Aragón

Huesca, situada a los pies de los Pirineos, ofrece parajes naturales y monumentos medievales de increíble belleza. La ciudad de Huesca se encuentra situada en lo que primitivamente fue un poblado de los ilergetes, pertenecientes a los antiguos pueblos iberos.
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                         Zaragoza. La capital de esta comunidad, cruzada por el caudaloso río Ebro, es una de las ciudades más monumentales de España. Su herencia histórica desde los romanos o la España musulmana se puede apreciar en sus calles o museos. Teruel. Lo más notable de su arquitectura es la herencia Mudéjar presente en impresionantes monumentos, consecuencia de un largo dominio musulmán. Los monumentos más destacados son la catedral, con sus bellísimos campanarios y las iglesias de San Martín, San Pedro y El Salvador.

Huesca (Historia)

 

Huesca - San Juan de la Peña

 

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   Zaragoza (Historia)

 

Zaragoza - La Basílica del Pilar de noche

 

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    Teruel (Historia)

 

Teruel - Albarracín

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Mapa de Aragón por Google

COMUNIDAD DE ARAGÓN

Esta comunidad, frontera natural con Francia por los Pirineos Centrales, ofrece una tierra y un paisaje excepcional que sorprende al viajero por sus extremados e impresionantes contrastes. Aragón cuenta con numerosos espacios naturales protegidos. Uno de los rasgos más característicos del medio físico aragonés es el agua, que forma multitud de lagos glaciares o ibones, que surgiendo en sorprendentes cascadas, talla en las rocas de alta montaña impresionantes hoces, gargantas y cañones.

El contraste lo ofrece la árida depresión del Ebro. A oriente se erige el Moncayo, la sierra mas elevada del Sistema Ibérico, donde se encuentra la Laguna de Gallocanta, un paraíso para las aves acuáticas.

La comunidad autónoma actual se identifica con el antiguo reino de Aragón, forjado en tiempos medievales. Recorrer sus tres provincias, sus ciudades y pueblos monumentales, nos invita a conocer la historia y origen del país que hoy es España, al mismo tiempo que contemplar los vestigios de las civilizaciones que en la Península Ibérica se asentaron.

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HISTORIA DE ARAGÓN

La historia de Aragón viene marcada por su situación geográfica. Su proximidad a Francia y las aguas del Ebro que atraviesan de E a O la comunidad, han hecho de la región un camino de paso para todas las culturas.

Prehistoria

El Paleolítico inferior dejó escasísimos restos materiales líticos. Una escasa población debió recorrer los valles fluviales aragoneses. Los pocos restos encontrados pertenecen al estilo achelense, como muestran los útiles de barranco del Salto (Calatayud) y Valcardera (Tarazona). El Paleolítico medio vio el desarrollo de la técnica musteriense. Los habitantes de Aragón en este período ocuparon abrigos, como el de Eudoviges (Alacón) y espacios al aire libre, como las graveras de San Bartolomé (Altorricán) y Castelló de Pla (Pilzán). La principal característica de estos materiales fue la pervivencia de elementos de tradición arcaizante, que caracterizó a toda la prehistoria aragonesa. El Paleolítico superior es el período peor conocido de Aragón. Fuente del Trucho (Asque-Colungo), además de arte paleolítico presentó restos de hogares. Durante el epipaleolítico los asentamientos aragoneses se situaron en abrigos orientados al sol naciente, de esto quedó restos en la Botiqueira dels Moros, Mazaleón y Costalena. Los habitantes de Aragón, que en este período se dedicaban preferentemente a la caza, desarrollaron dos tipos diferentes de industria lítica, una microlítica y otra macrolítica. Probablemente, los pobladores de esta época fueron los encargados de desarrollar el arte levantino, una manifestación artística que representaba animales acompañados por hombres normalmente estilizados. Este arte se desarrolló en las tres provincias aragonesas: en Huesca la Cueva de Arpán, en Zaragoza, donde su presencia fue menor, Plano de Pulido y en Teruel el foco de la Sierra de Albarracín.

Las cerámicas cardiales son la primera muestra de civilización neolítica en Aragón. Todos los yacimientos son habitaciones en abrigos y cuevas naturales, que eran herederos de poblamientos anteriores. La caza, la pesca y la recolección siguieron siendo las actividades económicas principales. Sólo la cueva de Chaves muestra síntomas claros de plena neolitización. En el Neolítico pleno se siguieron usando cuevas como lugares de habitación, algunas también comenzaron a ser usadas como lugares de enterramiento. La cultura material estaba influida del neolítico mediterráneo. La ausencia entre los restos de granos, dientes de hoz o molinos, muestra que se desarrolló en Aragón una agricultura de tipo complementario y de escaso relieve. Los dólmenes aragoneses fueron la muestra más importante del megalitismo. Su desarrollo tuvo como principal escenario el alto Aragón, sobre todo en los valles pirenaicos de Huesca: desde la Selva de Oza hasta el valle del Aragón Subordán. La mayoría de ellos estaban situados en altitudes superiores a los 1.000 m. Los habitantes del calcolítico ocuparon todavía las cuevas, donde se siguió practicando la caza y el pastoreo. Los yacimientos calcolíticos más importantes de Aragón son los de Esplugas de la Puyascada y Baticambras de Molinos, que desarrollaron materiales influidos por la cultura de los vasos campaniformes. Las cerámicas de esta cultura fueron muy numerosa en todo Aragón. En esta época se comenzaron a construir poblados con cabañas circulares, como ocurrió en Los Ramos (Caspe). Los abrigos fueron poco a poco acondicionados con toscos paredones y techumbres, muestra de una especialización agrícola mayor.

Edad de los Metales

Durante la Edad del Bronce se generalizó el uso de los objetos metálicos en toda la región, se comenzaron a explotar filones al aire libre; hubo filones en Huesca en Benasque y Las Paúles; en Zaragoza en Biel y Calcena; y en el Bajo Aragón en Albarracín. En el Bronce Antiguo continuaron las formas de vida anteriores en cuevas y abrigos. Los hábitats al aire libre vivieron un fuerte desarrollo, donde se produjo una explotación más intensa del entorno. Los asentamientos se situaban en montículos o pequeños cabezos, como ocurrió en Caucavaca (Caspe) y El Carnelario (Sariñena). El Bronce Medio se caracterizó en Aragón por las influencias sobre la población autóctona de dos grandes focos: el francés y la zona mediterránea. Los establecimientos se situaron en cerros elevados, esta ubicación respondió a la situación estratégica y dominio del entorno. En la llanura se establecieron asentamientos de carácter temporal, que posiblemente dependieron de los asentamientos estables como el Cabezo del Cuervo (Alcañiz). En los poblados más importantes las casas eran de planta rectangular con zócalos de piedra. El Bronce Final supuso la llegada de los Campos de Urnas a Aragón. Se caracterizaba esta cultura por enterramientos de incineración en urnas. El ajuar de las necrópolis siguieron mostrando la tradición del Bronce original de la región. Las necrópolis estaban asociadas a poblados situados en altura, las tumbas se colocaban en las terrazas inferiores; así ocurría en Cabezo de Monleón (Caspe) y Puntal de Fraga. La cultura de los Campos de Urnas sufrió una evolución interna en Aragón, que alcanzó en su difusión el Bajo Aragón. Los asentamientos del la Primera Edad del Hierro se fijaron en los cursos medios y bajos de los ríos, debido a la mayor explotación de los suelos aluviales. Lugares como el Cabezo del Monleón siguieron ocupados, aunque se crearon nuevos asentamientos debido a la gran densidad de población.

El siglo VI a.C. supuso el encuentro de Aragón con la cultura ibérica, con la consiguiente introducción del torno alfarero y el hierro. La influencia se hizo sentir en Aragón por tres caminos: los llanos de Urgel, el sudeste de Teruel y el Bajo Ebro. el número de asentamientos aumentó claramente. Los poblados se situaban en lugares elevados, siempre protegidos por murallas. Junto a asentamientos de pequeño tamaño surgieron concentraciones urbanas mayores, de los que dependían jerárquicamente aquellos. Este proceso les encaminaba a un nivel urbano. Los influjos ibéricos siguieron extendiéndose por toda la región; al valle de Ebro en el siglo IV a.C., al sur de Huesca en los siglos II y III a.C. Los poblados más antiguos presentan casas de planta rectangular, que evolucionarían hacia un módulo cuadrangular. La casa más común consistía en cuatro piezas, algunas, como El Palomar de Oliete, presentaban una segunda planta. El desarrollo urbanístico de los poblados aragoneses alcanzó dimensiones importantes. El Cabezo de Alcalá (Azaila) tenía un importante sistema de fortificaciones con calles enlosadas, aceras, barrio comercial y vertido de aguas.

Edad Antigua

La primera vez que apareció en las fuentes escritas Aragón fue en el siglo II a.C. (Polibio), posteriormente los pueblos que habitaban la región serían nombrados por Livio, Estrabón y Ptolomeo. Estrabón dijo que las regiones comprendidas entre los Pirineos y Huesca se encontraban pobladas por los iacetanos, que tenían su capital en Iaca. Livio y Plinio situaron a los suessetanos en el norte de la provincia de Zaragoza, su capital era Lorbio (Sos). El valle del Ebro estaba ocupado por los pueblos de cultura ibérica. Los ilergetes, el pueblo más hostil a Roma, tenían en Osca (Huesca) y Burtina (Almudévar) sus núcleos principales. Los sedetanos habitaban en el Bajo Aragón. Mientras que los ilegarvones estaban situados en la zona fronteriza con Cataluña. Todos estos pueblos se caracterizaban por el uso de la lengua ibérica, que llegó a desarrollar un alfabeto con 29 signos alfabéticos y bilíteros. Los valles del Jalón, del Jiloca y la margen derecha del Ebro constituiría lo que las fuentes romanas llamaron la Celtiberia Citerior. Los belos y los titos ocuparían el valle del Jiloca, sin llegar a Calatayud. Los lusones se situaban en las cuencas del Jiloca y Jalón, sus ciudades principales eran Bilbilis (Calatayud) y Contrebia Carbica. Los asentamientos celtibéricos no presentan uniformidad y establecieron la misma jerarquía que la órbita ibérica. Estos pueblos desarrollaron también un alfabeto que utilizaba indistintamente la escritura ibérica y la latina. Esta escritura utilizó como soporte el bronce, el caso más famoso es el bronce de Contrebia Belaisca, posiblemente una ciudad de los belos. Los pueblos de la totalidad de Aragón en el momento que se produjo la invasión romana, se encuentran en una fase de transición hacia las estructuras urbanas, como muestran las primeras acuñaciones monetarias. La organización social respondía a un carácter gentilicio, que consistía en una asociación de tribus que se atribuían un origen común. Esta estructura quedó fijada en las Tessera Hospitalis, que eran tratados de amistad de un individuo o grupo familiar con una ciudad. La economía era fundamentalmente agraria, con el cultivo principal del trigo y la cebada.

Los pueblos del valle Medio y Bajo del Ebro fueron determinantes en la conquista de Roma. Los ilergetes presentaron dura resistencia a Roma, mientras que los suessetanos y sedetanos se aliaron a Roma. En el 205 a.C. fueron derrotados por los romanos, que les obligaron a entregar las armas y a vender a bajo precio trigo al ejército conquistador. Los territorios de Aragón que fueron conquistados se incluyeron en la Hispania Citerior. En el 195 a.C. Catón conquistó el valle Medio del Ebro. Las ciudades de Osca, Celse y Salduie vieron como se establecían guarniciones romanas en su suelo. La época romana estuvo llena de levantamientos hacia los romanos. Los lusones se sublevaron en el 181 a.C. debido a la falta de tierras para los cultivos, que estaban ocupadas por la población establecida por Roma. El occidente de Aragón se convirtió en un campo de batalla, hasta la derrota en la falda del Moncayo. Las precarias condiciones económicas y el aumento demográfico llevó a los pueblos aragoneses a continuas sublevaciones: los belos en el 154 a.C., los lusones en el 143 a.C., cuando estos últimos fueron derrotados el control de la celtiberia aragonesa por parte de Roma fue total. Aragón tuvo una presencia importante en las guerras sertorianas debido al alto grado de romanización alcanzado por al región. En el 77 a.C. Sertorio controla Aragón con la toma de Bilbilis y Contrebia. Su gobierno lo situó en la ciudad de Osca, hasta su derrota en el 72 a.C., donde estableció un gobierno de corte romano, destacaba un senado formado por 300 miembros muchos de ellos de procedencia indígena.

Durante las guerras pompeyanas las ciudades aragonesas se mostraron partidarios de Pompeyo. Tal vez esta fue la razón de la fundación por parte de Lépido de la colonia Victrix Iulia Lepida -Velilla de Ebro- en el año 49 a.C, destinado a veteranos del ejército y a ser el centro administrativo de la zona. Todo el territorio de Aragón quedó incluido en la Tarraconensis tras la reforma de Augusto del 27 a.C. El mismo Emperador fundó la colonia de Cesaraugusta (Zaragoza), donde estableció la capital de un conventus, que mas o menos controlaba todo el territorio de la actual Aragón. El valle del Ebro fue utilizado durante este período como vía de romanización, lo que se acentuó con la municipalización de Osca y Bilbilis. Sin embargo, la romanización no afectó por igual a todo Aragón, destacó el caso de la zona se s donde en las inscripciones permanecieron durante mucho tiempo nombres de raíz claramente indígena. La red viaria que tenía como centro Cesaraugusta se mejoró considerablemente en época imperial. La base de la economía era la agricultura, con el vid, el olivo y el trigo como productos principales. A partir del siglo II d.C. se produce un proceso de ruralización, que se acentuó durante la siguiente centuria. Las villas rústicas aumentaron su número y se hicieron prácticamente autosuficientes, cerca de Fraga existía un ejemplo de esto: la Villa Fortunatus. En el año 254 tenemos al primera referencia al cristianismo en Aragón, el obispo de Cesaraugusta, Félix, es nombrado en la correspondencia del obispo de Cartago. Las invasiones del siglo III apenas afectaron a Aragón, aunque Cesaraugusta se vio obligada a reforzar sus fortificaciones. La persecución de Diocleciano produjo los primeros 18 mártires en la antigua Zaragoza, cuyo obispo está presente en el Concilio de Elvira. Todos los concilios que se celebraron a continuación contaron con el representante de esa sede episcopal, la cual fue la elegida para celebrar en el 380 el concilio que discutió sobre el priscilianismo. La totalidad de Aragón no se vio afectada por la presencia de los suevos, vándalos y alanos, aunque tuvo que sufrir las continuas expediciones de los suevos en busca de botín.

La presencia visigoda se hizo efectiva en Aragón cuando Eurico conquistó Zaragoza en el 471, desde donde amplió sus conquistas a Huesca, Tarazona y Calatayud. A pesar de ello, la presencia germánica no debió ser muy intensa en tierras aragonesas, debido a la pobreza de los ajuares de las necrópolis. Probablemente durante el reinado de Leovigildo el obispo de Zaragoza y todos los de Aragón mantuvieron los cultos arrianos, como consecuencia de ello se convocó a los obispos de la zona a un concilio en Zaragoza en el 592, el motivo fue fijar la ortodoxia religiosa. Sisenando fue proclamado en Zaragoza rey de los visigodos gracias a la ayuda de los francos. Los visigodos dividieron en territorios Aragón, tenemos noticias de los siguientes: Barbotana (Barbastro), Boletana (Puebla de Castro-Coscojuela), Cesaraugustana (Zaragoza), Aragonense (Huesca), Ripacorcense (Roda), Antonense (Ésera). La última noticia sobre Aragón en época visigoda fue la celebración de un concilio en Zaragoza en el 691 a petición del soberano Égica.

Edad Media

El rápido avance del ejército musulmán, comandado por Târiq ibn Ziyâd y el gobernador del Magreb, Mûsa ibn Nusayr, les llevó a Zaragoza en el 714. En 720, la conquista de la cuenca del Ebro era ya completa y Huesca cayó al poco, por pacto. Se produjo entonces la conversión al Islam de los fundadores de dinastías muladíes (Banû Qasî - Ejea -, Banû Sabrit y Banû 'Amrûs -Huesca-), que mantuvieron su importancia. El territorio del valle del Ebro -junto con tierras navarras, riojanas y catalanas- se incluyó en la Marca Superior (-al-tagr al-a 'la-), subdividida en siete distritos -Barbitâniya (Barbastro-Boltaña), Lérida, Huesca, Zaragoza, Calatayud, Tudela, Tortosa y Tarragona; el suroeste de Teruel quedó dentro de la Marca Media. La cuenca del Ebro fue ocupada por árabes yemeníes (del sur), mientras que los bereberes se establecieron en Albarracín y Teruel; los primeros chocaron desde el 742 con árabes qaysíes (del norte) y sirios llegados, al mando de Balj, para sofocar la rebelión bereber; gobernantes de una y otra procedencia se alternaron. Los árabes yemeníes fueron inicialmente partidarios de Abd al-Rahman rebeldes desde 767; Sulaymân al-A'râbî se levantó en Huesca y Zaragoza (774-780) y recurrió a Carlomagno quien atacó Zaragoza en 778. Hubo una segunda revuelta en Zaragoza, la de al-Husayn al-Ansârî, con la intervención del emir en 781, que se repitió en el 783, con nueva intervención emiral. Tras la muerte de 'Abd al Rahmân I (788) estallaron nuevos enfrentamientos entre árabes del norte y del sur; Hisâm I se apoyó en una familia muladí cliente (los Banû Qasî) contra los yemeníes zaragozanos, que cambiaron de bando al ocupar el gobierno de la Marca una familia muladí rival, los Banû 'Amrûs -como premio a la defensa de la ciudad contra Bahlûl ibn Marzûq, en el 800- y se aliaron con el vascón Iñigo Arista contra omeyas y carolingios.

Iniciaron así una sucesión de lealtad-rebeldía hacia los Omeyas, abiertamente con Mûsa ibn Mûsa en 842; el gobernador de Zaragoza le arrebató Huesca y Tudela, por lo que se retiró a Arnedo, donde se apoyó en los pamploneses y resistió a las expediciones de castigo emirales 842 a 850. Con Muhammad I, Mûsa fue nombrado gobernador de Tudela, aliado suyo contra los cristianos. Fue el periodo de máxima grandeza de la familia, que se autodenominaba "tercer rey de España": dominio sobre las tierras de Tudela y Zaragoza, hasta Calamocha, y wâlî de la Marca; estableció a su hijo Lope en Toledo. Pero en 859 fue vencido en Clavijo por leoneses y pamploneses con la ayuda de Lope, y en 860 sufrió aceifa emiral contra Pamplona, tras lo que se estableció un nuevo gobernador. Los hijos de Mûsa ibn Mûsa aún se mantuvieron; Lope se alzó en Arnedo (872), secundado por sus hermanos y ayudados por García Íñiguez de Pamplona. adueñándose de toda la Marca Superior (excepto Barbitâniya); Muhammad reaccionó reforzando en Daroca y Calatayud a los Tugîbies (árabes) y recuperó Huesca gracias al apoyo de Amrus ibn 'Umar ibn 'Amrûs, nuevo gobernador de la ciudad (hasta mediados del s. X).

Al-Mundir envió numerosas razzias contra los Banû Qasî entre 874 y 884, que no obstante tomaron Barbitâniya. Pero en 884 se tomó finalmente Zaragoza, lo que partió los dominios de los Banû Qasî (Lérida-Monzón por un lado -contra los Banû 'Amrûs por Huesca-, y las riberas navarra y riojana por otro, con Zaragoza gobernada por los Omeyas, y Daroca y Calatayud por los Tugîbíes. Por segunda vez, Lope recuperó terreno, aprovechando la rebelión en Málaga de 'Umar ibn Hafsûn; venció al gobernador de Huesca Muhammad al-Tawîl en el 887, Toledo en 897, realizó una incursión a Aura (Barcelona), e incluso marchó a Jaén para tratar con 'Umar ibn Hafsûn. En 889, fue sustituido por los Tugîbies en Zaragoza, fieles a Córdoba; a las pérdidas se unieron nuevos enemigos: Alfonso III de León por el valle de Borja, el conde de Pallars por el nordeste, el conde de Barcelona por el este, Sancho Garcés de Pamplona por la Rioja Alta; todavía reincorporó Toledo (903-906) antes de morir (907). Sumisos, sin apoyo ante los ataques vecinos, sólo conservaron parte de la Rioja y de la ribera de Navarra, Tarazona y Borja, hasta que en el 924 fueron finalmente destituidos como gobernadores de Tudela, al frente de la cual se colocó al de Zaragoza, Muhammad ibn 'Abd al-Rahmân al-Tugîbí.

En las dos décadas de gobierno de Abd al-Rahman III (años 20 y 30), se mantuvo la fidelidad de Muhammad al-Anqar, de los Tuyibíes de Zaragoza; ante la presencia de Sancho Garcés de Pamplona y Ordoño II de León, el emir lanzó en 920 la primera de sus cinco campañas hacia los confines de la Marca Superior (en esta ocasión, por Guadalajara, Medinaceli, Osma, Castro Muros y Clunia Suplicia; Tudela, Calahorra, Dî Sâra, Muez y vuelta a Córdoba por Atienza); en la segunda en 924, se llevó con el a los Banû Qasî (debilitados y emparentados con Fruela II de León), cuyos territorios pasaron a ser gobernados por los Tuyîbíes. Se fijó la frontera con los cristianos para el s. X (sobre el Aragón y el Ebro, con la Rioja Alta y una zona inestable intermedia con puntos -Calahorra- que pasaron de mano en mano (musulmana de 968 a 1045). El control más estrecho de las provincias por 'Abdarrahmân III, al ser proclamado califa en 929, hizo reaccionar a los tuyîbíes, que envió una tercera campaña contra ellos (934) instalando generales y gobernadores en Tarazona, Tudela y Huesca. La paz pronto fue rota por el gobernador de Zaragoza, Muhammad b. Hâsim, apoyado por tuyîbíes de otras plazas de la Marca, otra vez atacado por el califa en 935; asedió Zaragoza, que mantuvo el sitio ayudada por el rey leonés y el señor de Barcelona. La quinta aceifa, en 937 tomó Zaragoza, con la promesa de mantener en el gobierno a Muhammad b.Hasim, que se mantuvo todo el s. X. Muhammad b.Abî 'Amir al-Mansûr, durante los veinticinco años en que regió la política de Al-Andalus como valido (en el último cuarto del s.X), realizó un número enorme de campañas (cincuenta y seis) con las que impuso la supremacía cordobesa en la Península. De ellas, unas diez (entre 978 y 1002) afectaron a la Marca Superior, la mayor parte dirigidas hacia Pamplona. Detuvo y alteró así el avance cristiano, hasta el contraataque de Sancho el Mayor de Pamplona (1004-1035). El hijo de Almanzor, 'Abdalmalik (muerto en 1002) continuó las aceifas de su padre contra los territorios cristianos (1003, 1004 y 1006). El objetivo era capturar prisioneros e imponer tributos a los territorios cristianos, con efectos duraderos hasta la reacción de Sancho el Mayor. Aragón no fue atacado por 'Abdalmalik por su sumisión a las condiciones impuestas por Almanzor en 999.

Reinos taifas y resistencia aragonesa

A la muerte de Abdarrahman Sanchuelo (1009), otro hijo de Almanzor, el califato se disgregó en taifas: Zaragoza y Lérida fueron centro de dos de ellas: la autonomía de la Marca Superior se convirtió en independencia en el s. XI. Los tuyibíes gobernaron desde 1018 a 1039, y los Banû Hûd en el periodo 1039-1110. Desde 1018, Mundir I ibn Yahya al-Tuyîbí, gobernador de Zaragoza, actuó como un verdadero soberano (con los títulos de al-Hâyib y al-Mansûr); trató de unificar el territorio de la Marca Superior: formó un gobierno y mandó gobernadores a las ciudades de su estado. El tercer tuyîbí (Mundir II) fue asesinado por un familiar suyo ('Abd Allâh) que fue incapaz de gobernar y huyó, dejando el reino de Zaragoza en manos de Sulaymân ibn Hud (1039). Los Banû Hûd retrasaron el avance del reino vecino de Aragón: Huesca no fue conquistada hasta 1096. Ahmad al-Muqtadir (1046-1082) y otros monarcas hudíes tributaron a los cristianos a cambio de ejércitos de mercenarios. Al-Muqtadir siguió una política de expansión territorial y centralización; aunque su posición respecto a los reinos cristianos era la más crítica -tenía fronteras con todos ellos (Castilla, Pamplona, Aragón, Ribagorza, Pallars, Urgel y Barcelona-, se extendió hacia Levante: se apoderó de Tortosa (1060) y Denia (1076) e incorporó Valencia como estado vasallo. Hacia el norte, incluyó Lérida, Balaguer y Tamarite, las plazas fuertes de la región de Graus, el norte de Huesca hasta Calahorra, y hacia el sur, por Soria hasta Gormaz. Por el sur limitaba con el reino de Toledo y el principado de Banû Razîn (Albarracín). Fue un reinado rico; en el alcanzó su máxima potencia y brillo cultural (numerosos sabios, poetas y escritores; construcción de la Aljafería -palacio-). Con al-Musta'in (1085-1110), el reino de Aragón progresó hacia el sur: Monzón (1089), y Huesca (1096) -una de las ciudades más importantes de los hûdíes-. Su hijo 'Abd al-Malik 'Imâd al-Dawla no pudo mantener la independencia entre sus potentes vecinos y hacerse respetar por sus súbditos, por lo que le destronaron y llamaron al almorávide Muhammad ibn al-Hâyy, gobernador de Valencia (1110); los almorávides también habían anexionado los Principados de Alpuente y Albarracin -zona de castillos gobernada por jefes militares de la familia de los Banû Razîn-: Abu Muhammad Hudail ibn Jalaf fue el primer señor razînî; declaró su independencia hacia 1012 y fue respetado por los Banû dil-nûn de Toledo y los Banû Hûd de Zaragoza. Pero el Cid (Jalón-Jiloca, Teruel) y Alfonso VI, tras la caída de Toledo (1085) sometieron a los Banû Razîn, aunque se mantuvieron hasta que el gobernador almorávide de Valencia, Ibn Fâtima depuso al último razînî Yahya ibn 'Abd al-Malik (1104). La ayuda almorávide fue solicitada por al-Mu'tamid ibn 'Abbâd de Sevilla., pues la toma de Toledo supuso la separación de Zaragoza del resto de al-Andalus; tras la batalla de al-Zallâqa (1086), los almorávides consiguieron unir nuevamente al-Andalus bajo su mando. Al-Musta'în fue obligado a mantener su neutralidad, y su independencia fue respetada por los almorávides hasta la muerte de al-Musta'în (1110).

La reorganización cristiana plenomedieval

Zaragoza permaneció poco tiempo en su poder, hasta la ocupación de Alfonso I el Batallador de gran parte del valle del Ebro (desde 1110). La Montaña aragonesa nunca había sido islamizada, aunque sí sometida, tras la conquista árabe de la Península; esta situación se mantuvo todo el siglo VIII hasta que la intervención carolingia en el s. IX: hacia el 800, el conde Aureolo, funcionario carolingio, se estableció en Sobrarbe -que pasó a su muerte a manos del walí de Huesca-, mientras que en el 806 el conde Guillermo de Tolosa incorporó Ribagorza y Pallars a su condado. Sobrarbe fue recuperada por el conde Aznar Galíndez I -también funcionario carolingio-, en 814, que se alió con el conde autóctono García I, hasta que fue enviado a cuidar la Marca Hispánica. Su hijo Galindo Aznárez I le sucedió y después recibió el encargo de ocupar el valle de Echo, donde, tras desintegrarse el imperio carolingio, dio origen al condado independiente de Aragón. En el 872, el conde Ramón I hizo independiente a Ribagorza y Pallars (donde se creó el nuevo obispado de Roda en 888); en 908-909 perdió el valle de Isábena y el castillo de Roda a manos de Muhammad al-Tawil, gobernador de Huesca, pero fue pronto recuperado por el conde Bernardo Unifredo (915). A Occidente, la expansión de Galindo Aznarez II -aliado momentáneamente a al-Tawil- fue frenada por Sancho Garcés I de Pamplona, que ocupó en 911 el sector oeste del valle del Aragón y en 920 el resto, junto con el distrito rural del Gállego, musulmán; se erigió el nuevo obispado de Aragón (922), con sede en Sasau, mientras que el distrito del Gállego fue colonizado por mozárabes de los alrededores de Huesca (hacia el 942). En 962, el límite oriental del reino de Pamplona llegaba hasta el río Ara. A finales de siglo, Almanzor asoló el condado aragonés, mientras que su hijo 'Abdalmalik ocupó en 1006 Sobrarbe y Ribagorza (incluida Roda).

En 1016-1018, Sancho Garcés III el Mayor arrebató a los musulmanes Aragón y Sobrarbe (con Boltaña y el valle del Cinca), y en 1025 incorporó Ribagorza, por renuncia de su condesa en la reina Mayor, su esposa; el monarca pamplonés restauró el monacato con ayuda del abad Paterno, que fundó una congregación benedictina, mientras que administrativamente delegó en "seniores" algunos castillos de Aragón y Sobrarbe, mientras fortificaba su frontera sur. Al morir (1035), dividió su extenso reino en cuatro partes: entregó Aragón a Ramiro I, y Sobrarbe-Ribagorza a Gonzalo; Ramiro amplió considerablemente sus territorios: el nacimiento del río Arba de manos navarras (1043) y el reino de Sobrarbe-Ribagorza por muerte de Gonzalo (1044); de nuevo del reino de Pamplona, los valles de Escá, Aragón y Onsella (1054). Se dirigió entonces contra el sur musulmán, aprovechando antiguas fortalezas musulmanas y otras nuevas para controlar los ríos (Aragón, Arba, Gállego, Cinca y Esera), vías de paso hacia los valles pirenaicos; en 1062 conquistó los territorios al sur de Ribagorza (Benabarre, Litera) e incorporó aquellos lugares conquistados por los condes de Urgell y Barcelona que se reconocieron como pertenecientes al condado de Ribagorza, al sur de Benabarre, pero, aliado con el conde Ermengol III de Urgell, fracasó en el intento de tomar Barbastro en 1064. Su sucesor, Sancho Ramírez consolidó el reino: estableció contactos diplomáticos con la Santa Sede: introdujo las corrientes europeas con la adopción de la liturgia romana, el establecimiento de monasterios benedictinos (San Juan de la Peña, San Victorián de Sobrarbe) y de la reforma gregoriana (abadías de Loarre, Alquézar y Montearagón).

En 1076 fundó Jaca, capital del reino y nueva sede episcopal de Aragón (trasladada desde Sasau); incorporó la parte oriental del reino de Pamplona (incluida la capital) -y el título de rey de Pamplona-, tras la muerte de Sancho Garcés IV. En 1069 tomó Alquézar y continuó la expansión desde 1078, con la conquista de Graus (1083), el valle de Ayerbe, y -en Navarra- Arguedas; trató de conquistar Huesca, Barbastro, Zaragoza y Lérida (1087-1094), ocupó la comarca de Cinco Villas, de manera que cercaba Huesca y amenazaba Zaragoza, desde la avanzada de El Castellar; completó el sistema defensivo erigiendo nuevas fortalezas y torres en la tierra llana y frente a los principales núcleos enemigos (Huesca, Barbastro, Zaragoza, Tudela, Lérida); en la parte oriental, más poblada, se establecieron también pequeñas guarniciones y villas que se entregaron como tenencia -para su administración y defensa, sin propiedad sobre ella- a nobles por los servicios prestados (honores). El futuro Pedro I incorporó la ribera oriental del Cinca (incluida Monzón en 1089); una vez coronado rey tomó Huesca (1096) y Barbastro (1100) y sus áreas de influencia; se acercó a Lérida, por los territorios al oeste del río Noguera; se detuvo ante las Bárdenas, Vialada, Monegros y Bajo Cinca.

El gran avance territorial por el valle del Ebro llevado a cabo en el s. XII lo motivó el ideal de Cruzada al que Alfonso I el Batallador se adhirió: las metas inmediatas eran ocupar Zaragoza y Lérida como puntos de partida hacia Tortosa y Valencia, los puertos de donde podría embarcarse con su ejército hacia Jerusalén.

A estas dos ciudades se dirigió desde 1104: al oeste, conquistó Ejea (1105) y amenazó Zaragoza desde Juslibol, mientras que al este logró entrar en Tamarite y San Esteban de Litera (1107). Tras una interrupción de diez años -ocupado en el Sur de Francia y la sucesión castellana-, inició la ocupación de Zaragoza con ayuda de franceses, navarros y vascos; su ocupación (1118) otorgó el dominio de numerosas plazas circundantes en los afluentes del Ebro, completado con la toma de las pertenecientes a los almorávides, al oeste: Tudela, Fitero, Tarazona y Borja y, al poco, Soria (1119). La segunda línea de penetración, por el Jalón-Jiloca, incorporó Cutanda -donde se derrotó a los almorávides- y Calatayud (1120), y continuó hasta Medinaceli y Sigüenza (1122). Emprendió, en segundo lugar, la captura de Lérida, desde las bases de Gardeny y Achón (1123), frente a aquella ciudad y a Fraga; la reacción almorávide le impidió lograr su propósito. La segunda etapa de su expansión la comenzó con la toma de Molina de Aragón (1128) como enclave para delimitar futuras incorporaciones territoriales ante Castilla; se pactó el reparto con Alfonso VII: las tierras de Soria serían aragonesas, mientras que las de Guadalajara pasarían a Castilla. Tras la actividad conquistadora, atendió a la repoblación de las nuevas tierras, a través de la concesión de un asentamiento ventajoso (fueros de Belchite -1119-, Daroca -1129-, y Calatayud -1130-), y la fundación de cofradías militares en lugares amenazados (Belchite, poco poblado -1122- y Moreal del Campo -1124-). La tercera etapa se dedicó a la consolidación de la frontera oriental: los planes de tomar Valencia fueron frustrados por el conde de Barcelona, así que puso la atención nuevamente en Lérida; tomó Mequinenza y los territorios entre el Matarraña y el Ebro (1133), pero el gran fracaso ante Fraga supuso, a la muerte de Alfonso I (1134), dejar abierta la frontera por este punto. El matrimonio de Petronila (hija de Ramiro II el Monje -con un breve reinado de tres años, ya sin Navarra-) con Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona (1137) supuso el origen de la Corona de Aragón, al unirse los dos reinos en la persona del hijo de ambos, Alfonso II el Casto, rey de Aragón (que dio nombre a la nueva unidad política, al tener preeminencia protocolaria) y conde de Barcelona (desde 1162); cada uno mantuvo su propio sistema de gobierno.

Ramón Berenguer IV, que actuó como príncipe de Aragón, continuó la expansión territorial del Reino (y del condado de Barcelona): en 1141 recuperó la comarca de Sariñena y la del Bajo Cinca; en 1142 también Monzón, y se otorgó fuero a Daroca, poco poblada; Ontiñena cayó en 1147, base de las operaciones hacia el Segre, para acudir después al sitio de Almería como vasallo de Alfonso VII el Emperador, rey de Castilla y León. La importante plaza de Tortosa se obtuvo en 1148, que concedió el dominio del Bajo Ebro y aisló la taifa de Lérida, caída al mismo tiempo que Fraga (1149). Quedó abierta la conquista del Bajo Aragón, facilitada por la debilidad almorávide ante cristianos y almohades -musulmanes-; él mismo todavía ocupó Alcañiz, en 1157 (poblada a fuero de Zaragoza), mientras que los pactos con Ibn Mardanis de Valencia y Alfonso VII de Castilla garantizaron la intervención en Levante. Alfonso II completó la ocupación de las tierras de Teruel, desde 1163, por los ríos Martín, Guadalope y Matarraña; con la ocupación de núcleos como Caspe, Fabara, Valderrobles, Calanda y Castellote, entre 1166 y 1169, se reunió, casi completamente, los territorios del actual Aragón -Teruel cayó en 1171-.

De la expansión del siglo XIII al turbulento siglo XV

La vinculación de la dinastía barcelonesa con los señoríos del sur de Francia (señorío de Provenza, fidelidad de Occitania, pacto con el conde de Tolosa) exigió la intervención de Pedro II el Católico -casado en 1204 con María de Montpellier, que aportaba su señorío como dote- ante el deseo anexionista de la Francia del norte, aprovechando la ocasión que les brindaba la cruzada antialbigense convocada por el papa Inocencio III (1208); la dura actuación de los cruzados movió al conde de Foix y al vizconde de Carcasona-Razés a solicitar la ayuda del rey, que se entrevistó sin éxito (1210) con Simón de Monfort, jefe de la cruzada, para lograr una solución pacífica, y envió una embajada a Roma (1212), que no pudo cambiar la decisión del Pontífice de, no sólo eliminar la herejía cátara, sino entregar Occitania a los Capeto franceses; el propio rey acudió a tierras tolosanas tras participar en las Navas de Tolosa, dispuesto a defender a sus vasallos, pero murió en Muret (1213) ante los cruzados. Su sucesor, Jaime I, todavía fue señor de Montpellier, pero se ocupó preferentemente de la continuación de la guerra contra los musulmanes, en Mallorca (rendida en 1229) y Valencia, en esta con la ayuda del aragonés Blasco de Alagón; desde Teruel (y Barcelona) se enviaron las expediciones que tomaron la capital (1238) y desde donde se consolidó la región montañosa lindante con Castilla (Utiel y Requena).

Otro aragonés, Artal de Alagón, sometió Villena y Sax (1239), lo que movió a Fernando III de Castilla a entrar en Murcia y Alicante. La aportación aragonesa a la conquista de Valencia fue grande: en sus orígenes se trató de una empresa de la nobleza de Aragón, especialmente en el norte, pero luego participaron también los concejos aragoneses (y catalanes) en el sur. La unión con Cataluña supuso en parte subordinarse a su política de expansión territorial y comercial por el Mediterráneo, a partir de la segunda mitad del siglo XIII. Pedro III conquistó Sicilia ante la penetración de los angevinos en el mercado tunecino, pero tuvo que hacer frente a Carlos de Valois, a quien el Papa Martín V designó como gobernante de la Corona aragonesa, que atacó por los Pirineos con ayuda de Felipe III de Francia; la ocasión fue aprovechada por la nobleza aragonesa para defender sus privilegios en la Unión aragonesa ante el monarca. Tras la política de castigo de Alfonso III, Jaime II y Alfonso IV lograron reconducir la situación en el Mediterráneo, con el tratado de Anagni (1295), por el que se renunciaba teóricamente a Sicilia y Mallorca, pero se convertían en aliados comerciales. Esto permitió la intervención en la guerra civil castellana (1295-1312) con la esperanza de obtener el reino de Murcia, que no se logró, aunque sí Alicante (1304); se logró en 1323-24 la conquista de Cerdeña. Alfonso IV el Benigno continuó la política territorial en esta isla -clave en el comercio mediterráneo, y minas de plata de Iglesias y salinas de Callari- (con sublevaciones internas continuas y presiones genovesas), apoyado por los mercaderes y la nobleza catalana, y también los nobles aragoneses. Las relaciones con Castilla fueron buenas gracias a su matrimonio con Leonor de Castilla. La expansión por el mediterráneo movió a Pedro IV a unificar la política de todos los estados regidos por catalanes: Mallorca (anexionó la isla entre 1343 y 1349). La sublevación de la nobleza aragonesa y valenciana, encabezada por los infantes Jaime de Urgel y Fernando, al ser nombra Constanza -hija de Pedro IV- como heredera, fue finalmente vencida en 1349, y abolidos sus privilegios. La Peste Negra de 1348-50 afectó a los territorios de la Corona de Aragón; Cerdeña quedó desguarnecida y las salinas de Callari abandonadas; ante el peligro que corría el comercio catalán y los ingresos de la monarquía, se enviaron nuevos contingentes a la isla. Fue atacada por los genoveses (apoyados por los castellanos) y tuvo que ser defendida con ayuda de los venecianos. Tras la muerte de Martín I sin hijos (1410), se impuso como heredero el infante Fernando de Antequera, regente de Castilla, elegido por representantes de los tres reinos de la Corona en Caspe (1412).

Fernado I apoyó el comerció catalán en el Mediterráneo, que amplió y mantuvo mediante tratados de paz con Génova y la pacificación de Sicilia y Cerdeña. Su hijo, Alfonso V, emprendió una política de grandeza que agravó los problemas de la Corona: intentó hacer efectivo el dominio sobre Córcega, con oposición genovesa; la posibilidad de ocupar el reino de Nápoles le hizo desistir definitivamente. Nápoles se convirtió en el eje de sus dominios, abandonando los reinos peninsulares, cuyo gobierno confió a su mujer, María de Castilla, y su hermano, Juan de Navarra, con dificultades para gobernar por el esquema autoritario que rebajaba el papel de la nobleza aragonesa y las Cortes catalanas. Juan II se encontró, en la segunda mitad del s. XV, con el descontento social de los campesinos y pequeños comerciantes catalanes ante la mala situación económica, y con el de la nobleza y grandes comerciantes por ser relegados políticamente. Tras el enfrentamiento entre los partidos de la Busca y la Biga en Barcelona, la Diputación de Cataluña prohibió la entrada del monarca en el Principado sin permiso, que aceptó hasta que encontró ayuda exterior en las tropas de Luis IX de Francia, que le retiró su apoyo cuando se nombró rey de Cataluña a Renato de Anjou. Juan II obtuvo entonces el apoyo de Castilla mediante el matrimonio de su hijo Fernando con la infanta Isabel de Castilla; la Diputación fue vencida en 1472, pero la Corona de Aragón quedaría subordinada a la de Castilla.

Edad Moderna

La unión entre las dos Coronas durante la Edad Moderna se realizó según el esquema aragonés: cada reino mantuvo sus propias instituciones. Hasta Carlos I no se crearon organismos comunes, sin suprimir los antiguos; el principal fue el Consejo de Aragón, del que se creó el Consejo de Italia en 1555. La pérdida de importancia política en el s. XVI fue acompañada por una gran agitación social, entre bandos nobiliarios y de sus vasallos contra ellos, además de los originados por el descontento hacia la preeminencia castellana. El caso de Antonio Pérez, secretario de Felipe II huido de la Corte y refugiado en Aragón, fue la culminación del proceso: la negativa del Justicia Mayor de Aragón, Juan Lanuza, a entregarlo al ejército real, le costó la vida y la supresión de algunas instituciones propias (1591), intensificándose el proceso de integración en la monarquía hispánica, aunque las Cortes de Tarazona (1592) mantuvieron los fueros aragoneses. La expulsión de los moriscos de 1610 afectó fundamentalmente a Aragón, por el vacío demográfico que originó (hasta un 16 % de la población) y el transtorno que supuso a la economía (a la agricultura. la artesanía y la construcción).

En el s. XVII, el reino de Aragón se mantuvo fiel al rey (Felipe IV ) en la guerra contra la secesión de Cataluña (1640-1652); el virrey de Aragón, duque de Nochera, realizó una intensa labor diplomática que no alcanzó el éxito. Comenzadas las hostilidades, hubo que organizar la defensa ante los ataques de catalanes y franceses; los aragoneses contribuyeron con subsidios y alojamiento de los ejércitos reales, y con tropas propias. Aragón aceptó inicialmente el testamento de Carlos II, y Felipe V juró los Fueros en 1701 y celebró Cortes en Zaragoza (1702). Sin embargo, la presión fiscal y la labor del conde de Cifuentes en el Bajo Aragón a favor del archiduque Carlos, movieron a los aragoneses a ponerse al lado del pretendiente cuando este fue proclamado rey en Madrid por sus partidarios (1706); Zaragoza fue el centro organizador de las ofensivas contra la comarca de las Cinco Villas y el noroeste de Aragón. Expulsadas las tropas del archiduque tras la batalla de Almansa (1707), Aragón vio como eran suprimidos sus fueros e instituciones con el Decreto de Nueva Planta;; todavía Felipe V tuvo que retirarse de la ciudad en 1710, pero la recuperó definitivamente a finales de año. El consejo de Aragón fue incorporado al de Castilla y se introdujo impuestos castellanos como las alcabalas; el reformismo borbónico, no obstante, se apoyó a lo largo del s. XVIII en una serie de políticos e intelectuales de la región: Aranda, Luzán, Piquer, y en la Real Sociedad Económica de Amigos del País. La apertura del Canal Imperial (1788) mejoró el regadío aragonés.

La guerra de la Independencia (1808-1814) afectó profundamente a Aragón, como zona inmediata de paso entre Francia y el interior de la Península; las derrotas españolas en el valle del Ebro colocaron a Zaragoza en estado de sitio desde junio de 1808, que se intensificó el año siguiente con la llegada de nuevos ejércitos y la caída de otras ciudades aragonesas (Calatayud, Huesca); a pesar de la heroicidad de sus defensores (Palafox, Agustina de Aragón), la ciudad cayó en febrero en manos francesas. Los aragoneses prosiguieron la guerra mediante la táctica de guerrillas, más móviles que el ejército francés: Pedro Villacampa en Teruel y Calatayud, Felipe Perena en el Cinca, y otros (el Empecinado atacó Calatayud en 1811); entre 1813 y 1814, finalmente, el territorio aragonés pasó progresivamente a manos españolas: Zaragoza fue tomada en julio de 1813.

Edad Contemporánea

Tras la muerte de Fernando VII, el levantamiento carlista contra el nombramiento de Isabel II como heredera del trono encontró importante apoyo en el Bajo Aragón, en el que se había extendido el descontento hacia el gobierno vigente; desde 1833 se organizaron diversas partidas no demasiado numerosas y de corto alcance, lideradas por cabecillas con prestigio: Carnicer, Conesa, Quílez. A partir de 1835 Cabrera quedó como Comandante General del Bajo Aragón, la principal autoridad carlista en Aragón y Valencia hasta el fin de la guerra; se estructuraron las partidas con la consistencia de un ejército y gran parte de la provincia de Teruel quedó bajo dominio carlista, con algunos lugares clave para el abastecimiento y la obtención de información sobre el enemigo, como Beceite y Cantavieja. En 1837, la "Expedición Real", que pretendía coronar a d. Carlos en Madrid, cruzó la provincia de Huesca desde Navarra, derrotando en Huesca y Barbastro a las tropas liberales; tras descender por Cataluña y Valencia, atravesó de nuevo Aragón por Teruel, camino de Castilla, a lo largo del Jiloca. Desde 1838 fueron numerosas las acciones carlistas sobre las ciudades del sur del Ebro, pero en 1839 Espartero les confinó en el Maestrazgo, tras una línea de fortificaciones, y la ofensiva liberal desde el norte y el sur les rindió en 1840.

En la época de la Restauración borbónica, la alternancia en el poder de liberales y conservadores sólo tendió a cumplirse en Aragón durante el reinado de Alfonso XII (1874-1885) y los primeros años de la Regencia, deteriorándose visiblemente después; la región registró cierta polarización de tendencias: Huesca fue predominantemente liberal, mientras que Teruel se decantó por los conservadores; Zaragoza, por su parte, registró una presencia igualada de las dos fuerzas políticas, además de otras, como republicanos, regionalistas y social-católicos que no tenían representación en otros lugares. La estabilidad de la época permitió la reconstrucción económica: en Aragón, el campesinado pudo acceder a la propiedad de la tierra en mayor medida que en otras regiones españolas; se extendió el regadío, que recibió la atención constante de reformadores como Joaquín Costa y Lucas Mallada (en 1902 se aprobó el Plan Nacional de Obras Hidráulicas y en 1926 se crearon las Confederaciones Sindicales Hidrográficas, para un aprovechamiento coordinado del agua), y sobre él se desarrolló una importante industria agroalimentaria, con el azúcar (que permitió la creación de una banca autóctona aragonesa -en 1876, el Banco de Crédito de Zaragoza-, la harina y el aceite como productos básicos. Zaragoza se convirtió en un importante nudo ferroviario, que comunicaba con Francia, Barcelona y Tarragona, Valencia y Sagunto, Madrid y Valladolid, y Pamplona y Logroño; la red eléctrica, aunque se retrasó hasta finales de los años 90, aunque el uso mayoritario del sistema hidráulico lo extendió rápidamente.

La tendencia política de finales del s. XIX y principios del XX se repitió durante las elecciones bajo la II República; repartido casi por igual entre el Frente Popular, que triunfó en Huesca y Zaragoza, y la CEDA , que obtuvo la victoria en Teruel, con una leve presencia Radical en Daroca. La sublevación del Ejército en 1936 se hizo con el control inicial de todo Aragón, aunque milicias populares recuperaron a finales del verano la mitad oriental de la región; el frente se mantuvo estable durante dos años, dividiendo en dos mitades verticales Aragón, que sufrió las peores batallas de la Guerra Civil. En la zona republicana, sindicalistas y anarquistas establecieron el colectivismo, eliminando a sus propietarios; pero escaparon al control del gobierno y Negrín las disolvió con el apoyo de los comunistas. El frente se rompió cuando el ejército republicano atacó sin éxito Huesca, pero rindiendo Belchite y Teruel en dura batalla (1937); pero la estrategia del ejército franquista de separar en dos la zona republicana dirigiéndose hacia el Mediterráneo concentró sus esfuerzos en el Ebro, y la reconquista de Teruel en 1938 derrumbó la defensa republicana (toma de Belchite, Alcañiz, Fraga al norte); hacia mayo casi toda la región estaba ocupada. La guerra destrozó la infraestructura económica, además de las pérdidas humanas; la reconstrucción se inició lentamente, primero, para tomar velocidad después: se incidió de nuevo en los sistemas de regadío, con la inauguración del pantano de Yesa y el canal de las Bárdenas (1959); Zaragoza se convirtió en el foco industrial de toda la región, afectada de una intensa emigración hacia las capitales circundantes: Madrid, Bilbao, Barcelona y Valencia.

La Comunidad Autónoma actual

Aragón manifestó su autonomía en diciembre de 1977, cuando se redactó el Estatuto de la Comunidad, que no se aprobó definitivamente hasta el 10 de agosto de 1982. El órgano de poder ejecutivo, se instituyó provisionalmente en 1978, y en 1983 se celebraron las primeras elecciones a Cortes. Las Cortes de Aragón, con residencia en el Palacio de la Aljafería de Zaragoza, están integradas por 67 diputados representantes del pueblo aragonés; ejercen el poder legislativo, aprueban los presupuestos regionales y controlan la acción de la Diputación. El Tribunal de Justicia de Aragón -institución de origen medieval- tiene la función de defender los derechos de los aragoneses y tutelar el ordenamiento jurídico aragonés. La Diputación General de Aragón está compuesta por el Presidente y los consejeros designados por él; el Presidente es elegido por las Cortes entre sus diputados, y se ocupa, con sus consejeros de la acción de gobierno. El principal problema de la actual comunidad de Aragón es el contraste entre el valle del Ebro (que centraliza el regadío y las principales actividades económicas -centro del triángulo de las regiones más industrializadas-, las comunicaciones, y la población en la capital de la región, Zaragoza) y los rebordes montañosos en las provincias de Huesca y Teruel, rurales y despobladas que, no obstante, forman parte del patrimonio natural y artístico de Aragón.

 

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Arte y Cultura

Las manifestaciones artísticas en Aragón son reflejo de su proceso histórico y, por tanto, más ricas en momentos de mayor gran protagonismo de la región. Es poco lo que se conserva de época romana y visigoda: villa Fortunatus en Fraga o el templo-mausoleo de Lucio Emilio Lupo en Fabra (Zaragoza), y algunos arcos de herradura en San Juan de la Peña.

Del periodo árabe son las mezquitas de Huesca y Zaragoza, la influencia musulmana en campanarios pirenaicos y, sobre todo, la Aljafería de Zaragoza, reconstruida hacia 1047 por al-Muqtadir.

Los estilos más característicos de la región son el románico al norte, y el mudéjar al sur: el románico, procedente de Cataluña, se manifiesta en la catedral de Roda (1056-67) y la de Jaca, la más representativa, foco de una escuela arquitectónica y escultórica. San Juan de la Peña (1080) destaca por su ubicación injertada en la roca. Loarre es uno de los primeros castillos románicos. El románico del s. XII encuentra su modelo en el monasterio de Santa María en Santa Cruz de la Serós. La escultura románica ofrece imágenes de Cristo y la Virgen casi en exclusiva. En el siglo XIII aparecen los primeros arcos apuntados y se desarrolla el mudéjar (S. Pablo de Zaragoza), con la culminación de este estilo entre los s. XIV y XV: San Andrés y Santa María en Calatayud, la Parroquieta de la Seo de Zaragoza y las cuatro torres mudéjares de Teruel; son especialmente interesantes los artesonados de madera de la catedral de Teruel, o la capilla del castillo de Mesones en la Parroquieta.

El mejor representante del gótico -poco extendido- es la catedral de Huesca, la de Tarazona, y algunos monasteros cistercienses; el más destacado escultor es Juan de la Huerta, compañero de Claus Sluter, que realizó el retablo de los Corporales en Daroca. El plateresco es poco empleado en edificios completos, más frecuentemente se encuentra en portadas que cubren edificios más antiguos. Forment fue el autor del retablo mayor del Pilar y del de la catedral de Huesca, iniciador de una larga escuela. El barroco no fue muy seguido: la iglesia de las Escolapias de Zaragoza posee además pinturas de Claudio Coello; este comienza la escuela que culmina en los hermanos Bayeu y los frescos de Nuestra Señora del Pilar. La obra más representativa del neoclásico es también el símbolo de Zaragoza: la Basílica de Nuestra Señora del Pilar. Son atractivos los grandes grupos escultóricos de la Asunción, en diversas iglesias. En pintura, es de nuevo la Basílica del Pilar la mejor muestra, con frescos de Bayeu, el conocido Francisco de Goya, y González Velázquez. A partir del s. XIX, cambia la orientación del arte y de la cultura; las viejas formas se utilizan con funciones diferentes, sustituidas luego con el uso de nuevos materiales, como el hierro.  Enciclopedia Universal DVD ©Micronet S.A. 1995-2004.

El himno de Aragón - Historia

Según la Ley 3/1989, de 21 de Abril, la Comunidad de Aragón cuenta con su propio himno.

La letra es de los poetas aragoneses Ildefonso Manuel Gil López (Poeta y novelista, nace en Paniza (Zaragoza) en 1912. Licenciado en Derecho por la Universidad de Madrid y doctor en Letras, impartió clases de filosofía en la Universidad de Zaragoza, y literatura española en Nueva York. Considerado patriarca de las letras aragonesas, Ildefonso Manuel Gil, fallece el lunes 29 de Abril de 2.003, en su domicilio de Zaragoza), Angel Guinda( Ángel Guinda nació en Zaragoza el 26 de agosto de 1948.), Rosendo Tello(nace en Letux-Zaragoza, 1931. poeta y ensayista) y Manuel Vilas(nace en Barbastro, Huesca, España, 1962). La música fue compuesta por el maestro, aragonés también, Antón García Abril (nace en Teruel en 1933, Su obra sinfónica es muy extensa, abarcando la mayoría de las Formas Musicales: ópera, obras para orquesta, cantatas, conciertos, ( violín, piano, guitarra, violonchelo, flauta, dos pianos), música de cámara, destacándose en esta última, sus numerosos ciclos de canciones inspirados en los más prestigiosos poetas españoles; está en posesión de numerosos galardones y premios).

La letra del himno es la siguiente:

Nos ha llevado el tiempo al confín de los sueños.
Un nuevo día tiende sus alas desde el sol.
Oh tambores del cierzo, descorred ya las nubes,
y a las cumbres ascienda la voz.

El paso de los siglos trazó su destino
que llama a la justicia y a la libertad.
Germinarán los campos, abiertos a sus cielos,
con la verde espiga, los racimos de oro
y el inmarchitable olivo de la paz.

¡Luz de Aragón, torre al viento, campana de soledad!
¡Que tu afán propague, río sin frontera, tu razón, tu verdad!
Vencedor de tanto olvido, memoria de eternidad,
pueblo del tamaño de hombres y mujeres, ¡Aragón, vivirás!

Resplandece el tiempo;
llega ya la edad,
para que la piedra
sea manantial,
de enlazar nuestras vidas
y entonar las voces.

Desde las blancas cimas donde duerme la nieve
hasta los llanos rojos que mece el aire azul,
un claro cielo enciende, con la frente en el agua,
sus coronas radiantes de luz.

Abramos las ventanas, que cante la noche,
y al ritmo de la vida, en rueda de amor,
se estrecharán las almas, cogidas de la aurora.
Brille la esperanza, se abran los caminos
en la tierra grave como un corazón.

¡Luz de Aragón, torre al viento, campana de soledad!
¡Que tu afán propague, río sin frontera, tu razón, tu verdad!
Vencedor de tanto olvido, memoria de eternidad,
pueblo del tamaño de hombres y mujeres, ¡Aragón, vivirás!

¡Tierra abierta, pueblo grande, Aragón!
¡Patria mía, patria mía, Aragón!
 

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MITOS Y LEYENDAS

La Princesa Pyrene

Túbal, el mitológico nieto de Noé y primer poblador de la península, tenía una hija, Pyrene, dotada de todas las gracias de la feminidad. La fama de su belleza llegó a oídos del horrible Gerión, monstruo de tres cabezas y pastor de brutales costumbres, que decide hacerla su esposa. Pero Pyrene se niega a los deseos del pastor y huye hacia el Norte, ocultándose en un monte cerca del Mediterráneo. Gerión la busca enfurecido por entre las cuevas y revueltas del monte y al fin, desesperado por no encontrarla, decide prender fuego al monte.

Por aquel entonces Hércules volvía a Italia tras cumplir uno de sus trabajos, cuando observó la enorme humareda que se elevaba al norte. Al acercarse oyó los gritos pidiendo auxilio de la desesperada Pyrene, pero cuando llegó a rescatarla ésta ya estaba agonizante. Sin embargo, aún tuvo tiempo de contarle su historia.

Hércules decidió enterrarla en aquél mismo lugar, preparándole un colosal mausoleo en honor a su belleza y su valor. Así, cogiendo las rocas del incendiado monte, fue montando unos sobre otros los enormes peñascos hasta formar la hermosa cordillera que, en recuerdo de la hija de Túbal, se llamaría Pirineos

La Leyenda de la Campana de Huesca, aparece por primera vez en la Crónica de San Juan de la Peña (siglo XIV). En esta Crónica se cuenta que los nobles aragoneses desobedecían a su rey, Rarniro II el Monje (que fue rey de Aragón entre 1134 y 1137), teniendo aquellos al reino sumido en el desorden. El monarca decidió entonces pedir consejo al que había sido su maestro en el monasterio francés de San Ponce de Torneras, en el que Ramiro había sido monje. Su antiguo maestro, condujo al mensajero del rey al huerto del monasterio y por toda respuesta, cortó las coles que más sobresalían diciéndole que contara a su rey cuanto había visto. Ramiro, al conocer lo sucedido, comprendió que el huerto simbolizaba su reino y que las coles eran sus nobles más poderosos. Decidido ya a terminar con la nobleza, el rey convocó Cortes en Huesca, pretextando para ello que quería hacer una campana tan grande, que se oyera en todo el reino. Pero cuando los principales nobles llegaban a palacio, los hombres de Ramiro los detenían y decapitaban de inmediato. Tras este castigo, Ramiro II consiguió devolver la paz a su reino.

Los amantes de Teruel

Cuenta la tradición que a principios del siglo XIII vivían en Teruel los jóvenes Diego Martínez de Marcilla e Isabel de Segura. El trato constante desde la infancia entre ambos, se convirtió con el tiempo en profundo amor. Diego solicitó de don Pedro Segura la mano de su hija Isabel. Este rehusó aceptar alegando la escasez de fortuna del jóven. Diego resolvió entonces pedir a su amada un plazo de espera para lograr la hacienda necesaria al deseo de su padre; Isabel le concedió cinco años y él partió a la guerra.

Llegado el fin del plazo y como Diego no regresaba, don Pedro apremió a su hija para que se casara y ésta, viendo que el plazo habia pasado sin tener noticias de su amante, aceptó.

Diego regresó cargado de honores y riquezas cuando Isabel pertenecía ya a otro hombre. El amante, desesperado, se reunió con su amada para despedirse de ella rogándole que, en prenda de su imposible amor, le diera un beso, con lo cual se consideraría satisfecho. Isabel, invocando su honestidad se lo negó y Diego cayó muerto a sus pies.

Durante la celebración del entierro en la iglesia de San Pedro, todos los asistentes vieron como una dama encubierta se acercaba al cuerpo inanimado de Diego y, llegando hasta él, descubría su rostro y lo beaba quedando allí reclinada. En el momento de iniciarse el entierro, fueron a rogarle que se retirara viendo entonces que se trataba de Isabel de Segura quien no obedecía a sus ruegos porque estaba ya muerta.

La Dolores

La historia de La Dolores se basa en una copla anónima que cuenta las aventuras de una joven honesta y caritativa que sirve en un mesón de Calatayud. Seducida por un barbero llamado Melchor es pretendida, a la vez, por Patricio, un rico mercader y por un sargento petulante llamado Rojas. De la muchacha se enamora locamente el seminarista Lázaro, sobrino de la mesonera. La historia termina con la muerte de Melchor al recibir una puñalada de manos de Lázaro.

La ficción se mezcla con la realidad y ésta responde a que La Dolores, de nombre María de los Dolores Peinador Narvión, fue una mujer sumamente bella. Nació en Calatayud (Zaragoza), el 13 de mayo de 1819, en una distinguida familia. Al morir su madre le dejó una cuantiosa herencia que el padre se encargó de administrar. Tras la boda de la joven, en 1839, comenzaron sus desgracias. Entabló interminables litigios con su padre por la herencia materna y llevó una desordenada vida matrimonial, por lo que acabó en la miseria, surgiendo entonces la copla popular. Dolores Peinador murió en Madrid en agosto de 1894 y fue enterrada en el cementerio de la Almudena.

La labor de investigación, que ha permitido conocer la historia de esta desdichada mujer, ha sido realizada por Antonio Sánchez Portero. En su ciudad natal, Calatayud, se conserva el Mesón de la Dolores, antes conocido como Posada de San Antón, y el Museo de la Dolores, en el que se recogen los recuerdos de la vida de Dolores Peinador hasta convertirse en leyenda.

El Romero de Loarre

Cuenta la leyenda que San Demetrio viajaba por la sierra de Loarre acompañado de una mula ciega. Al pasar por Loarre la mula tropezó en una mata de romero, cayendo ambos al suelo, con tan mala fortuna que ambos quedaron heridos de muerta. Pero, San Demetrio, antes de morir dijo que ya nunca más nacería romero en el monte de Loarre.

Y así sucedió. Se puede encontrar romero en la muga de otros pueblos, pero no en el monte de Loarre.

Santa Orosia

Nacida probablemente en Jaca en el siglo IX, Eurosia (que significa "buena rosa"), murió a manos musulmanas a orillas del río Basa defendiendo su virginidad y su fe en Cristo. Sus asesinos la descuartizaron y abandonaron sus restos en una cueva.
Tiempo después, un ángel se le apareció a un pastorcillo del lugar, y le indicó dónde se hallaban los restos de la devota y cómo habrían de ser llevados a la catedral de San Pedro, de Jaca.

Cuando el pastor llegó a la cueva, sólo halló allí la cabeza y el tronco. La primera quedó en la iglesia parroquial de Yebra, para ser venerada en el lugar del suplicio. El tronco, en las alforjas del pastor, tomó el camino de Jaca.
Al paso de la mártir, las campanas de las iglesias de los pueblos tañían solas, y llovía copiosamente sobre los campos que agonizaban de sed. En Jaca, las campanas anunciaron su llegada y todo el pueblo recibió con alborozo su reliquia, haciendo de aquella "buena rosa" su patrona: Santa Orosia.

La brecha de Roldán

Roldán, sobrino de Carlomagno, luchaba en la batalla de Roncesvalles, cuando su caballo, “Vigilante”, cayó muerto y él atrapado por el peso de su montura. Carlomagno viendo perdida la batalla y a su sobrino dado por muerto huye a Francia.

Cuando Roldán despierta, se encuentra sólo y ayudado por la moche escapa dirección a Francia hasta llegar a Ordesa. Herido de muerte, sólo desea volver a ver su tierra.

Cuando ya se siente acorralado por soldados y perros decide que aunque el no llegue a su patria, por lo menos su espada “Durandarte” legue a Francia.
De tal modo que levantó su espada y la arrojó con tal fuerza que fuera a caer al otro lado de las montañas. La espada golpeó contra la roca, la atravesó y formó una brecha desde donde Roldán vez por última vez su patria.

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ECONOMÍA

Su economía tradicional, perteneciente al sector primario, con predominio de los cultivos cerealísticos y forrajeros, apoyados por una cabaña ovina importante, se ha visto muy modificada en los últimos años por el ascenso imparable del sector terciario, donde destaca el comercio, seguido del turismo. A estos efectos resulta destacable el papel de Zaragoza y su capacidad comercial y logística en el sector noreste peninsular.

El PIB de Aragón supone el 3% del PIB total de España, situándose el PIB per cápita, en el año 2005, en 22.403 €. La empresa Opel (General Motors) tiene una planta situada cerca de la ciudad de Zaragoza, en el municipio de Figueruelas. Existen otras empresas importantes en generación eléctrica como Endesa con su Central Térmica Teruel, en Andorra; la papelera SAICA, en Zaragoza; o la maderera de Cella, la tercera de Europa.

Sus productos tradicionales son ya conocidos a nivel internacional, destacando el Ternasco de Aragón, los vinos del Somontano, el Jamón de Teruel, el aceite de oliva del Bajo Aragón, el Melocotón de Calanda y la almendra. Las denominaciones de origen existentes les han ayudado a abrir nuevos mercados internacionales como Japón o Estados Unidos además de Europa.

El futuro se perfila hacia el crecimiento del sector terciario, el mantenimiento del secundario, y la reducción paulatina del terciario, al igual que la mayoría de las economías occidentales. Como actividades económicas importantes destaca el crecimiento del turismo deportivo, potenciado a través de Aramón, es decir, el conjunto de las estaciones de esquí; si bien se está desarrollando un fenómeno reciente facilitado por la mejora de las comunicaciones por carretera (Autovía Mudéjar), como es el turismo cultural, donde la ciudad de Teruel se está convirtiendo en un centro de atracción a nivel nacional, gracias a su patrimonio histórico (el Mudéjar), el parque temático Dinópolis y su cercanía a Albarracín.

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MEDIO FÍSICO

La Comunidad Autónoma de Aragón se halla situada en el cuadrante nordeste de la Península Ibérica y comprende las provincias de Huesca, Teruel y Zaragoza. Tiene una superficie de 47.645,8 Km2. que representa el 8,6% del total de España y el 1,5% del territorio de la Unión Europea (Cuadro 1).

Su orografía delimita tres zonas claramente diferenciadas: la cordillera pirenaíca al norte, el Sistema Ibérico al Sur, y la depresión del Ebro en el centro de ambas. La altimetría es muy variable, yendo desde los 190 a los 3.000 metros, lo cual tiene un efecto importante en la definición del clima, caracterizado éste por grandes contrastes térmicos, vientos fríos y secos y una escasa e irregular pluviometría. En la zona central de la depresión del Ebro, donde se asientan gran número de cultivos, las precipitaciones no alcanzan los 350 mm.

La comunidad aragonesa tiene 729 municipios (Cuadro 2), distribuídos así: 202 en Huesca, 236 en Teruel y 291 en Zaragoza. Una característica del tejido municipal es el desequilibrio de su tamaño poblacional, debiendose resaltar que de un total regional en torno a los 1.200.000 habitantes, la mitad reside en la capital de Zaragoza y el segundo núcleo -Huesca- pasa a tener solo un censo algo superior a los 45.000, lo que da una idea exacta de la ausencia de jerarquía urbana en la comunidad. Del conjunto de 729 municipios aragoneses, únicamente 20 superan los 5.000 habitantes, y en el otro extremo el 70% de ellos tienen menos de 500 habitantes.

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ESPACIOS PROTEGIDOS

La Comunidad Autónoma de Aragón cuenta con ocho espacios protegidos, uno de los cuales está declarado Parque Nacional, el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, en Huesca.

En conjunto los espacios protegidos aragoneses ocupan una superficie aproximada de 102.489 ha, y son los siguientes:

  • El Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido se encuentra en la provincia de Huesca. Se trata del macizo calizo más alto de toda Europa y está dominado por el Monte Perdido del que nacen los cuatro valles principales: Ordesa, Añisclo, Escuain y Pineta. El paisaje es grandioso y está cubierto de nieve gran parte del año. En él se aprecian las huellas de los grandes glaciares en forma de circos convertidos en lagos o glaciares suspendidos.

    La vegetación es muy variada y se encuentran formaciones que van desde las de ribera y ambientes húmedos hasta los prados alpinos; también se encuentran representados los bosques de encina, roble, pino silvestre, haya, abeto y pino negro. En este entorno vive una especie en peligro de extinción, el quebrantahuesos. Otra de las especies propias de este hábitat ya extinta es el bucardo. También habitan truchas, desmanes y tritones en las aguas frías; mientras que en los bosques se refugian el jabalí, el zorro, el armiño y la marmota. Las aves están representadas por el águila real y la perdiz nival.

  • El Parque Natural de la Dehesa del Moncayo se encuentra en el provincia de Zaragoza y es un claro ejemplo del paisaje de montaña ibérico. Se extiende desde la cota de los 900 m de altura hasta el cerro de San Miguel (2.316 m). A lo largo de este desnivel se desarrolla una vegetación muy variada de encinares, robledales, hayedos, pinares y piornales.

    La gran riqueza de vegetación favorece la existencia de una fauna muy variada, entre los que destacan la perdiz pardilla, el buitre leonado y el águila real.

  • El Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara se encuentra en la provincia de Huesca. Se trata de un extenso parque prepireanico que se extiende a lo largo de las sierras de Guara, Gabardiella, Arangol, Balcés y Sevil y los cañones de los ríos Fulmen, Guatizalema y Alcanadre o Vero, que cortan las sierras mediante profundos barrancos casi inaccesibles, donde se practica el barranquismo.

    En cuanto a la vegetación, en las zonas de sol crecen encinares y quejigales, mientras que en la umbría se desarrollan los robledales. En las paredes rocosas viven diversas rapaces.

  • El Parque Natural de Posets-Maladeta está situado en la provincia de Huesca, en el Pirineo central. Se extiende desde el fondo del valle hasta la cima del pico Aneto; en este territorio se encuentran varios macizos de gran altura como el de la Maladeta. En esta zona es donde el relieve glaciar ha dejado su huella más profunda.

    Además de poseer los glaciares más extensos del Pirineo, cuenta con numerosos ibones. Hasta los 2.300 m de altura hay hayedos y pinares de pino silvestre y de pino negro. Más arriba se suceden los prados alpinos, los roquedos y las nieves a lo largo de todo el año, en donde viven el sarrio, la marmota y la perdiz nival.

  • La Reserva Natural de los Galachos de la Alfranca de Pastiz, la Cartuja y el Burgo de Ebro está situada en la provincia de Zaragoza. Se trata de un tramo del valle del Ebro en el que se encuentran meandros abandonados, también llamados galachos, que son uno de los ecosistemas ribereños mejor conservados. En los sotos y en las zonas húmedas hay una importante colonia de garzas y en invierno se ven concentraciones de anátidas y paseriformes.

  • El Paisaje Protegido de los Pinares de Rodeno se encuentra en la provincia de Teruel, en las sierra de Albarracín y se extiende por los municipios de Albarracín, Bezas y Gea de Albarracín.Se trata de un extenso pinar de pino rodeno situado sobre espectaculares formaciones de areniscas rojas y conglomerados.

  • El Monumento Natural de los Glaciares Pirenaicos está situado en la provincia de Huesca, en el Pirineo entre los valles del río Gallego y del Noguera Ribagorzana. Se conservan masas permanentes de hielo y formas glaciares singulares: circos, lagos, valles en artesa, morrenas, todo ello junto a una flora y fauna propias de la zona.

  • El Sitio Nacional de San Juan de la Peña está situado en la provincia de Huesca. Es conocido por albergar el monasterio de San Juan de la Peña, el templo aragonés más importante de la Alta Edad Media. Forma un destacado ecosistema de montaña media. En las zonas con más sombra se encuentra una densa masa forestal en la que se mezclan el pino silvestre, el haya, el abeto y el tilo. Enciclopedia Universal DVD ©Micronet S.A. 1995-2006

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RESUMEN DE DATOS

Nombre oficial: Comunidad Autónoma de Aragón.
División administrativa: Tres provincias.
Capital: Zaragoza.
Extensión: 47.720 km².

Población

Población: 1.204.215 (2001)
Natalidad: 9.937 (2000)
Mortalidad: 12.484 (2000)
Crecimiento vegetativo: -2.547
Residentes extranjeros: 7.590 (2000)
Gentilicio: aragonés.

Desarrollo económico y laboral

PIB a precios de mercado: 18.877 millones de € (2000)
Índice de bienestar: 6 (media nacional 2001: 5 sobre 10)
Población activa: 503.500 (2001)
Población inactiva: 490.900 (2001)
Población ocupada: 467.100 (2001)
Población parada: 36.400 (2001)
Tasa de paro: 7,2 % (2001)
Paro registrado: 35.267 (2001)

Administración y gobierno

Estatuto de autonomía: LO 8/1982, de 10 de agosto (BOE nº195, de 16 de agosto de 1982). Reformado por LO 6/1994, de 24 de marzo y por LO 5/1996, de 30 de diciembre.

Órganos autonómicos:

Ejecutivo: Diputación General de Aragón. Presidente: Marcelino Iglesias Ricou.
Legislativo: Cortes de Aragón: 67 diputados.
Judicial: Tribunales Superiores de Aragón.
Partidos políticos con representación parlamentaria (elecciones 25 de mayo de 2003):
PSOE: 27 escaños; PP: 22 escaños; Partido Aragonesista (PAR): 8 escaños; Chunta Aragonesista (CHA): 9 escaños; IU: 1 escaño.
Funcionarios de la administración pública (año 2001): 77.231
Admón. Estatal: 38.667
Admón. Autonómica: 23.448
Admón. Local: 11.692
Universidades: 3.424
Enlaces en Internet:
http://www.aragob.es; Página oficial de la Diputación General de Aragón.
http://www.cortesaragon.es; Página oficial del Parlamento de Aragón.

Otros datos de interés o curiosidades
Fiesta autonómica: 23 de abril, Día de Aragón.

Fuente de algunos de estos artículos: ENCICLONET - La Enciclopedia Universal

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