Zaragoza

Ciudad de España, capital de la provincia del mismo nombre y del Reino de Aragón, situada en una llanura bañada por el río Ebro. Cuenta con una población de 614.905 habitantes (2001) sobre una extensión de 1.067,91 km². Es sede episcopal además de un importante centro cultural, con una de las más célebres Universidades de España (fundada en 1479), administrativo, judicial, militar (sede de la Academia General Militar) y religioso. Su clima se caracteriza por fuertes contrastes producidos por la influencia de vientos muy distintos: cierzo del NO o bochorno del SE. Sus inviernos son fríos y sus veranos calurosos y secos. La temperatura media anual es de unos 15º C.

Zaragoza - Edificio den la Plaza de los Sitios

 

HISTORIA

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ETAPA PRERROMANA

La existencia de un núcleo de población en el solar de la actual Zaragoza se remonta, cuando menos, al siglo VII a.C. Si bien la arqueología urbana ha descubierto vestigios materiales fechados en algún momento de la prehistoria (útiles del Neolítico en el entorno de la Plaza de San Pedro Nolasco), las primeras estructuras urbanas conocidas corresponden a restos de un poblado de la Edad del Bronce (hallados en las calles Sepulcro, Universidad y San Vicente de Paul), fechado hacia el 630-600 a.C.; a una etapa inmediatemente posterior, entre el 520 y 480 a.C., correspondiente a la Primera Edad del Hierro, pertenecen los restos de viviendas hallados en la confluencia de las calles Palafox, Martín Carrillo y Plaza de Asso.

A la llegada de Roma, el solar de Zaragoza está ocupado por la etnia ibérica de los sedetanos, asentados junto al Ebro aproximadamente en el territorio comprendido entre la desembocadura del Jalón y la del río Martín, y aliados de Roma desde el inicio de su presencia en el Valle Medio del Ebro, a finales del siglo III a.C. Apenas hay referencias documentales al pasado prerromano de la ciudad, salvo las monedas acuñadas con el nombre ibérico de la misma en el reverso, SALDUIE (latinizado como Salduuia), y algún epígrafe latino. Entre éstos cabe destacar el llamado Bronce de Ascoli, fechado en el contexto de las guerras entre Roma y sus aliados itálicos. En esta inscripción, sobre una tabla de bronce, se referencia el reclutamiento de una turma o regimiento de 30 jinetes ibéricos en la ciudad de Salduie, de la que toma el nombre (turma salluitana), y a los que el 17 de noviembre del año 89 a.C. se concede la ciudadanía romana, entre otros beneficios, por el valor demostrado en el asedio a la ciudad de Asculum (actual Ascoli). Un segundo epígrafe es la llamada Tabula Contrebiensis, procedente de la ciudad de Contrebia Belaisca (Cabezo de las Minas, Botorrita), en la que se resume una sentencia dictada el 15 de mayo del 87 a.C. por el gobernador de la Provincia Hispania Citerior (Cayo Valerio Flaco), en la que se da la razón a los habitantes de Salduie en un pleito con los de Alaun (Alagón) por la construcción de un canal de regadío en tierras cedidas a aquéllos por los habitantes de Sosinesta.

Salduie se presenta como una ciudad estratégica en el dispositivo táctico romano-republicano en el Valle del Ebro, hecho motivado por su carácter de cruce de caminos (hacia el norte y la Meseta central), la existencia de un vado en el Ebro y, su condición de frontera entre los pueblos íberos, celtíberos y vascones. La ciudad ibérica se ubica en una zona delimitada por la desembocadura del río Huerva, no muy cerca de las orillas para evitar el riesgo de inundación, y en una zona elevada protegida por una muralla de sillarejo de yeso, de la que se han hallado restos entre las calles Sepulcro y Boterón. Su perímetro coincidiría aproximadamente con las actuales calles de Don Jaime I, Mayor, Coso y Paseo de Echegaray y Caballero).

La progresiva romanización de Salduie, desde principios del siglo I a.C., se refleja en la adopción de gustos y costumbres romanas, tanto en las técnicas y gustos constructivos (restos de casas y decoraciones de tipo itálico en la C/ Don Juan de Aragón 9), como en la presencia de numerosos objetos domésticos, fundamentalmente cerámica para el servicio de mesa y la conservación de alimentos. El punto final en la evolución de Salduie coincide, hacia el año 15 a.C., con la deductio o fundación de una colonia romana en el mismo solar, de la mano de Augusto o de alguno de sus más íntimos colaboradores (Marco Agripa).

ETAPA ROMANA

La fundación de una ciudad romana en el solar zaragozano, sobre la ciudad ibero-sedetana pero profundamente romanizada de Salduie, se fecha hacia el año 15 a.C., coincidiendo con la reorganización de las provincias de Hispania por Augusto tras su victoria en las Guerras Cántabras. La nueva ciudad recibe el nombre de Colonia Caesaraugusta, siendo la única ciudad romana que gozó del privilegio de ostentar el nombre completo de su fundador; este hecho es significativo de la especial relación que la ciudad mantuvo con la familia imperial a lo largo del siglo I d.C.

En la fundación de la nueva colonia, desarrollada de acuerdo con el rito tradicional romano, participaron soldados veteranos de las legiones IV Macedonica ("Macedonia"), VI Victrix ("Victoriosa") y X Gemina ("Gemela"), licenciados tras la dura campaña contra los cántabros, con la doble intención de garantizar la defensa del territorio a la vez que fijar en él la presencia de Roma. Caesaraugusta, además, es fundada como "Colonia Inmune", lo que supone, entre otros privilegios como el derecho a acuñar moneda, la exención del pago de impuestos.

La fundación de Caesaraugusta coincide con un proceso de reorganización de los territorios hispanos, en el que se crean tres provincias (Tarraconensis, Baetica y Lusitania), divididas en conventos jurídicos (distritos menores con funciones judiciales y administrativas); de ellos el regido por Caesaraugusta, el Convento Jurídico Caesaraugustano, es el más extenso de los siete en los que se divide la Provincia Tarraconense. En este sentido, desde un principio, Caesaraugusta asume el papel de cabecera regional, sustituyendo en esta función a la Colonia Victrix Ivlia Celsa (Velilla de Ebro), y aprovechando su excelente ubicación en un enclave estratégico de primer orden como cabeza de puente sobre el río Ebro en un cruce de caminos junto a la desembocadura de los ríos Gállego y Huerva.

El periodo de esplendor de la ciudad se prolonga durante los siglos I y II d.C. y a él corresponden las grandes obras públicas, de las que se conocen restos del foro, puerto fluvial (que convierte a Caesaraugusta en el principal centro redistribuidor de mercancías en el valle del Ebro), termas públicas, teatro, y de lo que parece ser un anfiteatro; es posible que la ciudad estuviese amurallada desde un principio, aunque no se tiene constancia de esta construcción. A esta época corresponden también la construcción del primer puente de la ciudad (seguramente una obra mixta de piedra y madera en el emplazamiento del actual Puente de Piedra), y el establecimiento de un complejo sistema de abastecimiento de agua (se han documentado numerosos aljibes, fuentes, y varios tramos de tuberías de plomo entre los que destaca el localizado junto al Puente de Piedra) y saneamiento. El perímetro de la ciudad en estos momentos, excede el que tendrá en los siglos siguientes (marcado por la muralla), y la población se extiende hasta la ribera del río Huerva, formando manzanas de casas organizadas a partir de un urbanismo reticular.

A partir del siglo III, Caesaraugusta participa de un proceso de crisis generalizado en todo el mundo romano y patente en la construcción de una potente muralla (segunda mitad del siglo III), el abandono de grandes obras públicas como la red de alcantarillado o de abastecimiento de agua, y la destrucción de edificios públicos para reutilizar sus materiales constructivos en las nuevas obras civiles (en el caso del teatro, para construir la muralla). No obstante, las noticias que hay sobre la época hablan del mantenimiento de la vida urbana y la actividad comercial (son frecuentes las importaciones entre las que destacan los sarcófagos paleocristianos conservados en la iglesia de Santa Engracia). Esto coincide con un cierto florecimiento cultural de la ciudad, sobre todo de la mano de sus obispos, cabeza de una incipiente comunidad cristiana famosa por sus mártires y por la tradición vinculada al culto mariano y la presencia en Caesaraugusta del apostol Santiago en torno al año 40 d.C.

A lo largo del siglo V, Caesaraugusta, igual que todo el Occidente romano, se ve inmersa en un proceso de desintegración del poder imperial. En el año 409 se produce la llegada a Hispania de los primeros contingentes bárbaros, que habían invadido el territorio romano tres años antes (en la Navidad del año 406). Desde entonces Caesaraugusta se convierte en una ciudad estratégica, por su situación y sus imponentes murallas, que juega un importante papel en las luchas por el trono de Roma. Incluso, en este siglo, va a ser sede imperial dos veces, aunque muy brevemente: en el año 410, durante el reinado de Constante, y en el 460, durante el reinado de Mayoriano. Las continuas incursiones de bagaudas (bandas de campesinos y ciudadanos arruinados, esclavos fugitivos, desertores y montañeses) favorecidas por la descomposición del poder romano, van a motivar la intervención del ejército visigodo, aliado de Roma.

Los visigodos, al mando del conde Gauterico, ocupan Caesaraugusta en el año 472. A partir de este momento, la ciudad se convierte en parte del reino visigodo de Tolosa, y con el tiempo cambiará su nombre por el de Cesar Acosta.

ETAPA VISIGODA
Asedio de Zaragoza por los francos. Año 541.

La derrota del ejército visigodo ante los francos en la batalla de Vouillé (507), supuso la ruina del reino visigodo de Tolosa y la pérdida de todos los territorios ocupados por éste al norte de los Pirineos, salvo una pequeña franja de terreno en torno a Narbona. En el nuevo sistema defensivo del Estado visigodo, Caesaraugusta se constituye, por su situación estratégica a la vez que por sus murallas, en la principal plaza fuerte en el norte de la Península, sirviendo como baluarte frente a una posible invasión procedente de la Galia y como base de partida para las operaciones militares contra los vascones.

La amenaza de los francos se concreta en verano del año 541, cuando un potente ejército encabezado por los reyes Childeberto y Clotario I (o Clotachario) y los tres hijos mayores de éste, partió de la ciudad de Dax y atravesó el Pirineo con la intención de conquistar el valle del Ebro. La finalidad última de esta campaña era crear una zona de seguridad que protegiese los territorios recién conquistados del sur de la Galia ante una posible ofensiva visigoda, contando para ello con el apoyo de los habitantes católicos de la región. El paso de los Pirineos se realizó por Roncesvalles, y tras llegar a Pamplona, el ejército franco se dedicó a saquear la provincia Tarraconense logrando un cuantioso botín y provocando en ella una gran devastación a cuyos efectos se añadiría el año siguiente (542) una epidemia de peste inguinal extendida por toda la Península.

El asedio de Caesaraugusta, protegida por la potente muralla tardorromana y reforzada posiblemente por una guarnición visigoda, se prolongó durante 49 días, sin que las tropas sitiadoras pudieran superar las defensas de la ciudad.

Hay dos versiones sobre el fin del asedio. El obispo Gregorio de Tours, en un claro intento de enmascarar el desastre de la expedición, señala que el fracaso franco se debió a la intervención milagrosa de San Vicente en ayuda de los sitiados. Según este autor, cuando la situación de la ciudad ya era desesperada, sus habitantes, imitando a los de Nínive, se sometieron a un ayuno riguroso y comenzaron a desfilar en procesión sobre las murallas, los hombres cubiertos de cilicios, entonando cánticos y llevando consigo la túnica de San Vicente, y las mujeres con mantos negros, con los cabellos sueltos y cubiertos de ceniza, e implorando la ayuda divina. Los supersticiosos francos creyeron que se trataba de un maleficio contra ellos, pero informados por un campesino prisionero sobre la verdad de los hechos y de que los habitantes de la ciudad no eran arrianos sino católicos, ofrecieron al obispo de la misma (Juan) levantar el asedio a cambio de una reliquia de San Vicente como prenda de paz. El obispo les entregó la estola del mártir, que Childeberto llevó a París, donde hizo construir una basílica para su culto (la actual Saint Germain des Prés) y en la que fue enterrado tras su muerte en el año 558.

Isidoro de Sevilla, por otra parte, comenta que los francos se vieron obligados a levantar el cerco de la ciudad ante la proximidad de un ejército visigodo, enviado por el rey Teudis al mando del conde Teudisclo (o Teudiselo), que tras ocupar los pasos pirenaicos amenazaba con cortar su retirada. En otro pasaje, este autor señala que los visigodos lograron cortar la retirada al ejército franco y que éstos hubieron de comprar a muy alto precio un breve periodo de tregua (un día y una noche) para atravesar los puertos pirenaicos; transcurrido este periodo, en el que sólo se pudieron poner a salvo algunos contingentes, el resto del ejército franco fue aniquilado.

ALTA EDAD MEDIA

Entre los años 774 y 780, Saraqusta fue la sede de una revuelta contra el emir cordobés Abd al-Rahman I, encabezada por el gobernador de la ciudad, Sulayman ibn Yaqzan al-Arabi (ibn al-Arabi). En la Pascua del año 777, el rey franco Carlomagno recibió en Paderborn (Westfalia) una embajada encabezada por el propio gobernador de Saraqusta. No se conoce muy bien el propósito de esta embajada, aunque parece claro que incluía una petición de ayuda en la lucha contra el emirato de Córdoba a cambio de garantizarle el apoyo de toda la Marca o Frontera Superior (at-tagr al-'ala) de Al-Andalus.

La oferta de los embajadores debió ser importante, como demuestra la inmediata intervención de Carlomagno en el conflicto y la movilización de un importante ejército para ayudar a los musulmanes, tradicionales enemigos del reino franco. El tamaño de este ejército hace pensar también que el objetivo de la expedición excedía el simple apoyo militar a la revuelta, y quizás intentaba crear un puesto avanzado de importancia más allá del Pirineo.

En primavera del año 778 el ejército franco se pone en marcha, dividido en dos columnas, hacia Zaragoza. Una de ellas penetra en la Península por el Pirineo oriental mientras que la segunda, mandada por el propio rey, lo hace por los puertos de Ibañeta y Roncesvalles en el Pirineo navarro. Ambas columnas se reúnen en las cercanías de Pamplona y, tras someter esta ciudad y obtener la pleitesía de Huesca, se dirigen a Saraqusta siguiendo el trazado de la antigua vía romana entre Caesaraugusta y Pompaelo.

Cuando el ejército franco acampa frente a Saraqusta, Sulayman al_Arabi sale a recibir a su aliado Carlomagno, pero su lugarteniente, al-Husain ibn Yahya al-Ansari, que había quedado al mando de la ciudad, cierra las puertas de la misma y se niega a abrirlas a los francos. Ante la imposibilidad de afrontar un asedio, que se presumía largo por la fortaleza de las murallas de Saraqusta, Carlomagno decide levantar el sitio de la ciudad y volver a Francia; a las dificultades del asedio se unían la lejanía de las bases de aprovisionamiento de su ejército y el estallido de una revuelta contra Carlomagno en Renania.

Como medida de seguridad para evitar traiciones durante su retirada los francos tomaron varios rehenes, uno de ellos el propio ibn al-Arabi, y posiblemente una importante indemnización en oro. Una vez fuera de los territorios gobernados por al-Arabi, sus hijos consiguieron rescatarlo y privar a los francos de la seguridad de sus rehenes. Para evitar nuevas traiciones, Carlomagno ordenó derribar las murallas de Pamplona privando de refugio a posibles atacantes.

El 15 de agosto del año 778, durante la travesía por los puertos pirenaicos, la retaguardia del ejército franco fue atacada por montañeses pirenaicos, o musulmanes según otras versiones. El ataque inesperado logró aniquilar el contingente y saquear los bagajes sin que el grueso del ejército, que ya había franqueado el puerto, supiese lo que estaba ocurriendo. Además, en la batalla perdieron la vida algunos nobles del séquito del rey franco, entre ellos Roldán (Rolando), Prefecto o Duque de la Marca de Bretaña y según se decía hijo incestuoso del propio Carlomagno. El lugar de la batalla se ha ubicado tradicionalmente en Roncesvalles, aunque Antonio Ubieto Arteta sostenía que en realidad se libró en el Valle de Hecho, en el paraje conocido como Corona de los Muertos. Según esta teoría, en este lugar habrían muerto Roldán, duque de la Marca de Bretaña, el conde Anselmo y el senescal Eggihardo entre otros nobles francos. Sin embargo, las campañas arqueológicas desarrolladas en el lugar no han permitido afirmar nada al respecto.

La expedición a Zaragoza, junto a la batalla de Roncesvalles y la muerte de Roldán, aparece recogida en varios cantares de gesta y relatos legendarios de los que el más conocido es el llamado Cantar de Roldán.

Por lo que respecta a los gobernantes de Saraqusta, Husayn Al-Ansarí protagonizó en el año 781 una nueva insurrección contra el emir de Córdoba, lo que provocó dos campañas militares contra la Marca Superior en ese año y en el 783 dirigidas por el propio Abd al-Rahman.

BAJA EDAD MEDIA

La historia de Zaragoza como ciudad cristiana comienza con su conquista por las tropas aragonesas en diciembre de 1118 después de varias tentativas previas: la primera aproximación cristiana a la ciudad se produce en 1081, de la mano de Pedro I de Aragón, y se concreta en la construcción de una posición avanzada en El Castellar; en 1086 es Alfonso VI de Castilla el que fracasa en su intento de conquista; en 1096 Sancho Ramírez y Pedro I construyen una fortaleza en El Castellar, como plaza fuerte desde la que hostigar Saraqusta; finalmente, en 1101, Pedro I construye una nueva fortificación en Juslibol (llamado así por el grito de guerra de los cruzados: Deus o vol, "Dios lo quiere"). La conquista de la ciudad se produce el 18 de diciembre de 1118, después de un asedio de varios meses en el que participó un ejército cruzado procedente de Aragón, Navarra y Francia entre otros lugares al mando de Alfonso I, el Batallador.

En 1134, la muerte sin descendencia del rey aragonés Alfonso I provoca una crisis política y militar en el reino, y ante el retroceso de las fronteras por la presión musulmana, Alfonso VII de León y Castilla ocupa la ciudad de Zaragoza alegando razones defensivas y la mantiene en su poder hasta que en 1136 pasa de nuevo al reino de Aragón. El emblema heráldico de la ciudad, un león rampante, es testigo de este breve dominio castellano sobre Zaragoza.

La progresiva fijación y seguridad de las fronteras y la posición central de Zaragoza en el reino de Aragón hace que la ciudad goce de ciertas preferencias como su consideración de "cabecera del reino" (en 1205) que terminarán por hacer de ella la capital del mismo y sede de la coronación de los reyes aragoneses.

El papel político de Zaragoza se hace cada vez más importante desde principios del siglo XIII e incluso la ciudad va a participar con personalidad propia en diversos acontecimientos como el enfrentamiento entre la ciudad y la nobleza y el monarca, que concluye con la victoria real en la batalla de Épila en 1348. A mediados del siglo XIV, durante las guerras con Castilla, Zaragoza se convierte de nuevo en plaza fuerte y llega a estar amenazada por el ejército castellano, lo que obliga a tomar diversas medidas para la defensa de la ciudad, siendo ésta la última ocasión en que Zaragoza se va a ver militarmente amenazada durante este periodo.

Por lo que se refiere a la administración de la ciudad en esta etapa, Zaragoza desde el momento de su conquista disfruta de un fuero especial dotado de amplios derechos y garantías judiciales, y concretado en 1129 en el Privilegio de los Veinte, que autoriza a elegir 20 ciudadanos encargados de la vigilancia y defensa del fuero de la ciudad. Al hablar de la administración, hay que diferenciar dos ámbitos: el de los señores de la administración real y el de la administración municipal en cuanto representación de la población, dirigida por un concejo integrado por vecinos, que regula el gobierno municipal por medio de ordenanzas. En cada uno de estos dos ámbitos existen cargos administrativos propios con unas funciones muy bien definidas. A efectos administrativos, la ciudad se divide en 15 parroquias o distritos, de los que 13 están dentro del perímetro de la muralla.

El núcleo de la ciudad sigue siendo el que delimita la muralla romana, aunque pronto se van a desarrollar dos grandes barrios extramuros: el de San Pablo o Población Nueva del Rey, en el que en 1210 se instala el mercado del rey, y el de San Miguel. Las grandes preocupaciones urbanísticas del momento son, básicamente, la conservación del puente y las murallas y, el abastecimiento de agua de riego. La ciudad se divide en barrios organizados a partir de parroquias: El Salvador, Santa María, San Pedro, Santiago, San Gil, La Magdalena, San Felipe, San Andrés, San Martín, San Miguel, San Lázaro, Santa Engracia, San Juan del Puente, San Julián, San Lorenzo, San Blas. A partir de mediados del siglo XIV la ciudad es rodeada por un nuevo muro de ladrillo o réjola que engloba también los nuevos barrios y arrabales. Además de este caserío, hay otro barrio en la margen izquierda del Ebro, el barrio de Altabás, comunicado por la ciudad a través del puente.

A partir del siglo XIII el perímetro de la ciudad comienza a quedar definido también por la instalación extramuros de las llamadas órdenes religiosas mendicantes, entre ellos franciscanos y dominicos. Por lo que respecta a la monumentalización de la ciudad, en 1119 la mezquita aljama se convierte en la nueva catedral o Seo del Salvador y sede episcopal de Zaragoza, que será ampliada en varias fases a lo largo de los siglos XII y XIII, y en ese mismo año se amplía la iglesia de Santa María, actual basílica del Pilar. La Aljafería es heredera del alcázar musulmán convertido en palacio y residencia de los reyes en sus estancias en la ciudad y en el siglo XV se ubica en él también la sede del Tribunal de la Inquisición en la ciudad.

Por lo que se refiere a la población, hay que señalar que después de la conquista de Saraqusta los cristianos carecen de recursos humanos para repoblar el territorio, por lo que además de permitir a la población musulmana permanecer en la ciudad se toman medidas, como el fuero de la ciudad, para atraer población, tanto cristianos del norte como mozárabes de levante y del sur. Por lo que se refiere a la población no cristiana, los musulmanes, aunque pueden circular libremente por la ciudad, se instalan en un sector del antiguo arrabal de Sinhaya que pasa a denominarse Morería, en el entorno de la actual C/ Azoque, rodeado por un muro de adobe en el que cuentan con edificios como mezquitas o mercados, y los judíos siguen ocupando el mismo sector de la ciudad, aunque a finales del siglo XIII se expanden al otro lado de la muralla, en un barrio denominado Judería Nueva. Los asaltos y persecuciones de finales del siglo XIV y sobre todo la instalación de la Inquisición en Aragón van a provocar numerosas conversiones de judios antes de su expulsión de territorio español en 1492. A principios del siglo XV el total de población de la ciudad se estima en unos 20000 habitantes. Al hablar de la población hay que citar también la importante labor desarrollada por la ciudad en la prestación de servicios sanitarios y asistenciales, plasmados en la construcción de hospitales, como el de Nuestra Señora de Gracia, y diversas instituciones de beneficiencia como leproserías y orfanatos.

La economía de la ciudad, en la etapa posterior a su conquista, sigue basada en una importante actividad agrícola y ganadera complementada con diversos tipos de industria artesana entre la que destaca la textil, junto a otras como la metalúrgica o la alfarera. La actividad comercial de Zaragoza sigue siendo también muy destacada, como demuestra la repetida celebración de ferias y mercados en la ciudad, y pronto los monarcas van a cargar sobre ella diversos impuestos y aranceles. A partir del siglo XIV el progresivo desarrollo económico de la ciudad se manifiesta también en la aparición de numerosos gremios o cofradías de oficios, y en la instalación en ella de la ceca para la acuñación de moneda tanto de cobre como de oro.

Un último punto sería el relativo al desarrollo cultural durante este periodo. La fractura que supone la conquista cristiana de la ciudad rompe la tradición cultural de la misma en época visigoda y musulmana, y tan sólo podemos hablar de algunos ejemplos de arquitectura, hoy casi todos perdidos. Sin embargo, a partir del siglo XIII vemos un nuevo dinamismo cultural en la ciudad marcado por las continuas solicitudes de instalación en ella de un Estudio General o Universidad, coincidentes con un gran desarrollo de la industria del libro sobre todo desde la introducción de la imprenta en la ciudad a finales del siglo XV. A este periodo corresponde también un cierto esplendor en materias como la pintura, sobre todo de retablos, y la arquitectura cuyo mayor exponente son las reformas desarrolladas en el palacio de la Aljafería.

SIGLO XVI

La Zaragoza del siglo XVI es la bella ciudad que el pintor flamenco Anthonius van den Wyngaerde dibujó en 1563, cuando la visitó como miembro de la comitiva real que acompañaba a Felipe II en su viaje a esta población.

La obra del artista ya dejaba entrever lo que esta centuria significó para la ciudad, una etapa de esplendor artístico y espiritual, favorecida por la bonanza económica, y cuyos reflejos más fehacientes son: el despunte del erasmismo, muy activado por el rápido hacer de la imprenta zaragozana en la difusión de esta teología; la fundación de la Universidad, gracias a los esfuerzos de Pedro Cerbuna; y el florecimiento de las bellas artes, tanto por la profusión y calidad de la arquitectura palaciega renacentista (que convirtió Zaragoza en un conjunto monumental), como por la producción escultórica religiosa, donde destacan artistas de la talla de Damián Forment (retablo Mayor de la basílica del Pilar) y Gil Morlanes "el viejo" (portada de la iglesia de Santa Engracia ).

La ciudad en este siglo se organiza en un doble recinto amurallado, uno interior de piedra, que delimitaba el antiguo núcleo romano, y otro exterior de ladrillo que incluía los nuevos barrios extramuros, como el de San Pablo y San Miguel. Las calles de la ciudad eran estrechas pero saneadas; la más ancha era la del Coso, pavimentada a finales de la centuria, y de la que en 1525 el embajador veneciano Andrea Navaggiero alabó sus "hermosas casas de ladrillo".

La renovación urbana del XVI, que supuso la casi total desaparición del caserío medieval, estuvo en manos de una clase social pudiente, bien por ser mercaderes enriquecidos, bien por ser miembros de la nobleza u ocupar cargos políticos. Éstos fueron los dueños de numerosos edificios palaciegos construidos al gusto artístico italiano, pero aderezados por la tradición local medieval y mudéjar. De comienzos de siglo permanecen la casa de los Torrero y la de los Huarte; hacia 1540 se edificó el palacio de Donlope, también llamado de la Real Maestranza; a partir de 1550 los edificios adquieren un lenguaje más humanista y una técnica decorativa manierista, de lo que son buenos ejemplos la casa de Gabriel Zaporta, la del Conde de Morata y la de los Morlanes. En fechas más avanzadas el conde de Sástago edificó en el Coso su residencia, si bien su traza tradición arquitectónica aparece ya algo alejada del primer renacimiento.

La Zaragoza del siglo XVI es una ciudad de unos 25.000 habitantes, siendo la parroquia de San Pablo la más populosa, seguida de la de El Pilar, la Magdalena, San Miguel, San Gil y La Seo; el barrio de San Andrés o San Pedro eran núcleos de habitación más pequeños. Es una ciudad en desarrollo, con un detectable crecimiento demográfico auspiciado por la expansión económica y por la inmigración (sobre todo francesa), a pesar de las periódicas malas cosechas, hambrunas, pestes y guerras. Estas etapas de deterioro social provocaron una intensa actividad asistencial y de beneficiencia a través de instituciones muy arraigadas en la ciudad, como el Hospital de Nuestra Señora de Gracia.

Por lo demás el desarrollo de la urbe impulsó sobremanera la demanda de productos agrícolas con la que abastecerse, cultivados según diversos medios de propiedad y arrendamiento. La necesidad de disponer de tierras para el cereal y los viñedos dio lugar al aumento de las roturaciones, desde la vega a los eriales y montes circundantes. Los huertos procuraban a los mercados multitud de herbáceas y frutas, y la necesidad de regadíos llevó a la construcción de la Acequia Imperial. En los barrios de San Pablo, Altabás, y algo menos San Felipe, se concentraba la actividad textil de cardado, hilado, tejido y tintura. Estos últimos pronto se trasladarían, junto con los curtidores, a San Miguel, debido tanto a la insalubridad y malos olores de sus instalaciones, como a la necesidad de agua corriente que ahí tomaron del río Huerva.

La burguesía mercantil de Zaragoza, en su mayor parte compuesta por judioconversos, dominó la economía aragonesa del siglo XVI. Familias de renombre fueron las de Lanuza, Espés, Funes, Los Torrero o los Zaporta, dueños de los ya citados palacios renacentistas. Sobre todo se dedicaron al arrendamiento de rentas, préstamos y a la comercialización de productos agropecuarios. En 1551 se inaugura la Lonja de Mercaderes, ya reivindicada a través del Concejo de la ciudad desde 1541, y construida bajo los cánones arquitectónicos del momento por Juan de Sariñena, con intervención de Gil Morlanes "el joven" en diversas fases.

En el ámbito político, la Zaragoza del siglo XVI fue la ciudad de los Austrias mayores, Carlos I y Felipe II. Con ellos se dieron diversas relaciones conflictivas, provocadas casi siempre por la lucha entre el poder real y la salvaguarda de los fueros de Aragón. Si bien Carlos I mantuvo respeto apor los privilegios aragoneses, a pesar de ciertos momentos de tensión, las relaciones se deterioran con las pretensiones autoritarias de Felipe II. En el conflicto se suceden una serie de episodios de interés político y bélico, como la entrada de la Inquisición en el conflicto, el motín aragonés de mayo de 1591, y la acusación de hereje y encarcelamiento de Antonio Pérez. Ante las repetidas subversiones aragonesas Felipe II preparó una respuesta armada sobre la capital, Zaragoza, cuyos frutos más visibles fueron la ejecución del Justicia de Aragón, Juan de Lanuza, el 20 de diciembre de 1591 y la quema de Antonio Pérez el 20 de octubre de 1592. Las tensiones se resolvieron ese mismo año con la celebración de las Cortes de Tarazona, que supusieron el fortalecimiento del poder del monarca en detrimento de las instituciones aragonesas.

SIGLO XVII

Tras un siglo de esplendor, el XVII se presenta como una etapa de crisis que Aragón va a compartir con el resto del territorio hispano y que no deja de lado los conflictos internacionales. Se trata de una centuria donde la acción política de nuestra tierra está articulada y dirigida por la Corona, si bien la presencia real en Zaragoza fue más bien escasa y contadas las visitas de Felipe III, Felipe IV y Carlos II a la capital. Es además un periodo de dificultades económicas y sociales a las que los ciudadanos de Zaragoza no permanecen ajenos, a pesar de la tranquila atmósfera que parece traslucir la Vista de Zaragoza pintada por el pincel de Velázquez y Mazo, donde sólo la rotura del puente de Piedra nos habla de conflicto.

Las derrotas políticas, estratégicas y bélicas, unidas a la mala gestión económica de los Austrias -tónica dominante durante el reinado de Felipe II- llevó a la bancarrota de 1596. Otros acontecimientos que vinieron a gravar la situación en Aragón fueron la expulsión de los moriscos en 1610, un periodo de malas cosechas y pestes y la repercusión de la guerra de Secesión Catalana. Todo ello derivó en una retroceso patente de la población.

En un plano más positivo, Zaragoza siguió manteniendo su señorío sobre amplias zonas de esta provincia y de la de Huesca, y las sedes de las instituciones más representativas de la Corona. Era también centro religioso del reino con su sede arzobispal y del tribunal de la Inquisición. Junto con el clero, seguía siendo la nobleza el estamento más favorecido a la hora de ocupar los cargos representativos, conformando una élite de la que también formaban parte ciertos ciudadanos que, sin ser nobles, poseían riqueza y prestigio suficientes para acceder a las altas clases de la sociedad, de lo que hacían ostentoso alarde. El resto de la población, el estado llano, lo componía un numeroso y variopinto conjunto de más de cinco mil personas dedicadas a actividades diversas.

La fisonomía de la ciudad en esta centuria es heredera del siglo anterior, si bien con cierto deterioro de su caserío y sus viales, la pérdida de la funcionalidad defensiva de la muralla, y escasas modificaciones en su trazado interno, como la apertura de la calle San Gil. Un aspecto más destacado adquirió el perfil de Zaragoza con la construcción de numerosos edificios, sobre todo iglesias y conventos que se erigieron -o modificaron- en esta etapa. Esta proliferación religiosa obedecía a un considerable aumento del fervor de los ciudadanos, cuya situación de penuria se volcó en la devoción a los santos y a las vírgenes, en especial a la Virgen del Pilar.

En cuanto a las bellas artes, el siglo XVII fue el siglo del barroco, llamado también "el arte de lo religioso". Muchas iglesias y conventos se construyeron bajo los recargados y movidos diseños de este estilo, siendo minoritarios los edificios civiles. De titularidad noble fue el palacio conocido hoy como de Argillo, antes del marqués de Villaverde, en el cuya obra intervino Felipe de Busiñac y Borbón a partir de 1661. Al ámbito eclesiástico pertenecen, entre otros, la Iglesia de Santiago el Mayor, la de Santa Isabel de Portugal (San Cayetano), la torre de La Seo, o la Basílica del Pilar (cuya primera piedra se puso en 1681), y conventos como los de las Carmelitas Descalzas de Santa Teresa (Las Fecetas) o San Agustín.

En lo referente a la economía urbana cabe destacar la compleja evolución de las normativas de los gremios, llamadas ordinaciones, que regularon con gran detalle las actividades comerciales, sobre todo las textiles. En su conjunto la producción de la ciudad en este siglo es muy amplia; además de los textiles encontramos la madera, la construcción, la piel, el metal o la cera. A esto se unía la producción agropecuaria y, en el ámbito cultural, destacamos la continuidad de la imprenta. Los Jurados de la Ciudad establecían un riguroso control sobre los movimientos de productos, con prohibiciones, como la de abrir puertas en la muralla (por lo que en 1606 el Convento de San Agustín recibió un veto expreso), o con obligaciones, como realizar la venta de determinadas mercancías en lugares estipulados.

SIGLO XVIII

El siglo XVIII es el siglo de la Ilustración. Esta centuria comenzó con una guerra de sucesión al trono de España y discurrió en un ambiente social, económico y cultural muy propicio para el surgimiento del liberalismo. En Aragón esta etapa es testigo del recorte de sus privilegios, pérdidas de carácter político que en Zaragoza tuvieron como contrapunto la prosperidad económica y demográfica que la convirtieron en el centro comercial de todo del valle del Ebro.

La Guerra de Sucesión (1705-1710) fue un conflicto dinástico que enfrentó al archiduque Carlos, de la casa de los Austrias, con Felipe de Anjou, de la dinastía francesa de los Borbones. El triunfo de Felipe V supuso la entrada en España de numerosas reformas políticas, que en Aragón fueron determinantes: los decretos de Nueva Planta suprimieron los fueros aragoneses, se negó la existencia de este reino como ente independiente, se menguó la capacidad de Zaragoza como capital política y de ella desaparecieron las Cortes y la Diputación. A su vez se erigieron nuevos órganos, como la Real Audiencia y la Capitanía General, que dieron a esta ciudad un nuevo papel como urbe de realengo.

En la Zaragoza del momento la población sumaba poco más de 40.000 habitantes. Esta sociedad mantenía su estructura estamental, donde la oligarquía tradicional y los cargos eclesiásticos ostentaban una situación preeminente y cargos importantes (caso del conde de Aranda). Otro sector era la burguesía, bien fuera urbana (comerciantes, funcionarios, clérigos, militares), bien fuera rural. Por último las clases populares, un campesinado sometido al riguroso régimen feudal y un proletariado urbano, sectores desfavorecidos que protagonizaron diversos altercados y motines (como el de 1764 y el de 1784) ante su mala situación económica y los problemas de abastos que sufrieron.

La burguesía urbana de la ciudad, compuesta por no más de quinientas personas, formó parte de la burocracia zaragozana y tuvo poder decisorio e influyente en muchas instituciones políticas, administrativas y culturales de la ciudad, como el Ayuntamiento, la Real Audiencia, la Universidad, la Casa de Ganaderos, la Sociedad Económica Aragonesa y la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País. La importancia que alcanza esta burguesía, de entre la que despunta la figura de Ramón Pignatelli, está muy unida a la Ilustración y a la preocupación de los ilustrados por mejorar las condiciones de vida de los más desfavorecidos. Dicha preocupación tuvo su reflejo en diversas acciones, unas de carácter asistencial, ejecutadas en instituciones benéficas como la Casa de la Misericordia, y otras de carácter económico, como el reparto de las tierras regadas por el Canal.

La Casa de la Misericordia, creada en el siglo XVII para dar respuesta a la pobreza de muchos ciudadanos, vio mejoradas sus instalaciones y fortalecida su gestión cuando entre 1724 y 1793 tuvo como regidor a Ramón Pignatelli. Entre sus mejoras se cuenta la creación de un centro de manufactura textil y la construcción de una plaza de toros (que aun hoy lleva el nombre "de la Misericordia") gracias a los cuales la Casa podía contar con ingresos propios y dejar de depender de la caridad y los donativos.

El Canal Imperial de Aragón se planteó como una necesidad tras la rotura de la antigua Acequia Imperial en 1722. Las obras empezaron en 1768, pero el impulso definitivo se dio cuando en 1772 Pignatelli fue nombrado gestor general. Este ilustrado redefinió el proyecto, reorganizó los regadíos, mejoró la producción y procedió al reparto de las parcelas entre las clases populares. En 1784, tras años de construcción, las aguas del canal llegaron a Zaragoza. Vinculados a su construcción se encuentran en la ciudad algunos monumentos neoclásicos de gran interés, como la Casa Tarín o del Canal Imperial, la fuente de los Incrédulos y sobre todo la iglesia de San Fernando -en la que intervino el pincel de Goya- que sirvió de parroquia a las familias que trabajaron en la obra del canal. Destaca además este edificio por ser el único ejemplo de arquitectura religiosa neoclásica de Zaragoza, ya que este estilo artístico está más dirigido al ámbito civil, bien sea en palacios y casas particulares (Palacio de los condes de Sobradiel, Arzobispal, de la familia de Palafox) o elementos públicos, como la Puerta del Carmen, construida en 1792 por el arquitecto Agustín Sanz.

SIGLO XIX

El siglo XIX comienza de forma traumática para Zaragoza, con la Guerra de la Independencia. Los dos sitios sufridos por la ciudad (15 de junio a 14 de agosto de 1808 y, 30 de noviembre de 1808 a 22 de febrero de 1809) y su posterior ocupación por las tropas francesas, hasta 1813, van a marcar en gran medida su evolución en la primera mitad de este siglo. La guerra supone para Zaragoza un estancamiento económico, demográfico y urbanístico, patente en los miles de bajas (unos 54.000 muertos entre los dos asedios) y la destrucción de gran parte de su caserío, que necesitará de varias décadas dedicadas a su reconstrucción.

A partir de la restauración de Fernando VII en el trono (1814), se van a suceder diversos pronunciamientos militares que buscan la instauración efectiva de la Constitución aprobada en 1812. El pronunciamiento de Riego, que abrió el Trienio Liberal (1820-1823), fue secundado en Zaragoza el 5 de marzo dando inicio a un periodo marcado por la turbulencia y el enfrentamiento político entre liberales (apoyados en la Milicia Urbana) y absolutistas o entre los propios liberales (moderados contra radicales), y que se cierra el 7 de abril de 1823 con la entrada en Zaragoza de las tropas francesas (los "Cien Mil Hijos de San Luis") enviadas por las potencias europeas en apoyo de Fernando VII. La muerte del monarca, en 1833, abre un nuevo periodo de inestabilidad marcado fundamentalmente por la Primera Guerra Carlista (1833-1840), los motines liberales y el proceso desamortizador. Por lo que respecta a la guerra, son constantes los intentos carlistas para apoderarse de Zaragoza, como los del 27 de febrero de 1834 (levantamiento carlista en el barrio del Arrabal, rápida y duramente sofocado) y el 5 de marzo de 1838, cuando la reacción de los vecinos hace fracasar un intento del general carlista Cabañero para tomar la ciudad por sorpresa. Relacionados también con la oposición al carlismo, el 3 de abril y el 4 de julio de 1835, sendos motines populares terminan con el asalto a varios conventos (La Victoria y el colegio franciscano de San Diego el 3 de abril y, Santo Domingo, San Lázaro y San Agustín el 4 de julio) y el asesinato de varios religiosos.

Tras un periodo de cierta estabilidad política y social, el 29 de septiembre de 1868, Zaragoza se une a la revolución conocida como La Gloriosa, iniciada el 18 de septiembre con el pronunciamiento del almirante Topete en Cádiz y que supuso el fin del reinado de Isabel II. El gobierno de la ciudad quedó en manos de una Junta Revolucionaria, disuelta tras la convocatoria de elecciones a Cortes constituyentes. Sin embargo, las diferencias sobre el nuevo sistema político a implantar (monárquicos contra republicanos) junto a problemas sociales, como la escasez de trabajo y las malas condiciones de vida de las clases populares, provocan diversos motines e insurrecciones. El 6 de octubre de 1869 estalló una revuelta republicana en la ciudad, reprimida con dureza el día 8 por las tropas del gobierno, en 1873 se produjeron movimientos cantonalistas en la ciudad y, en 1874, estalla un nuevo motín republicano.

En el plano económico, los inicios del siglo están marcados por la recuperación de los estragos causados por los Sitios. El avance social de la burguesía va a coincidir con la implantación de políticas económicas liberales que buscan fundamentalmente la liberalización de la propiedad de la tierra y cuya medida más trascendental fue la desamortización de los bienes eclesiásticos (la de Mendizábal-Toreno en 1835-36, y la de Madoz en 1855). Sin embargo, la consecuencia de estas medidas va a ser la concentración de estas tierras en manos sobre todo de miembros de la burguesía liberal, que consigue amasar grandes fortunas. Otra consecuencia de la desamortización es la búsqueda de usos civiles para los grandes edificios expropiados a la Iglesia: en 1837 el Ayuntamiento adquiere el convento de Santo Domingo para instalar su sede (hasta entonces ubicada junto a la Lonja y el Puente de Piedra), y la recién creada Diputación Provincial de Zaragoza hace lo propio con el de San Francisco. Las obras de arte procedentes de los conventos desamortizados se depositan en el ex-convento de Santa Fe (serán la base del actual Museo de Zaragoza) y los libros de las bibliotecas conventuales pasan en engrosar una biblioteca pública instalada en el Real Seminario de San Carlos. Coincidiendo con el renacer de la economía local, Zaragoza comienza a superar poco a poco el estancamiento demográfico de principios de siglo. Así, en 1832 se había recuperado el número de 50.000 habitantes que había en 1808, en 1857 se había llegado a 63.446 y en 1877 a 89.222, mientras que en 1900 rozaba ya los 100.000.

Ligado a este crecimiento demográfico, el urbanismo de la ciudad va a sufrir grandes modificaciones, sobre todo a partir de los años 30 de esta centuria, como reflejo también del nuevo papel social de la burguesía y como resultado de la gran disponibilidad de suelo generada por las desamortizaciones. No obstante, Zaragoza desaprovecha la oportunidad para plantear la planificación de sus ensanches y la ciudad se orienta hacia una reforma interna del casco antiguo, plasmada en la apertura de grandes vías: en 1833 se proyecta el Salón de Santa Engracia (llamado Paseo de la Independencia desde 1860), en el que se instalará la nueva burguesía; en 1835 se ordena la Plaza de la Constitución (actual Plaza de España), en 1857 se alinea o reordena la calle de Don Jaime I, y, en 1868, se abre la calle de Alfonso I. Estas grandes vías, que sirven de espacio de recreo y símbolo de la nueva burguesía, cumplen también una función higienista, en boga en una época marcada por graves epidemias. Precisamente ésta es la causa de la inauguración, en junio de 1834, del nuevo cementerio municipal de Torrero. En 1836 se inicia el empedrado de las calzadas y en 1837 el alumbrado de las calles con faroles de rebervero. A este momento corresponde también la apertura de nuevos puentes sobre el rio Ebro, como el puente del ferrocarril en la Almozara o el Puente del Pilar (o Puente de Hierro), en 1895.

Uno de los factores que más va a influir en el cambio de la fisonomía urbana de Zaragoza es la llegada del ferrocarril en 1861. La ciudad pasa a convertirse en centro de comunicaciones de todo el nordeste peninsular, lo que originará grandes cambios económicos y condicionará su posterior evolución urbana. El 16 de septiembre de 1861 se inaugura la línea Barcelona -Zaragoza; en 1864 el ferrocarril entre Madrid y Zaragoza llega a la Estación del Sepulcro, y ese mismo año se termina la línea Zaragoza-Pamplona, que enlazaría Madrid con lrún. En 1887 a las estaciones del Norte y del Campo del Sepulcro se une la de Cariñena.

Entre los grandes edificios construídos en este periodo destacan el Matadero Municipal (1885, sede en principio de la Exposición Aragonésa) y la Facultad de Medicina y Ciencias (1893), ambos obra de Ricardo Magdalena En 1892 se reconstruía la iglesia de Santa Engracia y en 1893 se derribaba la Torre Nueva; en 1875 se fundan el Banco de Crédito de Zaragoza y la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Zaragoza (1876), inicio de la actual Ibercaja; en 1887 se instalan los primeros teléfonos en la ciudad (15 abonados), y los primeros tranvías (tirados por mulas hasta 1902) aparecen en 1885 para comunicar la plaza de la Constitución con los barrios periféricos (Torrero, San José, Delicias).

A mediados de siglo, coincidiendo con la progresión de la burguesía y el asentamiento del Estado liberal, se inicia el proceso de industrialización de Zaragoza. Uno de estos burgueses emprendedores fue el banquero Juan Bruil y Olliarburu, fundador de la Caja de Descuentos Zaragozana (1858), precedente del Banco de Zaragoza. La instalación de fábricas, normalmente junto a los cauces de agua y las carreteras de acceso a la ciudad, origina la aparición de las primeras barriadas obreras en la periferia, que crecen sin ningún tipo de planificación, y que desde 1885 van a quedar comunicadas con el centro urbano por una red de tranvías. Entre las prineras fábricas destacan la Maquinaria Aragonesa (1853), creada por ingenieros franceses, e Industrias Averly (1863).

La industrialización zaragozana conoce un nuevo impulso en las últimas décadas del siglo, en el que predominan las industrias agroalimentarias: harineras, alcoholeras ("La Zaragozana", en 1900) y azucareras ("Azucarera de Aragón", en 1893, y "Azucarera del Gállego", en 1898). En este periodo no sólo se renuevan y adaptan a los nuevos tiempos las industrias ubicadas en la ciudad, sino que también se instalan otras nuevas, como "Industrial Química", "Cardé y Escoriaza", "Maquinaria y Metalurgia Aragonesa", "Nueva Azucarera de Aragón", etc., normalmente ubicadas en las inmediaciones de las estaciones de ferrocarril más importantes. La demanda de maquinaria para las nuevas industrias y el ferrocarril impulsa el sector metalúrgico: a "Industrias Averly" se añaden "Talleres Mercier", "Cardé y Escoriaza", "Maquinaria y Metalúrgica Aragonesa" entre otras. En 1893 se crean las primeras empresas de electricidad, la "Electra-Peral" y la "Compañía Aragonesa de Electricidad" (fusionadas en 1911 para crear "Eléctricas Reunidas de Zaragoza").

En 1868 la Real Sociedad Económica de Amigos del País organiza la celebración de la I Exposición Aragonesa, la primera de estas características que se realizaba en España, que se concebía como un escaparate de los logros económicos de la burguesía aragonesa a través de su producción en agricultura, industria y artes. El arquitecto, Mariano Utrillas, construyó una serie de edificios y pabellones en tomo a la Glorieta de Pignatelli (actual Plaza de Aragón), en la que participaron 2.500 expositores, y tras permanecer abierta dos años sus solares fueron después urbanizados en tomo a la plaza.

SIGLO XX

La evolución de la ciudad de Zaragoza en el siglo XX está marcada, fundamentalmente, por profundas transformaciones sociales y económicas que van a incidir en su rápido crecimiento demográfico (pasa de 100.000 habitantes a principios de siglo a más de 600.000 a finales del mismo) y su expansión territorial, que excede definitivamente los límites del antiguo caserío medieval, extendiéndose por las huertas y secarrales del entorno, e incorpora diversos pueblos limítrofes a su área metropolitana.

El principio de este periodo está marcado por profundas transformaciones en la vida económica y social de la ciudad. Es en este momento cuando Zaragoza comienza a superar su tradicional fisonomía agrícola mediante la instalación de un creciente tejido industrial ("La Montañanesa", "La Zaragozana", "Eléctricas Reunidas de Zaragoza", "Sociedad Minas y Ferrocarriles de Utrillas", etc), acompañada de un importante crecimiento del sector financiero (se crean el Banco Zaragozano y el Banco de Aragón).

Estos cambios inciden notablemente en el urbanismo de la ciudad. El Paseo de la Independencia, el planteamiento urbanístico de la Huerta de Santa Engracia y el cubrimiento de un tramo del río Huerva, suponen el inicio de un amplio ensanche hacia el sur, centrado en dos ejes: el Paseo de Sagasta y la Gran Vía. Paralelamente se abordan importantes obras como el saneamiento del alcantarillado del casco antiguo de la ciudad, que elimina los tradicionales pozos ciegos, o la construcción de los depósitos de agua de Casablanca y Torrero, aunque la calidad de sus aguas aún fuese deficiente.

Desde el punto de vista social, la incipiente industrialización de las primeras décadas del siglo XX es el origen de un importante movimiento obrero, marcado por la gran implantación y extensión de algunos sindicatos, como el anarquista Confederación Nacional del Trabajo (CNT), acompañado de una constante ebullición de ideas e ideologías plasmada en la aparición de numerosos diarios (Heraldo de Aragón, en 1895, o El Noticiero, en 1901) y publicaciones (La Crónica, Aragón, etc.) de distinta tendencia, o de organizaciones como el Ateneo de Zaragoza, con sede en el Casino Mercantil. A pesar de esta ebullición de ideas y organizaciones o las transformaciones urbanísticas, Zaragoza sigue alejada en muchos aspectos de la modernidad, como atestiguan los altos índices de analfabetismo o las difíciles condiciones de vida, caracterizadas por las deficiencias sanitarias e higiénicas (se declaran varias epidemias de gripe y tifus entre 1909 y 1942).

Estos elementos van a ser el marco de un periodo caracterizado por la conflictividad social, reflejada tanto en las protestas políticas contra el Estado oligárquico de la Restauración como en las tensiones entre patronos y trabajadores. Este último aspecto queda plasmado en las numerosas huelgas convocadas durante el "Bienio Rojo" (1918-1920), el pistolerismo de la patronal o el terrorismo anarquista, que provocan 23 muertos entre 1916 y 1923 y culminan con hechos como los asesinatos del arquitecto municipal José de Yarza y otros dos funcionarios (23 de agosto de 1920) o del cardenal Soldevilla, arzobispo de Zaragoza (4 de junio de 1923).

El golpe de Estado encabezado por el general Miguel Primo de Rivera (septiembre de 1923) inicia una dictadura de siete años de duración, que pretenderá poner fin a este estado de cosas. Se trata de un periodo de contrastes, que combina el restablecimiento del orden social (mediante la represión del movimiento obrero) y la bonanza económica, que en Zaragoza se percibe claramente a través del auge del comercio, la banca y las industrias agroalimentarias y metalúrgicas. También se realizan numerosas obras públicas, que modificarán sustancialmente la fisonomía urbana: se cubre un tramo del río Huerva, naciendo así la Gran Vía, se urbaniza la zona de Santa Engracia y se construyen numerosos edificios, algunos de ellos emblemáticos, como las sedes de Correos y Telefónica, la prisión de Torrero, el colegio Joaquín Costa, la Academia General Militar, el Mercado de Pescados o el gran parque, verdadero pulmón de la ciudad, que todavía recuerda el nombre del dictador.

El elevado endeudamiento municipal provocado por estas obras públicas fue asumido por los nuevos concejales republicanos, elegidos democráticamente el 12 de abril de 1931. Pese a ello, los ayuntamientos republicanos abordaron tres grandes proyectos: la dotación de servicios de agua y alcantarillado a los barrios obreros formados en las décadas anteriores (San José o Delicias, por ejemplo), la pavimentación y planificación del desarrollo futuro de la ciudad, con la aprobación en 1934 del Plan General de Ensanche de las zonas de Miralbueno y Miraflores, ideado por el arquitecto Miguel Ángel Navarro. El comienzo de la construcción de la Ciudad Universitaria fue quizás la transformación urbanística más importante entre las iniciadas en los años 30. Este periodo de gobierno republicano fue breve (apenas cinco años), pero marcado por una intensa vida social y cultural: por primera vez cobran protagonismo partidos políticos representativos, sindicatos de trabajadores o colectivos tradicionalmente marginados como la mujer. Este enriquecimiento y la aparición en escena de las reivindicaciones populares provocó nuevas tensiones y luchas sociales, cuya principal expresión fue la huelga (la más importante fue la llamada "de los 36 días", que iniciada el 5 de abril y concluida el 9 de mayo de 1934, mantuvo totalmente paralizada la ciudad).

El golpe de Estado iniciado por un grupo de generales en Melilla (18 de julio de 1936) que dio inicio a la Guerra Civil, fue secundado desde un principio por Miguel Cabanellas, Jefe de la V Región Militar de Zaragoza. La ciudad quedó en manos de los insurgentes y se mantuvo así durante todo el conflicto, a pesar de los intentos por liberarla encabezados por milicianos anarquistas catalanes. Dentro de la ciudad se desarrolló una guerra paralela, caracterizada por los fusilamientos arbitrarios e incontrolados (políticos republicanos, profesionales liberales, sindicalistas, obreros, maestros, funcionarios, etc), que consiguió neutralizar cualquier reacción de los partidarios de la República e instaurar un régimen de terror y represión generalizados que se prolongaría durante los primeros años de la posguerra.

El periodo de posguerra se caracterizó, ante todo, por la represión política y por largos años de escasez y precariedad económica. Zaragoza, sin embargo, sigue siendo en esta época un foco de atracción de población, fundamentalmente rural, que busca una mejora de sus condiciones de vida ante la crisis generalizada. Para intentar paliar los problemas de vivienda generados por este nuevo aporte de población, agravado por la creciente especulación del suelo, en los años 50 se construyeron miles de "viviendas protegidas" que forman nuevos barrios, como Oliver o Valdefierro.

La paulatina mejoría de la situación económica, que desembocará en lo que se ha definido como "los años del desarrollismo", durante la década de los años 60, lleva aparejada la realización de obras de gran importancia para la ciudad, como la inauguración del nuevo ayuntamiento, entre el Pilar y la Lonja, la reforma del Paseo de la Independencia o, la construcción del Puente de Santiago. La Universidad recibe un nuevo impulso con la construcción de nuevos centros docentes, como la Facultad de Filosofía y Letras (1941), la de Derecho (1947) o la de Veterinaria (1951). En 1953 se inaugura un nuevo centro hospitalario: la Residencia del Seguro "José Antonio", conocida popularmente como "Casa Grande". En 1964, la declaración de Zaragoza como Polo de Desarrollo Industrial trajo consigo, aunque por debajo de las espectativas creadas, un notable crecimiento del sector industrial y una mayor inversión pública. A finales de la década de los 60, el llamado Plan Larrodera planteaba un crecimiento desmesurado de Zaragoza, planificando su desarrollo especialmente en la margen izquierda del Ebro; en este sector comienzan las expropiaciones de los terrenos que posteriormente constituirán el Actur.

Los últimos años de la dictadura franquista se caracterizan por una auténtica ebullición de la vida social y cultural de la ciudad, encaminada fundamentalmente hacia el logro de libertades políticas. Aparecen nuevas publicaciones periódicas, en ocasiones con un notable grado de compromiso político y social (Aragón Express, Andalán?). Tras la muerte de Franco son frecuentes las movilizaciones ciudadanas para plantear diversas reivindicaciones, y se convocan manifestaciones que suponen auténticos hitos en la Transición zaragozana: el rechazo al trasvase del Ebro y la demanda de autonomía plena para Aragón (la manifestación del 23 de abril de 1978 reúne a más de 100.000 personas).

En 1979 se celebran las primeras elecciones democráticas en España desde 1931. En Zaragoza el triunfo en las urnas corresponde al PSOE, y el primer ayuntamiento democrático de la ciudad desde 1936 es encabezado por Ramón Sáinz de Varanda. La dotación de servicios y áreas de esparcimiento para los ciudadanos, no contemplada en el rápido crecimiento de la ciudad durante las últimas décadas del siglo XX, se convierte en la principal preocupación de la nueva corporación, que va a iniciar medidas para intentar paliar estas carencias. La conservación y revalorización del casco histórico de la ciudad, una de las zonas más degradadas, se convierte en otra de las prioridades municipales: se plantean proyectos de rehabilitación o remodelación de diversos monumentos y edificios (Puente de Piedra, murallas romanas, la Lonja, etc) y gran número de plazas (la polémica remodelación de la Plaza del Pilar es un buen ejemplo). Entre los logros conseguidos en esta etapa democrática está también la habilitación de diversos espacios y edificios para uso y servicio de la ciudadanía: centros cívicos, polideportivos, áreas de esparcimiento, zonas verdes o la construcción del Auditorio de Zaragoza son algunos ejemplos.

Paralelamente, problemas actuales, como la autonomía y la lucha por el agua, la emigración rural juvenil, la inmigración y el envejecimiento de la población, que afectan a todo Aragón, se acentúan en Zaragoza a partir del fenómeno de macrocefalia territorial personificado por la ciudad.

SIGLO XXI

El siglo XXI comienza para Zaragoza, al igual que lo hizo el XX, inmerso en un proceso de transformación y desarrollo urbanístico, condicionados de momento, y de nuevo, por una celebración centenaria. En este caso, el año 2008 aparece como referente emblemático o incluso mágico a partir de dos elementos motores: la celebración del bicentenario de los Sitios de 1808-1809 y, la candidatura de Zaragoza para la celebración de la Exposición Internacional de ese año.

La ciudad vive un momento crucial, en el que hay una ebullición de proyectos de desarrollo que pretenden consolidar el papel de Zaragoza como gran metrópoli a nivel regional, nacional e internacional. Zaragoza, a comienzos del siglo XXI, sigue potenciando sus condiciones geográficas en un punto estratégico del territorio, aspecto éste presente a lo largo de su historia. La estrategia de este momento pasa, precisamente, por aprovechar esta situación central de la ciudad como nudo de comunicaciones e infraestructuras viarias y eje de un importante y creciente mercado económico y social.

La planificación de este momento de crecimiento se está viendo, más o menos, condicionada por la posible celebración de la Exposición Internacional de 2008. Si bien muchos de estos proyectos de transformación terminarán llevándose a cabo (algunos de ellos ya están en fase de ejecución), no cabe duda que este evento, marcado por un efecto amplificador y una gran capacidad de arrastre y captación de financiación, supondrá un gran impulso a aspectos relacionados con la economía, empleo, imagen de ciudad, calidad ambiental, infraestructuras, etc.

La celebración de la Exposición de 2008 en Zaragoza puede significar un salto similar al que supuso el desarrollo económico de los años 60 del pasado siglo XX. Quizás su efecto favorable no sea apreciable de forma inmediata al final de la celebración, en 2008 o incluso en 2009, pero sí en un corto plazo que, a partir de experiencias similares (como el caso de Lisboa), se ha fijado hacia 2015 aproximadamente.

Con la fecha del 2008 se ha marcado, pues, una meta para la realización de un profundo proceso de transformación urbana a todos los niveles, aunque es en sus vertientes urbanística y de desarrollo de las infraestructuras donde estos cambios están siendo, y serán, más evidentes. La fisonomía urbana se está viendo alterada por los nuevos planes de desarrollo urbanístico: creación de nuevas zonas residenciales como Arco Sur, Parque Goya o Valdespartera; reconversión de los terrenos ferroviarios del entorno de la Estación Intermodal y del Portillo, desarrollo del nuevo Plan de Ordenación Urbana, corredor Oliver-Valdefierro, etc.

De forma paralela, hay una apuesta por potenciar los polos de desarrollo definidos por el Plan Estratégico de 1998, básicamente los proyectos de Ciudad Logística, Ciudad del Transporte y Ciudad del Conocimiento. El desarrollo de las comunicaciones e infraestructuras ligado a los proyectos de Ciudad Logística y Ciudad del Transporte, puede favorecer un fenómeno de expansión territorial definido por algunos autores como Ciudad-Región. Este desarrollo de la movilidad se está gestando tanto en la propia ciudad (cinturones de ronda, Puente del Tercer Milenio, mejora en la capacidad de las vías urbanas, puesta en marcha de la estación de autobuses, conexión de líneas férreas de alta velocidad con el aeropuerto), como hacia el exterior, que pasan básicamente por la terminación de la línea de alta velocidad entre Madrid y Barcelona y la realización del eje norte-sur.

Por lo que respecta a la Ciudad del Conocimiento, su desarrollo pasa por la explotación de la centralidad de Zaragoza y el desarrollo de su enorme potencial cultural, junto a proyectos relacionados con las nuevas tecnologías, como el de la Milla Digital. A ellos se pueden unir otros elementos que aportan calidad ambiental a la vida urbana, como el Plan de Riberas y la recuperación de los ríos y el Canal Imperial como espacio urbano, o la creación de espacios especializados en el tratamiento ambiental (Polígono del Reciclaje). Incluso se pueden añadir a la lista, nuevos proyectos de espacios comerciales y de ocio (Puerto Venecia, Espacio Goya, Ciudad del Cine, etc).

Entre las oportunidades de desarrollo de Zaragoza hay que incluir también la capacidad para admitir e integrar una población foránea creciente, en la que reside gran parte de las esperanzas de regeneración demográfica. En estos primeros años del siglo, Zaragoza es ya una ciudad multirracial, en la que en torno al 7% de su población (641.581 habitantes, a fecha 1 de enero de 2004) son de procedencia extranjera. Este aporte poblacional, formado fundamentalmente por población joven con una elevada tasa de natalidad, supone un soplo de aire fresco a una población cada vez más envejecida y con una tasa de fecundidad de ritmo decreciente. Este fenómeno migratorio se está haciendo especialmente evidente en algunos barrios de la ciudad, como Delicias (un 10% de su población es extranjera), Casco Histórico, San José, Arrabal o Universidad. Fuente de este artículo: zaragoza.es/ciudad/museos/es/chistoria

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MONUMENTOS

Catedral La Basílica del Pilar, La Seo (Catedral de San Salvador), Iglesia parroquial de Santa María Magdalena, Iglesia de San Miguel de los Navarros, Iglesia parroquial de San Gil, Iglesia de San Felipe y Santiago, Iglesia de San Pablo Apóstol,Iglesia de San Ildefonso, Iglesia de los Escolapios, Iglesia del Real Seminario de San Carlos, Iglesia de Santa Cruz, La cripta de Santa Engracia, La Iglesia de San Juan de los Panetes, La Aljafería, La Zuda, La Audiencia, La Lonja, Palacio de los Condes de Argillo, El Palacio de Donlope, Las murallas romanas, Museo Provincial de Bellas Artes, Mercado Central...

FIESTAS

San Victorian (Ejea de los Caballeros), La Purisima (Ejea de los Caballeros) , Misa Baturra (Cariñena) , Las Botargas (Ateca), Moros y Cristianos (Pina de Ebro), Procesion de los Panes Benditos (Escatrón), Merienda del Palmo (Borja), (Carnaval), Semana Santa (Alagón), Viernes Santo (Borja), Semana Santa (Calatayud), Semana Santa (Caspe), Semana Santa (Fuentes de Ebro), Semana Santa (Zaragoza)  (Semana Santa), Semana Santa (Zuera), Dance de Tauste (Tauste), El Cristo de Ribota (Calatayud), Ayuno de San Miguel (Tauste), Romería de San Gregorio (Pina de Ebro)  Corpus Christi (Daroca), Patrón de los Sogueros (Calatayud), Fiestas de Cetina (Cetina), San Agido Abad (Calatayud), Fiestas de Gallur (Gallur), Romería de Nuestra Señora de Valentuñana (Sos del Rey Católico), Romería de San Antonio (Remolinos), Fiesta de San Juan (Ejea de los Caballeros), Fiesta de San Juan (Pina de Ebro), Fiestas de San Pedro (Gallur), Romeria del Quilaly (Tarazona), Fiestas de Nuestra Señora de la Piedad (Azuara), Fiesta de la Santa Cruz (Sos del Rey Católico), San Gregorio (Alcalá de Ebro), Fiesta de la Virgen de las Nieves (Bujaraloz), Festividad de San Roque (Calatayud), Fiestas de San Roque (Caspe), Festividad de San Roque (Pina de Ebro), Fiesta de San Bartolomé (Borja), Fiestas de Bulbuente (Bulbuente) Fiestas de San Bartolomé (Calatorao), Fiesta de San Atilano (Tarazona), Fiesta de San Agustín (Bujaraloz), Fiesta de Nuestra Señora de la Piedad (Azuara), Nuestra Señora de la Oliva (Ejea de los Caballeros), Fiesta de la Virgen de la Peña (Alfajarín), Fiesta de San Nicolás de Tolentino (Almonacid de la Sierra), Romería de la Virgen de la Peña (Calatayud), Día de la Vendimia (Cariñena), Fiesta del Cristo de Calatorao (Calatorao), Fiesta del Santo Cristo de la Cueva (Remolinos), Romería de Borja (Borja), Fiestas de Nuestra Señora de la Peana (Borja), Fiestas de la Virgen de Sancho Abarca (Tauste), Fiesta de Santa Pantaria (La Almunia de Doña Godina), Fiestas del Pilar (Zaragoza).

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ECONOMÍA

Su fértil huerta le proporciona una importante producción agrícola. Se cultiva, en sistema de regadío, toda clase de hortalizas, frutas y verduras, y en secano, patatas cereales, vid y olivo. Su cultivos más característicos son la remolacha y la alfalfa. También posee importantes y variadas industrias, las de harina, chocolates, pastas, conservas vegetales, aceites, etc. son algunas de las alimenticias más productivas; a las que hay que sumar industrias de maquinaria, material móvil para ferrocarriles y tranvías, productos químicos, tejidos, etc. Además, Zaragoza es un primordial centro comercial que se ve favorecido por sus importantes vías de comunicación que la ponen en contacto con las principales ciudades: Madrid, Valencia, Barcelona, Bilbao, San Sebastián, Navarra e incluso Francia.

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COCINA CON ARTE

En la provincia de Zaragoza nos vamos a encontrar con una cocina simple y nutritiva, caracterizada por el uso de sus frutos y verduras autóctonos y los buenos vinos de la región, como lo son los de Cariñena, Borja, Paniza, Lecera y los del Valle de Jalón.

Entre sus recetas más típicas podemos mencionar el bacalao al ajoarriero (cocinado con huevos y ajo), los huevos al salmorejo (servidos en un salsa con espárragos), la longaniza de Fuentes" (de gran reputación en la charcutería española), el "pollo a la chilindrón", el cordero a la pastora, el ternasco asado y el lomo de cerdo a la Zaragozana.

Como especialidades vegetarianas destacan: la ensalada "Ilustrada" y el recao de judias blancas, patatas y arroz.

Entre sus dulces más típicos mencionaremos sus turrones, roscones, y el mostillo (dulces o galletas elaboradas con mosto)

Otras recetas

Patatas en trainera rellenas de borraja y cocotxas de bacalao con pil-pil de pimiento choricero, Lomo de cordero relleno de sus lechecillas, Besugo a la aragonesa, Arroz al horno, Galletas con fresas, Batido de chocolate.

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RESTAURANTES DE ZARAGOZA

Brujas y flandes -  El Galeón -  El Mesoncico - Gala - Los Charros - Rincón de Pilarín -  Sentinel...

 

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TURISMO

Monumentos y espacios naturales

Galachos de la Alfranca de Pastriz, La Cartuja, y el Burgo de Ebro, Laguna de Gallocanta, Lomaza de Belchite, Moncayo...

PERSONAJES CÉLEBRES

Agustina de Aragón
Al-Muqtadir
Amparo Poch
Avempace
Francisco Bayeu
Gabriel Zaporta
Gastón de Bearn
Hernando de Aragón
Ignacio de Asso
José de Palafox
Juan V de Lanuza "El Mozo"
María de Ávila
Miguel Fleta

Mundir I
Pedro Cerbuna
Pilar Bayona
Pilar Lorengar
Ramón Pignatelli
Roque Joaquín de Alcubierre
San Jorge
San Valero
Santa Isabel de Portugal
Sisenando

 

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PUEBLOS DE ZARAGOZA

 Abanto
 Acered
 Agon
 Aguaron
 Aguilar De Ebro
 Aguilon
 Ainzon
 Aladren
 Alagon
 Alarba
 Alberite De San Juan
 Albeta
 Alborge
 Alcala De Ebro
 Alcala De Moncayo
 Alconchel De Ariza
 Aldehuela De Liestos
 Alera
 Alfajarin
 Alfamen
 Alfocea
 Alforque
 Alhama De Aragon
 Almochuel
 Almonacid De La Cuba
 Almonacid De La Sierra
 Alpartir
 Alto De La Muela
 Aluenda
 Ambel
 Anento
 Aniñon
 Añon De Moncayo
 Aranda De Moncayo
 Arandiga
 Ardisa
 Ariza
 Artieda
 Asin
 Asso-Veral
 Atea
 Ateca
 Ayles
 Azuara
 Badules
 Bagües
 Balconchan
 Barboles
 Bardallur
 Bardena Del Caudillo
 Barues
 Belchite
 Belmonte De Gracian
 Berbedel
 Berdejo
 Berrueco
 Biel
 Bijuesca
 Biota
 Bisimbre
 Boquiñeni
 Bordalba
 Borja
 Bosque Alto
 Botorrita
 Brea De Aragon
 Bubierca
 Bujaraloz
 Bulbuente
 Bureta
 Cabañas De Ebro
 Cabolafuente
 Cadrete
 Calatayud
 Calatorao
 Calcena
 Calmarza
 Campillo De Aragon
 Campo Del Niño
 Campo Real
 Carenas
 Cariñena
 Cartuja Baja
 Casas De Esper
 Casetas
 Caspe
 Castejon De Alarba
 Castejon De Las Armas
 Castejon De Valdejasa
 Castiliscar
 Cervera De La Cañada
 Cerveruela
 Cetina
 Chiprana
 Chodes
 Cimballa
 Cinco Olivas
 Clares De Ribota
 Codo
 Codos
 Concilio
 Contamina
 Cosuenda
 Cuarte De Huerva
 Cubel
 Cunchillos
 Daroca
 Ejea De Los Caballeros
 El Bayo
 El Burgo De Ebro
 El Buste
 El Cazuelo
 El Comercio
 El Condado
 El Frago
 El Frasno
 El Sabinar
 El Sisallete
 Embid De Ariza
 Embid De La Ribera
 Encinacorba
 Epila
 Erla
 Escatron
 Esco
 Fabara
 Farasdues

 Farlete
 Fayon
 Figueruelas
 Fombuena
 Frescano
 Fuencalderas
 Fuendejalon
 Fuendetodos
 Fuentes De Ebro
 Fuentes De Jiloca
 Gallocanta
 Gallur
 Garrapinillos
 Gelsa
 Godojos
 Gordues
 Gordun
 Gotor
 Granja De San Pedro
 Granja De Santa Ines
 Grisel
 Grisen
 Herrera De Los Navarros
 Huermeda
 Ibdes
 Illueca
 Inoges
 Isuerre
 Jaraba
 Jarque
 Jaulin
 Juslibol
 La Alfranca
 La Almolda
 La Almunia De Doña Godina
 La Joyosa
 La Muela
 La Puebla De Alfinden
 La Sierra Estronad
 La Tranquera
 La Venta
 La Vilueña
 La Zaida
 Lacorvilla
 Lagata
 Langa Del Castillo
 Las Colinas
 Las Cuerlas
 Las Pedrosas
 Layana
 Lecera
 Lechon
 Leciñena
 Letux
 Litago
 Lituenigo
 Llumes
 Lobera De Onsella
 Longares
 Longas
 Lorbes
 Los Arenales
 Los Fayos
 Los Huertos
 Lucena De Jalon
 Luceni
 Luesia
 Luesma
 Lumpiaque
 Luna
 Maella
 Magallon
 Mainar
 Malanquilla
 Malejan
 Mallen
 Malon
 Malpica De Arba
 Maluenda
 Mamillas
 Manchones
 Mara
 Maria De Huerva
 Marlofa
 Marracos
 Mediana De Aragon
 Mequinenza
 Mesones De Isuela
 Mezalocha
 Mianos
 Miedes De Aragon
 Miraflores
 Monegrillo
 Moneva
 Monreal De Ariza
 Montañana
 Monterde
 Monton
 Monzalbarba
 Moran
 Morata De Jalon
 Morata De Jiloca
 Mores
 Moros
 Movera
 Moyuela
 Mozota
 Muel
 Munebrega
 Murallas De Santa Fe
 Murero
 Murillo De Gallego
 Navardun
 Nigüella
 Nombrevilla
 Nonaspe
 Novallas
 Novillas
 Nuevalos
 Nuez De Ebro
 Oitura
 Olves
 Ontinar De Salz
 Orcajo
 Orera
 Ores
 Oseja

 Osera De Ebro
 Paniza
 Paracuellos De Jiloca
 Paracuellos De La Ribera
 Paraje Simon
 Paso De Los Carros
 Pastriz
 Pedrola
 Peñaflor
 Perdiguera
 Piedratajada
 Pietas
 Pina De Ebro
 Pinseque
 Pinsoro
 Pintano
 Plasencia De Jalon
 Pleitas
 Plenas
 Pomer
 Pozuel De Ariza
 Pozuelo De Aragon
 Pradilla De Ebro
 Puebla De Alborton
 Puendeluna
 Purroy
 Purujosa
 Quinto
 Remolinos
 Retascon
 Ricla
 Rivas
 Roden
 Romanos
 Rueda De Jalon
 Ruesca
 Sabiñan
 Sadaba
 Salillas De Jalon
 Salto Del Lobo
 Salvatierra De Esca
 Samper Del Salz
 San Gregorio
 San Juan De Mozarrifar
 San Martin De La Virgen De Moncayo
 San Mateo De Gallego
 San Miguel
 Sancho Abarca
 Santa Anastasia
 Santa Cruz De Grio
 Santa Cruz De Moncayo
 Santa Engracia
 Santa Eulalia De Gallego
 Santed
 Santuario De Misericordia
 Sastago
 Sediles
 Sestrica
 Setabia
 Sierra De Luna
 Sigues
 Sisamon
 Sobradiel
 Sofuentes
 Sos Del Rey Catolico
 Tabuenca
 Talamantes
 Tarazona
 Tauste
 Terrer
 Tierga
 Tiermas
 Tobed
 Tomillares
 Torralba De Los Frailes
 Torralba De Ribota
 Torralbilla
 Torrecilla De Valmadrid
 Torrehermosa
 Torrelapaja
 Torrellas
 Torres
 Torres De Berrellen
 Torres De Montecierzo
 Torrijo De La Cañada
 Tortoles
 Tosos
 Trasmoz
 Trasobares
 Uncastillo
 Undues De Lerda
 Undues Pintano
 Urrea De Jalon
 Urries
 Used
 Utebo
 Val De Pinar
 Val De San Martin
 Valareña
 Valdehorna
 Valmadrid
 Valpalmas
 Valtorres
 Velilla De Ebro
 Velilla De Jiloca
 Vera De Moncayo
 Vierlas
 Villadoz
 Villafeliche
 Villafranca De Ebro
 Villalba De Perejil
 Villalengua
 Villamayor
 Villanueva De Gallego
 Villanueva De Huerva
 Villanueva De Jiloca
 Villar De Los Navarros
 Villarrapa
 Villarreal De Huerva
 Villarroya De La Sierra
 Villarroya Del Campo
 Virgen De La Fuente
 Vistabella
 Viver De La Sierra
 Zaragoceta
 Zaragoza
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ESCUDO DE ZARAGOZA

 

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