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Província y comunidad autónoma uni provincial de España con 276.702 habitantes (2001), conocidos por el gentilicio de riojanos, y 5.045 km². Limita al N con las provincias de Álava y Navarra, al E con las de Navarra y Zaragoza, al S con la de Soria y al O con la de Burgos. Capital, Logroño.

Historia de La Rioja

La Comunidad Autónoma de Extremadura permitió la transmisión de diferentes corrientes culturales peninsulares. Punto de encuentro para la fusión de los modos de vida del norte y del sur español, la tierra de los conquistadores colaboró activamente en la expansión castellana por el Atlántico. La región es fiel testimonio de la posibilidad de aglutinar las más variadas tradiciones.
 

Prehistoria

Los primeros pobladores de la región extremeña penetraron en el territorio durante el Paleolítico Inferior, estos grupos se asentaron a lo largo del Paleolítico Inferior y Medio en torno a las cuencas del Alagón y del Jerte. Los yacimientos aquí estudiados revelarían el establecimiento de individuos relacionados con las industrias salmantinas de la Meseta Norte achelenses o musterienses de tradición achelense, estos primeros pobladores se desarrollaron por las cuencas del Guadiana y Tajo. Las pinturas rupestres de la cueva cacereña de Maltravieso, una de las primeras representaciones artísticas de la región, señalan la presencia de establecimientos humanos durante el Paleolítico Superior. Finalizada la fase glaciar grupos de individuos de culturas mesolíticas de los cocheros de Muge se asentaron en torno a las cuencas bajas del Tajo y del Sado. Los hallazgos de hachas pulimentadas por todo el solar extremeño son síntoma de la presencia de comunidades neolíticas aún poco definidas, estas gentes desarrollarían una economía fundamentalmente agrícola aunque con una incipiente actividad pastoril, a tenor de las pinturas y grabados hallados en torno a Las Batuecas. Con la aparición de la cultura megalítica Extremadura se convirtió en un foco de expansión hacia el resto del territorio, los sepulcros megalíticos encontrados en Lácara y en la Vega del Guadanil reflejarían la riqueza y expresividad de su industria lítica, beneficiada por la variedad mineralógica de la región; los yacimientos de Garrovillas y Granja de Céspedes, en Cáceres y Lobón, en Badajoz pertenecerían también a este período.

Paralela a la configuración de la cultura megalítica, en los conchales de las serranías extremeñas, se configuró una pintura esquemática. Las últimas fases de esta etapa se distinguieron por la presencia de lajas megalíticas en forma de estelas como la de la Granja de Toñinuelo. El descenso demográfico que se sucedió a mediados del II milenio coincidió con la aparición en el terreno extremeño de la cultura del Vaso Campaniforme. A finales del II milenio aparecieron en la región sociedades de economía pastoril que asimilaron los elementos culturales de tradición indígena como demuestra la continuidad en los temas decorativos de las cerámicas del Vaso Campaniforme. En el Bronce Final se configuró en el territorio una comunidad conocida como “Pueblo de las espadas”. Instrumentos y armas de bronce aparecen representadas en estelas funerarias, dichas estelas muestran el armamento usual de un guerrero y sus pertenencias junto a un carro funerario; la concentración de estelas a lo largo de todo el territorio extremeño en localidades como Sagrajas, Bodornal de la Sierra, Serradilla y Medellín señala un período de expansión y apogeo de un grupo o corriente cultural fuertemente jerarquizante. La Edad del Hierro significó la aparición, en la Alta Extremadura principalmente, de una cultura castreña característica en la Meseta Norte peninsular. Situadas en lugares de fácil defensa natural, estas fortificaciones se presentaban reforzados por un sistema natural de torres, fosos y murallas, con dos recintos bien diferenciados; uno para vivienda y otro, más extenso, para el ganado. La llamada “Ruta de La Plata” que atravesaba Extremadura de norte a sur introdujo a las poblaciones del sur extremeño dentro de las culturas mediterráneas emergentes durante este período. La cultura Tartésica penetró en las tierras de la Baja Extremadura a través de esta vía de comunicación y dejó vestigios de su civilización en conjuntos como el de Medellín o Aliseda, según fuentes posteriores fueron los túrdulos quienes introdujeron esta civilización. Las esculturas de granito de verracos y jabalíes hallados en localidades de la Alta Extremadura reafirman la tradición pastoril de esta sociedad y el comienzo de una forma de actividad ganadera de tipo trashumante a través de unos itinerarios que perduraron en épocas sucesivas. Estos grupos protoceltas que habitaban en la región se agruparon en baja época y configuraron el pueblo denominado por los historiadores latinos de los Vettones extendidos a lo largo de la región sudoriental de la Meseta y con el asentamiento de Coria, la Caurium romana, como núcleo principal. Estos grupos, unidos a los lusitanos del mediodía peninsular, conformaron la estructura socio-política del territorio durante la época prerromana.

Edad Antigua

El actual territorio de Extremadura fue ocupado por las legiones romanas tras una larga resistencia manifestada principalmente con ocasión de las guerras lusitanas que asolaron este territorio entre los años 155 y 138 a. de C. y cuyo máximo exponente fue el caudillo lusitano Viriato.

La región fue incorporada dentro de la Hispania Ulterior. A lo largo de la centuria siguiente el territorio también fue escenario de la guerra civil sostenida entre Sertorio y Quinto Cecilio Metelo, este último estableció una red de campamentos alrededor de la Ruta de la Plata. Con la llegada del Imperio la región quedó encuadrada en la provincia de la Lusitania a raíz de la reorganización administrativo-territorial llevada a cabo por el Emperador Augusto para todo el territorio peninsular. Durante la época romana Extremadura conoció un desarrollo notable al amparo de la ciudad de Emérita Augusta, la actual Mérida, que se convirtió en una de las ciudades más importantes de la península.

Este núcleo urbano fue fundado en 25 a.C. por Publio Carisio para establecer a los veteranos soldados vencedores de las guerras cántabras. Su fundación respondía además a la necesidad de crear un asentamiento que sirviera de puente entre la Bética, la región más romanizada de la península, y las tierras del Norte peninsular todavía poco colonizadas. Desde su fundación Mérida se convirtió en la capital de todo el oeste peninsular y se vio favorecida por la confección de una nutrida red de calzadas que la unían a todos los puntos peninsulares. En el proceso global de romanización de la región la extensión de la actividad ganadera y el pujante desarrollo de una agricultura basada en el cultivo de secano determinó un paulatino aumento demográfico y la creación y configuración de nuevas ciudades como Orba Caesarina, la actual Cáceres, Badajoz, llamada por los romanos Pax Augusta, Fregenal de la Sierra, Medellín, Zafra o Alange.

A lo largo del siglo V los pueblos germánicos que invadieron la península asolaron la región, que fue circunstancialmente ocupada por alanos y después por los suevos, lo que provocó la desaparición y el despoblamiento de muchas ciudades hasta que en el año 468 se incorporó al reino visigodo. El rey Agila situó en Mérida la capital de su reino entre los años 549 y 555, y la ciudad recuperó durante algunos años el esplendor cultural y artístico que le precedió en la época romana. Finalmente la guerra religioso-civil que enfrentó al monarca visigodo Leovigildo con su hijo Hermenegildo acabó por arruinar el territorio, Mérida, que había apoyado a Hermenegildo, fue arrasada e igual suerte se aplicó a Cáceres.

Edad Media

Tras la derrota de Guadalete se produjo la invasión árabe del territorio. Musa ibn Nusayr ocupó Mérida tras un largo asedio en 713, suscribiendo, según la costumbre musulmana, un acuerdo mediante el cual garantizaba a la población el mantenimiento de sus derechos y organización tradicionales. Los miembros de la aristocracia árabe se establecieron en la Baja Extremadura, mientras en la Alta se asentó una población de origen bereber y de economía fundamentalmente pastoril. La población cristiana emigró paulatinamente hacia los territorios cristianos más septentrionales. A lo largo de los siglos VIII y IX la rivalidad entre estos dos grupos sociales marcaría los principales acontecimientos sociales de la región. Las guerras civiles y las revueltas se sucedieron durante estos siglos. En estas agitaciones la ciudad de Mérida, fiel a su tradición hispano-cristiana, se manifestó siempre como el centro neurálgico de la rebeldía al califato, situación que la llevó a la ruina. La primera rebelión acaeció en el año 768. Más tarde Mérida se mantuvo levantada por espacio de siete años hasta que se entregó voluntariamente en el año 813; cuatro años más tarde volvió a alzarse nuevamente hasta su sometimiento definitivo con Abd al-Rahmán I. En el año 828 la ciudad se rebeló de nuevo esta vez contra Abd al-Rahmán II quien hubo de sitiarla por dos ocasiones, a consecuencia de esta rebelión el emir mandó arrasar el barrio próximo al puente para construir una alcazaba. En el 868 surgió un nuevo foco de rebelión en la urbe emeritense, su principal protagonista fue el árabe Abd al-Rahmán ibn Marwan. Rendida la ciudad, el caudillo musulmán volvió a rebelarse desde el castillo de Alange donde se había refugiado tras huir de Córdoba. Estableció un pequeño principado independiente con centro en Badajoz que perduró hasta el año 929.

Durante estos primeros siglos la Alta Extremadura formó parte del sistema de marcas que delimitaba la frontera entre al-Andalus y el Reino de León. De Mérida partían las expediciones musulmanas que, a través de la Ruta de La Plata, penetraban en el territorio oriental del reino cristiano, aunque, tras la derrota de los árabes sufrida en Simancas en 939, las razzias musulmanas desde las tierras extremeñas disminuyeron en detrimento de la vía oriental a través del valle del Ebro. Tampoco las tierras extremeñas se libraron de las incursiones que los reyes astur-leoneses organizaron por las tierras andalusíes a lo largo de los primeros siglos de reconquista. En el año 881 Alfonso III atravesó la región para llegar al monte Oxifer, en el corazón de Sierra Morena.

En el verano del 915 Ordoño II dirigió un ataque sobre las tierras norteñas de Mérida que culminó con la ocupación de Castro de la Culebra y Medellín. Tras la disolución del califato en 1031, Badajoz se convirtió en la capital del reino Taifa de los aftasíes en detrimento de Mérida. La consolidación del reino de Castilla y León llevada a cabo por Alfonso VI originó un período, en la segunda mitad del siglo XI, de rápida expansión territorial que culminó con la conquista de Toledo en 1085. La pérdida de esta ciudad alentó a algunos reinos de Taifas, entre ellos al de Badajoz, a buscar la ayuda en el exterior. El rey de Badajoz pidió la intervención norteafricana ante la amenaza de ocupación leonesa y en 1086 en Sagrajas, cerca de Badajoz, los almorávides derrotaron al rey Alfonso VI. La penetración de este pueblo del Magreb en la península supuso a la postre el final del reino aftasí. En 1094 los almorávides conquistaron Badajoz, último reino de taifa en ser sometido. Con ocasión de la invasión almohade del territorio durante la primera década del siglo XII la Alta Extremadura experimentó un desarrollo mantenido a lo largo de todo el siglo. Cáceres, nombre derivado de la fortificación “Hizn Qazris”, se convirtió en un centro que adquirió gran importancia por su situación estratégica, al igual que las fortalezas de Trujillo y Galisteo. A este período corresponderían la muralla y alcazaba de Badajoz, edificadas en 1169, y la alcazaba de Reina.

Los esfuerzos expansionistas del reino de León durante el siglo XII se centraron fundamentalmente en el sometimiento de esta región, su ocupación resultaba fundamental para consolidar el dominio cristiano sobre la Meseta oriental. Con tal motivo en 1142 Alfonso VII conquistó Coria a la que dotó de fuero e instituyó allí una sede episcopal. La región de Cáceres fue el territorio de disputa durante la segunda década del siglo XII. En 1166 un noble castellano, Geraldo Sampedor, se apoderó de la ciudad por un corto espacio de tiempo. En 1169, con Fernando II, volvió a ser reconquistada. En 1173 pasó de nuevo a formar parte del imperio almohade dentro de cuyo dominio se mantuvo hasta 1227, en que fue definitivamente reconquistada por Alfonso IX de León.

La ocupación total de Extremadura culminó en 1228 con la toma de Badajoz. Las órdenes militares aparecieron vinculadas a esta expansión leonesa a través del territorio en conflicto con los intereses del Reino de Portugal. Las tierras cacereñas del norte de Extremadura quedaron guarnecidas por caballeros salmantinos de la Orden de San Julián de Pereiro, aprobada por el Papa en 1177 y que cambiarían su nombre por el de Alcántara en 1213. Estas órdenes organizaron un poderoso entramado defensivo gracias al cual se agilizó el final del imperio almohade. La repoblación de la tierra extremeña corrió a cargo de estas particulares comunidades religiosas, además de la Orden de Alcántara también la de Santiago, San Juan y los Templarios vieron acrecentar sus propiedades a lo largo del solar extremeño, lo que trajo consigo la creación de grandes latifundios. Los conflictos entre las órdenes militares y los concejos municipales definirían la evolución posterior del territorio. Cáceres recibió su primer fuero dos años después de ser conquistada; Badajoz, tras una etapa breve bajo el dominio de la Orden de Santiago, logró privilegios concejiles otorgados por Sancho IV. Durante este siglo las banderías entre los principales linajes nobiliarios también supusieron un foco de conflicto. Sancho IV, en 1289 hubo de sitiar Badajoz para sofocar una contienda que duraba varios años entre dos facciones nobiliarias de la ciudad.

En el terreno económico, durante este período convivieron en la región dos sistemas de explotación perfectamente diferenciados. Por un lado, las grandes extensiones territoriales, propiedad de la aristocracia castellana y de las órdenes militares; en el siglo XIV prácticamente la mitad de las tierras de Extremadura pertenecían a la familia de los Estúñiga; y por otro, propiedades comunales que disfrutaban los concejos municipales, en algunos casos como en Cáceres, Plasencia o Badajoz de considerable extensión. Esta situación derivó en continuos enfrentamientos entre los dos poderes, el concejil y el poder nobiliario, disputas que frecuentemente contaron con el arbitrio del rey. El conflicto entre los propietarios de las tierras y los ganaderos se inició a partir del auge experimentado por la actividad ganadera. Esta expansión se debió fundamentalmente a factores como la escasa densidad demográfica de la región, la inestabilidad que padecía, dado su carácter fronterizo con el reino portugués y el territorio musulmán, y a intereses nobiliarios. Cuando en los siglos XII y XIII la trashumancia comenzó a dirigirse hacia los invernaderos de la región extremeña la monarquía inició una política proteccionista mediante la concesión de privilegios de paso, las cañadas, así como privilegios de pasto a órdenes militares, concejos y nobles, actitud que perjudicaba sobre todo a los pequeños propietarios. Las disputas entre los dueños de las tierras y los ganaderos acabaron por decantarse a favor de estos últimos con la creación del Honrado concejo de la Mesta en 1273. Aunque en un principio la monarquía intentó contrarrestar su poder, ante los beneficios económicos que reportaba activó un progresivo apoyo. En virtud de esta protección se realizaron concesiones feriales en localidades como Badajoz en 1258 y Cáceres en 1300. Como consecuencia de la protección ganadera en Extremadura se formaron enormes extensiones de tierras dedicadas a pasto deshabitadas y, con ello, apareció un numeroso grupo de campesinos sin tierras que ofrecía su trabajo a los grandes señores en la época de la siega a cambio de un jornal.

A partir de la primera mitad del siglo XIV y durante toda la centuria, Extremadura se vio afectada por la amenaza expansionista del Reino de Portugal. Badajoz por ello sufriría continuos asedios, lo que provocó el establecimiento de una tupida red de fortificaciones a lo largo de toda la frontera luso-extremeña.

Edad Moderna

Durante la Edad Media el marco geográfico de la Corona castellana había configurado una pluralidad territorial en la unión de distintos reinos y territorios; con los Reyes Católicos se produjo la unificación de Castilla y de Aragón. En esta realidad múltiple de la Monarquía Hispánica, Extremadura dispuso de un territorio difícil de definir y delimitar. El territorio extremeño quedó progresivamente reducido a la parte occidental del reino de Toledo, entre Castilla, León, Andalucía y Portugal (con la que se había fijado fronteras en el año 1297). La organización política y administrativa se definió a lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII; la Alta y Baja Extremadura fueron una realidad hasta el reinado de Carlos III, quien redujo sus límites en 1765. La aportación de Extremadura, como ente territorial, a la política española fue muy escasa; por ejemplo, la representación en Cortes de las ciudades extremeñas estaba confiada a Salamanca. Sólo a finales del siglo XVII, y de manera casi honorífica, las ciudades de Badajoz, Cáceres, Trujillo, Plasencia y Alcántara tuvieron la concesión de voto en Cortes. Como consecuencia de la reconquista existió una multiplicidad de poderes, repartidos y complementarios, entre el rey, señores de la alta nobleza, titulares de encomiendas de las Órdenes Militares, oligarquías señoriales establecidas en los municipios y los poderes clericales; todos ellos crearon una interrelación de jurisdicciones en una tierra marginada de los intereses políticos, a lo que se unió una economía basada en la propiedad latifundista, en la que los campesinos no tenían posibilidad de acceder a la propiedad de la tierra, y una ganadería trashumante, dominada por la Mesta, que impidió el desarrollo de la agricultura; el resultado se manifestó en una fuerte migración a las nuevas tierras americanas. Pero no sólo fueron campesinos, la baja nobleza buscó fortuna en un nuevo mundo lleno de posibilidades. A partir de 1502 los barcos que se dirigían a América estaban llenos de extremeños dispuestos a colonizar unas tierras que necesitaban de ellos para crear una sociedad peninsular que habitara las ciudades. El gobernador de las Indias, que en ese momento era el extremeño fray Nicolás de Orando, abrió el camino de América a sus paisanos. Extremadura proporcionó gran número de hombres a la tarea de la conquista. De la provincia de Cáceres partieron: Pizarro hacia Perú, Orellana al Amazonas, y Paredes a Venezuela; de Badajoz partieron: Hernán Cortés hacia México, Valdivia a Chile, Balboa al Pacífico, Soto a Florida, Alvarado a Guatemala y Belalcázar a Quito. El flujo de riqueza de los conquistadores americanos que entró en Extremadura vino con vocación de atesoramiento, producto del cual se desarrolló un embellecimiento de las ciudades cuyo más claro ejemplo es el actual barrio antiguo de Cáceres.

Tras tornar Portugal en 1640 a su condición de reino independiente (en 1581 Felipe II había sido reconocido rey de Portugal por las Cortes portuguesas reunidas en Tomar), Extremadura fue escenario de la guerra hispano-lusa, que asoló las tierras extremeñas. La contienda transcurrió entre diciembre de 1640 y el 13 de febrero de 1668, año en que Castilla reconoció la independencia de Portugal. En 1657 Portugal inició una ofensiva que fue respondida por el gobernador de Extremadura, duque de San Germán, que recibió desde Madrid orden de atacar. Sitió Olivenza, que se rindió el 30 de mayo de 1657, y el castillo de Morau, que fue tomado el 13 de junio de ese mismo año. En tanto, el general luso San Lorenzo intentó apoderarse de Badajoz, pero la ciudad rechazó el ataque. La reina portuguesa Luisa de Guzmán dio el mando de su ejército a Juan Méndez de Vasconcellos, dado que San Lorenzo no logró detener el avance español; Méndez se aprovechó de la debilidad del ejército español (más pendiente de la guerra con Francia), y sitió en 1658 la ciudad de Badajoz, al tiempo que recuperaba el castillo de Morau. El conflicto terminó tras la paz de 1668. En los primeros meses del problema sucesorio que enfrentó a Felipe V con el archiduque Carlos, Portugal permaneció neutral, pero pronto apoyó la causa del Austria, tanto por las presiones de las potencias enemigas de Felipe de Anjou como por la promesa de la anexión de los territorios de la Baja Extremadura, en concreto Alcántara y Badajoz, que le fue hecha. El 30 de abril de 1704 Felipe V declaraba la guerra a Portugal y Extremadura se convirtió en el principal centro de operaciones; los portugueses tomaron Valencia de Alcántara, Alburquerque, Jerez de los Caballeros y otras villas menores, pero fracasó en sus intentos de tomar Badajoz (que soportó los dos asedios a que fue sometida en 1705). Tras la derrota de A Gudiña (en Galicia) y de Almansa en el año 1709, Portugal se vio obligada a pactar por vía diplomática con España. Según los tratados firmados en los años 1713-14 se ponía fin a la guerra y Portugal tuvo que devolver las plazas ocupadas (aunque recuperaba Olivenza), a cambio de la colonia americana de Sacramento. El siglo XVIII se acrecentaron los problemas que durante los siglos XVII y XVIII habían impedido el progreso económico extremeño; la gran propiedad, las migraciones y la preponderancia de la ganadería, personificada en la Mesta, sumieron a Extremadura en el retraso, con un estancamiento de la población que a lo largo del siglo XVIII se mantuvo en cuotas cercanas a los 400.000 habitantes. Los ilustrados tomaron conciencia de esta situación y durante los reinados de Carlos III y Carlos IV se iniciaron proyectos como los de la repoblación de las tierras de Trujillo y Plasencia o las tierras de Ciudad Rodrigo. Los informes de los corregidores, en especial del extremeño Vicente Payno en favor de la agricultura y control de la ganadería, hicieron que se levantara un pleito entre el concejo de la Mesta y Extremadura sobre el problema agrario, pleito en el participó activamente Campomanes . De este litigio derivaron discusiones sobre la posibilidad de plantear una ley agraria que solucionara la problemática. Esta situación de confrontación llegó a provocar motines en contra de la Mesta, como los de 1776, mientras se continuaban emitiendo informes sobre el campo extremeño, tales fueron los de la Junta Central de Comercio en 1771 y del Consejo de Castilla en 1783. De este conflicto salieron resoluciones y disposiciones para que se llevase a cabo el reparto de tierras baldías y concejiles entre los vecinos que más necesidades tuvieran, así como la aprobación del cercamiento de los campos para defenderse del paso del ganado, lo que significó un durísimo ataque a los, hasta entonces, intocables privilegios de la Mesta. En 1778 fue otorgado un fuero para los extremeños. El llamado fuero del bailío fue dado a la villa de Alburquerque, como derecho local, por su fundador don Alfonso Téllez. Este fuero se extendió luego a Jerez de los Caballeros y otros pueblos de Extremadura. Carlos III en este año de 1778 lo declaró válido y de aplicación en la zona de Extremadura. El año 1790 supuso la creación de la Real Audiencia de Extremadura, cuya sede se fijó en Cáceres y de la cual se originaron nuevas divisiones, tanto en aspectos judiciales como administrativos.

Edad Contemporánea

La Edad Contemporánea se inició con un nuevo conflicto entre España y Portugal, la denominada guerra de las Naranjas, que se situó en el contexto del conflicto que enfrentaba a franceses e ingleses, ya que Portugal era aliada de los británicos y España de los galos. Napoleón presionó a Carlos IV para que declarara la guerra a Portugal si no abandonaba su alianza con Inglaterra. El monarca español envió un ultimátum a los lusos que respondieron negativamente. El 27 de febrero de 1801 estalló la guerra; Carlos IV envió al extremeño Manuel Godoy con un ejército de 80.000 hombres (60.000 españoles y 20.000 franceses), que entró en Portugal sin ninguna dificultad y conquistó Olivenza sin resistencia, al igual que otras fortalezas del Alentejo. Antes de cruzar el Tajo el rey portugués se rindió temiendo ver su país invadido por los franceses. El 6 de junio de 1801, Godoy y Luis Pinto firmaron el Tratado de Badajoz por el que Portugal prometió cerrar sus puertos a Inglaterra (lo cual no se llevó a la práctica) y en su artículo tercero cedió la plaza de Olivenza y su distrito a España. La guerra de Independencia tuvo en Extremadura importantes acciones bélicas, ya que la región estaba en medio del grueso del ejército francés en España y las tropas expedicionarias en Portugal. En 1809 el general francés Víctor derrotó al general Cuesta en Medellín, lo que propició el avance francés y la retirada hacia el interior de Portugal de Wellington. En el año 1811 los franceses iniciaron una ofensiva bajo las órdenes de Soult, en la que tomaron Olivenza el 22 de enero y Badajoz el 11 de mayo; el avance fue imparable y así, tras derrotar al general Mendizábal, llegaron a Alburquerque y a Villanueva de Alcántara. Pero una inesperada contraofensiva de Wellington derrotó a los franceses en Fuentes de Oñoro. Por otra parte, Beresford, al frente de un ejército hispano-portugués, se dirigió a Badajoz para liberarla. Allí de enfrentó con Soult el 16 de mayo de 1811 en la batalla de la Albuera; la batalla fue una de las más sangrientas de la guerra. Las tropas aliadas contaron entre muertos y heridos 5.000 víctimas, mientras que la cifra se elevó a 7.000 entre los franceses. Tras la batalla, las tropas de Napoleón quedaron muy debilitadas en la zona, así en 1812 Wellington recuperaba Badajoz, y Extremadura quedaría liberada de la ocupación francesa. En 1833 el ministro Javier de Burgos estableció la división territorial de España en 49 provincias; en Extremadura se crearon las provincias de Cáceres y Badajoz, que venían a ser las antiguas Alta y Baja Extremadura, con un jefe político y un intendente al frente de cada una de ellas. Las provincias fueron divididas en distritos denominados partidos judiciales: Cáceres contó con 13 y Badajoz con 15. Durante el siglo XIX las condiciones del Antiguo Régimen en el campo se mantuvieron y, por ende, la emigración, que aumentó su proceso. La población de Extremadura a mediados del siglo XIX era de 817.000 habitantes. A este retraso secular se unió la falta de inversión industrial, a excepción de los curtidos de Zafra y Cáceres, la harinera de Castuera y la industrial de fundición de Villanueva de la Serena; el único producto que se exportó de manera significativa fue el corcho, que tenía como destino Cataluña y Andalucía. En cambio sí se puede hablar en estos años de un comercio intenso centrado en las ferias de Zafra, Mérida, Trujillo, Zalamea y Cabeza del Buey. El ferrocarril llegó entre 1860 y 1868 comunicando Ciudad Real con Badajoz, y en 1881 se abrió la línea Madrid-Cáceres-Lisboa.

Véase España, Historia de (12): 1808-1874.

El siglo XX se inició marcado por el fuerte peso de la estructura caciquil sobre los latifundios y la administración civil, que actuaron en ciudades y aldeas; fueron tiempos de frecuente corrupción. En la Segunda República se manifestó un movimiento campesino con significativa fuerza, que puso sus esperanzas en la reforma de la ley agraria que observaba el reparto de las tierras. Fue también en ese momento cuando se plasmaron las bases del futuro Plan Badajoz con el que se pretendía un aprovechamiento agrario de las aguas del Guadiana. Tras el alzamiento del 18 de junio de 1936 y el inicio de la Guerra Civil, Extremadura quedó muy pronto bajo el mando nacional. El general Yagüe se apoderó de Badajoz el 14 de agosto de 1936 y el territorio extremeño permaneció en relativa paz durante todo el conflicto.

En el año 1952 se publicaron las condiciones del Plan Badajoz, que supuso una transformación de la economía y paisaje extremeño. El objetivo que perseguía era la regulación de las aguas del Guadiana (lo cual se consiguió con la construcción del embalse de Zúgara en 1965). Tras esto, se colonizaron las tierras puestas en regadío con la creación de nuevos pueblos que han dejado su impronta en la toponimia. El Plan también comprendió un proyecto de repoblación forestal; en 1969 se sobrepasó ya el límite fijado como objetivo. Fueron importantes los trabajos de infraestructuras con la creación de 598 kilómetros nuevos de carreteras y caminos vecinales, y se mejoraron 442 kilómetros más. La emigración fue muy acusada y casi alarmante a partir de 1950 y de forma especial desde 1960, lo que indicaba que el estado de la economía extremeña no permitía absorber el incremento de la población, de hecho a inicios de los años setenta Cáceres y Badajoz ocupaban los niveles de rentas provinciales más bajos en el conjunto del Estado español. Las zonas más industrializadas de España (Madrid, Barcelona y País Vasco) fueron los principales focos de atracción nacional, mientras que Francia y Alemania fueron los países a donde más se dirigieron los extremeños. Con el fin de la dictadura, Extremadura mostró sus inquietudes regionalistas, así el 30 de julio del año 1977 se constituyó en Mérida una Junta de Parlamentarios Extremeños con el fin de pedir para la región el régimen preautonómico del que ya gozaban otros territorios y regiones del Estado español; se convirtió éste en asunto prioritario. El 13 de julio de 1978 se publicó el Real Decreto en el que se aprobaba un régimen administrativo preautonómico y se creó la Junta Regional de Extremadura, cuyo presidente fue el senador de Unión de Centro Democrático (UCD) Luis Ramallo. Se iniciaba así de modo oficial el camino hacia la autonomía. Las tensiones entre los miembros del partido centrista repercutieron en las relaciones del gobierno central con el preautonómico, lo que retrasó la redacción de un estatuto de autonomía definitivo. La situación vino a complicarse con las elecciones generales de 1979 en las que UCD obtuvo 7 diputados, y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) 5. Bermejo, diputado de UCD, fue nombrado presidente del gobierno autonómico tras lo que se aceleraron los trámites para la redacción del estatuto que, según lo pactado por PSOE y UCD en julio de 1981, se elaboró en el ámbito del artículo 143 de la Constitución.

La Comunidad Autónoma actual

La aprobación del Estatuto de Autonomía de Extremadura en Cortes se produjo el 25 de enero de 1983. Las primeras elecciones autonómicas se realizaron ese mismo año; obtuvo el PSOE 35 escaños; la coalición AP-PDP-UL, 20 escaños; el Partido Regionalista de Extremadura Unida, 6; y el Partido Comunista de España, 4. Juan Carlos Rodríguez Ibarra fue elegido presidente del gobierno autónomo (Junta de Extremadura), cargo que desde entonces renovó en cinco ocasiones consecutivas. Desde los primeros momentos preautonómicos ya hubo iniciativas para ubicar la capitalidad del ente autonómico extremeño en la ciudad de Mérida, atendiendo a criterios históricos, funcionales y de centralidad. Disputas entre los partidos políticos y las capitales provinciales al respecto hizo que se levantaran fuertes polémicas. Al fin, se decidió por consenso que Mérida fuera la capital de Extremadura, en las que se fijaron las sedes del Tribunal Superior de Justicia de Extremadura y del Parlamento regional, cuyos órganos personales se concretan en la Junta de Extremadura, que es la denominación específica que en el Estatuto se da al órgano ejecutivo autonómico. Está configurada por el presidente y los consejeros, limitado por el propio Estatuto a diez su número máximo. La grave situación económica se mantuvo durante los años ochenta por lo que la Junta el 6 de febrero de 1990 pretendió una reforma agraria, basándose en la escasa legislación al respecto, por medio de expropiaciones. La respuesta se plasmó en numerosos recursos aceptados por el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Autónoma, lo que llevó a un enfrentamiento entre el poder ejecutivo y el judicial. Extremadura ha recibido subvenciones del fondo de cohesión europea tras haber superado las condiciones que la CE había impuesto sobre la corrección de los impactos ecológicos producidos por su Plan de Desarrollo, que han permitido afrontar diversas actuaciones dirigidas a relanzar la economía y la industria.

Arte y Cultura

Extremadura conserva algunas muestras de arte prehistórico como los megalíticos dólmenes de Garrovillas y de Prado de Lácara, o las pinturas rupestres de Hornachos o Alange entre otros. Importante es el tesoro de Aliseda (siglo VII a.C.), en el que hay piezas tartesas junto a otras de origen oriental. La época romana supuso un período de gran brillantez, cuyo foco principal fue Augusta Emerita (Mérida), fundada en año 25 a.C. y pronto se convirtió en la capital de la provincia de la Lusitania. Por esta condición, la ciudad fue dotada de grandes edificios públicos cuyas ruinas se conservan en parte. Entre éstas destacan las del teatro y el anfiteatro. El primero fue construido por orden de Agripa y tiene cabida para 5.000 espectadores. Destaca la belleza de su escena, de orden corintio, que estaba decorada con numerosas estatuas. Otros monumentos son el circo, un templo, varias mansiones, los acueductos de Los Milagros y de San Lorenzo y una amplia muestra escultórica. Otros ejemplos romanos son los puentes de Alcántara y de Alconétar; y del período paleocristiano destaca la basílica de Santa Eulalia (siglo IV)en Mérida.

El foco emeritense también tuvo en época visigoda una gran importancia al ser receptora de la cultura bizantina en la península, que se plasmó en ejemplos arquitectónicos y, sobre todo, votivos, en el arte de los visigodos. El arte musulmán en Extremadura dejó en Badajoz sus mejores muestras: la muralla, la alcazaba, la torre de Espantaperros. Igualmente interesantes son las murallas de Jerez de los Caballeros y de Plasencia y las alcazabas de Mérida, Reina y Trujillo. El gótico refleja la influencia de los núcleos toledano y salmantino y es el período más fructífero en la creación artística de Extremadura. El monumento más destacado es la catedral de Badajoz, del siglo XIII (con elementos de los siglos XVI y XVII). Otras importantes construcciones góticas son las iglesias de San Juan y de Santa María la Mayor y el convento de San Pablo en Cáceres; las catedrales Vieja y Nueva (siglos XIV-XV) y las iglesias de Santa María Magdalena y San Nicolás en Plasencia; la catedral de Coria (siglo XVI, con portadas platerescas); los castillos de Trujillo o Medellín; al alcázar de Zafra (siglo XV); el monasterio de Yuste (siglos XV-XVI). El arte mudéjar tuvo en estos tiempos un brillante ejemplo en el monasterio de Guadalupe , que reúne el arte gótico, el gótico-mudéjar, plateresco y el renacentista, con una hermosa sacristía barroca decorada con cuadros de Zurbarán.
 

La conquista y colonización de América representó para Extremadura un marcado renacer artístico que se plasmó en numerosos edificios civiles, sobre todo mansiones y palacios, así como obras de infraestructura y ayuntamientos. El barroco en Extremadura no se desarrolló con plenitud, y los ejemplos se centran en la decoración del interior de las iglesias. El siglo XIX transcurrió sin grandes obras de arte y del siglo XX hay que destacar obras en Almendralejo de M. Fisac; el nuevo poblado de Vegaviana de J.L. Fernández del Amo, o el Museo nacional de arte romano de Mérida, obra de Rafael Moneo.

De la historia de los artistas plástico extremeños hay que empezar por Luis de Morales, en el siglo XVI, que tuvo taller abierto en Badajoz durante más de veinticinco años. Este pintor alcanzó fama por sus versiones de la Piedad y del Ecce Homo. El extremeño Francisco de Zurbarán fue uno de los máximos representantes del barroco español. A partir del barroco, la actividad artística decayó notablemente en Extremadura. En el siglo XIX, Antonio Pérez Rubio pintó cuadros de historia. Ya en el siglo XX, destacó sobre todo la obra de Juan Barjola, cuya pintura se halla en la frontera entre la abstracción y una nueva figuración. Enríquez Pérez Comendador y Juan de Ávalos han cultivado la escultura monumental.

En tiempos de los Reyes Católicos hubo un importante grupo de humanistas patrocinado por el mecenazgo del maestre de Alcántara, Juan de Zúñiga. Entre estos humanistas destacó Arias Barbosa, de origen portugués, y en el grupo se incluye Antonio de Nébrija, que estuvo en la ciudad de Alcántara entre los años 1503 y 1504. En el reinado de Carlos I sobresalieron personajes como el cronista oficial Bernabé del Busto, el historiador placentino Luis de Ávila y Zúñiga, y el obispo Pedro Ruiz de la Mota, quien presidió las cortes de La Coruña en el año 1520. En la Edad Contemporánea, hay que destacar las figuras del prerromántico Meléndez Valdés, en el siglo XIX, que sobresalió sobre todo en los trabajos poéticos de carácter anacreóntico (poesía que canta con delicadeza al amor y otros placeres); y a inicios del siglo José María Gabriel y Galán, autor de las Extremeñas, este autor, aunque salmantino de nacimiento, llevó la voz de Extremadura a la literatura castellana.

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PERSONAJES CÉLEBRES DE LA RIOJA
 

Marco Fabio Quintiliano, c.35-c.95
Marco Aurelio Prudencio Clemens
San Millán
Santa Oria
San Gregorio Ostiense
Santo Domingo de Silos
Santo Domingo de la Calzada
Gonzalo de Berceo
Juan de San Millán
Francisco de Ampuero
Pedro Ruiz del Castillo
Fray Juan Ramírez
Juan Fernández de Navarrete
Juan Ramírez de Velasco
Antonio Segura
Esteban de Torrecilla y Manso
Francisco López de Zarate,                 Juan de Torrecilla Briones
Esteban Manuel Villegas
Rodrigo de Arriaga
Pedro de Murga
Antonio de Brocarte y Sáenz
Fr. José Sáenz de Aguirre
José Manso de Velasco

Francisco Moreno                            Juan de Balmaceda y Zensano
Zenón de Somovilla                  Francisco Javier García Fajer, el Españoleto. Músico
D. Francisco Mateo Aguiriano y Gómez
Antonio Valdés y Fernandez-Bazán
Mateo Albéniz
Fausto Delhúyar y Lubice
Martín Fernández de Navarrete
Manuel García Herreros
Manuel Agustín Heredia Martínez
Martín Zurbano
Joaquín Baldomero Fernández Álvarez
Pedro Albéniz y Basanta
José Cámara y Moreno
Manuel Bretón de los Herreros
Martín Larios y Herreros
Cosme Marrodan Rubio
Domingo Dulce Garay
Salustiano Olozaga y Almandoz
Santos Tornero Montero
Mariano de la Paz Graells
Pedro Duro

 

Y otros....

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RESUMEN DE DATOS

Datos básicos

Nombre oficial: Comunidad Autónoma de La Rioja.
División administrativa: Uniprovincial.
Capital: Logroño.
Extensión: 5.045 km².

Población

Población: 276.702 (2001)
Natalidad: 2.301 (2000)
Mortalidad: 2.496 (2000)
Crecimiento vegetativo: -195
Residentes extranjeros: 5.915 (2000)
Gentilicio: riojano.

Desarrollo económico y laboral

PIB a precios de mercado: 4.459 millones de € (2000)
Índice de bienestar: 6 (media nacional 2001: 5 sobre 10)
Población activa: 105.800 (2001)
Población inactiva: 113.400 (2001)
Población ocupada: 98.400 (2001)
Población parada: 7.400 (2001)
Tasa de paro: 7% (2001)
Paro registrado: 7.160 (2001)

Administración y Gobierno

Estatuto de autonomía: LO 3/1982, de 9 de junio (BOE nº146, de 19 de junio de 1982). Reformado por LO 3/1994, de 24 de marzo y LO 2/1999, de 7 de enero.
Órganos autonómicos:
Ejecutivo: Consejo de Gobierno de La Rioja. Presidente: Pedro Sanz Alonso.
Legislativo: Diputación General de La Rioja: 33 diputados.
Judicial: Tribunales Superiores de La Rioja.
Partidos políticos con representación parlamentaria (elecciones 25 de mayo de 2003):
PP: 17 escaños; PSOE: 14; PR: 2 escaños.
Funcionarios de la administración pública (año 2001): 14.949
Admón. Estatal: 6.847
Admón. Autonómica: 5.744
Admón. Local: 2.125
Universidades: 233
Enlaces en Internet
http://www.larioja.org; Página oficial de la Comunidad Riojana.
 

Otros datos de interés

Fiesta autonómica: 9 de junio, Día de La Rioja.

Fuente de algunos de estos artículos: ENCICLONET - La Enciclopedia Universal 

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