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COMUNIDAD DE  LAS BALEARES

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Provincia y comunidad autónoma de España con 841.669 habitantes (2001), que responden al gentilicio de baleares, y 5.014 km² de extensión superficial. Formada por las islas de Mallorca, Menorca, Ibiza, Formentera y Cabrera, así como por diversas islas menores entre las que destacan Conejera, Dragonera, Aire, Aucanada, Pinto (o Botafoch). Su capital es Palma de Mallorca. El nombre de Baleares significa 'islas del Hondero' y fue el nombre dado por los griegos a este archipiélago.

El Estatuto de Autonomía fue aprobado por Ley Orgánica de 25 de febrero de 1983 y el Presidente del Consejo de Gobierno de las islas Baleares es Jaume Mata.

Provincia y comunidad autónoma de España con 841.669 habitantes (2001), que responden al gentilicio de baleares, y 5.014 km² de extensión superficial. Formada por las islas de Mallorca, Menorca, Ibiza, Formentera y Cabrera, así como por diversas islas menores entre las que destacan Conejera, Dragonera, Aire, Aucanada, Pinto (o Botafoch). Su capital es Palma de Mallorca. El nombre de Baleares significa 'islas del Hondero' y fue el nombre dado por los griegos a este archipiélago.

El Estatuto de Autonomía fue aprobado por Ley Orgánica de 25 de febrero de 1983 y el Presidente del Consejo de Gobierno de las islas Baleares es Jaume Mata.

Provincia y comunidad autónoma de España con 841.669 habitantes (2001), que responden al gentilicio de baleares, y 5.014 km² de extensión superficial. Formada por las islas de Mallorca, Menorca, Ibiza, Formentera y Cabrera, así como por diversas islas menores entre las que destacan Conejera, Dragonera, Aire, Aucanada, Pinto (o Botafoch). Su capital es Palma de Mallorca. El nombre de Baleares significa 'islas del Hondero' y fue el nombre dado por los griegos a este archipiélago.

El Estatuto de Autonomía fue aprobado por Ley Orgánica de 25 de febrero de 1983 y el Presidente del Consejo de Gobierno de las islas Baleares es Jaume Mata.

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HISTORIA DE LAS ISLAS BALEARES

Las islas Baleares, enclavadas en el mar Mediterráneo, han sido refugio tanto para comerciantes como para corsarios. Ocupadas por griegos, cartagineses, musulmanes, cristianos, ingleses, franceses y españoles, se convirtieron en el punto de intersección de todas las rutas comerciales mediterráneas.

Prehistoria

En las islas de Mallorca y Menorca los primeros asentamientos se produjeron en torno al 2000 a.C. Aquellos pobladores del período llamado pretalayótico habían llegado en oleadas sucesivas procedentes de la zona de Almería, con lo que en las islas se desarrolló una cultura de tipo argárico. Las comunidades ocuparon cuevas en la zona del interior, mientras que en la costa pudieron usar cabañas. En los momentos finales se inició la construcción de las navetas, monumentos de piedra con forma de nave invertida, que bien tuvieron una función funeraria, como los de Es Tudons, Rafal Rubí, o bien eran lugares de habitación. En Menorca se dieron los dos usos, mientras que en Mallorca sólo se ha identificado el segundo. Su modo de vida era muy rudimentario: caza, pesca y recolección de frutos silvestres. Se han encontrado restos de útiles de piedra, sílex y cobre. Por el momento, las únicas muestras de producción metalúrgica se han dado en el yacimiento de S´Hospitalet Vell, en Manacor. Entre el 1200 y 650 a.C. se desarrolló en Mallorca y Menorca el período talayótico, tal vez por influencias de los pueblos mediterráneos llegados a las islas. En aquellos grupos hubo un incremento demográfico notable, así como otros cambios culturales y sociales derivados de la superposición de grupos guerreros a las primitivas y pacíficas gentes de las islas. Surgieron los primeros poblados organizados con una torre defensiva, llamada talayot, bien adosada a la muralla como en Son Fornés, Montuiri o Coll dels Moixerrins, bien aislada como torre de vigilancia: talayot de Talatí de Dalt en Menorca. Su economía no varió substancialmente respecto al período anterior puesto que seguían dedicándose a la ganadería, a la agricultura y, en las zonas costeras, a aprovechar los recursos marinos.

A tierras baleares habían llegado algunos marinos griegos haciendo escala en sus rutas comerciales con Tartessos. Los griegos, aunque habían bautizado a las islas con los nombres de Kromyoussa, refiriéndose a Menorca, Meloussa a Mallorca, Ophioussa para Formentera y Pityoussa a Ibiza, no llegaron a establecer en ellas colonias de comerciantes debido al carácter feroz de los habitantes de las dos primeras islas. La única posible de colonizar era Ibiza por su débil poblamiento, fertilidad y posición estratégica respecto a las principales rutas comerciales del Mediterráneo. Tampoco se asentaron allí, tal vez porque los cartagineses llegaron antes que ellos. Los púnicos ocuparon la zona de Isla Plana y poco después fundaron la colonia de Ébysos, alrededor del 654-53 a.C. El poblamiento inicial, compuesto de pescadores y saladores de pescado, fue muy débil y se redujo a la zona próxima a este enclave. Poco después hubo nuevos aportes que colonizaron la totalidad de la isla. En las zonas del interior se desarrolló una actividad ganadera y agrícola pujante basada en el olivo y la vid. Todos los asentamientos estaban dotados de murallas. La vinculación con Cartago era muy fuerte como demuestran los numerosos santuarios repartidos por la isla: Puig d´en Valls, Puig d´es Molins o la cueva d´es Cuieram, dedicados a divinidades como Tanit o Astarté. Ibiza se convirtió en un bastión estratégico para Cartago que les permitió controlar el comercio mediterráneo frente a los griegos. Junto a Cartago, Ibiza fue la única colonia púnica que emitió moneda, prueba de su activo comercio.

A finales del siglo VI-V, en el período llamado postalayótico, los talayots dejaron de ser usados. En aquel momento se inició un nuevo tipo constructivo: las taulas, como la de Trepuco en Menorca. Estas eran enormes mesas de piedra levantadas en el centro de un recinto al que se le ha dado varias interpretaciones, bien religiosa, como el lugar donde se realizaban diversos sacrificios, bien política, como centro de un territorio. Desde finales del siglo V a.C., los habitantes de Mallorca fueron abandonando su aislamiento al producirse visitas constantes de comerciantes de Ibiza. Estos fundaron en Mallorca la colonia de Na Guardis, que en el III milenio a.C. tenía una intensa actividad mercantil. Esta colonia fue el primer paso de los cartagineses para controlar la totalidad de la isla, cuyos bravos habitantes fueron reclutados para sus huestes, como lo hizo Anibal al enfrentarse a Roma. Los guerreros baleares eran muy apreciados por el magnífico uso que hacían de la honda, arma mortífera capaz de atravesar los cascos enemigos. Estrabón hizo una descripción de los honderos (III, 5, 1): en los combates portaban un escudo de piel de cabra y una jabalina, pero nunca una lanza con punta de hierro; llevaban tres hondas de distintos tamaños, en cuyo manejo eran adiestrados desde niños, pues no recibían pan si antes no lo acertaban con la honda. Las colonizaciones de las islas provocaron un lento proceso de aculturación de la población indígena que no llegó a afectar al desarrollo tecnológico: no se introdujo el torno, no se desarrolló una metalurgia completa y no se adoptó la escritura. Los cambios fundamentales se produjeron en la manera de practicar los enterramientos y en la introducción de nuevos cultos y dioses. Los contactos de las islas con los pueblos iberos peninsulares fueron más fluidos, como ha quedado demostrado en los hallazgos de cerámica ibera en las islas.

Edad Antigua

La llegada de los romanos a las Baleares se produjo dentro de la empresa de conquista de la Península Ibérica. El interés que mostró Roma por las islas fue doble: en primer lugar, eran un punto fundamental para asegurar la ruta marítima entre Hispania e Italia, al encontrarse poco estable la terrestre y por último, debido a su fertilidad, eran idóneas para aprovisionar al conjunto del Imperio. No debe olvidarse que con la conquista de las islas, que habían estado en manos cartaginesas, los romanos mostraron su superioridad bélica frente a su antiguo enemigo. En el año 123 a.C. el Senado romano encargó la empresa de conquista el cónsul Quinto Cecilio Metelo, con la excusa de querer acabar con los piratas que se refugiaban en ellas. No hubo ni grandes resistencias, ni grandes campañas militares romanas y la conquista fue completada en apenas un año. Tras el triunfo, Metelo se dio el cognomen de Balearicus.

Las Baleares quedaron incluidas en la Provincia de Hispania Citerior hasta la reforma administrativa de Augusto en el siglo I d.C., que las englobó dentro de la Tarraconensis. Los romanos habían instalado unas guarniciones militares, que derivaron en núcleos de población con el asentamiento en ellas de veteranos militares romanos. En la isla de Mallorca se fundaron Palma y Pollentia, con el rango de colonias; Guium y Tucis, de localización incierta, dotadas de derecho latino; así como Bocchorum, en las proximidades de Pollentia, que era una ciudad federada. En Menorca destacaron Magon, la actual Mahon; Sanisera, la actual Sanitja e Iamon, Ciutadella, las tres con derecho latino. En Ibiza, Ebusus fue primero federada, después latina y por último, ciudad romana. La actividad comercial y el mayor peso de la romanización se centró en estos núcleos, aunque también el territorio rural del interior se vio afectado ya que, atraídos por los nuevos focos, la población indígena se alejó de sus tradicionales lugares de asentamiento; así el poblado de Son Onis en Mallorca fue abandonado a mediados del siglo I d.C. La explotación económica de las islas por parte de los romanos mantuvo los productos tradicionales: se cultivaba cereal, olivo, vid, higos, cebollas albarranas y se criaba todo tipo de ganado, sobre todo mulos. En Ebusus continuaron las labores de pesca y salazón de pescado, así como la producción de lanas púrpuras. Como zona que proveía al imperio, las actividades comerciales se consolidaron en aquellos momentos. No hay restos que demuestren la existencia de villae como nuevos modelos de explotación agrícola en las islas. La expansión del cristianismo está demostrada por la existencia de basílicas paleocristianas como las de Cas Frares, Sa Carrotja, Son Peretó en Mallorca y las de Ciutadella, Son Bou, Es Fornás de Torelló en Menorca. Estuvo muy vinculado al cristianismo del norte de África a través de los numerosos contactos comerciales.

Edad Media

Los vándalos, tras su incursión en el territorio hispano en 409 y posterior asentamiento en la zona de la Bética, atacaron desde el 426 el archipiélago balear. Tras su paso en el 429 a África se produjeron nuevas y continuas razzias contra las islas. En el 462, el Papa León I reconoció a Genserico, rey de los vándalos, el dominio sobre Baleares, Córcega y Cerdeña, pero aún así hubo nuevas rapiñas durante el 468. Las Baleares quedaron dentro del reino vándalo hasta su conquista en el 533 por los bizantinos. En el 534, las islas, ya bajo dominio bizantino, quedaron incluidas en la provincia de Cerdeña.

Siguiendo el relato de Ibn-Jaldun, en el que cuenta cómo una tormenta desvió a Isam al-Jawlaní a Mallorca y cómo a su regreso dio cuenta al emir Abd Allah de la facilidad con la que podrían ser conquistadas las Baleares, se fija el inicio de la ocupación musulmana de las islas en el 902. Sin embargo, hubo contactos previos. En el 707 se produjeron devastadoras razzias musulmanas contra las islas; ante esta situación la población solicitó el auxilio de Carlomagno, que acudió con sus naves en el 786. Con Abd al-Rahman II, entre el 848-49, hubo un levantamiento en las poco islamizadas Mallorca y Menorca, sofocado con el envío de naves. Tras la muerte de Almanzor, Al-Andalus vivió un momento de anarquía y disgregación territorial con los reinos de Taifas. Muchahid, gran oficial eslavo al servicio de Almanzor, se hizo con el gobierno de Baleares y Denia. Convertido en pirata, se dedicó a saquear las costas próximas. El rey taifa de Zaragoza logró anexionarse Denia, mientras las Baleares se mantuvieron independientes. Los almorávides llegaron al archipiélago balear a finales de 1116, tras las expediciones catalano-pisanas encabezadas por Ramón Berenguer III entre 1113-1115. A la decadencia del poder almorávide le siguieron los segundos reinos de Taifas y la llegada de los almohades, que volvieron a conquistar los reinos Taifas. Baleares fue uno de los lugares que ofreció mayor resistencia con la dinastía de los Banu Ganiya, pero terminó por ser conquistada: Mallorca en 1202 y Menorca en 1203. Los musulmanes introdujeron en las islas cultivos de regadío y numerosas acequias, pozos, molinos, así como conducciones subterráneas de agua llamadas qanat. Se ha constatado que en aquel momento continuaba el cultivo de olivos en las islas.

La presencia almohade llegó a su fin con la conquista de Mallorca en 1229 y de Menorca en 1235 por el rey aragonés Jaime I, el Conquistador. Desde el Tratado de Cazorla de 1179 había quedado clara la inclusión de las Baleares dentro del ámbito de influencia de la Corona de Aragón. La empresa tuvo carácter de cruzada y fue incitada por los intereses de la burguesía catalana. El reino de Mallorca fue incluido dentro de la Corona de Aragón con los mismos derechos que las otras regiones que la componían. La repoblación se efectuó mediante personas e instituciones provenientes de la Cataluña Nova, plasmadas en la Carta de Franquicias dada a Mallorca en 1230 y a Ibiza en 1236. Las islas quedaron despobladas tras las matanzas de musulmanes efectuadas por Jaime I y las emigraciones que las siguieron. Los musulmanes quedaron sometidos a la servidumbre, ya que no hubo pactos de capitulación. El Llibre del Repartiment de 1232 reflejó la realidad de las islas: la debilidad de la población y estructuras musulmanas frente a la consolidación de los modos feudales y la eliminación de los musulmanes como propietarios. Las tierras de Mallorca fueron divididas en dos partes, una para el rey y otra para los grandes nobles. También se efectuaron porciones, lotes de tierra más pequeños para los miembros de una nobleza que se hizo fuerte tras la conquista, como los Bennáser, Ripoll o Jaume Picany. La conquista supuso la desaparición de numerosos molinos, del qanat, así como de los cultivos de algodón y arroz, mientras se potenciaba el cultivo de vides. Los comerciantes catalanes consiguieron franquicias en las islas así como colonias de mercaderes genoveses y pisanos, lo que demuestra la importancia de las Baleares en el comercio mediterráneo.

A la muerte en 1276 de Jaime I, el reino de Mallorca quedó separado de la Corona de Aragón con Jaime II, que recibió también Rosellón, Cerdaña y Montpeller. En 1279 Pedro III de Aragón impuso a su hermano Jaime II de Mallorca la obligación de rendirle homenaje por sus posesiones. Jaime se negó y buscó apoyos entre los enemigos de Pedro III como el Papado, Francia y los Anjou de Nápoles. La crisis estalló en 1285: Jaime II dejó paso libre en el Rosellón a los cruzados franceses, mientras Pedro III, tras rechazar la incursión francesa, ocupaba Mallorca e Ibiza ese mismo año y Menorca en 1287. Jaime II recuperó sus posesiones en 1298 tras cumplimentar el pacto de infeudalización. El interés del monarca aragonés por las islas se relacionaba con el tráfico comercial y la expansión territorial por el Mediterráneo, en el que las islas ocupaban un lugar de gran valor estratégico. Aprovechando la crisis del comercio entre 1329-1343, el rey aragonés Pedro IV, el Ceremonioso, se ganó a los mercaderes mallorquines y ocupó las islas casi sin resistencia en 1343. Jaime III intentó recuperarlas, pero fue vencido en Llucmajor en 1349.

Durante el período bajomedieval las Baleares fueron sacudidas por crisis generalizadas: se vieron inmersas en las numerosas guerras que emprendió Pedro IV; la peste asoló las islas en las oleadas de 1348, 1362-63, 1375, 1388, 1396, 1430; a lo que se unieron las sequías en 1374, l´any de la fam y 1384-88, así como las lluvias torrenciales de 1403. En aquel panorama de desolación se produjeron los progroms contra las pobladas juderías de Mallorca en 1391. Los problemas más importantes fueron provocados por el malestar creciente de los foráneos. Estos campesinos consideraban que sus intereses estaban supeditados a los de la ciudad, cuyo Consell, equivalente a las Cortes, no sólo elegía a los representantes de las villas, sino que imponía las contribuciones campesinas sin que sus representantes tuvieran una participación efectiva en el Consell. La revuelta foránea estalló en 1450 y fue contundentemente sofocada por las tropas enviadas desde Nápoles por el rey aragonés Alfonso V, el Magnánimo. Los campesinos fueron obligados a pagar tanto los daños causados, como los atrasos en los pagos. Fernando I, el Católico, recibió el reino de Mallorca endeudado y con la crisis ciudad-villas aún latente. Intentó poner solución a la grave situación económica, pero alguna de sus medidas, como la introducción en las islas del Santo Oficio, tuvieron efectos negativos en el comercio al provocar la huida de muchos mercaderes.

Edad Moderna

Durante el siglo XVI se produjo un incremento demográfico, más acusado en el campo que en las ciudades: sobre un total de población de 114.000 habitantes en Mallorca, 20.000 pertenecían a la capital. El crecimiento demográfico no vino acompañado de uno económico, por lo que la situación campesina empeoró. La conflictividad latente que existía en el reino de Mallorca: bandolerismo de la nobleza, agobio financiero, declive del comercio y tensión ciudad-villas, derivó en la rebelión de los Agermanats, movimiento vinculado a las Germanías de Valencia. Sin embargo, algunos autores han enmarcado estos movimientos dentro de los enfrentamientos entre menestrales y caballeros por el control del gobierno de las ciudades. En Mallorca el alzamiento comenzó a finales de 1520 y contó con varios líderes como Joan Crespí o Joanot Colom. Ante la unión de los gremios urbanos y la caída de la isla bajo su control, el virrey huyó a Ibiza en 1521 y la nobleza se refugió en Alcúdia. La reacción real se inició en octubre de 1522 y culminó con el sitio a Mallorca entre diciembre de 1522 y marzo de 1523. La rebelión agravó la crisis económica que pretendía resolver porque no sólo supuso pérdidas económicas y financieras, sino que supuso una mayor presencia de los estamentos privilegiados frente a menestrales y foráneos. Carlos V fue el único de los monarcas de la Edad Moderna que visitó las islas durante una campaña contra los turcos en 1558. Los musulmanes seguían siendo una grave amenaza para las islas, así en 1558 la Ciudadela de Menorca fue saqueada por naves turcas. En el reino de Mallorca se multiplicaron las fortificaciones: murallas de Alcúdia y Palma, construcción del fuerte de San Felipe, defensas del puerto de Mahón. La crisis del siglo XVII no afectó demasiado a las islas debido al incremento de la producción agrícola, sobre todo de cereales, aceite y uvas. En cambio las epidemias de peste de 1652 mermaron la población del archipiélago. En Mallorca hubo entre 15.000 y 20.000 muertos, en Ciutadella, 636 y en Ibiza, 711. Desde la primera mitad del siglo XVII, la nobleza mallorquina, agrupada en los bandos de los Canamunt y los Canavall, se dedicó a una violenta lucha de bandos a lo largo de treinta años, frente a la que los virreyes nada pudieron hacer.

Durante la Guerra de Sucesión que enfrentó al archiduque Carlos de Austria y Felipe de Borbón, las Baleares se decantaron en un primer momento por el francés, pero ante la amenaza de una flota anglo-holandesa en las proximidades, el archiduque fue proclamado rey en Mallorca e Ibiza durante 1706. La capitulación de Mallorca, puesta en sitio por el duque de Berwick, anunció la dominación de toda la isla en 1715. Como consecuencia de la resistencia a Felipe V, se impuso a las islas el Decreto de Nueva Planta, centralizador y absolutista, que terminaba con las instituciones tradicionales: desaparecieron el Consell, los Jurats y las Universitats, mientras se implantaron la Audiencia, el Comandante General, los Regidores y el Intendente, todos dependientes del Consejo de Castilla. Menorca fue ocupada por los ingleses en 1708, situación confirmada tras el Tratado de Utrecht de 1713. Esta primera etapa bajo dominio inglés, comprendida entre 1713 y 1756, destacó por el gran desarrollo económico, agrícola y de las comunicaciones que vivió la isla, sobre todo bajo el mandato del gobernador R. Kane (1713-1733). Durante la Guerra de los Siete Años, comprendida entre los años 1756 y 1763, tropas francesas ocupan Menorca. Tras el Tratado de París de 1763 se inició la segunda etapa de dominio inglés, que se extendió hasta 1781. En aquel momento se inició un breve control español de la isla hasta el año 1798, interrumpido por unos años de ocupación británica de 1798 a 1802. Desde aquel momento la isla permaneció en manos de la corona española.

Durante la Guerra de la Independencia se formó la Junta Suprema de las Baleares con delegados de todas las islas. La flota inglesa protegía a las Baleares de la presencia francesa, por lo que hubo numerosos emigrados de otras regiones que difundieron las ideas liberales en las islas. El pensamiento liberal sin embargo, no consiguió progresos notables en las islas, fundamentalmente señoriales y agrícolas. Tampoco se extendió por las islas el movimiento carlista, salvo en las revueltas producidas en Inca en 1831 y Manacor en 1835. Las clases sociales privilegiadas poseían una quinta parte del total de tierras. Las desamortizaciones, que afectaron sobre todo a propiedades eclesiásticas, no solucionaron el problema campesino, pero en cambio, beneficiaron a la burguesía, que pudo comprar tierras a bajo precio. Durante el siglo XIX el tráfico comercial volvió a cobrar fuerza, no sólo por la toma de Argel, que supuso el fin de la piratería, sino por la liberalización del tráfico con América. Mallorca fue punto importante de la ruta entre las Antillas y los puertos mediterráneos de Valencia, Barcelona, Marsella y Génova. En aquellos momentos comenzaron a fraguarse las fortunas de los grandes navieros como José de Cáceres, Pau Sorà, Josep Estadé, Miquel Ferragut o Josep Rosich. Con la reorganización administrativa de 1833 se creó la Provincia de Baleares, cuya capital quedó establecida en Palma. En aquellos momentos fueron creados la Junta de Obras del Puerto, el Crédito Balear en 1872 y la Compañía de Ferrocarriles de Mallorca en 1875. En Menorca se desarrolló una importante industria textil y de calzado. Los momentos finales del siglo XIX dieron paso a una crisis generalizada: crisis agrícola en 1889, cierre del mercado francés para el vino de Mallorca, epidemia de filoxera en 1891, ruptura de los lazos coloniales, que se manifestó en un aumento de la emigración a América y Argelia. La oleada de industrialización favoreció la creación del movimiento obrero en las Baleares que desde finales del XIX protagonizó contundentes huelgas: en Mallorca en 1890 y en Menorca en 1903.

Edad Contemporánea

La neutralidad española durante la I Guerra Mundial favoreció económicamente a las Baleares, sobre todo porque aumentaron las exportaciones de productos textiles y calzado a los países combatientes. Estas exportaciones favorecieron un proceso de modernización industrial en Mallorca y Menorca. La crisis económica de los años veinte perjudicó a algunas de las exportaciones baleares, pero no afectó profundamente al archipiélago por el incremento, desde esa década, de la actividad turística. La actividad política en las Baleares a principios de siglo se centraba en torno a dos grupos: el conservador, donde se daban cita los nobles y más ricos burgueses y el liberal, que unía a intelectuales y pequeña burguesía. Existían también pequeños grupos de republicanos y socialistas, así como de extrema derecha. Relacionados con la creciente modernización e industrialización de las Baleares, comenzaron a cobrar fuerza los primeros movimientos regionalistas en las islas, que tuvieron una estrecha vinculación grupos similares en Cataluña. Los grupos obreros, reforzados internamente, se habían acogido a los planteamientos socialistas; así en 1913 se creó la primera Federación Socialista Balear y en los años veinte la mayor parte de los trabajadores de Palma se unió a la Federación de Sociedades Obreras de la Casa del Pueblo. La fuerza de los movimientos obreros logró extenderse a las zonas rurales con la creación de la Federación Regional de Campesinos.

En las elecciones municipales de 1931 se constató el peso de la derecha monárquica y los liberales en Mallorca, y la fuerza del Frente Unido Antimonárquico, que englobaba a socialistas, republicanos y la Unión General de trabajadores (UGT), en Menorca. Palma de Mallorca fue una de las únicas cuatro capitales de provincia españolas donde triunfaron las posturas monárquicas frente a las republicanas. Durante la II República, la izquierda se hizo con los cargos políticos más importantes, pero no pudo someter a la poderosa derecha caciquil y ofrecer un nuevo modelo de desarrollo socio económico alternativo para las islas. En 1931 se creó la Associació per la cultura de Mallorca, que redactó un anteproyecto de estatuto de autonomía. Este incluyó en un primer momento a todas las islas, pero excluyó después a Menorca, donde había una fuerte corriente que pedía la incorporación a la Generalitat de Cataluña. Este anteproyecto no fue apoyado por suficientes partidos, lo que supuso que no se llegara a poner en marcha y, en consecuencia, un retroceso del movimiento regionalista. La derecha volvió a reorganizarse en torno a la Unión de Derechas, encabezada por Lluís Zaforteza. Los antiguos liberales, convertidos en aquellos momentos en republicanos de centro, tenían como cabeza al poderoso Joan March. En cuanto a los grupos de izquierda, los republicanos se vincularon en 1934 a Esquerra Republicana Balear, mientras continuaba la Federación Socialista Balear, al mando de Ignasi Ferratjans. En las elecciones de 1936 se volvió a constatar el peso de la derecha en Baleares.

El pronunciamiento militar golpista del 18 de julio de 1936 contra el gobierno republicano demostró, por la aceptación que tuvo, las diferencias entre las islas del archipiélago: triunfó en Mallorca e Ibiza, mientras Menorca se mantuvo fiel al gobierno. Desde Mallorca partió el general Goded para la toma de Barcelona y ambas islas nacionales fueron usadas como base para acosar las costas levantinas en general. Alfredo Kindelán, general conservador opuesto a la primacía de Francisco Franco en el bando nacional, fue designado comandante militar en las Baleares. No hubo grandes batallas en las islas y sólo debe destacarse un intento republicano para recuperar Mallorca, cuyas fuerzas desembarcaron en Manacor. A pesar de lo reducido de las defensas nacionales en la isla, la toma fracasó por la descoordinación de los asaltantes. En febrero de 1937 se produjo la toma de la isla de Menorca a manos de las tropas nacionales. Las consecuencias de la Guerra Civil fueron una disminución de la renta y de las actividades industriales, mientras que aumentó el nivel de personas dedicadas al sector primario, acercándolo a los niveles de los años veinte. Desde los años cuarenta, dentro de la recuperación económica general del país, se volvieron a alcanzar los niveles económicos del período de preguerra.

El Plan de Estabilización de 1959 supuso la modernización y apertura definitiva de la economía balear, constatada en las modificaciones de los sectores económicos. La actividad turística se convirtió en el motor del resurgir económico, además de favorecer los cambios en los otros sectores, que se adaptaron a sus exigencias. El primario redujo notablemente su importancia y el nivel de población activa agraria. En el total del Producto Interior Bruto (PIB) de las islas ocupaba un 2%, además se produjo una especialización en cultivos de regadío, más demandados. El sector secundario se mantuvo en unos niveles estabilizados de ocupación. Los focos industriales principales se localizaban en Palma, Inca, Manacor y Ciutadella. Se convirtió en el sector más vinculado con el turismo, con lo que se potenciaron los sectores de la construcción, piel, confección, zapatos, alimentos y bebidas. La actividad turística también ha producido cambios en la organización territorial de las islas. Antes del boom turístico de los cincuenta-sesenta, la población se concentraba en el interior, de espaldas al mar y centrada en las actividades agrícolas. La costa estaba prácticamente virgen, con la excepción de pequeños pueblos pesqueros. Desde aquellos momentos se produjo la concentración en el litoral costero. El turismo ha potenciado el incremento del PIB en más de un 400% y ha colocado a las Baleares en los primeros lugares de los índices de renta per cápita en España.

La Comunidad Autónoma actual

El 12 de diciembre de 1977 se aprobó el Proyecto de Régimen Transitorio para la Autonomía de las Islas Baleares, previo a la constitución en junio de 1978 del Decreto-Ley que consagró el régimen preautonómico. Como órganos de gobierno transitorios se instituyeron en julio del 78 el Consejo General Interinsular y los Consejos Insulares de Mallorca, Menorca, Ibiza-Formentera. Una vez aprobada la Constitución de 1978 se inició el proceso autonómico de las Baleares por vía del artículo 151. En enero de 1980, el gobierno de la Unión de Centro Democrático (UCD) recondujo el proceso autonómico a la vía del artículo 143 de la Constitución Española. En junio de 1980 se creó la Comissió dels onze, encargados de redactar el anteproyecto para el estatuto. El Estatuto de Autonomía, que entró en vigor en febrero de 1983, estableció la organización institucional autonómica mediante el Parlament de les Illes, que ejercía la potestad legislativa, el Govern Autónom de les Illes Balears, organismo colegiado con funciones ejecutivas y administrativas; el President, elegido por el Parlamento, y los Consells Insulars de Mallorca, Menorca e Ibiza-Formentera, organismos de gobierno, administración y representación de cada isla con gran margen de autonomía frente al legislativo del archipiélago. El Estatuto de Autonomía reconoció a la lengua catalana como oficial junto a la castellana.

En las elecciones autonómicas de 1983, la coalición formada por Alianza Popular (AP), el Partido Demócrata Popular (PDP) y Unión Liberal (UL) consiguió 21 escaños; el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), 21; Unidad Mallorquina (UM), 6, y otras formaciones, 6. Fue elegido president el popular Gabriel Cañellas. En los comicios de 1987, AP consiguió 25 escaños, seguida del PSOE, con 21, y UCD, con 5. Fue reelegido presidente Gabriel Cañellas. En las elecciones de 1991 volvió a triunfar el Partido Popular (PP; refundación de la antigua AP), con 31 escaños, mientras el PSOE obtenía 21. Nuevamente Gabriel Canellas ocupó la presidencia. En 1995, el PP obtuvo 30 escaños; el PSOE, 16, y el resto de formaciones, 10. Cañellas continuó como president, pero tuvo que dimitir semanas después a consecuencia del escándalo en la concesión de la construcción del túnel de Sóller. Fue sustituido en la presidencia por Cristóbal Soler. Tras las elecciones autonómicas de 1999 asumió la presidencia el socialista Francesc Antich, artífice de un pacto pluripartidista para formar un Gobierno progresista en el archipiélago. De la mano del que fuera ministro de Medio Ambiente, Jaume Matas, el PP recuperó el Gobierno balear y la mayoría absoluta tras los comicios autonómicos de 2003.

El turismo es la principal actividad económica de las Baleares. Se reciben cada año más de 7.000.000 de turistas, sobre todo británicos y alemanes. Mallorca es la que ofrece mayores infraestructuras turísticas, puesto que el turismo de masas en Menorca se inició en los setenta. La mayor concentración se encuentra en Calvià, localidad española con más alto nivel de renta per cápita. Como muestra del atractivo turístico que ofrecen las Baleares, debe destacarse que Marivent es la residencia oficial veraniega de SS. MM. los Reyes de España.

 

 

 

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ARTE Y CULTURA

Las islas Baleares conservan una rica variedad de muestras artísticas durante todas sus épocas históricas. De aquellos primeros momentos destacaron las construcciones de navetas como la de Son Massot Calvià en Mallorca, talayots como los de Son Fornés o Coll dels Moixerrins y las taulas como la de Trepuco en Menorca. Se han conservado numerosas figurillas púnicas de barro en los enterramientos, así como magníficas cabezas de toro en bronce como el encontrado en la taula de Torralba

De época romana destacan las numerosa basílicas paleocristianas como las de Es Frares, Son Peretó y Sa Carrotja, los restos de la ciudad de Pollentia o del teatro romano de Alcúdia. De época musulmana destacan los bellos baños y la puerta de la Almudaina, ambos en la ciudad de Palma de Mallorca, así como la residencia rural de Aljabia o el trazado urbano de Fornalutx y Biniaraix. Con la conquista de Jaime I penetró en las islas el arte gótico, cuyos principales ejemplos son la magnífica catedral, el castillo de Bellver o la lonja, todos en Palma de Mallorca

De aquel período medieval balear sobresale la figura de Ramón Llull, cuyas obras de filosofía, religión, científicas o literarias, tenían un claro fin didáctico. Escribió tanto en catalán, árabe o latín y entre sus más famosas creaciones están el Llibre de l´amic i de l´amat y el Llibre de Meravelles. Otro autor, famoso por su oposición a las teorías de Ramón Llull, fue Anselm Turmeda. El arte renacentista se plasmó tardíamente en las islas y sobre todo destacaron las construcciones palaciegas como la casa Villalonga y la casa Olesa, ambas en Palma, así como la puerta del antiguo coro de la seo de la misma ciudad. En el siglo XVII continuaron construyéndose casonas señoriales como la casa Sarrià, cerca de Establiments o la de So N´Homar, en la carretera de Sóller. Destacan de aquel período los retablos del Cristo y el de Sant Bartolomé, en la iglesia de Santa Eulària de Palma, así como el retablo del Rosario, en la iglesia de Sant Domingo de Pollença. En pintura debe destacarse la obra tenebrista de Guillén de Mesquida. En el siglo XVIII destaca por su originalidad la arquitectura popular ibicenca: iglesias de Sant Joan, Sant Francesc de Paula y Sant Mateu en la isla de Ibiza, o la iglesia del Pilar en Formentera. Durante el siglo XVIII, las islas se llenaron de nuevos palacios tanto en las ciudades: palacio Vivot, palacio Berga, ambos en Palma, como en el campo: Sa Granja, cerca de Esporles y Son Berga, en Establiments. Como muestras de arquitectura barroca deben resaltarse también la parte superior de la portada de Sant Francesc de Palma, el retablo de San Antonio en la catedral de Palma o el altar mayor de la iglesia de Santa Eulària. La introducción del neoclasicismo en las Baleares se debió a las figuras de Antoni Despuig o fra. Miguel de Petra, autor del baptisterio de la catedral de Palma. Otras obras de aquel período fueron el ayuntamiento de Mahón, el palacio de Torresaura y el obelisco del Born en Ciutadella y la iglesia parroquial de Llucmajor. Los pintores baleares más destacados del siglo XIX fueron Agustí Buades, Joan Bauzá, Ricardo Ankermann y Agustí Ribas. De la primera mitad del siglo XX destacaron las creaciones de Guillen Forteza, que rescataba elementos tradicionales pero adaptados a las nuevas necesidades y de Nicolau Rubió i Tudurí, diseñador de los jardines del palacio de Pedralbes de Barcelona. En pintura sobresale la obra de Bartolomeu Ferrá, Antoni Gelabert, Juli Ramis; en escultura la de Llorenç Rosselló y en literatura, Pau Faner, Miquel Riera y Llorenç Villalonga. Entre los creadores actuales destaca, por la innovación de su trabajo artístico, la obra de Miquel Barceló, uno de los pintores contemporáneos más conocidos y apreciados. Las Islas Baleares, además de ser cuna de numerosos creadores de todas las ramas artísticas, ha servido de refugio a otros muchos provenientes de lejanas tierras como Chopin, Manuel de Falla, Rubén Darío o Robert Graves.

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ECONOMÍA

La economía de la Comunidad Autónoma de las Islas Baleares ha experimentado cambios importantes en la segunda mitad del siglo XX. La agricultura ha pasado de ocupar el 40% de su población activa a poco más del 6%. El cambio se ha producido hacia el sector terciario, que emplea a más del 70% de la población activa y domina progresivamente frente a los otros sectores económicos.

La notable importancia que ocupa el sector terciario de las Baleares se debe, sobre todo, al incremento espectacular del turismo en las islas en los últimos años.

  • Sector primario

  • Las actividades del sector primario en la Comunidad de las Baleares son poco importantes. Una pequeña parte de la población activa trabaja en el sector primario y la mayoría de ella se dedica a la agricultura, seguida de lejos por la ganadería y la pesca.

  • Agricultura

  • La actividad agraria producía tradicionalmente los cultivos de la trilogía mediterránea (cereal, vid y olivo). En las últimas décadas ha disminuido la tierra cultivada, se han ampliado las zonas de regadío y se han diversificado los cultivos que intentan orientarse al mercado que ha originado el impacto turístico. Respecto a la estructura de propiedad de la tierra, hay que distinguir algunas diferencias entre las distintas islas: mientras que en Eivissa (Ibiza) predominan las pequeñas y medianas explotaciones, en Menorca hay grandes propiedades que emplean mano de obra asalariada; esta estructura menorquina se ha visto favorecida por el sistema de hereu o heredero único de la propiedad. En Mallorca se dan todos los tipos de explotación: en el norte grandes propiedades y en el resto de la isla predominan las pequeñas y medias. En la actualidad, se está produciendo un cambio de la estructura de propiedad de la tierra. En Mallorca y Eivissa (Ibiza) hay gran cantidad de cultivos arbóreos, sobre todo almendros (la higuera y el algarrobo, importantes en tiempos pasados, están en retroceso), alternando con los herbáceos (forrajes) y con una gran producción de hortalizas. En Menorca, debido al fuerte viento, el árbol es prácticamente inexistente y predominan los cultivos herbáceos (cereales y forrajes).

  • Ganadería

  • La ganadería es una actividad de menor importancia, aunque el vacuno para la producción de leche y la fabricación de quesos cuenta con una cabaña de aproximadamente 36.000 cabezas. El ganado ovino se ha incrementado en los últimos años llegando a contabilizar unas 300.000 cabezas. La producción de ganado cubre, en parte, la mayor demanda de carne debida al sector turístico.

  • Pesca

  • Los recursos pesqueros, de gran tradición en las islas, se han visto muy reducidos por la sobrepesca y la contaminación. Existe una flota de bajura que atiende la demanda de pescado fresco. Destacan los puertos de Palma, Alcúdia, Andraitx, Mahón (Maò) y Ciutadella.

  • Sector secundario

  • La industria representa el 18% del producto interior bruto (PIB) de la Comunidad Autónoma de las Islas Baleares. Por tanto, se está hablando de un sector que casi supone una quinta parte de la economía balear.La construcción es, sin duda, la principal actividad industrial. Además, existen algunas industrias tradicionales que se mantienen, no sin pasar periódicas crisis, como el calzado, la bisutería y el mueble.Hay empresas de curtido de pieles para abastecer a la industria zapatera y la de confección, de productos agroalimentarios (quesos, embutidos y bebidas alcohólicas), y las dedicadas a la fabricación de productos de artesanía para el mercado turístico.

  • Sector terciario

  • El sector terciario es el más importante de la Comunidad de las Baleares. Más del 70% de la población activa están empleados en el sector terciario, también conocido como sector servicios. El turismo la principal base de la economía balear. Las Baleares son la comunidad autónoma española que cuenta con mayor número establecimientos hosteleros, aproximadamente 1.300 en total (le sigue Girona con aproximadamente 700) y con mayor número de apartamentos turísticos (aproximadamente 37.000). Todo ello, junto con fondas y pensiones, ofrece una capacidad de más de 400.000 plazas simultáneas.  Cada año visitan las islas unos siete millones de turistas, lo que hace del turismo el sector más importante en la actividad económica de la comunidad autónoma. Ocupa el 80% del producto interior bruto regional. Estos datos sitúan a la Comunidad de las Islas Baleares a la cabeza del país en cuanto a renta per capita, es decir ingresos por habitante y año.

    La fuerte demanda de productos que conlleva el sector turístico provoca que la mayor parte del abastecimiento necesario venga de fuera de las islas, en especial del resto de provincias españolas.

    Por este motivo, los puertos, y en especial el de Palma de Mallorca, tienen un intenso tráfico comercial. El conjunto de los puertos insulares reciben aproximadamente 24.000 buques de mercancías, por tanto, ocupan el primer lugar dentro del conjunto español en este apartado. El aeropuerto de Palma de Mallorca, Son Sant Joan, es uno de los primeros de España en número de viajeros, en especial los que se trasladan en vuelos chárter.

    Las islas Baleares disponen de una adecuada red de carreteras y Mallorca cuenta con algunos tramos de autovía que facilitan los accesos a la capital. Existen, además, dos líneas de un viejo ferrocarril, más pintoresco que veloz, que enlaza Palma con el interior de la isla.

    La actividad comercial se sitúa en los principales centros turísticos y en las ciudades: en Menorca, Maó y Ciutadella; y en Mallorca, en Palma, Inca, Sa Pobla, Pollença y Sóller, en donde todavía se celebran mercados semanales que tienen su origen en la función tradicional de centro comercial de las comarcas agrícolas.

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Medio Físico

Este conjunto insular del Mediterráneo occidental se localiza a 82 km de las costas de Alicante y presenta un relieve claramente heterogéneo en cada una de las islas que lo constituyen, aunque la mayor parte de éstas no son más que la continuación natural de los principales accidentes montañosos que accidental el S de la Península Ibérica, es decir, del Sistema Bético, esencialmente en el caso de Mallorca, Menorca e Ibiza. Mientras, Formentera y Cabrera conforman la prolongación de la cordillera Costero Catalana. La cumbre de todo el conjunto se localiza en Mallorca, en la sierra de Tramuntana, cuyo Puig Major se eleva hasta los 1.445 m de altura sobre el nivel del mar.

De esta manera, el origen de las islas Baleares se remonta al plegamiento alpino, acaecido durante la Era Terciaria y aparecen formadas fundamentalmente por materiales calizos (molasas, calizas, conglomerados, margas, etc.). Sólo en Menorca, la isla de una topografía más plana u horizontal, existen extensos sustratos silíceos (esquistos y areniscas), esencialmente al N del territorio. También aparecen pequeños enclaves de estas rocas pobres en bases en algunas localidades de Mallorca (Lluc y Santueri). Los suelos pardos y rojos calizos mediterráneos son los dominantes en las islas, aunque la fuerte erosión de los torrentes los ha denudado en gran parte y abundan en muchas áreas las rocas desnudas, así como los litosuelos y las rendzinas.

Desde el punto de vista climático y geomorfológico, las Baleares forman parte del dominio mediterráneo y, a pesar de las escasas diferencias geológicas, el relieve se compartimenta a partir de bloques secundarios plegados por la orogenia alpina que alternan, a su vez, con diversas cuencas rellenadas posteriormente por materiales terciarios. Así, los movimientos tectónicos se iniciaron durante el Eoceno, hecho que condicionó la emersión de un promontorio unido a la Península Ibérica cuya posterior ocupación por las aguas de la cuenca que les separaba configuró el actual archipiélago de las Baleares.

Las costas se encuentran, por lo general, intensamente accidentas y destacan por hallarse muy recortadas por la presencia de un gran número de calas. También hay algunas ensenadas y bahías, sobre todo en Mallorca. En Formentera, sin embargo, destacan sus amplias formaciones dunares.

No obstante, a pesar del origen común de las islas se distinguen tres zonas claramente diferenciadas: Mallorca, Menorca y las Pitiusas: Ibiza (Eivissa) y Formentera.

  • La isla de Mallorca
    La isla de Mallorca es la mayor de las islas Baleares con 3.624 km² y la que presenta mayor variedad de paisajes. Desde un punto de vista geográfico se pueden distinguir tres zonas: la sierra de Tramuntana, las sierras de Llevant y el Pla.  - La sierra de Tramuntana es una sierra paralela a la costa, en la que se alzan las mayores alturas de las Baleares: el Puig Major con 1.445 m de altura y el Masanella con 1.348 m. Sobre la roca caliza el agua ha cavado unos surcos, también llamados lapiaz, que en ocasiones son tan profundos y de bordes tan agudos que hacen el terreno impracticable. Destaca el lapiaz de Son Coll. Por otro lado, la potencia erosiva del agua ha ido encajando los torrentes hasta dar formas espectaculares como el torrente de Pareis. La sierra de Tramuntana no forma un macizo compacto sino que está organizada en valles longitudinales, discontinuos y comunicados entre sí por barrancos. Destacan los valles de Sóller, Andratx y Pollença. Esta sierra empieza y acaba con dos lugares especiales: la isla Dragonera y el cabo Formentor. - La península de Formentor corresponde con el extremo norte de la sierra de Tramuntana que en su avance hacia el mar se divide en dos ramas, la península de Formentor y la atalaya de Alcudia, que rodean la bahía de Pollença.- Las sierras de Llevant están situadas en la costa oriental de la isla. Su máxima altura es el Son Morel con 562 m. Lo mismo que en la sierra Tramuntana la erosió kárstica ha actuado sobre la roca caliza y ha dado lugar a simas y cuevas como las de Artá. - El Pla es la zona plana que se sitúa entre la sierra Tramuntana y las sierras de Llevant. Pueden distinguirse tres áreas: una al pie de la sierra de Tramuntana, húmeda y fértil en la que se encuentra la ciudad de Palma; otra en el centro, accidentada por pequeños relieves vinculados a las sierras de Llevant; y por último, Sa Marina, situada al sur que acaba en el acantilado de Cap Blanc. Además, en Sa Mariana se encuentran cuevas del Drac, que cuentan con el mayor lago salado de su especie en el mundo, el Lago Martel

  • La isla de Menorca
    La isla de Menorca es la segunda islas de las Baleares en cuanto a dimensiones (702 km²) y la más alejada del litoral peninsular. Se trata de una isla plana donde sopla el viento muchos días al año. Se divide en dos zonas: el sector norte, donde continua la sierra Tramuntana y se encuentra la máxima altura de la isla, el monte Toro, con 357 m de altura; y el sector sur que se llama el Migjorn y es una zona sin apenas elevaciones, donde los accidentes más destacados son los barrancos excavados en la roca caliza que al llegar al mar acaban en preciosas calas de arena fina como las de Macarella o Santa Galdana, entre otras.

  • Las islas Pitiusas: Ibiza (Eivissa) y Formentera
    El archipiélago de las Pitiusas está formado por Eivissa (Ibiza) y Formentera y todos los islotes cercanos. Son tierras muy parecidas a las de Mallorca, puesto que se puede considerar a la isla de Ibiza (Eivissa) como un tramo emergente de la sierra Tramuntana y a la isla de Formentera relacionada al Pla de Mallorca. Ibiza es la tercera isla balear, con una superficie de 540 km². A pesar de ser una continuación de la sierra Tramuntana, su relieve no tiene la altura de ésta. Su máxima altura es Sa Talaiassa con 475 m de altura. La costa posee numerosas calas, sólo la bahía de Sant Antoni queda protegida de los vientos. Formentera es una isla plana de aproximadamente 82 km² que está formada por dos macizos elevados: La Mola (122 m) y el Cap de Barbaria (107 m).

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ESPACIOS PROTEGIDOS

El archipiélago balear cuenta con un total de 86 espacios protegidos que suponen cerca de 1.874 km2 de superficie, es decir, un 37% de la superficie total de las Baleares, que alcanza los 5.014 km2.

En el conjunto de los espacios naturales sobresalen el Parque Nacional Marítimo-Terrestre del archipiélago de Cabrera así como los parques naturales de Mondragó y S'Albufera de Mallorca. Después, se encuentran más de 80 espacios catalogados como parajes naturales, reservas o sitios naturales por sus características naturales y paisajísticas; sobresalen, dentro de todos ellos, la S'Albufera des Grao (Menorca), S'Albufereta (Mallorca), Algendar y Costa Sud de Ciudatella (Menorca), Amunts d'Eivissa (Ibiza), Sierra de Tramuntana (Mallorca), Cala Jondal (Ibiza), Cap Alt y Cap de Barbaria (Formentera), Dunas de Son Real (Mallorca), La Mola (Formentera), Ses Salines (Ibiza), La Vall d'Algairens (Menorca), Cap de Ses Salines (Mallorca), Punta Negra-Cala Mitjana (Formentera), Calas de Manacor (Mallorca), Punta Prima (Mallorca), El Toro (Menorca) y Cap Llentrisca-Sa Talaissa (Ibiza), entre otros.

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RESUMEN DE DATOS

Datos básicos

Nombre oficial: Comunidad Autónoma de las Islas Baleares.
División administrativa: Uniprovincial.
Capital: Palma de Mallorca.
Extensión: 5.014 km².

Población

Población: 841.669 (2001)
Natalidad: 9.417 (2000)

Desarrolo ecónomico y laboral

PIB a precios de mercado: 14.214 millones de € (2000)
Índice de bienestar: 9 (media nacional 2001: 5 sobre 10)
Población activa: 351.900 (2001)
Población inactiva: 258.100 (2001)
Población ocupada: 335.300 (2001)
Población parada: 16.600 (2001)
Tasa de paro: 4,7 % (2001)
Paro registrado: 20.884 (2001)

Administración y Gobierno

Estatuto de autonomía: LO 2/1983, de 25 de febrero (BOE nº51, de 1 de marzo de 1983). Reformado por LO 9/1994, de 24 de marzo y por LO 3/1999, de 8 de enero.
Órganos autonómicos:
Ejecutivo: Gobierno Balear. Presidente: Jaume Matas.
Legislativo: Parlamento de las Islas Baleares: 59 diputados.
Judicial: Tribunales Superiores de Baleares.
Partidos políticos con representación parlamentaria (elecciones 25 de mayo de 2003):
PP-AIPF: 30 escaños; PSOE: 15 escaños; PACTE: 5 escaños; PSM-ENTESA: 4 escaños; UM: 3 escaños; EU-EV: 2 escaños.
Funcionarios de la administración pública (año 2001): 38.849
Admón. Estatal: 17.492
Admón. Autonómica: 12.958
Admón. Local: 8.295
Universidades: 1.104
Enlaces en Internet
http://www.caib.es; Página oficial del Gobierno Balear.

http://www.caib.es; Página oficial del Gobierno Balear.
http://www.parlamentib.es; Página oficial del Parlamento de las Islas Baleares.

Otros datos de interés o curiosidades

Fiesta autonómica: 1 de marzo, Día de las Islas Baleares. Fuente de algunos de estos artículos: ENCICLONET - La Enciclopedia Universal.

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ESCUDO DE LAS ISLAS BALEARES

En campo de oro, cuatro palos, de gules, cargados de una cotiza de azur.

MAPA DE LAS ISLAS BALEARES POR GOOGLE MAPS

 
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