Cuenca

Ciudad de España, capital de la provincia homónima, enclavado en el centro geográfico de la provincia de Cuenca, sobre un farallón rocoso entre los ríos Júcar y Huécar y la llanura que se extiende a su alrededor a 1.001 m de altitud. Posee una característica especial que la define como ciudad única: su extensión vertical y su distribución asimétrica, formando terrazas con numerosos y encantadores rincones. Cuenta con 46.341 habitantes (2001) y 689,00 km². Dale aquí para que pueda acceder a la galería de imágenes de esta ciudad

Cuenca - Casas Colgadas

 

HISTORIA DE CUENCA

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La ciudad de Cuenca presenta un claro origen medieval, posiblemente un castillo musulmán durante largo tiempo. Parece evidente que su situación estratégica en las rutas medievales fue aprovechada por los musulmanes para ubicar y levantar un emplazamiento defensivo que se revelará vital para el área de la Serranía, y una ciudad-fortaleza para controlar y organizar un amplio territorio. Así, su trazado y configuración urbana son el resultado de un largo proceso histórico y socioeconómico que va de Alta Edad Media a finales del siglo XVII.

La explotación agrícola de las vegas de los dos ríos, el extenso territorio, o kura, que administra, y una potente industria textil hicieron de Cuenca en la época omeya uno de los centros más importantes del Califato. Su desarrollo demográfico y su pujanza económica no se detienen tras la conquista de la ciudad por Alfonso VIII en 1177 y su incorporación a la Corona castellana. Es entonces cuando adquiere personalidad jurídica con el Fuero que el Rey le otorga, y el poder eclesiástico comienza a arraigar en la ciudad mediante su conversión en Sede Episcopal y la llegada y establecimiento de la Orden de Santiago.

Durante toda la Baja Edad Media se consolida la prosperidad de la ciudad, fundamentada en su industria textil, que incorpora una serie de mejorías técnicas y se especializa en la fabricación de paños de calidad. Así, a finales del siglo XV, el desarrollo urbano y demográfico desborda los límites de la muralla y empieza a extenderse extramuros de la ciudad vieja.

Durante todo el siglo XVI Cuenca es, todavía, una ciudad productiva y uno de los centros motores de la economía castellana. En el siglo XVII se estanca su actividad. En el siglo XVIII hubo intentos de los ilustrados por revitalizar la ciudad, que fracasaron. Sólo dos siglos después, se comienza a superar esta situación, y así, hoy Cuenca mantiene una relevante actividad cultural de rango internacional: sus edificios históricos son rehabilitados, al igual que todo el conjunto urbanístico histórico con un plan especial (Cuenca a plena luz) de la Junta de Comunidades para promocionar el desarrollo integral de la vida social y de su atractivo turístico.

Descripción:

El emplazamiento de la ciudad de Cuenca, tuvo su razón de ser en la topografía, y consiste en un espolón rocoso alto y angosto entre los dos profundos fosos labrados por los ríos Júcar y Huécar. Su origen se sitúa en el primitivo castillo, en lo más alto de la ciudad, y se fue desarrollando hacia abajo, dando lugar a una estructura urbana de perspectivas sorprendentes, hasta llegar al llano, la parte baja de la población, donde se extendió el ensanche, como se puede apreciar por el reciente surgimiento de nuevas urbanizaciones y barrios periféricos que van ampliando el casco urbano.

Son de destacar los numerosos monumentos que alberga la ciudad, fruto del interés artístico de las distintas épocas históricas vividas, que junto a su privilegiado emplazamiento y su trazado urbano la han hecho merecedora del título de Patrimonio de la Humanidad.

 

MONUMENTOS

Arquitectura religiosa

Iglesia de San Pedro, Capilla del Sagrario, Capilla de la Asunción, Iglesia de la Santa Cruz, Iglesia parroquial de la Virgen de la Luz, Iglesia de San Andrés, Iglesia de San Bartolomé, Iglesia de San Felipe de Neri, Iglesia del Hospital de Santiago, Iglesia del Salvador, Iglesia de San Miguel, Iglesia de San Nicolás de Bari, Convento de las Carmelitas Descalzas, Seminario Conciliar.

Arquitectura civil

Tribunal de la Inquisición, Palacios de Cuenca, Ayuntamiento, Casas señoriales, Posada de San Julián, Asilo de los Desamparados, Colegio de San José, Pósito o Almudí, Edificio Palafox, Puente Trinidad, Fuente de la Doncella.

Arquitectura militar

Castillo, Murallas, Torre Mangana y Caminos de Ronda, Escultura y pintura, Transparente de San Julián.

 

FIESTAS

Dos de Mayo,  Feria y Fiestas de San Julián,  Jueves Lardero,  San Julián,  San Mateo,  Semana Santa,  Virgen de la Luz .

 

ECONOMÍA


Esencialmente agropecuaria con cultivos de secano: cereales (trigo y cebada) y vid, y de regadío: hortalizas, frutas y plantas industriales. Ganadería básicamente ovina y caprina. Intensa explotación forestal en las comarcas serranas. Balneario y explotación del agua Solán de Cabras. Fabricación de carburo de silicio en Puente de Vadillos y Beteta. Factoría Thomson España en Tarancón. Aserraderos. Zonas de interés turístico como la Ciudad Encantada o el nacimiento del río Cuervo.

Además de la capital, Cuenca, sobresalen las ciudades de Tarancón, San Clemente, Pedroñeras, Las, Quintanar del Rey, Mota del Cuervo y Belmonte.

 

COCINA CON ARTE

Gastronomía de Invierno en Cuenca

El clima de Cuenca no es misericorde con sus paisanos, se pasa del frío al calor casi sin transición primaveral y al contrario en el otoño, incidiendo la rigurosidad radical del ambiente en el contraste térmico en ortos y ocasos solares. Esta peculiaridad ha llevado al conquense, depositario de la sabiduría que aporta la experiencia, a adaptarse en su sistema alimentario.

En el aperitivo se siguen imponiendo las chuspallas de pernil y los triángulos isósceles de queso manchego, o unas virutas del mismo añejado en aceite; quizá algún zarajo. Los platos fuertes son culinaria que casi siempre recurre al fuego de la hoguera como medio desnaturalizador de lo crudo: Chuletas de lechal al rescoldo en La Sierra, a la Teja en La Alcarria, o al sarmiento en La Mancha; forros de cerdo con su oreja para el almuerzo...

Gastronomía Nazarena

La comida y la bebida en la Pasión de Cuenca cobran mayor realce en cuanto que no sólo sirven de alimento cotidiano, sino que también cumplen con el honroso deber de dar sustento y reconfortar al penitente en su devoto ejercicio. Comida para inpulsar el cuerpo en el penoso tránsito hacia el Calvario. Bebida para consolar el alma en el amargo ascenso purificador hacia la Divinidad. La tradición manda en todo lo que rodea a la Semana Santa y en tiempo de Cuaresma, como es sabido, se puede comer de todo, guardando los viernes el precepto de la abstinencia en lo relativo a la carne y sus derivados. El sacrificio, bien mirado, no es tanto, pues en el campo de la alimentación el abanico de posibilidades es inmenso sin por ello desobedecer el mandamiento.

Dentro de la variedad hay platos emblemáticos para esta época: los potajes de Cuaresma y entre ellos como paradigma la garbanzada, con sus garbanzos, su bacalao, sus espinacas y su huevo cocido; las patatas en Ajovirón, perfumadas con azafrán; el guiso de Viernes Santo, hoy olvidado por el tiempo que lleva realizarlo, compuesto de medios huevos duros, tajadas de bacalao, ramilletes de coliflor y medias alcachofas, ingredientes previamente rebozados en harina y huevo, y fritos para después cocer lentamente en una salsa ligada con yema de huevo cocido.

El protagonista de los segundos platos, como insignia de la herencia culinaria, es, insustituible, el bacalao. Pasado por harina y huevo, y frito en aceite de oliva, o desmenuzado en salsa de tomte, ahora no podemos decir que sea un plato asequible al pueblo llano; pero antes, desde que el hombre conoce el poder de la sal como conservante, el bacalao era la única posibilidad que tenían los habitantes del interior de consumir pescado marino con cietas garantías de conservación e higiene. Y era alimento accesible a aquellos que no tenían dinero para pagarse la bula que los eximiese de la veda cárnica y necesitaban el aporte proteínico para sus organismos.

Las legumbres son territorio abierto. Además de los garbanzos, se pueden comer júdías blancas cocidas y aliñadas con aceite y vinagre, o judías pintas estofadas con aceite, ajo, laurel y sal, a las que a última hora se les añaden unos huevos picados que han cocido enteros en el mismo puchero; o las llamadas ensaladas de lentejas; o empedrados viudos de éstas o aquellas legumbres con arroz.

Las verduras, ya se sabe, tristemente cocidas en agua salada y, como lujo, rehogadas con un ajo picado o untadas con una mahonesa.

Donde la variedad es mayor y paraíso de golosos es en el surtido de dulces típicos de Semana Santa: Torrijas en leche, vino o almíbar, siempre aromatizadas con canela en rama y peladuras de limón. Bolas de miga de pan sentado pasadas por harina y huevo batido y fritas, luego, cocidas en almíbar perfumado con la recurrente canela y cáscara de naranja. Rosquillas fritas nevadas de azúcar. Pestiños con fragancia de annís y bañados en miel. Bizcochos de canela que se comen mojándolos en agua, vino de misa o, los más osados, en resoli. Y como medalla el alajú, ese dulce en forma de torta entremetida entre grandes obleas con innegables resonancias árabes; mortero grosero que amalgama el pan rallado enmielado con nueces, almendras o cacahuetes, según sea el poder adquisitivo de quien lo consume.

Otra de las tradiciones que mantienen su vigencia son los almuerzos que tienen lugar durante el descanso, cada vez más corto, de la Procesión de las Seis de la Mañana del Viernes Santo en los aledaños de la Plaza Mayor, en los que como continente se usa la hogaza de pan y como contenido los manjares al uso: bacalao rebozado o con tomate, escabeche, pimientos fritos, pisto, huevos duros, tortillas de patata y escabeche; refrescando con ensladas en las que no falta la cebolla, aliñadas con una emulsión de yema cocida, ajos machacados, aceite, vinagre y sal. Alimentos regados con vino de la tierra en largos tragos de la bota que le comunica ese especial saborcillo a corambre.

Indeterminados hermanos, poco temerosoos de Dios, camuflan en la hogaza sus buenos chorizos, torreznos y tacos de lomo o jamón; aunque en su descargo, hay que aclarar, que los comen bien envueltos en el pan y se ubican en lugares retirados paro no escandalizar a otros hermanos más dóciles.

Ceremonias en las que también está presente la comida y la bebida son las subasta de banzos, donde para animar la puja se sirve vino y cerveza, libación a la que ayudan aceitunas, cacahuetes y garbanzos 'torraos'. Asimismo los convites de los hermanos mayores después de encerrar el paso, en los que no faltan magdalenas y rosquillas regadas con zurra fresca que mitigue el reseco de garganta debido al esfuerzo. Y las cenas de banceros en las que es costumbre entripar judías con chorizo y oreja, chuletas, ensalada, pan y vino; rematando con resoli.

Para el final, dejamos la manifestación más característica de este tiempo de Pasión en Cuenca: el Resoli. Era trdición antaño que taberneros y confiteros elaboraran artesanalmente esta bebida, creando competencia entre ellos y las consabidas rondas de cuadrillas de amigos para probar estos néctares en los días previos a la Semana Santa. Licor compuesto por cocimiento de café, al modo del de pucherillo, en el que interviene el azúcar caramelizada, la canela en rama y la peladura de naranja; aparte de otros ingredientes que son el secreto de cada elaborador. Filtrado y con el aditivo de aguardiente y brandy que le dan tono.

Estas son las costumbres que desde el abismo insondable de la historia popular acompañan a los conquenses cada primavera, cuando llega el momento de recrear la pasión y muerte de ese hombre enigmático que nació Diós hace ya casi dos milenios, y que su huella sigue impresa en el espíritu de los hombres.

Juan Carlos Luján Alarcón

RECETAS

Bacalao al estilo de La Mancha, Matahambre.

 

RESTAURANTES DE CUENCA

Restaurante la Cocina - Restaurante la Moragona - Alcaravea - Restaurante Las Tinajas - Restaurante Cueva del Tío Serafín - Mesón Sierra Alta - El Figón de Pedro - Restaurante Ulises - Restaurante la Muralla - Restaurante Nuevo Fierro - Asador de Antonio...

 

PERSONAJES ILUSTRES
  • Fray Luis de León

  • Enrique de Aragón

  • Juan de Valdés

  • Alfonso de Valdés

  • Diego de Valera

  • Lorenzo Hervás y Panduro

  • Federico Muelas

  • José Luis Perales

  • Julio Sanz Vázquez

  • Pedro Mercedes

  • Fernando Zobel

  • Antonio Saura

  • Luis Marco Perez

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Fray Luis de León

Fray Luis de León[1] (Belmonte, Cuenca, 1527 o 1528[2] – Madrigal de las Altas Torres, Ávila, 23 de agosto[3] de 1591) fue un poeta, humanista y religioso agustino español de la Escuela salmantina.

Fray Luis de León es uno de los escritores más importantes de la segunda fase del Renacimiento español junto con Francisco de Aldana, Alonso de Ercilla, Fernando de Herrera y San Juan de la Cruz y forma parte de la literatura ascética de la segunda mitad del siglo XVI. Su poesía está inspirada por el deseo del alma de alejarse de todo lo terrenal para poder alcanzar a Dios, identificado con la paz y el conocimiento. Los temas morales y ascéticos dominan toda su obra.

Biografía
Fray Luis nació en Belmonte en 1527. Su padre era un abogado y consejero regio que residió en Madrid y Valladolid, ciudades donde hizo estudios de niño. Cuando cumplió los catorce años, marchó a estudiar a Salamanca, ciudad que constituyó el centro de su vida intelectual como profesor de su universidad. Allí ingresó en la Orden de los Agustinos (Orden de San Agustín), probablemente en enero de 1543, y profesó el 29 de enero de 1544.

Estudió filosofía con Fray Juan de Guevara y teología con Melchor Cano. En el curso de 1556-1557 conoció a fray Cipriano de la Huerga, un orientalista catedrático de Biblia en Alcalá de Henares, encuentro que supondría una experiencia capital en la formación intelectual de fray Luis.[4] Asimismo un tío suyo, profesor de la universidad salmantina, le orientó en esos momentos.

Empezó su lucha por las cátedras: la de la Biblia que había dejado vacante Juan Gallo al ser nombrado para la diócesis de Orihuela, la de Santo Tomás, que ganó al año siguiente, 1561, al fuerte pretendiente dominico el maestro Diego Rodríguez. Estuvo un periodo en la cárcel (en Valladolid, en la calle que ahora recibe el nombre Fray Luis de León) por traducir la Biblia a la lengua vulgar sin licencia; concretamente, por su célebre versión del Cantar de los cantares; su defensa del texto hebreo irritaba a los escolásticos más intransigentes, en especial el profesor de griego León de Castro y el dominico fray Bartolomé de Medina, quien estaba enfadado contra él por algunos fracasos académicos y redactó una serie de proposiciones que lo llevaron a la cárcel junto a los maestros Gaspar de Grajal y Martín Martínez de Cantalapiedra. En prisión escribió De los nombres de Cristo y varias poesías entre las cuales está Canción a Nuestra Señora. Tras su estancia en la cárcel (del 27 de marzo de 1572 al 7 de diciembre de 1574), fue nombrado profesor de Filosofía Moral y un año más tarde obtuvo la cátedra de la Sagrada Escritura, que obtuvo en propiedad en 1579. En la universidad fue profesor de San Juan de la Cruz, que se llamaba por entonces Fray Juan de Santo Matía.

En Salamanca se divulgaron pronto las obras poéticas que el agustino componía como distracción, y atrajeron las alabanzas de sus amigos, los humanistas Francisco Sánchez de las Brozas (el Brocense) y Benito Arias Montano, los poetas Juan de Almeida y Francisco de la Torre, y otros como Juan de Grial, Pedro Chacón o el músico ciego Francisco de Salinas, que formaron la llamada primera Escuela de Salamanca o salmantina.

Las envidias y rencillas entre órdenes y las denuncias del catedrático de griego, León de Castro, entre otros profesores, le llevaron a las cárceles de la Inquisición bajo la acusación de preferir el texto hebreo del Antiguo Testamento a la versión latina (la traducción Vulgata de San Jerónimo) adoptada por el Concilio de Trento, lo cual era cierto, y de haber traducido partes de la Biblia, en concreto el Cantar de los Cantares, a la lengua vulgar, cosa expresamente prohibida también por el reciente concilio y que sólo se permitía en forma de paráfrasis. Por lo primero fueron perseguidos y encarcelados también sus amigos los hebraístas Gaspar de Grajal y Martín Martínez de Cantalapiedra. Aunque era inocente de tales acusaciones, su prolija defensa alargó el proceso, que se demoró cinco largos años, tras los cuales fue finalmente absuelto. Parece cierto que se le puede atribuir la décima que presuntamente, al salir de la cárcel, escribió en sus paredes:

Aquí la envidia y mentira
me tuvieron encerrado.
¡Dichoso el humilde estado
del sabio que se retira
de aqueste mundo malvado,
y, con pobre mesa y casa,
en el campo deleitoso,
con sólo Dios se compasa
y a solas su vida pasa,
ni envidiado, ni envidioso!

Poco antes de su muerte era provincial de su orden y había sido denunciado nuevamente ante la Inquisición, aunque esta vez sin otra consecuencia que una suave amonestación del Inquisidor general, el cardenal Quiroga, arzobispo de Toledo. La muerte le sorprendió en Madrigal de las Altas Torres cuando preparaba una biografía de Santa Teresa de Jesús, cuyos escritos había revisado para la publicación; admiraba la labor de la monja reformadora y había pretendido incluso que ingresara en su orden. Tras su muerte sus restos fueron llevados a Salamanca, en cuya universidad descansan. El pintor Francisco Pacheco lo describe así:

El rostro más redonde que aguileño; trigueño el color; los ojos verdes y vivos... El hombre más callado que se ha conocido, si bien de singular agudeza en sus dichos... de mucho secreto, verdad y fidelidad, puntual en palabras y en promesas, compuesto, poco o nada risueño

La obra

Sus temas preferidos y personales, si dejamos a un lado los morales y patrióticos que también cultivó ocasionalmente, son, en el largo número de odas que llegó a escribir, el deseo de la soledad y del retiro en la naturaleza (tópico del Beatus Ille), y la búsqueda de paz espiritual y de conocimiento (lo que él llamó la verdad pura sin velo), pues era hombre inquieto, apasionado y vehemente, aquejado por todo tipo de pasiones, y deseaba la soledad, la tranquilidad, la paz y el sosiego antes que toda cosa:

Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que debo al cielo,
a solas, sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanzas, de recelo.
Este tema se reitera en toda su lírica, la búsqueda de serenidad, de calma, de tranquilidad para una naturaleza que, como la suya, era propensa a la pasión. Y ese consuelo y serenidad lo halla en los cielos o en la naturaleza:

Sierra que vas al cielo
altísima, y que gozas del sosiego
que no conoce el suelo,
adonde el vulgo ciego
ama el morir, ardiendo en vivo fuego:

recíbeme en tu cumbre,
recíbeme, que huyo perseguido
la errada muchedumbre,
el trabajar perdido,
la falsa paz, el mal no merecido.

Oda «Al apartamiento»

Como poeta desarrolló la lira como estrofa, pero prefería el endecasílabo para las traducciones de poetas latinos y griegos, que por lo general realizaba en tercetos encadenados o en octava real.

Su estilo es aparentemente sencillo y austero; no abundan las imágenes ni los adornos. Su sintaxis, constreñida por la exigente forma de la lira, recurre frecuentemente al encabalgamiento abrupto, expresando con ello su carácter atormentado. Por otra parte, su vehemencia se refleja a través de las numerosas expresiones admirativas e interjecciones que pespuntean sus versos y tanto en su prosa como en su verso recurre habitualmente a las parejas de palabras unidas por un nexo o una coma, es decir, a los dobletes o geminaciones. Utiliza un repertorio simbólico tomado de la poesía clásica latina y hebrea, y en él se sintetizan tres tradiciones culturales distintas: la poesía grecolatina clásica (en especial las odas de su admiradísimo Horacio, y Virgilio) y el Neoplatonismo, la literatura bíblica (Salmos, Libro de Job, Cantar de los Cantares) y la poesía tanto italianizante como castiza del Renacimiento español.

Empezó a escribir en 1572 De los nombres de Cristo, obra en tres libros que no terminaría hasta 1585. En ella muestra la elaboración última y definitiva de los temas e ideas que esbozó en sus poesías en forma de diálogo ciceroniano donde se comentan las diversas interpretaciones de los nombres que se dan a Cristo en la Biblia: "Pimpollo", "Faces de Dios", "Monte", "Padre del Siglo futuro", "Brazo de Dios", "Rey de Dios", "Esposo", "Príncipe de Paz", "Amado", "Cordero", "Hijo de Dios", "Camino", "Pastor" y "Jesú". Llega ahí a la máxima perfección su prosa castellana, de la que puede ser buen ejemplo el párrafo siguiente:

Consiste, pues, la perfección de las cosas en que cada uno de nosotros sea un mundo perfecto, para que por esta manera, estando todos en mí y yo en todos los otros, y teniendo yo su ser de todos ellos, y todos y cada uno de ellos teniendo el ser mío, se abrace y eslabone toda esta máquina del universo, y se reduzca a unidad la muchedumbre de sus diferencias; y quedando no mezcladas, se mezclen; y permaneciendo muchas, no lo sean; y para que, extendiéndose y como desplegándose delante los ojos la variedad y diversidad, venza y reine y ponga su silla la unidad sobre todo. Lo cual es avecinarse la criatura a Dios, de quien mana, que en tres personas es una esencia, y en infinito número de excelencias no comprensibles, una sola perfecta y sencilla excelencia (De los nombres de Cristo, lib. I).

También se deben a fray Luis obras de cierta entidad en latín (De legibus, en tres libros; In Cantica Canticorum Salomonis explanatio, 1582; In psalmum vigesimumsextum explanatio, 1582) y algunas otras obras morales en castellano sobre educación, como La perfecta casada (Salamanca, 1584), dirigida a su prima, María Varela Osorio, donde describe lo que para él es una esposa ejemplar y establece los deberes y atributos de la mujer casada en las relaciones de familia, las tareas cotidianas y el amor a Dios. Inspirada en fuentes clásicas y sobre todo en los Proverbios de Salomón, cuyo último capítulo expone e ilustra desde el versículo 10, es una obra que hay que poner en correlato con otras del mismo género escritas por Luis Vives (De Insitutiones Feminae Christianae, traducida al castellano en Valencia en 1528) y otros humanistas europeos del Renacimiento.

Como traductor vertió del hebreo en verso el último capítulo del Libro de los proverbios y el Libro de Job, que además comentó, como su compañero de orden y amigo Diego de Zúñiga, importante filósofo y defensor del heliocentrismo copernicano; vertió también el Cantar de los cantares en octavas (de esta última hay otra versión en liras que es apócrifa), así como algunos Salmos, en concreto 21, incluyendo las dos versiones del «Salmo 102». Para estas versiones de una poesía construida por medio de paralelismo semántico, adoptó a veces una conveniente estrofa, la lira de cuatro versos: A11, B7–11, A11, B7–11. Del latín las Bucólicas y los dos primeros libros de las Geórgicas de Virgilio, así como 23 versiones seguras de las Odas de Horacio y 7 atribuidas por el padre Merino; destaca también la versión del Rura tenent de Albio Tibulo y algunos fragmentos de poetas griegos (parte de la Andrómaca del dramaturgo griego Eurípides y de la Olímpica I de Píndaro). De los italianos hay poemas de Pietro Bembo y Petrarca.

Ediciones

Sus obras tuvieron una amplia difusión manuscrita, pero permanecieron inéditas hasta 1631, año en que Quevedo las imprimió por primera vez junto a las de otro ingenio de la Escuela de Salamanca, Francisco de la Torre, como ataque contra el desmesurado Culteranismo estilístico de Góngora; llevaban el título de Obras propias, y traducciones latinas y griegas y italianas, con la parafrasi de algunos psalmos y capítulos de Iob. Sacadas de la librería de don Manuel Sarmiento de Mendoça, canónigo de la Magistral de la santa Iglesia de Sevilla (Madrid: Imprenta del Reyno, a cargo de la viuda de Luis Sánchez, 1631) y fue reimpresa el mismo año (Milán: Phelippe Guisalfi, 1631). El ilustrado Francisco Cerdá y Rico editó algunas en 1779 y el ilustrado Gregorio Mayáns y Siscar otra más completa (Valencia: Tomás de Orga, 1785), a la que agregó además una biografía, entre otras muchas reimpresiones que tenían como definitiva la realizada por Quevedo. Sin embargo, los manuscritos más fieles a su obra son los conservados y copiados por su sobrino y correligionario, el fraile y teólogo agustino Basilio Ponce de León, ya que a él le fueron entregados a su muerte por la Orden Agustina para que los editara. En el siglo XVIII hizo una edición de sus obras un filólogo tan acreditado como el manchego Pedro Estala fundándose en un manuscrito valenciano; ya es una edición crítica, sin embargo, la que realiza el agustino fray Antolín Merino (1805-1806) en cinco volúmenes, cotejando numerosos manuscritos, con el título de Obras del maestro fray Luis de León, fruto del fervor que a este escritor tuvieron los integrantes de la Segunda escuela poética salmantina; él estableció el canon actual de textos considerados como estrictamente luisianos. Salvador Faulí realizó una de De los nombres de Christo, añadido juntamente el nombre de Cordero (Valencia: Salvador Faulí, 1770). En el siglo XIX hay que reseñar la edición de la Biblioteca de Autores Españoles (Madrid, Manuel Rivadeneyra, 1855).

Entre las ediciones modernas, son dignas de mención la que sobre Los nombres de Cristo editó el padre Manuel Fraile (1907) y de esa misma obra Federico de Onís para los Clásicos Castellanos de la Editorial Castalia en tres volúmenes, correspondientes a 1914 el primero y 1922 los otros dos; la realizada por el poeta de la Generación del 98 Enrique de Mesa de De los nombres de Cristo en 1876 y 1917; Luis Astrana Marín realizó una de La perfecta casada (Madrid: Aguilar, 1933), bastante reimpresa, a la que siguió la de Elena Milazzo (Roma, 1955); Joaquín Antonio Peñalosa editó esta obra junto con las poesías originales y el Cantar de los Cantares en la editorial Porrúa de México (1970); tuvieron mucho curso las ediciones del agustino Ángel Custodio Vega para la BAC o Biblioteca de Autores Cristianos; una reimpresión de su ed. de las Poesías está aún disponible (Barcelona: Planeta, 1970). Juan F. Alcina realizó otra de su Poesía (Madrid: Cátedra, 1986); tenemos las de Cristóbal Cuevas de De los nombres de Cristo (Madrid: Cátedra, 1977), de su Poesía completa (Madrid: Castalia, 1998) y de Fray Luis de León y la escuela salmantina (Madrid: Taurus, 1986); por parte de José Manuel Blecua hay ediciones de su Poesía completa (Madrid: Gredos, 1990) y del Cantar de Cantares de Salomón (Madrid: Gredos, 1994). José María Becerra Hiraldo editó por su parte Cantar de los Cantares. Interpretaciones literal, espiritual, profética (El Escorial: Ediciones Escurialenses, 1992) y el Comentario al Cantar de los Cantares (Madrid: Cátedra, 2004). Antonio Sánchez Zamarreño realizó una nueva de De los nombres de Cristo (Madrid: Austral, 1991); José Barrientos, por otra parte, imprimió su Epistolario. Cartas, licencias, poderes, dictámenes (Madrid, Revista Agustiniana, 2001) y, con Emiliano Fernández Vallina, hizo la edición bilingüe de su Tratado sobre la Ley (Monasterio de El Escorial: Ediciones Escurialenses, 2005). También ha sido editado por Ángel Alcalá El proceso inquisitorial de fray Luis de León (Salamanca, Junta de Castilla y León, 1991)

Obras de Fray Luis de León
Escritores del Siglo XVI. Tomo segundo. Obras del maestro Fray Luis de León; precédelas su vida, escrita por Don Gregorio Mayans y Siscar; y un extracto del proceso instruido contra el autor desde el año 1571 al 1576, Madrid, M. Rivadeneyra, 1855.

Traducción literal y declaración del libro de los cantares de Salomón. Salamanca, en la oficina de Francisco de Toxar, 1798. Otras eds.: Madrid, Manuel Rivadeneyra, 1855.

De los Nombres de Christo: en tres libros, Salamanca, en casa de Guillermo Foquel, 1587. Otras eds.: Valencia, En la Imprenta de Benito Monfort, 1770; Nadrid, Manuel Rivadeneyra, 1855.

La Perfecta casada, Madrid, M. Rivadeneyra, 1855.

Exposición del Libro de Job (Ms.219) [Manuscrito]. Madrid, M. Rivadeneyra, 1855.
Obras poéticas, divididas en tres libros, Madrid, M. Rivadeneyra, 1855.
In Psalmum vigesimumsextum explanatio
Cantar de los Cantares. Interpretaciones: literal, espiritual, profética.

De legibus o Tratado sobre la ley
[Dictamen relativo a la explotación de las minas de azogue del Perú por parte de Pedro de Contreras. 28 de marzo de 1588].
Epistolario: cartas, licencias, poderes, dictámenes
Escritos desde la cárcel. Autógrafos del primer proceso inquisitorial.

Fuente: Wikipedia
 

 

 
PUEBLOS DE CUENCA
 

Abia De La Obispalia
Alarcon
Albaladejo Del Cuende
Albalate De Las Nogueras
Albendea
Alcahozo
Alcala De La Vega
Alcantud
Alcazar Del Rey
Alcohujate
Alconchel De La Estrella
Algarra
Aliaguilla
Almendros
Almodovar Del Pinar
Almonacid Del Marquesado
Altarejos
Arandilla Del Arroyo
Arcas
Arcos De La Cantera
Arcos De La Sierra
Arguisuelas
Arrancacepas
Atalaya Del Cañavate
Barajas De Melo
Barbalimpia
Barchin Del Hoyo
Bascuñana De San Pedro
Beamud
Belinchon
Belmonte
Belmontejo
Beteta
Bolliga
Boniches
Bonilla
Buciegas
Buenache De Alarcon
Buenache De La Sierra
Buendia
Campillo De Altobuey
Campillos-Paravientos
Campillos-Sierra
Cañada Del Hoyo
Cañada Juncosa
Canalejas Del Arroyo
Cañamares
Cañaveras
Cañaveruelas
Cañete
Cañizares
Caracenilla
Carboneras De Guadazaon
Cardenete
Carrascosa
Carrascosa De Haro
Carrascosa Del Campo
Casalonga
Casas De Benitez
Casas De Fernando Alonso
Casas De Garcimolina
Casas De Guijarro
Casas De Haro
Casas De Juan Fernandez
Casas De Los Pinos
Casas De Roldan
Casas De Santa Cruz
Casas Del Olmo
Casas Nuevas
Casasimarro
Casillas De Ranera
Castejon
Castillejo De Iniesta
Castillejo Del Romeral
Castillejo-Sierra
Castillo De Garcimuñoz
Castillo-Albarañez
Cerro De Tejeras
Cervera Del Llano
Chillaron De Cuenca
Chumillas
Collados
Colliga
Cuenca
Cueva Del Hierro
Cuevas De Velasco
Culebras
El Acebron
El Arrabal
El Cañavate
El Carmen
El Cubillo
El Herrumblar
El Hito
El Pedernoso
El Peral
El Perchel
El Picazo
El Pozuelo
El Provencio
El Simarro
El Tobar
Enguidanos
Fresneda De Altarejos
Fresneda De La Sierra
Fuente De Pedro Naharro
Fuentelespino De Haro
Fuentelespino De Moya
Fuentes
Fuentesbuenas  Fuentesclaras del Chillaron
 

Fuertescusa
Gabaldon
Garaballa
Garcinarro
Gascueña
Graja De Campalbo
Graja De Iniesta
Henarejos
Herreria De Santa Cristina
Higueruela
Honrubia
Hontanaya
Hontecillas
Horcajada De La Torre
Horcajo De Santiago
Hoya Del Peral
Huelamo
Huelves
Huerguina
Huerta De La Obispalia
Huerta De Marojales
Huerta Del Marquesado
Huete
Iniesta
Jabaga
Jabalera
La Alberca De Zancara
La Almarcha
La Cañada
La Cierva
La Frontera
La Hinojosa
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La Peraleja
La Pesquera
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Ribatajada
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