Cantabria

Santander (Historia)

Cantabria - Santander - Carabelas

 

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 Santillana del Mar (Historia)

 Cantabria - Santillana del Mar

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LA COMUNIDAD DE CANTABRIA

Comunidad autónoma uniprovincial de España, con 535.131 habitantes (censo 2001), que responden al gentilicio de cántabros, y con una extensión 5.321 km². Limita al N con el mar Cantábrico, al E con Vizcaya, al SE con Burgos, al SO con Palencia y León, y al O con Asturias. Capital, Santander.

Hablando un poco más de Cantabria

Cantabria, situada al norte de España, ocupa una extensión de 5.289 Km. cuadrados, que van desde las montañas de la Cordillera Cantábrica, hasta las aguas del mar Cantábrico. Sus limites son: al norte, con el mar Cantábrico, al oeste con el Principado de Asturias, al sur con Palencia y Burgos (Castilla y León) y al este con Vizcaya (País Vasco)

En su costa, jalonada de pueblos pesqueros, playas y pequeñas calas, se disfruta de paisajes bellísimos. En el interior abundan los paisajes montañosos, con bellos valles donde se asientan villas pasiegas de gran tipismo.

En sus ríos, con un clima en general suave y húmedo, abundan los salmones y truchas. Hidrográficamente hablando, la montaña más singular de España está en Cantabria, por la sierra de Peña Labra, una cumbre que apenas destaca entre las circundantes, pero que sin embargo tiene la peculiaridad de que una gota caida en su cumbre puede ir tanto al Océano Atlántico, como al mar Cantábrico como al Mediterráneo. A ello se debe su nombre de Pico de Tres Mares, pues de aquí parte el río Pisuerga que mas tarde será el Duero, desembocando en el Atlántico; el bravo río Nansa que fluye al Cantábrico; y por último el Hijar que en seguida se transformará en el Ebro para morir en el Mediterráneo. A partir de esta singular cumbre se suelen emprender excursiones montañeras y descender el Ebro en Piragua.

La capital cántabra, Santander, está situada en una hermosa bahía, cuyo puerto sostiene un gran tráfico marítimo. Posee a su vez un gran aeropuerto y se vanagloria de ser una ciudad abierta y cosmopolita. Es de destacar la amplia oferta cultural que se despliega en ella durante la época estival, sobre todo gracias a su Universidad Internacional Menéndez Pelayo y el Festival Internacional. Sus museos, ferias taurinas, casino de juegos en el incomparable marco del puerto deportivo del Sardinero, junto con sus importantes instalaciones deportivas, hacen de Santander una ciudad extremadamente atractiva para el ocio.

Otras ciudades importantes son: Torrelavega, Astillero, Camargo, Reinosa, Castro Urdiales, Corrales de buelna, Laredo, Santoña y Santillana del Mar, donde se encuentran las Cuevas de Altamira.

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HISTORIA DE CANTABRIA

La Comunidad Autónoma de Cantabria se ha volcado tradicionalmente en dos elementos: la montaña, lugar de origen y resistencia de los cántabros, donde se supo mantener unas tradiciones ancestrales, y al mar, a través de los puertos de la Mar de Castilla, por donde llegaron nuevos aires de modernidad a la región.

Prehistoria

La mayor parte de los yacimientos se concentran en la franja costera cántabra, como la Cueva del Castillo, en Puente Viesgo, lugar que ofrecía mayores ventajas a los pobladores del achelense, no sólo por las cuevas y refugios naturales, sino también por la variedad de fuentes de alimento. Estos grupos sobrevivían mediante la caza, pesca, recolección y carroñeo de piezas. El carácter limitado de estos recursos les obligaba a desplazarse continuamente una vez agotados o cuando los rebaños emigraban. Los grupos eran muy numerosos para evitar la rápida esquilmación del territorio. Hace aproximadamente 90.000 años, durante la glaciación conocida como Würm, se desarrolló el musteriense. La población de aquel período, debido a la bajada de las temperaturas, buscó refugio más frecuentemente en cuevas como las de El Castillo y La Flecha, en Puente Viesgo, y El Pendo, El Linar y Morín, en Villanueva de Villaescusa.

En el Paleolítico Superior y dentro de la fase magdaleniense se llegó al apogeo de las sociedades paleolíticas. La mejora de los útiles de caza había permitido una especialización de ésta, así como una reducción en el tiempo empleado para ello. Se pudo sostener a un mayor número de población, reducir los desplazamientos y diversificar las fuentes de alimento. La característica más destacada de aquellos grupos fue el desarrollo del arte rupestre y mobiliar, reflejo de una organización social más compleja y de sus creencias. La Comunidad Autónoma de Cantabria cuenta con una rica muestra, pues, de las 90 cuevas conocidas hasta el momento en la región, 45 de ellas están decoradas. Altamira, llamada la Capilla Sixtina del Arte Paleolítico, sigue siendo la más famosa, pero no deben olvidarse ejemplos como la cueva de Hornos de la Peña, en San Felices de Buelna; las cuevas Chufín, en Riclones, así como las de La Haza y Covalanas, en Ramales de la Victoria, o Las Monedas, en Puente Viesgo. Entre el VIII y el IV milenio se desarrolló en Cantabria una nueva forma de vida y cultura: el aziliense cantábrico.

Desde el IV milenio se asentaron en Cantabria grupos que obtenían de la ganadería y la agricultura la mayor parte de los alimentos, sin abandonar totalmente por ello la caza. Los cambios del llamado Neolítico fueron adoptados por la población local, que ocupó zonas altas de ricos pastizales en una clara adaptación a los ritmos del pastoreo. Surgieron los primeros poblados organizados, cuyo fenómeno más característico fue el megalitismo. Los ejemplos en Cantabria son muy numerosos: los de Peña Oviedo, en Camaleño; La Raiz, en San Vicente de la Barquera; Alto de Lodos, en Guriezo, o el cromlech del Collado de Sejos, en Poblaciones. En la mayoría de los megalitos se han descubierto enterramientos comunes, propios de grupos sin una fuerte diferenciación social. Su presencia en lugares elevados podría haber indicado rutas importantes o bien ciertos límites territoriales o jurisdiccionales. A fines del III milenio se produjo una progresiva introducción de la metalurgia en Cantabria. Los grupos especializaron el trabajo, con lo que se diferenciaron jerárquicamente. En el magnífico Caldero de Cabárceno pudo observarse la evolución técnica y artística de los objetos realizados en metal: puntas de flecha, punzones, hachas, puñales, calderos y espadas.

Desde el I milenio a.C., durante la Edad del Hierro, se desarrolló en el norte peninsular una cultura propia: la castreña. En la zona cántabra no hubo grandes y poblados enclaves. Condicionados por la falta de yacimientos y por la poca productividad del terreno, muchos grupos se trasladaron a la zona sur, a lugares como Monte Bernorio o Monte Cildá, en la actual Palencia, así como Amaya, en Burgos. La cultura castreña tuvo su origen, aún discutido, en unos aportes indoeuropeos a la población autóctona. Dentro de ella pueden distinguirse tres grupos: galaicos, astures y cántabros, que se extendían aproximadamente desde la margen derecha del río Sella y alto Esla hasta las tierras altas de las actuales provincias de Palencia y Burgos. Este territorio se dividía en dos regiones: la transmontana, al norte de la Cordillera Cantábrica, y la cismontana, al sur, con frecuentes contactos con la Meseta.Los cántabros se organizaban en gentilidades o familias extensas, cuyos miembros estaban unidos entre sí por vínculos de sangre. Las gentilidades se componían de diversos clanes. A su vez, varios clanes formaba una tribu. Un rasgo de estos pueblos fue la pervivencia de tradiciones matriarcales, como la covada, el matrilocalismo, la filiación materna y una activa participación de las mujeres en las actividades de la tribu. Varios autores clásicos han dejado testimonios de la organización y modo de vida de estos pueblos: Estrabón, Dión Casio, Floro y Orosio. El primero relata que el recurso económico fundamental era la recolección de bellotas y la cría de caballos, cabras y vacas. No habían abandonado la caza y practicaban una agricultura muy rudimentaria. Este primitivismo en las actividades económicas y la falta de recursos alimenticios derivado de ello, pudo ser la causa de las periódicas expediciones de saqueo contra los ricos campos de la Meseta.

Edad Antigua

La conquista romana del territorio norte supuso el colofón al proceso iniciado doscientos años antes en la Península Ibérica. Sus causas fueron varias: primeramente, fijar la frontera en un lugar seguro como era el océano; en segundo punto, consolidar el reciente nombramiento de Augusto como emperador a la manera tradicional de los grandes generales romanos mediante la conquista de nuevos territorios para Roma y por último, acabar con un pueblo abiertamente hostil al control romano que podía contagiar su comportamiento a otros pueblos peninsulares ya sometidos. Las Guerras Cántabras se desarrollaron durante diez años, ya que las periódicas campañas militares de pacificación y sometimiento eran seguidas por nuevas insurrecciones locales. El valor, fiereza y tenacidad del pueblo cántabro fueron exaltados largamente por los autores romanos; además, lo accidentado del terreno permitió una lucha de guerrillas frente a la que las legiones romanas nada podían hacer. La contienda fue tan dura que requirió la presencia del mismo emperador Augusto en el año 26 a.C., que obtuvo un triunfo en Aracillum, la actual Aradillos, cerca de Reinosa. La mayor parte de los enfrentamientos habían tenido lugar dentro de la zona cismontana, y sólo en los últimos momentos del enfrentamiento se logró penetrar en la transmontana.

El fin oficial de la guerra se produjo en el año 19 a.C. con las campañas dirigidas por Agripa, el yerno del emperador; aún así, la pacificación no fue completa y hubo nuevos alzamientos en el 16 a.C. La tenue romanización de la zona cántabra pudo deberse a la falta de presencia romana efectiva, salvo en los campamentos militares. Roma renunció a la fusión y se limitó a la explotación de los recursos económicos (hierro y sal) de la zona tomada. Tras la conquista, el territorio cántabro quedó englobado dentro de la provincia Tarraconense. El emperador Vespasiano, en el 69 d.C., realizó una nueva organización administrativa del territorio norte peninsular mediante los conventus iuridici, que se ajustaban a las diferencias étnico-culturales previas: el conventus lucensis englobó a los galaicos, el asturum a los astures y el conventus cluniensis a los cántabros. Con la nueva división de Diocleciano, en el siglo III d.C., el territorio cántabro se mantuvo dentro de la Tarraconense.

Las ciudades cántabras más importantes de aquel período, y en las que se han venido realizando activos estudios arqueológicos, eran Flaviobriga y Iuliobriga. La primera, situada en la zona litoral, desarrolló actividades vinculadas a la pesca, la explotación del hierro y el comercio terrestre hacia tierras del interior. Fue fundada como colonia por Vespasiano sobre un asentamiento preexistente denominado Portus (S)Amanum. Iuliobriga fue establecida en un lugar estratégico entre la meseta del Duero y la zona cantábrica, donde se habían producido la mayor parte de los enfrentamientos bélicos. Su posición, e incluso su nombre, que ensalzaba la memoria de Julio César, mostraban el control que ejercía Roma en el territorio. En ambas ciudades la asimilación de la cultura romana por la población fue muy intensa. La romanización del territorio cántabro fue leve, pero no nula. Las vías de comunicación fueron mejoradas en pos de un mejor control militar y económico del territorio cántabro. La principal vía romana era la que unía la meseta norte con Portus Blendium (Suances) y Portus Victoriae Iulobrigensium (Santander), a través de Iulóbriga. Actualmente se conservan numerosos tramos, entre los que destaca el situado entre Somaconcha y Pie de Concha, de 5´5 km de longitud.

Edad Media

El estudio del período medieval en Cantabria supone superar el obstáculo de que el territorio no constituía una unidad política definida, sino que era un conjunto de unidades territoriales que ahora forman la Comunidad Autónoma de Cantabria. Las primeras incursiones bárbaras de suevos, vándalos y alanos, producidas en el territorio peninsular durante el 409 d.C., no causaron excesivos males en el territorio debido a la falta de verdaderas ciudades para su saqueo. La crisis generalizada que sufrió en aquellos momentos el Imperio Romano favoreció el afloramiento de las costumbres cántabras tradicionales, así como una situación de autogobierno en la zona. Cantabria fue conquistada por Leovigildo, que en el 581 obligó a los pobladores a retirarse a las montañas, si bien su triunfo no fue completo, ya que se contabilizaron nuevas ofensivas con sus sucesores. Se creó entonces el Ducado de Cantabria, como territorio defensivo fronterizo que se extendía por la Cantabria foramontana y el curso alto del Ebro hasta el norte de la Rioja, mientras que la cantabria ultramontana quedaba libre del control visigodo, fue perdiendo su denominación y quedó asimilada al territorio astur.

Tras el triunfo musulmán en la Batalla de Guadalete, en el 711, los musulmanes alcanzaron el norte peninsular y, a través de un gobernador establecido en Gijón, trataron de someter a los pueblos del norte. En Cantabria la resistencia la encabezó el duque Pedro, gobernador del Ducado de Cantabria. Fue vencido por Tarik en Amaya, en el 712, y obligado a retirarse a las montañas. Aquella zona montañosa y la situada al norte habían quedado vinculadas al incipiente reino Astur; la dependencia se hizo más fuerte en el reinado de Alfonso I, que era hijo del duque Pedro. Los musulmanes realizaron diversas incursiones contra las fronteras del territorio cántabro: en el 805 saquearon Amaya, antes de ser vencidos en la Horadada, cerca de Mave; en el 825 atacaron la zona de Valdeolea y en el 838 se produjeron razzias en la Merindad de Sotoscueva, al sur de las sierras del Pas y el Miera. Durante el reinado de Alfonso II se iniciaron dos procesos repobladores paralelos: el de la repoblación foramontana, en el que los habitantes del norte de las montañas del Pas, Soba y Ramales se iban asentando en las tierras de la Meseta, y el proceso de repoblación ultramontana, por el que los pobladores llegados de la Meseta se asentaban en las tierras cántabras, sobre todo en la comarca de la Liébana. Ambos procesos tuvieron en monasterios como los de San Salvador de Villeña, Santa María de Cosgaya o el de Aguas Cálidas, en La Ermida, el instrumento repoblador. Liébana se convirtió en un foco cultural que albergaba a figuras destacadas del saber de la época, como Beato, capaz de polemizar con Elipando de Toledo.
 

Durante el siglo XIII, Cantabria se vinculó al reino castellano y se produjo una mejora de las rutas que unían las dos regiones. Su territorio fue reordenado para un mejor control de la monarquía sobre él. Quedó adscrito a la Merindad mayor de Castilla y su territorio fue dividido en merindades menores: Las Asturias de Santillana, Liébana, Aguilar de Campóo, Castilla la Vieja y la Trasmiera. Alfonso VIII convirtió en ciudades a cuatro puertos, mediante la concesión de fuero: Castro-Urdiales, en 1163; Santander, en 1187; Laredo, en 1200; San Vicente de la Barquera, en 1210, y Santillana del Mar y San Martín de la Arena, en 1209. En el proceso de fortalecimiento de su poder, los monarcas necesitaban contar con ciudades que les apoyasen frente a la nobleza eclesiástica y laica. En Cantabria, los señoríos eclesiásticos fueron perdiendo influencia a costa de la extensión de los laicos, como el de la Vega, el de Pero Fernández Agüero, el de Don Tello o el de los poderosos Velasco. Estas ciudades crecieron considerablemente por población no sólo atraída por las libertades y exenciones de que gozaban, sino también por las actividades comerciales, navales y pesqueras que realizaban. A estos puertos llegaban paños, telas, colchas, cueros y joyas procedentes de las principales ciudades atlánticas, mientras que se exportaban cereales, vino, caballos, acero, hierro o maderas. La actividad comercial de estos centros dinamizó también la vida del interior de la región, donde surgieron mercados de ámbito local, como los de Potes o Reinosa. Con el fin de proteger la actividad comercial y a los mercaderes de todo tipo de abusos se creó en 1296 la Hermandad de las Marismas, que agrupaba a las villas costeras y que gozó de gran autonomía hasta la creación en 1494 del Consulado del Mar en Burgos.

Cantabria sufrió como otras regiones la crisis generalizada del período bajo medieval, con crisis frumentarias, hambres, epidemias y descensos de las rentas señoriales. Los señores feudales trataron de recuperarse aprovechando las crisis políticas del reino durante las minorías de Fernando IV y Alfonso XI. Los concejos, unidos entre sí para defenderse de los ataques señoriales, iniciaron el llamado Pleito de los Valles. Sin embargo, la situación política no afecto demasiado al comercio: Santander obtuvo el monopolio de la exportación de lana Castellana a Flandes cuando se cerró el mercado a las exportaciones de lana inglesa. Los mayores beneficiados en el fin de la Edad Media fueron los señoríos laicos, proceso que se vio culminado en 1471, cuando le fueron concedidos los diezmos de los puertos al condestable Pedro Fernández de Velasco.

Edad Moderna

No se puede hablar tampoco de una Cantabria tal y como se conoce actualmente en época moderna. A este territorio se le denominaba como Montañas de Santander, Montañas Bajas de Burgos, Peñas Abajo el Mar o, simplemente, La Montaña. Se encontraba dividido en numerosas entidades, aunque existían grandes conjuntos aglutinadores: el Partido de las Cuatro Villas de la Costa, Las Asturias de Santillana, la Provincia de Liébana, la Merindad de Trasmiera y la Merindad de Campóo. Las Juntas Generales de éstas intentaron articular una provincia bajo sus ordenanzas generales, pero los intentos fracasaron hasta que en 1778 se creó la Provincia de Cantabria. En el gran acontecimiento del período, la conquista y posterior colonización del Nuevo Mundo, se ha constatado la presencia de numerosos montañeses, como el santoñés Juan de la Cosa, maestre de la Santa María. En el siglo XVI la población creció y se concentró en la costa y en los valles cántabros. Salvo las ciudades de Laredo, San Vicente, Santander y Castro, el resto del territorio era eminentemente rural. Un rasgo destacado de la población cántabra era el elevado número de hidalgos. La agricultura de subsistencia fue la base económica de Cantabria, complementada con una importante cabaña, sobre todo vacuna. En estas zonas rurales pervivían los concejos abiertos, en los que los representantes de cada familia podían participar en la gestión de su concejo. En el Valle del Pas, desde el siglo XVI se comenzó a difundir una nueva forma de explotación de los campos a través de las cerradas pasiegas, muestra de una forma individualista de cultivar frente al colectivismo tradicional.

Los bajos rendimientos de los cereales panificables se superaron con la introducción del maíz en la región cantábrica desde el siglo XVII, con el que se lograron elevados rendimientos que no solo mitigaron las periódicas hambrunas, sino que aumentaron la densidad de población y a raíz de ello los movimientos emigratorios. La vida comercial de las villas costeras se redujo notablemente en favor de Bilbao; las actividades relacionadas con la pesca y su derivados no se vieron alteradas en época moderna, a diferencia de la construcción naval de los astilleros de Guarnizo y Colindres o de las fundiciones de cañones, como las de Liérganes y La Cavada, que se vieron estimuladas por las demandas de Felipe II. En las ciudades, el proceso fue diferente: más pobladas, se vieron afectadas a lo largo del XVI por epidemias periódicas, incendios y sacas para el ejército. Desde la Baja Edad Media se produjo un acaparamiento de los principales cargos concejiles en manos de la nobleza. El día 26 de mayo de 1808, Santander se levantó contra el invasor francés. La Junta Suprema Cantábrica asumió los poderes políticos con la participación de la oligarquía urbana. Reunieron a numerosos voluntarios en el Armamento Cántabro, que, al mando del general Velarde, marchó a controlar la ruta que unía Castilla con Santander, pero fueron vencidos por el general Merle en Lantueno y toda la provincia quedó en manos francesas durante cuatro años. La reacción absolutista producida a la vuelta de Fernando VII no afectó a un número elevado de cántabros, puesto que las ideas liberales no habían logrado extenderse. Esta clase emergente, la burguesía mercantil, mantuvo una posición cauta respecto a las nuevas ideas, que sólo aceptaban cuando reportaban mayores beneficios para sus intereses. Las guerras carlistas afectaron con dureza al territorio cántabro. Sólo Santander, Castro, Laredo y Santoña permanecieron fieles a Isabel II. En Santander se organizó el Batallón de Vecinos Honrados para rechazar el ataque de las tropas carlistas comandadas por Ibarrola, al que vencieron el 3 de noviembre de 1833 en Vargas. En ese mismo año se realizó un reordenamiento provincial en el que quedó constituida la provincia de Santander. Las desamortizaciones llevadas a cabo por Mendizábal en 1836-51 y Madoz en 1855 no solucionaron la apetencia de tierras del campesinado. En Cantabria, aproximadamente el 12% de los propietarios controlaba la mitad de las propiedades. El resto de los cultivadores poseía pequeñas propiedades que apenas daban para la mera subsistencia. Para sobrevivir debían recurrir al arrendamiento o al trabajo como jornaleros.
 

A finales del siglo XIX se produjo una transformación más aguda de Cantabria, cuyos exponentes fueron varios. La industrialización creciente de la región fue uno de ellos. Se multiplicaron las fábricas orientadas a la exportación a las colonias y al mercado nacional, la actividad minera y siderúrgica recibió inversiones vasco-cántabras y fueron creadas empresas como Nueva Montaña, Forjas de Buelna o la Sociedad Española de Construcción Naval, que dieron gran dinamismo a la región. La especialización agraria fue otro de los puntales de la modernización de la región. El proceso se había iniciado en el siglo XVIII con una ganadería de tiro y un aumento progresivo de los pastizales; a finales del XIX se orientó a la exportación lechera cubriendo la creciente demanda urbana. Esto aumentó el nivel adquisitivo de los campesinos, que pudieron acceder a la propiedad. El proceso de modernización produjo una quiebra de la sociedad tradicional. En las zonas rurales apareció la figura del cacique como nuevo modelo de control, y en las zonas urbanas el movimiento obrero careció del vigor que desarrolló en otros ámbitos peninsulares. En la mayoría de los casos se vincularon a los sindicatos católicos, de fuerte inclinación patronal. Las ideas socialistas arraigaron con fuerza principalmente en Torrelaguna y Astillero.

Edad Contemporánea

La actividad industrial y minera continuó creciendo durante la primera mitad del siglo XX. En 1912 el capital invertido en industria ascendía a 230 millones de pesetas. La importante industrialización de la región debe contemplarse no en volúmenes totales de producción, sino en relación con el tamaño y población de la provincia, lo que la colocó en uno de los primeros puestos. Otro de los sectores industriales que sufrió un mayor desarrollo a principios de siglo fue el químico, con la presencia fundamental de la empresa Solvay, asentada en Torrelavega en 1904, que acaparó el mercado de sosa y carbonato cálcico a la Península y América. El período de neutralidad durante la I Guerra Mundial supuso un enorme empuje para la economía cántabra debido a la importante demanda de los países europeos de hierro y otros productos de primera necesidad. De aquellos momentos data la instalación de la empresa Nestlé en Cantabria para aprovechar la importante producción lechera de la región. Las actividades económicas se mantuvieron estables durante los períodos de la dictadura de Primo de Rivera y de la II República debido a claras políticas proteccionistas.

El alzamiento militar producido el 18 de julio del 36 contra el gobierno de la República no tuvo éxito en Santander, donde el coronel Aranda no siguió las directivas marcadas desde Burgos por los rebeldes. No declaró el estado de guerra y quedó a la espera de los acontecimientos, por lo que rompió el factor sorpresa y evitó que se perdiera el control republicano en la región. Cantabria fue fundamental para mantener abierto el eje republicano Irún-Oviedo y para consolidar las posiciones del gobierno en el norte de Burgos y Palencia. Sin embargo, la zona cantábrica fue muy débil desde un principio debido a la ruptura de los vínculos con el gobierno de Madrid y el resto de los republicanos de la zona norte. Se creó la Junta de Santander como órgano político rector, presidido primero por el gobernador civil y posteriormente por el socialista Bueno Alonso. Tras la caída de Bilbao, Santander no tardó en ser tomada por los generales Aranda y Solchasa el 26 de agosto de 1937. Tras la Guerra Civil uno de los sectores con más peso en Cantabria fue la Iglesia católica, que tradicionalmente estaba muy vinculada tanto en el ámbito rural como entre los obreros con los sindicatos católicos.

El modelo industrial que se venía desarrollando desde principios de siglo quedó consolidado con nuevas medidas proteccionistas por parte del régimen franquista. El Plan de Estabilización aprobado en 1959 supuso una primera crisis en el sector debido a la liberalización de la política económica. El declive económico de la industria cántabra fue evidente durante las décadas de los sesenta y setenta. La producción resultaba demasiado costosa y no podía hacer frente a un entorno más competitivo. Tampoco obtuvo del gobierno una política clara de ajustes que solucionaran los problemas derivados de la competencia con la incentivación de otros focos de desarrollo. Otro segundo momento de crisis fue la adaptación de la región cántabra a los criterios socioeconómicos de la Comunidad Económica Europea (CEE), como las cuotas lácteas. Actualmente la Comunidad Autónoma de Cantabria ha orientado sus actividades económicas principalmente hacia dos sectores: la construcción y el turismo.

La Comunidad Autónoma actual

Durante el período de transición se constituyeron en Cantabria la Coordinadora Democrática de Santander, que englobaba a elementos socialistas, comunistas y carlistas, y la Alianza Democrática de Santander, formada por miembros del Partido Social Democrático Español (PSDE) y el Partido Demócrata (PD), con el fin de impulsar en la región el proceso democrático. Paralelamente los sentimientos regionalistas se fueron consolidando hasta la aparición en abril de 1976 de la Asociación de Defensa de los Intereses de Cantabria (ADIC). En 1978 se creó el Partido Regionalista de Cantabria (PRC), que solicitaba mayores cotas de autonomía en la región ante la crisis económica. Los sectores más conservadores de Cantabria mostraron una posición antiautonómica. Negaron la personalidad histórica de Cantabria al margen de Castilla y solicitaron su inclusión en la futura comunidad castellano-leonesa. Este sector se aproximó a Alianza Popular (AP), que presentó en el parlamento enmiendas a la totalidad al Estatuto de Autonomía.

Cantabria se constituyó en comunidad autónoma uniprovincial por vía del artículo 143 de la Constitución Española de 1978. Hasta ese momento formaba parte de Castilla la Vieja con la denominación de Provincia de Santander. Los Estatutos de Autonomía entraron en vigor en febrero de 1982, y en ellos quedaron fijados sus órganos de autogobierno: la Diputación General (órgano ejecutivo) y la Asamblea Regional de Cantabria (cámara legislativa).

En mayo de 1983 se celebraron las primeras elecciones al parlamento regional. La coalición formada entre AP, Partido Democrata Popular (PDP) y UL (Unión Liberal) consiguió la mayoría absoluta, con 18 escaños, seguido del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), con 15, y el PRC, con 2. Este gobierno conservador sufrió varias crisis hasta su renovación, incluido presidente, en diciembre de 1983. En las elecciones de junio de 1987, AP consiguió 19 escaños. Le siguió el PSOE, con 14, el PRC, con 5 escaños, y el Centro Democrático y Social (CDS), con 3. Fue elegido presidente el popular Juan Hormaechea. En noviembre de 1990, tras una serie de problemas y enfrentamientos de aquél con los líderes de su formación, el Partido Popular (PP; antigua Alianza Popular) le retiró su confianza, hecho que aprovechó el PSOE para plantear una moción de censura en diciembre, tras cuyo éxito resultó elegido presidente el socialista Jaime Blanco. En los comicios de 1991, Hormaechea volvió a la presidencia. La gestión del gobierno autonómico por él encabezado fue denunciada por la comisión de irregularidades, motivo por el cual Hormaechea fue procesado y forzado a dimitir el 5 de noviembre de 1994. Ese año finalizó con dos mociones de investidura que no culminaron y un gobierno paralizado e incapaz de sacar adelante ningún proyecto. En las elecciones de mayo del 1995 el PP consiguió 13 escaños; tras él, el PSOE, con 10; la Unión Popular de Cantabria (UPCA), con 7 escaños; el PRC, con 6, e Izquiera Unida (IU), con 3. Se configuró un gobierno de coalición entre el PP y el PRC, sin mayoría absoluta, al frente del cual accedió a la presidencia el popular José Joaquín Martínez Sieso, quien resultó reelegido tras las elecciones autonómicas de 1999. Los regionalistas del PRC volvieron a tener la llave para formar gobierno tras los comicios de 2003 pero, en esta ocasión, optaron por sellar un pacto con el PSOE para arrebatar el Ejecutivo a los populares. Miguel Ángel Revilla, cabeza de lista del PRC fue investido nuevo presidente cántabro el 27 de junio de 2003.

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Arte y Cultura

Cantabria ha sido la cuna de numerosos personajes históricos vinculados con todas las ramas del saber, así como de numerosas muestras artísticas. El primer cántabro encontrado por el momento en estas tierras es el Hombre de Morín, cuyo enterramiento se remonta al 29000 a.C. De época prehistórica data la magnífica cueva de Altamira, la Capilla Sixtina del arte paleolítico, como ha sido llamada por las realistas muestras de la fauna de aquel momento. A finales del siglo I a.C. las crónicas vuelven a hacer mención de otro personaje: el caudillo Corocotta y su heroica resistencia frente a Roma. En época visigoda aparece vinculado a estas tierras Pedro, duque de Cantabria, y cuyo hijo Alfonso fue el tercer rey astur. En la segunda mitad del siglo VIII el Beato de Liébana plasmó sus Comentarios al Apocalipsis en un magnífico manuscrito miniado, que sigue siendo uno de los ejemplares más bellos del mundo. Otra figura importante en la Edad Media en Cantabria fue el Marqués de Santillana, pero no nació en la región, sólo tenía en ella sus importantes señoríos. El arte medieval cántabro está lleno de bellos ejemplos, como las iglesias de Santa María de Lebeña, en Liébana; San Román de Moroso, en Bostronizo; Helguera, en Molledo; San Fructuoso de la Miña, en Ruente o la de San Martín de Elines, pertenecientes al arte mozárabe, o las románicas, como la Colegiata de Santillana del Mar, la de Castañeda y las iglesias de San Pedro de Cervatos o Retortillo. Las iglesias de Santa María de Castro, Santa María de los Angeles, en Laredo, y la Catedral de Santander, muestran lo más destacado del arte gótico. En 1492, junto al almirante Cristóbal Colón viajó un ilustre cántabro: Juan de la Cosa (nacido en Santoña), maestre de la Santa María y autor del primer mapa de las nuevas tierras. En el siglo XVI destacaron Juan Gil de Hontañón, nacido en Resines y arquitecto en las últimas catedrales góticas construidas en España, así como Juan de Herrera, nacido en Camargo y constructor del magnífico monasterio del Escorial. El edificio más sobresaliente del período renacentista fue el palacio de los Velarde en Santillana.

De la época barroca destacan los palacios de Elsedo, en Panames y el de Soñanes, en Villacarriedo. Otro cántabro ilustre fue Pedro Velarde, quien, junto a Luis Daoíz, armó al pueblo de Madrid frente a las tropas invasoras francesas en mayo de 1808, hecho por el que fue ajusticiado. Ya con Fernando VII, el santanderino José de Madrazo aparece como pintor de cámara del monarca. En 1838 fue elegido director del Museo del Prado. Santanderinos fueron también Marcelino Sanz de Sautuola, descubridor de la cueva de Altamira, y Amós de Escalante, poeta, historiador y periodista. En la segunda mitad del siglo XIX el escritor José María de Pereda, nacido en Polanco, retrató con todo realismo en su obra la vida de la región. El paisaje montañés quedó plasmado en la obra de los pintores Casimiro Sainz y Agustín Riancho. A caballo entre los siglos XIX y XX se situó el trabajo del santanderino Marcelino Menéndez Pelayo y del inventor Leonardo Torres Quevedo, famoso por obras como el transbordador sobre las cataratas del Niágara o sus autómatas ajedrecistas. En aquel mismo tiempo, el arquitecto cántabro Leonardo Rucabado sentó las bases del llamado estilo montañés, que rescataba los elementos tradicionales dándoles una funcionalidad moderna. Esto quedó plasmado en su restauración de la biblioteca Menéndez Pelayo de Santander. No sólo hubo hombres ilustres en Cantabria, sino también mujeres, y buenos ejemplos de ello fueron Concha Espina, santanderina y escritora, así como María Blanchard, también santanderina y pintora. En 1934 se inauguró oficialmente la Universidad de Verano Menéndez Pelayo. De la segunda mitad del siglo XX deben ser mencionados el poeta José Luis Hidalgo, el músico Ataúlfo Argenta, el pintor Antonio Quirós y los escritores José María Cossío, Gerardo Diego, poeta de la Generación del 27, miembro de la Real Academia en 1947 y ganador del Premio Cervantes en 1980, y Severiano Ballesteros, famoso jugador de golf nacido en estas tierras.

Himno de cantabria

Según la Ley 3/1987, de 6 de Marzo, la Comunidad Autónoma de Cantabria tiene su propio himno.

Se le conoce como el himno de la Montaña, y es obra del maestro Juan Guerrero Urresti; le fue encargado por la Diputación Provincial de Santander em 1.926. Con posterioridad, ha contado con los arreglos de Jose del Rio Saiz en 1987.

La letra del himno es la siguiente

Autor: Juan Guerrero Urresti en 1926
Arreglos: Jose del Rio Saiz en 1987

Cantabria querida
te voy a cantar
la canción que mi pecho
te va a dedicar
que es muy grande mi amor
a la tierra en que nací.

Quiero que mis sones
puedan traspasar
las montañas más altas
y el inmenso mar,
como ofrenda leal
al terruño en que viví

Y es mi cantico amoroso
cual arrullo maternal
en que todos veneramos
la Cantabria fraternal

Y un recuerdo cariñoso
de pureza regional,
a la montaña dedico
con vigor tradicional
vigor tradicional
vigor tradicional.

Mi tierruca siempre ha de ser
bella aurora del corazón
y a ella un beso puro de amor
y lleno de emoción
siempre he de ofrecer

Hijos de mi Cantabria
nobles de mi querer,
hermanos montañeses
por siempre hemos de ser

Juntos nos agrupemos
muy fuerte y muy leal
que la madre Cantabria
un abrazo nos da
 

Escucha el Himno

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ECONOMÍA

La actividad económica fundamental de Cantabria es la industria; aproximadamente el 40% de la población activa trabaja en este sector. La ganadería, la pesca y los servicios, especialmente el sector turístico, son también componentes básicos del desarrollo de la economía cántabra.

La crisis del sector industrial, pesquero y ganadero, que se adaptan con dificultad a los límites establecidos por la Unión Europea, está provocando que se fomenten, en mayor medida, las actividades terciarias relacionadas con el turismo y el tiempo libre.
 

  • Sector primario
    Durante mucho tiempo, la población de Cantabria se dedicó a la agricultura, a la ganadería y a la pesca. Sin embargo, el desarrollo de los sectores industrial y de servicios a lo largo del siglo XX favoreció la emigración de la población rural a la gran ciudad (éxodo rural). Destaca la cabaña de reses vacunas, sobre todo de ganado frisón, del que existen aproximadamente las 350.000 cabezas y la mitad son vacas destinadas a la producción de leche (400.000 l/año) y a la recría de terneros que se venden por toda España.

  • Sector secundario
    El desarrollo industrial de Cantabria estuvo vinculado, en un principio, a la minería, pero pronto diversificó su actividad hacia la metalurgia, la química y la alimentación. Las industrias metalúrgicas: siderurgia, construcción naval y automoción son las más importantes por el valor de su producción y por el número de puestos de trabajo que generan, aunque hoy sufren un proceso de reconversión. Reinosa y Torrelavega son las ciudades más importantes de este tipo de industria. Torrelavega es, además, el centro principal de la industria química de la región, que proporciona carbonato de sosa, ácido sulfúrico, caucho y celulosa, entre otros productos; Santander y Castro Urdiales tienen también industrias químicas de fuerte impacto ambiental. Las industrias de conservas y las lácteas se localizan en las zonas costeras: Santoña, Laredo y Castro Urdiales, y en las zonas rurales.  Estas industrias han transformado las tradicionales actividades pesqueras y ganaderas. Las sardinas, las anchoas y las vacas lecheras son la base de los productos elaborados que generan estas industrias.

  • Sector terciario
    El sector terciario va aumentando poco a poco su importancia en la Comunidad de Cantabria. Cada vez son más las personas que están empleadas en el sector terciario, también conocido como sector servicios. Las actividades más importantes del sector servicios son el comercio, el transporte y el turismo.

Por tanto, el turismo es importante y ocupa a gran número de personas. Los tipos de turismo más desarrollados en Cantabria son el turismo cultural y el turismo rural.

El atractivo turístico de Cantabria hace que cada año aproximadamente medio millón de personas se desplacen a esta Comunidad. Tanto al litoral, sobre todo el occidental, como por el interior. Los Picos de Europa atraen un cada vez más numeroso turismo de montaña. La red de comunicaciones en Cantabria se establece en torno a dos ejes fundamentales: las carreteras que conectan las villas costeras entre sí, que pasan por Santander y Torrelavega, y por otro lado la carretera y el ferrocarril que unen estas dos ciudades con Reinosa en dirección a Burgos.

El puerto de Santander mantiene un activo tráfico de pasajeros, en especial hacia Gran Bretaña, lo que ha permitido establecer una línea regular de transbordadores o ferrys y es el punto comercial más importante de la región. Enciclopedia Universal DVD ©Micronet S.A. 1995-2006

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MEDIO FÍSICO

La Comunidad Autónoma de Cantabria está situada en el norte de la península Ibérica. Su territorio está muy influido por la cordillera Cantábrica, lo que le ha dado un relieve muy accidentado, con escasas llanuras; por ello, se la ha conocido durante mucho tiempo por La Montaña. El relieve de la Comunidad Autónoma de Cantabria se divide en las siguientes zonas: su estrecha franja litoral, La Marina y los encajados valles de La Montaña.

La Montaña

La Montaña ocupa la mayor parte de la comunidad y corresponde al sector central de la cordillera Cantábrica.

Los Picos de Europa

Los Picos de Europa están situados en el sector occidental de Cantabria, en el límite con Asturias y León. En el macizo oriental de los Picos de Europa se encuentran alturas superiores a los 2.500 m de altura. Destaca peña Vieja que con 2.618 m es la mayor altura de Cantabria. Los glaciares han modelado las cimas más altas de los valles cántabros, destacan el circo glaciar de Fuente De y las morrenas de Áliva, en los Picos de Europa.

La Liébana

La comarca de la Liébana es una depresión situada entre los Picos de Europa, la cordillera Cantábrica y la sierra Peña Sagra. Su particular situación, a una altura de 300 metros sobre el nivel del mar y rodeada de cumbres que superan los 2.000 m de altura, disfruta de un microclima mediterráneo en el corazón del territorio cantábrico.

La cordillera Cantábrica

La cordillera Cantábrica es el sector de La Montaña propiamente dicha. Se suceden una serie de valles transversales, donde se encuentra un paisaje caracterizado por la alternancia de bosques, pastos y prados, en los que se encuentran pequeñas aldeas ganaderas.
 

Son los valles de Nansa, de Saja y de Besaya, en cuyas cabeceras se encuentran las sierras de Peña Sagra, Peña Labra, el Cordel, Barcena Mayor y el Escudo. La mayor altura de la cordillera es Tres Mares con 2.175 m de altura que pertenece a la sierra de Peña Labra. Sus laderas coinciden con la división de aguas entre las tres vertientes hidrológicas peninsulares, la cantábrica, la atlántica y la mediterránea.

El embalse del Ebro

Situado en el valle de Campoo, una meseta a 900 m de altura, en donde se encuentran las sierras cantábricas y los páramos ibéricos.

Se trata de la mayor masa de agua dulce de Cantabria y punto de descanso para algunas especies de aves migratorias y punto de residencia permanente para otras.

En el valle de Reinosa, núcleo principal del valle de Campoo, está Fontibre, donde nace el río Ebro.

La montaña oriental

Situada en el sector oriental de Cantabria. El paisaje está dominado por los montes del Pas, cuyos dos mejores ejemplos son el Castro Valnera (1.707 m) y el puerto de las Estacas de Trueba.

Las tierras costeras no sobrepasan los 10 km de ancho y no superan los 200 m de altitud. Los 218 km de costa están divididos en zonas de playas de finas arenas, acantilados, calas, rasas, rías, marismas y numerosas bahías como la de San Vicente de la Barquera, Suances, Santoña y la de Santander, que es la más extensa. La sierra del Escudo de Cabuérniga marca el límite entre La Marina y los encajados valles de La Montaña.

Las rasas cántabras

Las rasas son plataformas o planicies al pie de la costa, resultado de la erosión marina en momentos de transgresión. La comarca de Santillana es un buen ejemplo del paisaje de rasa cántabra.

La bahía de Santander

Una bahía es una entrada de mar en la costa de una extensión importante. La bahía de Santander está situada en el centro del litoral cantábrico, tiene una anchura de 5 km y su penetración es de 8,5 km.

Uno de los atractivos veraniegos de Santander es la playa del Sardinero

El litoral oriental

El llano prelitoral y las rasas litorales desaparecen casi por completo y montes como el Cerredo (643 m) y Candina (472 m) se encuentran en la línea de costa. El tramo entre la bahía de Santander y la bahía de Santoña se llama costa de Trasmiera. En ella se alternan acantilados, zonas de marismas y magníficas playas.

Las rías

Las rías cántabras son inundaciones del agua del mar en la desembocadura de un río, que ha sufrido una crecida del valle fluvial; fueron creadas gracias a la acción de los glaciares. La larga ría del Ansón es el mejor ejemplo de ría cántabra; aunque también destacan la Tina Mayor, la Tina Menor, la de San Vicente de la Barquera, la de Miengo y la de Cubas. Enciclopedia Universal DVD ©Micronet S.A. 1995-2006

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ESPACIOS PROTEGIDOS

La Comunidad Autónoma de Cantabria tiene un excepcional patrimonio natural. Rías, playas, ensenadas y bosques se suceden en el pequeño territorio cántabro. Algunos de estos lugares gozan de un régimen especial como el Parque Nacional de los Picos de Europa, los parques naturales de las Dunas de Liencres, Peña Cabarga, Oyambre y Saja-Besaya, y la Reserva Natural de las Marismas de Santoña y Noja.

  • El Parque Nacional de los Picos de Europa
  • Este Parque Nacional es el de mayor extensión de España y se reparte entre Cantabria, Asturias y Castilla y León. Magnífico escenario de fenómenos cársticos y glaciares. Su altitud va desde los 300 metros del valle de la Liébana hasta los 2.441 de la Morra de Lechugales. La vegetación varía en función de la altura y en ella se encuentran robledales, hayedos y bosques mixtos con abedules, avellanos y alisos. Su importancia zoológica destaca por ser uno de los últimos sitios donde vive el oso pardo en España.

  • Las Dunas de Liencres

  • Conjunto de dunas de la playa de Valdearenas situado en la desembocadura del río Pas.  Los arenales y su vegetación, a base de brama marina, borrón, leche trezna y otras especies de dunas, la ría de Pas y la masa forestal de los alrededores son un espacio excelente para numerosas aves acuáticas migratorias, como el ánade silbón, el porrón común y limícolas.

  • El Parque Natural de Oyambre
    Es una buena muestra del litoral de Cantabria. Incluye las rías de San Vicente de la Barquera, La Rabia y El Capitán, con áreas de marismas que son refugio de una gran variedad de aves y de gran riqueza en marisco. Los arenales de Oyambre y Merón son un perfecto ejemplo de playas y dunas. En el monte Corona se conserva una muestra del bosque autóctono, de robles y hayas; también destaca una zona de acantilados calizos y todo un sector de rasa, con prados verdes y pequeñas poblaciones rurales.

  • El Parque Natural del Macizo de Peña Cabarga
    Situado junto a la bahía de Santander; este macizo posee uno de los modelados cársticos más importantes de la región. En el sector de Cabárceno existe una espectacular zona de formaciones cársticas de color rojizo.

  • El Parque Natural de Saja-Besaya
    Ocupa la extensa zona de montaña que separa los cursos de los ríos Saja y Besaya. Sus valores naturales y culturales más destacados son: bosques atlánticos u oceánicos de robledales, hayedos y acebales; la variada fauna como el ciervo, el corzo, el jabalí y otras en peligro de extinción como el águila real y el urogallo; y la población de Bárcena Mayor, uno de los conjuntos de arquitectura popular cántabra.

  • La Reserva Natural de las Marismas de Santoña y Noja
    Se encuentra en la llamada costa de Trasmiera. El núcleo de la reserva está formado por el amplio estuario del río Asón (bahía de Santoña) y las rías que vierten sus aguas a él. Toda la zona presenta una gran riqueza biológica. El monte Buciero en el que destacan sus espectaculares acantilados también pertenece a la reserva; así como las marismas de Victoria y Joyel, situadas en los alrededores de Noja. Enciclopedia Universal DVD ©Micronet S.A. 1995-2006.

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NOTICIAS DE CANTABRIA

 

 

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LA MOLINA
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LLERANA
LLOREDA
LLUEVA
LOMA SOMERA
LOMBRAÑA
LOMEÑA
LON
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LOS LLARES
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LUZMELA
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MATAPORQUERA
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MONEGRO
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NOVALES
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PUENTE SAN MIGUEL
PUENTE VIESGO
PUENTENANSA
PUJAYO
PUMALVERDE
QUEJO
QUIJANO
QUINTA
QUINTANA
QUINTANA DE SOBA
QUINTANILLA
QUINTANILLA DE RUCANDIO
RABAGO
RADA
RAMALES DE LA VICTORIA
RANERO
RANERO (1)
 

RASINES
REBOLLEDO
REGULES
REHOYOS
REINOSA
REINOSILLA
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RENEDO DE CABUERNIGA
REOCIN
REQUEJADA
REQUEJO
REQUEJO
RESCONORIO
RETORTILLO
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REVILLA
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RIO
RIOLASTRAS
RIOPANERO
RIOSAPERO
RIOSECO
RIOTURBIO
RIVERO
ROCAMUNDO
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RUBALCABA
RUBAYO
RUCANDIO (1)
RUCANDIO (2)
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RUERRERO
RUILOBA
RUISEÑADA
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SALARZON
SALCEDA
SALCES
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SAN ANDRES DE VALDELOMAR
SAN BARTOLOME DE LOS MONTES
SAN BARTOLOME DE MERUELO
SAN CRISTOBAL DEL MONTE
SAN ESTEBAN
SAN MAMES
SAN MAMES DE MERUELO
SAN MARTIN DE ELINES
SAN MARTIN DE HOYOS
SAN MATEO
SAN MIGUEL
SAN MIGUEL DE AGUAYO
SAN MIGUEL DE ARAS
SAN MIGUEL DE LUENA
SAN MIGUEL DE MERUELO
SAN PANTALEON DE ARAS
SAN PEDRO
SAN PEDRO (1)
SAN PEDRO (2)
SAN PEDRO DEL ROMERAL
SAN ROMAN
SAN ROQUE DE RIOMIERA
SAN SEBASTIAN DE GARABANDAL
SAN VICENTE DE LA BARQUERA
SAN VICENTE DE LEON
SAN VICENTE DE TORANZO
SAN VICENTE DEL MONTE
SANGAS
SANTA CRUZ DE BEZANA
SANTA EULALIA
SANTA MARIA DE AGUAYO
SANTA MARIA DE CAYON
SANTA OLALLA
SANTA OLALLA DE AGUAYO
SANTANDER
SANTIAGO
SANTIBAÑEZ
SANTILLAN
SANTILLANA DEL MAR
SANTIURDE DE REINOSA
SANTIURDE DE TORANZO
SANTOÑA
SANTOTIS
SANTULLAN
SARCEDA
SARO
SARON
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SEL DEL MANZANO
SEL DEL TOJO
SELAYA
SELDESUTO
SELONES
SELVIEJO
SEÑA
SEÑAS
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SOBREPEÑA
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TORQUIENDO
TORRELAVEGA
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TRESVISO
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UCIEDA DE ARRIBA
UDALLA
UNQUERA
UZNAYO
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VALCABA
VALDEPRADO
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VEGA ESCOBOSA
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VEJO
VEJORIS
VENDEJO
VIAÑA (1)
VIAÑA (2)
VIERNOLES
ILLACARRIEDO
VILLAESCUSA
VILLAESCUSA DE EBRO
VILLAFUFRE
VILLAMOÑICO
VILLANUEVA (2)
VILLANUEVA (3)
VILLANUEVA DE LA PEÑA
VILLANUEVA DE NIA
VILLAPADERNE
VILLAR
VILLASEVIL
VILLASUSO (1)
VILLASUSO (2)
VILLAVERDE DE PONTONES
VILLAVERDE DE TRUCIOS
VILLAYUSO
VILLOTA DE ELINES
VIÑON
VIOÑO
VIVEDA
YEBAS
YERA
YERMO
ZURITA DE PIELAGOS
 

 

Comunidad autónoma uniprovincial de España, con 535.131 habitantes (censo 2001), que responden al gentilicio de cántabros, y con una extensión 5.321 km². Limita al N con el mar Cantábrico, al E con Vizcaya, al SE con Burgos, al SO con Palencia y León, y al O con Asturias. Capital, Santander.

Datos básicos

Nombre oficial: Comunidad Autónoma de Cantabria.
División administrativa: Uniprovincial.
Capital: Santander.
Extensión: 5.321 km².

Población

Población: 535.131 (2001)
Natalidad: 4.254 (2000)
Mortalidad: 5.390 (2000)
Crecimiento vegetativo: -1.136
Residentes extranjeros: 5.388 (2000)
Gentilicio: cántabro.

Desarrollo económico y laboral

PIB a precios de mercado: 7.672 millones de € (2000)
Índice de bienestar: 8 (media nacional 2001: 5 sobre 10)
Población activa: 222.300 (2001)
Población inactiva: 226.500 (2001)
Población ocupada: 196.000 (2001)
Población parada: 26.300 (2001)
Tasa de paro: 11,8 % (2001)
Paro registrado: 20.713 (2001)

Administración y Gobierno

Estatuto de autonomía: LO 8/1981, de 30 de diciembre (BOE nº9, de 11 de enero de 1982). Reformado por LO 2/1994, de 24 de marzo y por LO 11/1998, de 30 de diciembre.

Órganos autonómicos:

Ejecutivo: Diputación Regional de Cantabria. Presidente: Miguel Ángel Revilla.
Legislativo: Asamblea General de Cantabria: 39 diputados.
Judicial: Tribunales Superiores de Cantabria.
Partidos políticos con representación parlamentaria (elecciones 25 de mayo de 2003):
PP: 18 escaños; PSOE: 13 escaños; PRC: 8 escaños.
Funcionarios de la administración pública (año 2001): 28.116
Admón. Estatal: 12.573
Admón. Autonómica: 9.372
Admón. Local: 4.683
Universidades: 1.488

Fuente de algunos de estos artículos: ENCICLONET - La Enciclopedia Universal

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