Madrid
 

Madrid (Historia)

Madrid - La Gran Vía

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 LA COMUNIDAD DE MADRID

Comunidad autónoma uniprovincial de España con 5.964.143 habitantes (enero 2005) y 8.028 km². Limita al NE y E con la provincia de Guadalajara, al SE con la de Cuenca, al S con la de Toledo, y al O con las de Ávila y Segovia. Capital, ciudad de Madrid, que tiene 3.155.359 habitantes (enero 2005).

Estatuto de Autonomía, aprobado por Ley Orgánica de 25 de febrero de 1983. Presidenta, Esperanza Aguirre (2003).

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HISTORIA DE LA COMUNIDAD DE MADRID

A diferencia de otras ciudades europeas Madrid no fue el resultado de una larga evolución histórica, sino que dio un inesperado salto en el vacío. Pasó de ser una simple villa, a convertirse por decisión de Felipe II en la capital de España. Ya no sólo era el centro geográfico, sino que se convertía en el centro político de la monarquía. Esta decisión condicionaría de manera decisiva, el posterior desarrollo de la ciudad.

Prehistoria

Las ocupaciones humanas más antiguas registradas en el actual territorio de Madrid se produjeron durante el Paleolítico Inferior (hace 350.000 años). Se trataba de grupos nómadas cazadores-recolectores que se establecieron en las terrazas fluviales del valle del Manzanares y en sus arroyos. A lo largo del Paleolítico se produjeron una serie de cambios en la explotación de recursos. La recolección tanto de productos vegetales como de pequeños vertebrados, así como la explotación de los recursos fluviales desempeñaron un importante papel en la obtención de alimentos. A partir del Paleolítico Medio se perfeccionó la producción de útiles (hachas, raederas o puntas de flechas) con la introducción de técnicas más depuradas y se tendió a una cierta especialización en la caza. Se han encontrado gran cantidad de yacimientos en la zona conocida como las terrazas del Manzanares.

Desde el Neolítico hasta finales de la Edad del Bronce los cambios producidos en el territorio madrileño fueron importantes. Surgió un sistema social de tipo tribal, la agricultura se generalizó y se llevó a cabo la domesticación de determinados animales como cabras, ovejas o vacas. Todo ello llevó consigo un proceso paulatino de sedentarización. Se generalizó el uso de la cerámica y la cestería, como consecuencia de la necesidad de almacenaje de los alimentos. Junto al hábitat en cuevas, se produjo la aparición de poblados y caseríos en las cuencas fluviales. En el Neolítico, los restos encontrados son bastante escasos y destacan las Cuevas de la Higuera y del Reguerillo (Patones), y las terrazas fluviales de Valdivia o los Vascos. A partir de mediados del tercer milenio se produjo un aumento considerable de la población como se ha puesto de manifiesto en la cantidad de yacimientos encontrados: el Castillo de Barajas, el Espinillo (Villaverde Bajo) o el poblado de Cantarranas (Ciudad Universitaria) entre otros. A comienzos del 2000 a.C. se dio una progresiva utilización del cobre en la fabricación de punzones así como de puñales, y del oro en objetos de adorno, y surgió la cerámica campaniforme caracterizada por una decoración abigarrada sobre recipientes de formas acampanadas y cuencos (cerámica de Ciempozuelos), que fue evolucionando hacia formas más recargadas y de mayor tamaño (Arenero de Valdivia o El Almendro).

A partir del siglo VIII a.C. (Edad del Hierro) se dio un proceso de jerarquización del territorio de Madrid respecto a un centro en el que se concentró el poder político, económico, administrativo y religioso. En torno a los siglos VI y V a.C. se desarrollaron en la Meseta Central los pueblos Celtíberos, y se asentaron en Madrid los carpetanos. Desde el punto de vista urbanístico, se construyeron núcleos urbanos divididos en barrios y calles, con unidades de habitación complejas en ocasiones con varias plantas; se comenzó a utilizar la escritura, y a partir del siglo II a.C. la moneda (basada en el patrón romano), se convirtió en el elemento de relación entre las ciudades. Existen numerosos yacimientos celtibéricos organizados jerárquicamente como los centros del Cerro del Viso (Alcalá) o el Pontón de la Oliva (Patones), que se localizaban en lugares bien situados para la defensa con murallas y fosos. Los yacimientos encontrados en la Comunidad de Madrid, como las vegas del Manzanares o Castillo de Barajas presentaban un marcado carácter agropecuario.

Edad Antigua

Desde comienzos de las Guerras Púnicas hasta el fin del proceso de romanización, los territorios correspondientes a la actual provincia de Madrid sufrieron una gran inestabilidad bélica. Por estos territorios atravesaron las tropas cartagineses, lo que supuso la incorporación de tropas mercenarias indígenas a dicho ejércitos y el reforzamiento de sus instituciones, al incorporar elementos innovadores. El clima de guerra se puso de manifiesto en el variado armamento, en la construcción de avanzadas estructuras defensivas (murallas, torres, fosos...) y en la adopción de nuevas estrategias militares frente al poder que representaba el Imperio romano. Bajo la dominación romana (desde el siglo II a.C.), la población siguió asentada en el valle del Manzanares y alrededores, si bien las ciudades se transformaron y muchas de ellas se desplazaron a zonas más llanas (Toletum o Complutum). El desplazamiento de los núcleos urbanos vino motivado por el traslado de las actividades económicas, así como por el desarrollo de la red viaria (Titulcia), que a veces creaba núcleos nuevos (Miaccum). Durante el Bajo Imperio de Roma, surgieron numerosas villae que propiciaron el abastecimiento de productos agrícolas que se situaban cerca de las calzadas romanas que surcaban toda la zona central de la Península (Casa de Campo, Villaverde o Carabanchel), y dieron lugar a los fundi con nombres de sus antiguos creadores (Vallecas, Vicálvaro). Durante la transición al Medievo se produjo la llegada de los visigodos que se instalaron en el corredor de Henares y desempeñaron actividades agrícolas, así como de pastoreo y ganadería. Las actividades de la Meseta durante este período giraron en torno a la ciudad de Toledo.

Edad Media

El origen y crecimiento de Madrid estuvo estrechamente ligado a su posición estratégica, con la aproximación de fronteras entre cristianos y musulmanes. A finales del siglo IX, Muhammad I ordenó la construcción de un castillo con la finalidad de conocer y frenar los posibles ataques cristianos, que formaría parte de un cinturón defensivo desplegado entre el Macizo Central y la ciudad de Toledo. La ciudad de Mayrit construida entre 860 y 886, se convirtió en la plaza fuerte por excelencia -guardiana del camino de Toledo- y donde se mantuvieron fuertes escaramuzas contra los ejércitos cristianos. En este territorio se produjo el asentamiento de contingentes militares, lo que llevaría consigo el desarrollo de industrias primarias para el mantenimiento de dicha población: talleres de herrería, depósitos de forraje, silos para el almacenamiento de cereales, alfarería, etc. La población musulmana desarrolló actividades agrícolas y hortelanas especializadas, si bien la ganadería no tuvo especial relevancia. Bajo el dominio musulmán Madrid alcanzó cierta importancia como centro comarcal: su extensión fue mayor que la de los núcleos inmediatos, y contó con una mezquita, así como con un mercado.

De los años 1083-1085, la ciudad de Madrid pasó a formar parte de la Corona castellano-leonesa. Con la llegada de los cristianos se produjeron importantes cambios socio-culturales: en un primer momento, los musulmanes mantuvieron su lengua, tradiciones y costumbres, que serán gradualmente sustituidas por el modo de vida cristiano. La invasión de los almorávides de al-Andalus afectaría a los territorios cristianos, y en el año 1109 arrasaron las tierras centrales de la Meseta, y sitiaron Madrid, aunque finalmente la ciudad no fue conquistada. A lo largo del siglo XII se amplió el recinto amurallado como consecuencia de la política de repoblación y repartimiento del territorio de Madrid. En 1123, Alfonso VII concedió los territorios situados entre las sierras de Guadarrama y la villa de Madrid a los madrileños; este hecho motivó largos pleitos y enfrentamientos con los segovianos que se consideraban dueños de dichos territorios. A partir de 1145, los madrileños comenzaron a recibir una serie de privilegios y cédulas reales otorgados a favor del Concejo (los más antiguos datan de 1145), que serían recopilados y sancionados en 1212 por Alfonso VIII. Tras la compilación del Fuero General, Madrid se rigió por un cuerpo jurídico y legal propio. Dicho fuero establecía la composición de los concejos municipales, la demarcación territorial del municipio y diversas disposiciones de rango jurídico, legal y penal.

Durante el siglo XIII, los enfrentamientos entre las ciudades de Segovia y Madrid fueron constantes por la posesión y disfrute de las tierras conocidas como el Real del Manzanares. En 1275, Alfonso X pondría dicho territorio bajo custodia regia, y sería de común disfrute (lo que se confirmó en 1312). Posteriormente se confió su tenencia a diversas personas reales, y aunque Segovia no se conformó con la sentencia, para Madrid fue importante mantener el aprovechamiento económico. En 1217 se fundaría el monasterio de San Francisco ubicándose al sur de la villa, y un año después, en 1218 surgiría el de Santo Domingo que generaría rápidamente un arrabal en su entorno. La convocatoria de Cortes en Madrid se dio por primera vez en 1309, y a partir de este momento se convocarían periódicamente. Durante el siglo XIV, la ciudad experimentó una reducción de sus territorios – bajo el reinado de Enrique II - tal vez provocado por el apoyo que los madrileños habían mostrado a su opositor en la sucesión al trono (Pedro I). Tras conseguir la devolución de ciertos lugares arrebatados, la ciudad de Madrid perdería los territorios de Torrejón, Alcobendas y Barajas entre otros. En 1383 Juan I concedió la villa de Madrid al destronado León de Armenia, y tras su muerte Enrique III en 1391 devolvería la ciudad a la Corona. La toma de la judería data de esta época. Desde finales del siglo XIV y principios del XV las condiciones climáticas empeoraron notablemente y como consecuencia de ello, se arruinaron las cosechas y el hambre se apoderó de la ciudad; en 1435 brotó una epidemia de peste que afectó duramente a la población. La corte del rey Juan II huyó precipitadamente de la ciudad, y durante su reinado, ésta fue sitiada en varias ocasiones. En 1476, Madrid se convertiría en el escenario de los enfrentamientos entre los seguidores de Isabel I (hermanastra del rey Enrique IV), y Juana la Beltraneja (hija del monarca). Durante este período, se afianzó como ciudad, y presentó el desarrollo institucional propio de los núcleos urbanos, y una importante diversificación social y económica. Adquirió gran importancia dentro del reino de Castilla, y fue de las pocas localidades con voto en Cortes.

La llegada de los Reyes Católicos supuso la pacificación del territorio y el sometimiento de los nobles partidarios de Juana; en 1476 ordenaron reparar los daños y desperfectos causados por los enfrentamientos en la villa. Bajo el reinado de Isabel y Fernando, Madrid atravesó un periodo de estabilidad económica, política y social. Se produjo una ampliación de la ciudad con nuevas edificaciones en la muralla. Las tierras de explotación agrícola sufrieron un importante aumento, así como la artesanía y el comercio.

Edad Moderna

La primera mitad del siglo XVI se caracterizó por el descontento y la desconfianza que la población castellana demostró hacia el nuevo monarca extranjero, a sus ministros y a sus consejeros. Bajo el reinado de Carlos I la ciudad de Madrid se vio afectada por la Guerra de las Comunidades. La mayoría de los nobles madrileños permanecieron fieles al rey, si bien, no organizaron un bando militar activo. En 1520, la Junta comunera se hizo con el control del Alcázar y, tras una serie de pactos, en el año 1521 se produjo la derrota comunera en Villalar, y la tranquilidad volvió rápidamente a la ciudad. En 1525 estando Carlos I en Madrid, se recibió la noticia de la victoria española frente al ejército francés en la batalla de Pavía. El rey de Francia Francisco I había sido hecho prisionero por las tropas españolas y el monarca ordenó su traslado a Madrid; en 1526 se firmaría la Concordia de Madrid por la cual Francisco I regresaba a Francia con la condición de dejar sus dos hijas en Madrid, para garantizar lo pactado. En 1528, Carlos I convocó Cortes en Madrid para jurar Príncipe de Asturias al futuro Felipe II; con tal motivo, otorgó a Madrid el título de villa imperial y coronada. A partir de mediados del siglo XVI, Carlos I residió de nuevo en el Alcázar de Madrid y ordenó la ejecución de importantes reformas arquitectónicas y decorativas, así como la fundación de numerosas órdenes religiosas y monacales.

El reinado de Felipe II fue trascendental para la villa de Madrid, ya que significó el traslado de la Corte a dicha ciudad. Hasta ese momento Castilla carecía de un lugar fijo o reconocido como residencia de la Corte, aunque la residencia más habitual del monarca Habsburgo fue uno de los monumentos más emblemáticos de la Comunidad madrileña, obra cumbre del arte renacentista hispano: el palacio-monasterio de El Escorial.

En 1561, dicho traslado vino motivado por la ausencia de un poder nobiliario y eclesiástico en la ciudad, lo que evitaría enfrentamientos con la monarquía; significó que a partir de ese momento, Madrid asumía la capitalidad española. La llegada de la Corte a Madrid llevó consigo un aumento considerable de la población (escribanos, secretarios, eclesiásticos, militares, etc.), lo que se tradujo en la insuficiencia de alojamiento. Para solucionar este problema se dictaron unas reales ordenanzas -la Regalía del Aposento- por los cuales todas las casas de Madrid que tuvieran más de una planta deberían ceder una de las mismas a miembros de la Corte. Estas medidas causaron gran descontento en la población. Durante esta época se reforzaron determinados organismos y se crearon otros nuevos. Junto al Concejo -encargado del espacio urbano y de la manutención del vecindario-, surgió la Junta de Policía y Omato cuya finalidad era corregir, revisar y aprobar las nuevas construcciones. Un tercer organismo, la Sala de Alcaldes de Casa y Corte, debía mantener el orden sobre la ciudad que albergaba el aparato cortesano y monárquico. Bajo el reinado de Felipe III se produjo un traslado temporal de la Corte a Valladolid, lo que no impidió el crecimiento continuado de la ciudad. En 1625 Felipe IV ordenó el levantamiento de un cerco que impidiera el rápido crecimiento urbano; dicho cerco se mantuvo hasta el siglo XIX.

Con la llegada del siglo XVIII se produjo la entronización de una nueva dinastía: los Borbones. Carlos II había dejado como heredero a Felipe de Anjou que pertenecía a la Casa de Borbón, aunque existía un segundo candidato -Carlos de Austria- que aspiraba a la corona, lo que provocó el estallido de la guerra de sucesión en la que se mezclaron intereses extranjeros y españoles.

En 1701 Felipe V se instalaba en Madrid como el nuevo monarca, mientras la guerra de sucesión continuaba. En 1706 y 1710, Carlos de Austria ocuparía temporalmente la ciudad, si bien el triunfo definitivo sería para el borbón. El apoyo que la Corona de Aragón prestó al archiduque Carlos, influyó en la política desarrollada por Felipe V: tendió a una política de centralización, y disminuyó los fueros y privilegios del antiguo reino de Aragón. Tras la muerte de Felipe V en 1746, le sustituyó en el trono Fernando VI, el cual llevó a cabo algunas innovaciones en la ciudad como el nombramiento de un gobernador político y militar. El 11 de septiembre de 1759 fue proclamado rey Carlos III, hijo de Felipe V e Isabel de Farnesio, y rey de Nápoles.

La llegada de dicho monarca a la capital supuso un cambio importante en todos los aspectos de la ciudad; desde la economía hasta la indumentaria de los españoles, pasando por el aspecto externo de la ciudad. Madrid alcanzó durante esta época un protagonismo socio-político expresado en el Motín de Esquilache de 1766. El ministro de Carlos III decretó una serie de leyes para el saneamiento de Madrid (limpieza urbana, prohibición del los juegos de azar y del uso de armas, etc.), que unidas a la carestía de alimentos y a la abundancia de cargos italianos, provocó el estallido de revueltas populares. Esquilache fue sustituido por el Conde de Aranda que impulsó importantes reformas urbanas: en 1768 una Cédula Real dividía el territorio madrileño en ocho Departamentos. También se creó el Síndico Personero del Común, encargado de velar por la seguridad de las clases populares.

Durante el reinado de Carlos IV, los asuntos políticos fueron manejados por la reina María Luisa de Godoy. El desarrollo económico durante el siglo XVIII fue importante, con el surgimiento de importantes instituciones como los Cinco Gremios Mayores (sederos, joyeros, pañeros, merceros y lenceros), así como el comercio y la industria que siguieron dependiendo de las necesidades de un mercado interno.

Edad Contemporánea

Durante el siglo XIX, diferentes problemas políticos de la Corte afectarían directamente a Madrid. La firma del tratado de Fontainebleau de España con Napoleón que permitía al ejército francés cruzar la Península hacia Portugal, desembocaría en la jornada del 2 de mayo de 1808. El 19 de marzo se había producido el Motín de Aranjuez que había terminado con el gobierno personal de Godoy y había obligado a Carlos IV a abdicar en su hijo Fernando VII; ante la inminente llegada de las tropas francesas el pueblo de Madrid se levantaría contra el ejército francés. El rey francés José Bonaparte permanecería en Madrid durante cuatro años mientras Carlos IV y su hijo Fernando VII se encontraban en Francia.

Bajo su reinado, José Bonaparte llevó a cabo importantes transformaciones urbanísticas de la ciudad. Los años posteriores a la Guerra de la Independencia fueron especialmente duros para Madrid, como consecuencia de las pérdidas humanas, el hambre y el estado lamentable en que se encontraba la ciudad. Con la llegada de Fernando VII se paralizaron todas las iniciativas realizadas por José Bonaparte, y Madrid sufrió una caída en la producción agrícola que desembocaría en violentas revueltas callejeras. La crisis en torno a la muerte de Fernando VII significó la consolidación del régimen liberal, como consecuencia de una serie de decisiones económicas y políticas que favorecieron el ascenso de la burguesía.

Durante el reinado de Isabel II (1833-1868), Madrid sufrió periodos de inestabilidad política que comenzaron por la propia guerra civil provocada por los carlistas a la muerte de Fernando VII. La desamortización de Mendizábal (1837) permitió profundas transformaciones urbanas. En época de Isabel II la matanza de frailes de 1834 y las sublevaciones militares crearon un clima de enfrentamientos en el Madrid del siglo XIX. La revolución de 1878 -la Gloriosa de septiembre- destronó a Isabel II y la burguesía se convirtió en la principal protagonista de la vida política. El triunfo de la revolución democrática encabezada por los generales Serrano, Prim y Topete creó un gobierno provisional y convirtió a Amadeo de Saboya en el nuevo monarca (1871). En 1873 se produjo la abdicación del monarca y se proclamó la Primera República. Tras once meses, se inició el periodo de Restauración en 1874, siendo Cánovas del Castillo su principal impulsor. El establecimiento del sufragio universal en 1890 facilitó la presencia republicana en las elecciones, donde destacaron Salmerón, Pi y Margall y Luis Zorrilla. Durante este periodo se produjo el plan de Ensanche proyectado por Cerdá y la construcción de los núcleos de extrarradio.

La decadencia y agotamiento del régimen de la Restauración daría lugar en el siglo XX a la dictadura de Primo de Rivera. El crecimiento poblacional y las transformaciones urbanas que se estaban produciendo durante esta época fueron modificando la situación política de Madrid; la participación de los grupos políticos y de los periódicos era cada vez mayor. En 1916 comenzó una crisis económica -después de años florecientes propiciados por las exportaciones a los países que se encontraban en guerra- que se manifestó en el aumento del paro y en las huelgas, y vino acompañado de un gran descontento social. Estas circunstancias, unidas a la inestabilidad política y a los problemas derivados de la guerra contra Marruecos, provocarían el Golpe de Estado de Primo de Rivera y la instauración de la dictadura. Bajo su mandato fue aumentado el republicanismo de un grupo numeroso de intelectuales. La caída del dictador en 1930 desembocaría en las elecciones de abril de 1931 y la proclamación de la Segunda República que supuso un importante cambio en las relaciones entre el poder central y los municipios, al adquirir estos últimos un mayor protagonismo.

El estallido de la guerra civil (1936-1939) paralizó los planes republicanos, a la vez que Madrid se convertía en uno de los objetivos prioritarios de los sublevados. En la fase final de la guerra se produjo el enfrentamiento entre los propios combatientes republicanos y, finalmente, el 28 de marzo de 1939 las tropas de Franco entraron en la capital.

Finalizada la guerra comenzaron las obras de reconstrucción de aquellas zonas de la ciudad que habían quedado más castigadas y se desarrollaron los planes urbanísticos. El poder político quedaba concentrado en el jefe de Estado - general Franco - y aparecía perfectamente jerarquizado. Esta primera época fue especialmente dura para los militantes comunistas, socialistas y anarquistas. En la década de los 50 surgieron nuevas formas de actuación contra la dictadura, y especialmente activo fue el sector universitario. A lo largo de la década de los 60 la ciudad de Madrid y su región metropolitana experimentaron los efectos de la política de planes de desarrollo.

La afluencia de población a la capital aumentó considerablemente como consecuencia de la industrialización de la ciudad. Entre 1960 y 1973 se produjo un espectacular crecimiento económico: las inversiones modernizadoras de la red de carreteras, coexistieron sin embargo, con la prohibición de la actividad sindical al margen de los Sindicatos Oficiales. Los sectores más destacados de oposición al régimen de Madrid desde la segunda mitad de los años 60 fueron los universitarios, los obreros, algunos sectores de la Iglesia Católica, grupos políticos clandestinos y algunos movimientos sociales.

El asesinato de Carrero Blanco en 1973 invalidó cualquier opción de continuismo político. La muerte de Franco el 20 de noviembre de 1975 aceleró el proceso de descomposición de la dictadura, confirmado con la huelga de enero de 1976 en Madrid. La ascensión del príncipe Juan Carlos inauguró una nueva etapa, saldada con el restablecimiento de la Democracia a partir de las elecciones del 15 de junio de 1977 que apoyaron a la UCD. La Constitución Española fue aprobada en 1978. Tras las elecciones municipales de 1983, el PSOE gobernaría en Madrid hasta la moción de censura presentada por el PP y el CDS contra los socialistas. Desde 1991 hasta 2003 José María Álvarez del Manzano se mantuvo al frente del Ayuntamiento de Madrid. Le sucedió su compañero de formación Alberto Ruiz-Gallardón.

La Comunidad Autónoma actual

La aprobación de la Constitución Española en 1978 abrió una etapa histórica en la configuración del Estado. En junio de 1981 tras la restauración de las libertades democráticas, la Asamblea de parlamentarios de Madrid aprobó el inicio de proceso de constitución de la Comunidad Autónoma, con la creación de la comisión redactora del Estatuto de Autonomía. En 1983, nacía la Comunidad Autónoma de Madrid que no respondía exclusivamente a factores administrativos puesto que Madrid es una región con una personalidad específica propia, diferenciada del resto de las Comunidades Autónomas por su carácter urbano. En las primeras elecciones autonómicas de mayo de 1983 se impuso en la Comunidad madrileña el PSOE con mayoría absoluta, que renovó en junio de 1987; Joaquín Leguina fue reelegido presidente de la Comunidad Autónoma de Madrid. En las elecciones autonómicas de mayo de 1991 el PP obtuvo el mayor número de votos y escaños en la Asamblea, pero Leguina fue investido de nuevo presidente con el apoyo de IU. Tras las elecciones autonómicas de 1995 el PP obtuvo mayoría absoluta, y Alberto Ruiz-Gallardón fue investido presidente de la Comunidad Autónoma de Madrid. Los populares reeditaron el triunfo en 1999 y Gallardón fue elegido para un nuevo mandato. También en 2003 el PP fue la fuerza política más votada (55 escaños) pero su candidata a la presidencia autonómica, Esperanza Aguirre, no logró mayoría suficiente y la unión de las fuerzas progresistas de la Asamblea (56 escaños de PSOE e IU) convertía en viable la formación de un Gobierno de izquierdas presidido por el líder socialista Rafael Simancas. Sin embargo, durante la jornada de constitución del nuevo Parlamento, se produjo un caso escandaloso de transfugismo de dos diputados del PSOE que dejó en suspenso la formación del Ejecutivo autonómico. Los diputados desertores fueron expulsados de forma fulminante del partido aunque rechazaron entregar sus actas parlamentarias. El candidato Simancas no fue investido presidente en las dos votaciones previstas al efecto y, en consecuencia, se disolvió la Cámara y se convocó nuevamente a los madrileños a las urnas. En los nuevos comicios, celebrados el 26 de octubre de 2003, Esperanza Aguirre logró de nuevo la victoria y, en esta ocasión, con una mayoría suficiente de 57 escaños para formar Gobierno. Juró el cargo el 21 de noviembre tras lograr la víspera el necesario apoyo parlamentario.

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ARTE Y CULTURA DE LA COMUNIDAD DE MADRID

Durante la Prehistoria la mayor parte de los restos encontrados proceden de las terrazas del Manzanares. Desde el punto de vista artístico, la ciudad de Madrid no cobró importancia hasta la invasión musulmana. Como consecuencia de las continuas reformas urbanísticas que ha sufrido la villa de Madrid, no se han conservado la mayoría de los monumentos medievales. La torre mudéjar de San Nicolás es una de las diez parroquias que tuvo Madrid en el siglo XII, y la iglesia de San Pedro el Viejo (siglo XIV) constituyen dentro de la arquitectura religiosa los mejores ejemplos medievales. Dentro de la arquitectura civil, cabe destacar la Torre de los Lujanes de estilo gótico tardío (siglo XV), aunque la construcción por excelencia de dicho estilo de Madrid es la iglesia de los Jerónimos: formaba parte del convento de los Jerónimos, si bien actualmente sólo se conserva la iglesia y las arquerías del claustro de siglo XVIII. Durante esta época también se construyeron la Casa de Cisneros de estilo plateresco (1537) y la Capilla del Obispo fundada por don Gutierre de Carvajal y Vargas en 1535. Un monumento realmente importante del pasado madrileño fue el Convento de las Descalzas Reales cuya fundación se debe a doña Juana de Austria, y cuya fachada fue construida por Juan de Herrera; así mismo conserva importantes pinturas del siglo XVII. El convento de la Encarnación (1611) proyectado por Juan Gómez de Mora, la catedral de San Isidro o la iglesia de las Carmelitas Descalzas (1611-1638) constituyen ejemplos de las obras arquitectónicas de Madrid del siglo XVII. Durante este siglo, la ciudad había asumido indiscutiblemente la capitalidad de España, y este hecho se reflejará en las manifestaciones artísticas. Bajo el reinado de los Austrias se construyeron algunos de los monumentos religiosos y civiles más importantes de Madrid. La Plaza Mayor fue construida, tal y como se conoce hoy en día, por Juan Gómez de Mora entre 1617 y 1619 y en su costado norte aparece la Casa de la Panadería obra de Ximénez Donoso, que tuvo como colaborador para las pinturas de la fachada a Claudio Cuello. La Casa de la Villa o Ayuntamiento fue iniciada por Gómez de Mora (1640), y continuada por Ardemans (1670) y Villanueva (1787). Su antigua capilla fue pintada por Palomino. Del siglo XVII es también el conjunto del Palacio del Buen Retiro y el actual Ministerio de Asuntos Exteriores (antigua cárcel de Corte).

Durante el siglo XVIII Madrid vivió una etapa de esplendor desde el punto de vista urbanístico y arquitectónico, y fue especialmente importante el reinado de Carlos III. Destacan los arquitectos Ventura Rodríguez, Pedro Ribera y Juan de Villanueva. Como edificios religiosos son importantes la iglesia de la Virgen del Puerto, la iglesia de Montserrat y la hermosa fachada de la iglesia de San Cayetano, obras de Pedro Ribera difusor del estilo churrigeresco. Como consecuencia del incendio en 1734, del Alcázar de los Austrias, se proyectó la construcción de un nuevo palacio real que comenzó a construirse en 1738 y fue finalizado en 1760.

Las obras fueron encomendadas a Sacchetti que siguio el tipo tradicional de palacio: planta cuadrada con un gran patio central y cuatro torres en los ángulos. En su decoración intervinieron importantes pintores (Tiépolo, Giacquinto, etc.) y destaca la sala de los Espejos, de Porcelana y los salones Gasparini. Son también importantes construcciones del siglo XVIII, como el Convento de las Salesas Reales, la iglesia de San Francisco el Grande o la Ermita de San Antonio de la Florida cuya cúpula fue pintada por Goya. En la segunda mitad del siglo XVIII la urbanización del museo del Prado impulsó la realización de esculturas monumentales como La Cibeles (obra de Francisco Gutiérrez y Robert Michel), Neptuno y Apolo. Las dos obras de Sabatini más importantes son La Puerta de Alcalá (terminada en 1778) y el Ministerio de Hacienda. El Museo del Prado (1785) y el Observatorio Astronómico se encuentran dentro del más puro estilo neoclásico, y son obras de Juan de Villanueva. Del siglo XIX son el Palacio de las Cortes obra de Pascual y Colomer (1850), el Teatro Real (1850), el Banco de España y la Biblioteca Nacional obra de Jareño. La realización de la ciudad Lineal proyectada por Arturo Soria (1932-1936) el Paseo de la Castellana, el barrio de Salamanca o la Ciudad Universitaria son importantes obras urbanísticas del siglo XX. Tras la guerra civil la arquitectura de Madrid revistió un carácter oficial, monumentalista y ecléctico. Obra representativa son el Museo del Aire de Gutierrez Soto, la Iglesia de Los Dominicos de Alcobendas de Fisac o las Torres Blancas de Sainz de Oiza. Con el Plan General de Madrid de 1985 se dota a la ciudad de mejores equipamientos y servicios, lo que ha significado la transformación del área metropolitana. El Auditorio Nacional, el edificio de Torrespaña o el Centro de Arte Reina Sofía constituyen significativos ejemplos de las construcciones de final de siglo.

Las manifestaciones culturales en Madrid se han intensificado extraordinariamente gracias a la actividad desarrollada por los centros culturales de los barrios, así como a la colaboración de los Ayuntamientos y Organismos del Estado. La ciudad cuenta con importantes ferias como la Feria del Libro, del Libro Antiguo y de Ocasión, el IFEMA (Instituto Ferial de Madrid) o ARCO (Arte Contemporáneo). Madrid también ha sido sede de exposiciones antológicas como la exposición de Salvador Dalí en el Museo Español de Arte Contemporáneo de 1983, o la de Velázquez en el Museo del Prado de 1989. En los últimos años se ha llevado a cabo la construcción de importantes auditorios musicales como el Auditorio Nacional o el Teatro Real. Entre las fiestas y festejos, especialmente celebradas son el carnaval, las fiestas en honor al patrón de Madrid San Isidro o los veranos culturales de la villa. Un año importante desde el punto de vista cultural para la capital española fue el año 1992, en el cual Madrid se convirtió en la capital europea de la cultura.

MADRID, CORAZÓN DE ESPAÑA...

Madrid, corazón de España, late con pulsos de fiebre. Si ayer la sangre le hervía, hoy con más calor le hierve.

Ya nunca podrá dormirse, porque si Madrid se duerme, querrá despertarse un día y el alba no vendrá a verle.

No olvides, Madrid, la guerra; jamás olvides que enfrente los ojos del enemigo te echan miradas de muerte.

Rondan por tu cielo halcones que precipitarse quieren sobre tus rojos tejados, tus calles, tu brava gente.

Madrid: que nunca se diga, nunca se publique o piense que en el corazón de España la sangre se volvió nieve.

Fuentes de valor y hombría las guardas tú donde siempre.  Atroces ríos de asombro han de correr de esas fuentes.

Que cada barrio, a su hora, si esa mal hora viniere
-hora que no vendrá- sea más que la plaza más fuerte.

Los hombres, como castillos; igual que almenas, sus frentes, grandes murallas sus brazos, puertas que nadie penetre.

Quien al corazón de España quiera asomarse, que llegue, ¡Pronto! Madrid está lejos.

Madrid sabe defenderse con uñas, con pies, con codos, con empujones, con dientes, panza arriba, arisco, recto, duro, al pie del agua verde del Tajo, en Navalperal, en Sigüenza, en donde suenen balas y balas que busquen helar su sangre caliente.

Madrid, corazón de España, que es de tierra, dentro tiene, si se le escarbara, un gran hoyo, profundo, grande, imponente, como un barranco que aguarda... Sólo en él cabe la muerte.

De Rafael Alberti
 

El himno de Madrid - Historia

Según la Ley 2/1982, de 23 de Diciembre, la Comunidad Autónoma de Madrid cuenta con su propio himno. El himno de Madrid, compuesto de tres estrofas, es obra del insigne linguista Agustín García Calvo.


La letra del himno es la siguiente:

Yo estaba en el medio:
Giraban las otras en corro,
Y yo era el centro.
Ya el corro se rompe,
Ya se hacen Estado los pueblos,
Y aquí de vacío girando
Sola me quedo.
Cada cual quiere ser cada una:
No voy a ser menos:
¡Madrid, uno, libre, redondo,
Autónomo, entero!
Mire el sujeto
Las vueltas que da el mundo
Para estarse quieto.

Yo tengo mi cuerpo:
Un triángulo roto en el mapa
Por ley o decreto
Entre Ávila y Guadalajara,
Segovia y Toledo:
Provincia de toda provincia,
Flor del desierto.
Somosierra me guarda del Norte y
Guadarrama con Gredos;
Jarama y Henares al Tajo
Se llevan el resto.
Y a costa de esto,
Yo soy el Ente Autónomo último,
El puro y sincero.
Viva mi dueño,
Que, sólo por ser algo,
Soy madrileño!

Y en medio del medio,
Capital de la esencia y potencia,
Garajes, museos,
Estadios, semáforos, bancos,
Y vivan los muertos:
¡Madrid, Metrópoli, ideal
Del Dios del Progreso!
Lo que pasa por ahí, todo pasa
En mí, y por eso
Funcionarios en mí y proletarios
Y números, almas y masas
Caen por su peso;
Y yo soy todos y nadie,
Político ensueño.
Y ése es mi anhelo,
Que por algo se dice:
De Madrid, al cielo.

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OTROS DATOS O CURIOSIDADES


Fiesta autonómica: 2 de mayo, Día de la Comunidad de Madrid.

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MEDIO FÍSICO

La Comunidad Autónoma de Madrid abarca unos 8.028 km2 y se localiza en el centro de la Península Ibérica; se prolonga desde las estribaciones montañosas del Sistema Central al N hasta el valle del río Tajo al S. De esta manera, limita al N con todo un conjunto de bloques elevados y fracturados a causa de los movimientos tectónicos derivados de la orogenia alpina, acaecida durante el Terciario. Este sector montañoso incluye a la sierra de Guadarrama (diseccionada en dos sectores por el curso fluvial del río Lozoya) así como a parte de las de Somosierra y Gredos; todas ellas actúan de divisoria entre las aguas de la cuencas del Duero al N y el Tajo al S. Este dominio presenta un elevado número de cimas por encima de la cota de los 2.000 m de altura sobre el nivel del mar y entre éstas se localizan valles intramontañosos localizados a una altitud media de 800-900 m. El techo de la Comunidad Autónoma de Madrid es Peñalara (2.430 m), emplazado dentro del sistema de la sierra de Guadarrama. Otras cumbres importantes son Hierro (2.383 m), La Maliciosa (2.227 m), Siete Picos (2.138 m) y Peña Cebollera Vieja (2.129 m), entre otras.

El piedemonte, por su parte, se encuentra conformado por todo un conjunto de aluviones y detritos procedentes de la denudación del roquedo de dichas sierras y se prolonga hacia el S hasta desarrollar una planicie arcillosa que tiende a descender suavemente hacia la cuenca del Tajo; éste presenta, a su vez, diversos cerros testigos como el de La Cabrera o Las Machotas, resultado de la acción de la erosión diferencial.

Al S, por su parte, descansa la cuenca del Tajo, desarrollada sobre una fosa de origen tectónico (graben) que se hundió mientras otros bloques se elevaban (horst). Es una unidad de relieve mucho más heterogénea que la anterior debido a las claras diferenciaciones geomorfológicas establecidas por los diversos agentes de modelado. Así, en las tierras llanas más cercanas a las márgenes del Tajo predominan los materiales deleznables, tales como las arcosas, las calizas, las margas, las arcillas y los yesos. La escasa resistencia de dichos materiales ante la acción de los agente de erosión condiciona la aparición de típicos paisajes de campiña y llanura ondulada sobre la que se extienden páramos, vegas fluviales, oteros, glacis, etc.

En lo referente a sus espacios protegidos, sobresalen por sus características naturales y paisajísticas, la Cuenca Alta del Manzanares, La Pedriza y el monte Abantos.

 

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RESUMEN DE DATOS

Datos básicos

Nombre oficial: Comunidad Autónoma de Madrid.
División administrativa: Uniprovincial.
Capital: Madrid.
Extensión: 8.028 km².

Población

Población: 5.423.384 (2001)
Natalidad: 56.768 (2000)
Mortalidad: 38.728 (2000)
Crecimiento vegetativo: 18.040
Residentes extranjeros: 162.985 (2000)
Gentilicio: madrileño.
 

Desarrolo económico y laboral

PIB a precios de mercado: 104.884 millones de € (2000)
Índice de bienestar: 9 (media nacional 2001: 5 sobre 10)
Población activa: 2.384.600 (2001)
Población inactiva: 1.838.100 (2001)
Población ocupada: 2.156.300 (2001)
Población parada: 228.300 (2001)
Tasa de paro: 9,6% (2001)
Paro registrado: 180.723 (2001)

Administración y Gobierno

Estatuto de autonomía: LO 3/1983, de 25 de febrero (BOE nº 51, de 1 de marzo de 1983). Reformado por LO 10/1994, de 24 de marzo y LO 5/1998, de 7 de julio.
Órganos autonómicos:
Ejecutivo: Gobierno de la Comunidad de Madrid. Presidenta: Esperanza Aguirre.
Legislativo: Asamblea de Madrid: 111 diputados.
Judicial: Tribunales Superiores de Madrid.
Partidos políticos con representación parlamentaria (elecciones 26 de octubre de 2003): PP: 57 escaños; PSOE: 45 escaños; IU: 9 escaños.
Funcionarios de la administración pública (año 2001): 387.785
Admón. Estatal: 226.896
Admón. Autonómica: 80.575
Admón. Local: 57.720
Universidades: 22.594
Enlaces en Internet
http://www.comadrid.es; Página oficial de la Comunidad de Madrid.

Fuente de algunos de estos artículos: ENCICLONET - La Enciclopedia Universal

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