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En mi propia casa como en la ajena, he
creído sentir que la poesía, al penetrar en la palabra, la
descompone, la abre como un capullo a todos los matices de
significación.
José Gorostiza
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La lectura nos regala mucha compañía, libertad
para ser de otra manera y ser más.
Pedro Laín Entralgo
PERÍODO PRÉ-RROMANO
Incógnita en la información de
la lengua española
¿Ha
reflexionado alguna vez sobre la lengua que habla?, si la respuesta es
positiva, seguramente las preguntas que se habrá hecho pueden ser las
siguientes: ¿De dónde proviene? ¿Cómo se integró? ¿Qué relaciones tiene
con otros idiomas? ¿Quiénes la hablaron primero? ¿Cómo ha evolucionado?,
etc. Estas interrogantes que aún están sin respuesta, y muchas más,
intentaré explicárselo conforme adentramos en el tema.
Los orígenes de
nuestra lengua se remontan muchos siglos antes de nuestra era. Se supone
que los primeros habitantes de lo que hoy es la península ibérica
(España y Portugal), se establecieron a los lados de los Pirineos
(cadena montañosa entre Francia y España). Estos grupos humanos hablaron
una lengua que sobrevive en el idioma vasco (Se habla vasco en Vasconia,
región de España). En otra región geográfica -costa de Levante- se
establecieron los Iberos, de cuyo nombre tomó el propio la península. Su
cultura probablemente provenía de las costas africanas.
La civilización
Tartesia - influida por comunidades étnicas venidas de Orientes - se
estableció en lo que actualmente es la región sur de Portugal y la parte
baja de Andalucía. Se sabe que tal cultura predominó durante muchos
siglos.
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FENICIOS Y GRIEGOS
Los fenicios, venidos
de Cartago, fundaron en el año 1110 A.C. la hoy ciudad de Cádiz, al sur
de la península, a la que llamaron Gadir, posteriormente los romanos la
llamaron Gades y los árabes, Qádis. La palabra gadir es de origen púnico
y quiere decir recinto amurallado. Otra ciudad importante nacida a
merced de los fenicios fue Málaga (Málaka: factoría, fábrica). Los
griegos, desterrados del sur por los fenicios, se establecieron en la
región de Levante. Ahí fundaron ciudades importantes como Lucentum, hoy
Alicante, y Emporion, Ampurias. Estas dos influencias: la fenicia y la
griega, propiciaron el desarrollo del arte ibérico, tanto en numismática
como en escultura. La famosa Dama de Elche ha quedado como muestra del
aculturamiento griego por parte de los iberos.
LIGURES
Por lo que toca a las
regiones del Centro y Noroeste, no se puede definir con exactitud qué
grupo o grupos humanos llegaron a colonizar. Existe la hipótesis de una
inmigración ligur (proveniente del Norte y Centro de Italia de la región
de la Provenza. Dicha suposición se ha sostenido debido a los
toponímicos (nombres de lugares) encontrados en diversas partes de
España. Son característicos, aunque no exclusivos del idioma ligur, los
sufijos "-asco", "-osca" y "-usco", por ejemplo: "Viascón", hoy
Pontevedra; "Tarascón": Orense, "Piasca": Santander, "Beascos": Murcia,
"Orusco": Madrid, "Biosca": Lérida. El sufijo "-ona", también es de
origen ligur, por ejemplo: Barcelona, Tarazona, etc.
CELTAS
Los celtas invadieron
Hispania en el siglo VII A.C. procedentes del sur de Alemania. Se
establecieron en Galicia, sur de Portugal y en la región llamada Sierra
Morena. Más tarde se mezclaron con los iberos en el centro y Bajo
Aragón, y formaron una región llamada Celtiberia. Los toponímicos de
origen céltico son muchos. Casi todos ellos tienen nombres guerreros.
Entran como elementos informativos de las palabras, las voces: "briga",
que significa fortaleza, y "sego" o "segi" que indican victoria, por
ejemplo: "Conimbriga": Coimbra, "Lacobriga": Carrión, "Seguvia":
Segovia. La palabra "dunum", es sinónimo de "briga"; aquel elemento
también entró en la formación de toponimias. Dichos lugares se
encuentran localizados tanto en la región central como en la oriental de
los Pirineos, por ejemplo: "Navardúm": Zaragoza, "Salardú": Lérida.
Carencia de unidad
lingüística prerromana. No se puede hablar de una unidad lingüística en
la península ibérica antes de la llegada de los romanos. Los alfabetos
ibéricos y taresio sirvieron cada uno para diversas lenguas. Los grupos
colonizadores conservaron y extendieron cada uno su propia lengua:
griegos, fenicios, cartagineses, celtas, etc. Además de los idiomas
mencionados hay que agregar el vascuence. La lengua vascuence El
vascuence, lengua que hasta la fecha se ha conservado, y que no tiene
relación lingüística con los demás que se hablaron y hablan en España,
es un idioma cuyo origen es muy discutido todavía. Hay tres tesis:
El vascuence es de
procedencia africana. Presenta coincidencias decisivas con las lenguas
camíticas: bereber, copto, cusita y sudanés.
El vascuence es
originario de la región del Cáucaso. Su estructura gramatical tiene
mucha similitud con las lenguas caucásicas.
El vascuence es una
lengua mixta. Se parece a los idiomas caucásicos en su estructura y
origen. Incorporó numerosos elementos camíticos de las lenguas ibéricas,
así como celtismos y, finalmente, abundantes latinismos.
La segunda y tercera
teorías son las que se sostienen en la actualidad (mucho se debe a
presiones de algunos "expertos", orientadas a alejarlo lo más posibles
de orígenes africanos). El vascuence, desde su origen hasta el siglo X,
fue una lengua que se transmitió por tradición oral. Textos más o menos
amplios aparecen hasta el siglo XVI, pero sin llegar a tener la calidad
de lengua culta. En nuestros días mantiene su primaria estructura
gramatical, pero se ha visto sometida a la influencia del latín y de las
lenguas romances. El vascuence ha dado lugar a muchos dialectos. Son de
origen vasco numerosos toponímicos localizados principalmente a lo largo
de los Pirineos. Para la composición de muchas palabras entraron en
función los sufijos éuscaros (vascos): "berri": nuevo, "gorri": rojo,
"erri":quemado. Nombres de origen vasco son: Urquiza, Ezquerra, Iruecha,
Garray, etc. El vascuence es la única lengua prerromana que tiene
vigencia en la actualidad. Se habla en las provincias españolas de
Vizcaya y Guipúzcoa.
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LOS ROMANOS
Los romanos emprenden
la conquista de Hispania en el año 206 A.C. Antes, en el 218 A.C., los
Escipiones habían desembarcado en Ampurias. La pacificación fue completa
hasta el año 19 A.C., cuando Augusto sometió definitivamente a los
cántabros y astures. Así, Roma, al conquistar nuevas tierras, acababa
con las pugnas entre tribus, pueblos y ciudades, imponiendo su cultura,
que traía el concepto de la ley y la ciudadanía. Los romanos eran
maestros en administración y derecho. Debemos recordar que el Derecho
Romano sentó las bases de las legislaciones occidentales. Tampoco
debemos olvidar que construyeron admirablemente calzadas, puertos,
puentes y acueductos que aún están en pie. De hecho, los romanos
transformaron completamente el modo de vida de los habitantes de
Hispania, llevando a dicho pueblo no sólo las formas de vida latinas,
sino la cultura griega, que ellos habían adquirido cuando conquistaron
la región helénica. Muy pronto empezaron a levantar ciudades latinas en
la península ibérica; en 206 A.C. fundaron Itálica. Se extendieron
rápidamente por diversas regiones del país colonizado. Ya en el año 90
A.C., nativos de Salduia (Zaragoza) luchaban como hermanos al lado de
los romanos en la guerra social de Italia.
EL LATÍN
El latín lengua
oficial de los romanos, se impuso rápidamente como instrumento de
comunicación en todo el Imperio Romano. Los toponímicos indican que
también hubo mezcla de elementos romanos con celtas y vascos. Por
ejemplo "Gracchurris" (Alfaro) se formó del nombre de sus fundador
Tiberio Sempronio Graco y de la palabra vasca "urris". Elementos romanos
y celtas se combinaron para formar: Caesarbriga (Talavera) y Juliobriga
(cerca de Reinosa) y Augustobriga (Ciudad Rodrigo). El latín, idioma
claro y preciso, enérgico, práctico y ordenador, adquirió gracia cuando
tuvo contacto con la lengua griega, Hispania fue testigo del
florecimiento de la literatura latina que imitó, haciéndolos suyos, los
modelos de los grandes maestros griegos. De esta manera, muchas palabras
de origen griego han pasado a nuestro idioma en este periodo por medio
de la imposición del latín. Por ejemplo: "philosophia" : filosofía,
"poesis" : poesía, "mathematica" : matemática, "chorus" : coro, etc.
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LENGUAS INDOEUROPEAS
El latín pertenece a
las llamadas lenguas itálicas que se hablaron antes de Cristo en la
península del mismo nombre. A su vez, dichas lenguas itálicas
pertenecían al indoeuropeo, originario de casi todas las lenguas que se
hablan en Europa. Además de latín son indoeuropeas: las lenguas célticas
(que se hablaron en Hispania y hoy en Bretaña) y en la Gran Bretaña
(irlandés, galés, escocés); las lenguas germánicas (el desaparecido
gótico, los modernos alemán, inglés, holandés); las lenguas eslavas
(ruso, polaco, checo, búlgaro y serbocroata), la lenguas escandinavas y
también el griego y el albanés. Las lenguas que se hablan y hablaron en
Europa que no pertenecen a la familia indoeuropea, son: el etrusco
(desaparecido), el finlandés, el lapón, el estoniano, el húngaro y el
vascuence, fuera de Europa, pertenecen al tronco indoeuropeo el grupo de
lenguas indias y el persa. De lo que se concluye que gran parte del
mundo actual tiene uno mismo antepasado lingüístico.
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FORMA DE LA LENGUA LATINA
Existieron dos clases
de latín: el culto y el vulgar. El primero era usado por los escritores
y gente preparada; el vulgar era hablado por el pueblo de Roma. Este fue
el que se impuso en todas las colonias. Dicho latín presentaba diversas
modalidades según la época de conquista del territorio, la procedencia
de distintas regiones de la península itálica, la cercanía o lejanía de
comunicación con la metrópoli, etc. De este modo, en cada territorio
conquistado -no se puede usar todavía el concepto de nación- la lengua
impuesta adquirió diversos matices de expresión. Con el devenir del
tiempo, la evolución del latín vulgar, al lado de la conformación de las
naciones, vino a dar lo que hoy llamamos lenguas romances, románicas o
neolatinas: español, francés, italiano, provenzal, catalán,
gallego-portugués, retrorrománico, rumano y sardo. En la actualidad el
latín convertido en lenguas romances, sobrevive con diversas modalidades
en España, Francia, Portugal, Italia, Bélgica, Suiza, Rumania,
Hispanoamérica, sur de Estado Unidos, Filipinas y en otros muchos
lugares del orbe, a donde fue llevado por los conquistadores españoles,
portugueses y franceses, así como por los judíos sefardíes que fueron
arrojados de España.
FIN DE LA DOMINACIÓN ROMANA
La dominación romana
terminó en el siglo V d.C., cuando desmembró el imperio. En nuestros
días lo que se conserva de las lenguas prerromanas son unos cuantos
sufijos: -arro, -orro, -urro: nuharro, machorro, baturro, -asco:
peñasco. Se presume que los sufijos -az, -ez, -oz, que abundan en la
toponimia peninsular española, también pertenecen al período estudiado.
En el mismo caso está la "-z" terminal de los apellidos.
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EL ORIGEN, EN OTRAS PALABRAS
Como dice Menéndez
Pidal "la base del idioma es el latín vulgar, propagado en España desde
fines del siglo III a.C., que se impuso a las lenguas ibéricas" y al
vasco, caso de no ser una de ellas. De este substrato ibérico procede
una serie de elementos léxicos autónomos conservados hasta nuestros días
y que en algunos casos el latín asimiló, como: cervesia > cerveza, braca
> braga, camisia > camisa, lancea > lanza.
Otros autores
atribuyen a la entonación ibérica la peculiar manera de entonar y emitir
el latín tardío en el norte peninsular, que sería el origen de una serie
de cambios en las fronteras silábicas y en la evolución peculiar del
sistema consonántico.
Otro elemento
conformador del léxico en el español es el griego, puesto que en las
costas mediterráneas hubo una importante colonización griega desde el
siglo VII a.C.; como, por otro lado, esta lengua también influyó en el
latín, voces helénicas han entrado en el español en diferentes momentos
históricos. Por ejemplo, los términos huérfano, escuela, cuerda,
gobernar, colpar y golpar (verbos antiguos origen del moderno golpear),
púrpura (que en castellano antiguo fue pórpola y polba) proceden de
épocas muy antiguas, así como los topónimos Denia, Calpe. A partir del
Renacimiento siempre que se ha necesitado producir términos nuevos en
español se ha empleado el inventario de las raíces griegas para crear
palabras, como, por ejemplo, telemática, de reciente creación, o
helicóptero. Entre los siglos III y VI entraron los germanismos y su
grueso lo hizo a través del latín por su contacto con los pueblos
bárbaros muy romanizados entre los siglos III y V.
Forman parte de este
cuerpo léxico guerra, heraldo, robar, ganar, guiar, guisa (compárese con
la raíz germánica de wais y way), guarecer y burgo, que significaba
'castillo' y después pasó a ser sinónimo de 'ciudad', tan presente en
los topónimos europeos como en las tierras de Castilla, lo que explica
Edimburgo, Estrasburgo y Rotemburgo junto a Burgos, Burguillo, Burguete,
o burgués y burguesía, términos que entraron en la lengua tardíamente.
Hay además numerosos patronímicos y sus apellidos correspondientes de
origen germánico: Ramiro, Ramírez, Rosendo, Gonzalo, Bermudo, Elvira,
Alfonso. Poseían una declinación especial para los nombres de varón en
-a, -anis, o -an, de donde surgen Favila, Froilán, Fernán, e incluso
sacristán. Junto a estos elementos lingüísticos también hay que tener en
cuenta al vasco, idioma cuyo origen se desconoce, aunque hay varias
teorías al respecto.
Algunos de sus
hábitos articulatorios y ciertas particularidades gramaticales
ejercieron poderosa influencia en la conformación del castellano por dos
motivos: el condado de Castilla se fundó en un territorio de influencia
vasca, entre Cantabria y el norte de León; junto a eso, las tierras que
los castellanos iban ganando a los árabes se repoblaban con vascos, que,
lógicamente, llevaron sus hábitos lingüísticos y, además, ocuparon
puestos preeminentes en la corte castellana hasta el siglo XIV. Del
substrato vasco proceden dos fenómenos fonéticos que serán
característicos del castellano.
La introducción del
sufijo -rro, presente en los vocablos carro, cerro, cazurro, guijarro,
pizarra, llevaba consigo un fonema extravagante y ajeno al latín y a
todas las lenguas románicas, que es, sin embargo, uno de los rasgos
definidores del sistema fonético español; se trata del fonema
ápico-alveolar vibrante múltiple de la (r). La otra herencia del vasco
consiste en que ante la imposibilidad de pronunciar una f en posición
inicial, las palabras latinas que empezaban por ese fonema lo
sustituyeron en épocas tempranas por una aspiración, representada por
una h en la escritura, que con el tiempo se perdió: así del latín farina
> harina en castellano, pero farina en catalán, italiano y provenzal,
fariña en gallego, farinha en portugués, farine en francés y faina en
rumano; en vasco es irin. La lengua árabe fue decisiva en la
configuración de las lenguas de España, y el español es una de ellas,
pues en la península se asienta durante ocho siglos la dominación de
este pueblo. Durante tan larga estancia hubo muchos momentos de
convivencia y entendimiento. Los cristianos comprendieron muy pronto que
los conquistadores no sólo eran superiores desde el punto de vista
militar, sino también en cultura y refinamiento. De su organización
social y política se aceptaron la función y la denominación de atalayas,
alcaldes, robdas o rondas, alguaciles, almonedas, almacenes.
Aprendieron a contar
y medir con ceros, quilates, quintales, fanegas y arrobas; aprendieron
de sus alfayates (hoy sastres), alfareros, albañiles que construían
zaguanes, alcantarillas o azoteas y cultivaron albaricoques, acelgas o
algarrobas que cuidaban y regaban por medio de acequias, aljibes,
albuferas, norias y azadones. Influyeron en la pronunciación de la s-
inicial latina en j- como en jabón del latín 'saponem'. Añadieron el
sufijo -í en la formación de los adjetivos y nombres como jabalí,
marroquí, magrebí, alfonsí o carmesí. Se arabizaron numerosos topónimos
como por ejemplo Zaragoza de "Caesara(u)gusta", o Baza de "Basti". No
podría entenderse correctamente la evolución de la lengua y la cultura
de la península sin conceder al árabe y su influencia el lugar que le
corresponde. Si consideras que esta información es insuficiente o estás
interesado en conocer más de la historia del idioma español, por favor
envíame un correo y con gusto ampliaré el tema.
EL ESPAÑOL AYER Y HOY
En la formación del
español cabe distinguir tres grandes períodos: el medieval, también
denominado del castellano antiguo, fechado entre los siglos X al XV; el
español moderno, que evolucionó desde el sigloXVI a finales del XVII, y
el contemporáneo, desde la fundación de la Real Academia Española hasta
nuestros días.
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EL
CASTELLANO MEDIEVAL
El nombre de la
lengua procede de la tierra de castillos que la configuró, Castilla, y
antes del siglo X no puede hablarse de ella. Por entonces existían
cuatro grandes dominios lingüísticos en la Península que pueden fijarse
por el comportamiento de la vocal breve y tónica latina o en sílaba
interior de palabra como la o de portam que diptongó en ué en el
castellano, puerta, y vaciló entre ue, uo y ua en el leonés y aragonés
(puorta) y mozárabe (puarta). En términos generales, se mantuvo la o del
latín (porta) en la lengua del extremo occidental, el galaico-portugués
-del que surgiría el gallego y el portugués-, y en el catalán del
extremo oriental, que ejercería su influencia posterior por las tierras
mediterráneas, fruto de la expansión política.
El castellano fue tan
innovador en la evolución del latín como lo fueron los habitantes de
Castilla en lo político. A esta época pertenecen las Glosas Silenses y
las Emilianenses, del siglo X, que son anotaciones en romance a los
textos en latín: contienen palabras y construcciones que no se entendían
ya.
Las primeras se
escribieron en el monasterio benedictino de Silos, donde para aclarar el
texto de un penitencial puede leerse "quod: por ke", "ignorante: non
sapiendo"; las Glosas Emilianenses se escriben en el monasterio de San
Millán de la Cogolla o de Suso. En el sur, bajo dominio árabe, hablaban
mozárabe las comunidades hispanas que vivían en este territorio y
conservaron su lengua heredada de épocas anteriores. La mantuvieron sin
grandes alteraciones, bien por afirmación cultural que marcara la
diferencia con las comunidades judía y árabe, bien por falta de contacto
con las evoluciones que se estaban desarrollando en los territorios
cristianos. En esta lengua se escriben algunos de los primeros poemas
líricos romances: las jarchas, composiciones escritas en alfabeto árabe
o hebreo, pero que transcritas corresponden a una lengua
arábigo-andaluza.
De los cambios
fonéticos que produjeron en esta época en el castellano, el más original
consistió en convertir la f- inicial del latín en una aspiración en la
lengua hablada, aunque conservada en la escritura. El primer paso para
convertir el castellano en la lengua oficial del reino de Castilla y
León lo dio en el sigloXIII AlfonsoX, que mandó componer en romance, y
no en latín, las grandes obras históricas, astronómicas y legales.
El castellano
medieval desarrolló una serie de fonemas que hoy han desaparecido.
Distinguía entre una -s- sonora intervocálica, que en la escritura se
representaba por s, como en casa, y una s sorda, que podía estar en
posición inicial de palabra como silla, o en posición interna en el
grupo -ns-, como en pensar o en posición intervocálica que se escribía
-ss- como en viniesse.
Las letras ç y z
equivalían a los sonidos africados (equivalente a ts, si era sordo, y a
ds, si era sonoro), como en plaça y facer. La letra x respondía a un
sonido palatal fricativo sordo, como la actual ch del francés o la s
final del portugués y también existía correspondiente sonoro, que se
escribía mediante j o g ante e, i: así dixo, coger, o hijo. Distinguía
entre una bilabial oclusiva sonora -b-, que procedía de la -p-
intervocálica del latín o b de la inicial sonora del latín (y que es la
que hoy se conserva), y la fricativa sonora, que procedía de la v del
latín, cuyo sonido se mantiene hoy en Levante y algunos países
americanos.
Desde el punto de
vista gramatical ya habían desaparecido las declinaciones del latín y
eran las preposiciones las que señalaban la función de las palabras en
la oración. El verbo haber todavía tenía el significado posesivo tener,
como en había dos fijos y se empleaba para tener y para formar las
perífrasis verbales de obligación que originarían a partir del siglo XIV
los tiempos compuestos; por eso, entre la forma del verbo haber y el
infinitivo siguiente era posible interponer otro material léxico, hoy
impensable, como en "Enrique vuestro hermano había vos de matar por las
sus manos".
Los adjetivos
posesivos iban precedidos de artículo, como aún hoy ocurre en portugués;
así, se decía los sus ojos alza. El español del siglo XII ya era la
lengua de los documentos notariales y de la Biblia que mandó traducir
Alfonso X; uno de los manuscritos del siglo XIII se conserva en la
biblioteca de El Escorial. Gracias al Camino de Santiago entraron en la
lengua los primeros galicismos, escasos en número, y que se propagaron
por la acción de los trovadores, de la poesía cortesana y la provenzal.
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EL
CASTELLANO MODERNO
La publicación de la
primera gramática castellana de Elio Antonio de Nebrija en 1492, fecha
del descubrimiento de América y de la toma de Granada por los Reyes
Católicos, establece la fecha inicial de la segunda gran etapa de
conformación y consolidación del idioma. A esta época pertenecen el
cambio de las consonantes que altera y consolida definitivamente el
sistema fonológico del español.
Desaparece la
aspiración de la h, cosa que testimonia la versificación. Se funden en
un único fonema la s sonora y sorda, prevaleciendo el valor sordo. Las
consonantes ç y z pasan a ser el fonema fricativo (con pronunciación
equivalente a ts) que se escribirá ç durante el siglo XVI y pasará a
tener el valor de la z (con su pronunciación actual) en el siglo
siguiente, con lo que de esta manera se resolvió la vacilación
ortográfica c, ç, z. Las variaciones fonéticas que representaban x, g,
j, se solucionaron también en favor del sonido velar fricativo sordo que
en el XVII pasa a tener la pronunciación y grafía actuales de g y de j.
Desapareció asimismo
la distinción -b-, -v- que se neutralizó en -b- durante el siglo XVI. En
la morfología aparecieron los tiempos compuestos de los verbos, y se
convierte en auxiliar el verbo haber. En la sintaxis el orden de los
elementos de la oración se hace más rígido, y se anteponen los
pronombres átonos a infinitivos y gerundios.
Desde el punto de
vista del léxico adquirió una gran cantidad de neologismos, pues a estos
momentos correspondió la expansión de Castilla y, por lo tanto, el
contacto con otras culturas. Consiguió consolidarse como lengua
dominante frente a otros dialectos peninsulares al llevarse a cabo la
unidad política de Castilla y Aragón y ser el castellano la lengua de
los documentos legales, de la política exterior y la que llegó a América
de la mano de la gran empresa realizada por la Corona de Castilla, ya
fijada en la gramática normativa de Nebrija. A partir de los primeros
momentos del siglo XVI se prefirió la denominación de española para la
lengua del nuevo imperio, y la preocupación de los intelectuales del
momento se refleja en la enorme tarea de sistematizarla, analizarla y
divulgarla.
Lo demuestran la
publicación del gran Diccionario de Alcalá, obra de la Universidad
Complutense creada por Cisneros; la aparición de la Minerva de Francisco
de las Brozas, conocido por El Brocense, que es una gramática normativa
y descriptiva más moderna que la realizada por el grupo francés de Port
Royal, y, a principios del siglo XVII, la publicación del Tesoro de la
lengua castellana o española (1611) de Sebastián de Covarrubias, primer
diccionario de la lengua, que contiene cuanta información histórica y
sincrónica había disponible en el momento de su publicación.
En Francia, Italia e
Inglaterra se editaban gramáticas y diccionarios para aprender español,
que fue la lengua diplomática hasta la primera mitad del sigloXVIII. En
esta etapa de la lengua se llegó al esplendor literario que representan
los autores del siglo de oro. El léxico incorpora palabras originarias
de tantas lenguas como contactos políticos tenía el imperio. Del
italiano entran en el español desde el sigloXV al XVII los nombres de la
métrica y preceptiva literaria como soneto, asonante, silva y lira,
palabras relacionadas con las bellas artes como fachada, escorzo,
medalla, piano.
De otros campos
léxicos son italianismos de la época centinela, alerta, escopeta,
aspaviento, charlar, estropear y muchas más. Son galicismos paje,
jardín, jaula, sargento, forja o reproche. Los americanismos, que
comienzan a entrar en el sigloXVI, ofrecen una lista referida a las
realidades que en Europa no se conocían y que son españolismos tomados
por las lenguas europeas como patata, cóndor, alpaca, vicuña, pampa,
puma, papa (denominación afincada en Canarias para patata), que proceden
del quechua y el guaraní. Los términos más antiguos, como canoa, ya
citado en el diccionario de Nebrija, proceden de los arawak. A este
conjunto pertenecen huracán, sabana, maíz, cacique, colibrí, caribe,
enagua y caníbal. De la familia de lenguas náhuatl habladas por los
nahuas, se incorporan hule, chocolate, tomate, cacao, aguacate y petate.
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EL ESPAÑOL CONTEMPORÁNEO
En el año 1713 se
fundó la Real Academia Española. Su primera tarea fue la de fijar el
idioma y sancionar los cambios que de su idioma habían hecho los
hablantes a lo largo de los siglos, siguiendo unos criterios de
autoridad. En esta época se había terminado el cambio fonético y
morfológico y el sistema verbal de tiempos simples y compuestos era el
mismo que ha estado vigente hasta la primera mitad del siglo XX. Los
pronombres átonos ya no se combinaban con las formas de participio y,
gracias a la variación morfológica, los elementos de la oración se
pueden ordenar de formas muy diversas con una gran variedad de los
estilos literarios, desde la mayor violación sintáctica que representan
el barroco del siglo XVII, los poetas de la generación del 27 y el
lenguaje publicitario, hasta la imitación de los cánones clásicos,
también violentadores del orden del español, que incorporaron los
neoclásicos o los primeros renacentistas.
Coincidiendo con otro
momento de esplendor literario, el primer tercio del siglo XX,
aparecieron las nuevas modificaciones gramaticales que aún hoy están en
proceso de asentamiento. De ellas cabe citar: la reducción del paradigma
verbal en sus formas compuestas de indicativo y subjuntivo, la
sustitución de los futuros por perífrasis verbales del tipo tengo que ir
por iré, la práctica desaparición del subjuntivo, la reduplicación de
los pronombres átonos en muchas estructuras oracionales y con verbos de
significación pasiva, que están desarrollando una conjugación en voz
media como en le debo dinero a María; la posposición casi sistemática de
los calificativos, la reducción de los relativos, prácticamente
limitados a que y quien en la lengua hablada. Junto a ello, la irrupción
continua de neologismos, que nombran innovaciones técnicas y avances
científicos, tiene dos momentos: los anteriores a la mitad del presente
siglo, que contienen raíces clásicas como termómetro, televisión, átomo,
neurovegetativo, psicoanálisis o morfema, y los neologismos apenas
castellanizados, siglas y calcos del inglés y fruto de la difusión que
de ellos hacen las revistas especializadas, la publicidad o la prensa,
como filmar, radar, módem, casete, anticongelante, compacto, PC, o
spot.
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Recopiado
de: Wikipedia
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