Asturias
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  Oviedo (Historia)
 Oviedo - Nieve en el parque

 

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Comunidad autónoma uniprovincial de España con 1.062.998 habitantes (2001) y 10.604 km². Limita al N con el mar Cantábrico, al E con Cantabria, al S con Cantabria y León, y al O con Lugo. Capital, Oviedo.

COMUNIDAD DE ASTURIAS - EL PRINCIPADO

El Principado de Asturias, está situado en el Norte de la Península Ibérica, entre los ríos Eo y Deva, que lo separan de Galicia y Cantabria, limitando al Sur con Castilla y León. Abierta al mar Cantábrico y con un clima templado y húmedo, Asturias permite al visitante disfrutar tanto del mar como de la montaña. Este pequeño y antiguo reino ocupa una extensión de 10.564 kilómetros cuadrados.

La Capital política y administrativa es Oviedo, situada en el centro de la región. Las otras dos ciudades más importantes del Principado son Gijón, auténtica capital de la costa asturiana, y Avilés, situadas en los dos extremos del cabo de Peñas, el vértice septentrional de Asturias.

Para llegar a Asturias podemos cruzar el Puerto de Pajares por ferrocarril o por la AS-18, que llega hasta Gijón pasando por Oviedo, o seguir la autopista A-66 que desde León y el Valle del Huerna enlaza en Campomanes con la 630. Desde Galicia o Santander llegaremos por la Nacional 634, que atraviesa toda la costa asturiana. Por el interior, podemos recorrer el Principado siguiendo la Nacional 632. El aeropuerto de Asturias se encuentra localizado en Ranón (Castrillón) a 15 kilómetros de Avilés, 39 de Gijón y 43 de Oviedo.

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HISTORIA DE ASTURIAS

Historia del Gallego

Asturias, protegida por sus montañas, ha mantenido unas fuertes tradiciones desde la Antigüedad mientras se convertía en cuna del actual Estado español. Fue protagonista de resistencias contra las imposiciones y las injusticias a lo largo de toda su historia, de las cuales son testigo la actualidad de sus habitantes.

Prehistoria

Los primeros restos humanos asturianos, estudiados en el yacimiento de Brañugues, en Gozón, datan de hace aproximadamente 100.000 años y corresponden al Paleolítico Inferior. Los pobladores del achelense entraron en Asturias desde Galicia y se asentaron en el litoral, donde aprovechaban recursos marinos y, en las cuencas fluviales, zonas de agua potable y de concentración de piezas para la caza. Hace aproximadamente 90.000 años, durante la glaciación llamada Würm, se desarrolló el musteriense. La población, condicionada por las bajas temperaturas, buscó refugio de forma más continua en cuevas como la Cuevona de Ribadesella o la Cueva del Forno de Tuñón.

En el Paleolítico Superior, hace unos 35.000 años, estos asentamientos en cuevas se generalizaron. Fueron más abundantes en la zona occidental asturiana, constituida por roca caliza e ideal para la formación de cuevas y abrigos naturales. El análisis lítico del período permite distinguir diferentes fases culturales: auriñaciense, en la cueva del Cueto de la Mina; gravetiense; solutrense, en la Peña de Candamo, Cueva Oscura de Perán, Las Caldas, Cova Rosa o Coberizas, y magdaleniense, momento de apogeo de esta civilización nómada paleolítica. Estas gentes se dedicaban a la explotación del medio a través de la caza y pesca. La especialización del instrumental para la caza influyó no sólo en el aumento del número de piezas y en la reducción del tiempo empleado para cazarlas, sino también en la diversificación de las fuentes de alimento: pesca, recolección de huevos, vegetales y moluscos. La mejora alimenticia favoreció la aparición de grupos más numerosos y mejor organizados, capaces de desarrollar arte rupestre y mobiliar como reflejo de su espiritualidad y creencias. La Comunidad Autónoma de Asturias cuenta con una rica muestra de ello: Cuevas del Pindal, en Ribadedeva; Lledías, en Llanes; El Buxu, en Cangas de Onís; Les Pedroses y Ardines, en Ribadesella, y La Peña de San Román, en Candamo. En la zona norte peninsular se desarrollaron dos nuevas formas de vida y cultura hace aproximadamente 10.000 años: el aziliense, con restos en Asturias en la Cueva de los Azules, y el asturiense, comprendido entre el octavo y cuarto milenio, que se desarrolló en dos zonas: una en torno al cabo de Peñas y otra entre las cuencas de los ríos Sella y Deva. Fue una cultura costera donde la población buscó la habitación al aire libre y la explotación de los recursos marinos. Se han encontrado magníficos restos de comidas y de industria en los concheros situados a la entrada de las cuevas, como por ejemplo en las de Mazaculos, en Ribadedeva, y Les Pedroses, en Ribadesella.

Desde el IV milenio aparecieron en Asturias grupos humanos cuya ocupación principal fue la ganadería y la agricultura, sin que por ello se abandonara la caza y la vida nómada. Los cambios del llamado Neolítico no fueron radicales en esta zona, y la cultura asturiense perduró hasta épocas muy avanzadas sin sufrir cambios drásticos. La población ocupó zonas más elevadas de ricos pastizales, hecho que demuestra su adaptación a los ritmos del pastoreo nómada. Surgieron los primeros poblados organizados, cuyo elemento más característico eran los enterramientos funerarios denominados dólmenes, que algunos autores sitúan en la Edad del Bronce. El tipo más extendido en la zona es el de planta poligonal, cámara dolménica recubierta por un túmulo y en ocasiones con decoración o grabados en el interior. Los de Entrerríos, en Allande; Merillés, en Tineo; La Mata´l Casare, en Quirós, o el de la Capilla de Santa Cruz, en Cangas de Onís, dan buena muestra de ello. Los enterramientos eran comunes, lo que parece mostrar grupos sin fuertes diferencias sociales. La presencia de estos dólmenes en lugares elevados y bien visibles indicaba ciertas rutas importantes, o bien ciertos límites territoriales o jurisdiccionales. El Neolítico finalizó con la progresiva difusión de la metalurgia a fines del III milenio. La zona cantábrica quedó relativamente apartada del principal foco, que fue la zona andaluza. En Asturias perduraba la recolección de moluscos, el pastoreo y las construcciones megalíticas, aunque se han constatado ciertos cambios respecto a la situación anterior, entre los cuales cabe citar los enterramientos individuales o las toscas muestras de armas en metal, que se hacían más perfeccionadas técnica y artísticamente a medida que avanzaba el Bronce Pleno. Por la ubicación de los asentamientos se demuestra la importancia que se concedió al control de las minas. Las explotaciones mineras se concentraban en la zona centro-oriental, más rica en estaño, que era material imprescindible en la fabricación del bronce. En las minas del Aramo, El Milagro, Riosa y Onís se excavaron galerías para la extracción del mineral, usando la técnica de resquebrajar la roca con fuego para después agrietarlas a golpe de maza mediante cuñas.

A comienzos del I milenio dio comienzo la llamada Edad del Hierro, que en el noroeste peninsular tuvo un tipo de cultura particular: la castreña. Su origen, aún discutido, estuvo en unos aportes de población indoeuropea, más concretamente celta, a la población original. En Asturias se han encontrado casi trescientos de estos poblados repartidos por todo el territorio y situados en zonas elevadas con un claro fin defensivo, ya que no sólo aprovecharon las condiciones favorables del terreno para su defensa, sino que todos contaban con murallas y fosos. Uno de los más conocidos es el Castellón en Coaña. Este tipo de construcciones y los numerosos hallazgos arqueológicos de todo tipo de armas han demostrado la inseguridad generalizada del período, bien por enfrentamientos internos o bien por incursiones del exterior. Estos pueblos se organizaban internamente en gentilidades o familias extensas cuyos miembros estaban unidos entre sí por vínculos de sangre. Estas gentilidades eran independientes unas de otras y estaban compuestas por varios clanes. A su vez, varios clanes constituían una tribu. Dentro de la cultura castreña se pueden distinguir tres grupos humanos: los Galaicos, los Cántabros y los Astures, cuyos límites se encontraban entre los ríos Sella, Navia y Esla, diferenciados a su vez entre los augustanos, en la zona sur, y los trasmontanos, en la zona entre las montañas y la costa. Un rasgo destacado de estos pueblos fue el mantenimiento de las tradiciones matriarcales: covada, dote masculina, filiación materna, matrilocalismo y una activa participación de la mujer en la vida pública y económica. Nunca se vieron libres de un cierto primitivismo en las actividades económicas. La falta de recursos alimenticios pudo ser la causa de las periódicas expediciones de saqueo contra los ricos campos de la Meseta.

Edad Antigua

En el siglo I a.C., durante el mandato del emperador Augusto, se produjo la conquista romana del territorio astur, hecho que supuso la culminación del proceso iniciado doscientos años antes en la Península Ibérica, del que nos hablan autores romanos como Dión Casio, Floro y Orosio. La conquista se produjo por muy variadas causas: por la necesidad que tenía Augusto de consolidar su reciente elección como emperador a la manera tradicional romana de los grandes generales, a saber, mediante la anexión a Roma de nuevos territorios; para acabar con un pueblo abiertamente hostil y belicoso frente a Roma que podía servir de mal ejemplo al resto de los pueblos sometidos de la Península, o para aprovechar la riqueza mineral de la zona asturiana. La guerra duró desde el año 29 al 19 a.C., debido a la falta de eficacia de las legiones en un terreno accidentado y frente a la lucha en guerrillas de los astures. La contienda fue tan dura que requirió la presencia del mismo emperador acompañado por su yerno Agripa, hecho que por si sólo demuestra la importancia que se le concedió. El valor, fiereza y tenacidad de estos pueblos fueron exaltadas por muchos de los autores romanos. Tras la eliminación de los últimos focos de resistencia, la población fue obligada a abandonar sus asentamientos de la montaña e instalarse en el llano. En conmemoración de la victoria y en honor a Augusto se levantaron en el cabo Torres de Gijón las Aras Sestianas.

A pesar de la ocupación militar, la zona nunca fue pacificada y romanizada del todo. Roma renunció a la fusión e integración del territorio y se limitó a explotar sus recursos mineros. Los yacimientos fueron dotados con las más modernas técnicas extractivas, y, del mismo modo, se mejoraron las vías para favorecer la circulación del mineral. A finales del siglo II comenzó el declive de estas explotaciones, que fueron abandonadas poco después. No hubo tampoco un desarrollo urbano de importancia, salvo las excepciones de Gigia y Lucus Asturum, y la mayor parte de la población continuó viviendo según sus formas tradicionales en las villae, que, al contrario que en otras zonas, no eran centros de grandes latifundios, sino pequeñas o medianas explotaciones de tipo familiar. La romanización pudo ser tenue, pero no nula. En este momento aparecieron las primeras muestras escritas del pueblo astur siguiendo tanto el sistema de escritura como la lengua de los romanos. Las únicas manifestaciones escritas que se han encontrado de aquel período se reducen a epígrafes sobre lápidas y otros objetos duros, como las valdinienses.

Tras la conquista, los astures quedaron englobados en la provincia Tarraconensis. En el año 69 d.C., el emperador Vespasiano dividió la zona cantábrica en conventus iuridici, basándose en las características étnico-culturales previas: el conventus lucensis englobó a los galaicos, el conventus cluniensis a los cántabros y el conventus asturum a los astures. Diocleciano cambió de nuevo la organización provincial de Hispania, creando la provincia de Gallaecia, en la que reunió a galaicos y astures. Durante el fin del siglo III la zona asturiana sufrió, como el resto del territorio, los problemas financieros y militares que aquejaron al Imperio Romano. La inseguridad del momento tuvo su reflejo en el amurallamiento de Gijón o en el enterramiento de monedas y otros objetos de valor. La anarquía, el peso de lo rural en la zona y el mantenimiento de tradiciones y creencias propias retrasaron la cristianización del territorio astur. Los restos cristianos más antiguos encontrados han sido la lápida de Dovidena, en Coraín, fechada en el 474, y las del niño Noremus y la joven Magnentia, en Soto de Cangas de Onís.

Edad Media

Las primeras incursiones de suevos, vándalos y alanos, producidas en el solar hispano en el 409 d. C., no causaron excesivas penalidades en el territorio astur y, además, sirvieron para favorecer una situación de autogobierno y de reforzamiento de los valores tradicionales. La falta de centros urbanos para saquear les alejó pronto de la zona. Tras dos años de correrías se repartieron la península. El territorio astur, junto al vacceo y cántabro, quedó adjudicado a los vándalos asdingos. Suevos y vándalos lucharon entre sí por el control de la zona en la región montañosa de Asturias, pero la pronta marcha de los segundos evitó daños mayores. Los suevos sometieron con cierto éxito la zona occidental astur, mientras que les resultó imposible controlar el resto del territorio, en el que aún resistían los anteriores invasores romanos. Los visigodos entraron en la Península en calidad de federados bárbaros. Los enfrentamientos entre visigodos y suevos afectaron relativamente poco al territorio astur, ya que se localizaron al sur de la cordillera. El rey visigodo Teodorico II venció al suevo Rekhiario en el 456, frenando con ello todo intento expansionista hacia tierras astures. Pero la tranquilidad se vio rota por la política unificadora del rey Leovigildo, que buscaba el reforzamiento del reino y de la monarquía, así como superar las diferencias étnicas y religiosas de la población. El reino Suevo quedó anexionado sin muchas dificultades en el 585, aunque no así el territorio astur, cántabro y vasco, que permaneció insumiso a lo largo de su reinado y el de sus sucesores. La falta de presencia visigoda efectiva en Asturias permitió nuevamente una situación de independencia.

Mientras se producía la pérdida de España con la derrota visigoda del 711 en la Batalla del Guadalete frente a los musulmanes, el último de los reyes visigodos, Rodrigo, se encontraba sofocando una rebelión en tierras del norte. Tras la victoria y el rápido desmoronamiento del estado visigodo, la Península fue ocupada. Muza, a finales del 713 o principios del 714, conquistó Asturias e instaló poco después a Munusa como gobernador de Jejone o Gegione, la actual Gijón. En ese tiempo se produjo la llegada a territorio astur del noble visigodo Pelayo. Buscó refugio entre los rebeldes astures de las montañas, reunidos por aquel entonces en una gran asamblea popular de la que Pelayo fue elegido caudillo. El apoyo y adhesión a la revuelta que encontró en la zona no debe resultar extraño, pues, como bien han apuntado los autores Abilio Barbero y Marcelo Vigil, la población astur había mantenido una férrea oposición frente todo poder extraño en la zona, como sucedió primero con los romanos, posteriormente con los visigodos, y en aquellos momentos con los musulmanes. La resistencia se agrupó en torno al año 718 y tuvo su punto culminante con la victoria en la Batalla de Covadonga, en el 722, donde lograron expulsar a los musulmanes de Asturias.

Pelayo asentó su pequeña corte en Cangas de Onís, desde aquel momento centro político del reino Astur. El rey Alfonso I, aprovechando luchas internas en Al-Andalus, inició una serie de ataques y expediciones militares hasta la zona del Duero y Alto Ebro. Sin embargo, la falta de recursos humanos y materiales le impidieron consolidar las conquistas. Las sucesivas campañas forzaron la emigración al norte de gran parte de la población de ese territorio, dando lugar a un "yermo defensivo" que actuó de barrera entre ambos contendientes. Con Alfonso II, el reino consolidó su posición frente al poder musulmán, aunque Oviedo, la reciente capital, fue atacada en dos ocasiones, en el 794 y 795. Durante su reinado se resucitó el sentimiento neogoticista, es decir, una vuelta a las instituciones y tradiciones visigodas, además de la creencia de que el reino Astur era el heredero directo del visigodo. El reinado de Alfonso III, entre los años 866 y 910, supuso uno de los momentos culminantes del reino cristiano, al conseguir estabilizar la frontera en el Duero. A su muerte, sus tres hijos se repartieron el reino Astur: García se puso al frente de las zonas recién conquistadas, cuyo centro era León; Ordoño se estableció en Galicia, y Fruela en Asturias. Oviedo y las tierras asturianas dejaron de ser el núcleo principal del reino, debido a su posición apartada de la frontera.

Desde aquel momento, el reino Astur pasó a ser el reino de León. Este aislamiento provocó que los fenómenos de desarrollo urbano y económico se dieran con cierto retraso en la región. La ruta costera a Santiago de Compostela y las peregrinaciones a San Salvador de Oviedo contribuyeron al resurgimiento de numerosas villas a lo largo de dichas vías. Frente al predominante poblamiento rural disperso, Oviedo y Avilés destacaban como únicos ejemplos de verdaderas entidades urbanas. Tras el traslado de la capital a León, Oviedo sufrió una grave despoblación que el rey Alfonso VI trató de evitar con la concesión de fuero, a Oviedo en 1145 y Avilés en 1155, y mercado, hecho que atrajo a numerosa población, tanto castellana como extranjera, dedicada a las actividades mercantiles y artesanales, denominada en aquella época población franca. La repoblación auspiciada por monarcas y obispos tuvo su reflejo en todo el territorio asturiano con la creación de núcleos urbanos conocidos como pueblas o polas. Así se fundaron, entre otras muchas, Llanes, en 1206; Pravia, entre 1230 y 1252; Grado y Cangas, en 1255; Lena, en 1266; Nava, Valdés, Ribadesella, Maliayo y Navia, en 1270, y Rovoredo, en 1282. Durante el siglo XIII los que más se desarrollaron fueron los próximos a la costa, sobre todo Oviedo y Avilés, debido al peso creciente de la actividad comercial. Tuvieron contactos con las principales ciudades castellanas y puertos atlánticos como Lisboa, Londres o La Rochelle. Importaban trigo, vino, telas y sal, mientras que exportaban frutos secos, madera, hierro y sus derivados. El desarrollo de la actividad pesquera y la proliferación de depósitos salinos en las ciudades facilitaron la creciente exportación de pescado en salazón a toda la Península.

El fin de la Edad Media se caracterizó por una crisis generalizada. La región asturiana no se vio libre de los efectos de la epidemia de Peste Negra que asoló Europa en 1348.

No obstante, los acontecimientos que más le perjudicaron fueron las crisis políticas castellanas durante las minorías de Fernando IV y Alfonso XI. Éstas fueron aprovechadas por los grandes propietarios territoriales asturianos, entre los que destacaba la Mitra Ovetense, es decir, las posesiones que tenía el cabildo catedralicio de Oviedo, así como Rodrigo Álvarez de Asturias, para sembrar la violencia, el desorden y la rapiña por doquier. Para frenar el bandidaje señorial y proteger sus términos y privilegios, las principales ciudades y pueblas asturianas se unieron en Hermandades. Durante la guerra civil que enfrentó a Pedro I con su hermano Enrique, Asturias desempeñó un papel importante, ya que el Trastámara, apoyado en el señorío asturiano que heredó de Rodrigo Álvarez, obtuvo los recursos humanos y económicos necesarios para la rebelión que le llevaría al trono en 1369. Tratando de buscar solución al problema sucesorio, las Cortes reunidas en Palencia en 1388 crearon el título de Príncipe de Asturias para Enrique III y Catalina de Lancaster, nieta de Pedro I, quedando vinculado el territorio desde entonces al heredero a la corona. Su órgano de gobierno era la Junta General del Principado, que integraba a representantes de los concejos de realengo y señorío eclesiástico. La nobleza asturiana mantuvo su poder y actitud levantisca frente a la monarquía, aprovechando la debilidad de Enrique IV. La llegada al poder de los Reyes Católicos frenaría esta actitud mediante el nombramiento de corregidores en la zona.

Edad Moderna

A fines del siglo XV se produjo una mejora demográfica que no vino acompañada de un incremento paralelo en la producción agrícola. El desequilibrio provocó una grave crisis frumentaria de 1573 a 1576. La zona astur permaneció ajena a la especialización de cultivos y a la modernización de las técnicas que se habían producido a lo largo del siglo XV en otras zonas. El poder de la nobleza se hacía sentir en todos los ámbitos: acumulando tierras, exigiendo elevadas rentas, controlando la administración y acaparando los principales cargos concejiles en las ciudades. En el gran acontecimiento castellano del momento, el descubrimiento y colonización de América, la participación asturiana no fue muy extensa salvo el nombramiento de Pedro Menéndez de Avilés como adelantado de la Florida. Asturias quedó también al margen del movimiento de las Comunidades castellanas. El estancamiento económico se pudo superar a principios del siglo XVII gracias a la extensión de un producto traído precisamente del Nuevo Mundo: el maíz. La zona asturiana era muy favorable para su desarrollo y pronto se obtuvieron elevados rendimientos que mitigaron las hambres periódicas. El cultivo se practicó de forma intensiva, sobre todo en los valles centrales, mediante el sistema de rotación trienal. Frente a los grandes dominios territoriales, laicos y eclesiásticos, el campesinado mantuvo cierto peso a través de las comunidades de aldea. Los señores trataron de aprovecharse de ellas ocupando sus tierras comunales, hecho que provocó tensiones. Los campesinos vieron empeorar progresivamente su situación cuando los propietarios intentaron cambiar las tradicionales cesiones de tierras en foros por arrendamientos. La tensión antiseñorial creciente en la zona asturiana terminó por saltar en Oscos y Allande en los años 1662 y 1678.

Durante la Guerra de Sucesión que enfrentó al Archiduque de Austria y a Felipe de Borbón, Asturias se decantó claramente por el último. La acción fue recompensada por Felipe V, que confirmó todos los privilegios civiles y eclesiásticos de Asturias, creó una Audiencia y favoreció a la Universidad de Oviedo. Como claro exponente del momento, el Pensamiento Ilustrado trató de buscar soluciones al grave atraso que aquejaba al país en el plano económico sin atender a la situación social. En Asturias el sistema basado en el maíz terminó por agotarse sin que se afrontaran reformas de importancia en aperos y sistemas de labranza o se introdujeran nuevos cultivos, salvo los intentos de popularizar la patata que no dieron resultado hasta el siglo XIX. El debilitamiento de los rendimientos provocaron nuevas crisis frumentarias en 1709-10 que se hicieron endémicas y forzaron a la importación de grano. La mayor parte de la población se vinculaba al sector primario, que era incapaz de absorber el excedente debido a su falta de inversión y modernización. Del sector secundario destacaban en la zona las actividades textiles y metalúrgicas aunque aún conservaban su carácter arcaico, disperso y con un mercado reducido. A finales del siglo XVIII se inició la minería del carbón con la apertura de las minas de Langreo, pero la falta de infraestructuras hicieron costoso el mantenimiento de estas explotaciones, que terminaron por decaer. En cuanto al comercio, el puerto de Gijón perdió peso respecto a los de Santander y Bilbao en el abastecimiento interior.

Durante la contienda bélica que enfrentó a españoles contra franceses en 1808 estallaron en Asturias graves enfrentamientos, con el apedreamiento, el día 9 de mayo, de la Audiencia de Oviedo. Se rechazaba acatar a las autoridades que se habían plegado ante la presencia francesa y que representaban las estructuras del Antiguo Régimen. Frente a esto se constituyó la primera Junta Provincial de España. Numerosos liberales asturianos como Agustín Argüelles, el Conde Toreno o Flórez Estrada acudieron a las Cortes de Cádiz, pero, pese a la activa participación política, el liberalismo permaneció en Asturias en una posición de debilidad frente al absolutismo, representado por Fernando VII, hasta la muerte del monarca en 1833. Entre tanto la situación del campo no había mejorado mucho: acumulación de tierras en manos laicas y eclesiásticas, elevadas rentas, índices bajos de producción y presión demográfica. Las Guerras Carlistas afectaron poco al territorio asturiano, salvo la expedición del general carlista Sanz en 1836.

Durante la minoría de Isabel II y el gobierno liberal se emprendieron reformas en Asturias: desamortización de bienes de la Iglesia con Mendizábal en 1836-51 y con Madoz en 1855 y desvinculación de los mayorazgos. Las medidas favorecieron a la burguesía que comenzó a invertir y modernizar el mundo rural. En la reorganización provincial llevada a cabo en 1833 Asturias perdió su denominación tradicional por la de provincia de Oviedo. La principal riqueza asturiana continuaba siendo el carbón. Los aportes de capitales burgueses, sobre todo de Francia y Bélgica, contribuyeron a la progresiva industrialización de la región, a la apertura de nuevos yacimientos hulleros y a la mejora de las redes de transporte por ferrocarril. Así nacieron la Real Compañía Asturiana de Minas en Avilés, la Sociedad Duro y Compañía o la Sociedad de las Minas y Fábricas de Moneda en Gijón. El campo se modernizó y especializó en la exportación de manzanas, patatas, hortalizas, remolacha, forrajeras, leche, queso y mantequilla. Como consecuencia de la industrialización la población dedicada al sector secundario aumentó considerablemente, pero al mismo tiempo no se frenaron los movimientos migratorios en las cuencas mineras de mayor rendimiento y se tuvo que recurrir a traer obreros de otras provincias.

La producción industrial aumentó constantemente, sobre todo durante la I Guerra Mundial, al no llegar el carbón inglés a la Península, pero no así los salarios de los obreros. Desde los años ochenta del pasado siglo comenzaron a difundirse en Asturias ideas contrarias al sistema capitalista entre trabajadores vinculados a la Federación Española de la I Internacional, acción que se intensificó tras la fundación del Partido Socialista en 1879. Las ideas anarquistas, aunque menos populares en Asturias que las socialistas, arraigaron con fuerza en Gijón y La Felguera. Los obreros se acogieron a estas ideologías buscando amparo y soluciones a sus problemas, ya que los estancados poderes políticos del momento se habían mostrado incapaces para afrontar los problemas sociales de la región.

Edad Contemporánea

Desde 1900, los movimientos obreros cobraron mayor virulencia. En esa fecha había catorce agrupaciones socialistas y más de siete mil afiliados. Las huelgas se generalizaron: en Gijón en 1901 y en Mieres en 1905, pero ante la falta de organización resultaron un fracaso. Estas derrotas agruparon a los trabajadores en 1910 en el Sindicato de Obreros Mineros Asturianos (SOMA) vinculado a la Unión General de Trabajadores desde 1911, y que se caracterizó por la disciplina interna. Llegó a contar con más de diez mil afiliados y consiguió de la Asociación Patronal de Mineros Asturianos el salario mínimo para los mineros. Para contrarrestar su influencia se creó dos años después el Sindicato Católico de Obreros Mineros, de clara inspiración patronal. En el campo se vivió un proceso propagandístico similar con la creación de la Federación Agrícola Asturiana, que fomentaba el cooperativismo y las reivindicaciones en cuestiones de precios. La I Guerra Mundial provocó un alza en los precios de los productos de primera necesidad, ante esta situación y en protesta por el anquilosamiento político, se declaró la huelga general en 1917, apoyada en Asturias conjuntamente por socialistas, anarquistas y reformistas. Tras esta fecha el Partido Reformista aglutinó a los elementos burgueses. La Dictadura de Primo de Rivera coincidió con un descenso generalizado de la producción minera, que no podía competir con los precios de otras zonas. Las medidas, apoyadas por la burguesía asturiana, consistieron en inversiones en infraestructuras y en un claro proteccionismo minero. Se consiguió aumentar la producción gracias a la mecanización y al descenso del coste de la mano de obra mediante el aumento de horas de trabajo y la retención salarial. La situación de los sindicatos no era muy buena, salvo la del SOMA, que colaboraba con el régimen para mantener sus privilegios a cambio de contener las reivindicaciones laborales, el resto permanecía en la clandestinidad. La tensión obrera explotó aprovechando el alzamiento pro-republicano de Galán y García Hernández en 1930, que anunció el triunfo republicano en las principales ciudades asturianas en las elecciones municipales de 1931. La República fue acogida en Asturias con ciertas reticencias del sector eclesiástico y con una grave crisis económica debido al descenso generalizado de la producción industrial minera y siderúrgica, así como por malas cosechas, caída de precios agrícolas y extinciones de contratos de aparcería. El gobierno republicano mantuvo las medidas proteccionistas en el sector secundario, mientras que intentó realizar una reforma agraria buscando corregir las desigualdades y el atraso del campo, convirtiendo en propietarios a campesinos sin tierras a través de expropiaciones de grandes fincas. El proyecto no llegó a completarse del todo por las presiones del poderoso grupo de propietarios rurales. Mientras que los grupos tradicionalistas, republicanos católicos, burgueses y monárquicos se aliaban en la sólida Acción Popular, los obreros continuaban afiliándose masivamente a los principales sindicatos.

De un total de 100.000 obreros asturianos, el 70 % de ellos estaba afiliado. El SOMA tenía clara ventaja frente al Sindicato Único Minero (SOM), de influencia comunista. En 1933 Asturias era la región más conflictiva del Estado debido al número e intensidad de las huelgas convocadas. La situación empeoró con el triunfo en 1933 de Acción Popular. En respuesta se crearía en 1934 Alianza Obrera, que en Asturias tuvo como característica principal la participación conjunta de socialistas e anarcosindicalistas. Las medidas reaccionarias de Lerroux y la entrada en el gobierno de la CEDA provocaron un movimiento insurreccional el 5 de octubre de 1934, cuyas primeras manifestaciones se dieron en las cuencas mineras asturianas. El levantamiento tenía como objetivo extender la revolución frente a la república burguesa. El gobierno declaró el estado de guerra y movilizó al ejército, que no tuvo problemas para acabar con los desorganizados e incomunicados focos rebeldes. El levantamiento cobró mayor virulencia en Asturias, planificado en todos los detalles por el comité regional de Alianza Obrera. Los obreros armados tomaron los puestos de la Guardia Civil, Gijón y Avilés, además de poner sitio a Oviedo. El gobierno encomendó al general Franco el restablecimiento del orden en la zona. El día 14 se controlaba Oviedo y el 17 ocuparon la fábrica de armas de Trubia, de la que se abastecían los obreros. La rendición se firmó el día 20 de octubre. El saldo fue de 1.000 muertos y numerosas destrucciones materiales, pero lo peor fue la represión posterior: despidos masivos, ejecuciones sumarias como la de Carbayín, torturas y detenciones.

La izquierda vio la necesidad de unirse en el Frente Popular, que consiguió la victoria en las elecciones del 16 de febrero del 36. En Asturias, los sectores más reaccionarios de la sociedad también se sumaron a la política de desestabilización del gobierno, que culminó en el pronunciamiento militar del 18 de julio de 1936. Los golpistas se hicieron con el control de Oviedo, mientras que el Frente Popular consiguió controlar el resto de la región y hacer de Gijón su centro de operaciones. El control de Oviedo, con el general Arana al frente, se mantuvo durante toda la contienda, a pesar de las ofensivas republicanas. Tras los avances militares en el territorio norte, Asturias quedó aislada dentro del territorio nacional y terminó por ser tomada el 21 de octubre de aquel mismo año 37.

Asturias se vio muy afectada por la Guerra Civil en cuanto al número de víctimas y por la posterior represión. Se produjeron enormes daños en los equipamientos industriales, las infraestructuras, así como en ciudades: Oviedo tuvo que ser prácticamente reconstruida. Sin embargo, la situación de aislamiento económico que vivió España en los años posteriores al conflicto benefició a la región asturiana. El sector minero se desarrolló bajo la protección estatal al convertirse el carbón en la principal fuente de energía del país. Los trabajadores tuvieron una serie de ventajas: exención del servicio militar, primas por sobreproducción o viviendas más baratas, pero la presión sobre ellos fue mayor: duras jornadas laborales de 10-12 horas y una alta siniestralidad. Asturias se convirtió en foco de atracción para todo aquel que buscaban un empleo. Entre 1950 y 1960 llegaban 3.000 personas por año. Paralelamente se volvió a incentivar la emigración de asturianos al extranjero. La presión franquista sobre los mineros fue dura; debían trabajar gratis una hora al día y los domingos para contribuir a alcanzar los índices de producción esperados, debían afiliarse obligatoriamente a la Organización Sindical, sindicato oficial del Régimen, mientras que el resto se mantenía en la clandestinidad y entre 1949-52 desarrollaban una guerras de guerrillas en las montañas.

Otro sector en desarrollo fue el siderometalúrgico. El Estado, buscando su renovación, invirtió capital a través de la creación en 1950 de ENSIDESA. En 1957 se construyó el primer alto horno. El campo también se vio afectado por el proceso generalizado de modernización. Se tendió a una especialización de la región en la exportación de leche y derivados con inversiones de empresas como Arias o RILSA. Este proceso supuso la mejora económica de los campesinos, que progresivamente accedieron a la propiedad.

Los conflictos obreros se recrudecen a finales de los 50. En 1957 hubo una huelga en la Camocha en la que se eligió a una Comisión de obreros para las negociaciones. La producción minera se redujo enormemente por la sustitución del carbón por otras fuentes de energía más baratas. En 1967 el Instituto Nacional de Industria (INI) creó HUNOSA que agrupó a las empresas hulleras asturianas en su seno. La reducción de la producción trajo consigo la destrucción de puestos de trabajo, que en un primer momento fueron absorbidos por el sector siderúrgico. Se crearon ENSIDESA y UNINSA, fusionadas en 1973 para intentar formar una empresa moderna y competitiva. En 1962 estalló una nueva huelga que duró dos meses y que culminaría en la creación de la Comisión Provincial de la Minería, que centralizaba todas la reivindicaciones. La crisis económica de 1973 acabó por estancar económicamente la zona.

En 1982, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), recién llegado al gobierno, inició una nueva política de reajuste en Asturias que costó 30.000 puestos de trabajo. Hubo un nuevo intento en 1993, con la firma del plan de futuro de Hunosa: se cerraron ocho pozos, se redujo en 6.000 puestos la plantilla y se concretó el cierre de la empresa estatal para el año 2003. En 1992 fue rechazado el plan de competitividad para ENSIDESA; 250 trabajadores emprendieron una marcha a pie hasta Madrid en la llamada Marcha del Hierro para exigir al gobierno soluciones. En 1993 la Comunidad Económica Europea (CEE) aprobó el plan de reconversión que unía a ENSIDESA y Altos Hornos de Vizcaya en la Corporación Siderúrgica Integral, en un último intento por sobrevivir. 1995 se cerró con un trágico balance en víctimas mortales en la minería: 23 muertes. Actualmente, Asturias es la comunidad autónoma española que menos ha crecido económicamente y una de las que cuenta con unos niveles de paro más elevados.

La Comunidad Autónoma actual

Asturias fue la primera región que se constituyó en Comunidad Autónoma por vía del artículo 143 de la Constitución Española de 1978. Desde el 10 de noviembre de 1978 hasta el 11 de febrero, fecha en la que entró en vigencia el Estatuto de Autonomía, la región tuvo un régimen provisional preautonómico cuyos órganos de gobierno eran el Consejo Regional de Asturias y la Diputación Provincial de Oviedo. Con el Estatuto de Autonomía quedó establecida la tradicional denominación de Principado de Asturias y sus órganos de autogobierno: la Junta General, asamblea legislativa elegida cada cuatro años; el Consejo de Gobierno, órgano colegiado del poder ejecutivo en Asturias, y el Presidente de la Comunidad (también lo es del Consejo), que es elegido por la Junta. A efectos electorales, Asturias quedó dividida en tres circunscripciones: oriental, central y occidental. El Día de Asturias quedó fijado el 8 de septiembre, festividad de la Virgen de Covadonga, la Santina, patrona del Principado.

En mayo de 1983 se celebraron las primeras elecciones al Parlamento asturiano en las que el PSOE obtuvo la mayoría absoluta con un 51´6% de los votos. Fue elegido presidente el socialista Pedro de Silva. En las siguientes elecciones de 1987, el PSOE perdió la mayoría absoluta: 20 escaños y 38´9% de los votos. Alianza Popular (AP) se consolidó como la segunda fuerza más votada: 13 escaños y un 25´1%. En los comicios de 1991 la situación no varió substancialmente. El PSOE obtuvo 21 escaños y el 40% de los votos, frente al Partido Popular (PP), con 15 escaños y el 30´4% de los sufragios. Hasta 1993 ocupó la presidencia el socialista Juan Luis Rodríguez Vigil-Rubio, siendo sustituido por Antonio Trevía Lombán, también socialista. En 1995, el PP consiguió 21 escaños frente a los 17 del PSOE y a los 6 de Izquierda Unida (IU). Fue elegido presidente el popular Sergio Marqués. Las elecciones autonómicas de 1999 cambiaron nuevamente el color político del Principado y asumió la presidencia el socialista Vicente Álvarez Areces, quien renovó el cargo tras los comicios de 2003.

 

 

 

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ARTE Y CULTURA

Asturias es una de las regiones de España más ricas en muestras artísticas. Aunque posee bellos e importantes ejemplos desde la época prehistórica: cuevas de El Pindal, Tito Bustillo y la Peña de Candamo, Asturias destacó por sus aportaciones al arte prerrománico. Tres reinados señalaron las tres fases artísticas: Alfonso II, Ramiro I y Alfonso III. La Cámara Santa de la Catedral de Oviedo y San Julián de los Prados fueron levantados en el primer periodo.

En la segunda fase se alcanzó la plenitud artística con ejemplos como Santa María del Naranco, en su origen palacio del monarca, San Miguel de Lillo y Santa Cristina de Lena. En el último período se aprecia cierta influencia mozárabe en la construcción y decoración. De este momento se puede destacar la iglesia de San Salvador de Valdediós. Como notables ejemplos de arte románico asturiano sobresalieron la Colegiata de San Pedro de Teberga, el pórtico- panteón de la desaparecida iglesia del monasterio de San Pelayo de Oviedo y las iglesias de Amandi, en Villaviciosa y Santa María de Villanueva, en Teberga. La miniatura asturiana ha contribuido con un ejemplar único: El Libro de los Testamentos, conservado en la Catedral de Oviedo. La Catedral ovetense comenzó a construirse en 1293, aunque no fue terminada hasta la mitad del siglo XVI y cuenta con una magnífica sillería de coro y el retablo de las Lamentaciones de Juan de Candamo. Otros ejemplos de arte gótico en la región fueron el Convento de San Francisco de Oviedo o la Casa de los Gastañaga en Llanes. Del siglo XVI se deben destacar el Convento de Santo Domingo y el edificio de la Universidad, ambos en Oviedo. En escultura cabe reseñar el retablo mayor de Llanes, el del Valle en Pravia y el sepulcro del arzobispo en la Colegiata de Salas.

El siglo XVIII coincidió con un despegue en la región, tanto en el ámbito del pensamiento, con figuras tan destacadas como José del Campillo y Cossío, Fray Benito Jerónimo Freijoo, Pedro Rodriguez Campomanes y Gaspar Melchor de Jovellanos, como en el artístico, con autores como Juan Carreño de Miranda, Luis Fernández de la Vega, Antonio Borja, Manuel Reguera González, Ignacio Cajigal, Juan Alonso de Villabrille y Ron, y Juan de Villanueva y Barbales. Fruto de esta actividad pueden destacarse las Colegiatas de Cangas del Narcea y Pravia, las iglesias de Luanco, Lastres o la de los Jesuitas en Oviedo. Fue el momento de importantes remodelaciones urbanísticas de las ciudades, que fueron dotadas de plazas y edificios públicos, como los Ayuntamientos de Oviedo y Avilés. El mejor ejemplo de retablo de columnas salomónicas se encuentra en el monasterio de Corias, en Cangas del Narcea. Del siglo XIX deben resaltarse la Plaza Mayor y el Ayuntamiento de Gijón, la Colegiata de Covadonga y numerosos edificios de hierro, como mercados, quioscos de música o teatros, representativos de la época de la industrialización. En escultura destacaron Francisco Pérez del Valle y José Gragera y Herboso, y en pintura Gumersindo Díaz, Eduardo Gilino de la Crosa e Ignacio León y Escosura, relacionados con la Escuela de Dibujo de Oviedo. Asturias participó levemente del modernismo, con autores como Luis Bellido, arquitecto municipal de Gijón, Miguel García de Cruz y Manuel del Busto González. El modernismo dejó paso a la arquitectura montañesa de autores como Busto, Galán y Enrique Rodríguez Bustelo. En los años cincuenta y sesenta se produjo en las principales ciudades asturianas un crecimiento desordenado, atenuado en las décadas siguientes con un mayor compromiso entre la calidad arquitectónica y el fin social. De este momento destacaron los proyectos de Manuel García, Nieves Ruiz, Fernando Nanclares y José Manuel Caicoya.

Asturias ha contado con una intensa labor literaria desde época medieval. Desde el scriptorium del obispo Gutierre Gómez de Toledo se crearon obras como la Regla Colorada, el Libro Becerro o el Libro de los Privilegios. En el siglo XVI se continuó cultivando el género cronístico con Gonzalo Solís de Merás y Tirso de Avilés. Con la creación de la Universidad de Oviedo, la ciudad se convirtió en un foco cultural con la destacada presencia de Luis Alfonso de Carballo, autor de Antigüedades y cosas memorables del Principado de Asturias. En el siglo XVIII, al calor del pensamiento ilustrado, el despegue cultural en Asturias se hizo más claro. Destacaron autores como Fray Benito Freijoo con Teatro Crítico Universal o Cartas eruditas y Gaspar Melchor de Jovellanos con su obra Apuntamiento sobre el dialecto de Asturias o las Instrucciones para la formación de un Diccionario bable. Exponente de la literatura romántica asturiana de la primera mitad del siglo XIX fue Francisco Siñériz y Trelles, mientras que de la realista de finales del siglo pasado destacaron Armando Palacio Valdés y Leopoldo Alas “Clarín”. Luis Alvarez Santullano y Ramón Pérez de Ayala fueron los principales representantes de la llamada generación novecentista de principios de siglo. Tras la Guerra Civil fueron muchos los autores asturianos que abandonaron la Península, como José María Álvarez Posada, Matías Conde, para seguir publicando desde el extranjero. Entre los autores asturianos de nuestro tiempo deben destacarse a José Avello Flórez, finalista del Premio Nadal en 1983, Carmen Gómez Ojea y José Luis García Martín.

El Principado de Asturias no solo es rico artística, sino también lingüísticamente. Se hablan dos lenguas: el castellano y el bable, lengua autóctona asturiana. Se distinguen tres variedades: la occidental, entre los ríos Navia y Nalón, caracterizada por diptongos decrecientes ‘ei’-‘ou’ que la aproximan al portugués y gallego. Esta variedad se ha extendido al oeste de León y Zamora y a la Tierra de Miranda en Portugal; la central, entre los ríos Nalón y Sella, con monoptongación de -‘ei’ en -‘e’ y de -‘ou’ en -‘o’ y conservación de la ‘f’- inicial latina; la oriental, al este del río Sella, que ha conservado la aspiración de la ‘f’- inicial latina. Esta variedad se ha extendido a Cantabria, este de León y Zamora, Salamanca y Extremadura. Jovellanos intentó hacer del asturiano una lengua de cultura a través de la confección de un diccionario, una gramática y una Academia, postura continuada en los siglos XIX y XX por Caveda y Nava, Laverde Ruiz y Junquera Huergo. En 1971 se celebró la I Asamblea Regional del Bable y en 1981 se creó la Academia de la Llíngua Asturiana, pasos importantes en la recuperación, normalización y difusión del asturiano. Su difusión en las escuelas comenzó en el curso 1984-85, contando con un elevado índice de popularidad.

Historia del Himno de Asturias

Según la Ley 1/1984, de 27 de Abril, la Comunidad Autónoma de Asturias cuenta con su propio himno.

A diferencia de otras comunidades, el himno de Asturias es tomado de una de las canciones populares más conocidas no solo en Asturias o en España, sino en todo el mundo. Dada esta gran popularidad, es asumida como el himno representativo de su Comunidad Autónoma.

La letra oficial del himno de Asturais es la siguiente:
 

Asturias, patria querida
Asturias, de mis amores
¡quién estuviera en Asturias
en todas las ocasiones!

Tengo de subir al árbol,
tengo de coger la flor
y dársela a mi morena,
que la ponga en el balcón.

Que la ponga en balcón,
que la deje de poner,
tengo de subir al árbol
y la flor he de coger

Y la versión en asturiano es como sigue:

Asturies, patria querida,
Asturies, de mios amores
¡Ai, quién tuviera n' Asturies
en toes les ocasiones!

Tengo de subir al árbol,
tengo de coyer la flor
y da-yla a la mio morena,
que la ponga nel balcón.

Que la ponga nel balcón
que la dexe de poner,
tengo de subir al árbol
y la flor tengo coyer.

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ECONOMÍA

La economía del Principado de Asturias, comunidad autónoma española, cuenta con un sector primario en retroceso que ocupa al 6% de la población activa con ganadería vacuna, agricultura (maíz, patatas y manzanas) y pesca. Sigue siendo significativa la minería de carbón aunque no goza del papel preponderante de antaño. El sector secundario emplea al 30% de la población activa, siendo importantes la siderurgia, la alimentación, los astilleros, las armas, química, equipos de transporte, etc. En el sector terciario se asienta el 65% de la población activa y va en aumento, siendo este hecho sintomático de la concentración de la población en los centros urbanos y de la importancia que el turismo ha adquirido en la región en los últimos años. Enciclopedia Universal DVD ©Micronet S.A. 1995-2006.

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MEDIO FÍSICO

El Principado de Asturias está situado en el norte de la península Ibérica. La cordillera Cantábrica que en este tramo está formada por el llamado macizo asturiano, es el eje que vertebra todo el territorio; se pueden distinguir tres sectores montañosos dentro de este macizo: occidental, central y oriental; un surco prelitoral; y un frente litoral accidentado por algunas rías.

1.- El sector occidental del macizo asturiano se extiende aproximadamente desde el valle del Eo al del Narcea, es una prolongación del Macizo Galaico-Leonés. La sierra de Rañadoiro, entre el valle del Navia y del Narcea, es el sistema montañoso de mayor altura en este sector de macizo asturiano.

En la zona sur de este sector se encuentra un área conocida como el arco asturiano, en el que destacan los valles de Ibias y Degaña, en el límite con la Comunidad de Castilla y León.

El sector montañoso central presenta un relieve más complicado, sobre todo, a partir del valle del Narcea encontramos un relieve más complicado. El puerto de Pajares es el punto medio de este sector del reborde montañoso de la Meseta. Existen numerosos pasos de montaña a una altura de 1.500 m y con cumbres que sobrepasan los 2.000 m, como la Peña Ubiña con 2.417 m de altura.

Entre las sierras del Aramo, al oeste, y la peña Mea, al este, se abre un sector que ha sido históricamente la cuenca hullera más importante de España. La explotación del carbón a mediados del siglo XIX, supuso el desarrollo industrial de la región.

2.- El surco prelitoral se encuentra situado al norte de la cuenca de carbón; consiste en una depresión que se extiende desde la Vega de Grado hasta el río Deva e incluye la cuenca de Oviedo y los valles longitudinales del Nora, Piloña y el Cares.

En este sector también se encuentran las sierras de Sueve y Monfrecho y cerca de ellas el valle de Cangas.

3.- El sector montañoso oriental a partir de Cangas de Onís el surco prelitoral queda limitado al sur por una masa rocosa que cierra el arco asturiano, son los famosos Picos de Europa. En esta zona se suceden los modelados glaciares: circos, valles glaciares y depresiones; los modelados cársticos: canales y lapiaces; y los modelados propios de la acción fluvial: gargantas.

Se distinguen tres macizos que se reparten entre el Principado de Asturias, la Comunidad de Cantabria y la Comunidad de Castilla y León. El macizo más occidental es el de Cornión, cuyas máximas alturas son Peña Santa de Castilla (2.596 m) y Peña Santa de Enol (2.478), en su parte baja se encuentran los lagos de Covadonga: de Enol y de Ercina.

El macizo central se llama de lo Urrieles y en él se encuentra la mayor altura de los Picos, Torre Cerredo con 2.646 m, seguido de Peña Vieja (2.613 m), Pico Tesorero (2.570 m) y el Naranjo de Bulnes (2.519 m).

El macizo oriental o de Andara es de menor altitud y se encuentra en su mayor parte en la Comunidad Autónoma de Cantabria.

4.- El frente litoral se divide a su vez en tres zonas: litoral occidental, litoral central y litoral oriental.

- El litoral occidental se extiende entre los ríos Eo y Nalón; en esta zona se encuentran llanuras litorales o rasas que se formaron por la acción erosiva del mar sobre la roca en momentos en los que el mar invadió tierra firme. También destacan las rías de Ribadeo, Navia y Pravia.

- El litoral central se extiende desde la ría de Pravía hasta la de Ribadesella y su accidente más destacado es el cabo de Peñas. También sobresalen el macizo litoral de Sueve (1.149 m) y las rías de Villaviciosa, Colunga y Ribadesella.

- El litoral oriental se extiende desde la ría de Ribadesella hasta la Tina Mayor, en el límite con Cantabria. Este litoral está dominado por la sierra de Cuera. Toda la región presenta modelados cársticos: lapiaces, simas y depresiones. Enciclopedia Universal DVD ©Micronet S.A. 1995-2006

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ESPACIOS PROTEGIDOS

La naturaleza asturiana es una de las más espectaculares y bonitas de toda la Península Ibérica. Cumbres nevadas, profundas gargantas, bosques con bruma, verdes pastos, acantilados espectaculares, rías y calas.

Por estas razones se encuentran en un territorio tan reducido 59 espacios protegidos. De entre todos, se han elegido: El Parque Nacional de los Picos de Europa, los parques naturales de Redes, Somiedo y las Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias y las reservas naturales de Muniellos, Peloño, Ría del Eo, Barrayo y Ría de Villaviciosa.

  • El Parque Nacional de los Picos de Europa es el Parque Nacional de mayor extensión de España y se reparte entre el Principado de Asturias y las Comunidades Autónomas de Cantabria y Castilla y León. Es un fabuloso escenario de fenómenos cársticos y glaciares que han creado un relieve salvaje con altitudes que van desde los 400 m hasta los 2.600 m en muy poco espacio. La vegetación está representada por robledales, hayedos y bosques mixtos con abedules, avellanos, fresnos y alisos. Se trata de uno de los pocos espacios donde vive el oso pardo, y cuenta con la presencia de rebecos, lobos, corzos, buitres y águilas reales.

  • El Parque Natural de Redes incluye la Reserva Natural de Peloño; está formado por la cuenca alta del Nalón, donde se localizan bosques de hayas, carvallo y roble albar, que alternan con pastos. En este Parque se encuentran todas las especies animales propias de la montaña oriental: oso pardo, lobo, rebeco, corzo, nutria, urogallo, águila real y buitre.

  • - La Reserva Natural de Barayo protege un lugar de especial interés en la desembocadura del río Barayo, en el que se encontramos acantilados, dunas, marismas con sus cañaverales y un espléndido bosque de alisos. La parte baja del río da refugio a nutrias y osteros.

  • La Reserva Natural de Muniellos es el mayor robledal de España y uno de los mayores y mejores conservados de Europa; también hay hayedos, abedulares y bosques de ribera. En este espacio encuentran su hábitat el oso pardo y el urogallo.

  • El Parque Natural de Las Fuentes del Narcea, Degaña e Ibías está formado por la cuenca alta de los ríos Ibías y Narcea, en la sierra de Rañadoiro y contiene las reservas de Muniellos y del Cueto de Arbás. Se trata de una zona de bosques, con espléndidos hayedos, robledales y abedulares. En este paisaje vive el oso pardo el urogallo y la nutria. Destacan los puertos del Cono, y del Pozo de las Mujeres Muertas, y el paraje de Las Lagunachas.

  • La Reserva Natural de Peloño está formada por la sierra de Ponga y el monte de Peloño, que ponen límites a la cuenca alta del río Ponga, afluente del Sella. En este entorno, se localiza importantes bosques de robles y hayas. También se encuentran lugares hermosos como la majada de Arcenorio o la peña Ten.

  • El Parque Natural de Somiedo está formado por los valles altos de los ríos Somiedo, Trubia y Pajares. Su vegetación presenta los dos tipos de bosque propios de la región, el robledas y el hayedo, con algunos albedulares. Las brañas de La Pornacal o La Peral con sus cabañas de teito, reflejan la vida ganadera y trashumante de los vaqueiros. Destacan los lagos de Saliencia o el lago del Valle, donde vive la mayor población de oso pardo de la península Ibérica.

  • La Reserva Natural de la ría del Eo es una zona de marismas y estuario costero con importantes praderas submarinas que forman la principal área asturiana donde pasan el invierno y reposan las aves acuáticas migratorias.

  • La Reserva Natural de la ría de Villaviciosa es una zona de marisma donde pasan el invierno poblaciones de aves acuáticas migratorias como el ánade silbón, el porrón común o el zarapito real. La reserva comienza en el fondo de la ría de Villaviciosa y se extiende hasta el mar. Destacan la playa de Rodiles y El Puntal. Enciclopedia Universal DVD ©Micronet S.A. 1995-2006

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NOTICIAS DE ASTURIAS HOY...

 

 

RESUMEN DE DATOS

Datos básicos

Nombre oficial: Comunidad Autónoma del Principado de Asturias.
División administrativa: Uniprovincial.
Capital: Oviedo.
Extensión: 10.604 km².

Población

Población: 1.062.998 (2001)
Natalidad: 6.809 (2000)
Mortalidad: 12.311 (2000)
Crecimiento vegetativo: -5.502
Residentes extranjeros: 9.519 (2000)
Gentilicio: asturiano.

Desarrollo económico y laboral

PIB a precios de mercado: 14.111 millones de € (2000)
Índice de bienestar: 5 (media nacional 2001: 5 sobre 10)
Población activa: 388.800 (2001)
Población inactiva: 522.900 (2001)
Población ocupada: 339.600 (2001)
Población parada: 49.300 (2001)
Tasa de paro: 12,7 % (2001)
Paro registrado: 49.999 (2001)

Administración y Gobierno

Estatuto de autonomía: LO 7/1981, de 30 de diciembre (BOE nº9, de 11 de enero de 1982). Reformado por LO 1/1994, de 24 de marzo y por LO 1/1999, de 5 de enero.
Órganos autonómicos:
Ejecutivo: Principado de Asturias. Presidente: Vicente Álvarez Areces.
Legislativo: Junta General del Principado de Asturias: 45 diputados.
Judicial: Tribunales Superiores de Asturias.
Partidos políticos con representación parlamentaria (elecciones 25 de mayo de 2003):
PSOE: 22 escaños; PP: 19 escaños; IU: 4 escaños.
Funcionarios de la administración pública (año 2001): 58.418
Admón. Estatal: 24.272
Admón. Autonómica: 19.570
Admón. Local: 11.742
Universidades: 2.834
Enlaces en Internet:
http://www.princast.es; Página oficial del Principado de Asturias.
http://www.jgpa.es; Página oficial del Parlamento de Asturias.

Otros datos de interés o curiosidades
Fiesta autonómica: 8 de septiembre, Día de Asturias.

Fuente de algunos de estos artículos: ENCICLONET - La Enciclopedia Universal

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