Zaragoza - Castillo de Jarque

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HISTORIA DE LOS CASTILLOS - DE LAS FOTIFICACIONES Y ETC...

Término procedente de la palabra latina castellum, que significa ´fuerte´, el cual a su vez es un diminutivo del vocablo -también latino- castra, que designaba al ´campamento militar fortificado´. El castillo es un lugar fuerte, cercado de murallas, baluartes y fosos, construido casi siempre en un lugar dominante, para la defensa de pueblos o comarcas, o simplemente del señor que vivía en él. En otras ocasiones, los castillos también se edificaban dentro de los núcleos urbanos, dominando así, desde su parte alta, la villa, la cual solía estar también amurallada, formando todo un conjunto defensivo, donde sobresalía el castillo.

Aunque el origen de estas fortalezas se remonta a los tiempos más primitivos de la historia del hombre, los primeros precedentes de la arquitectura castrense se hallan claramente en las fortificaciones de la antigüedad clásica. En estos primeros castillos se alojaban los caudillos y las imágenes de sus dioses y objetos sagrados, lo que confería a estas construcciones un doble sentido: militar y religioso. Al amparo de estos castillos se fueron conformando los diferentes núcleos de población, que con el tiempo constituyeron las primeras ciudades de importancia, tales como Tirinto, Atenas, Tebas, Corinto, Troya, Nicomedia... Para la construcción de estos castillos se requería un terreno elevado, pero cuando éste no ofrecía elevaciones naturales se creaban artificialmente, amontonando tierras y formando grandes terraplenes de hasta veinticinco metros de altura. Las murallas no eran muy altas, por lo que su eficacia defensiva no era la idónea. Por encima de las murallas se construían una serie de torres almenadas desde donde se podía hacer frente al enemigo una vez que éste ya hubiera traspasado las murallas. El foso, muy común en los castillos medievales, sólo se construía en aquellos castillos situados en un llano. Los romanos establecieron a lo largo del limes (frontera) todo un sistema de campamentos militares permanentes. A partir del siglo III d.C. las incursiones bárbaras fueron aumentando considerablemente, por lo que las guarniciones romanas tuvieron que prepararse para resistir los continuos ataques de los pueblos del norte sin poder contar con refuerzos. Debido a esto, los campamentos militares se reforzaron sobremanera, surgiendo así los llamados castillos fronterizos, los cuales sirvieron de modelo para los posteriores castillos medievales. Actualmente las condiciones de conservación de los castillos de la época romana no son óptimas. Sin embargo, sus ruinas permiten concluir que tenían forma regular, eran construidos con piedra y estaban dominados por una torre principal coronada de almenas.

La auténtica edad de oro de los castillos fue, sin lugar a dudas, la Edad Media; destaca sobre todo el período correspondiente al florecimiento del feudalismo. En un principio abundaron las defensas de madera, construidas a base de empalizadas, pero, a medida que se implantaba el sistema feudal, estos castillos se fueron construyendo con piedra, puesto que su finalidad era totalmente militar. El derecho a tener un castillo, con murallas, torre y foso era, en principio, muy limitado y constituía un privilegio que tan sólo concedía el monarca a los más altos dignatarios del reino, ya fueran parientes, alta nobleza o colaboradores próximos. En Francia, desde el año 960, la nobleza logró arrancar al rey la autorización para levantar estas fortalezas, de tal modo que hacia el siglo XIV había construidos unos cuarenta mil; muchos de ellos no pasaban de ser meras torres defensivas.

El castillo medieval fue producto de una evolución constante a partir de unos elementos esenciales, que eran la torre y la muralla. En un primer momento, solía construirse una simple torre rodeada por un cerca defensiva.

Paulatinamente, esa cerca era sustituida por una muralla mucho más complicada y con mejores materiales. El foso se hizo más general en la construcción de los nuevos castillos, a la par que la torre se ensanchaba. La torre principal, llamada torre del homenaje, era la residencia señorial y el símbolo del poder del castillo, a la vez que también era el reducto más fortificado y difícil de conquistar en un presumible ataque del enemigo. La muralla formaba una recinto exterior cerrado y continuo que protegía a las diferentes torres. A la muralla se le adosaron torres (cilíndricas, cuadradas, etc), que aseguraban una defensa más efectiva del castillo y posibilitaba una gran capacidad de tiro a sus defensores. Con bastante frecuencia, el exterior del muro era rodeado con un foso, natural o artificial, el cual sólo podía salvarse con un puente levadizo. Los diferentes accesos al castillo solían estar flanqueados de peines y torreones, con portales cerrados con rastrillos. Sobre la muralla, coronada de almenas, barbacanas y matacanes, corría el adarve, que era un pasillo por el que podían circular los defensores y dominar todo el perímetro externo de la muralla. Frecuentemente hubo también un paso subterráneo que daba salida al campo y que se usaba para las ocasiones más extremas de un asedio. En el interior del recinto, a medida que las necesidades se sucedían, se construyeron las diversas dependencias; no faltaban cisternas para recoger el agua, los almacenes para guardar el grano y los diferentes víveres, la capilla, el aula mayor, la sala de recepciones, las caballerizas y dependencias de los vasallos, etc. Muchos castillos eran verdaderos centros de autosuficiencia, lo mismo que sucedía con los monasterios más grandes e importantes.

Los castillos fueron auténticas fortalezas inexpugnables. Pero a partir del siglo XIII, la fisonomía de estos castillos empezó a variar gracias, sobre todo, a la mejora en el armamento ofensivo empleado para los ataques, concretamente las armas de fuego. Con la aparición de la artillería militar se podían abrir brechas importantes en las débiles murallas de los castillos. Por otra parte, en estos siglos, se produjo un paulatino robustecimiento del poder regio que tendió a suprimir esa profusión de fortalezas que sólo podían servir para favorecer el desarrollo de facciones y grupos de nobles descontentos con el poder real. La posterior consecuencia de todo esto fue la paulatina desaparición de los castillos. Además, dentro de la nobleza se produjo un afán por conseguir una vida más cómoda y suntuosa, por lo que se concedió más importancia a las partes residenciales del castillo. Como consecuencia éste se convirtió en castillo-palacio y perdió su primigenia función defensiva y militar. A partir del siglo XVI, el declive del castillo ya era evidente, quedó sustituido por el "fuerte" moderno.

Las particularidades antes citadas y las diferentes exigencias dispuestas por el terreno favorecen la gran diversidad de tipos de castillos y dificultan una mínima clasificación que pudiera abarcarlos a todos.

En la península hispana, gracias a los siglos de permanente presencia islámica, se impusieron los términos de alcazaba, alcázar y zuda para referirse a estas fortalezas. La primera era utilizada para referirse a la gran fortaleza endosada en la parte más alta de una ciudad. El segundo vocablo se refería al palacio principesco, mientras que la zuda era una alcazaba urbana. Más tarde, también se designó a los castillos con el término de fortaleza, sobre todo para referirse a las construcciones con un marcado sentido militar. De todas formas, debido a las peculiares circunstancias históricas, ya desde el siglo IX hubo una gran variedad de influencias en la construcción de los castillos. La época de apogeo de éstos se dio entre los años 1000 a 1500.

CASTILLO DE LOARRE - HUESCA

Los castillos de la Marca Hispánica, y sobre todo los pirenaicos, respondían a la tipología francesa, como por ejemplo los de Mur y Lluça, ambos del siglo XI. También se difundieron pródigamente las fortificaciones musulmanas en Andalucía, influidas por las fortalezas de tipo bizantino. Las diversas etapas de la Reconquista dieron lugar al establecimiento de verdaderas líneas de castillos que se iban erigiendo a medida que se avanzaba territorialmente hacia el sur. La Corona de Aragón, en sus múltiples empresas mediterráneas, construyó castillos en Sicilia, Apulia, Chipre e incluso Grecia. Pero fue en la Corona de Castilla (de la gran profusión de castillos le viene el nombre), donde se levantaron los castillos más grandiosos y de mayor valor artístico, sobre todo por la decoración de sus interiores a cargo de artistas mudéjares: Coca, la Mota, alcázar de Segovia, etc.

En cuanto a los musulmanes dejaron como ejemplo supremo de su maestría y refinamiento, todo un sorprendente conjunto de patios, salas, jardines y fuentes que se extendieron por los muros interiores de sus alcázares y alcazabas. Baste como ejemplo la suntuosa y refinada construcción que levantaron en la Granada de los nazaríes: la Alhambra.

Los motivos para levantar castillos se pueden resumir en tres fundamentalmente. Por un lado estaban los deseos imperialistas de los señores, querían tener controlado el territorio que se iba reconquistando a los musulmanes. El segundo motivo respondía a aspectos puramente defensivos y de seguridad, ya que las fronteras eran excesivamente móviles e inseguras. Y por último, el factor de prestigio, ya que estos castillos pertenecían a la alta nobleza de los reinos cristianos, desde donde imponía su dominio jurisdiccional sobre los vasallos.

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CASTILLO DE ALARCÓN - CUENCA

El castillo de Alarcón forma parte del conjunto de fortificaciones establecidas en torno a la villa conquense de Alarcón. Esta plaza fuerte consta de un recinto amurallado que alberga el núcleo de población y el castillo propiamente dicho, y de cinco torres exteriores aisladas y estratégicamente dispuestas.

De origen árabe, dependió inicialmente la fortaleza del emirato de Córdoba. Tras la descomposición del califato cordobés y la formación de los reinos taifas, se subordinó al de Toledo. Durante su permanencia en poder de los musulmanes sirvió de bastión defensivo en sus pugnas internas. En 1184, Fernán Martínez de Ceballos, capitán de las tropas de Alfonso VIII, asedió la fortaleza durante nueve meses y la ganó finalmente para su rey. Se vio recompensado con el privilegio de tomar el nombre de la villa por apellido, cosa que hizo, pasando a llamarse Martínez de Alarcón y dando con ello origen a este nuevo linaje.

A partir de entonces, el castillo de Alarcón mereció la atención de los sucesivos reyes de Castilla que lo engrandecieron y reforzaron, a la par que le dotaron de un fuero propio (1186) y le otorgaron el señorío de amplios territorios circundantes. Todo ello fue puesto en manos de la Orden Militar de Santiago por Alfonso VIII. Cuando en 1212 se libra la trascendental batalla de Las Navas de Tolosa, el concejo de Alarcón concurre a la misma sumando sus propias tropas a las del rey. A principios del siglo XIV, el Infante don Juan Manuel recibió de Fernando IV el señorío de Alarcón, castillo incluido. En este noble retiro escribió alguna de sus obras literarias. A la muerte del infante retornó al patrimonio real, para ser cedido ya en el siglo XV a don Juan Pacheco, marqués de Villena. El marquesado, en las personas de don Juan y de su hijo don Diego López Pacheco, tomó partido por Juana la Beltraneja y se enfrentó a los Reyes Católicos; en esta porfía perdió los castillos de Belmonte y Garcimuñoz, pero logró mantener el de Alarcón.

Superada la edad media, el castillo de Alarcón sufre el deterioro propio de un inmueble abandonado y en desuso. Recientemente ha sido rehabilitado conforme a las condiciones en que lo tuvo el marqués de Villena y está actualmente dedicado a Parador Nacional de Turismo.

Se tiene noticia que un descendiente directo de Martínez de Alarcón, actualmente reside en Perú, y cuyo nombre de pila es Aland Roberto, ha iniciado un proceso judicial para que se le otoguen los derechos de sucesión del Castillo de Alarcón.

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LA ALCAZABA DE ALMERÍA - ALMERÍA

La AlcazabaLa ciudad de Almería (en la comunidad autónoma de Andalucía, España) fue fundada en el siglo X por el rey Hakim como atalaya defensiva de la ciudad prominente en ese momento, Pechina (de ahí el nombre en árabe Al-Mariyya Bayāna. La ciudad tenía un castillo fortaleza o alcazaba y una muralla que rodeaba toda la medina y los arrabales.

La alcazaba [editar]Edificación de defensa ubicada dentro de la ciudad de Almería, exactamente en el barrio Pescaderia. Una alcazaba es una ciudadela construida en varios niveles que suele ocupar toda una elevación de terreno. Tiene muros con torres de defensa, calles, casas y mezquita.

En el año 995 Abderramán III concede a Almería la categoría de medina. Es en ese momento cuando se comienza a construir la alcazaba. Se construye también la mezquita mayor y las murallas que rodean la ciudad. La alcazaba fue una fortaleza militar y al mismo tiempo sede del gobierno. Desde este lugar se domina la ciudad y el mar.

Se perfeccionó todo el conjunto y se engrandeció con Almanzor y más tarde alcanzó su máximo esplendor con Al-Jairán, primer rey independiente taifa (1012-1028).

Primer recinto

AlmenasEs un amplio lugar que corresponde a lo que fue campamento militar y refugio para la población en caso de asedio. Contaba con buenos aljibes. En el extremo más oriental está el Baluarte del Saliente.

El Muro de la Vela separa el primer recinto del segundo. Se llama así porque allí se levantaba la campana de la vela, que anunciaba varios eventos cuando tenían lugar: barcos que entraban en la bahía, peligro, fuego, etc. Fue mandado construir por el rey Carlos III. La campana reunía con su toque a los defensores de la fortaleza. En otras épocas sirvió para marcar la hora del agua a los regantes, como toque de queda y como cierre de las puertas de las murallas y salida de las patrullas. También se la oía en las noches de tormenta. Está cobijada por una cruz y tiene un nombre: Santa María de los Dolores. (Todas las campanas tienen un nombre propio).

Segundo recinto [editar]Era la residencia para gobernantes, guardia y servidores. En realidad era la ciudad palaciega con dependencias como mezquita, baños, aljibes, tiendas, etc. Sólo quedan ruinas pero ofrece un gran yacimiento arqueológico.

Tercer recinto [editar]Se trata de la parte más moderna de todo el conjunto. Tras la toma de Almería en 1489, los Reyes Católicos mandaron construir un castillo en la parte más occidental y elevada, adaptado a las nuevas necesidades militares y a la artillería.

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ALCÁZAR DE SEGOVIA (SEGOVIA)

La situación del Alcázar de Segovia, sobre una roca labrada por los ríos Eresma y Clamores, indica el origen militar de esta fortaleza durante siglos inexpugnable.

El testimonio más antiguo de la existencia del Alcázar de Segovia es un documento de principios del siglo XII, fechado en 1122, poco después de la reconquista de la ciudad por Alfonso VI, que menciona la fortaleza como un castro sobre el Eresma. En una carta algo posterior (1155) ya se le da el nombre de Alcázar. No obstante, es muy probable que la fortificación existiese en tiempos más remotos, quizá desde la dominación romana, pues en recientes excavaciones se ha encontrado sillares de granito análogos a los del Acueducto. En la Edad Media, el Alcázar, tanto por la belleza de su situación y su indiscutible seguridad militar, como por la proximidad a famosos cazaderos en los bosques serranos, se convirtió en una de las residencias favoritas de los Reyes de Castilla.

No se han encontrado vestigios arquitectónicos notables de este Palacio Real anteriores a la época de Alfonso VIII "el de Las Navas", aproximadamente a finales del siglo XII y principios del siglo XIII. Sin embargo, lo cierto es que se consolida el proceso que de forma progresiva va convirtiendo la fortaleza en residencia cortesana. La reforma se hizo cuando se iniciaba la transición del románico al gótico, con la sobriedad elegante del estilo del Císter. Sin duda pertenece a este tiempo la gran grujía del lado norte, compuesta por una gran estancia, flanqueada en los extremos por gabinetes, al estilo oriental, llamada "sala del Palacio Mayor". Al mismo impulso constructivo, que constituye el núcleo del Alcázar, corresponde la gran torre del poniente, llamada "Del Homenaje", con su estancia cubierta de cañón apuntado, que sirvió de sala de armas, y sus ventanales germinados. A pesar del tono cisterciense de estas construcciones, lo morisco aparece en la decoración pictórica, con zócalos de lacerías pintadas de rojo sobre el fondo claro del estuco.

Alfonso X El Sabio demostró hacia Segovia una extrema predilección e hizo del Alcázar una de sus residencias favoritas, hasta los últimos años de su vida, en los que celebró Cortes en esta ciudad que le había permanecido fiel.

En el siglo XIV, Segovia fue testigo de combates entre bandos nobiliarios a los que no fue ajeno el Alcázar, obligando el nuevo empleo de la artillería a reforzar sus murallas y ampliar su sistema defensivo.

Los reyes de la dinastía de Trastámara aprovecharon la nueva crujía, construida paralelamente a la primitiva, para convertirla en un suntuoso conjunto de salones al estilo de los alcázares andaluces. La decoración gótico- mudéjar de estas salas se inicia con la reina Catalina de Lancaster, regente de su hijo Juan II. Durante el reinado de este último tuvieron lugar en el Alcázar las grandes fiestas cortesanas evocadas por Jorge Manrique en sus célebres "Coplas".

Enrique IV, tan amante de Segovia, continuó embelleciéndolo y en su reinado debió terminarse la gran torre que lleva el nombre de su padre. Fue el Alcázar fortaleza clave para el dominio de Castilla y de él salió Isabel la Católica para ser proclamada reina en la Plaza Mayor. También tuvo importancia este castillo en las luchas civiles de todas las épocas sucesivas, desde el reinado de Juana la Loca y la Guerra de las comunidades hasta la Guerra de Sucesión en el siglo XVIII y las guerras Carlista en el XIX.

Los reyes de la Casa de Austria lo visitaron frecuentemente y Felipe II celebró en él la boda de velaciones con su cuarta esposa, Ana de Austria. Este rey realizó importantes obras en el Alcázar, como el patio herreriano o cubrir las techumbres con agudos chapiteles de pizarra al estilo de los castillos centroeuropeos.

Más tarde comienza a utilizarse la fortaleza como prisión de Estado, donde estuvieron confinados importantes personajes. Así permaneció hasta que en 1762 Carlos III fundó en Segovia el Real Colegio de Artillería, cuyo primer Director fue el conde Félix Gazola, quedando instalado en el Alcázar en 1764. Este centro permaneció aquí, con leves paréntesis hasta el 6 de mazo de 1862, día en el que un incendio destruyó las techumbres. A partir de esta fecha el Colegio, luego la Academia de Artillería, pasó al Convento de San Francisco de Segovia, El Alcázar fue restaurado, en 1898 se instaló en la primera plante del edificio el Archivo General Militar y en 1953 se creó el Patronato del Alcázar de Segovia, responsable del actual Museo.

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PALACIO DE LA ALJAFERÍA - ZARAGOZA

La época islámica -la Sarakosta o Medina Albaida de los árabes fue capital de la Marca Superior de Al-Andalus y una de las más importantes y belicosas taifas en el momento de la desmembración del califato de Córdoba- tiene en Zaragoza uno de los más hermosos, complejos y únicos exponentes monumentales del momento de constitución de los reinos de taifas: el palacio de la Aljafería, considerado como el más importante de Occidente de su época, el siglo XI.

El nombre del palacio deriva de su constructor, Abu Jafar Ahmed Almoctadir Bilá (de jafar, al-jafaría y, después Aljafería), gobernador de la taifa zaragozana entre 1047 y 1081.

La fábrica primitiva de este palacio o quinta de recreo, construída a extramuros junto a la margen derecha del Ebro, era de planta rectangular, con una sólida muralla exterior con torreones y sufrío distintas modificaciones e irreversibles destrucciones con el paso del tiempo. Las dos épocas de modificaciones de la fábrica primitiva corresponden a los reinados de Pedro IV y los de los Reyes Católicos, siendo, desde la reconquista de Zaragoza por Alfonso el Batallador en 1118, alcázar de los reyes cristianos.

Fue cárcel de la Inquisición en tiempos de los austrias mientras que los borbones hacían gala de un absoluto desprecio por la obra, especialmente Isabel II, bajo cuyo reinado se praticó la más bárbara destrucción de la obra al destinarse el palacio a cuartel -carácter que mantuvo hasta hace tan sólo algunas decadas.

Actualmente, el palacio ha experimentado una restauración en profundidad con motivo de su destino a sede del parlamento autónomo regional, las Cortes de Aragón.

Al palacio se accede por su ala oriental, a través de una puerta con arco de herradura que da entrada al llamado patio de la iglesia por levantarse allí, a mano derecha, la iglesia de San Martín, obra de estilo mudéjar, del siglo XIV. Desde allí se accede ya a la parte central de la época primitiva del palacio, un patio llamado de Santa Isabel. Es de planta rectangular, con pórticos en los lados más cortos restaurados con copias de la decoración original, que se custodia en el Museo Arqueológico Nacional.

En la parte derecha o norte del recinto se encuentran las dependencias más antiguas y mejor conservadas de la fábrica, sobre todo la pequeña y hermosísima mezquita, que es de planta cuadrada en la base y octogonal en altura, con un esbeltísimo arco de herradura en el hueco del mihrab. Este pequeño oratorio es una auténtica joya en su género y si bien la cúpula no es la primitiva de la obra, los arcos mixtilineos, los bellísimos capiteles de alabastro y la complicada decoración de ataurique dan cuenta de la riquisima cultura y sensibilidad artística de los hispanomusulmanes del Valle del Ebro en el lejano tiempo de la undécima centuria.

Las otras dependencias de obligada visita se hallan en la primera planta del palacio, en su ala oeste. Por una majestuosa escalinata se accede al llamado Palacio de los Reyes Católico, donde existen dos piezas fundamentales: el Salón del Trono y las salas anexas conocidas como de los pasos perdidos.

Los vanos de las puertas y ventanas presentan bellísimas yeserías, pero quizá la pieza más majestuosa sean las hermosísimas techumbres mudéjares realizadas en madera dorada y policromada. La obra concluyó en 1492 y es junto, a la Lonja, un magnífico exponente del llamado estilo Reyes Católicos en Aragón.

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EL CASTILLO DE ALMANSA - ALACETE

Para quien quiera que camine por la carretera que desde Albacete se dirige a Murcia y Alicante, la mole del castillo de Almansa, como un varado navío en medio de los resecos campos, aparece enristrado de orgullo y belleza. Su frente se alza, de piedra, sobre el caserío sosegado, y el sonido de la roca en que se apoya nos evoca fácilmente la historia de la fortaleza, una de las más bellas de toda Castilla‑La Mancha.

Es su origen remoto como el de la mayoría de los castillos de nuestra tierra. Los romanos tuvieron en la cumbre del cerro una torre que todavía en el siglo XVII, según nos cuenta Ceán Bermúdez en el Sumario de las antigüedades romanas de Es­paña, podía verse con nitidez. Después, muchos siglos después, fueron los árabes quienes la ocuparon y mejoraron: era la Almanxa de las crónicas árabes, lugar ya por entonces fronterizo entre taifas, y que más tarde acusó ese carácter con la pertenencia a los reinos cristianos.

Tras la reconquista de la villa y comarca, pasó a pertenecer a la Orden de los Templarios, saliendo de la misma para volver a la Corona castellana en 1310. Antes de esa fecha, concretamente en 1248, y en el salón de Consejos de la fortaleza, el rey Jaime I de Aragón y el infante de Castilla Don Alfonso, su yerno, declararon a Almansa como límite concreto entre Murcia y Valencia. También por entonces pasó a ser considerada como puerta entre Valencia y Castilla. Esa función de frontera marcaría siempre la historia de la villa y su castillo, siendo disputado en numerosas ocasiones por uno y otro reino, o por uno y otro de sus nobles más representativos.

Perteneció, desde los inicios del siglo XIV, al infante don Juan Manuel, uno de los señores feudales más aficionados a coleccionar castillos. Aquí se coaligó, en 1328, el citado infante con el Rey de Aragón para atacar Castilla. Y en 1341, aproximadamente, fue cuando al compás de diversas medidas repobladoras, inició la construcción del castillo con el mismo aspecto o estructura con que hoy le vemos. fue Enrique III, a finales de la XIV centuria, quien de manera efectiva cobró la fortaleza para la Corona. Pero un nuevo y poderoso magnate se haría en el siguiente siglo con el poder de la meseta: don Juan Pacheco, marqués de Villena, heredero por diversas artes de los bienes de don Juan Manuel, se hizo con la posesión de Almansa.

Durante las guerras civiles del siglo XV, los Reyes Católicos premiaron la fidelidad de la villa y su fortaleza, con la entrega de un privilegio que impediría en adelante su enajena­ción de la Corona. Ello fue por haber permanecido afín a los monarcas, frente a la Beltraneja y sus partidarios, a pesar de seguir perteneciendo al marqués de Villena. El rey Felipe IV, en 1640, la concedió los títulos de Muy Noble y Muy Leal, y en los comienzos del siglo XVIII, tras la batalla que lleva su nombre, celebrada el 25 de abril de 1707, en la que fueron victoriosas las fuerzas de Felipe V comandadas por el duque de Berwick, éste le añadió el título de Fidelísima, por su apoyo a la causa hispánica que representaba el Borbón.Después de tanta batalla, de tanto suceso bélico y tanta reforma, los modernos tiempos olvidaron a este hermoso surtidor de almenas, y el castillo de Almansa fue siendo vencido del tiempo y los elementos, arruinándose progresivamente hasta hacer pensar al alcalde de la población, en 1919, en que lo más seguro y saludable para todos sería la demolición completa del edificio. La Academia de la Historia, a instancias de la administración central, elaboró un informe que fue encargado al docto investigador don José Ramón Mélida, quien tras el detenido análisis de las ruinas vino a apoyar no sólo su salvaguarda, sino la necesidad y conveniencia de su restauración. En 1921 era declarado "Tesoro Artístico Nacional", y poco después se iniciaba su arreglo que a lo largo de los últimos años se ha consumado, mostrando hoy en toda su gracia y belleza la estampa primitiva que los siglos medievales le concedieron.

Descripción

Dispuesto sobre el agudo cerro rocoso que domina la población, rodeado de un bosquecillo y de algunas manzanas de casas, el castillo de Almansa ofrece una estampa de reto y fiere­za, no exenta de belleza plástica que fácilmente evoca la época medieval en que fue construido.

Tiene unas dimensiones de 91,5 mts. de longitud, por unos 30,5 de anchura. Toda su obra es de sillería. Sus estructuras concéntricas se disponen siguiendo los desniveles del roque­dal. Y así muestra fundamentalmente un recinto externo que, formado por densos muros de mampostería, rematados por torreones semicilíndricos adosados en las esquinas, y coronados por almena­ dos adarves, va adaptándose de forma irregular a la forma de la peana rocosa, ofreciendo por el norte un camino de acceso a la fortaleza, que va protegido por fuerte murallón y torreón delantero.

El cuerpo principal del castillo, subido en lo más alto de la roca, consta de un cuerpo alargado, extendido sobre la aguda eminencia del apoyo pétreo. Este cuerpo presenta en su parte central la magnífica torre del homenaje, a la que se accede por sendas puertas que la penetran en su base desde los adarves del cuerpo principal. Estos están almenados, lo mismo que el remate de la torre, a cuya altura puede subirse desde el interior de la torre por medio de la correspondiente escalera.

En años recientes, el castillo de Almansa ha recibido una muy adecuada restauración, que le ha devuelto en gran parte su antigua estructura, y le ha rescatado la belleza de su perfil almenado. Sus grandes algibes, que fueron cegados por los sucesivos derribos, han vuelto a ser descubiertos. Durante las obras referidas, en 1952, se descubrió una bonita escalera de estilo gótico, tallada en la misma roca, y que daba acceso a la torre del homenaje.

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CASTILLO DE SANTAN CATALINA - JAÉN

El Castillo de Santa Catalina es una construcción defensiva de origen cristiano medieval, que corona el cerro del mismo nombre y desde el que se divisa toda la ciudad de Jaén, los olivares y las montañas circundantes de la zona.

El nombre le viene dado por la capilla que se construiría en el castillo tras su conquista. La Capilla de Santa Catalina es de estilo gótico, y fue construida entre los siglos XIII y XIV

En una peña de Jaén, estribación de Jabalcuz y dominante por sus 820 metros de altitud, decidieron los musulmanes alzar su propia fortaleza. Así pues, donde hoy está el denominado Castillo de Santa Catalina, existió una fortaleza de origen árabe (el castillo de Abrehuy), de la que aun quedan algunas evidencias. No obstante, la construcción visible actual es de origen cristiano, siendo erigida tras la conquista de la ciudad por Fernando III el Santo en 1246, quien por tanto se la arrebató al rey moro Al-Ahmar.

Llegarían pues a existir tres fortalezas, o fortificaciones, que fueron construidas a lo largo de los siglos; el Castillo Viejo, el Alcázar Nuevo y el de Abrehuy.

Durante el siglo XV se llevaron a cabo unas reformas impulsadas por el Condestable de Castilla Don Miguel Lucas de Iranzo, que dio lugar a la unión del Alcázar Nuevo y el Alcázar de Abrehuy, separados hasta entonces por una explanada. Estas obras finalizarían con la construcción de la Torre del Homenaje.

Aunque el Alcázar Nuevo fue mandado construir por Fernando III, fueron Alfonso X y Fernando IV los reyes que intensificaron y culminaron las obras en el siglo XVII.

En el siglo XIX, cuando Napoleón Bonaparte entra en España y sus tropas llegan hasta la ciudad de Jaén, el Castillo de Santa Catalina fue modificado por las tropas napoleónicas, que destruirían parte del aljibe, con objeto de albergar en su interior un polvorín, donde surgirían dos habitaciones usadas como caballerizas. Un hospital sería construido por los franceses, que se asentaron con gusto en este castillo durante la ocupación francesa, de tal forma que se realizaron varias reformas dentro de las cuales están los pabellones para el gobernador, una plataforma artillera o incluso un área de oficinas.

En la actualidad tan sólo se conserva el Alcázar Nuevo, así como resquicios y evidencias de otras construcciones del pasado.

El 3 de junio de 1931, se declaró mediante un Decreto Monumento Histórico Artístico. Sobre los restos que ocupaban las otras dos fortalezas, se construyó en 1965 el actual Parador Nacional de Turismo.

Es famosa la Cruz que se erige al otro lado del cerro, no por su valor artístico en sí mismo, sino por ser un perenne símbolo de la ciudad. Esta cruz monumental hace memoria a la que en aquel mismo lugar mandó colocar Fernando III tras arrebatar la fortaleza al rey Alhamar.

El día de Santa Catalina (25 de noviembre), la tradición es subir a pie al castillo y asar sardinas. Además de convertirse en lugar de encuentro y de paseo, el castillo ha dado lugar a varias leyendas populares.

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CASTILLO DE BELMONTE - CUENCA

La atención principal del poderoso magnate Don Juan Pacheco se centró en Belmonte en fortalecer la población ciñéndola con dilatado y recio muro, y en construir para sí una morada en lo alto del cerro de San Cristóbal en la parte oriental de la villa: El Castillo, donde se volcará la fantasía y el poder del marqués en una construcción "tan bella, tan magnífica, tan robusta en su armazón y tan marcial en su apostura" que es la traza más original de los Castillos de España.

Belmonte, que indudablemente es la querida villa natal de Don Juan Pacheco manda que "sea cercada e rodeada en derredor con una cerca de cal e canto" hasta su suntuoso Castillo, mezcla de lujoso palacio y recia fortaleza, donde refugiarse y descansar de su ajetreada y frenética actividad.

El Castillo es de traza o planta completamente singular y, en todo caso, única. El artista que lo trazó da rienda suelta a su imaginación, aún sin olvidar en ningún momento las reglas clásicas de construcción castrense. ¿Quién fue su arquitecto? La época en que está construido, algunos elementos decorativos exactamente igual que los de la Colegiata y sobre todo las marcas de los canteros que se aprecian en el Castillo que son las mismas de la Colegiata, hace pensar en el Maestro Hanequín de Bruselas.

El Castillo se compone de un cuerpo principal y de una barrera o muralla exterior que le ciñe por completo y de la que por ambos lados arrancan y descienden las murallas de la villa. Este cuerpo principal está trazado sobre un triángulo equilátero que es el patio de armas del castillo, a cuyos lados van adosados dos cuerpos rectangulares de tres pisos que componen la parte noble y residencial. El tercer lado es la torre del homenaje, que proteje y guarda la parte más accesible donde se alojaba la tropa. El conjunto se forma por una planta estrellada en cuyas seis puntas se levantan otros tantos torreones cilíndricos, y así el castillo de Belmonte es una construcción rara y única en la arquitectura civil y militar. Por ello es necesario entrar dentro de él, visitarlo con detención y comprobar su importancia como uno de los grandes monumentos del arte gótico-mudéjar de España, y sin género de dudas, el mejor de todos ellos.

Al franquear el umbral del Castillo por la puerta llamada del Campo, nos encontramos con un anchuroso espacio libre o patio entre el castillo y su muralla, que se llama albacara, servía de refugio a los habitantes de la Villa en caso de ataque de los enemigos, y allí con sus enseres y ganados se veían protegidos por el señor.

Pasada la segunda puerta llegamos al patio triangular donde se asoman dos galerías de arcos ojivales, y geminados los del segundo piso. Por la escalera señorial y sorprendente, por el fastuoso despliegue de ornamentación, llegamos a las salas interiores donde la escasa decoración se centra en las jambas de las puertas y ventanas, algunas de grandísima fastuosidad, y en los frontales de las chimeneas de campana.
Las propias sombras del edificio con su inmenso y desolador silencio, ponen otra nota característica del Castillo, y a pesar de ello su belleza arquitectónica adquiere un esplendor rutilante. Porque la gloria del Castillo de Belmonte, se ha dicho, son sus artesonados, sin duda alguna los más variados y bellos de España en edificios civiles. Policromados todos ellos, juegan los colores rojos, amarillos y azules, alternando con los ocres y tonos naturales de la madera de pino, creando un efecto maravilloso y de ensueño al contacto con la luz exterior. Los motivos de los artesonados son sorprendentes, nacidos todos de la rica imaginación mudéjar: casetones rectangulares y cuadrados, alternando con modelos geométricos estrellados y otras piezas de lazos y cruces con decoración floral. Ricas tirantas apoyadas en ménsulas bellamente decoradas. En otras salas aparecen célebres pinjantes o mocárabes suspendidos en los centros de ricos rosetones. La fantasía alcanza extremos inauditos donde, se dice, eran las habitaciones de los señores: la cúpula era giratoria, y enriquecida por la presencia de pequeños cristales de colores, producía un juego de reflejos al devolver los rayos de luz desde los fondos de los casetones, mientras sonaban tenues campanillas de plata.

Junto con toda su belleza, el Castillo estaba provisto de los medios necesarios de defensa para sostener un largo asedio. Sabemos que en tiempos de Don Jorge Manrique cuando éste cae herido en la batalla de Alcañavate en 1479 había en el Castillo de Belmonte 100 lanzas de a pie. En 1672 todavía quedan en el Castillo siete morteros y cinco pedreros de hierro con un gran número de piezas de artillería del mayor calibre que entonces se conocía.
Indudable parece la tradición que este Castillo sirvió de refugio a la princesa doña Juana la Beltraneja, y cuenta la misma tradición que doña Juana escapó del Castillo por una ventana en plena noche.

El Castillo fue objeto de una restauración importante por orden de la Emperatriz Eugenia de Montijo, condesa de Teba y esposa de Napoleón III en el año 1857. Se hizo cargo de la dirección de las obras el arquitecto español Sureda. A la caída del Imperio los trabajos se interrumpieron, y se reanudaron años después por orden del Duque de Peñaranda, sobrino de la Emperatriz. Más tarde fue ocupado el Castillo por una comunidad de frailes Dominicos a los que se los cedió la emperatriz, y en él permanecieron hasta el año 1885. La emperatriz Eugenia habitó temporadas en el Castillo, después de muerto su esposo Napoleón III, realizando algunas reformas en el interior del recinto.

En la Guerra Civil Española, y después de ella, sirvió de cárcel del Partido Judicial de Belmonte y por último se habilitó como academia de mandos del Frente de Juventudes. En los años 1991 y 1992 se han hecho obras importantes de restauración en el Castillo, tales como reposición de sillares en almenas y muros con llagueado y reparación de mampostería y sillería; reparación de cubiertas, torres, chimeneas. Limpieza y restauración de artesonados; ventanales de nueva construcción con vidrieras emplomadas, repaso general y arreglo de puertas; rescates de estucos en diferentes dependencias. Esta restauración la hizo la Escuela Taller de Belmonte, del Fondo Social Europeo del I.N.E.M., bajo la dirección técnica del arquitecto D. Casto García García y el aparejador D. Juan J. Pacheco Pacheco.
Y el Castillo de Belmonte sigue luciendo su impresionante traza de solidez y armonía en los Campos de La Mancha bajo el cielo limpio e inmenso de Castilla.

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TORRE DE LA CALAHORRA - CÓRDOBA

La Torre de la Calahorra es una fortaleza de origen islámico concebida como entrada y protección del Puente Romano de Córdoba (España).

Vista de la Torre de la Calahorra y del Puente RomanoLa torre, que se levanta en la orilla izquierda del río Guadalquivir, fue reformada por orden de Enrique II de Trastámara para defenderse de su hermano Pedro I de Castilla. A las dos torres existentes, se le añadió una tercera, uniéndose todas ellas por dos cilindros con la misma altura que aquéllas.

Fue declarada Conjunto Histórico-Artístico en 1931.

Más tarde fue cedida al Instituto para el Diálogo de las Culturas (Fundación Roger Garaudi) quien ha instalado un museo audiovisual. Este museo presenta una panorámica cultural del apogeo medieval de Córdoba, del siglo IX al siglo XIII, basado en la convivencia de las culturas cristiana, judía y musulmana.

CASTILLO E IGLESIA DE LA CALATRAVA LA NUEVA - CIUDAD REAL

El Sacro-convento Castillo de Calatrava la Nueva se halla situado en el cerro Alacranejo, dentro del término municipal de Aldea del Rey, a pocos km de Almagro, en la provincia de Ciudad Real (España). La ciudad de Almagro perteneció a la orden de Calatrava.

En lo que hoy es el aparcamiento (final del camino de acceso), se han encontrado restos de la Edad del bronce y de un poblado visigodo. La fortaleza se halla situada en la cima de un cerro en forma de cono a 936 m de altitud, con una densa vegetación autóctona en sus laderas y en su base rodeado de grandes pedrizas o canchales que hacen difícil su acceso. El camino empedrado hoy existente se hizo para la visita de Felipe II a la fortaleza en 1560 y nos lleva hasta la base del castillo. Su situación controla uno de los pasos naturales hacia Sierra Morena. No se conoce con exactitud el año inicial de su construcción, sí bien hay referencias de su uso por Nuño de Lara en 1187 como antiguo Castillo de Dueñas y más tarde pasaría a la Orden de Calatrava.

Es una fortaleza de grandes dimensiones (46.000 metros cuadrados), construida por los caballeros calatravos en los años 1213 a 1217, después de la batalla de las Navas de Tolosa, empleando como mano de obra a buena parte de prisioneros tomados en dicha batalla. Una vez erigida, se convirtió en sede de la Orden de Calatrava, y en una de las más importantes fortalezas de Castilla. Su historia corre pareja a la de la propia Orden.

Fue construido para sustituir como sede maestral a la ciudad de Calatrava la Vieja, situada más al norte, en la margen izquierda del río Guadiana, lugar donde a mediados del s. XII se había fundado esta Orden militar.

El castillo pervivió hasta el siglo XIX, en que fue abandonado tras las desamortizaciones religiosas emprendidas por el ministro Mendizábal para sanear las cuentas estatales en 1835.

Se conservan documentos en que se detalla todo el edificio y la distribución de las habitaciones. En realidad se trata de un complejo recinto compuesto por iglesia, convento, hospedería, puebla y recinto externo, todo fuertemente fortificado. Desde la llanura se asciende a la fortaleza bordeando sus murallas exteriores y se llega una explanada donde se abre la puerta exterior del siglo XV, que permite entrar en el recinto externo o liza que está limitada por dos murallas casi paralelas. Este recinto se utilizaba para guardar el ganado, para alojar tropas en tránsito y para refugio de campesinos en caso de peligro.

El recinto visto desde la llanuraDesde la liza se accede a la zona del convento por una enorme cámara situada junto a la muralla, semi-subterránea. En esta cámara se situaba el cuerpo de guardia y las caballerizas. Sobre ella se levantaba la hospedería que hoy se halla muy destruida. Al salir de las caballerizas se entra en un espacio defensivo intermedio, que era un lugar de paso. A la derecha se encuentra el convento del que sólo quedan los suelos y parte de los muros.

El camino continúa hacia el castillo cuyos altos muros se levantan ante el espectador. A la izquierda pueden verse diversas estancias semi-subterráneas que se pueden visitar. Se trata de antiguos almacenes sobre los que se levanta hoy la vivienda del guarda, que a su vez ocupa parte de la antigua hospedería. Continuando por el camino, a la derecha pueden verse enormes rocas cortadas a pico que forman la base de las murallas del castillo y a la izquierda una explanada acondicionada hoy con mesas para uso de los visitantes. Desde aquí se domina el recinto de la puebla que conserva las murallas completas por cuyo adarve se puede circular. En dicha puebla había calles y casas y era donde vivían los servidores del castillo y del convento. Está situada en un gran saliente rectangular de la muralla y tiene sus torrecillas y un portillo de los llamados secretos.

La iglesia

Es de estilo cisterciense. Tiene un gran rosetón en su fachada, del tiempo de los Reyes Católicos. Los contrafuertes son a modo de torreones. En el interior se ven tres amplias naves cubiertas con bóvedas de ladrillo y tres ábsides con arcos apuntados. En el lado izquierdo había capillas funerarias que luego fueron tapiadas y destruidas y que están por restaurar. A la izquierda de la fachada estaba el palomar y el pozo de nieve. Había una entrada desde la liza. A la derecha se encuentra el Campo de los Mártires (cementerio), con su capilla, y también enormes aljibes subterráneos y el camino de subida al castillo.

Al claustro del convento se accede por una puerta de la nave lateral derecha. Quedan vestigios de los soportes de arcadas. Detrás de este claustro hay un paso entre sus muros y los cimientos del castillo por el cual se llega a la primera puerta del recinto del castillo propiamente dicho.

El castillo propiamente dicho

Se encuentra en el centro y en lo más alto de toda la fortaleza. Su primera puerta, con arco apuntado, funcionaba como barbacana que protegía la segunda puerta a la que se llega tras un recorrido en codo y a cielo raso.

La segunda puerta se abre en los muros del castillo y da acceso a una gran caballeriza con bóveda de cañón apuntado, separada del patio de armas por pilares.

Una vez situados en el patio de armas, a la derecha hay una escalera moderna de caracol, de piedra, que accede al antiguo archivo de la Orden. A la izquierda está la entrada de la cámara del Maestre, con la Cruz de Calatrava sobre el arco apuntado. Debajo hay un aljibe. En frente, se encuentra el acceso principal a las dependencias del castillo; se trata de una gran escalera que conduce a diversas cámaras.

Esta escalera conduce a cuatro niveles:

Primer nivel: A la derecha se entra en una cámara abovedada que se comunicaba con el piso de arriba por una trampilla en el techo. Al fondo, por una estrecha entrada se accede a un aljibe. Hay que volver a la escalera para continuar la ascensión.

Segundo nivel: Allí se encuentra una cámara larga y estrecha que estuvo dividida en dos plantas por un suelo de madera. A la segunda planta de suelo de madera se accedía desde la plataforma en que va a desembocar la escalera si seguimos por ella.

Tercer nivel: Esta plataforma era la planta principal. Sólo conserva sus muros y ventanas. Está a 20 m desde el suelo exterior. Desde ella se puede llegar al archivo, (cámara abovedada con una ventana que mira al castillo de Salvatierra que está a poca distancia). Por el lado opuesto se llega al último nivel.

Último nivel: Desde aquí se domina todo el recinto. La vista desde la zona de los mástiles es impresionante: Al sur se ve Sierra Morena, al este, el castillo de Salvatierra y Calzada de Calatrava (pueblo concebido como granero de la fortaleza). Wikipedia

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CASTILLO DE CORTEGANA - HUELVA

Se debió construir hacia 1293 por orden del rey Sancho IV El Bravo, como parte de la llamada «Banda Gallega», línea defensiva paralela a la frontera portuguesa. En este punto concreto, se defendía a la ciudad de Sevilla ante posibles invasiones desde el país vecino, ya que en la época existió una fuerte disputa sobre las fronteras de ambos reinos. Otros castillos de este mismo sector son los de Aroche, Aracena (Huelva) y El Castillo de las Guardas (Sevilla). El sistema defensivo se completaba con una serie de torres intercomunicadas con ahumadas de día y hogueras durante la noche.

Hay que destacar que el castillo no fue asentamiento feudal, sino que está más en la línea de fortificaciones construidas en apoyo de la reconquista, o para estabilizar las fronteras entre reinos peninsulares. Estuvo regido por un Alcaide, y a lo largo de su historia sufrió numerosos deterioros, motivados unos por el progresivo abandono en que fue cayendo al cesar su finalidad militar, y otros, debidos a causas naturales, como los ocasionados por el terremoto de Lisboa de 1755. Ha sido objeto de varias reparaciones, la más importante de las cuales fue la restauración realizada en los primeros años de la década de los setenta, que lo devolvió a su primitivo estado.

El castillo Fortaleza consta de dos sectores: una primera muralla defensiva, la Barbacana, restaurada parcialmente, y el Castillo propiamente dicho. Este se divide a su vez en dos partes: el patio de armas y el alcázar, flanqueados por seis torres. Bajo el patio se halla un gran aljibe que se conserva casi intacto, y que servía de suministro de agua al castillo. El Alcázar consta de dos plantas superpuestas que sirvieron para habitación del Alcaide, almacén y mazmorra. Una terraza corrida sirve de techo al Alcázar. En ella sobresale la Torre del Homenaje, de construcción ligeramente posterior al resto del edificio, y que es su punto más alto. Un largo paseo de ronda circunvala toda la construcción.

En la actualidad, continúa perteneciendo al Ayuntamiento de Sevilla, pero los organismos ocupados de su mantenimiento son el Ayuntamiento de Cortegana (tf. 959 23 25 50-51) y la Asociación de Amigos del Castillo (Apartado de correos 38, tf. 649 26 51 26), junto con otras instituciones autonómicas y nacionales. Está declarado como Bien de Interés Cultural, con la categoría de Monumento. Fuente; http://www.cepalcala.org

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CASTILLO DE MANZANARES EL REAL - MADRID

El castillo de Manzanares el Real es el mejor conservado de la Comunidad de Madrid. Es un auténtico emblema de la Comunidad de Madrid.

El Castillo se construyó en el Siglo XV.
La fortaleza fue levantada sobre una antigua ermita románico-mudéjar a finales del siglo XV (inicio de las obras entre 1475 y 1478) que aún se conserva adosada al este del edificio en estado ruinoso, sin techumbre. Actualmente pueden observarse aún las tres naves que componían su planta.

El Castillo fue reconstruido en 1914 por Lampérez y en 1977 por Valcarcer. Por tanto, el castillo actual es una restauración del segundo castillo de la familia Mendoza.

Insignia máxima de la localidad de Manzanares el Real.

El castillo se alza majestuoso entre las aguas del embalse de Santillana y las alturas rocosas de La Pedriza. El Castillo-palacio tiene un aspecto señorial. Para su construcción se emplearon parte de los materiales del primer castillo de los Mendoza.

La historia de Manzanares el Real está muy unida a la de la familia Mendoza. La familia Mendoza comenzó construyendo el primer castillo de Manzanares el Real.

En 1383 la Corona (Juan I) dona a Pedro González de Mendoza (1340-1385) las tierras que conforman el Real de Manzanares. Se cree que fue su hijo, Diego Hurtado de Mendoza (1365-1404), quién mando construir el primer castillo (castillo viejo), del que solo quedan unas ruinas de su planta. Esté sería, hasta 1470 la residencia de los Mendoza.

Se cree que fue Don Iñigo López de Mendoza (1398-1458), el Primer Marqués de Santillana, el que empezó a pensar en la necesidad de la construcción del segundo castillo de Manzanares el Real, pero las obras del segundo castillo fueron iniciadas por su hijo Don Diego Hurtado de Mendoza (1415-1479), al que los Reyes Católicos concedieron el título de Primer Duque del Infantado, que construyó el cuerpo principal y las cuatro torres. A su hijo Don Iñigo López de Mendoza (1438-1500) se debe su conclusión.

Del castillo original se conservan el exterior y parte de los elementos estructurales del interior, el resto ha sido restaurado por la Comunidad de Madrid, como hemos señalado, entre los años 1974 y 1977.

El segundo castillo se erigió como recinto militar

aunque pronto se convirtió en residencia familiar de los Mendoza. Se trata de un singular edificio castillo-palacio del último gótico, diferente al resto de castillos. Aunque tiene un aspecto general de fortaleza, es un castillo más noble y culto que fiero y hosco, la residencia ideal del caballero renacentista, mitad poeta y mitad soldado. El castillo es de doble recinto, pudiéndose recorrer el camino entre el palacio y las murallas, y el adarve, sobre éstas. La parte residencial se organizó alrededor de un patio central interior de plata rectangular.

El castillo-palacio se concibió con lujosos salones en torno a un patio central

La planta es cuadrangular (44 por 36 metros.) y consta de un patio central porticado y dos galerías sobre columnas octogonales, con torres en los ángulos, tres cubos cilíndricos y un torreón cuadrado, conocido como la Torre del Homenaje. Las torres están almenadas y adornadas con bolas calizas de estilo isabelino, que también se encuentran en la cornisa, decorada con los escudos de los Mendoza, Luna y Enríquez. La Torre del Homenaje se encuentra rematada por una torreta octogonal. Todo el edificio está rodeado de una barbacana almenada que posee saeteras cuya parte superior termina en una cruz potenzada, símbolo del Santo Sepulcro de Jerusalén, título que poseyó Don Pedro González de Mendoza (1.428-1.495) que residió a finales del siglo XV en el Castillo. El edificio también tuvo un foso que no se conserva.

La fachada sur tiene una especial belleza

A los elementos defensivos se unen otros de carácter cortesano como la exquisita galería meridional gótica, con estupendas vistas al embalse de Santillana, considerada como una de las más bellas de España. La fachada meridional muestra una galería cubierta en cuya cara se incluyeron arcos rebajados con ventanas góticas entre columnas ricamente decoradas, en medio de los cuales se ubicó una pilastra de estilo gótico flamígero. La fachada sur, la galería y el patio con arquerías son de estilo gótico mudéjar, realizadas por Juan Guas. Esta galería gótica renacentista es el elemento de mayor encanto en el aspecto exterior del castillo, además es un mirador incomparable sobre el panorama del pie de sierra madrileña.

Juan Guas también completó el patio del castillo con pilares y arcos conopiales. Del mismo modo las decoraciones de Juan Guas también se observan en las torres, rematadas con bolas esculpidas y un festón de piedra ricamente labrado bajo las almenas.

El interior del Castillo tiene un equipamiento moderno

Las estancias interiores han sido muy remodeladas siguiendo las directrices del siglo XV, pero cumplen funciones culturales y así cuenta con varias salas de exposición equipadas con las últimas tecnologías como circuito cerrado de TV. o traducciones simultaneas.

Este edificio madrileño representa el ideal de fortaleza señorial. Es una de las joyas del último gótico civil hispano aunque con influencias renacentistas italianas.

El castillo está rodeado por una barbacana con saeteras en las que se ha esculpido en bajorrelieve la cruz del Santo Sepulcro de Jerusalén. En el castillo de Manzanares el Real se firmó el Estatuto de Autonomía de la Comunidad de Madrid.

En la actualidad se utiliza para actividades culturales, reuniones y congresos. Este bello edificio de Manzanares el Real es visitado por unas 60.000 personas al año.

Con el declive de los Mendoza acaba la historia del castillo como residencia señorial. Dejo de utilizarse debido a las desavenencias producidas a la muerte del cuarto duque del Infantado (1566). La falta de utilización llevó el castillo-palacio a casi la ruina, a pesar de que en 1931 fue declarado Monumento de Interés Histórico Artístico.

En 1965 el castillo fue cedido a la Diputación de Madrid por parte del duque del Infantado Iñigo de Arteaga y Folquera. En 1974 se iniciaron las obras de restauración que dan lugar al edificio actual. En 1977 abrió sus puertas al público. Debido al abandono secular casi no se conservan objetos originales de los Mendoza.

Sin embargo, la Comunidad de Madrid ha ido adquiriendo distintos elementos decorativos: Destacan los diez tapices barrocos del siglo XVII, que describen la vida de Julio Cesar y distintos pasajes bíblicos. También merecen ser citadas las armaduras de estilo gótico y la biblioteca dedicada a castillología española.

Actualmente el castillo está abierto al público y se celebran en el exposiciones, asambleas, congresos, etc., alquilándose incluso a particulares o empresas privadas. Fuente: http://greenfield.fortunecity.com/

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CASTILLO DE NOGALES - BADAJÓZ

El castillo de Nogales se eleva ligeramente, ya que está situado en un pequeño cerro desde el que domina el territorio circundante, en la localidad de Nogales, provincia de Badajoz, muy cerca a Portugal y a las localidades de Jerez de los Caballeros y Zafra. Se localiza en la parte centro-sur de la provincia de Badajoz y posee una buena comunicación con las poblaciones vecinas.

Según algunas fuentes, la primera fundación del pueblo data del año 1340, cuando es objeto de unas transacciones entre Lorenzo Vázquez de la Fuentseca y el rey Alfonso XI, que a su vez lo dona a don Pedro Carrillo, y éste ultimo lo empeña a Enrique Enríquez el Mozo, quien se quedaría con la propiedad en 1344 por impago del préstamo (40.000 maravedíes). Los herederos de Enrique Enríquez el Mozo, después de litigar con Diego Martínez de Cáceres ante la audiencia de Valladolid, vendieron Nogales en el año 1395 al primer señor de Feria, don Gómez Súarez de Figueroa.

Según consta en el documento que se guarda en el Archivo de la Casa Ducal de Medinacelli, el 30 de mayo de 1448, el asentamiento, hasta entonces emplazando en la parte baja del cerro, fue refundado sobre el cabezo o atalaya de Nogales, por Lorenzo Suárez de Figueroa. Comenzó entonces a repoblarse el territorio, construyéndose además un castillo para garantizar su protección.

En una inscripción que hay sobre la puerta de la torre del castillo de Nogales se señala que la fortaleza fue construida, entre los años 1458 y 1464, por mandato del entonces Señor de Villalba don Lorenzo Súarez de Figueroa, hijo de Gómez Suárez de Figueroa, nieto de Lorenzo Suárez de Figueroa y de Diego Hurtado de Mendoza, campeando encima los escudos de Figueroa y de su esposa María Manuel. Este Lorenzo, primer Conde de Feria, murió en el año 1461 y le sucedió su hijo Gómez que terminó el castillo y colocó otra inscripción, ésta en el recinto exterior, en la que se indica que fue terminada por este Gómez Suarez de Figueroa en el año 1464, quien coloca dos escudos, uno con las armas de Figueroa y Manuel que le son propias y otro con las de su esposa Constanza Osorio y Rojas.

El castillo de Nogales es uno de los tantos castillos que poseía la familia Figueroa. Entre ellos, podemos señalar el de Los Arcos (de la misma época que el de Nogales), el de Zafra, el de Salvatierra de los Barros y el de Villalba de Barros. Esta familia era una de las más poderosas de la zona, así lo demuestra la posesión de todos estos castillos y sus territorios circundantes. Mantuvieron con los Reyes Católicos una serie de disputas por el poder.

El castillo y toda la zona fue también escenario de los enfrentamientos que se mantuvieron contra franceses y portugueses.

El castillo de Nogales es una de las realizaciones militares más destacadas de la región, por la regularidad de su traza, buena construcción y armonía arquitectónica.

La planta del castillo se ajusta a uno de los modelos más frecuentes de castillos señoriales del siglo XV, un recinto cuadrangular murado con lienzos de moderada altura, a modo de cerca perimetral, con cubos redondos o baluartes en las esquinas, y una esbelta torre de Homenaje en el centro, disponiéndose un patio a la redonda entre uno y otro elementos y un foso, ya desaparecido, que circundaba el recinto exterior. Todo el recinto está almenado y perimetrado por una cornisa de canecillos de ladrillo de particular valor plástico.

Como elemento defensivo básico destacan sus fuertes muros de piedra de más de dos metros de espesor, en los que se abren pequeños vanos o saeteras, que aparecen también surcando los muros de la torre del Homenaje que se levanta gloriosa por encima de todo el entramado arquitectónico. En los vértices de la muralla hay cuatro torres circulares, y toda ella estaba rodeada por un foso que no se conserva en la actualidad.

La torre del Homenaje es de planta cuadrada, de 13 metros de lado por 35 de altura, con varios pisos y una terraza. Sus muros son de gran grosor y en ellos se abren al exterior una serie de vanos. De todas las plantas, la tercera es la más hermosa. Todas ellas presentan la misma estructura y sus techos están cubiertos por bóvedas de crucería. Estaba rematada por almenas troncopiramidales, que en su mayoría se han perdido.

Se simultanean en la obra los detalles eminentemente defensivos de tradición medieval, o las grandes troneras propias de la guerra y la artillería modernas, junto con algunas muestras de mayor refinamiento y calidad plástica, como las cornisas de ladrillo con bandas y canecillos que recorren lo alto de todos los muros y sobre las que se levanta el almenaje de la cerca exterior y de la torre de Homenaje.

Destaca la decoración de la elegante puerta de acceso, donde se fusiona el arte gótico con el árabe. Gótico por su arco y sus pilastras y árabe por su alfiz. En el interior proliferan los motivos árabes realizados en ladrillo, madera y azulejos. Hoy en día, esto se ha ido perdiendo. Encima de la puerta campea la inscripción y los escudos, ya citados, del matrimonio promotor de las obras.

Otros elementos destacables de esta fortaleza son los escudos de armas de los Suárez de Figueroa, lápidas con inscripciones y otros elementos que se sitúan en diversos puntos de la construcción.

El material que se utiliza es la piedra. Se emplean dos sistemas constructivos que son los más habituales en este tipo de edificaciones: la mampostería para los muros y los sillares bien elaborados para los ángulos. Para adornar las ventanas y para otros detalles, se usa el ladrillo; esto muestra la influencia que tuvieron los árabes en estas zonas.

La Junta de Extremadura ha realizado recientemente obras de restauración e esta fortaleza. Hasta hace poco su estado no era muy bueno. No se encontraba en ruinas pero había sufrido el abandono y la desidia durante mucho tiempo. Se mantuvo en perfecto estado incluso en las contiendas bélicas que España mantuvo con franceses y portugueses. Llegó a recuperar su posición estratégica pero, más tarde, cayó en el descuido. Adosado al castillo se encuentra el cementerio del pueblo.

Bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949, y la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español.

Otros monumentos importantes de Nogales son la iglesia parroquial de San Cristóbal (siglo XV), la ermita de las Santas Justa y Rufina, las fuentes Vieja, Grande y Nueva, las dos primeras originarias de principios del XVII y situadas por debajo del nivel del suelo, el antiguo crucero de piedra sobre grada de ladrillo, al final de la calle Calvario.

También el puente, que data del siglo XVI, está edificado con mampostería y ladrillo, contan de seis arcos de diferentes modelos, y tajamares y estribos también distintos entre sí. Aún manteniéndose en servicio, y su estado de conservación es bueno. Fuente: castillosnet

CASTILLO DE SÁDABA - ZARAGOZA

El castillo se Sádaba se alza sobre un pequeño cerro de la localidad del mismo nombre, en la comarca de Cinco Villas, a 90 kilómetros al norte de Zaragoza, y en la frontera con la provincia vecina, Navarra. Cerca a ella corre el río Arba, afluente del Ebro, uno de los principales ríos españoles. El castillo se localiza en un pequeño cerro y la villa estuvo en un principio a sus pies, pero en el siglo XV se trasladó al otro lado del río. Entre las localidades más próximas se encuentra Ejea de los Caballeros, renombrada población de carácter militar.

La zona de Sádaba se empezó a repoblar en el siglo XI. Un castillo más primitivo que el actual data del año 1125. Posteriormente, en 1158, pasó a manos de Don Pedro García. En 1215 el rey de Navarra, Sancho VII, lo incluyó en sus territorios por la proximidad de la localidad de Sádaba a su reino. Fue escenario de numerosas guerras. En el siglo XVI se mantuvo en buen estado pero se abandonó en los siglos siguientes.

El Castillo de Sádaba es de estilo bajomedieval con decoraciones claramente cistercienses (siglo XIII). Es atípico por la carencia de elementos defensivos, como la torre del homenaje o la muralla. No existe foso ni tampoco barrera. Las saeteras y los vanos son escasos y no posee matacanes. Sus únicas defensas son el grosor de sus muros, con sus torres cuadradas rematadas en almenas, y los adarves.

El recinto amurallado es de planta rectangular bastante regular, de 38 x 30 metros de lados, y ocupa una superficie de más de 1.000 metros cuadrados. Su altura uniforme y considerable. Presenta en torno a su patio siete torres también de planta rectangular y muy diferentes unas de otras, cuatro de ellas en las esquinas. La torre situada en la parte suroeste es un poco mayor que las restantes y es la que tiene la puerta de ingreso al recinto fortificado sin que por ello pueda considerarse como la del homenaje. Destacan la escasez de vanos y su remate en almenas rectangulares. En el patio de armas destaca el aljibe, de gran capacidad, con tres arcos apuntados que sostenían una bóveda que actualmente no se conserva. El castillo fue propiedad, durante algún tiempo, de la Orden de San Juan y así lo constata la cruz que aparece en una puerta de la Capilla del patio. Un estrecho camino de ronda atraviesa las torres, da entrada a una especie de zagúan descubierto por el que se accede al patio de armas, bastante extenso.

Sobre todo destaca la gran sobriedad que presentan los muros, construidos en piedra labrada, en sillares perfectamente trabajados y colocados en hileras horizontales que sólo rompen su estructura para la formación de las torres que se colocan en los puntos defensivos claves del edificio.

Etimológicamente, Sádaba viene de "Sabub", término de origen árabe que con el tiempo derivó en Sádaba. Por lo tanto, su nombre no es de origen latino, como se pudiera pensar, sino que su ascendencia se remonta a la época del dominio musulmán en la península Ibérica.

Durante muchos años la fortaleza de Sádaba se mantuvo en total y absoluto abandono. En la actualidad ha pasado a manos de la administración provincial de la Diputación General de Aragón que es quien se está encargando de restaurarla y mantenerla en óptimo estado de conservación. Fuente: http://www.castillosnet.org

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