De hecho, su admiración por el arte acadio y babilonio les hizo llevarse la estela de Naram-Sin y el Código de Hammurabi a Susa, su capital iraní.

Volver al inicio

 

 
EL IMPERIO ASIRIO

La primitiva historia del arte asirio, desde el siglo XVIII al XIV a.C., es aún en gran parte desconocida. El arte del periodo asirio medio o mesoasirio (1350 a.C. al 1000 a.C.) muestra su dependencia de las tradiciones estilísticas babilónicas. Por ello, los temas religiosos se presentan de una forma solemne, mientras que las escenas profanas se representan de una manera más naturalista. El zigurat fue la principal forma de la arquitectura religiosa asiria. El uso de ladrillos vidriados polícromos fue muy común en esta etapa mesopotámica. Con el paso del tiempo se convirtieron en la típica decoración arquitectónica neobabilónica, ya que las fachadas de los edificios se recubrieron con cerámica vidriada. El árbol de la vida y los grifos (animales mitológicos con cabeza de águila y cuerpo de león), que aparecen en los sellos cilíndricos y en las pinturas murales de los palacios, pueden proceder del arte hurrita de Mitanni, al norte de Mesopotamia. A diferencia de las antiguas, las decoraciones vegetales se volvieron estilizadas y artificiosas. Las imágenes simbólicas sustituyeron frecuentemente a las representaciones de los dioses. Tukulti-Ninurta I, rey entre los años 1244 a.C. y 1207 a.C., encargó gran parte de las obras artísticas y arquitectónicas que se realizaron en Assur, donde también construyó su propio palacio-ciudad, Kar Tukulti-Ninurta. En el arte de ambos asentamientos se acentúa la diferencia entre los dioses y los seres humanos. El friso narrativo, derivado de las escenas de estelas y sellos, será el elemento artístico más importante del arte asirio.

El arte asirio genuino va a desplegarse en el periodo neoasirio o periodo asirio tardío (1000-612 a.C.), en la época de los grandes constructores. El primero de los últimos reyes asirios importantes fue Assurnasirpal II, que reinó del 883 al 859 a.C., y convirtió la ciudad de Nimrud (antigua Calach de la Biblia) en capital militar. Dentro de los muros de Nimrud, que abarcaba un área cercana a las 360 hectáreas, se alzaban la ciudadela y las principales construcciones reales, como el palacio real del noroeste, decorado con esculturas en relieve. Sargón II, que reinó entre el 722 y el 705 a.C., llevó las riendas del imperio desde una ciudad de nueva planta, Dur Sharrukin (actual Jursabad), que abarcaba 2,6 km2 y estaba rodeada por una muralla con siete puertas, tres de ellas decoradas con relieves y ladrillos vidriados. En el interior de dicho recinto se encontraba el palacio de Sargón, que contaba con más de 200 habitaciones y patios, un gran templo, residencias y templos de menor categoría. A su muerte sólo se había terminado parte del complejo arquitectónico. Su hijo y sucesor, Senaquerib, que reinó entre los años 705 y 681 a.C., trasladó la capital a Nínive, donde construyó su propio palacio al que denominó ‘palacio sin rival’, también conocido como el palacio del suroeste. Assurbanipal, que reinó del 669 al 627 a.C., construyó al norte de Nínive otro palacio.

Los asirios adornaron sus palacios con magníficos relieves escultóricos. El alabastro verdadero, una piedra blanda que abundaba en la parte más alta del río Tigris, se podía tallar más fácilmente que las piedras duras utilizadas por los sumerios y los acadios. Para impresionar a los visitantes y realzar su poder ante los ojos de sus súbditos expusieron en letra cuneiforme, talladas en bandas horizontales por toda la superficie de los muros del palacio, crónicas que relataban su superioridad en las cacerías y en los campos de batalla. Además, el visitante que se acercara a las puertas de Nimrud o Jursabad, debía hacer frente a unas enormes esculturas, guardianes antropomórficos, leones, esfinges aladas con cabeza humana o toros con cinco patas para ofrecer un punto de vista frontal y otro lateral. A veces estos seres mitológicos se representaban iconográficamente en la figura de Gilgamesh y su cachorro de león o como oferentes que llevan animales al sacrificio. Una de las mejores muestras es el retrato idealizado de Sargón II en Jursabad, con un íbice entre sus manos (Museo del Louvre, c. 710 a.C.). Sin embargo, el tema principal de estos relieves de alabastro es puramente profano: el rey cazando leones y otros animales, el triunfo de los asirios sobre el enemigo o el rey deleitándose en su jardín. En la escena de Assurbanipal en Nínive (del siglo VII a.C., Museo Británico), el arpista y unos pájaros desde los árboles interpretan música para los soberanos, que están, reclinado él y sentada ella, bebiendo vino bajo una parra, mientras sus sirvientes los protegen de las moscas con abanicos, reconfortando así a la pareja real. La cabeza cortada del rey Elam, que cuelga de un árbol próximo, recuerda discretamente el poder asirio.

Los escultores realizaron excelentes escenas de caza. Las fieras se representaban con más esmero que los seres imaginarios antropomórficos. El león y la leona moribundos, detalles de una escena de caza del palacio de Assurbanipal en Nínive (c. 668 a.C., Museo Británico), se consideran los más hermosos estudios de animales del mundo antiguo. Otros relieves de este edificio presentan escenas militares: batallas, asedio y asalto a ciudades, vida cotidiana en los campamentos del ejército, captura de prisioneros o el trato violento que se daba a los rebeldes.
Los relieves arquitectónicos de los palacios de Nimrud, Jursabad y Nínive son importantes no sólo porque representan el punto culminante del arte mesopotámico, sino porque son valiosos documentos históricos. Aunque las ciudades, vistas marinas y paisajes no se representaron con el realismo y la perspectiva del arte occidental posterior, las construcciones fortificadas, los barcos, carros, trampas, sistemas de caza, armas, libaciones rituales y el vestuario se describen con tal nitidez que el observador actual puede hacerse una idea bastante exacta de su apariencia. Los diferentes pueblos que habitaban Mesopotamia, Siria y Palestina en el primer milenio a.C. están pormenorizados con gran realismo y pueden identificarse por su vestimenta, rasgos faciales y peinados.
Entre los relieves de Nimrud del siglo IX a.C. y los de Nínive del siglo VII se observan diferencias estilísticas. En las escenas más antiguas los ejércitos se representan con pocos soldados, sin tomar en consideración el tamaño diferente que existe entre los seres humanos y los edificios. Las figuras se disponen en franjas superpuestas para sugerir profundidad. En las escenas de Nínive, las figuras talladas en bajorrelieve llenan todo el espacio pictórico, y no sólo hay un mayor estudio de los detalles, sino que a veces las figuras sobresalen, dando al espectador la impresión de que los personajes y los animales ocupan un espacio tridimensional.
El arte de la glíptica o de los entalladores de sellos del último periodo asirio es una combinación de realismo y mitología. En las escenas naturalistas incluso aparecen símbolos de los dioses. En esta etapa se hicieron en Nimrud y en Jursabad fabulosas esculturas de marfil. En Nimrud se han encontrado miles de estas figurillas elefantinas, que manifiestan una gran variedad de estilos. Muchas, como los frisos de las leonas, quedaron abandonadas en los pozos del palacio del noroeste cuando la ciudad fue saqueada hacia el 612 a.C. Entre las piezas de Nimrud destacan un par de frisos que representan a leonas atacando un etíope (Museo de Irak y Museo Británico). Están realizadas en marfil, miden aproximadamente 10 cm de alto y presentan incrustaciones de lapislázuli y cornalina roja para darles brillo. Estas delicadas esculturas, que guardan un cierto parecido con los objetos sirio-fenicios encontrados en Arslan Tash, en la parte más alta del Éufrates, y en Samaria, capital del reino israelita, pudieron realizarse fuera de Asiria. Los bajorrelieves de las leonas incorporan iconografía egipcia y se asemejan a los prototipos de la artesanía fenicia. La que se conserva en el Museo Británico tiene en su base, presumiblemente como marca del artífice, la letra fenicia aleph. Quizás se importaron de Fenicia, o tal vez fueron realizadas por artesanos fenicios en tierras asirias.

El arte de los pueblos que vivieron en la periferia del Imperio asirio suele carecer del atractivo estético del realizado en la capital. En Tell Halaf el palacio de un gobernante local fue decorado con extraños relieves y esculturas, entre cuyas figuras aparece un hombre-escorpión. En Tell Ahmar, en el norte de Siria (antigua Til Barsip, la ciudad asiria de Kar Salmanasar), se descubrió un palacio decorado con pinturas murales asirias. Algunas se han datado a mediados del siglo VIII a.C. y otras en el siglo VII a.C. en la reconstrucción realizada bajo Assurbanipal. En los muros más antiguos aparecen escenas con genios alados, la derrota y ejecución despiadada de tropas enemigas, audiencias concedidas a oficiales y escribas consignando los botines de las naciones sojuzgadas. Las decoraciones pictóricas de Jursabad, más formalistas, consistían en motivos repetidos en franjas, rematadas por dos figuras rindiendo homenaje a la divinidad. Las excavaciones en Luristán, región montañosa al oeste de Irán, han sacado a la luz exquisitos bronces con criaturas fantásticas, probablemente realizadas a mediados del último periodo asirio y utilizadas como ornamento en arneses, armas y otros utensilios.

 
EL ARTE SIRIO, FENICIO Y PALESTINO

Al encontrarse Siria, Fenicia y Palestina en la ruta terrestre entre Asia Menor y África, el arte antiguo de estas regiones muestra la influencia de aquellos que la conquistaron, la atravesaron o comerciaron con sus habitantes. Se han encontrado sellos cilíndricos mesopotámicos del periodo artístico Jemdet Nasr tanto en la ciudad israelí de Megiddo, como en Biblos, capital de Fenicia. Los hurritas del norte de Siria se especializaron posteriormente en la talla de estos sellos. Las estatuillas en bronce encontradas en Biblos, así como los puñales y otras armas ceremoniales de comienzos del segundo milenio a.C., son ya marcadamente fenicios. Aunque los motivos utilizados por los artistas locales proceden de más allá de su región inmediata (Creta, Egipto, el Imperio hitita y Mesopotamia), la técnica empleada en los objetos artísticos encontrados en Biblos y Ugarit, con todo su significado cultural, es específicamente fenicia. Los orfebres y plateros fenicios fueron diestros artesanos, pero la calidad de su trabajo dependió de la sensibilidad de su clientela. Quizás gracias a la competencia egipcia, el trabajo en marfil fue siempre excelente. Los fenicios vendieron sus mercancías por todo Oriente Próximo, y la expansión de su iconografía, como la de su alfabeto, puede atribuirse a que fueron grandes comerciantes de la antigüedad.

 
EL PERIODO NEOBABILÓNICO

Los babilonios, en coalición con los medos y los escitas, derrotaron a los asirios en el año 612 a.C., saqueando las ciudades de Nimrud y Nínive. Ellos no establecieron un nuevo estilo o iconografía. En los mojones de piedra, por ejemplo, se representaron las antiguas escenas de los reyes acompañados por símbolos divinos. La creatividad neobabilónica se manifiesta en la arquitectura de Babilonia, la capital del reino, que alcanzó su máximo esplendor entre el 626 a.C. y el 539 a.C. Esta enorme ciudad, destruida en el 689 a.C. por Senaquerib, rey de Asiria, se reconstruyó por iniciativa del rey Nabopolasar y su hijo Nabucodonosor II. Dividida por el Éufrates, se necesitaron 88 años para construirla y protegerla con doble muralla. E-Sagila, el templo de Marduk, fue su edificio principal junto con Etemenanki, un zigurat cercano de siete pisos conocido más tarde como la torre de Babel. El zigurat alcanzaba una altura de 91 metros; en el piso más alto se alzaba un templo construido con adobes secados al sol y revestido de ladrillos cocidos. Al norte del templo de Marduk se extendía un camino procesional de paredes decoradas con figuras esmaltadas de leones. Atravesando la Puerta de Istar se llegaba a un pequeño templo, donde se celebraban las ceremonias religiosas del año nuevo. Al oeste había dos complejos palaciegos. Al este de la vía procesional se estableció, desde los tiempos de Hammurabi, una zona residencial. Se conservan pocos vestigios de la ciudad y de los famosos jardines colgantes del palacio de Nabucodonosor II, una de las siete maravillas del mundo. La Puerta de Istar (c. 575 a.C.) es una de las pocas estructuras conservadas.

El último rey babilonio, Nabonides, cuyo reinado se extiende entre los años 556 a.C. y 539 a.C., reconstruyó la antigua capital sumeria de Ur, incluyendo el zigurat de Nanna, que competía en esplendor con el zigurat de Etemenanki en Babilonia. Su estado de conservación es bueno y la fachada de ladrillo ha sido recientemente restaurada.

El año 539 a.C. el reino neobabilónico cayó bajo el dominio de Ciro II el Grande, rey Aqueménida de los persas. Mesopotamia se incorporó al Imperio persa, y en Babilonia, que se convirtió en una de sus capitales administrativas, se construyó un palacio real. Entre los vestigios babilónicos de los tiempos de Alejandro el Magno, el conquistador del Imperio persa, se conserva un teatro en la actual localidad de Humra. El esplendor de Babilonia acabó aproximadamente el 250 a.C., cuando los habitantes de dicha ciudad se trasladaron a Seleucia, ciudad construida por los sucesores de Alejandro.Volver al inicio

Arte Persa

País del suroeste de Asia entre el mar Caspio y el golfo Pérsico, actualmente conocido como Irán.

INTRODUCCIÓN

Arte y arquitectura persas, conjunto de manifestaciones artísticas que se desarrollaron en la antigua Persia, territorio que a partir de 1935 pasó a conocerse como Irán. No obstante, y de acuerdo a su uso más extendido y popular, el término persa se utilizará en este artículo para referirse al periodo anterior a la llegada del islam en el siglo VII d.C. —es decir, la época del antiguo Imperio persa— así como también para los tiempos prehistóricos.

 
PERÍODO ANTIGUO

Los principales trabajos artísticos de la época prehistórica fueron las piezas de cerámica y pequeñas figuras de arcilla, mientras que la arquitectura y la escultura predominaron a lo largo de los dos imperios persas, el Aqueménida y el Sasánida (siglos VI a.C.-VII d.C.). Tras la conquista árabe y la introducción del islam en el siglo VII d.C., la escultura cedió su lugar en favor de la arquitectura, que entró así en un periodo de gran esplendor. La pintura llegó a ser importante entre los siglos XIII a XVII. Ya en el siglo XX se recuperaron estas antiguas formas artísticas combinándose los modelos tradicionales con la tecnología occidental y los nuevos materiales.

Arquitectura

Entre los primeros ejemplos de arquitectura persa destacan un grupo de pequeñas viviendas construidas con mortero y ladrillos de barro no cocido y secados al sol (adobe) descubiertas en varios yacimientos neolíticos del occidente de Irán: Tepe Alí Kosh, Tepe Guran, Ganj Dareh Tepe y Hajji Firuz Tepe. Estos yacimientos demuestran el asentamiento de pequeños poblados formados por casas de una única habitación y dependencias para almacenaje a lo largo de la frontera occidental del país en torno al año 6000 a.C. Las excavaciones en Tal-i Bakun, cerca de Persépolis, y en Tal-i Iblis y Tepe Yahya, cerca de Kermān, muestran cómo hacia el 4000 a.C. se levantaron edificios con un mayor número de estancias, agrupados además en pueblos o pequeñas ciudades. Todas estas estructuras arquitectónicas indican que las técnicas tradicionales de construcción mediante mortero y ladrillos de adobe se encontraban ya en pleno desarrollo. En Shahr-i Sokhta en Sistán se ha estado excavando un interesante palacio de la edad del bronce (c. 2500 a.C.). Su estructura y tipología evidencian un acusado incremento de la complejidad en consonancia con el establecimiento de importantes centros comerciales sobre la meseta iraní.

A finales del 2000 a.C., grupos tribales arios, entre los que se encontraban los medos y los persas, se extendieron por la meseta desplazando o absorbiendo a los primitivos pobladores. La arquitectura y artesanía de este periodo conocido como edad del hierro, precedente inmediato de la fundación del Imperio persa por Ciro II el Grande, ha podido conocerse gracias a las excavaciones llevadas a cabo cerca de Kangavar (Godin Tepe y Babajan Tepe), en las proximidades de Hamadān (Nush-i Jan Tepe), y en Zendan-i Suleiman y Tepe Hasanlu al noroeste de Irán. Estos yacimientos revelaron por primera vez la utilización de largos corredores de columnas como característica principal de la nueva tipología constructiva. Las columnas eran de madera y se levantaban sobre losas de piedra, mientras que los edificios se construyeron con piedras sin tallar y ladrillos. Las escaleras y las terrazas, junto con otros elementos, constituyeron los prototipos desarrollados más tarde por la arquitectura imperial de Pasargada y Persépolis. Si, como se cree, los edificios de Nush-i Jan Tepe y Godin Tepe son ejemplos de arquitectura meda, nos hallamos ante las primeras estructuras arquitectónicas de los medos que se han excavado hasta el momento actual. Estos descubrimientos confirman las frecuentes descripciones que sobre almacenes y palacios aparecen en las fuentes literarias, especialmente en el historiador griego Herodoto.Volver al inicio

 

PERÍODO AQUEMÉNIDA

El primer momento de esplendor de la arquitectura persa tiene lugar durante la dinastía Aqueménida, cuyo reinado se extiende aproximadamente desde el 550 al 331 a.C. Los restos de arquitectura Aqueménida son bastante numerosos, siendo los más antiguos las ruinas de Pasargada, la capital de Ciro II el Grande. Incluyen dos palacios, un recinto sagrado, una ciudadela, una torre y la tumba de Ciro. Los palacios estaban tapiados y tenían en su centro una gran galería de columnas, la más larga de las cuales medía 37 metros de longitud. La distribución y el diseño de las habitaciones principales oscilaba entre la forma cuadrada y la rectangular; todas estaban iluminadas por un sistema de claraboyas. Los muros se construyeron de ladrillos de adobe; los cimientos, pórticos, columnas y pedestales se hicieron en piedra. Las columnas se cubrieron con bloques de piedra tallada que representaban figuras de caballos o leones enfrentados espalda con espalda. Para los suelos se utilizó, probablemente, la madera. El recinto sagrado estaba formado por un patio tapiado dentro del cual se disponían dos altares y una tribuna escalonada de forma rectangular. La torre era una elevada estructura arquitectónica levantada a base de piedra caliza de color amarillento; por contra, la caliza negra se utilizó para las puertas de acceso y para las dos filas de ventanas cegadas. La tumba de Ciro era un pequeño mausoleo de piedra, en forma de cilindro, colocado sobre una plataforma escalonada. Las columnas que lo rodean se han ubicado allí en época reciente.

Darío I el Grande construyó una nueva capital en Persépolis, ciudad que sería más tarde ampliada por Jerjes I y Artajerjes I (465-425 a.C.). Sobre una zona rocosa se abrieron y nivelaron tres amplias terrazas en las que se fueron levantando edificios de ladrillo y piedra similares a los de Pasargada. Entre las edificaciones de Persépolis y Pasargada existen, no obstante, varias diferencias. Los patios de columnas eran cuadrados, en los muros se abrían ventanas y nichos de piedra simulando vanos, y dejaron de utilizarse los pedestales de piedra. Las puertas presentan una cornisa de cuarto bocel (tipo de moldura con un perfil de cuarto de círculo) decorada con motivos vegetales de probable origen egipcio. Los fustes de las columnas eran estriados en lugar de lisos, las basas y molduras de los plintos se ornamentaron con motivos decorativos de tipo floral, y el remate de las columnas (capitel) tomó formas naturalistas reproduciendo los cuartos delanteros de toros que a veces aparecían alados. Estos edificios tenían los techos de madera de cedro apoyados sobre robustas vigas y escuadras que descansaban en los capiteles de piedra de las columnas.

Otros restos de arquitectura Aqueménida podemos encontrarlos en la ciudad de Susa, donde Darío I construyó un gran palacio reconstruido posteriormente por Artajerjes II (409-358 a.C.). La arquitectura vinculada a la dinastía de los Aqueménidas abarca también tumbas excavadas en la roca, como los hipogeos egipcios, de entre las que destacan las de Naqshah Rostam, cerca de Persépolis. Apenas se conocen ejemplos de arquitectura popular o doméstica, aunque los arqueólogos creen que la vivienda típica se construía con ladrillos de adobe.

Tras la conquista de Persia por Alejandro Magno en el 331 a.C. y la toma del poder por parte de la dinastía Seléucida, la arquitectura persa imitó las formas del mundo griego. De este estilo es el gran templo de Kengavar, que fue excavado por el Servicio Arqueológico de Irán para su eventual restauración. El templo había sido destruido en la antigüedad por un fuerte terremoto.

Más tarde, bajo la dinastía de los partos Arsácidas, entre el 250 a.C. y el 226 d.C., se construyeron en el primitivo estilo persa un pequeño número de edificios. El monumento más importante de este periodo, declarado Patrimonio cultural de la Humanidad en 1985, es el palacio de Hatra (hoy al-Hadhr, en Irak), fechado entre los siglos I y II d.C., en el que se ejemplifica perfectamente la utilización a gran escala de la bóveda de medio punto. Los abovedamientos, los robustos muros y las pequeñas dependencias de este palacio indican una continuidad de las primitivas tradiciones asiria y babilónica.

 
PERÍODO SASÁNIDA

Bajo la dinastía Sasánida, que gobernó Persia desde el 226 d.C. hasta la conquista del islam en el 641, tuvo lugar un importante renacimiento arquitectónico. Las construcciones fueron totalmente diferentes de las del periodo Aqueménida. Los muros se levantaron a base de ladrillo cocido y pequeñas piedras unidas con argamasa; también se utilizó el ladrillo para las bóvedas de medio punto dispuestas sobre grandes estancias y corredores; se construyeron grandes cúpulas. Se adaptaron los diseños y principales características de los palacios de Persépolis, pero se encerraron en un único edificio las numerosas dependencias y habitaciones. De este modo, la misma obra incorporaba un lugar para las audiencias públicas, otro más pequeño para las privadas, así como numerosas salas de menor tamaño. Entre los principales restos conservados de arquitectura Sasánida están las ruinas de los palacios cupulados de Firuzabad, Girra y Sarvestan, y las amplias salas abovedadas del de Ctesifonte. El gran yacimiento de Bishapur ha sido sistemáticamente excavado a mediados del siglo XX por el Servicio Arqueológico de Irán. Se han realizado también excavaciones en otros palacios, como en Qais, Hira y Damghan. En todos estos palacios aparece ya el iwán, como pórtico con gran arco abierto a un patio, que se verá luego en el arte islámico. Además de éstos, destacan también los puentes de Dizful y Shushtar, y diversos templetes construidos en varias localidades destinados a la adoración del fuego que formaba parte del zoroastrismo

Escultura

En el primer gran periodo del arte persa, durante el reinado de los Aqueménidas, la escultura se hizo a escala monumental. Hacia el 515 a.C. Darío I el Grande mandó esculpir un gran relieve y una inscripción grabada en la roca de los acantilados de Behistún. El relieve muestra a Darío como Ahura Mazda (divinidad suprema del zoroastrismo) venciendo a sus enemigos. Los diseños y el gusto por el detalle en el grabado tienen claro antecedente en los modelos asirios, pero el tratamiento naturalista de los ropajes superpuestos y los ojos es completamente novedoso.

En Persépolis la escultura fue un importante complemento de la arquitectura. A los capiteles con formas animales que fueron característica dominante en los interiores de los edificios, hay que añadir los frisos con decoración de leones en las paredes exteriores de los mismos. En las jambas de las puertas se tallaron relieves del Rey, y las escaleras fueron decoradas con frisos en bajorrelieve representando a la guardia real y a los portadores de tributos. La puerta principal de la ciudad estaba flanqueada por una pareja de enormes toros con cabezas humanas tallados en altorrelieve.

El palacio de Susa estaba decorado con relieves en piedra al estilo de los de Persépolis y paneles de ladrillo vidriado azul, verde, blanco y amarillo. La utilización de este material viene de tradiciones anteriores, asiria y babilónica. En estos paneles de Susa aparecen retratados soldados, toros alados, esfinges y grifos. El más conocido de todos ellos es el denominado Friso de los Arqueros (Louvre, París). Dentro de la escultura Aqueménida es importante destacar también las cuatro tumbas reales excavadas en la roca de Naqshah Rostam. Cada tumba fue tallada en la roca imitando la fachada de un palacio, con figuras sobre un estrado en el que aparece el rey adorando a los dioses.

Después de la conquista de Persia por Alejandro Magno la influencia griega, en su etapa helenística, fue predominante dentro del mundo artístico. Entre otros ejemplos pueden citarse los fragmentos de escultura en bronce hallados en Shami, y los relieves de Behistún. El segundo gran periodo del arte persa comienza con el advenimiento de la dinastía Sasánida en el 226 a.C. De este periodo sólo ha sobrevivido un único ejemplo de escultura exenta o de bulto redondo, que es la colosal figura de un rey aparecida cerca de Bishapur. Se conserva también un reducido número de estatuillas, pero los mejores ejemplos escultóricos, como sucedió también en época Aqueménida, están en los relieves grabados sobre la roca. Los más conocidos son los gigantescos relieves de Naqshah Rostam, en los que aparecen retratados los reyes persas Ardachir I y Sapor (o Sahpur) I (años 241 a 272) montados a caballo. Similar escena ecuestre ofrece el relieve de Taq-i-Bustan, representando a otro rey persa de esta dinastía, Cosroes II. Tras el periodo Sasánida la escultura dejó de ser importante dentro de las producciones artísticas de Irán.

Cerámica, metalistería y tejidos

Los primeros ejemplos de artes decorativas persas datan de finales del VII milenio a.C. y consisten en diseños de animales y figuras femeninas modeladas en arcillas. Las figurillas femeninas encontradas en Tepe Sarab, cerca de Bajtaran, son complicados objetos compuestos por múltiples piezas de reducido tamaño. Las caderas y el pecho de estas figuras se representan de forma exagerada, reduciendo las cabezas a la mínima expresión. En contraste con esta estilización y abstracción de la figura humana están las múltiples figuritas de animales modeladas con gran naturalismo.

El segundo gran momento de esplendor dentro del arte prehistórico tuvo lugar durante el IV milenio, cuando aparecieron en la meseta una gran variedad de cerámicas pintadas de diferentes estilos. Por regla general, las vasijas eran rojas o ligeramente amarillentas con figuras de animales, a menudo cabras, pintadas en negro. La cerámica se encontró junto a otros pequeños objetos como sellos e instrumentos de cobre (alfileres o cinceles, entre otros). Durante el tercer milenio se fabricó cerámica gris bruñida en la zona noreste de Persia, así como también gran cantidad de objetos o piezas de cobre como hachas, broches y figurillas. La cerámica pintada continuó produciéndose en otras partes del país salvo en el norte, el Azerbaiyán, donde aparecen vasijas y utensilios barnizados en gris y negro con motivos decorativos geométricos mediante incisiones sobre la superficie del objeto posteriormente rellenadas de pasta blanca. Hacia el año 1300 a.C. este tipo de cerámica gris aparece en toda la zona norte de Persia, quizá con origen nororiental, y muy probablemente asociada con la expansión de las tribus indo-iranias. Alrededor del año 800 a.C. florece de nuevo la pintura, con representación de modelos geométricos, animales y figuras humanas.

Iniciado a finales del segundo milenio y con un desarrollo cronológico que alcanza hasta mediados del primer milenio, tuvo lugar en toda la zona montañosa al sur del Caspio y el Luristán un importante florecimiento de los trabajos en bronce fundido. Se hicieron en grandes cantidades arneses, enjaezados y bridas para los caballos, hachas y objetos votivos, reflejando todos ellos un complejo estilo creado a base de combinar fragmentos o partes animales con criaturas fantásticas de variadas y extrañas formas.

Durante el periodo Aqueménida las artes decorativas tuvieron una gran difusión dentro de los artículos de lujo, como ornamentos y vasijas de oro y plata, jarrones de piedra y joyas con decoración incisa. Una importante colección de todo este tipo de objetos, denominada Tesoro de Oxus, se conserva en el Museo Británico de Londres. La metalistería Sasánida alcanzó un gran desarrollo, siendo sus objetos más frecuentes las copas y platos de plata y los aguamaniles de bronce con profusa decoración repujada. Los temas más frecuentes fueron escenas cortesanas, cazadores, animales, pájaros y plantas. La mejor colección de este tipo de piezas se encuentra en el Museo del Ermitage, en San Petersburgo; otros ejemplos los podemos localizar en los museos de París, Londres y Nueva York.

La producción de tejidos fue una industria muy destacada dentro del periodo Sasánida. Los diseños incluían sobre todo motivos animales, vegetales y de caza dispuestos de forma simétrica, situados dentro de medallones; fueron muy imitados en todo el Oriente Próximo y también en la Europa medieval. Incluso después de la conquista árabe las sedas y la metalistería Sasánidas se continuaron fabricando, influyendo fuertemente en el arte bizantino, en China y en la zona del Turkestán.Volver al inicio

 

PERIODO ISLÁMICO

Tras la conquista de Persia por los árabes en el año 641, el territorio pasó a formar parte del mundo islámico. Sus artistas se sometieron a los gustos y necesidades de la cultura islámica, la cual a su vez recibió influencias de la tradición persa. La arquitectura siguió siendo la principal forma artística; debido a la norma islámica que condenaba como idólatra la representación tridimensional de seres vivos y otro tipo de objetos, la escultura entró en una fase de declive. La pintura, por el contrario, no sufrió los efectos de esta prohibición de representar la figura humana, y logró así un auge importante.

Arquitectura

La mezquita fue la principal tipología arquitectónica durante el periodo islámico. Se mantuvo la tradición de los espacios abovedados; entre otras características destacan la importancia de la madrasa con planta cruciforme, la utilización de los arcos de herradura, de medio punto, conopiales y apuntados, así como también el uso de la cúpula sobre tambor circular. Entre los ejemplos más destacados de la primera arquitectura islámica de Irán se incluyen la mezquita de Bagdad, construida en 764; la gran mezquita de Samarra, levantada el año 847, y la primera mezquita de Na'in, del siglo X. Bajo la expansión del Imperio mongol, buena parte de la arquitectura islámica se erigió en Persia, pero tras la conquista de Bagdad por los mongoles en el 1258 se reanudó un tipo de construcción más apegada a las antiguas tradiciones y se levantaron varios de los mejores edificios de toda la historia de la arquitectura del país. Cabe destacar entre ellos la gran mezquita de Veramin, edificada en el 1322; la mezquita del Imán Reza en Meshad-i-Murghab, construida en 1418, y la mezquita Azul de Tabrīz. Otras obras importantes son el mausoleo del conquistador mongol Tamerlán y su familia en Samarkand, la mezquita real de Meshad-i-Murghab, y las grandes madrasas, o escuelas coránicas, de Samarkand, todas ellas construidas en el siglo XV.

Bajo la dinastía Safawí (1502-1736) se construyeron gran número de mezquitas, palacios, tumbas y otros edificios. Los elementos característicos de las mezquitas fueron las cúpulas gallonadas sobre tambores, los pórticos abovedados y las parejas de torres minaretes. Sobre las cornisas y ménsulas se dispuso una sorprendente decoración en zigzag o en hilera. Cuando estas formas decorativas aparecen formando prismas o pequeños arcos agrupados a modo de estalactitas reciben el nombre de mocárabes. El color fue parte importante de la arquitectura en este periodo, y las fachadas de los edificios se cubrieron con resplandecientes azulejos de tonos azules, verde, amarillo y rojo. Las construcciones más notables de la época Safawí las encontramos en Isfahan, capital de dicha dinastía. La ciudad, trazada sobre anchas avenidas, jardines y canales, cuenta con importantes palacios, mezquitas, baños, bazares y caravasares (posadas).

Pintura

La pintura al fresco y los manuscritos miniados formaron parte de la tradición artística de Persia ya desde el periodo Sasánida, aunque de estos primeros ejemplos apenas se han conservado unos pocos fragmentos. En el periodo islámico la pintura fue una de las artes plásticas más importantes. Se hicieron copias del Corán en letra cúfica, forma de escritura de los primeros árabes, en los pergaminos y rollos de al-Barah y al-Kufah a finales del siglo VII. Estos manuscritos no contienen escenas pintadas, pero poseían, en su defecto, una hermosa caligrafía ornamental, que fue ampliamente practicada durante los siglos VIII y IX. Gracias a la introducción del papel en el siglo X, las formas y modelos de los libros religiosos y seculares tuvieron un gran incremento.

En el siglo XII llegó a tener una gran resonancia la escuela de pintura de Bagdad, con sus manuscritos sobre trabajos científicos, fábulas y anécdotas ilustrados con miniaturas. En el siglo XIII se hizo muy evidente la influencia de la pintura paisajística china, introducida en el país tras la toma del poder por los mogoles. Los libros de poemas y de historias del mundo se ilustraron con anécdotas, leyendas y acontecimientos históricos que a menudo ocupaban páginas enteras y también páginas dobles. Los textos fueron escritos generalmente en persa más que en árabe, como venía siendo habitual desde épocas anteriores. En el siglo XIV Bagdad y Tabrīz fueron los principales centros de pintura. Más tarde, Samarkand, Bujara y Herāt llegaron a ser también importantes centros. Por regla general la temática incluía escenas de caza, guerreros, vida en palacio y vistas de paisajes con escarpadas montañas, árboles y arroyos rodeados de flores. A comienzos del siglo XIV se solía pintar sobre fondo rojo, cambiándose después por tonos azules y, al final del siglo, dorados.

El miniaturista persa más conocido fue Bihzād, el artista más importante de finales del periodo mongol y comienzos del Safawí. Fue el director de la academia de pintura y caligrafía de Herāt hasta 1506, año en el que marcha a Tabrīz como bibliotecario real. La pintura de Bihzād se caracteriza por su rico colorido, sus figuras realistas y sus paisajes. Diferenciaba las figuras en grupos de escenas, realizando retratos de marcado individualismo. Muchos pintores estudiaron con él, incluyendo los célebres artistas Mirak y Sultan Mohammed, y su estilo fue imitado en todo Irán, Turkestán e India. Entre los pocos manuscritos existentes ilustrados por Bihzād destacan la Historia de Tamerlán (1467), hoy en la biblioteca de la Universidad de Princeton.

El retrato como género pictórico llegó a ser muy importante a lo largo de todo el siglo XVI. Uno de los principales retratistas fue Alí Reza Abbasi, que delineó sus figuras con sobrios pero expresivos toques de pincel. Muchas de sus pinturas representan figuras individuales, aunque también pintó realistas escenas de grupos de peregrinos y derviches. A finales del siglo XVI y durante el siglo XVII los dibujos monocromos a tinta con ligeros toques de rojo y dorado reemplazaron a las brillantes policromías de los primeros manuscritos. Después del siglo XVII los artistas de Irán copiaron la pintura y el grabado europeos, entrando así en declive la tradición nacional. La pintura de cajas o estuches barnizados, decorados con temas tradicionales iraníes, y la encuadernación de libros se convirtieron en el siglo XIX en una próspera industria, exportándose en grandes cantidades a los países de Europa occidental. Esta industria es todavía floreciente a finales del siglo XX. Son frecuentes también las modernas imitaciones de la miniatura del siglo XVI, aunque no se ha logrado imponer un estilo contemporáneo nacional.

Artes Decorativas

Las técnicas de producción de tejidos, metalistería y cerámica desarrolladas durante el periodo Sasánida se utilizaron a lo largo de toda la historia de Persia. La elaboración de alfombras, en la que es especialmente notable, fue fomentada por los Sasánidas, y han continuado siendo importantes objetos artísticos hasta el presente. Se fabricaron en pequeños pueblos y en los talleres de la corte. El diseño de las alfombras utilizadas en las mezquitas o para el rezo consistía, por regla general, en un medallón o arco dentro de un espacio rodeado por una orla cubierta con delicadas formas florales. Las alfombras de uso seglar podían decorarse con figuras humanas y animales.

La metalistería también fue importante. En Mosul y otros centros se realizaron bellas vajillas y vasijas en bronce, latón y cobre con incrustaciones de plata y grabadas.

Durante el periodo islámico se hizo también cerámica de excelente calidad, especialmente en los siglos XI, XII y XIII. Los alfareros de Rayy y Kasan destacan por sus cerámicas y lozas tipo mina'i de reflejo metálico, con delicadas figuras polícromas, y también por otras piezas con motivos naturalistas sobre fondos claros o turquesas.Volver al inicio

El Arte en el Mediterráneo Oriental

 

TURQUIA, GRECIA Y SIRIA

Arte y arquitectura desarrolladas en Grecia y sus colonias entre el año 1100 a.C. y el siglo I a.C. Aunque tuvo su origen en la civilización del Egeo, su evolución posterior le ha convertido en uno de los periodos artísticos más influyentes de la cultura.

El arte griego se caracterizó por la representación naturalista de la figura humana, no sólo en el aspecto formal, sino también en la intención expresiva del movimiento y las emociones. El cuerpo humano, tanto en las representaciones de dioses como en las de seres humanos, se convirtió así en el motivo fundamental del arte griego, asociado a los mitos, la literatura y la vida cotidiana.

Se han conservado pocos ejemplos intactos o en su estado original de la arquitectura y escultura monumental, y en el ámbito pictórico no conocemos grandes ciclos decorativos. Sin embargo, se conservan importantes vasos cerámicos, monedas, joyas y gemas, que junto con las pinturas funerarias etruscas nos ofrecen algunas pistas sobre las características del arte griego. Estos restos se complementan con los relatos de las fuentes literarias. Algunos viajeros, como el romano Plinio el Viejo o el historiador y geógrafo griego Pausanias, vieron in situ muchos de los objetos artísticos que se conservan hoy día deteriorados o en mal estado y sus relatos nos ofrecen bastante información acerca de algunos artistas y sus principales obras.

La función principal de la arquitectura, pintura y escultura monumental hasta aproximadamente el año 320 a.C., fue de carácter público, ocupándose de asuntos religiosos y de la conmemoración de los acontecimientos civiles más importantes, como las competiciones atléticas. Los ciudadanos sólo utilizaron las artes plásticas para la decoración de sus tumbas. Sin embargo las artes decorativas se dedicaron sobre todo a la producción de objetos de uso privado. El ajuar doméstico contenía un gran número de vasijas de terracota pintadas, con elegantes acabados, y las familias más ricas poseyeron vasijas de bronce y espejos. Muchos objetos realizados en terracota y bronce incorporaron pequeñas figurillas y bajorrelieves.
Los arquitectos griegos construyeron la mayoría de sus edificios en mármol o piedra caliza, utilizando la madera y las tejas para las techumbres. Los escultores labraron el mármol y la caliza, modelaron la arcilla y fundieron sus obras en bronce. Las grandes estatuas votivas se esculpieron en láminas de bronce o se recubrieron con oro y marfil sobre estructuras internas de madera. Algunas veces se realizaban por separado las cabezas o los brazos extendidos, que posteriormente se unían al torso. La escultura en piedra y en arcilla estuvo total o parcialmente pintada con pigmentos brillantes. Los pintores griegos emplearon colores al agua para pintar grandes murales o vasijas decoradas. Los ceramistas modelaban sus vasijas en tornos de alfarero y cuando se secaban las pulían, pintaban y cocían.

El arte griego se divide normalmente en periodos artísticos que reflejan sus cambios estilísticos. Las compartimentaciones cronológicas desarrolladas en este artículo son las siguientes: 1) periodos geométrico y orientalizante (c. 1100 a.C.-650 a.C.); 2) periodo arcaico (c. 660 a.C.-475 a.C.); 3) periodo clásico (c. 475 a.C.-323 a.C.); 4) periodo helenístico (c. 323 a.C.-31 a.C.).

 
LOS PERÍODOS GEMÉTRICO Y ORIENTALIZANTE

Los vestigios más importantes del arte griego de los periodos más antiguos son piezas cerámicas. Las vasijas del periodo geométrico se decoraban con bandas de meandros y otros motivos geométricos, de ahí su denominación. En los ejemplos más antiguos, los motivos rectilíneos se combinaron con elementos curvilíneos derivados del arte micénico. Aproximadamente a principios del año 750 a.C. introdujeron motivos humanos y zoomórficos de formas esbeltas, como puede observarse en las representaciones del cuerpo del guerrero muerto o del carro tirado por caballos. El mejor ejemplo de la cerámica de estilo geométrico es la crátera Dípilon, una especie de esquela funeraria realizada con el propósito de guardar ofrendas, que se halló en una necrópolis cercana a la puerta de Dípilon de Atenas (Museo Metropolitano de Nueva York).

El estilo de la cerámica decorada se modificó aproximadamente en el siglo VII a.C., debido a la creciente colonización griega del Mediterráneo y al comercio con los fenicios y otros pueblos orientales. En las vasijas de este periodo, conocido como periodo orientalizante de la cerámica decorada, los diseños abstractos geométricos se reemplazaron por los motivos naturalistas del arte oriental, como la flor de loto, la palmeta, los leones y las esfinges. La ornamentación aumentó en cantidad y complejidad.

De la escultura del periodo geométrico se han encontrado únicamente pequeñas piezas en bronce y arcilla. Entre ellas cabe destacar una pequeña estatua de Apolo realizada en bronce (Museo de Bellas Artes de Boston). Las esculturas de este periodo no son representaciones realistas, sino obras de naturaleza conceptual.
La arquitectura de los periodos geométrico y orientalizante consistió en estructuras sencillas realizadas con adobe y ripio. Las viviendas más primitivas fueron chozas circulares, que evolucionaron hacia formas elípticas de herradura. Más tarde se hicieron rectangulares, organizadas a lo largo de un eje este-oeste con una entrada y un vestíbulo de columnas en uno de los extremos. Las cubiertas a dos aguas o de doble vertiente se construyeron en paja, y las planas en barro.

La planta básica de los templos fue similar a la de las viviendas. En Samos, Esparta, Olimpia y Creta se han encontrado los cimientos de algunos templos del final del periodo geométrico. En Eretria y Thermos algunos templos posteriores mantenían la planta de herradura. En los templos de planta rectangular los dos muros laterales sobresalen hacia el exterior de la pared frontal formando un vestíbulo o pórtico. Dentro del espacio cubierto o cella, las vigas de madera del tejado a dos aguas se apoyaban en una única fila de columnas de madera, dispuestas a lo largo del eje principal; más tarde, sin embargo, se reemplazaron por dos filas de columnas, ya que las anteriores ocultaban la imagen de la divinidad. Estas dos columnatas, como los muros laterales, se prolongaron más allá del muro frontal para sustentar el vestíbulo cubierto.

 
EL PERÍODO ARCAICO

Durante el periodo arcaico, al extenderse el mundo griego geográfica y económicamente, su mayor riqueza y los contactos con el exterior le condujeron al desarrollo de una arquitectura y escultura monumental. Ambas se hicieron con el mármol y la piedra caliza que abundaba en Grecia. Los templos albergaron imágenes de los dioses y estuvieron decorados con esculturas y pinturas. La pintura tuvo también su desarrollo en las vasijas, que fueron importantes objetos de comercio.

La escultura

Los griegos empezaron a esculpir en piedra, inspirados en las piezas monumentales de Egipto y Mesopotamia. Las esculturas de bulto redondo compartieron la solidez y la característica posición frontal de los modelos orientales, pero, como podemos comprobar en la Dama de Auxerre y el Torso de Hera de Samos (periodo arcaico primitivo, c. 660 a.C.-580 a.C., ambas en el Museo del Louvre de París), sus formas fueron más dinámicas que las de la escultura egipcia. Las esculturas masculinas y femeninas, a partir aproximadamente del año 575 a.C., reflejaron en sus rostros la denominada sonrisa arcaica. Aunque esta expresión no parece obedecer a razones específicas en las personas o situaciones en las que aparece reproducida, quizás fue empleada por los griegos como un artificio que proporcionaba a las figuras un rasgo humano distintivo.

Las tres tipologías que predominaron fueron el joven desnudo de pie (kouros), la doncella vestida en pie (kore) y la mujer sentada. Todos ellos acentúan las características esenciales del cuerpo y expresan, cada vez más, un conocimiento preciso de la anatomía humana. La razón de ser de la representación de estos jóvenes fue por una parte de índole sepulcral y otra de carácter votivo. Algunos ejemplos conservados son el Apolo primitivo del Museo Metropolitano de Nueva York, el Apolo Strangford de Lemnos del Museo Británico de Londres, obra bastante más tardía, y el Kouros de Anavysos conservado en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas. En dichas obras, a diferencia de otras más antiguas, puede observarse un estudio más detallado de la estructura muscular y anatómica. Las figuras femeninas, vestidas y de pie, ofrecen una amplia variedad de expresiones, tal y como puede verse en las esculturas del Museo de la Acrópolis de Atenas. Sus ropajes están tallados y pintados con la delicadeza y la meticulosidad característica de la escultura de este periodo.

Los relieves escultóricos que se esculpieron con posterioridad a la escultura exenta o de bulto redondo, representaron a sus figuras en movimiento. Los frisos del Tesoro de los Siphnios, en el templo de Apolo en Delfos (Museo Arqueológico de Delfos), que muestran una de las batallas de la guerra de Troya, son uno de los ejemplos más excepcionales del periodo arcaico medio (c. 580 a.C.-535 a.C.). Otra muestra importante es el frontón del templo antiguo de Atenea en la Acrópolis de Atenas, conservado en estado fragmentario (Museo de la Acrópolis), que representa un combate entre dioses y gigantes. Entre los ejemplos del periodo arcaico tardío (c. 535 a.C.-475 a.C.) destacan las esculturas de los frontones del templo de Aphaia en Egina (actualmente en la Gliptoteca de Munich). Las figuras del frontón oriental parecen tan llenas de vida como los atletas que describió el poeta Píndaro. En el siglo XIX se comenzó a valorar el mérito artístico de la escultura del periodo arcaico.

Los escultores del periodo arcaico continuaron fundiendo esculturas en bronce. Los ejemplos del siglo VI a.C. describen los músculos de forma esquemática mediante la representación de un estrecho arco en el límite bajo del tórax y unas marcas horizontales. Las esfinges y otras formas realizadas en piedra sirvieron como florones, yelmos o lápidas.

La arquitectura

Los griegos, después de conocer los templos pétreos de los egipcios, comenzaron en el siglo VII a.C. a construir sus propios templos en piedra, con un estilo propio y específico. Utilizaron la piedra caliza en el sur de Italia y Sicilia, el mármol en las islas griegas y en Asia Menor y la caliza revestida con mármol en el continente. Más tarde levantaron sus edificios principalmente de mármol. Los templos eran de planta rectangular sobre un pequeño zócalo escalonado (crepidoma) en un recinto donde se llevaban a cabo las ceremonias rituales. Los templos pequeños presentaban un frente porticado de doble columna (in antis), a veces con otro vestíbulo delante del mismo (próstilos). Los templos más grandes, con pórticos en sus partes delantera y trasera (anfipróstilos), podían tener un vestíbulo de seis columnas antes de cada uno de sus pórticos, o estar totalmente rodeados por un peristilo (perípteros). La columnata sostenía un entablamento, o dintel, bajo un tejado a dos aguas.

Desarrollaron dos órdenes de arquitectura o tipos de columnas, el dórico y el jónico. Las columnas dóricas, que no tenían basa y cuyos capiteles consistían en un bloque cuadrado (ábaco) sobre un elemento redondo en forma de almohadilla (equino), eran piezas robustas colocadas a escasa distancia para sujetar el peso de la mampostería. Su pesadez se aliviaba gracias al fuste abombado y estriado. En el entablamento se tallaban triglifos verticales sobre cada columna, dejando entre ellos metopas oblongas, que más tarde fueron cuadradas y al principio estuvieron pintadas y más tarde decoradas con bajorrelieves figurativos. El estilo dórico se originó en la península helénica, pero se difundió por todas partes. Los templos dóricos de Siracusa, Paestum, Selinonte, Acragas, Pompeya, Tarento (Taranto), Matapontum y Corcira (actual Corfú o Kerkira) todavía se conservan. Especialmente extraordinario es el templo de Poseidón en Paestum (c. 450 a.C.).

Las columnas jónicas, originarias de Jonia (Asia Menor) y las islas griegas, son más esbeltas, estriadas más estrechamente y se colocan a mayor distancia que las dóricas. Cada una descansa sobre una basa moldurada y termina en un capitel con forma de almohadilla plana que se enrolla en dos volutas en los laterales. El entablamento, más ligero que en el estilo dórico, podía tener un friso continuo. Se pueden ver ejemplos de templos jónicos en Éfeso, cerca de la moderna Izmir (Turquía), en Atenas -el Erecteion- y algunos restos del Naucratis en Egipto.

Las vasijas decoradas

Hacia el año 675 a.C. los pintores de vasijas cerámicas de Corinto empezaron a decorar sus objetos con figuras en silueta negra, generalmente animales desfilando, realizadas con formas redondeadas y dispuestas en uno o varios pequeños frisos. Es el estilo denominado protocorintio. En el estilo corintio, que se desarrolló totalmente hacia el 550 a.C. y del que se conservan numerosos ejemplos, los vasos están abarrotados de figuras sobre fondos florales. En las vasijas se representan a menudo monstruos fabulosos, como la quimera que escupe fuego, una criatura con cabeza de león, cuerpo de cabra y cola de serpiente. Otros motivos orientales similares aparecen en las piezas cerámicas encontradas en Laconia, Beocia, Calcis,

Rodas y Sardes

En el periodo arcaico medio, Atenas saturó el mercado mediterráneo de objetos cerámicos. Las vasijas atenienses han aparecido en las islas del Egeo, norte de África, Asia Menor, Italia e incluso en Francia, España y Crimea. La popularidad de la cerámica ateniense se debió a su carácter práctico de bellas proporciones, su acabado aterciopelado, negro como el azabache, y a las escenas narrativas con que estaba decorada.

La decoración de las vasijas cerámicas con la técnica de las figuras negras, que llegó de Corinto a Atenas hacia el 625 a.C., se combinó con el antiguo estilo ateniense, más lineal y de mayor tamaño. La decoración se realizaba en engobe negro sobre el color rojo de la arcilla. Los detalles se grababan de forma incisa y a veces se recalcaban con el uso de matices lumínicos rojos y blancos, hasta lograr cierta tridimensionalidad.

A partir de este momento, las escenas representadas en los vasos cerámicos y los artistas que las pintaron se pueden identificar por inscripciones. Unos treinta pintores firmaron con su nombre las piezas decoradas y otros cien han podido ser identificados por su estilo característico. A los pintores más tardíos se les han asignado nombres modernos según la localización de alguna de sus obras más importantes, como el pintor de Berlín; por el tema de alguna de sus pinturas más representativas, como el pintor del jabalí; o por el nombre del ceramista para el que trabajaron, como el pintor de Amasis. Entre las obras maestras de este periodo están el vaso François, realizado el 560 a.C. por el alfarero Ergótimos y el pintor Klitias (Museo Arqueológico de Florencia); la copa de Dioniso realizada por Exequias (Gliptoteca de Munich) y los trabajos de dos de los más destacados artistas en la técnica de figuras negras, Lydos y Amasis (Museo Metropolitano de Nueva York).

Los vasos decorados en la técnica de figuras rojas se hicieron por primera vez el año 530 a.C., por iniciativa del ceramista Andokides. La decoración se realizaba con una técnica pictórica a la inversa: es decir, el fondo se pintaba de negro, dejando las figuras en el color rojo de la arcilla. Los detalles, en lugar de hacerse por medio de incisiones en la arcilla, se dibujaban con un trazo rígido en engobe negro, que a menudo formaba un relieve sutil. Se utilizó también un nuevo color, el castaño dorado, obtenido al diluir el barniz negro.

Los pintores atenienses inventaron hacia el 540 a.C. otro nuevo estilo, ejemplificado en la crátera de Antaius, realizada por el ceramista Euphronios. Estas innovaciones, asumiendo además el interés por la anatomía del cuerpo humano, evolucionaron hacia una nueva concepción espacial, expresada a través del escorzo y del uso de una capa marrón o parda para lograr el sombreado. Este fue el inicio de un tipo de pintura en el que la tridimensionalidad se consigue tanto con la valoración lumínica como con el contraste de manchas de color.

Aunque el estilo de las figuras negras continuó siendo el dominante durante todo el periodo arcaico, la producción en el estilo de figuras rojas se fue incrementando poco a poco. Entre los pintores de vasos más importantes del final del periodo arcaico destacamos a Douris, el pintor de Brygos, el pintor de Berlín y el pintor de Kleophrades.

 
EL PERÍODO CLÁSICO

El arte griego del periodo clásico, desarrollado desde la época de las guerras médicas hasta el final del reinado de Alejandro Magno, se mantuvo totalmente independiente de las influencias foráneas, y gracias a ello obtuvo una gran demanda en otros lugares.
La alta época clásica (c. 475 a.C.-448 a.C.)

Después de la victoria griega sobre los persas, la necesidad de reparar la devastación de la guerra, generó una gran actividad artística tanto en arquitectura como en escultura. Esto fue especialmente evidente en Atenas, centro neurálgico del poder político y económico.

La arquitectura

La mayoría de los templos de la alta época clásica fueron de orden dórico. El templo de Zeus en Olimpia (mediados del siglo V a.C.), proyectado por Libón de Elis, es un ejemplo excepcional. Sus columnas relativamente esbeltas indican una reacción contra las proporciones pesadas del dórico de la época arcaica.

La escultura

La escultura de la alta época clásica no presenta la típica sonrisa o los suaves detalles característicos del periodo arcaico. En su lugar, se expresa una cierta solemnidad determinada por la nueva fuerza y simplicidad de las formas. Entre los mejores ejemplos se encuentran los frontones escultóricos del templo de Zeus de Olimpia (Museo Arqueológico de Olimpia), el Auriga (Museo Arqueológico de Delfos), el joven de pie o Efebo de Kritios -denominado así por el escultor ateniense Critius o Kritios- y la cabeza del Efebo rubio (ambos en el Museo de la Acrópolis de Atenas), así como el Idolino del Museo Arqueológico de Florencia.

Los escultores de esta época representaron sus personajes en el momento inmediatamente anterior o posterior a la culminación de una acción significativa. Las esculturas del templo de Zeus en Olimpia son una muestra: en el frontón oriental aparecen los preparativos, supervisados por Zeus, para la fatal carrera de carros ente las legendarias figuras de Pelops y Enomao; en el frontón occidental la batalla entre lapitas y centauros; y las doce metopas conservadas, describen los trabajos de Hércules ayudado por la diosa Atenea.

Muchas de las obras de la alta época clásica se perdieron en la antigüedad. Algunas han perdurado, sin embargo, en las copias realizadas por los romanos, para los que el estilo clásico tuvo un atractivo considerable. Entre algunas de esas copias se encuentran los Tiranicidas realizados por Kritios en colaboración con Nesiotes (Museo Nacional de Nápoles) y los numerosos trabajos de Policleto incluyendo el Doríforo, o portador de la lanza (Museo Nacional de Nápoles), el Diadúmeno (Museo Nacional de Atenas) y la Amazona Capitolina (Museo Metropolitano de Nueva York). En estas esculturas la postura frontal de las figuras del periodo arcaico se sustituye por posiciones más complejas y actitudes más naturales.

La pintura

De la alta época clásica casi no se conservan pinturas murales. El pintor más importante del momento fue Polignoto de Tasso. En sus frescos de Lesche, o salón de actos de los cnidios en Delfos, representó la destrucción de Troya y la visita al Hades, descrita por Pausanias. Plinio el Viejo escribió que Polignoto fue el primer maestro de la expresión. El descubrimiento en 1968 de los frescos de un sarcófago griego en Paestum (c. 470 a.C., Museo arqueológico de Paestum) muestra los logros de la pintura mural de la alta época clásica. Las figuras de los asistentes a un banquete y una representación de la zambullida de un buzo muestran el dominio de la anatomía, del trazo y de las expresiones faciales. Los ojos se dibujaron de perfil en lugar de frontales y también aparecen escenas paisajísticas.

En la pintura de vasijas las escenas de carácter simbólico y decorativo fueron remplazadas de forma gradual por representaciones tridimensionales, como en las pinturas de Pistoxenus y Penthesilea. Las formas son más nítidas, los ojos se representan de perfil y los pliegues de las telas adquieren formas más naturalistas. Estas características especialmente en las vasijas del pintor de los Nióbides, sugieren la influencia de Polignoto y ofrecen más información de su estilo artístico.

 
EL PERÍODO CLÁSICO MEDIO  (c. 448 a.C.-400 a.C.)

El clasicismo pleno se desarrolló durante la segunda mitad del siglo V a.C., especialmente bajo el patronazgo de Pericles, el estadista ateniense. La arquitectura y la escultura de Atenas alcanzaron entonces una perfección raramente igualada.

La arquitectura

Los arquitectos desarrollaron gran cantidad de métodos para contrarrestar las distorsiones oculares. Así, las plataformas o crepidomas de los templos se curvaron hacia arriba en el centro, se invirtió el estrechamiento de las columnas, sus ejes se inclinaron hacia el interior y las líneas verticales del edificio adquirieron la inclinación pertinente dependiendo de la corrección deseada.

En occidente, el enorme templo de Apolo en Selinonte (Sicilia) se terminó después de cien años de trabajo. En el Ática, Pericles ordenó la restauración de muchos templos quemados por los persas. El escultor Fidias se encargó de la supervisión de los trabajos en la Acrópolis o ciudadela, recinto que era el lugar tradicional de los templos atenienses. El edificio más importante fue el Partenón, proyectado por los arquitectos Ictino y Calícrates. Los propíleos, o puerta monumental de acceso a la Acrópolis, fue otra de las construcciones importantes.

El Partenón se erigió al lado de dos templos anteriores, el viejo templo de Atenea, conocido como el Hekatompedón, construido aproximadamente el 570 a.C. y ampliado hacia el 530 a.C., y el antiguo Partenón, comenzado el 488 a.C. y destruido por los persas el 480 a.C. cuando aún no estaba terminado. La construcción del nuevo edificio se inició el 447 a.C.

El Partenón se construyó en su totalidad con el mármol de las célebres canteras del monte Pentelikon. Estaba rodeado por una gran columnata de ocho columnas dóricas en sus frentes y otras 17 en cada lado. El peristilo tuvo un techo artesonado de mármol. El santuario se dividía en dos partes (cella y tesoro), a las que se tenía acceso a través de un estrecho vestíbulo. El techo de la más grande, la estancia oriental o cella, contenía una enorme estatua criselefantina (realizada en oro y marfil) dedicada a la diosa Atenea, protectora de la ciudad, sostenida en tres de sus lados por una columnata dórica superpuesta en dos cuerpos. La estancia más pequeña o tesoro estaba sostenida por cuatro esbeltas columnas jónicas. Un ambicioso programa escultórico se extendía por las metopas, los frontones y el alto friso que recorría el exterior de la cella.

Fidias definió el estilo de las esculturas del Partenón, pero la mayoría de ellas fueron probablemente ejecutadas por sus discípulos en el taller del maestro. Las metopas del lado oriental representan una batalla de gigantes, las occidentales una batalla contra las amazonas, las del norte la destrucción de Troya y las del sur la batalla entre lapitas y centauros. El friso representa a los ciudadanos atenienses acercándose a la diosa Atenea en el cortejo procesional de las fiestas panatenaicas, cuando le presentan su peplo o vestidura nueva. En el frontón oriental aparece el nacimiento de Atenea, rodeada de los dioses del Olimpo, y en el frontón occidental su lucha con el dios Poseidón por el dominio de las tierras del Ática. Las esculturas del Partenón y otros monumentos de la antigua Atenas se conservan en la Colección Elgin (porque fue lord Elgin quien los llevó a Inglaterra) en el Museo Británico de Londres.

Los propíleos se iniciaron el 437 a.C., pero nunca llegaron a terminarse, probablemente debido al comienzo de la guerra del Peloponeso en el año 431 a.C. Fidias encargó su construcción a Mnesiklés (c. 437-409 a.C.), que proyectó sus pórticos como si fueran fachadas de templos dóricos. Además, también utilizó columnas jónicas, consideradas como unas de las muestras más hermosas de este orden arquitectónico, y reforzó los arquitrabes del edificio con piezas de hierro.
Otro de los edificios dóricos de este periodo es el Hephaisteion, llamado inicialmente el Theseion, que se alzaba en una colina al oeste del Ágora o plaza del mercado de Atenas, y que se ha convertido en uno de las construcciones mejor conservadas de Grecia. El templo de Poseidón en el cabo Sounion y el templo de Apolo Epikurios (450 a.C.) en Bassai, en plena Arcadia, son los edificios más antiguos donde han aparecido capiteles corintios.

El Erecteion, erigido en la Acrópolis en frente del Partenón, y quizás obra de Mnesiklés, es un templo jónico excepcional. El hecho de que el terreno fuera accidentado, y el temor a destruir los santuarios anteriores del lugar, forzaron al arquitecto a idear una complicada planta asimétrica. El entablamento del pórtico que oculta la bajada a la tumba de Erecteo se apoya sobre unas esculturas femeninas llamadas cariátides.

El templo de Atenea Niké, en el extremo suroeste de la Acrópolis, es otro edificio jónico ligero y elegante. El templo estuvo en pie hasta el siglo XVII, cuando los turcos otomanos lo derribaron para convertirlo en una posición de artillería, pero fue reconstruido el año 1835, conservando la mayor semejanza posible con la estructura original.

La escultura

Fidias y Policleto fueron los escultores más importantes del periodo clásico medio. Según el parecer que sostuvo la antigüedad griega, Fidias fue el escultor de los dioses y Policleto el de los seres humanos o mortales. Fidias creó dos estatuas criselefantinas colosales, una de Zeus en Olimpia, considerada una de las siete maravillas del mundo antiguo, y otra de Atenea en el Partenón. Aunque ninguna de las dos se ha conservado y ni siquiera existen buenas copias de las mismas, Zeus aparece en algunas monedas y la Estatua de Varvakeion se parece ligeramente a la de Atenea. La cabeza de la Atenea Lemnia (Museo Cívico de Bolonia) copia romana de una obra de Fidias, junto con el trabajo de sus discípulos Alcamenes y Agorácritos, permite deducir algunas ideas de su arte.

Paionios, con su Niké en vuelo de Olimpia y los trabajos posteriores del eminente escultor Mirón, son contemporáneos a la escultura del Partenón. El Discóbolo y Palas Atenea y Marsias, dos de sus esculturas más conocidas, estuvieron en un principio en la Acrópolis y son conocidas únicamente por las copias romanas conservadas.

La pintura

Aunque las figuras de las vasijas del periodo clásico medio están dibujadas con una perspectiva lineal rudimentaria, se logra un cierto efecto tridimensional. Estas pinturas se parecen probablemente a las obras desaparecidas de Apolodoro y Zeuxis de Heraclea. El segundo es famoso por haber pintado un racimo de uvas de forma tan veraz que hasta los pájaros trataron de picotear sus granos.

 

Genere ingresos en su sitio web con AdSense de Google

 
 
EL PERÍODO CLÁSICO FINAL (c. 400 a.C.-323 a.C.)

Las empresas arquitectónicas disminuyeron cuando Atenas, derrotada en la guerra del Peloponeso, perdió su hegemonía política en el ámbito griego. En las artes plásticas la nueva y detallada caracterización de las figuras reflejó un interés por el individuo, hecho que corroboran los poetas y filósofos de aquel momento.
La arquitectura

Aunque los templos se construyeron todavía en el orden dórico, desapareció el vestíbulo posterior. El templo de Asclepio en Epidauro (c. 380 a.C.) es un buen ejemplo. Las columnas corintias (el tercer orden arquitectónico griego), una especie de columnas jónicas con hojas de acanto en los capiteles, se utilizaron en el interior del tholos circular de Epidauro, realizado por Policleto el joven. A partir de este momento los teatros, que al principio tenían gradas de madera sobre una colina, se construyeron en piedra. Así por ejemplo, el teatro de Epidauro (350 a.C.) proyectado también por Policleto el joven, se construyó sobre un terreno inclinado alrededor de una escena circular.

En Asia Menor tuvo lugar un renacimiento del orden jónico. El edificio más impresionante fue el mausoleo de Halicarnaso, la enorme tumba de Mausolo, rey de Caria (c. 376 a.C.-353 a.C.), que está considerada una de las siete maravillas del mundo antiguo. Elevado sobre un pedestal, estaba rodeado por una columnata jónica cubierta por una techumbre piramidal y coronada por una cuádriga. Según la tradición, cada uno de sus lados estaba decorado con frisos de Escopas y otros tres escultores áticos. Los restos de su estructura se conservan en el Museo Británico de Londres, junto con la estatua colosal de Mausolo, imponente retrato de un gobernante del siglo IV a.C.

La escultura

La escultura del último clasicismo estuvo dominada por Lisipo, Praxiteles y Escopas. Lisipo esculpió ágiles atletas, como el desaparecido bronce del Apoxiomenos (c. 330 a.C.). Quizás el más excepcional de los tres sea Praxiteles, que trabajó en un estilo delicado y elegante. En su Hermes con el niño Dioniso (c. 330 a.C.-320 a.C., Museo Arqueológico de Olimpia) el tronco del árbol en el que se apoya Hermes está integrado en la composición, manteniendo las curvas voluptuosas de la figura. Su Afrodita Cnidia (350 a.C., copia romana en los Museos Vaticanos de Roma) aparece cubriéndose con la mano derecha el centro del cuerpo, en un gesto púdico que sirvió de pauta para los desnudos femeninos posteriores. Su expresión combina la dignidad, el encanto delicado y la frivolidad mundana. Sus párpados inferiores están remarcados únicamente por medio de una talla ligera y la superficie de la figura está esculpida de tal forma que produce un suave juego de luces y sombras.
La escultura del siglo IV a.C. llevó más lejos los logros de Policleto. Lisipo introdujo un nuevo canon de proporciones consistente en alargar el cuerpo y reducir la cabeza. Además, como escultor de la corte de Alejandro Magno, hizo que las estatuas de los gobernantes se introdujeran en el repertorio artístico. Escopas, su contemporáneo, tal y como podemos observar en las esculturas conservadas del templo de Atenea Alea en Tegea (hoy en el Museo Nacional de Atenas), abandonó gradualmente la expresión serena del periodo clásico introduciendo en los rostros de sus figuras una expresión pasional y emotiva.

Se han conservado muchas estatuas en terracota sin esmaltar del siglo IV a.C. Estas piezas proceden fundamentalmente de ajuares funerarios y fueron denominadas figurillas Tanagra, ya que Tanagra (Boecia) fue el lugar donde se encontraron por primera vez. Muchas de ellas están huecas porque se realizaron con moldes. Están pintadas al temple y muestran temas diversos como actores cómicos, mujeres vestidas con elegancia, enanos y dioses en miniatura.

Las lápidas áticas de los siglos IV y V a.C. consistían en una losa decorada en relieve, con personajes que transmiten la tristeza de la partida. A menudo, las figuras estaban flanqueadas por pilastras coronadas por una cornisa.

La pintura

Todos los murales griegos del siglo IV a.C., incluyendo los del gran Apeles, han desaparecido. Sin embargo, su influencia puede observarse en los trampantojos y en los paisajes arquitectónicos pintados sobre los muros de las casas romanas de Pompeya y Herculano en el siglo I d.C.

A partir del 320 a.C. Atenas no exportó más cerámica y sólo se fabricaron algunas vasijas que se entregaban como premio a los atletas de los Juegos Panatenaicos. La cerámica italiana ocupó el lugar de la ateniense en el mercado mediterráneo. Las piezas italianas fueron de distintos tipos, entre los cuales destacan los de Canosa, al sur de Italia, y la cerámica calena denominada así por la vecina ciudad de Cales. Ambos modelos presentan a menudo las firmas de sus ceramistas. Las vasijas de Centuripa (Sicilia) son más complicadas y sus escenas están decoradas con figuras pintadas que recuerdan la técnica actual del pastel. Los cuerpos de estas piezas están adornados con motivos florales y tridimensionales.

 
EL  PERÍODO HELENÍSTICO

Los ejércitos de Alejandro Magno, tras conquistar las ciudades-estado de Grecia, llevaron su cultura por todo Oriente Próximo. Como las polis griegas sufrieron un declive político y económico, la religión oficial y la conciencia cívica menguaron, apareciendo en todas las esferas un mayor énfasis subjetivo. Los griegos fueron receptivos a las nuevas influencias orientales, como podemos observar en las decoraciones lujosas y las religiones místicas. En las ciudades ricas de Asia Menor, así como en Alejandría (Egipto), se desarrolló un nuevo helenismo, mezcla del espíritu griego y de los estilos orientales.

La arquitectura

El estilo dórico continuó utilizándose en los templos pequeños y en los cuerpos inferiores de los edificios de dos plantas. En Asia Menor se construyeron grandes templos jónicos, como el períptero de Apolo en Dídima (c. 300 a.C.), con sus dos columnatas jónicas de diez columnas en el frente y 21 por cada lado. Las columnas corintias se utilizaron en mayor medida que en épocas anteriores, como se observa en el templo de Zeus Olímpico en Atenas, iniciado el 174 a.C. por encargo del rey sirio Antíoco IV.

En este complicado estilo helenístico se inventaron nuevas tipologías arquitectónicas como gimnasios y edificios para el senado, profusamente decorados y realizados en orden corintio. También se levantaron altares monumentales en Siracusa, Pérgamo, Priene y Magnesia. Los reyes helenísticos construyeron pórticos, bibliotecas, teatros y puertas urbanas. Los monumentos sepulcrales imitaron el estilo suntuoso del mausoleo de Halicarnaso. Las casas particulares cambiaron su vestíbulo rectangular por un patio central rodeado por un peristilo.

La escultura

Con la conquista de oriente por Alejandro Magno, los artistas cuestionaron la estrechez de miras del arte griego, seleccionando como temas posibles para sus obras a personas de tipos étnicos diferentes, como persas o indios y sus diferentes estados físicos, incluyendo la vejez, la enfermedad o la deformidad. La disolución del imperio de Alejandro propició el alzamiento de varias dinastías rivales, y los reinos independientes que se originaron crearon sus propias escuelas artísticas. Por ejemplo, la dinastía tolemaica de Egipto perpetuó las tradiciones del periodo clásico desde el siglo IV a.C. Los atalidas de Pérgamo (actual Bergama, Turquía), en Asia Menor siguieron la escuela de Escopas, representando el cuerpo humano en las escenas de combate retorciéndose en movimientos violentos. Un ejemplo notable es el friso de más de 100 m del altar de Zeus en Pérgamo (Museos Estatales de Berlín), que muestra la lucha entre dioses y gigantes. Este trabajo fue levantado en Pérgamo por encargo del rey Eumenes II, hijo de Atalo I, que ganó numerosas batallas contra los gálatas y el rey selyúcida Antíoco III el Grande.

Al mismo tiempo, la escultura evolucionó hacia formas abiertas, formas que obligaban al espectador a trasladarse más allá del espacio de las figuras, en un estilo lleno de emotividad. El sátiro dormido (Palacio Barberini en Roma), la Victoria de Samotracia y la Afrodita de Melos, más conocida como la Venus de Milo (ambas en el Museo del Louvre de París) son algunos ejemplos destacados. Además, la escultura del periodo helenístico experimentó nuevos recursos compositivos. Una de las disposiciones favoritas, llamada posición en aspa, representa la figura humana con el torso retorcido, esto es, la cabeza y los miembros dispuestos en direcciones contrarias. Este recurso se empleó en los grupos escultóricos, como Menelao portando el cuerpo de Patroclo (Loggia dei Lanzi, Florencia), donde los artistas invitan al espectador a moverse alrededor de la composición. Otras esculturas similares son el Heracles Farnesio o Las manzanas de las Hespéridas que Heracles lleva sobre su espalda (Museo Nacional de Nápoles) y el Hermafrodita dormido, con su sexualidad ambigua (Museo de las Termas, Roma).

Muchas de estas innovaciones en la escultura griega se adecuaron al estilo romano donde se copiaron muchas obras, modificándolas según su gusto e incluso añadiendo una o más figuras subsidiarias, como puede verse en el Laocoonte (Museos Vaticanos de Roma). Durante la época romana, la mayoría de los escultores griegos continuaron la tradición helenística en Grecia, Asia Menor, África e Italia.

EL RENACIMIENTO Y LOS HISTORICISMOS GRIEGOS

En los siglos XV y XVI, sobre todo gracias a las copias romanas, la tradición artística griega se recuperó en el arte y arquitectura renacentistas. El realismo, el sentido de la proporción y los órdenes arquitectónicos griegos empezaron a aparecer en el arte europeo. La excavación de Pompeya y otros hallazgos greco-romanos en el siglo XVIII propiciaron un restablecimiento de la antigüedad griega en el arte y esbozaron el movimiento conocido con el nombre de neoclasicismo. El término clásico llegó a definir no sólo un periodo concreto del arte griego, sino el arte griego y romano en general. Por extensión, clásico y clasicismo se convirtieron en conceptos aplicables a numerosos ámbitos.

Los artistas y arquitectos academicistas imitaron las características externas del arte griego, a menudo sin comprender su espíritu. En el siglo XX algunos artistas reaccionaron contra las tradiciones académicas y comenzaron a valorar el arte griego del periodo arcaico por encima de los periodos artísticos posteriores. Fuente de estos artículos: Enciclonet y otras webs de internet.

.....................................................................................

Esta es una página de recopilación de los mejores datos del español que he encontrado en Internet.  Aquí hay muchos artículos e incluso muchas fotos que me bajé de la red hace mucho tiempo. Si de alguna manera me he olvidado de hacerle la referencia a algún autor o fotógrafo, te pido que por favor me ayudes, avísandome de la autoría de los mismos, será un placer poner los nombres de los responsables por estos trabajos:   esf@espanolsinfronteras.com

.....................................................................................

NOTICIAS EN PORTADA - GOOGLE NOTICIAS

Noticias de Recursos Didácticos

Estudian  los  recursos  didácticos  del  entorno natural...

Noticias de Cultura Española

Nacionalistas y maniqueos - Gran interés por la cultura española

Noticias de Literatura Española

El cantar de Mío Cid traducido al hebreo ocho siglos después...

Noticias de Lengua Castellana

Unos 15.000 visitantes conocerán el Camino de la Lengua ...

Noticias de Hispania

Castilla y León encabeza la lista roja que publica Hispania...

Noticias de Deportes

Brevemente  muchas  noticias  relacionadas a los deportes

Noticias de Arte e Historia

Con la finalidad de albergar en el Museo de Arte e Historia de

Noticias del Patrimonio Mundial de la Humanidad

Acuerdo permitirá mejorar oferta cultural de Ciudades...

Noticias de Gastronomía

Con buen pie empieza  este 10 de marzo el Instituto Peruano...

Noticias del Idioma Español

Estados  Unidos es el  país donde la  lengua  española puede...

Noticias de Poetas y Autores

Tengo  Algo de  Árbol ou  Tenho  Qualquer  Coisa de  Árvore

Noticias del Mundo Hispano

Los compromisos adquiridos por los líderes inmigrantes de...

Noticias de Economía

Economía/Fiscal.- Los contribuyentes pueden solicitar desde

Noticias de Recursos Didácticos

Estudian  los recursos  didácticos  del  entorno  natural de ...

Noticias de Ciencia y Tecnología

Tendrá  participación  el sector  privado en  el Ministerio...

Noticias de Espectáculos

Brevemente noticias de muchos tipos de espectáculos

 
 
Búsqueda personalizada

 

                                                                  Principal - El arte y la historia - Los pintores y sus obras - La historia del arte - El arte préhistórico - El arte en el Oriente Próximo - La Edad Media Cristiana - El Islam y el arte - Edad Moderna - La edad moderna y el Neoclasicismo - Edad Moderna y el Quattrocento