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Historia de la música

 

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HISTORIA DE LA MÚSICA - concepto y estética de la música

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Concepto E HISTORIA de LA Música

La palabra Música procede del latín Musica, derivada, a su vez, del griego Mousike, palabra esta última que tenía en su origen dos significados: uno general que abarcaba todo lo relacionado con la educación del espíritu (colocada bajo la advocación de las nueve Musas o diosas de las artes), que se complementaba con la educación física o gymnastike, y otro específico de arte sonoro, que es el que ha llegado hasta nosotros.

La dificultad para definir la música ha sido siempre proverbial. Ya Aristóteles llegó a la conclusión de que, aunque la noción de Música era comprendida por todo el mundo, resultaba extremadamente difícil llevar a cabo una definición. No obstante, podemos definir la música como el arte que se ocupa del material sonoro y de su distribución en el tiempo. La unidad mínima de la organización musical es la nota, un sonido con un tono y una duración específicos, de cuya combinación surgen melodías y acordes. La organización de la música implica por lo general la presentación de un material básico que podrá luego repetirse con precisión o con cambios (variaciones), alternarse con otros materiales o seguir actuando continuamente para presentar nuevo material.

Tenemos, por lo tanto, dos componentes básicos dentro de la música: el sonoro y el temporal que se presentan unidos de forma inseparable, tanto en la creación como en la ejecución y en la audición. Junto con ellos, es preciso tener también en cuenta el componente intelectual, es decir, cómo influye la música sobre el estado de ánimo de los oyentes.

Estos tres componentes, los dos primeros referidos a la música en sí y el tercero a su influencia sobre el oyente, han recibido diferente importancia en los autores que se han preocupado de la materia. Algunos, como San Agustín o San Isidoro, han hecho hincapié en el primer aspecto (Ciencia de bien medir será la definición de San Agustín y Ciencia de armonía medida la de San Isidoro), en tanto que otros han considerado más importante el segundo. Este es el caso del filósofo y compositor Jean-Jacques Rousseau que definió la música como "Arte de expresar determinados sentimientos de un modo agradable al oído" o el compositor Héctor Berlioz que la definió como "Arte de conmover por la combinación de los sonidos a los hombres inteligentes y dotados de una organización especial".

Filosofía y Estética de la Música

Es la disciplina que se ocupa del estudio histórico de las distintas formas en las que se ha entendido la música, es decir, de la evolución histórica del concepto "música".

A lo largo de la historia, han sido diversas las maneras en las que los compositores y escritores que se han ocupado de la música la han definido, aunque, básicamente, quepa distinguir dos tendencias.

La primera de ellas, procede de la filosofía pitagórica y considera que la música está relacionada con las matemáticas, dado que se basa en correspondencias numéricas que se muestran en las distancias entre las notas y la longitud de las cuerdas en los instrumentos. Dichas correspondencias no serían sino el reflejo de la armonía universal, que se basaba toda ella en la proporción matemática. A causa de esto, se suponía también la existencia de una música cósmica, la "Armonía de las Esferas", que sería el sonido que harían los astros al girar.

La segunda de las tendencias se pone, por el contrario, en el lado del oyente y considera fundamental la capacidad de conmover de la música. La conciencia del poder de la música llevará a numerosos autores a clasificar melodías e instrumentos según el tipo de sentimiento que puedan despertar en el oyente e incluso a buscar modelos de música adecuados para cosas tan diversas como la educación o la medicina.

Estas dos ideas, adoptadas por el Cristianismo, permanecerán en la formación de los músicos hasta entrado el siglo XVIII. La segunda tendrá una importancia especial, toda vez que se verá influida por la idea de que el arte debía imitar a la Naturaleza, que será la base de la teoría artística europea hasta comienzos del siglo XX. El resultado es que la música será considerada como un arte de importancia secundaria, que debía ir subordinada a un texto al que se limitaría a ilustrar. Las causas de esto son dos: la primera, la escasa capacidad de la música para imitar, salvo ruidos concretos y de forma muy limitada, y la segunda, relacionada con la capacidad de conmover, el poder que la música podía llegar a tener sobre el alma. Todo ello hace que se considere a la música como un arte potencialmente peligroso, ya que no se dirigía al intelecto, sino al sentimiento del hombre. Por ello, se la subordina al texto y se compara su papel con el del color dentro de un cuadro. Dentro de esta tendencia cabe citar a escritores tan distantes en el tiempo como San Agustín, Leibniz o Rousseau, que incluso llegó a componer una ópera en la que ponía en práctica su teoría.

Por otra parte, la idea pitagórica hará de la música una rama de las matemáticas y, como tal, se enseñará en la Universidad desde la Edad Media dentro de las Artes Liberales que integraban el Quadrivium, Aritmética, Música, Geometría y Astronomía. Más delante, teóricos como Gioseffo Zarlino y compositores como Jean Phillipe Rameau o Johann Sebastian Bach continuarán en la estela del pitagorismo. De la mano de éstos, comenzará a extenderse la música instrumental.

Ya a finales del siglo XVIII, el inicio de las corrientes filosóficas que darán lugar al Romanticismo y la importancia que conceden a lo irracional se plasmará en una consideración completamente opuesta: la música ahora pasa a ser la más importante de las artes por cuanto habla al sentimiento y no a la razón y con ello apela a lo más profundo del ser del hombre. En palabras de Schopenhauer, uno de los muchos filósofos que, ya en el siglo XIX, se ocuparon del tema, "La música expresa lo que hay de metafísico en el mundo, la cosa en sí de cada fenómeno". Esta idea será la que predomine a lo largo de todo el siglo XIX.

A comienzos del siglo XX, la gran ruptura que supone el arte de vanguardia llevará a una diversificación de teorías en las que, no obstante, será posible observar atisbos de las tendencias básicas ya mencionadas, así como de la concepción romántica de la música. Así, el formalismo de la obra de Stravinsky es heredero de la corriente pitagórica en tanto que la música como sentimiento pervive en la obra de Richard Strauss.

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Crítica Musical

Forma parte de la Estética de la Música y se ocupa de juzgar tanto la composición como la ejecución de la música. Está relacionada, además, con la industria musical, dado que surge durante el siglo XVIII al calor de los primeros conciertos públicos y de las primeras publicaciones periódicas y se desarrolla a lo largo de los siglos siguientes.

Historia breve de la Música Occidental

Se conservan testimonios referidos a la música desde las civilizaciones más antiguas, aunque de ninguna de ellas nos ha llegado testimonio práctico alguno. Sí se conservan, en cambio, instrumentos y escritos sobre música que dan una idea aproximada de la práctica musical de estas civilizaciones (Mesopotamia, Egipto, Grecia y Roma). Se ha conservado alguna composición aislada, aunque la transcripción al sistema de notación actual resulta siempre problemática. La música de Egipto y Mesopotamia es desconocida en buena medida. Algo más se sabe de la griega y la romana, descendiente directa esta última de la griega.

En general, nos han llegado testimonios sobre la música que iba unida a la práctica religiosa de estas civilizaciones, sin que sepamos nada de la música profana hasta llegar a Grecia y a las civilizaciones antiguas que, como la china o la hindú, han perdurado hasta nuestros días. En general, estas civilizaciones otorgan a la música un origen divino y la suponen capaz de poner al hombre en contacto con los dioses, así como de curar. También es habitual, al menos desde Mesopotamia, la idea de relacionar la música con el ciclo de la naturaleza (las estaciones del año, el movimiento de los astros, etc.), que se plasma de inmediato en el tipo de escalas que emplean (escalas que se deducen de los instrumentos conservados). Tales escalas son de cinco y siete sonidos en los casos de Mesopotamia y Grecia, las dos civilizaciones de las que se ha llegado a saber algo.

Los instrumentos son de tres tipos: de viento (flautas por lo general), arpas de cuerda y, sobre todo, gran variedad de instrumentos de percusión. De Grecia y Roma han llegado a nuestros días más testimonios, lo que permite conocer mayor variedad de instrumentos, de entre ellos destacan la cítara y la lira (ambas de cuerda pulsada) y, ya en Roma, la aparición de instrumentos de viento fabricados en metal, así como la aparición del órgano, todavía movido por agua.

La influencia de estas civilizaciones en la música posterior se limitó a la teoría, dado que su tradición musical se perdió con el paso del tiempo. Sí influyó, en cambio, el primitivo canto cristiano, iniciado en los primeros tiempos de esta religión, todavía en la clandestinidad y desarrollado en las comunidades del Mediterráneo Oriental, en especial Antioquía. Dos fueron las influencias básicas a la hora de crear este canto: la música con la que la comunidad hebrea entonaba los Salmos (básica en los núcleos iniciales del Cristianismo, todavía de mayoría hebrea) y la música de los pueblos de cultura griega que rodeaban al pueblo judío y con el que se mezclaron pronto los primeros propagadores del Cristianismo. Se trataba de un canto vocal, dado que los instrumentos estaban prohibidos en el templo, en el que se entonaban tanto los salmos bíblicos como los himnos de nueva creación. La diferencia en la interpretación estaba marcada por el carácter del texto, de medida fija en los salmos y variable en los himnos. La forma de interpretación era habitualmente responsorial: un solista entonaba el canto y la comunidad respondía con un estribillo.

Tras la proclamación del Cristianismo como religión oficial del Imperio por parte del emperador Constantino (Edicto de Milán, 312), el canto de la liturgia cristiana se difundió y comenzó a mezclarse con las tradiciones musicales de las diferentes regiones que formaban el Imperio. Tras la división del Imperio llevada a cabo por Teodosio en el año 395, también el canto litúrgico se dividió en dos, una de ellas dio origen al rito romano occidental (en cuyo seno surgió, ya en la Edad media, en canto gregoriano) y la otra al que fue, tras el Cisma de Oriente, rito ortodoxo oriental.

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La Música en la Edad Media

Abarca los siglos IV a XVI y comienza por una etapa de orígenes (siglos VI a X) en la que se configura el canto gregoriano (monodia) dentro de la Iglesia y en la que aparecen los primeros ejemplos conocidos de música a varias voces (polifonía), en general sobre temas del canto gregoriano, que sólo se escribía para una voz (monodia). Poco después, comienzan a aparecer los primeros compositores profanos, los trovadores (s. XI) y troveros (trouveres) franceses y los Minnesänger o Minnesinger alemanes (s. XII). Todos ellos componen sus propias melodías y sus textos.

Al mismo tiempo, la polifonía religiosa va avanzando y llega a una primera madurez en las llamadas Escuela de St. Martial de Limoges y Escuela de Nôtre-Dame de París, en la que destacan los maestros Leonin y Perotin. Cercana a la Escuela de Notre-Dame (y a veces identificada con ella) se encuentra el Ars Antiqua (Arte Antiguo, ca. 1240-ca. 1320) en la que se desarrollan géneros como el motete y la canción polifónica y en la que destacan compositores como Jacobus de Lieja, Franco de Colonia o Adam de la Halle.

A continuación, nos encontramos con el Ars Nova (Arte Nuevo, ca. 1320-ca. 1380) Tiene su centro en París y debe su nombre a la obra del compositor Philippe de Vitry, en la que se criticaba la forma de componer del Ars Antiqua (a la que se da este nombre por primera vez) y se proponía la composición a partir de un arte nuevo que buscaría una mayor dificultad formal y que llegaría a su extremo con el Ars Subtilior (Arte más sutil) del siglo XIV. Durante este período, se perfecciona el sistema de escritura musical y se llega a tales atrevimientos en la composición para la Iglesia que el papa Juan XXII llegó a prohibir su interpretación. Ello llevará a la composición de una música más sencilla, aunque la orden papal no parezca haber sido obedecida de forma total, dado que la polifonía prosiguió su desarrollo hasta finales del siglo XVI. De entre los compositores del Ars Nova, destacan el mencionado Vitry y Guillaume de Machaut y de sus logros formales cabe destacar el comienzo de la composición de misas completas. La más antigua conservada es la Misa de Nôtre-Dame de Machaut.

En la primera mitad del siglo XIV, comienza a desarrollarse en Italia el madrigal, género profano compuesto en principio a dos voces que llegará hasta entrado el siglo XVII y que logrará gran éxito, ya que se compuso, en su estilo, por toda Europa. Es el género que marca la transición hacia el Renacimiento.

La Música en el Renacimiento

Se suele indicar como iniciadores del Renacimiento musical al grupo de compositores que se encuentran en la corte de Borgoña bajo los duques Felipe el Bueno (1419-1467) y Carlos el Temerario (1467-1477), donde se encuentran reunidos, entre otros, Guillaume Dufay, Pierre Fontaine, Robert Morton y Gilles Binchois. Por los mismos años, en Inglaterra, John Dunstable compuso según un estilo que, algo anticuado para los compositores del continente, va a inspirarles un aire nuevo, más sencillo, que busca distanciarse del preciosismo formal del Ars Subtilior. Serán Binchois y Dufay los primeros en fijarse en el modelo inglés para imitarlo. Ello se va a traducir en una melodía más fluida y un ritmo más sencillo, con frecuencia de danza. Se conoce a estos compositores como Escuela Franco-Flamenca y dentro de ella destacarán Antonie Busnois, Johannes Ockeghem en la segunda, en la tercera Jean Mouton, Heinrich Isaak, Jacob Obrecht, Josquin Desprez, Nicolás Gombert y Orlando de Lassus.

El viaje de muchos de estos compositores a Italia (así Josquin, Verdelot, Lassus o Willaert) hace que su estilo influya en el de los compositores italianos, detenidos en la tradición del madrigal primitivo. Esta influencia se hará palpable en la Escuela Romana que florece a mediados del XVI y en la que destacan Constanzio Festa, Giovanni Maria Nannino y, sobre todo, Giovanni Pierluigi da Palestrina. Estos compositores se caracterizarán por mezclar elementos de la tradición franco-flamenco con una sonoridad diferente, así como por lo abundante de su producción religiosa, adecuada ya a las normas musicales del Concilio de Trento. Algo posterior en el tiempo y ya de transición hacia el Barroco es la Escuela Veneciana, que se caracteriza por el empleo de combinaciones de varios coros y por una música de sonoridades ricas y coloristas en la que las voces humanas se mezclan con instrumentos. Destacan en ella Cipriano da Rore, Baldasare Donato y los dos Gabrieli (Andrea y Giovanni).

Los problemas religiosos del Renacimiento se muestran en la música tanto en el lado católico (como hemos visto con la Escuela Romana) como en el protestante, donde se adaptará la música a las necesidades del nuevo culto, que preferirá piezas simples, de estructura sencilla y de carácter popular. Destacan compositores como Hans Leo Hassler, Michael Praetorius o Lukas Ossiander.

En la España del Renacimiento destaca la obra de Cristóbal de Morales, Francisco Guerrero y Tomás Luis de Victoria, tres de los principales compositores del período.

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La Música en el Barroco

El período barroco se extiende en la música entre, aproximadamente, 1600 y 1750 y se caracteriza, principalmente, por el empleo del bajo continuo, que consiste en que la voz más grave de la pieza suene continuamente y con sus notas imponga la armonía del resto de las partes. Junto a ello, va a destacar el gusto por el contraste, que en el campo musical se muestra en el mayor empleo de instrumentos frente al predominio de las agrupaciones vocales que se habían dado hasta entonces (aunque ya en el Renacimiento se comiencen a publicar obras para conjunto instrumental). Poco a poco, los instrumentos van adquiriendo la misma importancia que los géneros vocales, haciéndose finalmente independientes de éste en el concerto grosso que enfrenta dos grupos de instrumentos, uno más grande que otro, entre los que se busca el contraste de sonido.

Junto a este gusto por el contraste, el interés del Barroco por la representación y por lo espectacular va a dar lugar al nacimiento de dos géneros de gran importancia: la ópera y el oratorio, ambos géneros cantados en los que se desarrolla una historia que en el segundo de los casos no llega a representarse por ser de tema religioso y cantarse en la iglesia. El éxito popular de la ópera hace que la música religiosa acerque a aquella sus estructuras en géneros preexistentes como la misa, el motete o la pasión.

Por su parte, la ópera será el mejor testigo de la evolución de la sociedad del Barroco. Las polémicas en torno a la licitud de la ópera como espectáculo y el nacimiento de la ópera bufa, retrato de la sociedad burguesa que empieza a crearse, marcan la transición hacia el Clasicismo.

En toda la música del Barroco tiene gran importancia de llamada "Teoría de los Afectos", que pretendía que cada tipo de música correspondía con un estado anímico diferente. Ello se plasmará sobre todo en la ópera, pero será frecuente también en la música instrumental, pues se asignaba a cada instrumento una de las situaciones anímicas.

En el período barroco aparece la mayor parte de los géneros que llegan hasta el siglo XX. Así, además de la ópera y el oratorio ya mencionados, surgen géneros instrumentales como la sinfonía, el concierto, la sonata o la suite. Asimismo, es en la época barroca cuando se consolida el sistema tonal que ha de emplear la música europea hasta comienzos del siglo XX.

De entre los compositores principales de este período, destacan Johann Sebastian Bach, Georg Friedrich Händel, Antonio Vivaldi, Henry Purcell o Georg Philipp Telemann.

La Música en el Clasicismo

El Clasicismo abarca aproximadamente la segunda mitad del siglo XVIII y supone el período que en el resto de las artes es conocido como Neoclasicismo. En música, al no existir apenas vestigios musicales de la antigüedad grecorromana, se emplea el término Clasicismo y se toma como referencia su doctrina estética: medida, número y orden son los cánones clásicos de la composición. Se pretenderá imitar la naturaleza incluso en la música; para ello, se tiende a la simplicidad de formas y a la claridad de líneas.

Desde el Barroco, se llega hasta el Clasicismo a través del llamado Período Galante, que se oponía a la rigidez y la complejidad del Barroco y buscaba una música fácil de comprender en la que la melodía tenía un papel principal. Esta facilidad da paso a la claridad de líneas mencionada, claridad que no significa falta de sentimiento, muy al contrario, pronto serán evidentes en la música las huellas del movimiento poético Sturm und Drang (Tormenta e Impulso) que se plasmarán en el llamado Estilo Sentimental que primará en la música de la Escuela de Manheim. Finalmente, se entiende por Clasicismo Pleno el que abarca los años de Haydn, Mozart y Beethoven, que constituyen la llamada Primera Escuela en Viena.

En los géneros se producen algunos cambios y mientras desaparecen la suite y el concerto grosso y cristalizan la sonata y la sinfonía, se mantienen la ópera, el oratorio, aunque con transformaciones debidas a los cambios en los gustos del público, que se diversifica y busca también argumentos cómicos. Asimismo, se evidencia la importancia del público en la abundancia de música de cámara compuesta y publicada para que los aficionados la interpretaran en veladas domésticas.

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La Música en el Romanticismo

El período romántico abarca en la música desde 1800, fecha de la Primera Sinfonía de Beethoven, hasta 1914, fecha del inicio de la Primera Guerra Mundial. Beethoven será el autor que sirva de bisagra entre el Clasicismo y el Romanticismo, pues su formación y buena parte de su obra serán clásicas, pero su actitud como artista será ya plenamente romántica. Beethoven será, además, la figura paradigmática que sirve como modelo a todos los románticos.

El Romanticismo se caracteriza por la búsqueda de lo absoluto que se plasma en la reacción contra los cánones clásicos, la prioridad de la expresión de la propia intimidad y el deseo de conmocionar afectivamente al público. La mencionada búsqueda de lo absoluto se plasma en la consideración de la música como un lenguaje privilegiado capaz de llegar al sentimiento sin pasar por la razón. De esta manera, la música instrumental tendrá gran desarrollo, marcado en buena medida por el deseo del compositor de hacerse con un lenguaje propio, aunque la música vocal conozca también un auge merced a la importancia que se otorga a géneros como la ópera y la canción.

El público se convierte en árbitro del éxito. Los compositores no escriben ya para la nobleza o la Iglesia, sino para el gran público. Al mismo tiempo, los avances tecnológicos en el campo de los instrumentos musicales les otorga una mejor sonoridad y una mayor capacidad técnica. El piano será el instrumento más afectado por estas mejoras y, a la vez, el que tenga un mayor éxito social, tanto en salas de concierto como en salones particulares.

Los compositores van a buscar un estilo que les distinga y para ello harán un uso muy personal de los procedimientos de composición heredados del Clasicismo. Ello redundará en una debilitación del sistema tonal que se había creado a partir del Barroco.

El Romanticismo se inicia, musicalmente hablando, en la Viena de principios del XIX para acabar alcanzando a Europa entera y a los puntos más europeizados de otros continentes y se caracterizará por los contrastes: el intimismo de la música de cámara o la canción junto a lo aparatoso de la ópera o de la gran orquesta sinfónica, que aumenta cada vez más a lo largo del siglo, o el universalismo y la búsqueda de lo absoluto del genio romántico frente al interés por el folclore que se muestra en la aparición de las escuelas nacionalistas rusa o checa.

También será el siglo XIX el que vea el comienzo de los estudios musicológicos de carácter histórico que permiten conocer numerosas obras del pasado que se habían olvidado.

De entre los compositores destacan, además del mencionado Beethoven, Franz Schubert, Robert Schumann, Johannes Brahms, Férenc Liszt, Felix Mendelssohn, Richard Wagner, Hector Berlioz, Gioacchimo Rossini o Giuseppe Verdi.

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La Música en el siglo XX

El siglo XX se va a caracterizar, como en el resto de las artes, por la ruptura con la tradición cultural anterior y por la diversidad de estilos que surge de tal ruptura.

Ya dentro del siglo XIX, comienzan a surgir compositores que buscan un camino nuevo que se aparta de la tradición seguida hasta aquí. Cabe destacar en este aspecto a Claude Debussy y a Maurice Ravel, principales integrantes del Impresionismo francés o a los compositores del Expresionismo alemán. Junto a ellos, aparecen compositores que, como Gustav Mahler o Richard Strauss, llevan a sus últimas consecuencias los logros del Romanticismo en el llamado Post-romanticismo.

No obstante, esta situación se romperá con el deseo de las Vanguardias de romper con la tradición para buscar un sistema musical nuevo. En este campo destacarán los integrantes de la Segunda Escuela de Viena, Alban Berg, Arnold Schönberg y Anton Webern, que cultivarán el Dodecafonismo o uso libre de los doce sonidos de la escala cromática, estilo que se seguirá usando años después de la muerte de sus primeros cultivadores. Ejemplo de estos continuadores serán Luigi Dallapiccola y Olivier Mesiaen.

Otra forma de oposición al espíritu del Romanticismo es el Neoclasicismo, que surge hacia 1920 y que incluye los logros compositivos del Impresionismo y el Expresionismo. La actitud antirromántica se muestra en la importancia que se da a la forma frente al predominio del sentimiento en la música del XIX. Destacan entre sus cultivadores Igor Stravinsky, Sergei Prokoviev, Darius Milhaud y Arthur Honegger.

Tras la Segunda Guerra Mundial, se produce un deseo de recuperación que se manifiesta en una creación que busca agrupar tendencias, desde la tradición clásica a los logros de la Vanguardia, pasando por la música ligera y el empleo de los avances tecnológicos en el campo de la reproducción del sonido. Será excelente ejemplo de esta tendencia el británico Benjamin Britten, que emplea de forma ecléctica los estilos más diversos de acuerdo con el espíritu de la obra a la que se enfrente.

Otras tendencias de postguerra serán la Música Concreta de Pierre Schaeffer, la Música Experimental (obras musicales que a menudo se interrelacionan con el teatro, la danza, la plástica y otras artes) del estadounidense John Cage, el Serialismo en el que trabajan Geörgy Ligeti y Kristof Penderecki, la Música Electroacústica, iniciada por Eimert y continuada por Stockhausen o el Minimalismo de La Monte Young, Terry Rirey, Steve Reich y Philip Glass.

A pesar de todos los cambios acontecidos, la ópera sigue viva como género e institución. Entre sus principales representantes están el mencionado Benjamin Britten y Hans Werner Henze. No se trata, no obstante, de óperas convencionales, o no siempre, sino que buscan experimentar a la vez con las nuevas tendencias dramáticas y musicales. Asimismo, se recurre otra vez a los antiguos géneros (sinfonías, cuartetos de cuerda) y también a combinaciones de los mismos, aunque sin las profusas explicaciones que la vanguardia de los años cincuenta y sesenta, se sentía obligada a dar para justificar su pluralidad musical.

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Elementos básicos de la Música

Los elementos básicos de la música son aquellos que se emplean para organizar cualquier tipo de pieza musical, desde una melodía simple con una escala de tres notas y una duración mínima (como sucede en la música folclórica más simple), hasta las obras más complejas imaginables. Los dos elementos básicos son el sonido y el ritmo. Ambos aparecen de forma conjunta en la música ordenados a partir de estructuras sonoras y rítmicas que son distintas en los diferentes sistemas musicales que conviven en el mundo. Las estructuras rítmicas básicas son el pulso y el compás y las melódicas, la melodía y la armonía.

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Sonido musical

Características del sonido musical

En principio, todo sonido es susceptible de convertirse en música, aunque cada uno de los sistemas musicales correspondientes a las diferentes culturas tiende a seleccionar un tipo de sonido en el que basar su música.

En el sistema musical occidental en el que, todavía hoy, se mueve nuestra música, la base es el tono, que se distingue del ruido por su autonomía sonora, esto es, porque son sus características las que lo definen y no, como sucede con el resto de los sonidos, su procedencia. De esta manera, en tanto que reconocemos el sonido de una puerta al cerrarse o el de un pájaro que canta, el tono se reconoce por la regularidad y la altura de sus frecuencias, aunque su timbre sí que venga determinado, en buena medida, por el del instrumento que lo emita.

Tradicionalmente se han señalado cuatro características del sonido musical: su altura en la melodía y la armonía, su duración en el tiempo que dura la pieza, su intensidad en el movimiento de ésta y el timbre, que procede del instrumento y dará un color peculiar al conjunto en el que se integre.

Cuando dos tonos suenan a la vez, nos encontramos con un intervalo. Los intervalos pueden medirse en unidades llamadas cents Los intervalos más pequeños de la música occidental, los semitonos (que corresponden a la mitad de un tono) equivalen 100 cents, pero en otras culturas musicales también pueden encontrarse intervalos de alrededor de 50, 150 ó 240 cents, por poner algunos ejemplos. El oído humano puede distinguir intervalos de hasta 14 cents.

Se llama afinación al ajuste de las frecuencias y altura del tono. Un tono en su punto concreto de frecuencias sonoras y de altura será un sonido afinado. Para afinar los instrumentos, se toma un nota de la escala como base. En la tradición musical occidental, esta nota es el La de la escala y su altura (medida en Herzios por segundo) ha ido transformándose a lo largo del tiempo. El La actual es el que se encuentra a 440 Herzios por segundo de frecuencia.

La afinación de dos sonidos se comprueba, por tanto, por la igualdad de sus frecuencias. Esta comprobación es la que se lleva a cabo en las orquestas antes de los conciertos: el concertino de la orquesta da la nota La que sirve como base, y todos los instrumentistas comprueban que el de sus instrumentos coincide con el que se les ha dado.

Melodía, escala y tonalidad

La melodía es un conjunto de sonidos que forman una frase reconocible como tal por el oyente. Forma parte de todo sistema musical, incluso del más simple, y está relacionada, en su origen, con el propio lenguaje del hombre (hay estudios al respecto que la emparientan con el parloteo de los niños que aún no saben hablar). Sus características son diferentes en culturas, pueblos, regiones y aun clases sociales distintas.

La escala es un grupo de notas separadas por unos intervalos específicos que se sitúan siempre en el mismo orden y que se agrupan en torno a una de ellas, por lo general la primera, que constituye su centro y a la que se conoce como tónica. De esta manera, la escala constituye un esquema básico que se emplea al construir la música desde sus estados más primitivos. Todos los sistemas musicales, aun los más rudimentarios, cuentan, por tanto, con una escala que es la base de su música.

El sistema occidental cuenta con dos escalas: una diatónica, de siete sonidos, y otra cromática, de doce, y constituye una octava, es decir, va desde uno de los siete sonidos de la diatónica hasta su repetición (Do, Re, Mi, Fa, Sol, La, Si, Do). Hasta principios de nuestro siglo se entendió que la escala cromática procedía de la diatónica y que las cinco notas de diferencia entre ambas eran producto de la alteración de las siete notas naturales. Ambas escalas pueden encontrarse en modo mayor o en modo menor, según se ordenen sus intervalos. Las siete notas que constituyen la escala reciben el nombre de grados. Los dos más importantes son la tónica, o primer grado, y la dominante, o quinto grado. Su importancia reside en que la primera inicia y concluye la escala en tanto que la segunda la divide en dos mitades desiguales. Musicalmente hablando, la tónica supone un punto de reposo, dado que es el límite de la escala, y la dominante un punto de tensión, dado que está en la mitad y entre los dos puntos de reposo. Este equilibrio entre tensión y reposo es la base de la música occidental. El resto de los grados de la escala ocupan su puesto en función de estos dos.

Otros sistemas cuentan con escalas distintas que, a veces, han influido en nuestra música, así la escala pentatónica o de cinco sonidos propia de la música de Extremo Oriente o la escala de tonos enteros de Oceanía que consta de seis sonidos. Ambas escalas pueden oírse en obras de ambientación oriental de autores como Debussy o Stravinsky.

La relación entre melodía y escala es muy cercana, dado que la escala se deduce habitualmente de los hábitos melódicos de un determinado sistema musical. De hecho, los modos de cada escala (recordemos que los de la escala occidental son el mayor y el menor) no son sino variedades melódicas muy desarrolladas que no se pueden reducir a excepciones al esquema que supone la escala.

En algunos sistemas musicales, las escalas constituyen patrones fijos que no se pueden alterar de ninguna forma. En algunos casos, es necesario que la escala comience en una determinada nota y sólo en ella. De este modo pueden aparecer, por ejemplo, escalas de Sol o de Re. En el sistema occidental, en cambio, las escalas pueden transponerse a cualquier altura tonal. Esta posibilidad da lugar a las distintas tonalidades que no son sino la misma escala a diferentes alturas de sonido.

Armonía

La armonía constituye la dimensión vertical de la música, dado que aparece cuando aparecen dos sonidos o más de forma simultánea. Cuando son dos sonidos hablamos de intervalos y cuando son más de dos, de acordes. El desarrollo armónico del sistema occidental ha sido mucho mayor que el del resto de los sistemas conocidos, centrados más en aspectos rítmicos o melódicos.

Ritmo

Se entiende por ritmo la alternancia de elementos fuertes y débiles. El ritmo forma parte del mundo del hombre, e incluso de su propia anatomía. En efecto, el ritmo de la respiración o los latidos del corazón muestran ya un ritmo dentro del que vive el hombre. De acuerdo con ello, en todas las artes aparece un sentido rítmico que es especialmente claro en la arquitectura, donde los espacios y los volúmenes se sitúan de forma ordenada.

No obstante, en música el ritmo se entiende como la división de un espacio de tiempo en partes perceptibles por el oído. Aunque en música el tiempo se expresa básicamente mediante las longitudes de las notas y su ausencia (silencios) y las relaciones entre ellas, también la melodía y la armonía influyen sobre el ritmo situando determinados elementos sobre una parte fuerte y otros, sobre la débil. La mayor parte de la música occidental está construida sobre una estructura de pulsos que aparecen de forma regular.

Pulso, medida y compás

Son los elementos en los que se plasma el ritmo. El pulso es la unidad acentual básica de una pieza. Esta unidad se concreta en la medida, que es la forma en que se distribuyen los pulsos dentro de un pieza determinada. Esta distribución da importancia diferente a los pulsos, estableciendo una diferencia entre pulsos fuertes y pulsos débiles y creando el esquema rítmico de la pieza, que es lo que se conoce como compás. El compás se indica al comienzo de una pieza y cada vez que, en su transcurso, cambia la medida. La forma de indicarlo es un quebrado cuyo numerador indica el número de pulsos por compás y el denominador la nota que vale un compás completo.

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Grafía musical

El método habitual para recordar y transmitir la música es oral; la mayor parte de la música del mundo se aprende de oído. La mayor parte de la música popular, especialmente la de culturas no occidentales, se compone en la mente del compositor y se transmite y memoriza oralmente. Los actos creativos de la música incluyen la improvisación, es decir, la creación de nueva música en el curso de la interpretación, en general a partir de alguna estructura previamente determinada, como las ragas de la India o los maqams del Próximo Oriente.

Por su parte, el sistema occidental ha desarrollado, en cambio, un complejo sistema de la notación que indica principalmente el movimiento del sonido y el tiempo que éste dura, con una capacidad limitada para regular otros elementos más sutiles, como el timbre. Con todo, permite transcribir un mayor número de elementos que el resto de los sistemas de grafía musical. Precisamente ha sido tal detallismo el que ha permitido el mayor desarrollo armónico de la música occidental y, en general, una mayor libertad creativa, pues el intérprete precisa mantener menos datos en la memoria que en otros sistemas.

Para la expresión gráfica de los sonidos, la música emplea el pentagrama, estructura de cinco líneas que precisa la altura de la nota a cuyo principio se coloca una clave que indica el nombre que toman las notas en el pentagrama.

Pentagrama y lineas adicionales
 


Las notas que se colocan en este pentagrama indican con precisión tanto su altura como su duración. Lo habitual es que aparezcan agrupadas en compases que se indican mediante un quebrado que se sitúa a la derecha de la clave.

Claves


Además de estos elementos, el sistema occidental emplea varios signos y frases de carácter convencional que indican aspectos como el aumento o disminución de fuerza expresiva, el carácter de la pieza o el fraseo, que se indica mediante ligaduras y otros signos de articulación y acentuación.

Además de la notación general, existen diferentes signos particulares de los diferentes instrumentos.

En la actualidad, según su altura, las notas tienen los siguientes nombres: do, re, mi, fa, sol, la, si. Las alteraciones de los sonidos se nombran añadiendo las palabras sostenido (semitono ascendente) y bemol (semitono descendente) al nombre de la nota. Si, de alterada, vuelve ésta a su posición natural, se llama becuadro a la alteración.

Redonda, negra y blanca.


Corchea, semicorchea, fusa y semifusa.


Silencios

 

Géneros y Formas

Los conceptos musicales de género y forma se hallan muy cercanos y pueden llegar a confundirse en casos como la sonata, que es género, pero también forma. Para distinguirlos podemos decir que, en tanto que la forma se refiere sólo a la ordenación del material sonoro de acuerdo con una serie de patrones que proceden de una tradición musical, el género abarca aspectos tan variados como la instrumentación a la que se somete a dicho material, el texto que se le pone, si se da la circunstancia, el lugar en el que se interpreta, etc. De este modo, una forma como el aria puede ser vocal o instrumental y, según lo sea, pasará a formar parte de géneros como la ópera o el oratorio (según su texto sea profano o religioso) en el primer caso y de una suite o de un concierto en el segundo.

De acuerdo con los instrumentos que forman parte de ellos, los géneros se dividen en vocales e instrumentales y, por otro lado, en sinfónicos y de cámara.

Géneros vocales son aquellos en los que la voz humana ocupa parte protagonista, con o sin acompañamiento instrumental, ya solo, ya en conjunto. Los principales son la ópera (representación dramática cantada y acompañada toda ella de música; cuenta con una serie de géneros cercanos como la opereta, la comedia musical o la zarzuela en los que se mezclan partes habladas y partes cantadas), el oratorio (desarrolla una historia de tema religioso que no se representa y que, a veces, cuenta con un narrador; agrupa también a misas, pasiones y otras piezas de texto religioso compuestas con solistas, coro y orquesta), la canción y diversos géneros corales como el motete o el madrigal.

Dentro de los géneros vocales, se distingue entre géneros grandes (ópera, oratorio) y géneros pequeños (canción, madrigal) en atención tanto a su duración como a los efectivos que son necesarios para interpretarlos. No existe, a pesar de ello, un término que englobe a estos dos.

Géneros instrumentales son los que están escritos sólo para instrumentos. Dentro de ellos se distingue entre géneros sinfónicos, que son aquellos que precisan de una orquesta para su ejecución, y géneros de cámara, que son los compuestos para una plantilla musical reducida. De entre los primeros destacan la sinfonía (obra para orquesta en cuatro movimientos) y el concierto (obra en tres movimientos en la que alternan uno o varios solistas y la orquesta). Los géneros camerísticos suelen recibir el nombre a partir del número de sus integrantes (trío, cuarteto, quinteto, octeto, etc.), aunque algunos reciben el nombre de su función original (serenata, divertimento).

Por su parte, las formas musicales son patrones estilísticos que permanecen con el paso del tiempo y que aparecen como estructura de diferentes géneros. La más importante de todas es la forma sonata, que se constituye a partir de un tema inicial, al que sigue un segundo tema, un desarrollo de ambos y una reexposición del primer tema que conduce a la coda final y que sirve como esquema de desarrollo, por ejemplo, a la sinfonía. No obstante, la sonata es también un género camerístico en el que uno o dos instrumentos tocan como solistas con un tercero que les acompaña. Es el esquema de estas sonatas el que acabará convirtiéndose en forma.

Otras formas de importancia son la fuga, el rondó, el aria y el aema con variaciones.

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Estilos Musicales

Dentro de nuestro sistema musical, a partir del siglo XIX, se han ido creando una serie de estilos que proceden ya del cruce de nuestro sistema clásico con otros sistemas musicales ya con un deseo de novedad. Se conoce a éstos por estilos populares tanto por su origen como porque forman la base del estilo internacionalmente reconocido como tal.

Los principales estilos son el country, que procede de la música que los emigrantes irlandeses y escoceses de los estados del Medio Oeste norteamericano, el jazz y la música afroamericana, que surge del contacto entre la s los esclavos africanos del sur de los Estados Unidos y el estilo clásico, la música afrocaribeña, el rock, el pop y el folk, los tres derivados de los anteriores a partir de diferentes fusiones y transformaciones derivadas tanto de fenómenos musicales como de acontecimientos sociales. De ellos derivan otros estilos que, a veces, suponen una fusión de varios de los principales. Por otro lado, estos estilos han influido también en la evolución del estilo clásico. La característica principal de estos estilos es su difusión más allá de su ámbito original.

Por otro lado, encontramos también estilos que no se han apartado de sus orígenes ni en lo que a su sonido se refiere ni en cuanto a su lugar de cultivo. Es el caso del flamenco y de la música étnica.

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Enseñanza de la Música

Todos los elementos materiales de la música tienen en su sistema técnico una traducción oral y otra gráfica, así como también un léxico y una escritura propios.

En la actualidad, la enseñanza musical se lleva a cabo en el Conservatorio y se centra en la práctica de la lectura y análisis de partituras unida al manejo de uno o varios instrumentos. Los niveles habituales en esta enseñanza son dos: el primero, en el que se aprende a reconocer los signos musicales y los principales géneros y estilos de la tradición musical occidental. Las disciplinas principales de esta etapa son el solfeo, que consiste en el reconocimiento de los signos musicales y en su lectura, la armonía, que estudia los acordes y sus relaciones, y el contrapunto, que estudia la conducción de las diferentes voces a la vez en sus dimensiones melódica y armónica. A estos estudios de tipo teórico acompaña la formación técnica y de carácter interpretativo aplicada a un instrumento.

El segundo nivel de los estudios musicales cuenta con tres ramas principales: el perfeccionamiento en el manejo de un instrumento, la composición en la que se busca potenciar lo que de creativo haya en el alumno más allá de su faceta como intérprete y la musicología, centrada en los estudios de carácter histórico y teórico.

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Grabación y reproducción musical mecánica

Reproducción del sonido

Los primeros logros en la reproducción del sonido son los autómatas. Se conservan noticias sobre autómatas desde fecha tan temprana como el año 1500 a.C. en Egipto. En fechas más cercanas, los carillones de los relojes se conocen desde el siglo XIV y su mecanismo (un cilindro de metal con púas que impulsa un teclado o similar que produce el sonido, tal y como funcionan las cajas de música) permitía repetir una serie de melodías previamente preparadas.

Posteriores son los instrumentos mecánicos, tales como el órgano hidráulico o el organillo, para los que llegaron a componer piezas autores de la talla de Haydn, Mozart o Beethoven. De entre ellos destaca la pianola, que permitía también que los autores grabaran su sonido tocando en ellas (gracias a ello hemos conservado testimonios de la forma de tocar de Edvard Grieg, Gustav Mahler o Claude Debussy.

A mediados del siglo XIX, se comenzó a investigar la posibilidad de reproducir de forma mecánica el sonido real de un intérprete, así, en 1857, el francés Léon Scott inventó un Fonoautógrafo que no tuvo demasiado éxito. El resultado definitivo lo obtendría Thomas Alva Edison al inventar el fonógrafo en 1877. La grabación se llevaba a cabo sobre unos cilindros de hoja de lata (que pronto fueron sustituidos por otros de cera) que después reproducían lo grabado merced a una aguja que "leía" los surcos en los que se había registrado el sonido. El sonido era ampliado por un altavoz con forma de embudo. Poco después, en 1888, Emile Berliner optó por grabar sobre un disco también de cera. Aunque ésta sería la forma que acabaría por triunfar (sobre todo por la mayor facilidad para realizar copias), disco y cilindro compitieron durante cerca de veinticinco años.

El aparato de Edison, perfeccionado y con un nuevo nombre, gramófono, será ya objeto relativamente frecuente hacia 1920. Pronto se le añaden elementos que lo mejoran, tales como controladores de tono y volumen, altavoces y un mecanismo automático de cambio de disco. Con todo ello aparece un nuevo nombre, tocadiscos, con el que llega hasta nuestros días. No obstante, también el sonido se perfecciona paso a paso hasta llegar a la grabación estereofónica en 1957. De este modo, el oyente podía tener la misma sensación que en el concierto o la representación, toda vez que contaba con dos canales de sonido.

Parecida evolución sufre el disco que pasa a fabricarse en pizarra (y más adelante en laca) y con una mayor duración. No será, sin embargo, hasta 1948 cuando aparezca el microsurco que, merced a una distancia menor entre los surcos y un mayor número de revoluciones por minuto (33, frente a las 78 empleadas hasta ahora) alcanzaba una duración de cerca de media hora por cada cara. Será el disco de larga duración también conocido como LP (siglas de Long Play, ´larga duración´) que llegará, con leves transformaciones hasta la actualidad. La principal de entre ellas será el empleo del vinilo y el poletileno (más flexibles y, por ello, más difíciles de romper que la pizarra o la laca) como materiales.

Finalmente, a principios de los años ochenta, comenzó a desarrollarse la aplicación del láser a la reproducción del sonido. Gracias a ella, las distorsiones debidas a las agujas que los tocadiscos empleaban para "leer" los surcos, desaparecen. El láser "lee" la información codificada en el soporte (protegido por una carcasa de plástico que impide su desgaste) sin provocar la menor distorsión. Su éxito se ha visto repetido en lo que a la grabación y emisión de imágenes se refiere.

Respecto del empleo de técnicas magnetofónicas, sus orígenes son casi tan antiguos como los del cilindro y el disco, aunque comenzase por aplicarse sólo al envío de telegramas. Su desarrollo fue más lento que el del disco y no fue hasta finales de los años cuarenta cuando comenzó a haber cierto interés en los magnetófonos. La aparición del sonido estereofónico fue un importante inconveniente para su desarrollo, pues los aparatos monofónicos no estaban capacitados para emitir en estéreo. No será hasta que estas dificultades se solucionen, ya en los años sesenta, cuando los cassettes tengan una difusión importante. Posteriormente, el desarrollo de la grabación magnética se ha aplicado también con éxito a la reproducción de imágenes.

Técnicas de grabación

Las primeras grabaciones se llevaban a cabo de forma analógica: el intérprete debía colocarse lo más cerca posible de una embocadura que llevaba la voz hasta los mecanismos de grabación y tocar o cantar al mayor volumen posible para evitar que el sonido se perdiese. Una aguja grababa sobre el soporte las vibraciones del sonido que pasaba por la embocadura. No será hasta 1924 cuando el uso de micrófonos y amplificadores eléctricos permitirá una mayor calidad del sonido y unas condiciones más cómodas para la grabación.

En los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, se dará gran importancia al perfeccionamiento del sonido, para lo que será de gran ayuda la evolución de la radio. Un paso de gran importancia se dará en 1957, cuando se dé paso a la grabación estereofónica, obtenida a partir de dos micrófonos en lugar del único utilizado hasta ahora. Posteriormente, se emplearán cuatro y más micrófonos de modo que aumente más cada vez la sensación de sonido real.

Supondrá un gran paso en este aspecto, a finales de los setenta, el desarrollo de la técnica digital, que convierte la señal acústica en una serie de impulsos codificados que sustituyen con ventaja a la grabación analógica empleada hasta ese momento, grabación que se limitaba a "copiar" el sonido real. De esta manera, se evitan distorsiones y el sonido se hace todavía más parecido al original.

Mientras, el empleo de la cinta magnetofónica en las grabaciones facilita en gran medida el trabajo de montaje, toda vez que no sólo es un material más fácil de manejar, sino que permite también un montaje más sencillo de las tomas finalmente seleccionadas.

Para más información véase Grabación y reproducción de sonido y vídeo.

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La industria musical

Desde que un compositor concluye una obra hasta que ésta se interpreta en público son precisos ciertos pasos que van desde el registro de la obra por parte del autor para evitar el plagio hasta la búsqueda de intérpretes y de local donde llevar a cabo la interpretación o de una editora musical donde imprimir o grabar la obra. Estos aspectos, junto con la construcción de instrumentos, constituyen la industria musical.

Dichos mecanismos se centran en cuatro industrias diferentes:
Construcción de instrumentos

También conocida como luthería, la construcción de instrumentos se lleva a cabo de forma especializada. Los constructores o luthiers construyen una sola clase de instrumentos de los que conocen todas las peculiaridades, desde el material más adecuado para su construcción hasta las mejores condiciones de conservación. En ocasiones, los constructores forman grandes compañías, sobre todo cuando se trata de fabricar instrumentos con gran número de piezas (como el órgano o el piano), o bien instrumentos de los que hay gran demanda. Sin embargo, junto a ellos existe un número importante de constructores artesanos que construyen de encargo no sólo instrumentos actuales, sino reproducciones de instrumentos antiguos. Muy cercanos a ellos se encuentran los restauradores que devuelven a su estado primitivo instrumentos dañados por el paso del tiempo.

En la actualidad, la construcción presenta una nueva faceta en lo referente a los instrumentos electrónicos, que se fabrican en serie y en los que el sonido tiende a estereotiparse, con detrimento de la calidad de la interpretación. No obstante, su mayor facilidad de uso y su amplísima gama de posibilidades ha hecho que tengan gran éxito y que sean empleados cada vez con mayor frecuencia.

Publicación de partituras

La publicación de partituras se ha llevado a cabo desde siempre por una serie de casas especializadas que han satisfecho las exigencias del mercado y que han contactado directamente con los compositores. Poco después del establecimiento de la imprenta, algunos impresores comenzaron a editar libros de música. Dos eran, en principio, los grandes receptores de la música impresa, por un lado la Iglesia, que contaba así con un material mejor para sus coros y, por otro, la incipiente burguesía urbana, que disfruta haciendo música en casa y que compra obras de no demasiada dificultad con las que pasar la velada.

La importancia del segundo receptor se hará más y más importante con el paso del tiempo, en tanto que las obras grandes (óperas, oratorios, conciertos o sinfonías) o no se editaban o conocían ediciones minoritarias que se llevaban a cabo para el estudio y la ayuda a la interpretación. La edición, en cambio, de música para la ejecución doméstica será la base comercial de estas grandes casas.

Ya en el siglo XX, la difusión de la música grabada y de la radio hizo disminuir la publicación de este tipo de piezas. A causa de esto, las grandes casas editoras se han especializado en la edición de partituras de estudio y en la edición crítica de música clásica.

Organización de conciertos y festivales

A pesar del papel cada vez mayor de la música grabada, la importancia de la música en directo no ha decrecido. Muy al contrario, los discos suelen ser excelente medio de publicidad para los conciertos de los artistas de éxito. Es frecuente que dichos conciertos no se celebren aislados, sino en el marco de festivales y encuentros muchas veces de importancia mundial.

La costumbre de celebrar conciertos públicos comenzó en la Inglaterra del siglo XVIII y se generalizó durante el siglo XIX. Desde entonces hasta la actualidad, ha sido cada vez mayor la diversificación de locales y programas posibles. También es de origen inglés la celebración de festivales, en los que la música cuenta con una parte importante, cuando no exclusiva. De entre los festivales de música más importantes del mundo se encuentran los de Salzburgo, Edimburgo, Bayreuth y Lucerna. Dentro de España, destacan el Festival de Música de Canarias, el de Perelada y el Festival de Jazz de Vitoria.

Los instrumentos musicales

Los medios materiales de interpretación de la música son los instrumentos musicales. Éstos pueden ser naturales o fabricados. De los primeros es el más importante (además de ciertos tipos de percusión corporal) la voz humana.

Historia de los instrumentos

Todas las sociedades tienen música vocal y, con alguna excepción, instrumentos. Entre los más sencillos están los palos que se golpean entre sí, los palos con muescas que se frotan, las carracas y las partes del cuerpo que se usan para producir sonido, como las palmas. Estos instrumentos simples se encuentran en muchas de las culturas tribales. En todo el mundo se pueden utilizar como juguetes o para participar en rituales arcaicos.

Los instrumentos con los que contamos en la actualidad proceden, en su mayor parte, de las civilizaciones de la Antigüedad. Muchos de ellos, especialmente de viento y percusión, procedían del Mediterráneo Oriental y llegaron a Europa ya a través de Bizancio, ya por influencia de los musulmanes españoles. Los instrumentos de cuerda que han llegado hasta nosotros se desarrollan, en cambio, a lo largo de los siglos VIII y IX y son de factura europea. No están emparentados por lo tanto (al menos que se sepa) con las arpas sumerias, egipcias o hebreas de las que nos han llegado noticia y reproducciones, pero de las que se desconoce tanto el número exacto de cuerdas como el método de afinación.

Las civilizaciones antiguas cuentan básicamente con instrumentos de percusión y, en estadios algo más avanzados, de viento de fabricación simple y destinados a funciones concretas, tales como la celebración de fiestas o actos religiosos. Los instrumentos de cuerda, en cambio, pertenecen a un estadio más avanzado y, por su menor sonoridad, parecen destinados al cultivo doméstico de la música.

A lo largo de la Edad Media, los instrumentos van a permanecer casi sin cambios. En el Renacimiento se crean las familias completas de instrumentos que conocemos hoy, (cuerda, viento metal, viento madera y percusión), aunque no estén integradas todavía por los mismos instrumentos que en la actualidad, y se perfeccionan el mecanismo y la afinación de los instrumentos más graves. El perfeccionamiento de los mismos instrumentos prosigue a lo largo del Barroco sin que, sustancialmente, se cree ninguno nuevo. Sí que hay, en cambio, nuevas denominaciones debidas a los perfeccionamientos mencionados. El más conocido es el del violín, que pasa de ser conocido como viola alta o viola aguda a recibir el nombre que le damos en la actualidad.

A lo largo de los siglos XVIII y XIX, se van introduciendo novedades como las llaves en las flautas y se van creando nuevos instrumentos, algunos de larga vida como el clarinete y otros más efímeros como el baritón o el arpeggione. Al mismo tiempo, instrumentos con ciertas dificultades se ven progresivamente sustituidos por otros de la misma familia. Éste será el caso de la viola da gamba (uno de los instrumentos graves de la familia de la cuerda), que perderá su lugar en favor del violonchelo.

Fundamental será, en el mismo XVIII, la creación del piano para sustituir al mucho menos sonoro clave. Las posibilidades que el nuevo instrumento abría (mayores aun tras sucesivos perfeccionamientos) serán ampliamente explotadas por los compositores a lo largo de los siglos XIX y XX y darán un aire completamente nuevo tanto a la música para teclado como a la música de cámara. Asimismo, dentro de los instrumentos de tecla, tiene gran interés el desarrollo del órgano. Instrumento ligado a la música de iglesia, seguirá, no obstante, el desarrollo de la música. De este modo, a lo largo del XIX, sumará a su sonoridad característica numerosos registros que tienden a acercar su sonido al de la orquesta.

El siglo XIX es también el siglo de los inicios del coleccionismo, la catalogación y el estudio exhaustivo de los instrumentos. El desarrollo de la musicología y el interés por la música de épocas anteriores se manifestará también en el estudio de esta faceta.

Ya en el siglo XX, será fundamental la creación de instrumentos electrónicos con mucha más potencia sonora y, en ocasiones, con capacidad para imitar a varios instrumentos clásicos. Particularmente importante será el desarrollo del sintetizador, instrumento musical electrónico, que cuenta con un teclado musical y un tablero de control, con el que se pueden diseñar sonidos por la combinación de distintos elementos.

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La voz humana

Se produce al rozar el aire procedente de los pulmones con las membranas conocidas como cuerdas Vocales, situadas en la laringe. La voz humana es un instrumento melódico, pues sólo puede producir sonidos sucesivos. Comprende una escala de sonidos cuya extensión es, aproximadamente, de seis octavas, desde las voces más agudas hasta las más graves. Las primeras corresponden a voces de mujer o de niño y las segundas, a voces de hombre. De agudo a grave, la voz recibe el nombre de soprano, mezzosoprano y contralto (voces de mujer), tenor, barítono y bajo (voces de hombre). La ventaja de la voz humana sobre los instrumentos musicales está en que es el único instrumento que puede unir la palabra al sonido.

Instrumentos de cuerda o Cordófonos

Son aquellos que suenan a través de cuerdas. Se clasifican de la siguiente forma:

a) De arco: violín, viola, violoncelo, contrabajo, viola de amor y viola da gamba.
b) De cuerdas punteadas: arpa, mandolina, bandurria, guitarra y clave.
Arpa, instrumento de cuerda. (9 Kb)
c) De cuerdas percutidas: piano y clavicémbalo.

Instrumentos de viento

Suenan cuando se sopla a través de ellos. Se clasifican merced al material del que estaban fabricados. Con el paso del tiempo, algunos de ellos, como la flauta, han pasado a ser fabricados con otros materiales, aunque se ha buscado que su sonoridad no se alterase. Por esta causa, se les sigue situando en el mismo grupo.

a) Viento madera: flautín, flauta, clarinete, oboe, corno inglés y fagot
b) Viento metal: trompeta, corneta, tuba, trompa, saxofón, cornófono.
Forman capítulo aparte instrumentos como el órgano o el acordeón en los que el aire es impulsado por teclas y la armónica, en cuyo sonido interviene de forma fundamental la lengua.

Instrumentos de Percusión

Suenan al ser golpeados y se clasifican de acuerdo a la forma de producción del sonido en Idiófonos (que resuenan en sí mismos, tales como las maracas, los crótalos, etc.) y Membranófonos (que resuenan a través de una membrana (tambores, timbales, etc.).

Una segunda clasificación se lleva a cabo según sean capaces de emitir sonidos afinados o siempre emitan el mismo:

a) De sonidos determinados: timbales, campanas, carillones, juegos de timbales y xilófono.
b) De sonidos indeterminados: bombo, tambor militar, redoblante, pandero, tamboril, platillos, triángulo, tamtam, castañuelas, etc.

Instrumentos mecánicos

Aquellos que reproducen música que ha sido previamente preparada y que se activa mediante algún mecanismo. Son instrumentos como el organillo o la pianola.

Los electrófonos son instrumentos en los que se emplea la corriente eléctrica para hacerlos sonar. Su empleo en las variantes de pop y rock, así como en la llamada Música Electroacústica les convierte en verdaderos protagonistas de la música de nuestros días, cuyas posibilidades no han hecho sino comenzar a desarrollarse.

Agrupaciones musicales

Los instrumentos no actúan solos, sino agrupados en conjuntos ya vocales, como el Coro o instrumentales como la Orquesta, ya mixtos como el Ensemble.

Disciplina que se encarga del estudio de las posibilidades tímbricas de los instrumentos y de su disposición dentro de una obra concreta. Por su papel en el resultado final de la obra, se ha comparado al color en la pintura. Cuando la instrumentación se realiza para una orquesta, se habla de Orquestación.

Sistemas musicales

Las diferentes culturas que conviven en el mundo tienen también su reflejo en la música. Junto al sistema tonal en el que se mueve la música occidental, culturas como la musulmana, la hindú o la china mantienen unos sistemas musicales diferentes que, aunque cuentan con los mismos elementos básicos, se basan en principios diferentes.

El sistema musical occidental

El sistema occidental abarca a toda Europa y a aquellos puntos del resto del planeta de cultura afín a la europea.

Se caracteriza por el empleo de escalas de tonos y semitonos iguales (lograda durante el siglo XVIII) y un desarrollo armónico e instrumental mayor que el del resto de los sistemas.

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Otras culturas musicales

Conocemos también la existencia de otros sistemas musicales basados ya en escalas, ya en sistemas de afinación diferentes, y que emplean una instrumentación adecuada a ellos. En general, corresponden a grandes áreas unidas por razones ya geográficas (como en el caso de África o de los países del Extremo Oriente asiático), ya culturales (como sucede con la música de los países islámicos).

Los principales grupos son la música africana, que se caracteriza por la importancia del ritmo y por la tendencia a la repetición de sus estructuras, la música del Extremo Oriente, basada en un sistema de cinco sonidos o pentatónico que identifican con las esferas del cielo y al que dan un sentido filosófico, la música hindú, que se basa en una escala de siete grados conocidos como "shruti" y que equivalen, aproximadamente, a la cuarta parte del tono occidental; su interpretación se asocia a la conservación de los himnos védicos, la música islámica, que se caracteriza también por el empleo de escalas divididas en cuartos de tono conocidas como "Maqam" y la música de Oceanía que ha sufrido un fuerte contacto con los misioneros europeos, lo que le ha llevado a un curioso estilo intermedio.

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Los profesionales de la música

La complejidad de las actuales composiciones e interpretaciones musicales exige la formación y especialización de los músicos en diferentes disciplinas, con frecuencia complementarias. De entre los profesionales relacionados con la música los más destacados son:

Compositor

Se llama compositor al que crea una obra musical. Aunque cualquier persona es capaz de crear una obra musical, se suele entender por compositor al que ha llevado a cabo estudios de dicha disciplina en el Conservatorio. Dichos estudios se realizan como último escalón de una formación que comienza con el conocimiento y la imitación de las reglas, formas y géneros de la música clásica occidental y buscan el entrenamiento del estudiante para despertar su creatividad y su capacidad para crear dentro o fuera de dichos géneros, formas y reglas.

Arreglista

Se encarga de adaptar una obra ajena para una formación diferente de la original (por ejemplo, la adaptación para orquesta de una obra escrita originalmente para piano). En el ámbito del pop, se llama arreglista al encargado de la instrumentación de una melodía de otro autor. La mayor parte de los compositores de música pop cuentan con arreglistas que instrumentan el acompañamiento, habitualmente realizado para un solo instrumento.

Intérprete

Es el que lleva a cabo la ejecución de la obra musical. Habitualmente, el intérprete se especializa en un instrumento o estilo concreto. Esta especialización puede ser sólo fruto de una disposición natural (como sucede en el caso de los intérpretes de música folclórica) o bien de una preparación técnica y estilística que le permite comprender los detalles del instrumento o estilo al que se dedica. Esta preparación se lleva a cabo en el Conservatorio o en escuelas de música especializadas en determinados estilos, tal y como sucede con frecuencia con el jazz o el pop. Los intérpretes pueden ser solistas o miembros de algún grupo, asimismo pueden ser directores de coro y orquesta, encargados de transmitir su visión de la partitura al conjunto que ha de interpretarla.

Profesor

Se encarga de la enseñanza de la música. Su formación es la habitual en cualquier músico, aunque se especialice en la pedagogía. Los profesores de música son, básicamente, de dos tipos, los encargados de la enseñanza instrumental y los que se ocupan de materias técnicas (solfeo, armonía etc.).

Técnico de sonido

Se encarga de cuidar los elementos técnicos que acompañan a la grabación e interpretación de la música. Su trabajo comenzó con el desarrollo de la música grabada, campo en el que era el responsable de cosas tan variadas como la colocación de los micrófonos durante la grabación, la repetición de tomas, o el asesoramiento a los intérpretes en la selección final de las tomas realizadas.

Con el desarrollo de la microfonía y, más adelante, de los instrumentos electrónicos, el técnico de sonido ha ampliado su campo de acción a la interpretación de la música en vivo. Se encarga de la colocación de los micrófonos y de los amplificadores de sonido, así como del equilibrio de su sonido para que el resultado sea el deseado.

Musicólogo

Estudia los diferentes géneros y estilos musicales a lo largo de la historia, así como las diferentes técnicas de escritura e interpretación musical que han existido a lo largo del tiempo. Su labor es fundamental a la hora de conocer el contexto técnico e histórico en el que una obra se ha compuesto e interpretado. El musicólogo lleva a cabo sus estudios dentro del grado superior del Conservatorio. En ellos, estudia la evolución histórica y técnica de la música occidental en sus diferentes géneros y formas, así como amplía sus estudios a otros sistemas musicales, tanto por el interés de éstos. como por la influencia que hayan tenido sobre el sistema occidental.

Luthier

Palabra francesa (procedente del español antiguo Laudero) con la que se conoce al constructor de instrumentos musicales. Aunque en su origen, tal y como indica la palabra española, se empleaba para el constructor de laúdes, hoy se emplea para referirse al constructor de cualquier tipo de instrumento. Aunque la palabra se puede emplear para constructores industriales, lo más frecuente es que se use para referirse a constructores de tipo artesano especializados por lo general en un tipo concreto de instrumento.

La difusión y conservación de la Música

Dado el carácter sonoro de la música, ha sido siempre un problema su conservación. Por ello, se ha recurrido a diferentes medios de escritura conservados en libros, habitualmente de gran formato, dado que debían servir para la interpretación conjunta. Tras la llegada de la imprenta, se recurre al empleo de particellas, en las que se incluía cada voz por separado. Ello permitía un tamaño menor y facilitaba la impresión, pero dejaba a cada intérprete sin referencias de lo que hacían los demás. Además, con el paso del tiempo, este sistema ha dado lugar a un problema de conservación, dado que el extravío de una de las particellas supone la pérdida de la obra entera.

Ya en el siglo XVII, comienzan a publicarse partituras, es decir libros en los que se contienen todas las voces de una obra. A pesar de esto, por razones de comodidad, se seguirá empleando el sistema de particellas hasta que el desarrollo de la impresión en el siglo XX ha hecho más sencilla la edición de partituras completas.

Otro medio de conservación de la música son los diferentes soportes de reproducción de sonido.

La difusión de la música se realiza hoy día, además de en directo, a través de los medios de comunicación audiovisuales como la radio y la televisión.

La música impresa se conserva en bibliotecas, ya en grandes bibliotecas como las nacionales, ya en bibliotecas específicas como las de los conservatorios. La música grabada se conserva en Fonotecas, habitualmente asociadas a las anteriores. 

.GALERÍA DE IMÁGENES

Fuente de estos artículos: ENCICLONET - La Enciclopedia Universal - G. Fernández San Emeterio

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Estos son los mejores datos del idioma español que he encontrado en internet. Los mismos no son de mi autoría y tampoco me pertenecen, los he recopilado desde de la red. He intentado dentro de mis posibilidades poner todas las fuentes posibles, sin embargo puede que inadvertidamente me haya olvidado de alguna, si es así, podéis enviarme un correo a: esf@espanolsinfronteras.com

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Este sitio se actualizó por última vez el 04/05/2014 gif5