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Diccionarios

23/06/2009

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DICCIONARIOS - PALABRAS - DESINENCIAS - SIGNIFICADOS

Libro de referencia en el que se recogen y explican de forma ordenada palabras de una o más lenguas o de una determinada materia: la mayoría de los diccionarios escolares desatienden por completo la competencia lingüística del público al que van dirigidos. En esta recopilación abajo expuesta se pretende ejemplificar los varios estilos de diccionarios que hay. Cada uno tiene una definición propia, sin embargo todos ellos lo que hacen es darnos las definiciones ideales a cada una de las palabras que necesitamos encontrar.

___________________________________

DICCIONARIO

2. Ordenación de términos o palabras en un determinado aspecto: me he comprado un diccionario de sinónimos y otro ideológico.

3. Catálogo ordenado de nombres, hechos o noticias referentes a un campo específico de conocimiento: uno de los diarios adjuntaba a su suplemento dominical los fascículos de un diccionario biográfico de los autores musicales más importantes.

En su sentido básico y originario, un diccionario es una ordenación alfabética de los elementos léxicos de una lengua acompañados de su definición y otras informaciones adyacentes, como su pronunciación, su etimología, la categoría gramatical a la que pertenecen, ejemplos ilustrativos de su uso —que pueden ser citas literarias acompañadas de su fecha—, las locuciones en las que intervienen, sus sinónimos y sus antónimos. En el ámbito de la gramática generativa, se llama diccionario (o lexicón) a la información léxica que lleva incorporada en su competencia todo hablante de una lengua.

Los diccionarios, al igual que las enciclopedias, son obras de referencia que se consultan para solucionar dudas y obtener información acerca de las palabras y los conceptos a ellas asociados. La diferencia entre ellos resulta fácil de establecer en teoría —el diccionario define "palabras" y la enciclopedia define las "cosas" a las que esas palabras se refieren—, aunque a la hora de llevarla a la práctica se producen interferencias mutuas, puesto que hay obras de referencia que participan de las características de ambas: son los llamados diccionarios enciclopédicos, muy habituales en el mundo anglosajón. La función básica del diccionario es la explicación del significado de las palabras de forma "sistemática" (en donde este adjetivo se refiere al hecho de que el significado de un vocablo surge por oposición al de otros con los que forma una misma clase léxica, algo que no siempre se tiene en consideración). La enciclopedia, por el contrario, no busca establecer oposiciones contrastivas entre las palabras, sino que pretende aportar información adicional y útil acerca de conceptos referidos a las ramas del saber, independiente de su contenido semántico. Por otro lado, no todos los términos enciclopédicos poseen su correspondiente definición de diccionario (piénsese por ejemplo en los nombres propios, los topónimos, los tecnicismos y las expresiones extranjeras), y lo mismo ocurre a la inversa (elementos léxicos "vacíos" como las preposiciones o las conjunciones, que sólo pueden ser ampliados enciclopédicamente como categoría gramatical global). Actualmente, se han impuesto los diccionarios en soportes magnéticos y ópticos, al igual que sucede con las enciclopedias, dado que ofrecen enormes ventajas para el manejo de los mismos, al tiempo que resuelven problemas de actualización, espacio, etc.

En latín clásico y en la Alta Edad Media se empleaba el término glossarium como sinónimo de diccionario, mientras que vocabularium y dictionarium eran términos equivalentes que se emplearon durante la Baja Edad Media. Posteriormente, el significado y uso de estos términos evolucionó. En la actualidad, aunque las palabras vocabulario, glosario y léxico se emplean en ocasiones de forma indistinta como equivalentes de diccionario, es posible establecer en rigor las diferencias semánticas y de aplicación entre ellas. Se llama glosario al vocabulario de palabras poco conocidas o desusadas, o al de términos de una misma disciplina; como en un principio dichos vocablos iban acompañados de una explicación o glosa que facilitaba su comprensión, con el tiempo pasó a significar la explicación misma. El léxico de una lengua es el conjunto de palabras que la componen; originariamente, este término se empleó para referirse a la colección de formas raras o difíciles, aunque en la actualidad se aplica también al repertorio de voces propias de un autor (como el léxico de Galdós, el léxico de Góngora, etc.). Se denomina vocabulario al inventario que contiene pocas palabras, que suelen ir acompañadas de escasas o nulas explicaciones; la selección y discriminación de estos términos dependerá, en gran medida, de si se aplica a una obra general, especializada o referida a un ámbito cultural determinado.

Según la naturaleza de los términos que se incluyen y su orientación metodológica, se distinguen varias clases de diccionario, que se engloban dentro de dos grupos principales: diccionarios diacrónicos y diccionarios sincrónicos.

01) Diccionario diacrónico. El que se ocupa del desarrollo del léxico de una determinada lengua a lo largo del tiempo. A su vez, puede ser de dos tipos: diccionario histórico y diccionario etimológico. El primero estudia las diferentes fases evolutivas que se producen en el significado, la forma y el uso de las palabras. La realización de una obra de este tipo entraña una gran dificultad, ya que requiere un estudio detallado de la historia de una lengua, por lo que se suele centrar en una época determinada. En la actualidad, la Real Academia Española está elaborando un Diccionario Histórico que, gracias al apoyo de la informática, estará concluido en breve. El diccionario etimológico, por el contrario, especifica la forma originaria de cada una de sus entradas léxicas junto con sus modificaciones fonéticas y semánticas a lo largo del tiempo. Por lo general, aparecen agrupadas las palabras que derivan de un mismo étimo. La mejor obra de este tipo en español es el Diccionario crítico etimológico de la lengua castellana (1954), de Joan Corominas.

02) Diccionario sincrónico. Recoge el léxico de uso de una determinada lengua correspondiente a un período concreto de su desarrollo (generalmente el momento actual). Se distinguen varios tipos:

03) Diccionario monolingüe. El que recoge palabras de una sola lengua y explica su significado.

04) Diccionario plurilingüe (bilingüe, trilingüe, etc.). El que establece las equivalencias entre palabras pertenecientes a dos o más lenguas. La principal dificultad a la hora de componer un diccionario de este tipo es la ausencia de un isomorfismo total entre lenguas distintas, por lo que para traducir los términos de una a otra hay que tener en cuenta no sólo la forma y el significado de las palabras, sino su uso y su contexto lingüístico. Un tipo particular de diccionario plurilingüe es el llamado diccionario multilingüe, que suele referirse a una disciplina científica o artística concreta, cuyos términos no poseen la polisemia que caracteriza a la lengua general.

05) Diccionario enciclopédico. El que contiene, además de la definición lingüística de las palabras de un idioma, artículos relativos a distintos campos de conocimiento. Por su carácter universal, constituye una de las principales obras de referencia de las bibliotecas.

06) Diccionario técnico (o científico). Compilación alfabetizada de los términos empleados en una determinada disciplina científica o actividad profesional, tanto los que son exclusivos de la misma como aquellos otros de la lengua general que poseen un sentido especial.

07) Diccionario de abreviaturas. El que recoge todas las siglas, acrónimos y demás acortamientos formales de los términos que componen una lengua, así como los de cualquier ciencia o disciplina de conocimiento.

08) Diccionario biográfico. Catálogo ordenado de personalidades pertenecientes a un determinado campo, a un solo país o a todo el mundo.

09) Diccionario geográfico y de topónimos. Posee información general sobre los lugares que describe.

Diccionario ideológico. El que reúne en grupos conceptualmente homogéneos todas las palabras que guardan relación con una determinada idea. Una gran obra de este tipo en español es el Diccionario ideológico de la lengua española (1993), de Julio Casares.

10) Diccionario de sinónimos y antónimos. Acompaña cada término de otros con los que comparte una relación semántica de sinonimia o antonimia.

11) Diccionario de rimas. Ordenación alfabética de las palabras teniendo en cuenta su terminación y su derivación.

12) Diccionario de autoridades. Contiene citas de autores, generalmente literarios, que con su autoridad avalan el sentido y el uso del término que se ilustra.

13) Diccionario de dudas. Obra de consulta, de carácter generalmente normativo, que expone las respuestas a las dudas o problemas que pueda tener el usuario acerca de su lengua. La principal obra en español de este tipo es el Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española (1986), de Manuel Seco.

En el mundo antiguo no puede hablarse de estudios lexicográficos propiamente dichos, puesto que la lexicografía (arte de componer diccionarios) no existía aún como tal. Hubo, eso sí, algunos intentos por crear catálogos y tratados que condensaran de forma ordenada el saber de la época. El rey asirio Assurbanipal, que reinó entre los años 668 y 627 a.C., fundó en Nínive una de las primeras bibliotecas conocidas, y ordenó a sus escribas que recogieran y copiaran textos antiguos a lo largo de todo el reino. Este archivo incluye más de 20.000 tablillas en escritura cuneiforme, que recogen la sabiduría mesopotámica en distintas materias: además de literatura, religión, matemáticas, botánica, química y otras, contiene una de las primeras descripciones lexicográficas que se conocen. Se sabe también de la existencia de repertorios léxicos en otras lenguas antiguas (especialmente el sánscrito).

Durante la época clásica grecorromana continúa la producción de tratados y catálogos, aunque no existe aún obra alguna que recoja todas las palabras del griego, el latín u otra lengua. Calímaco (siglo III a.C.), erudito griego que trabajó en la biblioteca de Alejandría, confeccionó una de las primeras obras de referencia que se conocen: un catálogo literario denominado Pinakes, elaborado a partir de los fondos de la biblioteca, que contenía toda la literatura griega de la época. Por su intención histórico-literaria, los distintos géneros estaban clasificados por separado y las obras aparecían ordenadas alfabéticamente (acompañadas de una breve noticia acerca de la personalidad del autor). Fue, sin embargo, el erudito latino Marco Terencio Varrón (siglo I a.C.) el primer gramático que se dedicó de pleno a los estudios léxicos; en su tratado De lingua latina estudia la analogía (moderna morfología), origen y relaciones de las palabras, por lo que resulta una obra fundamental para la investigación filológica del latín. El gramático Verrio Flaco, contemporáneo de Augusto, compuso De verborum significatione, obra que supone un gran avance lexicográfico puesto que contiene palabras ordenadas alfabéticamente y una gran información sobre la gramática y el saber de su tiempo. Valerio Apocration (siglo IV) llevó a cabo una recopilación del vocabulario empleado por diez grandes oradores griegos (Antifonte, Hipéredes, Andonidas, Lisias, Isócrates, Iseo, Esquines, Licurgo, Demóstenes y Dinarco) titulada Harpocration.

A lo largo de la Edad Media se siguieron elaborando obras de referencia similares, aunque no era posible aún hablar de diccionarios propiamente dichos. San Isidoro (560-636), cuyas obras representaron un punto de referencia básico para el saber medieval, compiló en sus Etymologiæ todo el saber de su tiempo. En otros textos suyos como Synonima y Differentiæ se muestra igualmente su interés por los estudios léxicos. En el siglo IX aparecen los grandes vocabularios árabes, y en el siglo XI el Vocabularium latinum de Papias y el léxico hebreo de Judas Huig. Sin embargo, la mejor compilación medieval es el Catholicon, compuesto en 1286 por el dominico italiano Giovanni Balbi (1220-1298); se trata de una especie de enciclopedia latina que contiene un tratado de gramática, otro de retórica y un vocabulario.

Sin embargo, el verdadero germen de la lexicografía moderna se halla en el tratamiento de ciertos textos latinos en la Alta Edad Media, algunas de cuyas palabras más difíciles de entender eran glosadas con equivalentes romances para permitir su comprensión por parte de monjes con un conocimiento imperfecto del latín. Estas glosas se escribían en los propios manuscritos, entre las líneas de los textos litúrgicos o al margen. No obstante, dado que era una pérdida de tiempo tener que representar el significado de una misma palabra una y otra vez, surgió la costumbre de crear glosarios de palabras clave o términos especializados. A medida que estas colecciones de palabras y nombres latinos aumentaban de tamaño, se hizo necesaria la ordenación de este material léxico para facilitar su consulta. Desde el punto de vista histórico, esto dio lugar a dos clases de inventarios léxicos: el nomenclátor, un catálogo sistemático de palabras agrupadas en torno a materias de interés (que representa el inicio de los diccionarios técnicos), y el diccionario propiamente dicho, una lista alfabética de palabras junto con sus definiciones. En la historia de los diccionarios, por tanto, las obras plurilingües han precedido a las monolingües.

Puede decirse que el nacimiento de la lexicografía como ciencia tuvo lugar en el siglo XV, coincidiendo con el movimiento humanista y la invención de la imprenta. Hasta esa época no estuvo acompañada de un aparato científico y docente y una concepción verdaderamente moderna, ya que los vocabularios, glosarios y repertorios léxicos compuestos anteriormente se limitaban a ensayos filológicos incompletos. El religioso italiano Ambrosio Calepino (1435-1511) publicó en 1502 un diccionario latino-italiano al que posteriormente se le añadieron las correspondencias de hasta once lenguas. Fue tan popular esta obra que se llegó incluso a acuñar el término calepino como nombre genérico de los diccionarios latinos. Robert Étienne (1503-1559), famoso impresor francés, publicó el Dictionarium sive latinæ linguæ thesaurus (1531), y su hijo Henri (1531-1598) el Thesaurus græcæ linguæ (1573). Estas dos obras sirvieron de modelo para otras posteriores, como el Lexicon totius latinitatis (1771), de Egidio Forcellini (1688-1768), y los Glossarium mediæ et infimæ latinitatis (1678) y Glossarium mediæ et infimæ græcitatis (1688), de Charles Du Fresne (1610-1688).

En España, uno de los precursores en el terreno de la lexicografía fue Alonso Fernández de Palencia (1423-1492), creador del Universal vocabulario en latín y romance (1490). Antonio de Nebrija (1444-1522) compuso el primer diccionario castellano-latino, Dictionarium latinum-hispanum et hispanum-latinum (1495), que constituye una de las primeras compilaciones bilingües realizadas de forma metódica. El Diccionario de vocablos castellanos (1587), de Alonso Sánchez de la Ballesta, contiene refranes castellanos con su equivalencia latina. El auge de las lenguas vernáculas que acompañó a la creación de los estados modernos dio lugar a repertorios plurilingües como el Tesoro de las dos lenguas, francesa y española (1607), del francés Cesar Oudin —formado eminentemente con textos literarios—, y el Diccionario castellano. Dictionnaire français. Diccionari català (1641), de Antonio Lacavallería —que aporta como novedad la descripción de estas tres lenguas romances en sí mismas, no como modelo preceptivo para el estudio del latín. Sin embargo, la obra más importante de la lexicografía española de esta época es el Tesoro de la lengua castellana o española (1611), de Sebastián de Covarrubias (1539-1613), que recogía tanto los términos clásicos como las palabras actuales. Ya en el siglo XVIII, la Real Academia Española publicó su Diccionario de Autoridades (5 vols., 1726-1739), que a partir de entonces se constituiría en la principal obra de referencia lexicográfica en España. Su nombre se debe a que cada término justificaba su inclusión con referencias y ejemplos de uso de las principales autoridades literarias españolas. Incluía todas las palabras de uso común así como algunos términos científicos, y prescindía de las etimologías que se consideraban inciertas. La Academia llevó a cabo mediante esta obra un gran esfuerzo para fijar el idioma común, depurándola especialmente de los galicismos que se habían introducido durante la época de Felipe V. En 1780 publicó el Diccionario de la Academia —basado fundamentalmente en el Diccionario de autoridades—, que en sus sucesivas ediciones fue experimentando cambios metodológicos e incluyendo las reformas ortográficas aprobadas en cada momento.

Italia fue uno de los países precursores en los estudios lexicográficos modernos. El Vocabulario degli Accademici della Crusca (1612), publicado por la Academia de la Lengua Italiana, es el diccionario más antiguo de Italia, y sirvió como modelo para los grandes vocabularios europeos de los siglos XVII y XVIII. Se trata de una obra normativa, basada en la lengua literaria empleada por los principales escritores italianos del siglo XIV (Dante, Petrarca, Boccaccio, etc.), que durante mucho tiempo fue tenida como código de la lengua.

En Francia, la Academia Francesa fue el principal órgano que impulsó la publicación del Dictionnaire de la langue française (1694), cuyo objetivo fundamental fue la codificación de la lengua contemporánea, para lo cual se excluyeron los arcaísmos, los vulgarismos y los neologismos del francés.

En Inglaterra, el primer diccionario monolingüe fue A Table Alphabeticall (1604), de Robert Cawdrey, que contenía cerca de tres mil palabras de un marcado carácter culto. En 1616 aparece An English Expositor, de John Bullokar, obra en la que aparecen numerosos arcaísmos señalados mediante un asterisco para indicar que no pertenecían al inglés hablado. Siguiendo esta misma tradición cultista, se publican posteriormente The English Dictionarie: or, an Interpreter of Hard English Words (1623), de Henry Cockeram, y Glossographia (1656), de Thomas Blount. Todos los esfuerzos puristas de la segunda mitad del siglo XVII por fijar las reglas de un inglés culto dieron como resultado diferentes obras lexicográficas de carácter normativo. La principal fue el Dictionary of the English Language (1755), de Samuel Johnson, basado en el habla de las clases altas. Se trata del primer intento puramente lexicográfico de registrar la lengua inglesa sobre la base de un corpus lingüístico: el Dr. Johnson ofrece razones para excluir ciertas palabras (altamente especializadas o polisílabas) y, fundamentalmente, decide excluir de su obra los nombres propios, iniciando de esta forma lo que durante siglos iba a ser una de las principales diferencias entre la lexicografía británica y la americana. Al igual que otros grandes diccionarios europeos, el del Dr. Johnson se basa en las citas de los escritores clásicos; de esta forma, se convirtió en el primer lexicógrafo inglés en deducir el significado de las palabras a partir de un muestreo sistemático de su uso real. A partir de ese momento, los diccionarios ingleses asumen una función normativa. En el continente americano, el lexicógrafo Noah Webster publicó An American Dictionary of the English Language (1828), basado en el principio de que el uso de las palabras debería derivar de la lengua hablada; la obra, duramente criticada en su momento por sus americanismos y por sus preferencias ortográficas poco convencionales, representa la base del inglés americano moderno.

Tras la fundación, a principios del siglo XIX, de la filología románica, cambió radicalmente el enfoque en el estudio de las lenguas y la metodología en la redacción de diccionarios. Friedrich Diez adaptó al estudio de los idiomas románicos el método histórico-comparativo que Franz Bopp y Jakob Grimm habían aplicado a las lenguas germánicas, y como resultado de ello publicó en 1853 su Etymologisches Wörterbuch der romanischen Sprachen, una de las primeras comparaciones sistemáticas de las lenguas románicas. Dentro de esta línea historicista se enmarcan igualmente el Deutsches Wörterbuch (1852-61), el Dizionario della lingua italiana (1858-79) y el Oxford English Dictionary (1895), uno de los mejores diccionarios que existen de una lengua occidental, con cerca de 2.400.000 citas de escritores en lengua inglesa de todos los tiempos. El Dictionnaire de la langue française (1863-73), de Émile Littré, está considerado como uno de los primeros diccionarios científicos.

El estudio comparativo de las lenguas románicas hizo que cobraran gran importancia los diccionarios etimológicos. Los precursores en este terreno fueron los filólogos Wilhelm Meyer-Lübke —autor del Romanisches Etymologisches Wörterbuch (1911-20)— y Wilhelm von Wartburg —con su monumental Französisches Etymologisches Wörterbuch (1922). En España, el Diccionario crítico etimológico de la lengua castellana (1954), de Joan Corominas, es la obra fundamental en este terreno. Merece igualmente mención especial el Diccionari Català-valencià-balear (1926-62), de Alcover y Moll, repertorio exhaustivo de todo el léxico catalán con especial mención a las formas dialectales, con sus correspondencias fonéticas.

La lexicografía es la disciplina lingüística que estudia la elaboración de diccionarios, a partir de los supuestos teóricos que derivan de la lexicología. La labor del lexicógrafo consiste precisamente en aplicar criterios sistemáticos que permitan la elaboración rigurosa de un diccionario, puesto que de otro modo éste se convertiría en un mero inventario de palabras: debe reflejar el caudal léxico de una lengua, pero también tiene que codificarlo mediante reglas. Según Hartmann, existen cinco postulados generales en la lexicografía:

1) La lexicografía se centra en la descripción y explicación del vocabulario de una lengua o variedad lingüística; los diccionarios bilingües son subproductos de los monolingües, que constituyen el objetivo fundamental del lexicógrafo.

2) La unidad básica de la lexicografía es el lexema (o lemma), una familia de unidades léxicas o una combinación homogénea de formas léxicas y sentidos distintos. En general, dos o más unidades léxicas formarán parte del mismo lexema si existe una regla léxica que permita deducir el sentido de una a partir del de la otra (por ejemplo, infeliz, felicidad y felizmente son unidades léxicas relacionadas por derivación con el lexema {feliz}).

3) Los diccionarios pueden describir el vocabulario completo de una lengua o concentrarse en uno o más aspectos del mismo (ésta es la diferencia entre los diccionarios generales y los enciclopédicos).

4) La lexicografía ha de emplear un metalenguaje válido para el manejo y la presentación de la información contenida en él.

5) En última instancia, son las necesidades léxicas de los hablantes las que motivan y juzgan la validez de un diccionario.

En primer lugar, en un diccionario se distinguen la macroestructura (o disposición relativa de las unidades léxicas, según un orden alfabético) y la microestructura (o estructura interna de las mismas). La microestructura posee dos niveles fundamentales:

1) Entrada léxica. Incluye el encabezamiento de la unidad léxica e información acerca de su morfología, su pronunciación, su etimología y su categoría gramatical; si varias de estas categorías aparecen en la misma entrada deben ser claramente diferenciadas.

2) Definición. Consta de una o varias acepciones señaladas mediante números arábigos en negrita; cada acepción está formada por una definición apropiada del sentido de la palabra o una paráfrasis (o ambas), y también puede añadirse un ejemplo ilustrativo de su uso. Resulta igualmente habitual el empleo de etiquetas que faciliten información enciclopédica, como su localización geográfica, registro de habla, nivel de lengua, notas de uso, etc.
Los modismos y frases hechas en los que pueda intervenir una entrada léxica se incluyen a continuación, puesto que son extensiones sintácticas de su significado. Por último, resulta práctica habitual en lexicografía adjuntar los sinónimos y antónimos de las palabras que se definen.

El fenómeno semántico más común en los diccionarios es la polisemia o relación de una única unidad léxica con diferentes sentidos. No obstante, la estructura semántica de una palabra polisémica no debe ser considerada como una cadena desordenada de sentidos: se trata más bien de una serie de núcleos semánticos alrededor de los cuales giran los significados secundarios como satélites. Estos últimos aparecen introducidos por etiquetas del tipo [Por extensión], [Por especialización], [Por metonimia], [Uso figurado], etc. La principal dificultad de este sistema consiste en saber cuándo un sentido puede ser considerado una extensión semántica de otro o cuándo posee un carácter independiente.

Otro problema con el que se enfrenta el lexicógrafo es el llamado conocimiento enciclopédico. Lo ideal sería que un diccionario proporcionara, además de la información puramente lingüística, datos prácticos acerca de su empleo en situaciones concretas para ayudar a aclarar su significado. El conocimiento enciclopédico es una consecuencia a la vez inevitable y necesaria de lo anterior. No obstante, el lexicógrafo ha de intentar ser lo más preciso posible, y proporcionar definiciones de carácter analítico que sirvan para organizar sistemáticamente el corpus del diccionario. Esto implica que cada término conceptual (técnicamente llamado definiendum) ha de poseer una o varias definiciones (definiens) formadas por un concepto básico cercano al definiendum (genus proximum) y al menos un rasgo distintivo característico de él (differentia specifica). La metodología que el lexicógrafo emplea a la hora de llevar a cabo el análisis semántico de las palabras es de carácter contrastivo: para poder aislar las unidades léxicas es necesario compararlas y agruparlas en clases que posean rasgos semánticos en común.

Sinónimos: Vocabulario, léxico, lexicón, glosario, tesoro, tesauro, nomenclátor, nomenclatura, enciclopedia.

La Filología comparada como ciencia del lenguaje, nace en España con el Catálogo de las Lenguas de las Naciones Conocidas [Roma, 1784-98], seis volúmenes, obra incompleta, debida a la pluma y paciencia de LORENZO HERVÁS y PANDURO (1735-1809) nacido en Horcajo de Santiago (Cuenca), jesuita, hubo de pasar a Italia cuando sobrevino la expulsión, de España y sus colonias, de la Compañía de Jesús, mandato debido al monarca Carlos III; nada más llegar a el Vaticano, Pío VII le nombró su Bibliotecario.

MENÉNDEZ PELAYO le llamó nuestro primer filólogo, pues figura entre los fundadores de la lingüística moderna y se le ha llamado también padre de la filología comparada. Fue el mejor informado acerca de la distribución de las lenguas del mundo, a pesar de no tener una formación de lingüista.

Toma el abate la premisa de que todos los investigadores siempre han pretendido llegar al estado primitivo de las naciones del mundo con la relación de sus hechos, pero ocurre que unas naciones se confunden con otras o reducen muchas a una, lo que acaba en la confusión y constituyendo un auténtico mosaico lingüístico, fruto de un proceso de diferenciación progresiva; muchos autores reconocen que tal o cual grupo de lenguas ha sido muy poco estudiado.

Los diferentes enfoques dados a la etnolingüística, por la antropología lingüística, la lingüística antropológica, la sociolingüística o la sociología del lenguaje, demuestran variantes en el comportamiento como índice sensible para determinar aspectos de la estructura social de cada nación con sus aledañas.

Los primeros clasificadores de lenguas emplearon el sistema de clasificación genética o histórica, basada en el supuesto de que las lenguas se hayan separado de un predecesor común, y sigue el curso de las relaciones históricas, reales o supuestas, pero creo que es más lógico agruparlas en tipos estructurales. Hoy día, creo que la clasificación tipológica es más real, basándose en su fonología, vocabulario y gramática, pero, recordemos, la diferencia entre lengua y dialecto: aquella posee verbos y substantivos propios, mientras que éste sólo posee escasamente algunos. Muchos cientos de “lenguas” recogidos en este texto no tienen ni alfabeto, y el número de sus vocablos no supera el medio millar: suficiente para comunicarse esa comunidad o tribu: son los subdialectos. De ahí que nuestra costosa clasificación siga la conformación siguiente:

phylum
familia
grupo
subgrupo
sección
lengua
dialecto
subdialecto

El dialecto constituye la forma natural, elemental, espontánea del lenguaje, mientras que la lengua es su expresión artificial, es el producto del estudio, la formación última de varios dialectos, o bien uno de los varios dialectos de un país, de una región, de una zona, que, por poseer una superior literatura escrita, adquiere supremacía sobre aquellos otros. Positivamente no hay ninguna lengua que pueda llamarse a la vez dialecto, y, en los estudios de filología comparada, se da tanta importancia a la lengua literaria de un país como a cualquiera de los dialectos. En el aspecto cronológico, debo decir que «son dialectos todas las formas de una lengua, antes de la formación completa y definitiva.»

Los padres de la lingüística, más o menos acertadamente, han pretendido con sus investigaciones estructurar unos tipos de clasificación de lenguas que por sí mismas transmiten información geográfica sobre sus hablantes, si bien dialecto (al contrario que lengua) es un término geográfico mucho más específico. Según lo habitual en lingüística, la noción de dialecto se considera aplicable a todas las lenguas y a todos los hablantes; los dialectos son una abstracción derivada del análisis de un cierto número de idiolectos, el de un solo hablante (idiología, expresión característica o modo particular de hablar de una persona); lecto, serie de fenómenos que poseen una identidad funcional en una comunidad lingüística.

Por ello hoy, para una aproximación a lo concreto, habrá que tener en cuenta la etnolingüística, estudio del lenguaje en relación con los tipos y la conducta étnicos, con especial referencia a la forma de interacción social. La geolingüística, es el estudio de la distribución regional de lenguas y dialectos considerados atendiendo a los factores geográficos. La psicolingüística, es el estudio de la relación entre la conducta lingüística y los procesos psicológicos que se consideran subyacentes a ella. La sociolingüística, es el estudio de la interacción entre el lenguaje y la estructura y funcionamiento de la sociedad. No es lo mismo un filólogo comparativo que un lingüista histórico, por la tendencia a considerar al primero como el género y al segundo como la especie, pero está claro que la filología y la lingüística tienen un mismo objeto científico: el lenguaje... pero, lo tratan de manera distinta. La lingüística estudia el hecho de lengua en sí; la filología lo estudia en cuanto adquiere forma en un texto; la filología se ocupa del lenguaje en cuanto se relaciona con la estética, con la finalidad o intención, con el momento histórico. ¿De donde viene la confusión? Pues, a la tendencia a considerar la filología como Género, y a la lingüística como especie; algo así como la nomenclatura zoológica o botánica.

August von SCHLEGEL (1767-1845) sugirió en el campo de la morfología, cuatro tipos lingüísticos con arreglo al modo de construcción de las palabras de una lengua:

lenguas aislantes, o analíticas o de raíces, porque todas las palabras son invariables: no hay terminaciones; las relaciones gramaticales se manifiestan en el orden de las palabras; v. gr.: chino, vietnamita, samoano.

lenguas flexivas, o sintéticas o fusionales, porque las relaciones gramaticales se expresan cambiando la estructura interna de las palabras, mediante el uso de elementos compositivos flexivos que reflejan simultáneamente varios significados gramaticales; v. gr.: latín, griego, árabe.

lenguas aglutinantes, o aglutinativas, porque las palabras están formadas por una larga secuencia de unidades, cada una de las cuales expresa un significado gramatical particular en una relación clara de uno a uno; v. gr.: finés, turco, japonés, swahili.

lenguas incorporantes, o polisintéticas porque las palabras que las componen son largas y complejas y contienen una mezcla de rasgos aglutinantes y flexivos; v. gr.: esquimal, mohaqués, australiano.

Así, si los procesos lingüísticos son vehículo simbólico para potenciar y desarrollar nuevas realidades culturales, conozcamos al detalle todas y cada una de las lenguas y dialectos, su entronque, su ámbito y su dimensión.

clasificación de las lenguas

Sistema utilizado en lingüística para subdividir los idiomas en grupos o familias, según sus características comunes o relaciones de parentesco y afinidad. Se estima que las lenguas habladas en la actualidad en el mundo son unas 4.500, pero el número subiría a 20.000 si se tuvieran en cuenta sus principales variedades. Esta gran cantidad de hablas se ordena siguiendo dos sistemas de clasificación: el tipológico y el genético.

clasificación tipológica

Propuesta por el lingüista alemán August Wilhelm von Schlegel a principios del siglo XIX, la clasificación tipológica parte de las semejanzas estructurales de varias lenguas; por ejemplo, éstas se pueden agrupar según el número de sonidos vocálicos (véase Fonética) que empleen, y en este paquete irían desde el árabe clásico, que usa tres, a otras que tienen veinticinco. Schlegel y otros lingüistas posteriores distinguieron las lenguas según sus mecanismos de funcionamiento. Actualmente se distinguen cuatro grupos:

a) Lenguas aisladas (como la tibetana y la china clásica), en las que cada palabra, invariable, tiene una función autónoma, y las relaciones gramaticales y sintácticas vienen dadas por la disposición de la palabra en la frase. El plural en tibetano, por ejemplo, se expresa por una palabra que significa mucho y que precede inmediatamente al término que se quiere poner en plural.

b) Lenguas aglutinantes (como la vasca, la turca o la swahili), en las que una raíz expresa el significado básico y a ella se le añaden una serie de afijos o partículas que actúan como modificadores; las partículas se unen una a otra y forman palabras bastante largas: así en turco äv significa ‘casa’; ävlar, ‘las casas’; ávda, ‘en la casa’; ävdalar, ‘en las casas’, y así sucesivamente. Cada afijo expresa una sola modificación.

c) Lenguas flexivas (como las indoeuropeas —entre las que se encuentra la española— o las semíticas), en las que existe una clara distinción entre raíz y desinencia (véase Flexión): las desinencias son las que cambian para expresar las modificaciones específicas (en español, niñ-a, niñ-o, niñ-as, niñ-os, en latín lup-us ‘el lobo’, lup-a ‘la loba’, lup-i ‘los lobos’, lup-ae ‘las lobas’). En las lenguas flexivas, las desinencias pueden, a diferencia de lo que sucede en las lenguas aglutinantes, expresar más de una modificación, por ejemplo, niñ-a expresa a la vez la idea de femenino y singular.

d) Lenguas polisintéticas o incorporantes (como la inuit y algunas lenguas polinesias), en las que una frase entera se puede expresar con una sola palabra, combinando marcas aglutinantes y aislantes.

Las últimas investigaciones han demostrado que cualquier lengua presenta rasgos de varias tipologías. Así pues, la asignación de una lengua a un grupo o a otro se hace en función del mayor número de características propias de un grupo que presente o, incluso, por criterios históricos. Por ejemplo, el inglés está considerado como una lengua flexiva porque es una lengua indoeuropea, aunque tiene muchísimos rasgos aislantes.

En los últimos años, el concepto de clasificación tipológica ha sufrido algunas modificaciones: la división de las lenguas en grupos se hace buscando, entre las diversas lenguas, eventuales universales comunicativos, es decir, rasgos lingüísticos que sean comunes a todas las lenguas existentes. En especial se ha investigado el orden de las palabras en la frase (en español, sujeto, verbo, complemento: SVC; en otras lenguas los elementos se disponen de otra manera) y la estructura de la negación.

clasificación genética

La clasificación genética tiene como finalidad distinguir las grandes familias lingüísticas, que incluyen idiomas a través de los cuales se puede demostrar o suponer un origen común. Por ejemplo, el español, el francés o el italiano pertenecen a la familia de las lenguas románicas porque proceden del latín, que, a su vez, pertenece a la familia indoeuropea. Al estudiar las lenguas que forman parte de una misma familia se observa que entre ellas hay grandes afinidades fonéticas, gramaticales y léxicas, aunque su evolución histórica haya producido grandes diferencias superficiales.

El concepto de clasificación genética de las lenguas se remonta a los tiempos de la torre de Babel y de Noé, cuyos tres hijos, Sem, Cam y Jafet, dieron lugar al origen de las lenguas de Asia, de África septentrional y Europa, respectivamente. Como recuerdo y homenaje a esta leyenda, todavía hoy a la familia lingüística que comprende el hebreo, el árabe y el arameo se le llama semítica, y camita es la que agrupa al egipcio antiguo y las lenguas bereberes.

Pero hubo que esperar hasta el siglo XIX, con la aparición de una metodología lingüística rigurosa y el desarrollo de la dialectología, para que la individualiación de las familias lingüísticas pudiera hacerse de un modo científico. La primera familia que se fijó exactamente fue la indoeuropea; después llegaron la semítica, la camita, la ugrofinesa, la uraloaltaica (véase Lenguas urálicas y Lenguas altaicas), las chinotibetanas y muchas otras. Pero todavía hay grandes dudas sobre las clasificaciones genéticas de las lenguas aborígenes americanas (véase Lenguas aborígenes de Hispanoamérica y Lenguas aborígenes de Estados Unidos y Canadá), australianas y polinesias.

No obstante, sólo se puede hablar de familia lingüística de un modo genérico; las lenguas caucásicas, por ejemplo, presentan estructuras parecidas e incluso un léxico común y, sin embargo, es totalmente improbable que estén todas emparentadas entre sí o que deriven de una protolengua común; lo más probable es que sus semejanzas se deban al contacto recíproco, puesto que estas lenguas están presentes en el mismo territorio geográfico desde hace miles de años. En este mismo sentido, amplio y vago, es como se han realizado muchas clasificaciones de las lenguas amerindias. Algunos estudiosos, partiendo de rasgos comunes y de afinidades tipológicas, tratan de construir familias lingüísticas todavía más amplias que las actuales y, que a su vez, comprendan numerosos subgrupos. Una de estas tentativas es la de establecer posibles relaciones entre las lenguas indoeuropeas y las semíticas por un lado y con las ugrofinesas por otro: a esta superfamilia bien se la podría llamar grupo nóstrico.

Entre las otras familias lingüísticas también hay que recordar las lenguas dravídicas, las austroasiáticas (como la china, la indonesia o la vietnamita), las lenguas thais, las nigerocongolesas (en África centro-occidental: con la familia bantú, de la que forma parte el swahili; véase Lenguas africanas), las cusitas, las malayo-polinesias (que, naturalmente se hablan en el Pacífico, entre Madagascar, Filipinas, Nueva Guinea y Polinesia) o las lenguas indopacíficas.

Entre las lenguas cuya clasificación es bastante compleja de establecer se encuentran las lenguas orales amerindias (entre ellas la algonquina, la maya o el quechua oral que se habla en Perú y Bolivia, las lenguas caribes también habladas en la Amazonia y el guaraní, de Paraguay, Argentina y Chile) y las lenguas de los aborígenes australianos que parecen estar muy lejos de otras familias. Además existen en el mundo —o han existido— algunas lenguas aisladas, de las que, por ahora, parece imposible demostrar su pertenencia a alguna rama conocida, como la japonesa, la vasca, la etrusca y la sumeria.

lingüística

Ciencia que estudia el lenguaje. Puede centrar su atención en los sonidos, las palabras y la sintaxis de una lengua concreta, en las relaciones existentes entre las lenguas, o en las características comunes a todas ellas. También puede atender los aspectos psicológicos y sociológicos de la comunicación lingüística.

Las lenguas se pueden describir y estudiar desde diversas perspectivas. Tal y como son en un determinado periodo de tiempo, por ejemplo el español de Buenos Aires en la última década del siglo XX: es lo que se denomina estudio sincrónico.

En sentido contrario, estudiar los cambios sufridos en su evolución a lo largo del tiempo, es lo que se denomina estudio diacrónico. Buen ejemplo de este tipo de estudio lingüístico lo representa el paso del latín vulgar hasta la aparición de las lenguas románicas. En el siglo XX la lingüística trabaja haciendo compatibles las dos direcciones. En tanto que el siglo XIX centró el estudio del lenguaje en un enfoque diacrónico.

Además cabe estudiar el lenguaje como fin en sí mismo, que constituye el estudio teórico, y como medio para ser aplicado a otras ramas del saber o a técnicas concretas, que es un estudio aplicado. La lingüística teórica elabora modelos que expliquen el funcionamiento del lenguaje, cuáles son sus estructuras y sus componentes. La lingüística aplicada incorpora sus descubrimientos científicos al campo de la enseñanza de idiomas, la elaboración de repertorios léxicos, sintácticos o fonéticos, y la terapia de los trastornos del lenguaje. En los últimos años esa elaboración de repertorios ha tenido su aplicación informática en la traducción automática, iniciada por los rusos en los años cincuenta, y en el reconocimiento de la voz por los ordenadores.

aspectos de la lingüística

Existen varios enfoques para estudiar y describir las lenguas y los cambios habidos en ellas.

De cualquier forma cada uno suele tratar: los sonidos o fonemas de la lengua (Fonética y fonología), la forma de las palabras (morfología y procedimientos de formación de las palabras) y las relaciones de las palabras en la oración y la frase (sintaxis). También se estudia el léxico y el significado de las palabras de una lengua (semántica y lexicografía).
La fonética estudia todos los sonidos de una lengua y cómo se emiten. La fonología estudia e identifica el comportamiento de los sonidos como unidades mínimas de significación en una lengua. Así como los demás elementos llamados suprasegmentales (entonación en el caso del español).

La morfología estudia las unidades portadoras de significación de las lenguas, que se llaman morfemas. Pueden ser raíces (como la española -duc- que da lugar a producir, introducir, reducir, deducir), o palabras aisladas (como gato), o desinencias como las de género, número, conjugación, tiempo verbal, etcétera (como -a, -o, -s, -er, -ré), o prefijos que se añaden a la raíz para crear palabras compuestas (como pro-, intro-, con-, re-), o sufijos derivativos para formar aumentativos (como -ón, -azo), diminutivos (como -ito, -ico), adjetivos (como -tivo), adverbios (como -mente) o las alteraciones fonéticas de las formas verbales en los verbos irregulares (como poder, puedo, pude).

En las lenguas flexivas, como en el caso del español o del alemán, la morfología describe las variaciones gramaticales y los accidentes del grupo nominal y del verbo.

La sintaxis estudia las relaciones que se establecen entre los distintos elementos que forman una oración o una frase sin verbo. A la sintaxis le corresponde establecer toda una tipología de las lenguas en función del orden de los elementos básicos sujeto-verbo-objeto, modelo al que pertenece el español.

La semántica es una parte de la lingüística que estudia el significado de las palabras y de las oraciones.

enfoques de la lingüística

Desde la antigüedad hasta el siglo XIX ha existido un enfoque filológico de esta ciencia que se aplicaba a la lengua escrita.

En el siglo V a.C. Panini describió y aisló los sonidos y las palabras del sánscrito. Más tarde los griegos y los romanos introdujeron el concepto de categoría gramatical y las definieron. Sin embargo, no establecieron métodos generales de comparación entre las dos lenguas.

Durante la edad media, los estudios sobre las lenguas apenas sufrieron mayores cambios que el de escribir las gramáticas de acuerdo con los principios diseñados por los retóricos latinos, y el trabajo más innovador consistente en traducir los antiguos textos religiosos a las lenguas vernáculas, así como traducir del árabe las obras literarias, filosóficas e históricas de la antigüedad grecolatina.

Esa labor se llevó a cabo en España en la Escuela de Traductores de Toledo, donde la convivencia de las tres culturas dominantes presentaba unas condiciones privilegiadas, junto a los monasterios que en otros países europeos, sobre todo Italia y Francia, realizaron esa labor. Con eso se sientan las bases si no de la comparación de las lenguas, si del establecimiento de los primeros diccionarios y las primeras gramáticas, todas ellas redactadas sobre el ideal de las lenguas clásicas, consideradas superiores por sus refinados y precisos mecanismos flexivos.

Hasta el renacimiento no tiene lugar la elaboración del primer estudio normativo de una lengua vernácula; el trabajo lo realizó Elio Antonio de Nebrija en 1492, que publica su gramática para que la lengua española pueda ser enseñada a otros pueblos.

Con la aparición de la imprenta y de la Reforma de Lutero, se destierra el latín, se divulgan los libros y se redactan numerosos estudios filosóficos para argumentar en favor y en contra de la Reforma.

En España, bajo el patrocinio del cardenal Cisneros se redacta la Biblia Políglota Complutense, para fijar la doctrina y llevarla en español al nuevo mundo. Además, tras las huellas de Nebrija, y los erasmistas, Francisco Sánchez de las Brozas, conocido como El Brocense, escribe la Minerva, que será la base para la elaboración de otras gramáticas de la época, como la realizada por la escuela de Port Royal en Francia. En ella, se fijan y definen las partes de la gramática, las categorías gramaticales, las reglas de funcionamiento y lo que debe entenderse como uso correcto del idioma en una época tan cambiante.

El Nuevo Mundo y la Reforma cuestionaron el origen focal del ser humano y cuál fue la primera lengua, cómo tuvo lugar su ruptura. Las creencias religiosas dieron explicaciones bíblicas y algunos estudiosos señalaron el hebreo como la primera lengua origen de las demás. Los filósofos nominalistas explican la lengua, como instrumento de transmisión del pensamiento, en los cauces de la lógica y se inicia el estudio del significado de las palabras y su relativismo cultural. Acaba de nacer el pensamiento racionalista, empeñado en refutar la unidad de origen para la especie humana y por tanto de una sola lengua.

Hasta el siglo XVIII en el que los viajeros europeos se ponen en contacto con pueblos distantes, no aparece una respuesta al origen de las lenguas. En esta época se inicia la comparación de las lenguas vivas con las muertas, portadoras de mensajes de otros tiempos. Humboldt, después de sus viajes por América y el Pacífico, formula una teoría general del lenguaje. Para él, el lenguaje es energía; distingue entre materia fónica y conceptual, y forma del lenguaje, que son las palabras y su encadenamiento sintáctico.

Tras esos conceptos hubo que esperar un siglo para que Ferdinand de Saussure formulara la teoría del signo lingüístico. Pero a Humboldt se le debe todavía un concepto más: pensaba que cada lengua tiene su propia forma interior y que esa forma está en función de la visión del mundo que tengan sus hablantes; esa herencia la recogió la moderna escuela generativa.

La propuesta de Leibniz sobre el antecedente único y común de las lenguas europeas, asiáticas y egipcia es el estímulo teórico en el que se asientan la filología y la lingüística comparada, cuyo representante español Hervás y Panduro está considerado, justamente, como uno de los fundadores de esa visión.

Hacia fines del siglo XVIII, W. Jones se da cuenta de que existen ciertas similitudes entre el sánscrito, el griego y el latín, pero no pudo desarrollarlo de modo científico, aunque afirmó que tenían un origen común.

Fueron el danés Rask y los alemanes Schlegel, Grimm y Bopp quienes lo demostraron al decir que, cuando los sonidos de una lengua corresponden sistemáticamente a otros equivalentes en una lengua distinta, es porque siguen siempre un determinado esquema y porque existen unas correspondencias fonéticas que siempre se cumplen entre lenguas emparentadas. Por ejemplo, las consonantes iniciales pl del latín dan ll en español, se conservan en catalán y son ch en gallego-portugués: las voces latinas plorare y plenum dan llorar y lleno en castellano, plorar y pleno en catalán, chorar y chão en portugués.

Son los primeros neogramáticos, término acuñado en el siglo XIX, quienes dedicaron sus esfuerzos a demostrar las correspondencias fonéticas entre las lenguas y a afirmar que cuando no se produce la correspondencia es porque se trata de un préstamo procedente de otro idioma.

Así se explica que si la d- inicial latina corresponde a una t- en las lenguas germánicas, como por ejemplo dentalis del latín, corresponde al inglés tooth y si existe en esta lengua además dental, es porque se trata de un préstamo del latín que entró en inglés en época tardía y por la vía culta.

Es el mismo caso de la voz latina cathedra (asiento) que dio la voz popular castellana cadera (lo que se pone en el asiento), cadiera (en aragonés, 'asiento') y luego entró el cultismo cátedra (asiento elevado desde donde enseña un maestro).

El método comparativo descubrió la existencia del cambio sistemático en las lenguas que sirvió para establecer las familias lingüísticas, esto es, los grupos de lenguas que mantienen una relación en función de un origen común o próximo. Así pues, empleando el método comparativo, la lingüística estableció que la familia indoeuropea estaba compuesta por varias subfamilias y ramas.

Rask dedicó su atención a las lenguas nórdicas, Grimm a las lenguas germánicas y Friedrich Diez funda la filología románica, gracias a lo cual sabemos que el español es una lengua románica, rama que pertenece a la familia de las lenguas indoeuropeas.

Las correspondencias fonéticas sistemáticas permitieron comparar las distintas formas que tiene una misma lengua en función de las diversas regiones en que se habla y las diversas capas sociales que la emplean. Así se funda la dialectología y la sociolingüística. Se tratan no sólo los cambios fonéticos, sino también las correspondencias sistemáticas del léxico y de la sintaxis. Los estudios históricos, que sin duda funda H. Paul, trabajan desde un punto de vista teórico que hay que calificar de positivista y dentro de estos límites es preciso situar al gran filólogo español Ramón Menéndez Pidal.

El estudio del cambio lingüístico y la clasificación de las lenguas plantea un enfoque filosófico y psicológico. La mejor representación de esta escuela en el estudio del español la ostenta el chileno Rodolfo Lenz, que publicó en 1935 su libro La oración y sus partes.

últimos enfoques de la lingüística

Durante el siglo XX los estudios sobre el lenguaje evolucionan en varias direcciones.

a) Lingüística estructuralista y descriptiva: La verdadera revolución en la lingüística teórica la produjo Ferdinand de Saussure con la publicación, que hicieron sus discípulos Bally, Frei y Sechehaye, del Curso de Lingüística General, como reacción a los neogramáticos. Expone que la facultad de hablar, el lenguaje, se estructura en un completo sistema de signos, la lengua, que se hace presente en cada una de las realizaciones de los hablantes, el habla. El sistema de signos que es la lengua debe estudiarse dentro de una ciencia general, la semiología, que abarca toda la teoría de los signos. Diseña el signo lingüístico como la unidad de la lengua que tiene dos caras, el significante, esto es, los sonidos y las formas de las palabras, y el significado, lo que esos sonidos y palabras significan dentro y sólo dentro del sistema que es la lengua. Con él se fundamenta la fonología, que otros desarrollarán después. Mientras en Europa se hace el estudio teórico de la estructura y se realiza su clasificación en el sistema de signos, en Estados Unidos se analizan y aíslan los datos concretos de las lenguas indígenas y del inglés. La labor la inician Franz Boas y Sapir, organizan esos datos y establecen su jerarquía y dependencia. Gracias a la fundamentación del Círculo de Praga, que Sapir conocía bien, descubren unidades mínimas de significación, que son los fonemas y construyen el método de conmutación que las identifica. Esas técnicas estructuralistas serán la base y el fundamento del estructuralismo americano que representa Leonard Bloomfield.

b) El Círculo de Praga Su fundador es Trubetzkoi, príncipe ruso que vive en la ciudad de Praga, muy interesado en el estudio de los sonidos desde una perspectiva diferente. Sus integrantes trabajan en la década de los años treinta del siglo XX y no se interesan por la materia fónica, sino por lo que los sonidos significan dentro del sistema de la lengua; es un trabajo fonológico. Además explican la relación que existe entre lo que se habla y el contexto en el que se produce. Dicen que el estudio del lenguaje tiene que ocuparse de los mensajes que se emiten en el código lingüístico, lo que funda el estudio de la semiología, que apuntara Saussure y que ha tenido tantas repercusiones en el lenguaje de la publicidad o las gramáticas formales que necesitan las máquinas inteligentes. En el campo de la fonología descubren el concepto de los rasgos distintivos, lo que supone la división del sonido en cada uno de sus componentes. Este concepto ha trascendido el ámbito de lo estrictamente fónico y ha sido reelaborado por semantistas, semiólogos y antropólogos. En el área del español ha sido una de sus escuelas derivadas, la de Copenhague, la que ha dado sustento teórico a los fonólogos Alarcos Llorac, seguidor de las teorías de Hjelmslev y Bröndal y Antonio Quilis, discípulo del danés Bertil Malmbreg, que ha estudiado la situación de las lenguas americanas precolombinas, así como el estadounidense de origen hispano J. Fernández.

c) Gramática generativa-transformacional: A mediados del siglo XX el lingüista estadounidense Noam Chomsky afirmó que la Lingüística tiene que describir la estructura de las lenguas, lo que supone explicar cómo se entienden e interpretan las oraciones de cualquier idioma. Cree que el proceso es posible porque lo explica la gramática universal (que es una teoría o un modelo del conocimiento lingüístico o competencia). La competencia lingüística supone el conocimiento innato, e incluso inconsciente, que posee cualquier persona y que le permite producir y comprender las oraciones de su lengua, aun en el caso de que alguna no la haya escuchado jamás. Gracias a esto es posible elaborar una gramática para cualquier lengua, que genere todas las oraciones gramaticalmente aceptables y elimine las agramaticales. Según Chomsky hay unas cuantas reglas gramaticales universales y otras muchas específicas de cada lengua. Tales reglas son las que permiten que los elementos que forman una oración se puedan ordenar de varias maneras (por ejemplo, 'Almudena ha escrito esta novela' y 'Esta novela ha sido escrita por Almudena'). La gramática que disponga de las unidades semánticas subyacentes y las transforme mediante reglas en los elementos de una oración, que se pueden reconocer e interpretar, es una gramática transformacional. Se llama gramática generativa porque genera o produce todas las oraciones aceptables, y transformacional porque emplea las reglas, que se han llamado transformaciones, para transformar o cambiar las unidades subyacentes en lo que cualquier hablante entiende.

d) Lingüística comparada moderna: Esta escuela se ha ocupado durante el siglo XX de fijar las familias de lenguas en otras áreas a las que no pudo llegar la investigación del siglo XIX, como el continente americano, Nueva Guinea y África. Busca los conceptos universales. Ha renovado la clasificación, sus métodos y los criterios que la apoyan; compara las estructuras sintácticas y las categorías gramaticales (así distingue entre los idiomas que poseen o carecen del género gramatical, que poseen sujeto o poseen tema). Joseph Greenberg y su equipo de investigadores han podido demostrar que los idiomas que poseen un orden sintáctico concreto, también poseen otros rasgos estructurales (como por ejemplo, las lenguas con sujeto-verbo-objeto poseen menor flexión nominal que las que presentan la ordenación sujeto-objeto-verbo, como lo demuestra el español, que pertenece al primer tipo, frente al alemán o el latín, que pertenecen al segundo). Estos estudios intentan descubrir la amplia gama de posibilidades fonéticas, sintácticas y semánticas que existen en todas las lenguas del mundo.

e) Estudios sociológicos y psicológicos: La psicolingüística es una disciplina a caballo entre la Psicología y la Lingüística. Estudia temas como el proceso por el que un niño adquiere el empleo de su lengua, la emplea y presenta o no determinados trastornos como la afasia; busca los mecanismos neurolingüísticos y trata de las relaciones entre el cerebro y el lenguaje. La sociolingüística estudia el uso del lenguaje en la sociedad: cómo se emplean determinadas reglas del idioma en función de las diferentes situaciones sociales en las que se encuentre el hablante. Por ejemplo, cómo sabe el hablante qué termino emplear para dirigirse a un interlocutor: señor, señora, don X, doctor, o sencillamente tú y qué situación determina cada uso. Estudia cómo y por qué cambia la lengua en función de las fuerzas sociales que organicen el cambio. Por ejemplo, la aparición de los igualitarismos políticos impuso el empleo del tu como forma de tratamiento en el español peninsular; a medida que la sociedad se jerarquiza se restituye el empleo de la fórmula de respeto y se consagra la más irrespetuosa, según sea la condición del interlocutor. Eso explica la diferencia de tú, usted, o colega, como elementos de un paradigma para la segunda persona en el español de finales de siglo en el área peninsular, frente al tú o camarada de los años cincuenta o el tú y usted de los primeros treinta años de este siglo.

lenguaje

"El lenguaje no tiene existencia independiente en sí, existe en el hombre; vive al ser hablado; muere cuando la palabra ha sido pronunciada y no se la oye (...) En los innumerables pueblos del centro del Asia, del África, de América, de la Polinesia, el lenguaje existe en el estado natural, en una continua revolución; y allí es preciso ir, si se quiere observar el desarrollo del lenguaje, antes que sea reprimido y detenido por monumentos escritos (...) Max Müller La Ciencia del Lenguaje

Es el medio de comunicación entre los seres humanos a través de signos orales y escritos que poseen un significado. En un sentido más amplio, es cualquier procedimiento que sirve para comunicarse. Algunas escuelas lingüísticas entienden el lenguaje como la capacidad humana que conforma al pensamiento o a la cognición. Puede ser estudiado desde dos puntos de vista: según el uso o la estructura.

El uso se relaciona con otros campos, como la literatura, la comunicación de la información, la enseñanza de idiomas, la sociología, la ciencia política y la psicología. Los estudios sobre el uso del lenguaje tratan sobre lo que dicen las personas, lo que piensan que dicen y lo que significa aquello que escriben o hablan para comunicarse. Todo ello incluye el análisis de los contenidos, la crítica literaria, el estudio del cambio lingüístico y los factores sociales que determinan los comportamientos lingüísticos de los miembros de una comunidad idiomática. También se aborda el estudio de los efectosde la lengua en la conducta humana.

Para la crítica literaria el lenguaje está integrado por palabras que, adecuadamente ordenadas, producen una emoción o un razonamiento. Para la lexicografía, es el conjunto de palabras que poseen un significado, un origen y una historia. Por último, se puede entender el lenguaje como la forma en que las palabras se seleccionan y combinan, proceso inherente a los individuos, a los grupos o a los géneros literarios.

La estructura del lenguaje concierne a la lingüística. Cada movimiento o escuela lingüística plantea diferentes enfoques sobre el uso y la estructura. Aquellos que se centran en la comunicación escrita, estudian la estructura del texto —es decir, de qué forma hay que ordenar las palabras y las oraciones para que constituyan un todo coherente— y les preocupa la posibilidad de traducir una lengua con toda exactitud. Por otro lado, los lingüistas comparativos agrupan e identifican las familias lingüísticas que proceden de un tronco común. Los partidarios del estructuralismo afirman que el lenguaje tiene tres niveles organizados de forma jerárquica: sonidos, combinaciones de sonidos para formar palabras y combinaciones de palabras para formar frases y oraciones. En el plano fonemático se analizan los sonidos; en el morfemático se describen las combinaciones de sonidos en unidades con significado (los morfemas y sus combinaciones para formar palabras), y en el sintagmático el enfoque se centra en las combinaciones de palabras. Para los generativistas, el lenguaje es un conocimiento inherente a los seres humanos que les permite la competencia lingüística; asimismo, estudian la capacidad y el proceso de adquisición de un idioma.

comunicación

Si entendemos el lenguaje como un medio de expresión y de comunicación, hay que incluir el estudio de los sonidos y los gestos. Como es evidente que los animales emiten sonidos y producen gestos, la pregunta es inmediata: ¿poseen un lenguaje como los seres humanos? Está claro que muchas especies animales se comunican entre sí. Sin embargo, la comunicación humana difiere de la animal en siete razones que los lingüistas han formulado:

1) posee dos sistemas gramaticales independientes aunque interrelacionados (el oral y el gestual);

2) siempre comunica cosas nuevas;

3) distingue entre el contenido y la forma que toma el contenido;

4) lo que se habla es intercambiable con lo que se escucha;

5) se emplea con fines especiales (detrás de lo que se comunica hay una intención);

6) lo que se comunica puede referirse tanto al pasado como al futuro, y

7) los niños aprenden el lenguaje de los adultos, es decir, se transmite de generación en generación.

Sin embargo, recientes investigaciones sobre los primates han demostrado que muchas de estas características no son exclusivas de los seres humanos. (Véase Conducta animal). No obstante, se puede afirmar con cierta seguridad que el lenguaje humano posee características especiales. Los seres humanos relacionan una serie limitada de unidades gramaticales y de signos separados para formar un conjunto infinito de oraciones que bien pudieran no haber sido oídas, emitidas, leídas, escritas o pensadas con anterioridad. Los niños que todavía no han aprendido gramática establecen sus propias reglas de lenguaje empleando su capacidad lingüística, así como los estímulos que reciben de la comunidad lingüística en la que han nacido.

fundamentos del lenguaje

Para que exista el lenguaje se requieren ciertos factores: de índole fisiológica (el organismo tiene que ser capaz de emitir sonidos); de índole gramatical (el discurso tiene que poseer una estructura), y de índole semántica (es imprescindible que la mente pueda entender lo que se habla).

fisiología

Aunque muchos de los órganos humanos de la fonación tienen otras funciones (como la de comer), están perfectamente dispuestos para el habla, por lo que el lenguaje humano aparece como el mejor sistema de comunicación entre los seres vivos. En el acto de hablar, una corriente de aire sale de los pulmones y se ve modificada por la vibración o no de las cuerdas vocales (después de pasar por la laringe), por el movimiento de la lengua, el paladar y los labios. Las personas que sufren de trastornos fisiológicos en el habla, como los sordomudos, cambian su sistema de comunicación, por ejemplo por medio de signos visuales. Véase Lenguaje y alteraciones del lenguaje.

gramática

Cualquier lenguaje humano tiene una estructura gramatical en la que las unidades fónicas (señalizadoras) se combinan para producir un significado. Las unidades mínimas portadoras de significado son los morfemas. Un morfema puede ser una palabra, pero también un prefijo o un sufijo (véase Afijos). Por ejemplo, en la palabra coexistir hay dos morfemas co y existir. Las palabras y los morfemas se clasifican según el papel que tengan en la oración. Las clases de morfemas se corresponden con las partes del discurso (como nombres y verbos) pero también con prefijos, sufijos y otros elementos. Los distintos tipos de palabras forman sintagmas que a su vez se combinan para formar unidades mayores, como oraciones y párrafos.

semántica

Por último, en el lenguaje humano es imprescindible que el hablante relacione unos sonidos con un significado y que a su vez ese significado sea percibido y comprendido por las demás personas que comparten la misma lengua. En este proceso de comunicación, la gramática adopta el papel de mecanismo que enlaza el pensamiento y las ideas con la lengua que las transmite. Cada oración o emisión portadora de significado posee una estructura profunda y una de superficie. En la de superficie se encuentran las palabras y los elementos de la oración tal y como se dicen e interpretan. En la profunda, las palabras y los elementos de la oración se estructuran gramaticalmente. En este nivel, la estructura de la oración es ambigua. Existe la posibilidad de que dos estructuras de superficie tengan el mismo significado (Juan parece estar contento y Parece que Juan está contento). Asimismo, una estructura de superficie puede tener dos significados (Comer carne puede ser peligroso puede significar que para alguien el comer carne sea peligroso y que siempre que se coma carne exista peligro). Las dos interpretaciones de esta oración surgen porque una sola estructura de superficie es el resultado de dos estructuras profundas. Sin embargo, en el caso anterior las dos estructuras de superficie corresponden a una sola estructura profunda.
La comunicación humana es un proceso único que combina la actividad de los órganos del habla, la estructura gramatical y los significados denotados y comprendidos.

lenguas del mundo

Sea cual sea la comunicación que establecen los seres humanos por medio de la lengua, los gestos o los signos, debe cumplir el mismo proceso: adecuarse al pensamiento que se quiere transmitir; sin embargo, las lenguas que se hablan en el mundo, aunque cumplen con esa finalidad, difieren ampliamente entre sí tanto en sus sistemas fonéticos como en sus estructuras gramaticales.

clasificación por criterios formales

Se puede establecer una clasificación de las lenguas sobre la base de sus diferencias gramaticales. A principios del siglo XIX los lingüistas de la escuela comparativa intentaron agrupar las lenguas en cuatro grupos de acuerdo con un criterio morfológico o tipológico. Estos grupos de lenguas fueron los siguientes: lenguas analíticas, aglutinantes, flexivas e incorporantes. Las lenguas analíticas, también llamadas aislantes o isolantes, son las que poseen palabras de una sola sílaba que pueden ser portadoras del significado básico o del equivalente de los elementos gramaticales como persona, pasado. Cada palabra es inmutable. Así, en chino para decir que alguien vino hay dos palabras: lai (‘venir’) y li (‘pasado’).

Las lenguas aglutinantes son las que reúnen (aglutinan) en una sola palabra varios elementos, cada uno de los cuales posee una significación fija e individual. A la raíz de la palabra se le añaden los afijos (los prefijos se colocan delante, los infijos van en el centro de la palabra y los sufijos se colocan detrás de la raíz). La lengua turca es un ejemplo de lengua aglutinante; así, la raíz äv ('casa') puede recibir los sufijos, äv dä ('en la casa'), äv lar ('las casas') y äv lärda ('en las casas').
En las lenguas flexivas, los afijos aportan las variaciones de género, caso, persona, número, voz, aspecto, tiempo y conjugación que constituyen la flexión. El latín, el griego y el español son ejemplos de lenguas flexivas.

Por último, en las lenguas incorporantes se funde una serie de elementos semánticos y gramaticales en una palabra, como el objeto directo o el indirecto en el verbo. El swahili es una lengua incorporante; por ejemplo, la palabra hatukuviwanunulia significa 'no los compraremos para la gente' y sus componentes son: ha (negación) tu (nosotros) ku (pasado) vi (pronombre objeto de tercera persona plural y género neutro) wa (la gente) y nunulia (comprar a, comprar para).

clasificación por grupos de familias

También se denomina clasificación genética, y el hecho de que dos lenguas tengan el mismo orden de palabras dentro de la oración no quiere decir que estén relacionadas entre sí. Para saber si existe una relación hay que estudiar su genealogía y clasificarlas desde el punto de vista genético. Esta clasificación, a diferencia de la tipológica, supone la comparación de los sistemas fonéticos y de las unidades de significación para demostrar su grado de parentesco. Del mismo modo que los parecidos familiares entre las personas muestran su raíz genética, entre las lenguas emparentadas existen parecidos aunque se trate de lenguas muertas.

Los miembros de una familia lingüística poseen una conexión histórica y descienden de un antepasado idiomático común. Los árboles genealógicos muestran las relaciones entre las lenguas; la lengua troncal más antigua se encuentra en la cúspide del árbol y las ramificaciones subsiguientes muestran el grado de alejamiento o proximidad entre los miembros de la familia.

Las lenguas emparentadas lo están en sus elementos gramaticales y en el léxico, y exhiben correspondencias regulares entre los sistemas fonético y semántico. Por ejemplo, la palabra inglesa fish y la española pez corresponden a la latina piscem; asimismo, la inglesa father y la española padre corresponden a la latina patrem. Donde el latín tiene -t- en posición interior de palabra, el español tiene -d- y el inglés -th-, como lo muestra el grupo anterior patrem, padre, father. Todas están emparentadas, son calcos, es decir, genéticamente es la misma palabra. Donde el latín y el español tienen p-, el inglés tiene f-.

La lingüística comparada estudia el campo en el que se establecen las correspondencias sistemáticas entre fonemas y sememas (sonidos y unidades de significado) de las palabras calco (también llamadas cognadas); por medio de la comparación entre las lenguas vivas ya agrupadas se intenta reconstruir el antepasado común, perdido en muchos casos. A estas lenguas precursoras, hoy total o parcialmente reconstruidas, se les califica como proto, como el proto-indoeuropeo.
familias europeas y asiáticas.

La más conocida es la familia de las lenguas indoeuropeas en la que están incluidas la mayoría de las lenguas europeas, las del norte de la India y de otras regiones intermedias. Consta de las siguientes subfamilias: itálica, germánica, celta, griega, báltica, eslava, armenia, albanesa, indoirania y las extinguidas hitita y tocaria. Hay otras subdivisiones en cada una de las subfamilias. El español, por ejemplo, pertenece a la rama de las lenguas románicas, que están incluidas en la subfamilia itálica dentro de la gran familia indoeuropea. El grado de parentesco que existe entre el español y otras lenguas de la misma familia, como el inglés, el griego y el sánscrito, es cada vez más remoto.

La familia indoeuropea es una de las doce familias que se han propuesto como extensas agrupaciones de lenguas. Existen diversos enfoques lingüísticos a la hora de establecer las clasificaciones. Por ello, cuando determinadas escuelas anglosajonas hablan de familias de lenguas, los lingüistas europeos, con mayor tradición comparativa, prefieren hablar de subfamilias. Por otro lado, estos últimos se muestran muy reticentes cuando se fijan determinadas agrupaciones porque hay pocos datos y mucha premura en las clasificaciones.

En Europa existen otras lenguas que no pertenecen a la familia indoeuropea; es el caso de la lengua vasca, lengua que al parecer no está relacionada con ningún otro grupo de lenguas conocidas. El finlandés, estonio, lapón (o saami) y húngaro son las lenguas más occidentales de la llamada rama ugrofinesa (que también incluye otras lenguas de los Urales y de Siberia). Algunos autores vinculan la familia altaica a las lenguas urálicas en un grupo denominado uralaltaico (agrupación hoy desechada por la escuela comparativa); la rama principal de las lenguas altaicas está formada por el turco, el mongol y las manchú-tungus. A los grupos de lenguas siberianas que no parecen estar emparentadas se les ha denominado lenguas paleosiberianas. En el Cáucaso se habla de las lenguas caucásicas; la más estudiada ha sido la georgiana.

Muchas lenguas de la India y de sus vecinos al noroeste pertenecen a la rama indoirania de la familia indoeuropea. Otros dos grupos de lenguas, la munda, que se suele considerar como rama de las lenguas austroasiáticas, y la dravídica (ambas incluidas en las lenguas indias) representan a más de ochenta millones de hablantes. En el sur de Asia encontramos las lenguas chinotibetanas con cientos de millones de hablantes. Sus ramas principales son la tibetano-birmana y la china (cuyos numerosos dialectos suponen auténticas lenguas). Algunas escuelas lingüísticas vinculan esta rama china con las lenguas thaís (donde se incluyen la thai y la siamesa); otras estiman que no forman parte de ellas.

lenguas oceánicas y africanas

En el Pacífico existen tres grandes grupos: el primero comprende a la familia malayo-polinesia, cuya rama occidental está formada por la indonesia y la oriental por la oceánica; el segundo grupo lo configuran las lenguas papúes, las de Nueva Guinea, con numerosas lenguas aisladas y otras agrupaciones (puede que exista algún tipo de conexión todavía no encontrada); el tercer grupo lo constituyen las lenguas indígenas de Australia (emparentadas entre sí, aunque no se conoce una agrupación mayor que las incluya). Aún cabría hablar de un cuarto tipo, el referido a la lengua tasmana, hoy desaparecida.

En África centro-oriental se hablan las lenguas de la familia camitosemítica o afroasiática. Está integrada por cinco ramas semíticas: además del árabe y el hebreo, la integran el chadiano (que incluye el hausa, lenguas muy difundidas en el occidente de África), el bereber (del norte de África), la cusita (en el este de África) y la copta, hoy desaparecida. Hay otras tres grandes familias africanas: la nigero-kordofana, cuya rama más extendida es la nigero-congoleña; la bantú, que es la agrupación más difundida en el este y sur de África, con el swahili y el zulú, y la familia nilo-sahariana, cuya principal subdivisión es la nilo-chari y la rama nilótica con la lengua de los masai. La familia khoisán incluye las lenguas clic de los pueblos que viven en el desierto de Kalahari.

lenguas americanas

La clasificación de estas lenguas ha dado como resultado la identificación de unas 150 familias, según criterios muy estrictos. Desde otras escuelas se han agrupado en torno a una docena de conjuntos que se han denominado superestirpes, aunque los últimos estudios han echado abajo tales clasificaciones. Incluso aplicando el primer criterio quedan sin agrupar bastantes conjuntos de ellas. En la costa del Ártico y en Groenlandia los inuit hablan las lenguas aleutianas-esquimales; las esquimales se subdividen en la inupik y la yupik. En la zona subártica del Canadá se encuentran las lenguas athabasca y algonquino. En Estados Unidos se hablaba algonquino al este del río Mississippi, que convivía con la iroquesa y la muskogee. En las Grandes Llanuras se habla una familia de lenguas que recibe ese nombre, cuyo principal idioma es el sioux, pero también se hablan lenguas de la rama occidental del algonquino y las caddo. Las shoshone (de la familia yuto-azteca) se hablan en la Gran Cuenca, y más al norte se localiza la familia sahapta. En la Costa Noroccidental se hallan las familias salish y wakashan, las lenguas tlingit (que se creyeron emparentadas con las lenguas athabascas) y la haida, que es una lengua aislada. Por toda la región cultural del Suroeste se encuentra el apache, rama de las athabascas, y junto a ella el grupo yuma y otra rama de las lenguas yuto-aztecas. En California se han encontrado muchas lenguas que constituyen pequeñas agrupaciones, cuyas relaciones no parecen claras. Véase Lenguas aborígenes (Estados Unidos y Canadá).

La familia yuto-azteca esta muy difundida en México y en Centroamérica, cuyo representante más importante es el náhuatl; también se reconocen las lenguas de la gran agrupación otomanque (mixteca, otomí y zapoteca, entre otras) así como las familias mix-zoque, totonaca o totonaco y tequistlateca. La familia maya, con varios millones de hablantes, comprende unas 24 lenguas.

Según el criterio que se aplique para clasificar las lenguas de América del Sur, cabe cifrar la existencia de unas 90 familias que no incluyen todas las lenguas existentes en el subcontinente. El quechua, el aimara, el tupí-guaraní y el mapuche son las lenguas más habladas. En el norte de Sudamérica, así como en el sur de Panamá, se encuentran las lenguas del grupo chibcha (con el guaimí, el paez y el warao), pero la familia que tuvo mayor difusión la constituye la arawaca (con el isleño, el guajiro y el campa). En el conjunto gê se pueden incluir numerosas lenguas que se hablan en Brasil.

clasificación geográfica

También resulta de gran utilidad analizar y observar las vías de comunicación a través de las cuales las lenguas vecinas han podido relacionarse. Cuando se han estudiado, por ejemplo, las lenguas de la Costa Noroccidental de Estados Unidos, se ha descubierto que estas lenguas compartían el léxico (por ejemplo, en relación con las faenas de pesca de algunos de sus pueblos), demostrando que mantenían muchas concomitancias. Todo ello implica que a lo largo de los siglos han existido préstamos gramaticales, fonéticos y léxicos entre las lenguas de una región determinada. Sin embargo, los parecidos regionales no certifican el parentesco, ni tampoco que pertenezcan a un mismo grupo de lenguas.

lenguaje oral y lenguaje escrito

Cuando una lengua posee escritura y expresión oral, es decir que no es una lengua muerta, su escritura puede presentar los caracteres gráficos de otra lengua y haber adaptado a su alfabeto los fonemas, sílabas o morfemas que ésta no tenía en sus orígenes. Al estudiar la adaptación que existe entre escritura y expresión oral, es posible comparar la forma oral y escrita de una lengua.

Existen muchos tipos de escritura. En la china, cada signo escrito es un morfema. En la escritura cherokee, cada símbolo representa siempre la misma sílaba. El japonés posee una escritura parecida, los llamados silabarios. En las escrituras que emplean un alfabeto, como el latino, cada signo representa un sonido de la lengua hablada. El alfabeto latino posee 26 letras que suelen mantener las lenguas que lo emplean, aunque no coincidan con el número de fonemas que tienen que representar. Por ejemplo, en español existen sonidos inexistentes en la lengua latina; para representarlos se usan combinaciones de letras denominadas dígrafos, como ll, ch, o la tilde sobre la n (ñ), para representar sonidos inexistentes en el latín clásico.

La forma escrita de las lenguas es constante, estática y suele reflejar la forma que tenía la lengua cuando se adoptó el alfabeto, silabario o sistema gráfico del que se trate. En cambio, la lengua hablada es dinámica y cambia continuamente, aunque lo haga con lentitud desde el punto de vista fonético. El caso del español no ofrece grandes problemas de adecuación entre la escritura y la pronunciación, sobre todo si comparamos su situación con la de otros idiomas, como el inglés, donde la inadecuación es muy notoria. En las lenguas que han adoptado una escritura reciente (como el swahili) o que la han reformado (como el hebreo), es donde mejor se observa la adaptación entre la lengua oral y la escrita.

A diferencia del habla, la escritura no representa el timbre, el tono, la intensidad o la entonación; si acaso, incluye, en el mejor de los casos, determinados signos, como los de puntuación o las mayúsculas. Tampoco comprende las variantes dialectales e idiomáticas. Prueba de ello es que los chinos que hablan dialectos diferentes se entienden mejor por medio de las formas escritas que por el lenguaje oral. Por ese motivo, los hablantes de los distintos dialectos del alemán escriben en alto alemán, que han adoptado como norma escrita. En Latinoamérica no existe en general una aguda situación de incomunicación entre los hablantes de las diversas zonas, por lo que ni la lengua escrita ni la hablada suponen una barrera para la comprensión.

norma lingüística

La forma escrita del lenguaje goza de un prestigio mayor que la oral y suele tener una complejidad gramatical y un léxico más preciso. Así pues, la norma escrita, que se suele denominar literaria, suele influir en el habla de la población escolarizada. En ciertas situaciones, esos hablantes intentarán imitar la norma escrita e, incluso, por razones de cultura, evitarán el empleo de sus usos orales, que relegan para las situaciones menos relevantes. En los países árabes, por ejemplo, las personas cultas emplean la norma del árabe clásico tanto en el habla como en la lengua escrita, mientras que las personas menos instruidas sólo emplean el árabe coloquial.

El uso de dos variedades de la misma lengua y por un único hablante en situaciones distintas se denomina diglosia. Son diglósicos los hablantes que emplean la norma literaria como lengua oral si están en público, y su norma nativa regional cuando están entre amigos (como ocurre con los suizos germano-hablantes).

La norma en una lengua es aquella variedad que se ha convertido en dominante; esta situación puede darse por razones políticas y es la legislación o las costumbres las que la consagran. La norma lingüística es la que rige la escritura, esto es, es la variedad literaria de la comunidad de hablantes o, al menos, la que posee una norma ortográfica o un conjunto de materiales escritos en ella. Cuando se enseña una lengua, se enseña la norma lingüística y quienes la aprenden no pueden incorporar sus propios hábitos personales.

dialecto, argot y jerga

Un dialecto es una variedad de una determinada lengua que se distingue claramente de aquellas que se emplean en otras zonas geográficas y por diferentes grupos sociales. Por ejemplo, los habitantes de las islas Canarias suben a la guagua igual que los chilenos, en tanto que los hablantes del español en la península Ibérica lo hacen al autobús. Entre aquellos que hablan el mismo dialecto geográfico o social, existen otras variedades lingüísticas que dependen de situaciones específicas.

Un caso diferente es el de los lenguajes especiales que emplean profesionales o gremios (abogados, médicos, labradores, artesanos y otros) cuando hablan de su profesión, o grupos sociales (jóvenes, marginados) que se sirven de un lenguaje informal bien como afirmación generacional o para no ser entendidos por personas ajenas a ellos; en general, este modo de expresión se denomina argot. Un argot compuesto por toda una terminología especializada que emplean los miembros de una determinada profesión, sin connotaciones peyorativas, es lo que constituye una jerga. También se considera jerga o germanía al lenguaje del mundo del hampa. Lo emplean los abogados, médicos, los pescadores y los críticos, por citar algunas profesiones. Sin embargo, el empleo de los términos argot, jerga y germanía varía según los autores.

sabir o pidgin y lenguas criollas

Dada la función comunicativa del lenguaje, hay lenguas que desarrollan sus propias variedades dialectales y de argot para asegurar la comunicación hasta transformarlas por completo (el latín vulgar sufrió esta evolución). Puede suceder que el cambio se lleve a cabo con gran rapidez como resultado del contacto entre pueblos que hablan idiomas distintos y tienen la urgencia de establecer intercambios. En esas situaciones es posible que aparezca un sabir o pidgin, lengua de urgencia que está basada en la estructura gramatical de una sola lengua, pero en el léxico y en la fonética recibe y adopta las formas de cuantas lenguas poseen las personas que lo utilizan. En el área hispánica se denomina sabir porque ése fue el nombre de la primera lengua de intercambio que se basó en la gramática del español; en el área de influencia del inglés recibe el nombre de pidgin por motivos análogos.

Estas lenguas no poseen hablantes nativos y suelen tener por origen las necesidades de los comerciantes para hacerse entender por los indígenas de regiones distantes en zonas costeras. Cuando los hablantes de un sabir lo transmiten a sus hijos, que lo acaban convirtiendo en su primera lengua, aparece una lengua criolla. El criollo ya posee hablantes nativos que constituyen toda una comunidad y evoluciona como un idioma cualquiera. Un ejemplo de todo ese proceso lo representa el papiamento, lengua que surgió en las Antillas como sabir hasta convertirse en criolla. Otro ejemplo lo representa el pidgin-english que se habla en los puertos chinos y que ha evolucionado hacia una lengua criolla, el chinook. Otro ejemplo es el caso del idioma de Sierra Leona, el krio, que surge a partir de un pidgin inglés en la costa de África. Véase Lengua franca.

lenguajes internacionales

Con el fin de resolver los problemas de comunicación que hay en el mundo, debido a la enorme diversidad lingüística existente, se ha propuesto establecer el empleo de un lenguaje internacional. En algunos casos, ciertos idiomas cumplen esta función. Las denominadas lenguas de amplia difusión (en inglés, Languages of Wider Communication, LWC) —como el inglés o el francés, que muchas personas hablan como segundo idioma— cuentan con muchos defensores que mantienen que cualquier persona debería conocer al menos una de ellas. Por otro lado, ha surgido también un movimiento a favor de la creación de un idioma artificial que todo el mundo debería conocer.

Durante cierto tiempo estuvieron de moda algunas lenguas artificiales, que luego prácticamente han desaparecido. De todas ellas, el esperanto ha tenido bastante éxito, ya que posee una gramática sin irregularidades, una pronunciación sencilla y un léxico basado en el latín, el griego, las lenguas germánicas y las románicas. Ahora bien, para los hablantes de otras lenguas, el esperanto no parece tan internacional y resulta más difícil de aprender y de hablar. Una nueva propuesta como lengua internacional la representa el LOGLAND (que surge como lenguaje lógico), creado en laboratorio y del que se dice que está libre de connotaciones culturales y que permite a sus hablantes expresar los pensamientos con toda claridad y sin ambigüedades. Posee muy pocas reglas gramaticales, un sistema fonético escueto y un léxico extraído de los idiomas más difundidos por el mundo, incluyendo el kindi, el japonés, el chino, el ruso y otras lenguas indoeuropeas.

evolución, cambio y crecimiento de un lenguaje

Entendido el lenguaje como la producción y la percepción de un idioma, hay que decir que evoluciona en la medida en que progresa la especie humana. Como sistema de comunicación, puede ser utilizado con los sistemas de comunicación de otros animales. Sin embargo, el lenguaje humano tiene aspectos creativos e interpretativos que parecen marcar sus diferencias. Se cree que la comprensión de la lengua está ligada a la función que realiza una determinada zona del cerebro conocida como área de Broca. Hasta que se produjo esa especialización fisiológica, se creía que no había diferencias entre el lenguaje humano y el sistema de comunicación utilizado por otras especies animales.

Al parecer fue en la era de Neandertal cuando se inició el lenguaje, pero hasta la aparición del Homo sapiens no se dio una evolución lingüística significativa. Así pues, el lenguaje humano puede contar con 30.000 ó 40.000 años de existencia. La enorme diversidad de lenguas que hay en el mundo demuestra que una vez que apareció el lenguaje se produjeron los cambios a gran velocidad. No es posible saber si hubo una primera y única lengua, ni cuáles fueron sus sonidos, gramática y léxico. La lingüística histórica, que se encarga de descubrir y describir cómo, por qué y de qué manera surgieron las lenguas, apenas puede sugerir algunas hipótesis para explicar esta evolución.

En el siglo XVIII el filósofo alemán Leibniz sugirió que todas las lenguas que existen y han existido proceden de un único protolenguaje, hipótesis que recibe el nombre de monogénesis. Aunque muchas lenguas vivas proceden de una única lengua anterior, esto no significa que el lenguaje humano haya surgido en varias partes del mundo de forma simultánea, ni que las lenguas vivas precisen de un solo antepasado, sino que pudo haber varios. Esta segunda hipótesis, que explica el origen múltiple para las familias de lenguas, recibe el nombre de poligénesis.

Sea cual sea el origen de las lenguas, monogenético o poligenético, la opinión general es que las diferencias que existen entre ellas son relativamente superficiales. Aunque se tengan dificultades para aprender una segunda lengua, y parezca que no existen grandes similitudes entre el español, el swahili o el chino, las diferencias entre los idiomas no son mayores que sus semejanzas. Es muy posible que los fonemas y combinaciones de las lenguas existentes, a pesar de lo que pueda parecer, pertenezcan a una especie de inventario universal donde cada una de ellas selecciona los que precisa. Cualquier idioma posee determinadas características estructurales que elige dentro de esa reserva universal de propiedades disponibles. Es decir, ninguna lengua emplea todos los fonemas que la persona puede emitir, ni dispone de todas las categorías gramaticales posibles (como tampoco los hablantes con su propia lengua ni con otra emiten todos los fonemas ni utilizan todas las categorías).

Cuando una lengua sufre transformaciones sustanciales tanto en su estructura fonética como en su léxico, puede llegar a convertirse en otra lengua. Eso es lo que ocurre durante la evolución de un sabir a una lengua criolla, o del latín al romance, y quién sabe si no podría haber sucedido durante la fragmentación del español o del inglés, por ejemplo. Pero también puede aumentar. Es el caso de un dialecto considerado menor que se convierte en dominante y sustituye a todos los demás. Con el paso del tiempo ese dialecto deja de ser incomprensible y puede originar, a su vez, la creación en su seno de nuevas formas dialectales, verse sujeto a un proceso de aparición de sabires, después criollizarse y así sucesivamente. Lo que caracteriza al lenguaje es su continuo crecimiento y evolución en todos los aspectos, en tanto que expresión viva de la naturaleza y la cultura de los seres humanos.

etimología

Es la rama de la lingüística que tiene por finalidad establecer el origen y la evolución de las palabras en comparación con otras análogas de lenguas próximas, que se llaman calcos, y que pertenecen a un mismo tronco o grupo de lenguas. En relación con otras ramas de la lingüística, la etimología está íntimamente relacionada con la filología; de hecho, antes de la formulación de las leyes fonéticas, no existía otra posibilidad de estudiar el significado y la evolución de las palabras fuera del enfoque estrictamente filológico.

El término procede del latín, que a su vez lo tomó del griego (etymos, 'verdadero' y logos 'palabra') y se usó como término filosófico. Los estoicos, escuela filosófica griega, creyeron que las palabras tenían una existencia independiente, como algo contrapuesto a los objetos y las ideas abstractas, en lugar de considerar que se trataba de unas convenciones inventadas por los seres humanos. No obstante, mucho antes de que existiera tal escuela, Platón había empleado un método análogo al de la etimología moderna en su diálogo Cratilo, para buscar el significado de las palabras. Sin embargo, el primer tratado que puede calificarse de etimológico fue el libro indio Rig-Veda, uno de los libros sagrados más importantes y más antiguo de los hindúes, compuesto para explicar las palabras difíciles y que puede fecharse hacia el siglo V antes de Cristo.

Algunos intentos iniciales fueron ingenuos y muy alejados de la evolución fonética. A este tipo de etimología se le suele dar el nombre de popular. A lo largo de la historia de las palabras, cuando se quería explicar algunas no muy conocidas, lo más frecuente era acudir a otras palabras que se parecían en sonido, forma, o significado. Así por ejemplo, del inglés country dance ('baile popular') se deriva la forma francesa contridanse, donde el primer elemento del compuesto country pasa a ser contri, y como se parece al prefijo del latín contra-, presente en muchas palabras del francés y de las demás lenguas románicas, se convierte en contradanse, de donde procede la palabra española contradanza, que ha olvidado su origen pero ha conservado el sentido de compuesto. En la palabra de origen griego necromantia, que significa 'culto a los muertos', algunos eruditos poco respetuosos con la etimología pero algo fantasiosos, la relacionaron con la 'magia negra' nigra mantia, porque habían confundido necro 'muerto' con nigro 'negro' y vieron en el culto a los muertos algo relativo o relacionado con la magia. Empezaron a pronunciarla nigromancia, y así quedó en la lengua perdiendo su significado y forma originarias.

En Europa el estudio del sánscrito hizo posible el estudio etimológico por varias vías. A comienzos del siglo XIX los investigadores europeos que estudiaban el sánscrito se dieron cuenta de las concomitancias léxicas presentes en el latín, el griego y este idioma, tan antiguo, como aparentemente alejado. Extendieron tal comparación a otras lenguas, y ello llevó a establecer la existencia de una lengua común a todas ellas, que fue el indoeuropeo. A su vez, fueron descubiertos ciertos principios explicativos de los cambios fonéticos que afectan a la forma de las palabras, esto es, se formularon las leyes fonéticas. En cuanto a los préstamos —palabras que una determinada lengua toma prestadas de otra distinta— parecía que no se cumplían las leyes fonéticas y es muy frecuente que una lengua tenga dobletes, o lo que es lo mismo, dos palabras distintas que proceden de una única voz extranjera, una evoluciona de acuerdo con los cambios fonéticos que predicen las leyes y la otra no, ya que es un mero calco sin alteración aparente, porque suele entrar en la lengua por vía culta. Recibió la denominación de cultismo, nombre que le dieron los investigadores franceses. En los dobletes suele existir una diferencia de significación. Así, del latín rubeum el español tiene el semicultismo rubio y en cambio royo, que sigue todo el proceso marcado por las leyes fonéticas, sólo adquiere su valor etimológico en algunos topónimos como Peñarroya (por el color de sus tierras). Los préstamos se someten a las leyes fonéticas de la lengua que lo adopta. Por ejemplo, del griego apoteka tras perder la a- inicial, deriva bodega; siglos después la misma palabra, pero derivada del griego moderno apotika vuelve a entrar en las lenguas románicas como lo atestigua la conservación de la sílaba tónica -ti- y evoluciona en español como botica (en francés boutique).

Así pues, la etimología tiene que prestar atención no sólo a la historia de las palabras sino también a la forma en que las registraron sus hablantes. Por lo tanto, la misma palabra puede tomar formas distintas, y al contrario, palabras diferentes llegan a dar una forma única en una lengua dada. Buena prueba de ello es la amplia lista de homónimos que posee cualquier lengua. Un buen ejemplo lo podemos tener en este que es el resultado de dos orígenes diferentes: del latín istem procede el demostrativo este, y del anglosajón êast procede el nombre del punto cardinal Este.

La principal aplicación de la etimología consiste en establecer un supuesto origen común de las palabras, que se estudian a través de todo un grupo de lenguas emparentadas. De acuerdo con eso, las etimologías más antiguas hacen conjeturas incorrectas, aunque plausibles. Muchas, que fonéticamente son perfectas, sin embargo parecen a simple vista poco probables para quienes no conozcan las leyes fonéticas ni las morfológicas. La etimología debe quedar restringida a grupos específicos de lenguas o dialectos. De ahí que se pueda hablar de la etimología románica (ya que las palabras de estas lenguas proceden mayoritariamente del latín), la germánica, la celta y la indoirania, entre otras. Todas se unen en el origen indoeuropeo o indogermánico, que sin duda es el que está mejor sistematizado y supone un modelo para el resto.

Determinados parecidos fonéticos pueden inducir a error y establecer cambios fonéticos o familias de palabras que no han existido. El hecho de que tengan un sonido parecido y signifiquen lo mismo, 'toro', el latín taurum y el árabe thaur, no prueba que exista relación alguna entre las dos palabras.

La etimología contemporánea se basa en los métodos y descubrimientos de los lingüística comparativa y la gramática histórica del siglo XIX, que establecieron los principios básicos y la metodología.

El método para establecer la etimología de una palabra, es decir su étimo, debe ajustarse a los criterios siguientes:

1) Hay que fijar la forma más antigua el uso de una palabra y no alterar su cronología.

2) Es preciso mantener un criterio geográfico e histórico; muchas palabras entran en una lengua en función de la proximidad o el contacto con otra.

3) Hay que someterse a las leyes fonéticas, sobre todo en lo relativo al consonantismo de las lenguas indoeuropeas.

4) En el caso de los dobletes que pertenecen a una misma lengua, la forma más antigua es la que tiene menor número de sílabas.

5) Si tienen el mismo número de sílabas, la más antigua se fija en función del comportamiento de la vocal tónica.

6) Los llamados verbos fuertes del germánico, así como los irregulares del latín hay que entenderlos como palabras primitivas, y derivadas todas las demás que estén relacionadas con ellos.

7) Cuando exista algún parecido en forma o significado entre dos palabras que pertenezcan a dos lenguas no relacionadas, hay que ignorarlo. La etimología completa de una determinada palabra explica su evolución fonética en función de su origen y si se trata de un barbarismo o de una compuesta de fuentes diversas, en función de la explicación etimológica de cada una de sus partes.

En general, los diccionarios suelen proporcionar alguna información etimológica. Existen algunos especializados y que se denominan así, como el Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana, resumen del Diccionario Crítico Etimológico de Joan Corominas. También existe una importante información en el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española.

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Fuente de estos artículos y de la foto a la izquierda arriba :   diccionariosdigitales.net / Mr. Papada

Estos son los mejores datos del idioma español que he encontrado en internet. Estos artículos no han sido escritos por mí y tampoco me pertenecen, los he recopilado desde de la red. En el caso de que me haya olvidado de hacerle la debida referencia a alguna fuente, os pido que por favor me aviséis de la autoría de los mismos envíandome un correo a:                     esf@espanolsinfronteras.com

 

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