|
|
Cada poema es único. En cada obra late,
con mayor o menor grado, toda la poesía. Cada lector busca algo en
el poema. Y no es insólito que lo encuentre: Ya lo llevaba dentro.
Octavio Paz
___________________________
___________________________
Un buen escritor expresa
grandes cosas con pequeñas palabras; a la inversa del mal escritor,
que dice cosas insignificantes con palabras grandiosas.
Ernesto Sábato
EL ESPAÑOL
HABLADO EN AMÉRICA
El español
hablado en América es un conjunto de variedades con muchos elementos en
común pero con otros diferenciadores de las distintas regiones
geolingüísticas. Todas ellas tienen muchos rasgos compartidos con las
modalidades meridionales españolas, aunque se dan también algunos
fenómenos lingüísticos exclusivamente americanos. Los hispanohablantes
de América representan el 95% del total de hablantes de español de todo
el mundo.
Las peculiaridades lingüísticas americanas comenzaron desde el momento
en que el español llegó al Nuevo Mundo; en primer lugar porque era
heterogéneo en sí mismo (los hablantes procedían de distintas regiones
de España), y en segundo lugar porque era necesario designar nuevas
realidades desconocidas en Europa: animales, plantas y accidentes de la
naturaleza, para lo cual se recurrió a dos procedimientos: o tomar
nombres españoles que significaban otra cosa o adoptar los nombres
indígenas. La unidad de la lengua en un continente tan extenso como es
el americano, así como el hecho de que llegara a ser la lengua de
comunicación en todas las nuevas tierras, se debió a dos factores que
influyeron de forma muy determinante para ello: las sucesivas oleadas de
inmigrantes procedentes de España y el que fuera la lengua de la
administración colonial.
A lo largo de cinco siglos, el español americano ha recibido también
otras muchas influencias sociales y lingüísticas que contribuyeron a
determinar las distintas variedades locales, entre ellas la llegada
masiva de esclavos de África al Caribe, la inmigración italiana a
Argentina al comienzo del siglo XX o, en el presente, el peso de los
Estados Unidos en muchos aspectos de la vida política y económica.
Distintos proyectos de investigación aportan datos fundamentales para un
mejor conocimiento del español americano y permiten un establecimiento
más claro de los límites de cada una de sus variedades. Entre estos
trabajos de carácter internacional se encuentran el Atlas lingüístico de
Hispanoamérica, dirigido por Manuel Alvar y por Antonio Quilis (véase
también Geografía Lingüística), los Diccionarios contrastivos del
español de América, dirigidos por Günther Haensch y Reinhold Werner, y
el Gran Diccionario de Americanismos que coordina la Asociación de
Academias de la Lengua Española.
Los españoles que por distintas razones emigraron a América durante las
primeras décadas del siglo XVI eran andaluces en un 29,4 %; los
castellanos viejos suponían el 19,3 %, los extremeños el 18%, los
leoneses el 12,1% y los castellanos nuevos el 11,5. El resto lo
componían vascos en un 2,8% y asturianos en un 2,4%. Ya en aquellos
momentos, las diferencias de las normas andaluza y castellana se habían
hecho muy evidentes y, teniendo en cuenta sólo a los emigrantes
procedentes de Andalucía y Extremadura, se deduce que casi el 50% de los
emigrantes hablaba según la norma que desde Sevilla se irradiaba por
todo el sur peninsular. A esto hay que añadir que los emigrantes
castellanos fueron en disminución mientras que aumentaron los canarios,
que llegaron a ser el 25 % a finales del siglo. Todo ello viene a
corroborar que el modelo lingüístico traspasado a América fue
mayoritariamente el meridional.
También se ha señalado que los colonizadores de otras regiones no
meridionales -Castilla y León- refrenaron con su modalidad lingüística
el sevillanismo, lo que, por ejemplo, evitó que llegara a producirse el
ceceo en América. Hay otros factores que conviene tener en cuenta para
entender la posterior diferenciación lingüística: en primer lugar el
hecho de que el español del siglo XVI era una lengua que se encontraba
en un momento de profunda transformación en España, y que esta situación
en la que convivían distintos usos lingüísticas se trasladó a América,
donde algunos de esos fenómenos se resolvieron de forma diferente. Otro
hecho importante fue que en los dos centros virreinales más antiguos,
México y Perú, se produjera por parte de los cortesanos un rechazo de
los usos sevillanos en favor de los castellanos, que tendían a imitar
los de Toledo y, después, los de Madrid. Se puede establecer a partir de
entonces una diferenciación inicial sobre la base de un primer momento
en el que se produjo una nivelación a favor del andalucismo: las
ciudades costeras, y especialmente aquellas en las que estaban los
puertos de los que partían los barcos que conectaban con Sevilla, se
mantuvieron también lingüísticamente conectadas con ella, mientras que a
los grandes centros virreinales llegaron funcionarios y cortesanos
procedentes del norte y del centro peninsular y, siguiendo su modelo, se
evitaron las aspiraciones y se fortaleció el consonantismo final.
Esta situación viene a conectar con el análisis de Henríquez Ureña y su
teoría sobre la influencia de determinados factores, como los climáticos,
en la diferenciación de áreas lingüísticas. Sostenía este investigador
que los castellanos y leoneses prefirieron tierras altas para instalarse
por ser más parecidas climáticamente a las de sus tierras de origen,
mientras que los andaluces y meridionales lo hicieron en las costas,
reforzando así unas tendencias que ya empezaban a manifestarse.
El dominicano Pedro Henríquez Ureña es el autor de la más conocida
división del español de América en áreas geolectales. Su propuesta fue
publicada en 1921 y, a pesar de las críticas recibidas, las que se
realizaron posteriormente no han podido sustituirla, aunque caben
importantes matizaciones y hay que descartar algunos de los factores que
eran determinantes para el autor, como es el del indigenismo. También
conviene precisar que se trata de una propuesta hecha desde el nivel
léxico.
La propuesta de Henríquez Ureña consistía en el establecimiento de las
cinco áreas siguientes:
1. Regiones bilingües del sur y suroeste de los Estados Unidos, México y
las Repúblicas de América central.
2. Antillas españolas, la costa y los llanos de Venezuela y
probablemente el norte de Colombia.
3. Región andina de Venezuela, el interior y el oeste de Colombia,
Ecuador, Perú, la mayor parte de Bolivia y tal vez el norte de Chile.
4. La mayor parte de Chile.
5. Argentina, Uruguay, Paraguay y tal vez parte del sureste de Bolivia.
Antes de realizar la propuesta de división en estas cinco áreas, el
autor expuso los factores que influyeron en la diferenciación de las
distintas modalidades americanas y que pueden reducirse a la diversidad
de clima, de origen y de cultura de los repobladores o colonizadores (pero
rechazando la teoría del andalucismo), el aislamiento entre distintos
núcleos y la influencia de las lenguas indígenas. Este último factor,
según Henríquez Ureña, fue determinante para la diferenciación, de tal
forma que en cada una de las zonas establecidas por él actuaría una
lengua indígena principal, respectivamente el náhuatl, el lucayo, el
quechua, el araucano y el guaraní (véase también Lenguas amerindias).
Sin embargo en la actualidad esta influencia se considera desmesurada e
insostenible, como en general es muy insignificante en su conjunto el
peso que tiene el elemento indígena en el español americano y que, en
cualquier caso, no es igual en todo el continente.
RASGOS GENERALES
Los datos proporcionados por los resultados parciales de los proyectos
de investigación en marcha sobre el español del continente americano,
así como los estudios por zonas o países, permiten en la actualidad un
conocimiento mucho más profundo de una realidad lingüística compleja que
ocupa una parte muy importante del gran mosaico dialectal que es el
español, formado por múltiples piezas que son las variedades geolectales,
diferenciadas sobre todo por rasgos fónicos y de entonación.
No es exacto establecer la oposición entre español de España y español
de América, puesto que de todos los rasgos fonético-fonológicos y
gramaticales considerados americanos, solamente uno (el voseo) no puede
encontrarse en España; todos los demás se encuentran en mayor o menor
medida en las variedades meridionales españolas (andaluz, extremeño,
murciano y canario). El voseo es, por tanto, el único rasgo lingüístico
exclusivamente americano, pero no es general en todo el continente. Los
rasgos lingüísticos que son generales en el español de América son sólo
dos: el seseo y el empleo de ustedes en lugar de vosotros como pronombre
de segunda persona del plural.
El seseo es un rasgo de carácter fonético que consiste en la realización
como s de los fonemas fonemas /s/ y /è/. Su origen esta en la reducción
fonológica que se produjo en España a lo largo del siglo XVI. Se da en
toda América, en parte de Andalucía occidental y en Canarias. No hay
acuerdo entre los investigadores sobre el tiempo que tardaría en
generalizarse el seseo en América; algunos sostienen que fue
inmediatamente, mientras que otros lo alargan a más de sesenta años, lo
que equivale a la tercera generación de criollos.
Ustedes como pronombre de segunda persona del plural en lugar de
vosotros es un rasgo de carácter gramatical generalizado en todo el
español de América. En España se da prácticamente en las mismas zonas en
las que se da el seseo: Andalucía occidental y Canarias. Tiene
repercusiones sobre la flexión verbal, al quedar reducidas las
desinencias personales a cinco: tres para el singular y dos para el
plural, ya que han desaparecido las desinencias verbales de segunda
persona del plural -áis, -éis, -ís. La oposición entre singular y plural
de segunda persona en las zonas en las que no existe este pronombre
queda establecida entre tú/usted para el singular y ustedes para plural.
Otra consecuencia gramatical es que el pronombre complemento os es
desconocido, al igual que el posesivo vuestro.
El voseo es el único fenómeno lingüístico del español americano que no
se da en España, pero no es general en América, aunque puede encontrarse
desde Centroamérica hasta el cono sur, pero repartido de forma muy
desigual. Consiste en el uso de vos en lugar de tú como pronombre de
segunda persona del singular, y tiene repercusiones sobre la flexión
verbal. Vos reemplaza no sólo a tú sino también a las formas
pronominales con preposición ti y contigo, que son desconocidas, pero el
pronombre objeto es te, y los posesivos tu/tuyo: Vos no sabés lo que
pasó. Acá tengo un regalo para vos. Iré con vos. Te llamé ayer: ¿Esto es
tuyo?.
Durante el siglo XVI, en el uso de los pronombres personales de segunda
persona en España coexistían varias formas, entre las que estaban vos,
tú y vuesa merced (que daría el actual usted). A América se trasladó esa
misma situación de confusión y pugna entre distintos usos, y cuando el
tú se impuso tanto en el nuevo como en el viejo mundo, vos quedó
relegado a zonas periféricas o aisladas de América y desapareció
totalmente en España.
Está generalizado en Argentina y en Centroamérica (desde el estado de
Chiapas, en México), es vacilante en Uruguay, y se encuentran zonas ?voseantes?
prácticamente en todos los países continentales (Chile, Bolivia, Perú,
Ecuador, Colombia, Venezuela y Panamá), mientras que es desconocido en
las Antillas. La consideración de rasgo prestigioso difiere mucho según
los países: en Argentina es un rasgo común a todos los niveles
socioculturales, en Chile y en Panamá está considerado un rasgo vulgar
propio de hablantes no cultos, y en algunas regiones de Venezuela es un
rasgo de prestigio (aunque está mal considerado en otras).
Tampoco hay homogeneidad en las regiones ?voseantes? ni en la
construcción ni en los tiempos verbales a los que se aplica. Se han
establecido tres tipos, según que el voseo afecte al pronombre, al verbo
o a ambos:
1. Voseo pronominal y verbal: vos tenés.
2. Voseo pronominal (el verbo mantiene las desinencias correspondientes
a tú: vos tienes).
3. Voseo verbal (el pronombre es tú pero las desinencias verbales son
las del voseo): tú tenés.
RASGOS DE GRAN
DIFUSIÓN
Vocalismo, yeísmo y pretérito simple
En el español de América se pueden señalar otros rasgos lingüísticos no
generales, pero sí de gran difusión, que afectan al fonetismo y que no
non exclusivos del español americano, sino que se pueden encontrar en
las hablas meridionales españolas.
En el vocalismo americano hay dos tendencias que parecen oponerse: en
las zonas altas las vocales caen y las consonantes se mantienen,
mientras que en las costas de todo el continente las vocales están muy
reforzadas y caen las consonantes.
La primera de estas dos tendencias es característica del altiplano
mexicano (las vocales caedizas de México). Consiste en un debilitamiento
extremo de las vocales hasta su desaparición. El fenómeno no está
socialmente marcado, sino que es general en las zonas altas de México.
Tradicionalmente se ha explicado como influencia de la lengua náhuatl,
que distingue entre vocales largas y breves. El debilitamiento vocálico
no es exclusivo del altiplano mexicano, pues se da también en El
Salvador, Colombia, Perú, Bolivia, Ecuador y en la región argentina de
Santiago del Estero.
En gran parte de Centroamérica y en las costas del Caribe y de toda
América del Sur la tendencia es la contraria: un debilitamiento del
consonantismo final y un fortalecimiento del vocalismo. Esta tendencia
se manifiesta en las aspiraciones de la s en posición implosiva, la
confusión de l y r, la aspiración de la j, la realización nasal de la n,
etc.
En el español de América está generalizado el yeísmo, que consiste en la
no distinción entre y/ll . Esta misma situación se da en el español
actual peninsular y afecta a todos los niveles socioculturales. La
conservación de la distinción está considerada como un rasgo arcaizante
que se da en zonas aisladas del interior de diversos países: Perú,
Bolivia, Colombia, Paraguay, el este de Ecuador y el norte de Chile y
Argentina.
No debe confundirse el yeísmo con el rehilamiento, que es la realización
rehilada con la que se hace /y/ y que es característica de la región del
Río de la Plata, en Argentina (por lo que es uno de los rasgos más
evidentes del habla de Buenos Aires), y de una pequeña zona del interior
de Colombia.
Un rasgo morfológico muy generalizado es la preferencia del tiempo
pretérito simple respecto a la forma compuesta: llegué/he llegado,
incluso para el pasado inmediato: Llegué hace cinco minutos. En las
regiones andinas, desde el sur de Colombia hasta Bolivia, se sigue el
modelo conservador.
Existen otros muchos fenómenos que afectan tanto al plano fonético como
al gramatical, pero tienen una difusión mucho más limitada y se dan en
zonas concretas, por lo que poseen un carácter regional, lo que no
significa que coincidan con las fronteras administrativas de los países.
Por el contrario, los distintos fenómenos lingüísticos generalmente
sobrepasan fronteras y al mismo tiempo dividen países.
LÉXICO
El léxico americano está compuesto por palabras de tres orígenes
-patrimonial, autóctono y africano- que forman un mosaico de piezas muy
variadas pero perfectamente fusionadas.
El léxico patrimonial es el de origen español, y es el mayoritario. En
los primeros momentos el léxico español tuvo que adaptarse a las nuevas
realidades, por lo que muchas voces cambiaron de significado para
designar cosas nuevas, como piña o tortilla (?pan de maíz?). Los
primeros indigenismos aparecen ya en el Diario de Colón: canoa, hamaca,
cacique, tiburón y otros. A partir de ese momento comienza su
incorporación al léxico patrimonial del español y, a su vez, el español
empieza a enriquecerse con las variedades americanas. El término
?americanismo? plantea muchas problemas en la lexicografía, pues en
ocasiones se emplea como toda voz que tiene su origen en América,
mientras que para otros es toda voz que, siendo española, se usa en
América con una acepción nueva o diferente a la de su origen, y
americanismos en este sentido estricto no existen. Por esta razón, los
lexicógrafos prefieren distinguir en la actualidad entre los
regionalismos (argentinismo, cubanismo, etc.), y reservar ?americanismo?
para los que son comunes a toda Hispanoamérica y resultan conocidos en
algunas partes de España.
Se ha dado en muchas ocasiones demasiada importancia al hecho de la
diferenciación léxica entre España y América, pero las diferencias se
dan también dentro de España y dentro de las distintas regiones
americanas. Los más recientes y rigurosos estudios realizados en las
ultimas décadas sobre el vocabulario en el mundo hispánico dan como
resultado que una parte muy importante del mismo es común a todos los
hablantes de todas las zonas, lo que se interpreta como una consecuencia
clara de la internacionalización, a la que contribuye sobre todo la
acción de los medios de comunicación, tanto en cantidad de información
como en capacidad de difusión.
Las palabras de origen náutico son muy importantes en el conjunto del
léxico americano, al igual que en el de las Islas Canarias, porque
durante las largas travesías se aprendían los términos específicos de la
jerga marinera y se incorporaban al habla de las gentes de tierra
desplazando su significado habitual, así se utiliza amarrar en lugar de
atar, botar en vez de tirar, virar por girar, y otros muchos.
Respecto al léxico autóctono hay que hacer una clasificación inicial, de
forma que por un lado están los llamados indigenismos panhispánicos y
por otro los indigenismos de difusión mucho más reducida o regional. Los
primeros son los que pasaron ya desde el primer momento al español
general e incluso a otras lenguas, convirtiéndose en voces
patrimoniales. Son los que designan animales, plantas y productos
autóctonos desconocidos en Europa, como tomate, maíz, papa, cacao,
chocolate, cóndor, caoba... En cuanto a los segundos, algunos trabajos
de investigación estudian rigurosamente esta cuestión y parten de la
diferencia entre término conocido y término de uso, ya que frente a la
ingente cantidad de indigenismos recogidos en repertorios locales, en la
realidad hay un gran contraste con los que se ha constatado que son de
uso común y que estén vivos en la lengua. En México y en las Antillas,
donde ya existen trabajos concluyentes sobre el tema, el vocabulario
indígena de uso común representa menos del 1% del total.
Tradicionalmente se ha considerado como uno de los componentes más
importantes y característicos del léxico americano el de origen
africano, llevado a América, y en especial a las costas del Caribe, por
los esclavos procedentes de África. Sin embargo, las investigaciones más
rigurosas sobre el tema han sido realizadas en Puerto Rico, uno de los
países con más fuerte presencia del afrocriollismo, e indican que las
voces de este origen eran 131. A la vez, se ha verificado recientemente
que sólo un 26,7% de esos términos eran de uso común y actual y
pertenecen a campos semánticos de la fauna, la flora y la vida material.
El resto conforma un vocabulario en desuso o ya completamente
desaparecido de la lengua común.
EL ESPAÑOL EN FILIPINAS
l español nunca fue la lengua de uso en Filipinas. Fue la lengua de la
administración y de la educación hasta 1898, año en el que se perdió la
soberanía española. No obstante, hasta la Constitución de1987 el español
mantuvo el rango de lengua oficial.
La lejanía respecto a España supuso que la inmigración de gentes de la
metrópoli fuera muy escasa y que prefiriera otros destinos, por lo que
el mestizaje, clave para la difusión de la lengua, fue muy escaso.
Militares, funcionarios y misioneros eran los únicos españoles en
aquellos territorios, y las escuelas estaban regidas en su mayor parte
por maestros nativos. Estas circunstancias no favorecieron los procesos
de hispanización y de implantación de la lengua, que fueron muy
diferentes a los de Hispanoamérica. El español, no obstante, dejó una
profunda huella sobre las lenguas autóctonas, y en algunas ciudades de
la bahía de Manila (en la isla de Luzón) y el sur del archipiélago (isla
de Mindanao) se habla un criollo de base hispánica llamado chabacano que
no debe confundirse con el español de Filipinas propiamente dicho, que a
finales del siglo XIX era la lengua de las clases altas e ilustradas y
era hablada por menos de cien mil personas, lo que suponía el 10% de la
población. Desde 1898 el español inició un proceso paulatino de
desaparición de la vida pública; en la enseñanza fue sustituido por el
inglés, y en la actualidad está relegado a lengua de estudio optativo en
las universidades. El cómputo de hablantes de español resulta muy dispar
dependiendo de las fuentes. Según las más optimistas, en la actualidad
la población filipina que tiene el español como lengua materna
representa el 3% de la población, lo que equivale a casi dos millones de
hablantes (datos del Calendario Atlante de Agostini, 1996), mientras que
en el último censo oficial realizado en el país (año 1990) no alcanzaban
las 3.000 personas.
El español de Filipinas tiene una filiación americana, ya que la
conquista de Filipinas fue llevada a cabo por expediciones que partían
de México, y esa fue la ruta que se hizo durante siglos para mantener el
contacto entre España y el archipiélago. La influencia del español de
México fue muy clara, e incluso se traspasaron préstamos de lenguas
indígenas americanas.
La toponimia filipina tiene abundantes nombres españoles que en unos
casos hablan de fundaciones misioneras -Santa Cruz, San Isidro,
Santiago-, y en otros, al igual que ocurrió en América, provienen de
ciudades o provincias españolas, como Lucena o Nueva Vizcaya. La
onomástica filipina es completamente española, ya que en el siglo XIX el
gobernador de Filipinas hizo llevar a las islas listas de apellidos
españoles para que fueran distribuidos entre las gentes que no los
tuvieran, que era la inmensa mayoría.
EL ESPAÑOL EN LAS ISLAS MARIANAS:
EL CHAMORRO
El archipiélago de Oceanía con más influencia española es el de las
Islas Marianas, que fueron incorporadas a la corona española en 1565 por
Legazpi y pertenecieron a ella hasta 1898. En la actualidad, la isla
mayor del Archipiélago, Guam, es una colonia de Estados Unidos, y las
Islas Marianas del Norte son un estado asociado de dicho país, como lo
es Puerto Rico.
La lengua española, al igual que en Filipinas, nunca fue lengua de uso
ni lengua familiar, aunque sí lo fue la de la educación y la
administración, por lo que hasta finales del siglo XIX, el español era
una lengua ampliamente conocida en el archipiélago.
El contacto del español con la lengua autóctona, perteneciente a la
familia de lenguas malayo-polinésica, dio como resultado una lengua
criolla conocida como chamorro. En la actualidad se le han incorporado
préstamos del inglés y del japonés. El nombre de ?chamorro? procede de
la palabra en lengua indígena chamurre, que significa ?amigo?, palabra
con la que saludaron los indígenas a los españoles que llegaron a Guam
en 1565, según consta en la Relación de la navegación que hizo Esteban
Rodríguez.
En la actualidad, y a diferencia de Filipinas, no existe un grupo de
hablantes en las islas que tenga el español como lengua materna, pero el
chamorro es la lengua oficial de las Marianas, junto con el inglés.
Según los datos del Anuario de la Enciclopedia Británica (2003 Book of
the Year - Events of 2002), en la isla de Guam hay en la actualidad
45.000 hablantes y 21.500 en el resto de las Marianas.
Entre sus rasgos fónicos destaca el seseo. El léxico de origen español
supone el 60% del total. Hay restos de español en oraciones y canciones
populares, y en especial en los villancicos navideños. El español tiene
también una presencia importante en la onomástica, tanto en nombres de
pila como en los apellidos, así como en la toponimia, lo que resulta
evidente en el nombre mismo del archipiélago: Marianas, llamadas así en
honor de la reina Mariana de Austria y de la Virgen María. Cuatro de las
quince islas tienen nombre español: Rota, Farallón de Pájaros, Farallón
de Medinilla y Asunción. También son españoles otros topónimos como
Puerto Rico, Kastiyu, Puntan dos Amantes, Santa Ana, etc.
EL ESPAÑOL EN LAS ISLAS
CAROLINAS, PALAOS Y MARSHALL
Durante el siglo XIX, España intentó con poca fortuna establecimientos
comerciales, militares y religiosos en los archipiélagos de las
Carolinas, Palaos y Marshall, en el Pacífico, pero su influencia fue muy
limitada, por lo que el español no dejó más que una huella muy endeble
que hoy queda limitada al léxico. Sin embargo, es en esta lengua en la
que más voces hay de origen hispánico de todas las de Oceanía: unas 120
palabras, pertenecientes a los campos de significado de la religión,
objetos domésticos, a la alimentación, al transporte, a la fauna y a la
flora, como soldado, biblia, rosario, kusarang (?cuchara?), butiliang
(?botella?), sebulias (?cebollas?), sandiang (?sandía) o baarkow
(?barco?) . Sin embargo, son muy abundantes los antropónimos españoles
y, en menor medida, los topónimos.
___________________________
Recopiado
de: Wikipedia
|