El español en el mundo

 

 

 

Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer.
Alfonso V el Magnánimo

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Poesía es la unión de dos palabras que uno nunca supuso que pudieran juntarse, y que forman algo así como un misterio.
Federico García Lorca

 

PLANTEAMIENTOS METODOLÓGICOS

La traducción se ejerce sobre textos escritos en una lengua (original o de partida) que el traductor debe trasladar a otra lengua (terminal o de llegada). La interpretación procede de forma similar pero con la diferencia de que se ejerce sobre la lengua hablada. Esta definición tan general no las convierte por ello en actividades sin matices.

La tipología de la traducción es objeto de serios y variados estudios que van desde la especificidad de las materias sobre las que se aplica (traducción literaria, científico-técnica, jurídica) a la finalidad y soporte del texto traducido: libro, revista o periódico, texto informativo, subtítulos y guiones de cine y televisión, carta o documento destinado a ser transformado infinidad de veces hasta su redacción final, etcétera. En el caso de la interpretación su diferenciación está sujeta, entre otras cosas a las circunstancias y condiciones en que se realiza (simultánea, consecutiva, susurrada), pero desde el punto de vista profesional, lo que caracteriza y define a ambas son sus ámbitos de aplicación.

Dichos ámbitos, así como la proyección social y cultural de la traducción y la interpretación (número de traductores e intérpretes, instituciones que los forman, tutelan o representan, mercado laboral) es lo que tendremos en cuenta a lo largo de este trabajo que, sin desdeñar el análisis teórico del hecho traductivo, lo que pretende es acercarse a su realidad para ayudar a comprender mejor cómo se articula esta última y cuáles son sus características, sus diferencias y sus puntos de contacto.

De todos modos no parece inútil recordar brevemente algunos de los rasgos que caracterizan a la traducción, entendida como hecho lingüístico, y que la convierten en un factor primordial a la hora de analizar la imagen de una cultura, su peso político y su desarrollo social. Para empezar, la traducción es una condición indispensable para que se produzca el intercambio cultural, en el sentido más amplio, entre países que hablan lenguas diferentes y desconocidas entre si. No es sino el deseo de saber lo que piensan, dicen y hacen los «otros» —y viceversa— lo que ha animado, desde la noche de los tiempos, a comerciantes, eruditos o políticos de todas las lenguas y nacionalidades a recurrir a la traducción y a la interpretación.

Tampoco es un secreto que algunas de las ideas que caracterizan a determinadas culturas son muchas veces producto de una reflexión inducida por la vía indirecta de la traducción, que ha ido modificando su primitiva formulación hasta volverla irreconocible e inespecífica, convirtiéndola, en virtud de esa compleja alquimia, en patrimonio de la humanidad. Se trata, según la expresión acuñada por el profesor García Yebra  de la «traducción implícita» que realizamos todos cuando elaboramos un texto o un discurso hablado, manejando conceptos e ideas adquiridos directa, o indirectamente de otras lenguas.

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La traducción se nos muestra como una actividad compleja y altamente cualificada que, para su mejor cumplimiento, requiere un gran número de conocimientos y de experiencias, ya que no consiste sólo en realizar un trasvase de lexemas adecuándolos a un campo sintáctico determinado, sino que se trata de una verdadera «transculturación». Tiene además una función metafórica y metabólica: es una suerte de alquimia donde se produce un mestizaje entre la lengua y el mundo del emisor original del mensaje, y la lengua y el mundo del traductor, y esto es válido para sus dos variantes, la escrita y la hablada que aunque cumplen, como ya he dicho, idéntica función de vasos comunicantes lo hacen según unos procedimientos y unas características muy diferentes.

La traducción es, además, uno de los parámetros para medir la importancia de una lengua  de forma que, generalmente, cuanto mayor es su importancia (y el número de hablantes no es un criterio suficiente para calibrarla), menor suele ser el número de traducciones que se realizan hacia ella y mayor el de las traducciones realizadas desde ella. Los estudios y encuestas sobre la traducción entre países europeos  demuestran que el portugués, el italiano y el español son los idiomas a los que más se traduce, mientras que en francés y en inglés, en particular en el Reino Unido, donde el número de publicaciones es el más elevado de Europa, la actividad traductora es muy escasa.

Pero hay excepciones imputables a diferentes causas —algunas estructurales y otras coyunturales— como ocurre con algunas lenguas que tienen en determinados ámbitos (literarios, políticos o científicos) una importancia crucial: lenguas clásicas —latín y griego—, lenguas semíticas, lenguas orientales, las lenguas eslavas y otras llamadas de «difusión limitada».

Hay otros factores que han aparecido en cierta forma recientemente y que pueden modificar, en sentidos muy diferentes, aunque muchas veces convergentes, la frecuencia o la necesidad de la traducción. Me refiero al plurilingüismo como práctica habitual. Parecería que, en principio, sólo necesitan acceder a la traducción aquellos que desconocen la lengua de la que se traduce, por tanto cuanto mayor sea el número de lenguas que se hablan o estudian en un país, menor será también el recurso a lo que Steiner llama, no sin soberbia, «la humillante confianza de la traducción».

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Aunque esto es verdad para cierto tipo de traducciones y en particular para algunas lenguas internacionales como, por ejemplo, el inglés  el plurilingüismo tiene, en contrapartida, un factor positivo para el incremento de la traducción pues al aumentar el número de personas que conocen más de una lengua, aumenta también el de personas que pueden llevar a cabo una actividad cuyas aplicaciones prácticas ofrecen un variopinto mosaico de posibilidades alentadas, además, por el incremento de las relaciones internacionales y por la introducción de nuevos y revolucionarios métodos de trabajo y de comunicación.

Por otra parte hay que entender que el respeto a la realidad multilingüe del mundo —que en la Unión Europea es doctrina— se ejerce en doble dirección, lo que implica inevitablemente pasar por la traducción pues si expresarse en la lengua propia es un derecho inalienable no lo es menos entender en la lengua de uno lo que dicen los demás en la suya de forma que todos estos factores, unidos a los progresos realizados en la enseñanza de idiomas y a la vertiginosa multiplicación de la información a través de los nuevos cauces de comunicación (me refiero al así llamado «ciberespacio»), no puede sino redundar en beneficio de la traducción haciendo menos humillante, y cada vez más necesaria, su confianza en ella como garantía de la multiplicidad y la diversidad lingüísticas.

Otro aspecto de la máxima importancia que no se puede ignorar a la hora de analizar la trascendencia de la actividad traductora y la necesidad de ocuparse seriamente de ella: si al tiempo que hace falta para llevar a cabo la difusión de las ideas y del saber dentro del mismo ámbito lingüístico donde se producen tales ideas (y no está claro que la velocidad con que ahora se puede conseguir tal difusión influya en la de su asimilación) añadimos el tiempo que se necesita para traducirlas y difundirlas en otras lenguas podremos calibrar la importancia, complejidad y dinamismo de la traducción en la actualidad: se trata de una actividad plural, que se realiza en doble dirección y cuya rapidez, eficacia y calidad son de una importancia crucial para el mejor entendimiento y el cabal desarrollo de los individuos.
 

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También es una actividad ante la que ninguna institución ni persona interesadas en la salud de la lengua pueden permanecer indiferentes pues los traductores, además de ser, como decía Kundera «los modestos constructores de Europa», tienen, por la naturaleza misma de su función, una influencia en la formación y el enriquecimiento de la lengua que ha sido fundamental para el nacimiento de buen número de lenguas nacionales. Hace ya tiempo que todos sabemos que el valor normativo de la traducción y su repercusión en la lengua, tanto hablada como escrita, es inmenso (doblaje, subtitulado, prensa, publicidad, etcétera) y que la responsabilidad de los traductores y de los intérpretes no termina —o al menos no debería de hacerlo— en el momento en que han finalizado su cometido. Si hiciera falta encontrar más argumentos para avalar su trascendencia formativa, bastaría con recordar que en el sector editorial el mayor número de traducciones lo son de literatura infantil y juvenil.

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Sobre el presente trabajo

El valor de este estudio es puramente instrumental. Está, por lo tanto, sujeto a revisiones y actualizaciones. Partiendo de mi trabajo anterior [9], y de acuerdo con los criterios del Anuario del que forma parte, he pretendido condensar en él los datos actuales sobre la traducción e interpretación referidos en su mayor parte al español y a su proyección internacional, distribuyéndolos en tres apartados —profesión, instituciones y formación— para terminar con un apartado dedicado a las propuestas de actuación y un apéndice de datos.

Mis fuentes se basan principalmente en mi propia experiencia como traductora y como editora, pero sobre todo en mi experiencia personal en el terreno asociativo, que me ha puesto en contacto de manera privilegiada con la realidad profesional, así como en los datos aportados por otras personas e instituciones a las que cito cuando corresponde. Este estudio viene a sumarse al esfuerzo de otros empeños similares emprendidos durante estos últimos años desde diferentes sectores tanto públicos como privados. En nuestro país muchos de estos trabajos proceden del ámbito universitario, como el repertorio de traducciones llevado a cabo por el profesor Julio César Santoyo desde la Universidad de León  y otros proyectos universitarios que mencionaré en el apartado dedicado a la enseñanza de la traducción y la interpretación.

Por su parte, las asociaciones profesionales, además de los correspondientes censos y otros repertorios , han dado a la luz recientemente algunos estudios de tipo sociológico con la intención de estudiar el perfil del traductor y su incidencia en el mundo laboral, en particular en su calidad de autores, es decir referido fundamentalmente a la práctica editorial . Todos ellos, así como otras publicaciones similares (repertorios, guías, anuarios, informes) que están proliferando en otros países  contribuyen no sólo a saber cuánto, cómo y en que circunstancias se traduce, sino a localizar los focos donde incide la actividad traductora y a conocer mejor sus canales de acceso, aprendizaje y salidas profesionales, con el fin de mejorar sus prestaciones y su incidencia en el estado de la lengua.

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ANÁLISIS DEL SECTOR

Las salidas profesionales

Hasta hace no mucho en España el mercado de la traducción y la interpretación estaba relegado a la iniciativa privada, basada en las relaciones más o menos directas entre usuarios y traductores, pero hace ya unos años que esto no es así debido a una serie de factores sobradamente conocidos entre los que destacaré, por su mayor incidencia en el hecho traductivo, la intensificación de las relaciones internacionales, políticas e industriales, con la consiguiente proliferación de congresos y simposios, el turismo, que ha dejado de ser estacional, la oficialización del multilingüismo, tanto dentro de nuestro país como en la Unión Europea, la recuperación del sector editorial, todo ello apoyado por el consabido incremento en la transmisión e informatización de datos.

Estas premisas han influido de forma espectacular en el cambio experimentado durante esta última década y han conducido a un aumento en la demanda de traductores e intérpretes, lo que implica también una mayor profesionalización así como la necesidad de una formación más específica y continuada.

En este apartado me voy a centrar en la práctica profesional y en el mercado que la canaliza, tal y como está configurado en la actualidad y que ha dejado muy lejos ya las divisiones tradicionales Dicho mercado se reparte principalmente en dos grandes sectores. Uno que podríamos llamar sector público o institucional (ministerios y organismos dependientes de las Administraciones públicas, organismos internacionales y organizaciones no gubernamentales, así como bancos y determinadas empresas) y otro que se desarrolla dentro del sector privado (traductores e intérpretes independientes, agencias de traducción e interpretación, sector editorial).

Si hago esta distinción no es porque considere que los problemas técnicos a los que se enfrentan los traductores e intérpretes que trabajan para ambos sectores sean distintos, sino porque los planteamientos sociales y laborales de su trabajo son radicalmente diferentes. Los traductores del sector público son trabajadores fijos, sujetos a horarios y a condiciones laborales comunes a otros trabajadores y practican modalidades de traducción altamente especializadas, generalmente de tipo jurídico, económico y científico-técnico, mientras que los traductores del sector privado (excepto los de algunas empresas con plantilla fija) son traductores independientes, que trabajan en su propio domicilio y para todo tipo de usuarios (en particular para las agencias de traducción y el sector editorial) y que, en principio, practican todas las modalidades de traducción e interpretación.

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La traducción en el sector público e institucional

En este capítulo están incluidos las traducciones y los traductores que trabajan en los organismos, empresas e instituciones nacionales e internacionales, tanto públicas como privadas. Desde que España y el español han cobrado mayor protagonismo en el plano internacional, sobre todo desde que nuestro país se adhirió al espacio común europeo, se ha generado una oferta sumamente interesante de puestos de trabajo para traductores e intérpretes. La alta cualificación exigida para acceder a ellos está influyendo de manera notable en la formación académica de los traductores, en particular en lo que se refiere a la traducción jurídica y a la traducción científico-técnica que están empezando a robar así su prestigio a la traducción literaria.

Por otra parte, las transformaciones sociales que se avecinan (convivencia multicultural derivada de la libertad de establecimiento, etcétera) así como muchos otros factores de tipo jurídico y político, también afectan directamente a la actividad traductora, tanto en el seno de dichas instituciones como dentro de cada Estado miembro [14]. Esta influencia ya se está percibiendo en nuestro país donde cada vez son más numerosas las empresas que tienen departamentos de traducción y aunque no resulta fácil conocer su número exacto ya es bastante frecuente encontrar anuncios en la prensa de asesorías jurídicas, consultoras financieras, empresas de informática, laboratorios, empresas de Investigación y Desarrollo, etcétera, que solicitan traductores altamente cualificados para incorporarse a ellas.

La traducción y la interpretación al español en los organismos internacionales

Los organismos internacionales, integrados por un conjunto heterogéneo de naciones plurilingües, llevan a cabo una labor de interpretación y traducción sistemática y organizada de los documentos producidos a raíz de las deliberaciones, reuniones y conferencias que se realizan entre ese abigarrado conjunto de naciones. En consecuencia, dichos organismos disponen de unos servicios de traducción e interpretación independientes y sólidamente estructurados que trabajan según unas normas muy elaboradas y que constituyen, por el elevado nivel retributivo de sus funcionarios, una de las salidas más ambicionadas por los traductores e intérpretes.

Pero su contribución a la bolsa de trabajo de la traducción no se limita, como veremos, al reclutamiento de dichos funcionarios ya que el volumen de trabajo exige la contratación de servicios en el exterior. En los organismos internacionales hay cierto número de lenguas oficiales y todas ellas gozan, en principio, de la misma consideración. Ahora bien, una cosa es la consideración jurídica —que efectivamente existe— y otra muy diferente su aplicación real. El análisis de esta desigualdad funcional entre las así llamadas lenguas oficiales es sumamente indicativo del peso de cada una de ellas y de su consideración en el mundo, que no es sino el reflejo de la que gozan sus respectivos países.

Al hablar de organismos internacionales me refiero a las instituciones de la Organización de las Naciones Unidas, ONU (seis lenguas oficiales: francés, inglés, español, árabe, chino y ruso, de las que sólo dos: el inglés y el francés, son lenguas oficiales o de trabajo) y a lo que antes se conocía como Comunidad Europea y ahora, después del Tratado de Maastrich, Unión Europea.

La diferencia entre ellas estriba en el hecho de que la ONU es realmente una organización internacional, mientras que la UE es una organización supranacional, matiz que condiciona fuertemente su régimen lingüístico, basado en el principio del respeto al multilingüismo, verdadero baluarte de la libertad de los pueblos que componen la Unión y que a su vez reposa en el idioma, entendido como una de las principales señas de identidad de dichos pueblos. La exhaustividad de los datos que existen sobre la traducción y la interpretación en las instituciones de la Unión Europa me permiten extenderme en el análisis de su estructuración.

El régimen lingüístico por el que se rigen está formulado en el Reglamento n.º 1 de 15 de abril de 1958 que desarrolla el artículo 217 del Tratado Constitutivo de la Comunidad Europea de 27 de marzo de 1957, conocido como Tratado de Roma por el cual todas las lenguas oficiales de los Estados miembros son, a su vez, lenguas oficiales y de trabajo (con excepción del luxemburgués, declarada lengua oficial de Luxemburgo en 1984 y la peculiaridad del irlandés, lengua que tiene otro estatuto lingüístico y en la que sólo se publica el derecho primario.

También el catalán y el gallego tienen un tratamiento especial) y, por lo tanto, hay que redactar en ellas todos los Reglamentos, el Diario Oficial de las Comunidades Europeas y demás textos de alcance general, de manera que cualquier versión, en cualquier idioma, es igualmente válida a todos los efectos. Además, en el ya citado Reglamento n.º 1 se dice que, «Por lo que respecta a los Estados miembros donde existan varias lenguas oficiales, el uso de una lengua se regirá, a petición del Estado interesado, por las normas generales de la legislación de dicho Estado», y así, por ejemplo en España, las diferentes lenguas oficiales pueden ser utilizadas a elección del emisor.

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A su vez, los textos remitidos por las instituciones de la Unión a los Estados miembros o personas dependientes de su jurisdicción deben estar redactados en la lengua de dicho Estado y si se trata de un país que no pertenece a la UE se utilizará la lengua con la que se le considera más relacionado, por ejemplo el español en el caso de los países hispanohablantes. Aunque no existe ninguna normativa al respecto, en el procedimiento decisorio de las instituciones de la Unión, y sin perjuicio de la oficialidad ya citada de las once lenguas que existen en la actualidad, hay dos categorías de lenguas: las llamadas «lenguas vehiculares», que son las verdaderas protagonistas, en las que se redactan los documentos y a las que se traducen todos los documentos previos, y las llamadas «lenguas traducidas» que son todas las demás y a las que sólo se traduce según la demanda, además de las traducciones obligatorias.

En principio todas las lenguas pueden ser vehiculares, pero las principales son el francés y el inglés y recientemente, aunque todavía en menor medida, el alemán. En lo que se refiere a la presencia del español, a pesar de que su peso en Europa es muy pequeño, el hecho de que se trate de una lengua internacional cuya importancia va en aumento también se refleja de manera indirecta pero eficaz en su presencia en las instituciones de la Unión Europea.

Por ejemplo, la supremacía cada vez mayor del alemán como lengua vehicular tiene, de rechazo, una importante y beneficiosa repercusión sobre el español, pues la mayoría de los candidatos a los puestos de traductores de lengua alemana tienen como segunda lengua, después del inglés, el español en detrimento, por supuesto, del francés. Es de suponer que cuando se produzca la inevitable incorporación de los países del Este, el español también se verá reforzado por la sencilla razón de que en dichos países el aprendizaje del español ha conocido, a través de Cuba, un gran auge.

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Cada institución tiene un servicio de traducción independiente, con su propio régimen lingüístico, en el que las diferentes lenguas oficiales también tienen, en la práctica, diferentes jerarquías, lo que se explica por el contenido de las respectivas funciones. En el conjunto de todas ellas, el español ocupa un quinto lugar como lengua de destino y un lugar casi insignificante como lengua de partida. Vale la pena analizarlas una por una, para comprender, a la luz de sus objetivos, la utilización de sus recursos lingüísticos.

— Comisión Europea. Es la mayor de todas las instituciones de la Unión, tiene unos 14 000 funcionarios. Tiene sedes en Bruselas y Luxemburgo. Su servicio de traducción se compone de 1.200 traductores de las 11 lenguas oficiales, de los cuales 120 son españoles. En dicho servicio se traducen alrededor de un millón de páginas anuales exclusivamente hacia la lengua materna o lengua principal, como ellos mismos dicen para no ofender a las minorías lingüísticas bilingües.

Las 11 lenguas son oficiales y de trabajo pero las principales lenguas vehiculares son el francés y el inglés, lo que les convierte no sólo en los idiomas más utilizados en la redacción de los textos originales, sino también en los más traducidos en uno y otro sentido. Como hemos dicho, la situación del alemán es algo particular porque, a pesar de que son pocos los textos redactados en esta lengua, la versión alemana es necesaria en todas las fases de discusión interna de las propuestas legislativas de forma que cuando se reúnen las veinte Comisarías no empiezan a trabajar hasta que no se dispone de la versión alemana.

Es tal la lucha por la hegemonía lingüística interna que los italianos, cuyo peso político en la UE no es nada desdeñable, no han descansado hasta conseguir —esta vez en el terreno de la interpretación— que en las reuniones oficiales de la Comisión, además de en inglés, francés y alemán, se hable también en italiano.
 

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—Consejo de la Unión Europea (Consejo de Ministros). Cuenta con unos 2.500 funcionarios y tiene su sede en Bruselas. Su división de traducción tiene unos 400 traductores de las 11 lenguas. Es uno de los pocos reductos internacionales de predominio del francés de manera que a los candidatos a traductores se les exige el conocimiento de dicha lengua.

—Parlamento Europeo. Tiene sedes en Luxemburgo y Estrasburgo, aunque las comisiones parlamentarias trabajan principalmente en Bruselas. La plantilla está formada por unos 3.200 puestos permanentes y unos 500 contratados. Su división de traducción cuenta con unos 400 forman traductores que traducen de y hacia todas las lenguas siendo la institución más auténticamente multilingüe.

—Comité Económico y Social y Comité de las Regiones. Tiene su sede en Bruselas. Funcionan con una infraestructura común, con unos 600 puestos en plantilla. Su servicio lingüístico cuenta con unos 150 traductores.

—Tribunal de Justicia. Su sede está en Luxemburgo, con 750 puestos permanentes y 87 temporales entre los cuales hay 250 traductores de todas las lenguas todos ellos licenciados en derecho. Existen además otros organismos como la Agencia Europea del Medio Ambiente, Europol, Banco Central Europeo, Oficina de Patentes, Observatorio Europeo cuyo servicio de traducción central, con sede en Luxemburgo, se está creando en la actualidad.

En cuanto a la interpretación en las Instituciones de la Unión Europea, me voy a referir a la del Servicio Común Interpretación-Conferencias de la Comisión Europea, considerado como el mayor servicio de interpretación del mundo pues emplea a una media de setecientos intérpretes en las cerca de cincuenta reuniones que celebran diariamente, tanto en Bruselas como en otros lugares, las distintas instituciones: El Consejo de la Unión, la Comisión, el Comité Económico y Social, el Comité de Regiones y el Banco Europeo de Inversiones, así como los diferentes organismos europeos establecidos en los Estados miembros.

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Para acceder al puesto de funcionario intérprete, además de los requisitos habituales, se requiere un profundo conocimiento de la actualidad, en particular política y económica, dotes de comunicación oral (expresarse en público con propiedad, soltura y claridad) y excelentes conocimientos de al menos tres de los once idiomas siguientes (incluyendo el materno): alemán, danés, español, finés, francés, griego, inglés, italiano, neerlandés, portugués y sueco. Es interesante destacar la combinación lingüística que se exige a los candidatos de lengua española: tres de los otros diez idiomas o bien francés o inglés más otro idioma oficial que no sean el italiano ni el portugués o bien español e inglés más otro idioma oficial que no sean el italiano ni el portugués.

Además de estos servicios lingüísticos fijos o de plantilla (cuerpo de funcionarios lingüistas), se recurre también a la contratación exterior, ampliando así la oferta al sector privado. La contratación se realiza a través de las ofertas públicas [18] y pueden optar a ellas los profesionales de todos los Estados miembros que cumplan los requisitos exigidos.

Dentro de la traducción institucional hay que contar también con la oferta generada por las Organizaciones No Gubernamentales (ONG), algunas de las cuales [19] tienen en su nómina a centenares de traductores que por el tenor de sus cometidos están continuamente recibiendo y generando información en todos los idiomas, tanto en lo que se refiere a documentos escritos como a congresos y coloquios.

La traducción en la Administración española

La situación en la Administración española es muy ambigua. En principio sólo se reconoce oficialmente en materia de traducción e interpretación la que se realiza en la Oficina de Interpretación de Lenguas del Ministerio de Asuntos Exteriores, donde existía un Cuerpo de Interpretación de Lengua que ha sido sustituido en 1991 por el Cuerpo de Traductores e Intérpretes adscritos exclusivamente a dicho Ministerio.

La existencia de este cuerpo oficial no implica que tenga el monopolio de las traducciones que se realizan en los Ministerios y otros organismos oficiales, pues desde hace ya mucho tiempo, en particular desde que, por los años ochenta se empezaron a contratar traductores que procedían generalmente de la traducción literaria y de la traducción independiente para traducir el derecho derivado al español (requisito indispensable para la Adhesión), los demás Ministerios y organismos dependientes de las administraciones públicas han ido cubriendo su necesidad, cada vez más creciente, de traductores, bien con funcionarios procedentes de otros cuerpos y capacitados lingüísticamente, bien contratando personal laboral en oferta de empleo público.

A pesar de que en dichas ofertas los traductores e intérpretes figuran en el Grupo A, hay un desajuste en la aplicación de las respectivas categorías que afecta a gran número de contratados laborales de los diferentes organismos públicos y que es un síntoma más de la indefinición e indefensión de la figura del traductor dentro de la Administración y de la sociedad españolas. Si al elevado número de traductores contratados por los Ministerios, empresas públicas y otros organismos dependientes de la Administración Central sumamos los que sin duda existen en las Administraciones autonómicas, en la actualidad estos profesionales (cuyo número exacto es difícil debido a la mencionada indefinición de su estatuto) componen un grupo lo suficientemente numeroso como para que se tomen en cuenta sus reivindicaciones.

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Hay también otro colectivo de traductores víctima de la citada indefinición y a quienes la oficialización de los estudios de traducción e interpretación afecta especialmente. Me refiero a los Intérpretes Jurados que están a caballo entre la traducción institucional (es el Ministerio de Asuntos Exteriores quien, a través de la Oficina de Interpretación de Lenguas, convoca los exámenes para conseguir el título) y los traductores independientes, ya que su actividad es completamente privada.

Los requisitos para acceder a dicho título han sufrido recientemente una serie de modificaciones muy polémicas, pues se exime del examen a los candidatos en posesión de la licenciatura de Traducción e Interpretación que hayan superado determinados créditos de traducción jurídica. Los Intérpretes o Traductores Jurados (trabajan en las dos variantes, la oral y la escrita) intervienen en las transacciones comerciales, en la convalidación de títulos, estatutos de sociedades, interpretación ante los tribunales y todos aquellos procedimientos que requieran una certificación oficial o «traducción jurada», por lo tanto, las modalidades de traducción que practican son las inherentes a esas materias.

La traducción y la interpretación en el sector privado

El traductor independiente conserva muchas de las características que definían al traductor en épocas menos especializadas: muchos de ellos simultanean su trabajo con otras actividades (puede ser profesor, o escritor, o tener otro tipo de empleo) [21], es polifacético y multidisciplinario (algunos de ellos practican todas las modalidades de traducción) y suelen trabajar esporádicamente. También es el tipo de traductor que puede surgir por multitud de razones: creatividad o identificación con el autor (en el caso de la traducción literaria) o por otras razones totalmente coyunturales que rozan a veces la improvisación y el intrusismo.

Pero cada vez hay más profesionales que se dedican exclusivamente a la traducción independiente pues la demanda de esta forma de trabajo autónomo (teletrabajo o a domicilio) ha aumentado en todos los tipos de traducción y de interpretación, debido entre otras cosas, al correo electrónico y otras «facilidades». A ellos acuden las editoriales, las agencias de traducción y, como hemos visto, las empresas y organismos (públicos y privados) cuando el exceso de trabajo les obliga a contratar en el exterior. También son los que atienden al mercado que genera el cada vez más pujante sector de las comunicaciones (prensa, televisión, cine, publicidad, etcétera), bien sea individualmente, bien sea a través de las agencias de traducción e interpretación.
 

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Las agencias de traducción

Las agencias de traducción son uno de los mayores usuarios de este tipo de traductores. Son empresas de servicios que realizan trabajos de traducción e interpretación para otras empresas o para particulares. Los precios que ofrecen a sus clientes suelen ser muy competitivos con el fin de conseguir el mayor volumen de trabajo posible. Las agencias de traducción han proliferado en los últimos tiempos debido a los mismos factores que han impulsado la traducción en los demás sectores.

Las hay que ofrecen todo tipo de traducciones (desde la de una simple carta hasta un informe comercial o técnico, un artículo de prensa o un guión de cine) y las hay especializadas en textos legales o médicos, e incluso en catálogos de arte, folletos turísticos o textos literarios. Estas últimas suelen completar su oferta con otros servicios editoriales, como corrección de estilo y de pruebas o composición de textos y diseño gráfico. También hay agencias de interpretación que canalizan gran parte del volumen de trabajo de esta profesión.

Aunque la calidad del servicio que proporcionan las agencias de traducción e interpretación ha mejorado considerablemente durante estos últimos años, existen todavía focos incontrolados donde el anonimato y la dispersión fomentan el intrusismo laboral y la escasa fiabilidad de los servicios prestados.

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Los traductores de libros y el sector editorial

Pocas son las editoriales que a la hora de programar su línea editorial se pueden abastecer exclusivamente de lo escrito en su propio idioma, en particular para algunas materias y en un mercado cada vez más pujante. Ni siquiera las culturas más autárquicas pueden permitirse el lujo de prescindir de lo que se piensa y escribe en otros ámbitos lingüísticos y culturales y tienen que recurrir a la traducción para completar su oferta.

La UNESCO, publica un Anuario Estadístico, que abarca las siguientes áreas de producción cultural: educación, gastos de la educación, ciencia y tecnología, bibliotecas, edición de libros, periódicos y revistas, papel cultural, películas y cines, radiodifusión sonora y televisión y comercio internacional de impresos. Para España, la bibliografía la establece el Instituto Bibliográfico Hispánico de Madrid (Biblioteca Nacional). Hasta 1993 el apartado correspondiente a la edición de libros incluía datos sobre la traducción pero con un desfase de más de un lustro y, por lo tanto, con unos datos tan antiguos que, aunque pueden resultar de gran utilidad para los historiadores de la traducción, carecen de interés para el análisis de la situación actual que persigue este ensayo.

Los datos que proporciona la Dirección General del libro (procedentes de la Agencia Española ISBN, de la propia Dirección General del Libro y del Instituto Nacional de Estadística) sobre el sector editorial nos permiten cuantificar con bastante exactitud el número de traducciones que se realizan en España y evaluar mejor determinados comportamientos culturales, uno de cuyos parámetros es, ya lo sabemos, la traducción. También nos permiten aproximarnos al número real de usuarios. Por ejemplo, durante el año 1996 hubo 3.400 agentes editores, de los cuales un 77,3% eran editoriales privadas, un 14,5% instituciones públicas y un 8,2% instituciones sin ánimo de lucro y autores que se financiaron su propia edición.

Todos ellos fueron clientes potenciales de traducciones lo cual amplía el mercado de la traducción editorial de manera considerable. En España, la actividad traductora, que siempre ha sido excelente, ha ido incrementándose desde la década de los ochenta y se ha estabilizado durante estos últimos cinco años, situándose en torno a la cuarta parte de la producción total de títulos, como se puede ver en el cuadro 1 y en el cuadro 2.

Desde 1994 en la Panorámica se detallan las reediciones y reimpresiones, aunque no en lo que respecta a las traducciones, pero de todas formas, y en ausencia de datos más fidedignos, podemos hacernos una idea relativa del volumen de traducciones que contratan los editores anualmente. Por eso vale la pena comprobar más de cerca la evolución durante estos últimos cinco años:

Si comparamos estos porcentajes con el resultado alcanzado en otros países europeos comprobamos que durante el año 1995 (los datos de 1996 no están disponibles) en Italia se tradujeron 13.030 títulos, (26,40% sobre la oferta total), en Alemania se mantuvo un volumen de traducción relativamente importante: 10.206 (oferta total, 14,4%), en Portugal 2.488 (oferta total 38,1%) y en Francia descendió estrepitosamente con sólo 1.671 libros traducidos (oferta total, 4,8%), aunque este último dato es de 1994.

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En cuanto a la frecuencia de las traducciones por lenguas, el inglés sigue estando a la cabeza, con la particularidad de que el segundo lugar lo ocupa por primera vez el castellano en detrimento del francés. La razón hay que buscarla en el incremento de las traducciones entre las lenguas españolas que suponen el 18,6% (2.203 libros) del total de traducciones y la disminución progresiva de la traducción en lenguas extranjeras que este año únicamente representan el 19,2% del total de libros editados. En el cuadro 3 se puede comparar los datos de 1996 con los del año anterior.

Todavía no disponemos de los datos comparativos de 1996, pero en 1995 el predominio del inglés es una característica común a toda Europa, pues las obras traducidas en Francia de este idioma representan el 73,25% de todos los libros traducidos en dicho país, en Alemania el 69,44% y en Italia el 52,37%. Ahora que sabemos cuánto se traduce y de qué idiomas habría que analizar cuáles son las materias de las que se traduce y cómo están repartidas, dentro de ellas, las traducciones. En el cuadro 4 se reflejan los resultados más recientes.

Estos últimos datos nos permiten comprobar la versatilidad de los traductores de libros y sus muy variadas especialidades y procedencias. Por lo general, la traducción editorial o traducción de libros está asimilada a lo que se suele llamar también traducción literaria. Es el tipo de traducción más prestigiosa de todas (aunque la peor retribuida), en particular en su vertiente auténticamente literaria, que muchas veces se apoya ventajosamente en el prestigio del autor traducido.

En esta categoría, además de la traducción «literaria» (en el sentido anglosajón del término es decir, de obras de ficción), están incluidas también las traducciones de obras de «no ficción» ya se trate de humanidades, ciencias artes o cualquier otra especialidad. La importancia de las materias traducidas, la incidencia que su lectura tiene sobre la formación lingüística del lector, la trascendencia de algunos de sus autores, nos obligan a llamar la atención de los responsables editoriales sobre los peligros que entraña una profesionalización mercenaria, sin vocación ni formación, reclutada de cualquier manera y a cualquier precio.
 

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La traducción, las nuevas tecnologías y las redes de información

No quiero concluir este apartado sin referirme a la revolución que supone en el ámbito de la traducción los programas de traducción asistida por ordenador y la existencia de redes de información que permiten comunicarse entre si, a través de todo el mundo, a profesionales y estudiosos de la traducción. En lo que se refiere a la traducción asistida o automática [26], además de las repercusiones lingüísticas (no hay que olvidar la inevitable simplificación léxica y sintomática), las que pueden resultar de su aplicación profesional son inesperadas, en particular en el campo de la traducción institucional.

En cuanto a las redes de información, hay que consignar que la presencia de la traducción dentro de ellas está constituyendo ya una realidad a la que pocos profesionales deberían sustraerse. Por ejemplo se calcula que en Internet, la Red de Redes, hay treinta millones de usuarios en la actualidad y que dentro de diez años serán aproximadamente cien millones. En Internet se puede encontrar no sólo listas de correos y listas de distribución sino también grupos de noticias y páginas de traductores (algunos de los cuales proponen alternativas lingüísticas no siempre aceptables), que incluyen debates, artículos, documentación, anuncios de servicios profesionales, etcétera, así como diccionarios, glosarios (por ejemplo, EURODICATOM, una de las bases de datos terminológicas de la Unión Europea más importantes) y repertorios bibliográficos de las entidades que están integradas en ellas (y prácticamente ya lo están casi todas) de forma que podemos consultar los fondos de la Biblioteca Nacional o el Index Translationum sin movernos de nuestro lugar de trabajo.

Las redes rompen con los formatos y los cauces habituales de comunicación y difusión de publicaciones y no sólo plantean lenguajes específicos, sino nuevos y muy arduos problemas de índole jurídica como puedan ser los derechos de autor y de distribución.
 

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El sector institucional - Las Asociaciones

El movimiento asociativo empezó en España muy pronto, en el año 1954, cuando un grupo de diplomáticos y de funcionarios del Ministerio de Asuntos Exteriores, como Julio Gómez de la Serna y Marcela de Juan, responsable de la Oficina de Interpretación de Lenguas, así como de traductores literarios procedentes del exilio, como Consuelo Berges, fundaron APETI (Asociación Profesional Española de Traductores e Intérpretes) y se integraron en la F.I.T. (Federación Internacional de Traductores), ong creada un año antes, afecta a la unesco.

Eso supuso el inicio de un movimiento asociativo que se ha visto incrementado con el reconocimiento de la diversidad lingüística del Estado español, hasta el punto de que en la actualidad en España existe un número muy elevado de asociaciones de traductores e intérpretes. Los objetivos de todas ellas son, en términos generales, muy parecidos: velar por la defensa de los intereses profesionales, representar a los traductores ante la instancias oficiales y las demás instituciones relacionadas con la traducción y conseguir un reconocimiento público acorde con la función realizada.

A pesar de todo lo anterior, la figura del traductor y del intérprete carece todavía de normativa legal específica, de forma que cualquiera con competencia lingüística puede practicar ambas profesiones. Esta ausencia de normativa jurídica en nuestro país no es una excepción: algo muy similar ocurre en el resto de los países de la UE. Por ello la Comisión, a través de su comité de Asuntos Culturales propone que se elabore un modelo de Estatuto profesional en colaboración con las autoridades y los medios profesionales.

Cada Estado miembro puede regular la profesión como le parezca teniendo en cuenta, entre otras cosas, la diversidad de traducciones, la formación y la especialización de los traductores así como el respeto a las normas impuestas por la libre circulación en el seno de la Unión Europea que se rigen por la directiva del Consejo de 21 de diciembre cuyo objetivo es impedir que los ciudadanos de cualquier Estado miembro se vean excluidos de la práctica de la profesión regulada en otro Estado miembro. Por su parte la UNESCO había elaborado en 1979 la Recomendación de Nairobi par prevenir la protección jurídica de los traductores y de las traducciones y los medios prácticos de mejorar su situación y la O.I.T. (Organización Internacional del Trabajo) ha delimitado los perfiles laborales de ambas profesiones bajo los epígrafes 1-95-30 y 1-95-40 del documento de la «International Standard Classification of Occupations».

En España, los traductores e intérpretes que trabajan por su cuenta, ya sea para el sector público o para el sector privado, están sujetos al Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF), al Impuesto de Actividades Económicas (IAE) y a la afiliación y cotización a la Seguridad Social y al Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA) (excepto los traductores literarios que al ser considerados autores de una obra derivada están exentos del pago de este impuesto). Vemos que por el momento la sociedad sólo es exigente con el traductor en lo que se refiere a sus obligaciones fiscales.

Hay un grupo de traductores que gozan de un reconocimiento y de unos derechos especiales, fruto del trabajo de las asociaciones. Me refiero a los traductores literarios, en su acepción más lata de traductores de libros, reconocidos como autores en la Ley de Propiedad Intelectual de 11 de noviembre de 1987. Sin embargo, así como la propiedad intelectual de la traducción está garantizada, no lo está tanto ni el reconocimiento ni la percepción de los derechos de autor del traductor, de forma que se producen situaciones tan dispares y disparatadas como las que se reflejan en los estudios ya citados.

La entidad que regula los derechos de autor es el Centro Español de Derechos Reprográficos (CEDRO), sociedad de gestión a la que pueden pertenecer todos los autores y traductores de libros, a título personal pero a cuya Junta directiva pertenecen representantes de determinadas asociaciones de traductores.

La reivindicación de los traductores como propietarios de su obra no está exenta de connotaciones que deberían revertir sobre su calidad, porque si el traductor es el propietario de su traducción también será el responsable y son ya bastantes las voces que exigen un control de calidad que debería de ser reclamable por parte del usuario final, esto es por parte del lector. Como dice el profesor Julio César Santoyo, «el traductor se mueve en medio de una impunidad aterradora» [32], para no hablar de los problemas relacionados con la responsabilidad del traductor técnico (manuales de uso), o del intérprete jurado [33].
Pero hay muchos intereses que se oponen a dicho control y, en definitiva, habría que remitir la responsabilidad a los editores de libros, redactores de periódicos y revistas, cadenas de televisión, laboratorios, etcétera, que también se mueven «en medio de una impunidad aterradora» y que, al no valorar debidamente la importancia de la traducción en la calidad final de su producto, muchas veces contratan indiscriminadamente y a la baja y se reservan, además, el derecho a someter la traducción a un proceso de reelaboración o de censura llevado a cabo por personas sin la suficiente competencia lingüística.

Las instituciones relacionadas con la traducción y la interpretación: política de ayudas, becas y premios

La traducción de los documentos y escritos que hacen referencia a la comunicación institucional y comercial obedecen a la aplicación de las normativas legales y a las necesidades del intercambio comercial. No precisan ningún otro estímulo para que se realicen. No ocurre lo mismo en el sector editorial donde dichas ayudas sirven de acicate para la traducción de cierto tipo de textos que tendrían serias dificultades para introducirse en el mercado, algunas por su escasa repercusión comercial y otras por el elevado coste de la traducción.

Conviene señalar que las ayudas consisten generalmente en subvenciones directas o indirectas a traductores y editores así como en premios o becas a traductores. La política de ayudas a la traducción varía notablemente de un país a otro al no tener todas las lenguas el mismo nivel de difusión. Sin embargo, analizándolas con detenimiento se observa en todos los países dos tipos de ayuda: la destinada a promover su cultura en el exterior, lo que se conoce como extraducción, y la destinada a promover la traducción de obras de otras lenguas a la propia, o intraducción.

En lo que respecta a las diferentes políticas nacionales, hay una tendencia cada vez mayor por parte de las lenguas de gran difusión como el inglés, el español, el francés, y el alemán a favorecer la expansión hacia el exterior, aunque en algunos países como España, Francia y Alemania se practican ambas modalidades.

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Instituciones nacionales

En España, el principal promotor de la política de intraducción y de extraducción es el Ministerio de Educación y Cultura, a través de la Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas. Su acción se estructura de la manera siguiente.

Dentro de la convocatoria anual a las ayudas a la creación literaria, además de las modalidades de poesía, narrativa y ensayo, existían hasta hace poco unas ayudas a la traducción a cualquiera de las lenguas del Estado español de obras originales escritas en otros idiomas dentro del campo de las humanidades. Dichas ayudas estaban dirigidas a subvencionar directamente a los traductores, independientemente de la publicación de la traducción. Aún no se sabe por qué tipo de acción van a ser sustituidas. En la actualidad sólo están en vigor:

— Ayudas a la traducción y edición entre las lenguas oficiales españolas de obras de autores contemporáneos. Consiste en el pago del coste de la composición de la obra y la edición deberá realizarse en el plazo máximo de dos años.

— Ayudas a la traducción y edición en lenguas extranjeras de obras literarias o científicas de autores españoles. Creadas en 1984, están destinadas a promover la concesión de ayudas económicas a aquellos editores españoles o extranjeros que editen y difundan, en cualquier lengua extranjera, obras literarias o científicas de autores españoles escritas originalmente y publicadas en cualquiera de las lenguas españolas. Un repaso al contenido del cuadro 5, donde se refleja la evolución de dichas ayudas desde su creación, puede resultar sumamente interesante para tener un atisbo de cuál es la repercusión de nuestra cultura en el exterior.

Podemos ver que los autores contemporáneos más solicitados son también los más «comerciales» y más de moda en nuestro propio país (Javier Marías, Vázquez Montalbán, Arturo Pérez Reverte, Juan Goytisolo, Almudena Grandes, Carmen Martín Gaite y otros por el estilo), lo que indica que la demanda de los editores extranjeros, en su mayor parte no es sino la respuesta a la oferta de las editoriales privadas y de los agentes literarios españoles. No ocurre así con los clásicos, cuya traducción obedece a una demanda más «auténtica» (no hay que olvidar la gran significación del hispanismo en el ámbito universitario internacional y sus repercusiones en la traducción y difusión de la literatura española).

Dentro del apartado de los clásicos, Cervantes es el autor con mayor número de solicitudes (se puede afirmar que no hay traducción actual de El Quijote que no haya sido financiada en parte con estas ayudas) seguido de Lope de Vega y San Juan de la Cruz. Otro de los clásicos más difundidos es La Regenta de Clarín y, cada vez más, las obras de Benito Pérez Galdós, en particular Fortunata y Jacinta, cuya traducción al neerlandés ha gozado este año de ayuda, como en años anteriores lo fue al sueco y a otros idiomas.

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En 1997 dichas ayudas han supuesto una dotación de más de 60 millones de pesetas, lo que supone una reducción importante si tenemos en cuenta que para 1991 estaba asignada la misma cantidad, o incluso la rebasaban para traducir a otros idiomas a un centenar de autores españoles de distintas épocas.

La repercusión de estas ayudas (y de las ayudas similares que existen en la Unión Europea y que veremos a continuación) en los países receptores así como su recepción por parte de la crítica, merecería un análisis más minucioso que en este caso se ve dificultado por la ausencia de datos fiables o tan siquiera cuantificables. También los agentes literarios y los departamentos de venta de derechos internacionales de las editoriales tendrían mucho que decir sobre esto y sobre la difusión cultural en general.

En cuanto a los premios, el Ministerio de Educación y Cultura convoca en la actualidad un solo Premio Nacional de Traducción con dos modalidades: a la mejor traducción publicada durante el año anterior y al conjunto de la obra de un traductor. Los Premios Nacionales han sufrido un franco retroceso pues además de los ya citados existían anteriormente un Premio Nacional de Traducción de Libros Infantiles y Juveniles (1978-1993), un Premio Nacional de Traducción entre Lenguas Españolas (1980-1984) y un Premio Nacional de Fomento de la Traducción de Autores Españoles a otros idiomas (1980-1984).

La ausencia de un premio como este último contrasta con la proliferación de galardones y becas a traductores extranjeros, como los que conceden la Embajadas de Francia, Alemania y Austria. Una excepción, es el recién creado Premio Valle-Inclán al mejor traductor al inglés de obras españolas, promovido por la Sociedad de Autores británica y financiado por el Instituto Cervantes, la Consejería de Educación del Ministerio de Educación y Cultura y la Oficina cultural de la Embajada de España en Londres. También las instituciones autonómicas otorgan premios de traducción a sus respectivas lenguas (vasca, catalana y gallega).

Las instituciones privadas que fomentan la traducción son muy escasas. Una de ellas es la Fundación Consuelo Berges, creada por esta traductora en 1982 con el fin de desarrollar y fomentar la traducción de obras de lengua francesa en general y, en particular, con el fin de conceder el Premio Stendhal (autor de cuya obra fue traductora y estudiosa la fundadora) para premiar la mejor traducción del francés al español publicada durante el año anterior.

Excepto una primera edición concedida en vida de Consuelo Berges, el premio empezó a otorgarse anualmente a partir de su muerte (1987) y va ya por su séptima edición. También hay que mencionar la Escuela de Traductores de Toledo, dependiente de la Universidad de Castilla-La Mancha y especialmente volcada a las relaciones entre las «tres culturas», desde la perspectiva de la traducción literaria.

Aunque vinculada al ámbito universitario, quiero consignar aquí la existencia de otra Institución española relacionada con la traducción, en particular con la traducción científica y con uno de su principales instrumentos: la terminología. Se trata del CINDOC, Centro de Información y Documentación Científica, organismo dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, que cuenta además con un Servicio de Traducciones y edita un Catálogo de Traducciones y otras publicaciones relacionadas con la terminología científica y la traducción.

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Instituciones internacionales

También los organismos internacionales, UNESCO y CEE, mantienen programas de ayuda a la traducción literaria y a otras manifestaciones de la traducción como son la formación y la investigación. Concretamente la UNESCO lleva practicando desde 1948 un programa de ampliación y enriquecimiento del patrimonio literario internacional mediante la traducción a idiomas de gran difusión como el francés, el inglés y el español, de obras literarias escritas en lenguas de menor difusión. De ahí ha surgido la Colección UNESCO de obras representativas en las que se favorece, en particular, las obras de poesía aunque también se contemplan los demás géneros literarios. La selección corre a cargo de comités de expertos nombrados por las Comisiones Nacionales y las ONG.

La UNESCO es la responsable de un ambicioso repertorio de traductores, el Index Translationum, que merecería una seria revisión en su planteamiento como puede comprobar cualquier traductor que consulte su entrada correspondiente. Como ya se ha mencionado es posible consultarlo en las redes informáticos y también se difunde en forma de disco óptico (CD-ROM), con todas las traducciones registradas en la base de datos XTRANS, de 1979 a 1993 (volúmenes 32 a 45 del Index impreso) o sea, más de 500.000 referencias (equivalente a 13 volúmenes impresos) que, en principio, es actualizado anualmente.

Además la UNESCO mantiene un estrecho contacto con la Federación Internacional de Traductores (FIT), que incluye programas de formación de traductores y varios tipos de premios: uno para a una traducción literaria, otro a una traducción científica, otro para una traducción de literatura infantil y otro más para premiar la traducción de una lengua de difusión limitada.

La UNESCO presta también apoyo técnico y financiero a otras instituciones, como por ejemplo el Servicio Iberoamericano de Información sobre la Traducción (SIIT), centro cuyo objetivo es la difusión de informaciones en el campo de la traducción, la interpretación, la terminología y la lingüística aplicada, a través de un boletín y de otras de publicaciones, o la Unión Latina, organización intergubernamental que reúne a treinta estados cuyo idioma oficial o nacional es una lengua neolatina, entre ellos España, como es natural. Sus objetivos son el desarrollo y fomento de los idiomas y la cultura latinos en todos sus aspectos.

Incluye diferentes programas de acción en los campos relacionados con todos esos temas. El llamado Segundo Programa desarrolla actividades de investigación, recolección de datos, información e intermediación en todo lo que concierne a las lenguas latinas en materia de terminología científico-técnica y trabaja en estrecha colaboración con las instituciones de todos los países a los que pertenece. Organiza exposiciones y conferencias sobre lingüística, terminología, lingüística informática y edición de diccionarios, así como diferentes publicaciones y repertorios.

En cuanto a la Unión Europea, en 1957 lanzó un programa de ayuda a la traducción de obras literarias escritas en lenguas europeas de menor difusión pero la experiencia se abandonó en 1967 al no dar el resultado apetecido. En 1989, dentro del Programa Ariane, se aprobó un proyecto piloto de ayuda financiera a las traducciones de obras literarias contemporáneas. En 1997, se ha aplicado por primera vez el programa Ariane como programa comunitario, adoptado por un periodo de dos años con un presupuesto global de siete millones de ecus, de los cuales, 2,3 millones están destinados a la traducción y promoción del libro y de la lectura y que se articula en torno a tres tipos de acciones:

— Ayudas a la traducción de obras literarias de calidad del siglo XX, obras de teatro y obras y estudios de referencia en el ámbito cultural. Se concede prioridad a la traducción de obras en lenguas menos difundidas a lenguas de mayor difusión, seguidas de las obras en lenguas menos difundidas a otras también menos difundidas, después a las obras en lenguas de mayor difusión a lenguas menos difundidas para terminar con las obras en lenguas de mayor difusión a otras también de mayor difusión, teniendo a su vez prioridad, en este último caso, las lenguas con literaturas menos traducidas. La ayuda cubre el 100 por cien de los honorarios del traductor. Las obras las elige la Comisión previo dictamen del Comité consultivo de expertos nombrados por los respectivos Estados miembros. El perfil de los solicitantes es muy similar al de los que se acogen a las ayudas de la Dirección General del Libro: los autores más conocidos y algunas obras de referencia.

— Proyectos de cooperación realizados entre socios pertenecientes a los Estados miembros en el ámbito del libro y de la lectura, incluida la traducción.

— Proyectos de perfeccionamiento y formación de profesionales en el ámbito de la traducción y de difusión de las literaturas europeas.

El Programa Ariane apoya también al premio Aristeion en sus dos vertientes: el premio europeo de traducción y el premio europeo de literatura.
 

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Las Casas del Traductor

Uno de los logros más brillantes de los apoyos a la traducción lo constituyen los Colegios Internacionales de Traducción Literaria o Casas del Traductor que se crearon hace ya veinte años para servir de lugar de residencia, estudio y trabajo de los traductores literarios. Se rigen, de manera informal aunque consensual, por la llamada «Carta de Prócida» (Italia, 1991), ratificada por la Resolución de Budmerice (Eslovaquia, 1996).

En la actualidad hay unos catorce centros diseminados por toda Europa (incluida Europa del Este). Los más consolidados y «modélicos» son los de Straelen (Alemania) que fue el pionero, y Arles (Francia). En España la Casa del Traductor está situada en Tarazona y es también una de las más antiguas. Estos centros no obedecen a ninguna denominación o estructura homogénea y se organizan en función de sus posibilidades y de las personas que los dirigen, aunque todos están animados por el mismo espíritu. Más allá de las variantes regionales o nacionales, un Colegio o Casa de traductores literarios se define como un lugar de trabajo y de investigación, dotado de una infraestructura de alojamiento para los traductores literarios que suelen trabajar con la lengua del país anfitrión, y que dispone de los elementos necesarios para que los residentes lleven a cabo su trabajo.

Es también un lugar de encuentro y de intercambio para los traductores de todas las nacionalidades (incluidos los autores que quieran trabajar con sus traductores), teóricos de la traducción, lingüistas, lexicólogos, profesionales del libro y universitarios, y un centro de documentación dotado de biblioteca especializada en traducción (revistas, diccionarios de todo tipo, obras literarias originales y traducidas). Cada Colegio es autónomo y puede actuar libremente dentro de su contexto nacional, manteniendo con las demás Casas una política fluida de información e intercambio de proyectos, presupuestos, estatuto jurídico, normas de funcionamiento y publicaciones e intentando encontrar interlocutores y modos de actuación similares.

Ante la proliferación de centros por toda Europa, la Red de Colegios ha perfilado recientemente los criterios fundamentales para la creación de nuevos Colegios: La voluntad de una persona, un grupo o una asociación que apoye el proyecto del Colegio en relación con su área, ya sea geográfica o lingüística, o literaria (en aquellos casos en los que se trata de asumir la difusión y defensa de una literatura nacional); una base jurídica, unas raíces, es decir, la implantación de la Casa (si ello es posible) en un entorno con patrimonio cultural ( bien sea monumento, ciudad o región); un lugar de residencia permanente que permita el trabajo individual, así como los intercambios intelectuales en un ambiente de cordialidad; las herramientas de trabajo adecuadas: biblioteca, material informático y acceso a bases de datos; medios económicos para el equipamiento y el funcionamiento permanente (gastos de personal, mantenimiento, compra de material y de libros) y la financiación de lo que la «Carta de Prócida» llamó los «efectos secundarios»: publicaciones, coloquios, seminarios, encuentros con escritores, premios de traducción, sin olvidar las ayudas para la dotación de becas para los residentes, medios para promover la circulación de las obras y las ideas, y apoyar a lenguas (y por tanto las literaturas) «minoritarias» o de débil difusión, aunque sean mayoritarias numéricamente (chino, ruso, etc.).

La «Resolución de Budmerice» consolida el derecho a la originalidad e independencia de cada Colegio de traductores literarios en cuanto a sus proyectos, financiación y funcionamiento en un país dado, pero considera una necesidad vital el apoyo financiero de las Instituciones Europeas (Unión Europea y Consejo de Europa) dentro de la política de apoyo al libro y a la lectura, en la que, como ya hemos visto, la traducción literaria juega un papel esencial.

Los Colegios de traductores literarios obedecen, como se ha dicho, a iniciativas individuales o asociativas, apoyadas moral y económicamente ante todo por la Comisión Europea pero también por el Consejo de Europa y, de una manera que varía según el país, por los ministerios, comunidades autónomas, municipios, ayuntamientos y etcétera e incluso por instituciones privadas que se reparten entre ellos los gastos de becas, encuentros, coloquios, compra de libros o publicaciones.

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LA ENSEÑANZA DE LA TRADUCCIÓN

Hasta hace unos años en España, desde el punto de vista pedagógico, la traducción sólo se utilizaba como un procedimiento más para la enseñanza de idiomas o en los estudios de Filología y no siempre con muy buena prensa, aunque ahora vuelven a surgir voces que defienden su eficacia. Fuera de esa práctica más o menos extendida la traducción se empezó a enseñar en la Universidad Complutense de Madrid como tal disciplina en el Instituto Universitario de Lenguas Modernas y Traductores, creado en 1974 por profesores, que también eran traductores, como Emilio Lorenzo y Valentín García Yebra, con la intención de formar profesionales en el campo de la traducción.

El IULMYT no ha dejado de funcionar desde entonces y sigue impartiendo estudios de postgrado. Hasta que en 1991 con la Ley de Reforma Universitaria, se creó la licenciatura de Traducción e Interpretación, la formación universitaria de traductor e intérprete (además de los estudios de postgrado antes mencionados) había estado encomendada a las Escuelas Universitarias de Traducción e Interpretación (conocidas como las EUTIS) que otorgaban el grado de diplomado y que estuvieron funcionando ya desde mediados de los setenta.

A partir de 1991 la Universidad española ha asistido al auge de estos estudios que se han convertido en una de las opciones más solicitadas dentro de las nuevas titulaciones surgidas de la Reforma de los planes de estudio, hasta el punto de que ya se han creado catorce Facultades de Traducción e Interpretación.

Todas estas facultades de Traducción e Interpretación se han agrupado en una Conferencia de Centros de Traducción e Interpretación, asociación que, además de interlocutora de las demás instancias relacionadas con la materia, pretende convertirse en el portavoz y aglutinante de los problemas planteados por este tipo de estudios. No obstante, quisiera destacar dos aspectos especialmente relevantes y que constituyen materia de debate.

El primero se refiere a la necesidad de separar la Traducción y la Interpretación en los planes de estudio, como desde un principio sugirieron las asociaciones profesionales consultadas, en razón de sus diferentes planteamientos tanto teóricos como prácticos. El segundo tiene que ver con un problema más general, y que atañe, en particular, a las vías de acceso a la profesión de traductor. Me refiero a los problemas que estas nuevas titulaciones plantean en el panorama laboral, al tratarse de una profesión de libre acceso, que carece de regulación al respecto.

Los profesionales en ejercicio se enfrentan ahora a un proceso de adaptación, respeto a los derechos adquiridos y homologación de titulaciones muy similar al que conocieron profesiones como Periodismo o Bellas Artes.

Conclusiones

La traducción y la interpretación antes de ser profesiones han sido prácticas habituales en todos los procesos sociales y culturales, ligadas por supuesto al conocimiento de idiomas, pero sin que se las considerara ni una disciplina académica ni una profesión, de forma que Steiner no andaba muy descaminado al referirse a la traducción como a un conjunto de prácticas tan amplio y tan variado que escapa a todo esquema único [46]. Sin embargo, parece lógico que en una sociedad cada vez más exigente con la formación de sus profesionales se hayan ido perfilando ese «conjunto de prácticas» hasta el punto de convertirse en una profesión digna de ser regulada y desde luego, remunerada.

Es evidente que estamos conociendo en España un momento crucial para la consideración social y profesional de la traducción; a pesar de ello, grandes sectores de opinión, por ejemplo la prensa literaria y la mayor parte de los intelectuales, permanecen indiferentes a la importancia de esa función de la que sin embargo dependen. Es de esperar que la incorporación de la traducción a la Universidad contribuya a elevar la categoría profesional de los traductores y a dignificar su profesión.

Dicha incorporación abre también una fructífera vía de investigación teórica que no puede sino redundar en beneficio de su práctica. No me refiero solamente a los estudios sobre historia de la traducción desarrollados en tesis doctorales y a otros proyectos de investigación, sino también a los laboratorios de nuevas tecnologías aplicadas a la traducción, y otra serie de investigaciones que sólo pueden llevarse a cabo en condiciones favorables en el ámbito universitario.

Los estudios terminológicos, tan necesarios para los traductores científico-técnicos (y para los literarios) proceden también del ámbito universitario y en él se están desarrollando en la actualidad el mayor número de coloquios y encuentros sobre la teoría y la práctica de la traducción y la interpretación, en la que estudiosos y profesionales tienen ocasión de revalidar sus conocimientos y contrastar sus experiencias.

En cuanto al mercado laboral, de lo anteriormente expuesto se deduce que a pesar de la tantas veces reiterada indefinición de sus competencias y del consiguiente descontento de los profesionales que la practican, la traducción y la interpretación han conocido un notable incremento en todos los sectores. El más controlable, el sector editorial, es también uno de los más pujantes. Ya en 1981, la Comisión de las Comunidades Europeas había advertido que la edición era uno de los sectores más prometedores dentro de mercado de la traducción y que los ámbitos de expansión eran los de la traducción técnica (económica, jurídica y científica) y en menor medida los ámbitos de lo literario y de la educación, como hemos podido ver al analizar el sector editorial español.

Al comprobar el elevado número de traducciones que se hacen en España hay una reflexión que hacer: durante el año 1996 se publicaron 11.833 traducciones de las que hay que descontar (haciendo un cálculo proporcional) las correspondientes reimpresiones y reediciones. Si tenemos en cuenta que los traductores censados, es decir, los que pertenecen a las asociaciones de traductores rondan el millar y que los activos quizás no lleguen a los ochocientos (de los cuales no todos se dedican por entero a la traducción editorial), deducimos que las editoriales han tenido que recurrir forzosamente a traductores supuestamente no profesionales, lo cual refleja una vez más la escasa profesionalización de muchos traductores así como la importancia y la urgencia de formar traductores literarios.

En España, en algunos centros como el IULMTYT de Madrid o la Escuela de Traductores de Toledo y en algunas Facultades de Traducción o Interpretación se enseña traducción literaria pero no de forma continuada y específica. También las Asociaciones profesionales organizan esporádicamente talleres durante sus Encuentros y Congresos, a todas luces insuficientes por su brevedad. Los agentes editores, responsables en definitiva del producto ante el consumidor final, es decir, ante el lector, no deberán ser ajenos a esta necesidad.

En lo que se refiere a la lengua española, la novedad de algunos temas que han de ser traducidos e interpretados (por ejemplo en las instituciones de Unión se abarcan todos los temas concebibles con excepción de la teología y los temas de defensa) obliga a la creación de neologismos, lo que supone un indudable enriquecimiento léxico, así como a plantearse la necesidad de una red terminológica que, en nuestro país, es todavía muy incipiente o al menos está poco coordinada.

Por último, la incorporación de las nuevas tecnologías pone de manifiesto la insuficiencia de recursos lingüísticos del español para su aplicación industrial. Hay toda una tecnología lingüística —herramientas integradas de composición, bases de datos, interfaces con sistemas humanos, traducción automática, correo electrónico, tratamiento del habla, etc.— que habrá que establecer lo antes posible para poder estar a la altura a la que está destinada nuestra lengua en los albores del nuevo milenio.

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DEMOGRAFÍA DE LA LENGUA ESPAÑOLA

INTRODUCCIÓN

El conocimiento del número de hablantes de una lengua tiene un gran valor para cualquier comunidad lingüística. Si se percibe que una lengua tiene vitalidad, esto es, que cuenta con un número apreciable de hablantes, su importancia social puede verse incrementada dentro de la misma comunidad y entre los miembros de comunidades lingüísticas ajenas: cuanto mayor es el número de hablantes, mayor puede ser también el prestigio de una lengua.

Por otra parte, es obvio que la política, la industria, la educación lingüística o la investigación científica de una comunidad tienen una estrecha relación con su perfil sociolingüístico; de ahí que el conocimiento de las características de una lengua, empezando por el número de hablantes, sea susceptible de proyección en el ámbito de la praxis social.

Las comunidades lingüísticas son agrupaciones y mercados cuyo tamaño y posibilidades determinan unos modos sociales, económicos y de comunicación, pero es importante advertir que la consideración social de una lengua, si bien está ligada a su vitalidad, también depende de otros factores, como la historia, la autonomía o el nivel de desarrollo normativo, científico-técnico y literario: todas las comunidades encierran valores simbólicos, difícilmente cuantificables, que a menudo se reflejan en la vida cotidiana.

La intención de estas páginas es presentar y comentar algunos datos fundamentales de la demografía de la lengua española. Sin embargo, aunque nuestro interés estará centrado de forma casi exclusiva en el español, resultará obligado, por una parte, prestar atención a otras lenguas, como el inglés o el francés, con el fin de fijar unas referencias que ayuden a valorar más objetivamente la situación actual y, por otra, hacer referencia a las lenguas con las que el español convive, tanto en Europa como en América.

Estimar la cantidad de personas que hablan una lengua viva es algo complicado, «más complicado, si cabe, que estimar el número de lenguas» que existen en el mundo . Esta afirmación pone de manifiesto un hecho al que se enfrentan cotidianamente todos los demolingüistas —independientemente de su origen— y cuya principal consecuencia es la falta de un conocimiento preciso de la realidad.

La tarea de hacer recuentos de hablantes no carece de antecedentes ni para el español ni para otras muchas lenguas, porque desde hace tiempo los anuarios estadísticos internacionales y algunas enciclopedias lingüísticas incluyen epígrafes sobre este particular. Además, existen obras monográficas, algunas de gran importancia —como el Statistical Report on the Languages of the World de Gyula Décsy —, en las que se ofrecen las cifras de hablantes de las más diversas lenguas y familias lingüísticas .

A pesar de todo, varios trabajos recientes han llamado la atención sobre las lagunas que ofrece la demolingüística del españo: en ellos, el interés por lo puramente demolingüístico se ha conjugado con unos planteamientos más amplios, como la consecución de un índice capaz de cuantificar el peso político del español en el mundo o el estudio de la situación de la enseñanza del español como lengua extranjera.

Al abordar la demolingüística del español específicamente y del modo más universal posible, este estudio no tiene la pretensión de resolver todos los problemas asociados al recuento de hablantes de esta lengua. Nuestra aspiración es presentar un cálculo aproximado del número de hablantes de lengua española en la actualidad, utilizando para ello los limitados recursos existentes, sean éstos de origen demográfico o propiamente lingüístico.

Tal objetivo, tan necesario como aparentemente simple, requiere una serie de labores previas, como explicar el procedimiento de cálculo, qué se entiende por hablante e incluso qué se va a considerar como lengua española: ¿Se puede hacer un recuento? ¿Se considera hablante de español al que tiene esta lengua como segunda o tercera? ¿Se ha de incluir en la lista de hispanohablantes a los de la isla de Guam (Islas Marianas) o a los hablantes de papiamento de Curazao (Antillas Holandesas) junto a los puertorriqueños?

Todo ello está lleno de erizadas dificultades porque la incertidumbre es la norma en cualquier estimación lingüística, especialmente en lo que se refiere a una lengua internacional y en expansión, como es el caso del español. Los problemas son tantos que conferir a un recuento de esta naturaleza el tratamiento de definitivo rayaría en la temeridad, pero, al mismo tiempo, no es menos cierto que muchas de las dificultades que van a quedar en evidencia podrían encontrar algún tipo de paliativo en futuros estudios: una labor coordinada y periódica de recogida de datos, de puesta al día de la información, vendría a cubrir una laguna injustificable en el mundo hispánico.

El esfuerzo, por parcial o inseguro que sea su resultado, ha de merecer la pena porque proporcionará un claro beneficio —el beneficio de la información— a muchos sectores de la comunidad hispanohablante.

ASPECTOS METODOLÓGICOS DE LA LINGÜÍSTICA

Como ya se ha comentado, las investigaciones demolingüísticas tropiezan con múltiples problemas que confieren a sus resultados un carácter inseguro o provisional. Estas dificultades emanan, por un lado, de la volubilidad de algunos conceptos teóricos fundamentales —lengua materna, lengua principal, bilingüismo—, por otro, de lo heterogéneo y cambiante de la realidad que se pretende cuantificar, de la complejidad metodológica que supone la aplicación de ciertos procedimientos cuantitativos y, en fin, de las lagunas de las fuentes cuantitativas disponibles en lo que se refiere a su universalidad, fiabilidad y comparabilidad.

La demografía lingüística suele utilizar como herramienta de trabajo el concepto de «Grupo de Lengua Materna» (GLM), definido como el conjunto de hablantes que comparten una lengua materna determinada. El problema está en que los especialistas en psicolingüística y en sociología del lenguaje —y los lingüistas, en general— no manejan un criterio uniforme acerca de la interpretación y la definición del concepto de «lengua materna».

Para unos, la lengua materna o nativa es aquella que se aprende durante la infancia, generalmente antes de los tres años, de los padres; para otros, es aquella de la que se hace uso principal o cuyo uso predomina en la vida de un individuo, aunque su adquisición no se haya producido en primer lugar; para otros, es la lengua que mejor se domina, al margen de su uso y del momento de su adquisición; y otros piensan que debe considerarse como tal la variedad cuya adquisición viene a concluirse en los años de la adolescencia (vernáculo).

El problema no es baladí, pues son muchos los hablantes bilingües que tienen dificultades para identificar su propia lengua materna, especialmente en situaciones lingüísticas complejas (inmigración de origen lingüístico diverso; situaciones de lenguas minoritarias). Ante tal circunstancia, la única salida razonable, a la hora de afrontar tareas demolingüísticas, es la de optar, de modo riguroso, por una de las posibilidades interpretativas.

Muy ligado a este escollo conceptual, se presenta el de la definición y caracterización del bilingüismo y del hablante bilingüe. Para bien o para mal, la lingüística cuenta con definiciones del concepto de «bilingüismo» propuestas desde posiciones muy diferentes: todas ellas podrían alinearse a lo largo de una escala que situaría, en un extremo, las definiciones que ofrecen una concepción estricta del fenómeno, definiciones del tipo «el bilingüismo consiste en el dominio pleno, simultáneo y alternante de dos lenguas»; en el otro extremo se encontrarían las definiciones de límites menos angostos, las que hablan de bilingüismo para referirse simplemente al conocimiento de una segunda lengua, en el grado que sea. Esta situación también obliga a la demolingüística a tomar decisiones metodológicas que permitan aplicar criterios uniformes a la hora de contar los hablantes bilingües.

En consecuencia, la utilización de los conceptos básicos de «lengua materna» y «bilingüismo» en el campo de la demolingüística exige una interpretación, en lo posible, unívoca y constante, así como la aplicación de unos criterios coherentes que puedan servir de referencia. Así, cuando se habla de «lengua materna» en sociología del lenguaje —por ejemplo, a la hora de recoger información con vistas a una planificación lingüística— se suele considerar como tal la lengua que se ha adquirido en el ámbito familiar durante la primera infancia.

En esta misma línea, a propósito del bilingüismo, sería razonable definir el «bilingüe» como la persona que tiene una competencia parecida en dos lenguas y que es capaz de usar una u otra en cualquier circunstancia con parecida eficacia. A pesar de todo, estas definiciones no esquivan completamente otros problemas, como el de la medición del bilingüismo.

Junto a las dificultades de índole teórica hay que sopesar aquellas que se derivan de la realidad demográfica estudiada. Se calcula que la población mundial está aumentando a una tasa del 1,35 por ciento anual (aunque este ritmo va en descenso desde los años setenta) lo que implica que en sólo diez años pueden experimentarse cambios demográficos muy importantes. En algunos países, que suelen estar a la cola del desarrollo, estas tasas pueden superar el 3 (Honduras, Kenia) y el 4% (Mozambique, Jordania). Según una previsión de las Naciones Unidas para el año 2000, la población mundial superará los 6000 millones.

Al crecimiento natural de la población habría que añadir, como factor de cambio demográfico, los movimientos migratorios, que si bien no tienen por qué afectar a corto plazo a los datos de lengua materna, sí pueden influir en las generaciones sucesivas, así como en los datos de uso de las distintas lenguas. En estas condiciones, cualquier estimación de hablantes puede quedar anticuada rapidísimamente.

Información lingüística en los censos

También debe tenerse en cuenta otra clase de dificultades a las que se enfrenta la demolingüística: las que nacen de los censos. Los censos son recuentos de carácter periódico realizados en un espacio mínimo de tiempo (días) con el fin de ofrecer algo así como una imagen fotográfica de la población de un país. Para completarlos (los censos suelen realizarse en el mejor de los casos con una periodicidad de diez años) los estadísticos nacionales e internacionales emplean fuentes complementarias, como padrones municipales, registros de nacimiento, matrimonio y defunción, etc.

Con éstos actualizan los datos de los censos y calculan las tasas de crecimiento, negativo o positivo, de la población, que utilizan para hacer estimaciones presentes y proyecciones futuras de la población nacional, además de cruces y tabulados temáticos sobre aspectos muy diversos de la sociedad.

Pues bien, muchos de los censos nacionales de población, en los que se basa en buena medida la demolingüística, no recogen información sobre las lenguas y su uso. El conocimiento de la realidad social es un requisito previo imprescindible para la acción de gobierno: este es el motivo fundamental del desarrollo de los censos y otros registros estadísticos en los Estados modernos. En el caso que nos ocupa, los censos lingüísticos tienen una gran importancia porque la población de un territorio no coincide ni aproximadamente con el número de hablantes de una sola lengua en el mismo territorio salvo en casos muy contados. Para muchos países, sin embargo, la lengua o lenguas habladas por sus habitantes no es materia de investigación.

Aunque la falta de recursos puede explicar en casos extremos la falta de preguntas lingüísticas en los censos, no hay una correspondencia unívoca entre el nivel de desarrollo de un país y la existencia de información lingüística. Estas preguntas se encuentran en países con población heterogénea, donde se atribuye a la información lingüística un valor del que carece en países de habla homogénea. Junto a la información sobre el país de nacimiento, la nacionalidad, la raza y la religión, la información estadística sobre lenguas suele utilizarse para conocer la composición étnica de la población, pero también para la planificación cultural y educativa.

Sí hay correspondencia entre el nivel de desarrollo y la fiabilidad de muchos censos, determinada por criterios como los de periodicidad, regularidad, exactitud o comparabilidad internacional. Algunas de estas carencias de fiabilidad afectan por igual a la interpretación de datos lingüísticos y a la de datos de otra clase. Nos referimos a errores que pueden surgir en cualquier estadio de la recolección, procesamiento o presentación de los datos, y que pueden conducir a la infra o supra valoración de la población en el censo (errores de cobertura) o a la defectuosa recogida de datos (errores de contenido).

En lo que respecta concretamente a los datos lingüísticos, la fiabilidad de un censo puede depender también de ciertos aspectos psicológicos (el encuestado puede exagerar su conocimiento de una lengua u ocultarlo por motivos sociales) o políticos (las cifras pueden aparecer infladas o rebajadas para apoyar una causa cultural o política asociada a la lengua).

En el momento de preparar un cuestionario de intención lingüística, es posible encontrar, como dificultad primera y de enorme trascendencia, la que tiene que ver con la forma de redactar o de hacer las preguntas. Los cuestionarios lingüísticos —los de los censos o los monográficos— pueden buscar informaciones muy diversas: en unos casos se pregunta por el conocimiento de la lengua o las lenguas del individuo, por su competencia lingüística; en otros, por el uso que se hace de ellas o por el nivel de dominio de las lenguas.

Puede ocurrir que los cuestionarios aplicados en lugares diferentes, aun buscando un mismo tipo de información, lo hagan por medio de preguntas distintas, que inevitablemente llevan a la recogida de respuestas heterogéneas, muchas veces imposibles de comparar: se puede preguntar por el uso habitual o por el uso según determinados tipos de ámbitos o dominios o según determinados tipos de interlocutores. En ocasiones, esto ocurre incluso en los censos realizados dentro de un mismo país.

A los aspectos tratados sumaremos el que se refiere al nombre de las variedades lingüísticas en estudio, porque una misma denominación puede referirse a un habla o a un diasistema; con otras palabras, es posible que lo que para unos hablantes no es más que una modalidad dialectal, para otros sea una lengua o incluso una familia de lenguas. Cuando el referente lingüístico no está bien fijado, las posibilidades de interpretación pueden ser múltiples. Esto va en detrimento de una cabal comprensión e interpretación de los recuentos censales; al mismo tiempo, la ambigüedad referencial puede utilizarse según el particular interés de los redactores de los cuestionarios.

Limitaciones de los censos

Las notas técnicas del Anuario Demográfico de las Naciones Unidas, que recoge discontinuamente tablas de población clasificadas por las lenguas de aquellos países que incluyen en sus censos datos de carácter lingüístico, explican las limitaciones de los datos de procedencia censal a efectos internacionales . Estos son difícilmente comparables porque cada país recoge información diferente en función de sus necesidades y porque los que recogen información semejante lo hacen de modo distinto.

Así, los recuentos de las Naciones Unidas mezclan datos de tres tipos: hablantes de lengua materna, la lengua más empleada y el conocimiento de otras lenguas, según las preguntas de los censos nacionales. El concepto de lengua materna produce datos más o menos comparables entre unos países y otros, puesto que las preguntas del censo sobre las que se basan las estadísticas son esencialmente equivalentes en todos ellos, aunque no indican el uso ni el nivel de conocimiento de la misma.

Las preguntas sobre el uso de las lenguas toman, en cambio, formas diversas —lengua empleada habitualmente, lengua mejor hablada, lengua hablada en el hogar, lengua hablada con fluidez— e ignoran la capacidad de usar lenguas distintas en ámbitos diferentes. Las preguntas sobre conocimiento de otras lenguas no producen habitualmente datos comparables.

Otras dificultades para la interpretación de los datos surgen de que muchos países aplican límites de edad para la recogida de datos de lengua [8], de que hay personas multilingües que son registradas en varios recuentos de hablantes a la vez, por lo que a menudo la suma de los hablantes de distintas lenguas en un mismo país no coincide con la población total, o de la falta de método en la agrupación de lenguas y dialectos, lo que produce disparidades en la clasificación y el detalle de los hablantes de unos países a otros.

Tomemos, para ilustrar las dificultades de la comparación, algunos ejemplos. Canadá, país de población cultural y racialmente heterogénea y de inmigración reciente, pasa por ser uno de los países del mundo donde se ejerce con más cuidado la protección de las minorías. En el censo canadiense de 1996, dos cuestionarios diferentes trataban con un grado distinto de detalle las cuestiones lingüísticas.

El cuestionario abreviado, que recibieron cuatro de cada cinco hogares y que constaba de siete preguntas, incluía una sobre la lengua materna. El cuestionario extenso, dirigido a uno de cada cinco hogares, contenía 48 preguntas más, entre ellas algunas dedicadas a la primera lengua adquirida en la infancia, lenguas comprendidas y lenguas habladas en casa, y conocimiento de lenguas oficiales y no oficiales en las distintas regiones de Canadá. Estos datos, según la oficina de estadística canadiense, serán empleados «to establish programs to protect the rights of Canadians under the Canadian Charter of Rights and Freedoms», así como «in forecasting language training requirements and in determining where services must be provided in both official languages to comply with the Official Languages Act».

Es claro que en el caso canadiense, como en el de todos los países donde se recogen oficialmente datos lingüísticos, la forma de allegarlos está condicionada por la realidad social y política del país. En Canadá sobresalen dos rasgos: la protección a las minorías (básicamente indígenas, pero también originadas por la inmigración reciente) y la coexistencia entre los dos grupos culturales dominantes, anglófonos y francófonos, especialmente en algunas provincias canadienses.

Por otro lado, la diversidad étnica de la población, la persistencia de minorías indígenas y la coexistencia de las lenguas amerindias con la lengua española explican que no falten en Hispanoamérica censos con información lingüística, aunque ésta adolezca de algunas de las lagunas mencionadas. En el último censo mexicano, que desde hace décadas recoge con regularidad datos sobre la lengua de la población, se incluyó esta instrucción al encuestador:

(Pregunte sólo si esta persona tiene 5 años cumplidos o más)
¿Esta persona habla alguna lengua indígena? sí / no;
¿Qué lengua indígena habla?
¿Habla también español? sí / no.

El censo guatemalteco de 1994 incluyó las siguientes preguntas sobre etnia y lengua a los mayores de 3 años:

¿Es indígena? sí / no;
¿En qué lengua o idioma aprendió a hablar? K’iché / Kaqchikel / Mam / Q’eqchí / Otra lengua maya... / Español / Otro idioma...;
¿Habla usted alguna lengua maya? K’iché / Kaqchikel / Mam / Q’eqchí / Otra lengua maya... / Ninguna;
¿Habla idioma español? sí / no;
¿Usa traje maya? sí / no.

Además recogen o han recogido en algún momento datos sobre la lengua de la población, al menos, Bolivia, Ecuador, Honduras, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Puerto Rico y Venezuela. En otros países, como Chile y Colombia, se recoge información étnica aunque no lingüística.

En lo que se refiere a Europa, es muy infrecuente encontrar datos lingüísticos de forma oficial y periódica en los censos. En esta misma línea, el censo español tampoco atiende a cuestiones lingüísticas.

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DEMOLINGÜÍSTICA DEL MUNDO HISPANO

Las descripciones cuantitativas de una lengua —sea el español, sea cualquier lengua— han de tener en cuenta sus caracteres más destacados, internos y externos. Las características de la lengua española, como sistema lingüístico y como vehículo de comunicación de una amplia comunidad, se pueden resumir en los seis puntos siguientes:

1. El español es un idioma homogéneo. Si bien es difícil cuantificar el nivel de homogeneidad de una lengua —a pesar de los esfuerzos de la lingüística cuantitativa— y partiendo del hecho de que cualquier lengua del mundo es esencialmente variable y, por lo tanto, presenta variedades internas de naturaleza geolingüística y sociolingüística, se puede afirmar que el español es una lengua relativamente homogénea que ofrece un riesgo débil o moderado de fragmentación. Los fundamentos de esta homogeneidad relativa se encuentran en la simplicidad del sistema vocálico (5 elementos), la amplitud del sistema consonántico compartido por todo el mundo hispánico, la dimensión del léxico patrimonial compartido (léxico fundamental) y la comunidad de una sintaxis elemental.

2. El español es una lengua de cultura de primer orden; huelga todo comentario sobre la historia, la calidad y la riqueza de la literatura española e hispanoamericana.

3. El español es una lengua internacional; tiene un carácter oficial y vehicular en 21 países del mundo.

4. El español es una lengua geográficamente compacta: la mayor parte de los países hispanohablantes ocupa territorios contiguos, lo que convierte este dominio en una de las áreas lingüísticas más extensas del mundo.

5. El español es una lengua en expansión; el aumento del número de hablantes ha sido continuo desde la época de la colonización americana, si bien el mayor crecimiento demolingüístico se ha producido a lo largo del siglo XX.

6. Aunque el territorio correspondiente al mundo hispánico incluye grandes zonas bilingües o plurilingües, ofrece en términos generales un índice de comunicatividad muy alto y un índice de diversidad bajo o mínimo, índices que cobran una significación especial cuando se comparan con los de territorios no hispánicos. Se habla de comunicatividad alta cuando en una comunidad plurilingüe existe una lengua concreta que sirve de medio de comunicación en toda la sociedad; se habla de diversidad para aludir a la probabilidad de encontrar dos hablantes, elegidos al azar, que hablen lenguas diferentes: en el caso de los países hispánicos, si «hablar» una lengua se entiende como «usar» una lengua, la diversidad sería muy baja (veáse el cuadro 1).

Estos comentarios a propósito de la diversidad y comunicatividad de los territorios hispánicos nos aproximan directamente a la realidad indígena de Hispanoamérica porque, sin duda, muchas de las incógnitas y carencias sobre la demolingüística del español están relacionadas, de forma muy estrecha, con el conocimiento y el uso de las lenguas indígenas americanas.

Es innegable que la lengua española ha tenido un protagonismo singular en América desde los primeros tiempos de la colonización y que su presencia se ha hecho singularmente preponderante a partir de la independencia de los países hispanoamericanos. Todo ello se ha producido de una forma tal que el español es sentido generalizadamente no como una lengua ajena e impuesta, sino como parte de la esencia hispanoamericana, en su conjunto y de cada una de sus áreas.

Hispanoamérica indígena

Las lenguas de los pueblos indígenas más primitivos tecnológica y organizativamente experimentaron un intenso proceso de reducción y sustitución ya en los primeros momentos de la conquista; las lenguas generales (náhuatl, quechua) y las de los pueblos más desarrollados han sobrevivido, a pesar de que fueron arrinconadas por las clases criollas republicanas. Sin embargo, ni siquiera estas últimas lenguas escapan al proceso de sustitución conocido a lo largo del último siglo.

Es verdad que en los últimos años se han organizado importantes movimientos en defensa de lo indígena y a favor del multiculturalismo, como es verdad que se han ido oficializando las lenguas indígenas de mayor peso, pero tal realidad no está impidiendo que sigan desapareciendo lenguas minoritarias y que la proporción relativa de hablantes de estas lenguas se vaya reduciendo paulatinamente.

El estudio demográfico de las lenguas indígenas presenta casi todos los problemas generales que hemos tenido oportunidad de exponer: falta de censos, censos incompletos o anticuados, falta de rigor en la recogida de la información lingüística. Por eso no existe una información precisa y rigurosa sobre el conocimiento y el uso de las lenguas indígenas en Hispanoamérica. Se sabe que México y Perú son los países con mayor población indígena de toda América (cerca de nueve millones cada uno) y que la implantación del guaraní en Paraguay alcanza probablemente al 90% de la población, pero desconocemos una gran parte de la realidad: los problemas metodológicos se antojan insalvables. A este respecto, Ralph Fasold ha señalado, sobre datos aportados por Joan Rubin:

«En Paraguay, la pregunta sobre la lengua pasó de ser una pregunta sobre el conocimiento en el censo de 1950 a ser una pregunta sobre el uso habitual en el censo de 1962. En 1950 se preguntaba a los paraguayos qué lengua o lenguas sabían hablar. En 1962, en cambio, se les preguntaba por la lengua o las lenguas que normalmente hablaban. Si una persona sabía español y guaraní, pero normalmente usaba el guaraní, en 1950 respondería que era bilingüe, pero en 1962 respondería que usaba sólo el guaraní.»

Siendo así las cosas, es fácil comprender la dimensión del problema que supone determinar el número de personas que tienen el español como lengua materna.

La aplicación de un método para el estudio de la demografía del español necesita que se comenten y fijen unos criterios lingüísticos elementales. Si se pretende conocer el GLM de la lengua española, es necesario optar definitivamente por un concepto de «lengua materna»: para esta investigación consideraremos «lengua materna» aquella que se adquiere en el ámbito familiar durante la primera infancia y prescindiremos de la amplia casuística que la realidad ofrece. Ello no va a impedir, no obstante, una vez contabilizado el GLM, la realización de recuentos complementarios en los que se manejen criterios diferentes o que atiendan a situaciones particulares.

El GLM del español

En cuanto a la caracterización de lo que vamos a considerar «lengua española», no puede olvidarse su carácter de coiné; se trata de una lengua que, como hemos dicho más arriba, se caracteriza por su homogeneidad lingüística, especialmente en sus niveles más cultos. Pero, por muy cierta que sea esta realidad, tampoco se debería ignorar otro hecho: que la lengua española aglutina variedades geolingüísticas y sociolingüísticas diversas, aunque, de acuerdo con nuestros actuales intereses, sólo las primeras van a ser valoradas. Así pues, consideraremos como manifestaciones de la «lengua española» todas sus variedades dialectales —europeas, americanas y africanas— e incluiremos aquí las hablas criollas de base hispánica, así como las variedades judeo-españolas distribuidas por varios lugares del mundo.

El cuadro 2 está basado en los datos recogidos y elaborados por el anuario de la Enciclopedia Británica 1997 Book of the Year -Events of 1996 (en adelante BBY). Estos datos tienen, a los efectos de la comparación, la virtud de haber pasado por el tamiz de los mismos recolectores y editores, que en parte han dejado hecho el trabajo de homogeneización de datos de naturaleza, tiempo y fiabilidad a menudo muy dispares. En las notas, estos datos se completan con datos procedentes de los censos nacionales, en aquellos países donde las respectivas oficinas del censo recogen información lingüística o que permita deducir usos lingüísticos. De esa forma, el lector puede contar con algunos elementos de juicio para evaluar la exactitud de la fuente principal.

El BBY emplea como base de datos los Anuarios Demográficos de las Naciones Unidas, que en última instancia dependen de los datos proporcionados por las autoridades estadísticas de los distintos países, y también directamente de los propios censos nacionales. Al exponer los criterios empleados para su recuento de hablantes, el BBY resume lo esencial de los problemas metodológicos explicados en este ensayo: muchos países no recogen datos oficiales sobre el uso de las lenguas y las estimaciones no basadas en censos o encuestas nacionales revelan una acusada falta de precisión.

Para completar los datos oficiales y otras estimaciones de base, los redactores han interpolado datos procedentes de otras fuentes: a veces no hay datos de habla en los censos, pero sí de carácter étnico (pertenencias a etnias o grupos indígenas) o de nacionalidad (extranjeros residentes, lugar de origen de inmigrantes) que permiten deducir usos lingüísticos.

Para la elaboración del cuadro 2, se han aplicado a los datos del BBY los siguientes criterios unificadores: sólo cuentan los hablantes que tienen el español como lengua materna en países o territorios donde ésta es oficial de un modo u otro; junto a los miembros del GLM se han contado los que figuran como bilingües de español con otra u otras lenguas, ignorando en qué grado las conocen o usan respectivamente.

El cuadro 3 complementa el anterior con cifras de procedencia diversa sobre los hablantes de español en países y territorios del mundo donde la lengua española no es oficial. Si los del cuadro 2 son datos que han de tomarse con las mayores precauciones, estos son aún más imprecisos. A la falta de comparabilidad en el nivel de conocimiento de la lengua, el carácter y la extensión de su uso, hay que añadir la variedad de las fuentes y del origen de los datos en el tiempo.

Algunos proceden de fuentes censales comparables, otros de registros de extranjeros; hay estimaciones basadas en datos remotos o parciales que no se han corregido con ajustes y proyecciones como en el cuadro 2. Se encontrarán en este cuadro países y territorios donde hay minorías de hablantes de español poco significativas. Otros casos similares (Trinidad y Tobago, Jamaica) y algunos más de países donde pueden encontrarse colonias de españoles o hispanoamericanos (Holanda, Noruega) han sido omitidos por no disponer de datos precisos.

Una combinación de cuadro 2 y del cuadro 3 daría como resultado una cifra de hablantes de español en un nivel aproximado al de la lengua materna (es decir, incluyendo a aquellos hablantes que tienen un alto dominio de la lengua española aun cuando hayan adquirido otra lengua con anterioridad, al mismo tiempo o posteriormente, y mantengan el uso de ambas) de alrededor de 350.000.000 (351.068.983) de individuos.

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ANÁLISIS COMPARATIVO DE LA DEMOLINGÚÍSTICA DEL ESPAÑOL, EL INGLÉS Y EL FRANCÉS

Un objetivo subsidiario de este ensayo, como se anunciaba en la introducción, es la comparación de las cifras de hablantes del español con las de otras lenguas. Es el modo de situar la lengua española en el mundo y de dar la medida de su verdadera vitalidad.

Se han escogido para ello dos lenguas, el inglés y el francés, comparables al español por sus características intrínsecas (pertenecen a la misma familia lingüística y al mismo ámbito cultural) y por su posición internacional. Se trata de los tres idiomas europeos más extendidos en el mundo, hasta el punto de que se pueden considerar hoy por hoy como las tres primeras lenguas de comunicación internacional.

El cuadro 4 se basa en la misma fuente y los mismos criterios que el cuadro 2, sin los cuales la comparación no sería significativa. Junto a los hablantes de los tres idiomas como lengua materna, se incluyen los que la usan como lengua franca y los que son bilingües con otras lenguas, así como los hablantes de dialectos o derivados de ellas en los países donde son respectivamente oficiales. Quedan excluidos los hablantes en los países donde no son oficiales las tres lenguas objeto de la comparación y, por tanto, los datos recogidos en el cuadro 3.

Este criterio deja fuera a más de 23 millones de hispanohablantes en grado equivalente al de lengua materna, de los cuales 20 millones residen en Estados Unidos. No pierden menos el inglés y el francés, empleados, al igual que el español, por minorías o comunidades de inmigrantes en distintos países, y en otros muchos como segunda lengua, como lengua franca, en el gobierno o la educación.

El cuadro 5 refleja el ámbito de influencia de las tres lenguas de la comparación en términos de países donde son oficiales, y de potenciales hablantes de las respectivas lenguas en tanto que habitantes de esos países. Los tres idiomas suman el 42,7% de la población mundial repartida en más de un centenar de países y territorios de los 200 largos que componen la sociedad internacional.

Combinando el cuadro 4 y el cuadro 5, el cuadro 6 muestra la homogeneidad en el uso del español en los países donde es oficial, en comparación con el inglés y el francés.

El cuadro 7 muestra la evolución de los hablantes de las tres lenguas de la comparación, de 1984 (año del que por primera vez el BBY incluye datos de hablantes, en su edición de 1985) a 1996, y una proyección de los mismos hablantes para el año 2010. Esta proyección, de elaboración propia, está basada por una parte en las proyecciones demográficas del mismo BBY y, por otra, en el supuesto de que la proporción hablantes / habitantes de las tres lenguas en 1996 permanece inalterable de aquí a 2010. Aunque sujeto a todas las contingencias imaginables, este supuesto toma como referencia que entre 1984 y 1996 esa proporción no varió sustancialmente.

Es de esperar, sin embargo, que en muchos países de reciente descolonización, donde el inglés y el francés son oficiales pero no hablados por la generalidad de la población, la alfabetización progresiva de la población conduzca, si se realiza en esas lenguas, a una mayor extensión de las mismas dentro de esos países. Este no será el caso de los países de habla hispana, donde el español tiene ya poco margen de crecimiento como lengua nacional, como se aprecia en el cuadro 6.

El cuadro 7 indica también la evolución posible de las tres lenguas de la comparación en cuanto a la proporción de sus hablantes respecto a la población mundial. Crecen más, aunque casi imperceptiblemente, el francés y el inglés que el español, quizá por ese terreno de expansión que les proporciona el hecho de ser oficiales en países de altas tasas de crecimiento de la población. Aún más será así si crece el uso de esas lenguas por la alfabetización y su adopción como lengua administrativa.

En general destaca la estabilidad de los tres idiomas, quizá explicable porque el periodo considerado es demasiado corto para reflejar las tendencias a largo plazo. Según el cuadro 7, la tendencia a más largo plazo podría ser la de un descenso muy suave de las tres lenguas en conjunto, que correspondería a las diferencias en los crecimientos naturales de la población en las distintas áreas del mundo (compensado sólo en parte por la extensión del uso de los idiomas metropolitanos en las antiguas colonias). Los hablantes de español habrían aumentado relativamente en este periodo por compartir, en su mayor parte, las poblaciones del mundo hispánico las características demográficas de los países en desarrollo (la explosión demográfica).

La comparación de los dos cuadros sugiere que, en términos relativos, el español podría haber llegado en los años noventa al final de un ciclo de expansión relativa de sus hablantes. Una vez terminada lo que los demógrafos llaman la «transición demográfica» (rápido crecimiento caracterizado por altas tasas de natalidad y caída de la mortalidad) los países de habla hispana entrarían en una fase de crecimiento pausado.

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CONCLUSIONES Y PROPUESTAS DE ACTUACIÓN

El informe demolingüístico elaborado concluye que el número de hablantes de español en el mundo (GLM y bilingües) supera los 350 millones. Para llegar a esta cifra se han tenido que afrontar numerosos problemas teóricos, metodológicos y técnicos, tantos que forzosamente se ha de hablar de cautela, de provisionalidad y de cálculos aproximativos.

Las estadísticas comparadas permiten apreciar que el número de hispanohablantes en el mundo es claramente inferior al de los anglófonos y notablemente superior al de los hablantes de francés. En general, en la evolución demográfica de los tres idiomas destaca una estabilidad que puede deberse a que el periodo considerado (1984-1996) es demasiado corto para reflejar tendencias prolongadas. Hemos podido observar, no obstante, que crecen más, aunque muy poco, el francés y el inglés que el español, quizá por las posibilidades de expansión que les proporciona su oficialidad en países de elevadas tasas de crecimiento de la población.

El español en el siglo XXI

Las proyecciones realizadas para el año 2010 revelan, con todas las reservas necesarias, que el español podría haber llegado al final de un ciclo de expansión relativa de su número de hablantes. Consecuentemente, si el aumento de los hispanohablantes desde este final de siglo se prevé como pausado, a partir de ahora la eventual expansión del español habría de basarse en otros factores, muchos de ellos de naturaleza cualitativa, como un mayor prestigio cultural, mayor poder adquisitivo, mayor uso como segunda lengua, mayor uso como lengua de la ciencia y la tecnología o la adopción como lengua franca fuera de los países de habla hispana, entre otros. Una vez alcanzada una presencia internacional de primer orden, es el momento de promover e impulsar políticas lingüísticas encaminadas a acrecentar el prestigio cultural, científico y tecnológico de los países hispánicos y, por tanto, de la lengua española.

Al mismo tiempo, sería aconsejable que, a través de los instrumentos políticos –nacionales e internacionales– que se estimaran oportunos, se llegara a un acuerdo entre todos los países hispanohablantes con la mirada puesta en una planificación del español, que podría buscar, como objetivos comunes y esenciales, los siguientes: a) favorecer la unidad, el enriquecimiento y la actualización de la lengua española; b) garantizar el derecho a la comunicación en español en situaciones públicas en los países hispanohablantes; c) proteger el derecho a hacer un uso correcto y prestigioso de la lengua española. El español es una lengua de cultura, internacional, homogénea, extensa y compacta que merece una política lingüística que contribuya a mantener estos atributos, en beneficio de la propia lengua y de sus hablantes como individuos.

Finalmente, las dificultades metodológicas del análisis demográfico, a las que se ha hecho referencia más arriba, nos obligan a sugerir la realización de estadísticas lingüísticas comparables en todo el mundo hispánico, en su conjunto y para cada uno de sus países. Sería bueno trabajar a partir de unos mismos criterios para fijar los glm e introducir en los censos preguntas homologadas, capaces, no ya de garantizar, sino simplemente de hacer posible la comparación de los datos. Hasta que no se haga así y así se practique durante un tiempo prolongado, será difícil conocer con el rigor debido la situación de las lenguas que se dan cita en el mundo hispánico, muy especialmente de la lengua española.

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EL ESPAÑOL EN LAS ORGANIZACIONES INTERNACIONALES

EL ESPAÑOL COMO LENGUA DIPLOMÁTICA

La coincidencia absoluta de título y autor entre este informe, el artículo incluido en el libro El peso de la lengua española en el mundo [1] y la intervención, el 16 de julio de 1996, en Soria, en el seminario «La lengua española en el mundo. Aspectos políticos y económicos», organizado por las fundaciones Duques de Soria e Instituto de Cuestiones Internacionales y Política Exterior, conlleva necesariamente una repetición de datos, posiciones y argumentos a los que quien esto escribe ha llegado, no sólo a través de un estudio teórico, sino de una vivencia profesional como Representante de España, de manera permanente u ocasional, en algunas de las organizaciones Internacionales mencionadas en este informe, y del contacto y colaboración con colegas y funcionarios internacionales, españoles e iberoamericanos, con los que le une este interés común por la defensa y promoción de la utilización de nuestro idioma en los foros internacionales.

Como afirmé en el citado seminario en Soria: «la perspectiva desde la que ahora vamos a intentar ver a nuestra lengua en el mundo», es decir, «en los organismos Internacionales, puede ser hoy, quizás, la más adecuada para juzgar sobre su peso real, sus posibilidades, sus riesgos y carencias, y sobre este juicio, basado en hechos, trazar una estrategia orientada a la acción, posibilista pero ambiciosa, con los pies en la tierra pero la mirada en el horizonte, contemplando, como se pide en la convocatoria de este seminario, los aspectos políticos y económicos, que en el marco de las organizaciones Internacionales se nos presentan con particular claridad y relieve».

Protagonismo de las organizaciones internacionales

«El creciente protagonismo de estas organizaciones Internacionales», dije en el citado seminario, «es una de las características más definidoras de nuestros tiempos, fruto de dos fenómenos coincidentes y complementarios:

»El espectacular progreso de las comunicaciones, en su más amplio sentido, que permite el traslado de mercancías, personas, noticias, imágenes e ideas de manera rápida (instantánea, e incluso relativamente previa a veces) y asequible, que ha producido un mundo interdependiente, en el que todos nos vemos afectados —en diverso grado, por supuesto— por lo que ocurre en cualquier lugar del planeta, que se ha convertido, según la acertada expresión de Mc Luhan en la aldea global.

»La percepción, por los sectores más sensibles e influyentes, en los países más avanzados, de las dos catástrofes de este siglo, las dos guerras mundiales, como consecuencia de los intentos de establecer sistemas de relación internacional basados en la vieja idea imperial, que, hasta el estallido de 1914, había sido el motor de la Historia.

»La nueva Sociedad Planetaria se manifiesta —y va desarrollándose—», afirmé en la misma ocasión, «por la creación de foros, ágoras, lugares públicos en los que, sin tapujos, a veces, pero también en pequeños grupos que se hablan más secretamente con frecuencia, se discuten los asuntos públicos, sin que en estos foros o ágoras, como ocurría también en los que les precedieron, se llegue siempre a adoptar decisiones o acuerdos que, sin embargo, sí son muchas veces propiciados —y condicionados— por estos debates.

»Estos foros o ágoras son las Conferencias u organizaciones Internacionales, de muy variados tipos, porque los miembros de esta Comunidad Internacional (que se está creando y que aún carece de estructuras semejantes al instrumento característico de la denominada Edad Moderna: el Estado) ya no son sólo los Estados, sino entes supraestatales, unas veces públicos o de interés público, otras privados, e incluso a veces los individuos, los seres humanos directamente».

El latín en la diplomacia

El Embajador Joaquín Ortega Salinas inició su Memoria, no publicada, presentada en la Escuela Diplomática en cumplimiento del artículo 56 del Reglamento de la citada Escuela, el 19 de abril de 1965, afirmando que «comparada con nuestro tiempo, la Edad Media fue, desde el punto de vista del lenguaje, una época privilegiada, gracias al predominio absoluto del latín como lengua culta, eclesiástica y política. Quedaba así resuelto, al menos entre las minorías rectoras, el problema de la intercomunicación. Pero el Renacimiento, la Reforma y la aparición de los Estados nacionales determinaron un cambio de rumbo irreversible.

»El latín, lengua oficial del Sacro Imperio Germánico, difícilmente podía sobrevivir al ocaso de la institución imperial, pero este proceso de sustitución fue lento. Los clásicos españoles que concibieron el Derecho de Gentes precisamente para permitir la convivencia entre naciones después del fracaso de la etnarquía, escribieron su obra en latín».

Recuerda el Embajador Ortega en esa memoria que «en un momento concreto pareció que se afirmaba el español como lengua diplomática. La anécdota es conocida: con motivo de su coronación en la Corte Pontificia, en 1530, Carlos V pronuncia un discurso en español; el obispo de Mâcon, Embajador de Francia, no le entiende y el Emperador replica: Señor obispo, entiéndame si quiere, y no espere de mí otras palabras que de mi lengua española, la cual es tan noble que merece ser sabida y entendida de toda la gente cristiana.

»Después, por la abdicación de Carlos V y la separación del Imperio y de España entre otras razones, no pudo el español sustituir al latín como lengua internacional».

«En el Congreso de Westfalia», recuerda asimismo el Embajador Ortega [6], «aparece por primera vez el concepto de igualdad entre los Estados y como corolario el de la igualdad entre los idiomas; el latín empieza a dejar paso a los idiomas vulgares en la redacción de plenipotencias y en las deliberaciones, si bien todos los documentos se redactaron en latín. Todavía en Utrecht, en 1715, se celebraron las negociaciones en latín (…)».

El francés y el inglés en la diplomacia

«El vacío dejado por el latín que la lengua española no pudo llenar por entonces», dice asimismo el Embajador Ortega en su Memoria, «fue aprovechado por la francesa. (…) Las primeras armas del francés como idioma diplomático se remontan a Westfalia, en Nimega consigue ya un adelanto notable y en Rastadt , por primera vez, el francés es el único idioma de negociación. A partir de entonces se va confirmando esta regla aunque en la práctica tropiece con ciertas resistencias. Así en Aquisgrán (1748) [10] se hace constar la reserva de que el empleo del francés no puede constituir un precedente para futuras negociaciones» .

«En 1815», recuerda más adelante el Embajador Ortega, «en el Acta final del Congreso de Viena, los ingleses exigen la inclusión de una reserva semejante a la que constaba en el acta de Aix. (…) La reserva de Viena desaparece ya en el tratado de París de 1856, punto culminante de una evolución lenta y sostenida. En 1878, en el Congreso de Berlín, Bismarck tiene que hacer uso de su autoridad para resolver un incidente diplomático suscitado por la reclamación del representante de Francia. En efecto, el Embajador ruso interrumpe su discurso en francés y sigue en inglés en honor de Disraeli, que no entendía bien el otro idioma.

»Al aminorar la resistencia inglesa empieza a cobrar fuerza la oposición norteamericana. En 1895, en el tribunal arbitral reunido en París para conocer de su controversia con el Reino Unido sobre la jurisdicción en el mar de Bering, los Estados Unidos se opusieron al empleo del idioma francés. (…) en la conferencia de la paz de 1919, a instancias de Wilson, el inglés quedaba equiparado al francés».

«Las versiones francesa e inglesa del Tratado de Versalles eran igualmente auténticas», recuerda asimismo el Embajador Ortega, «pero todavía conseguía la diplomacia de la Tercera República que el texto francés de los Tratados de Neuilly, Saint-Germain, Trianon y Sèvres, fuera fehaciente en caso de discrepancia y que el Tratado de Lausanne se redactara únicamente en francés».

Pese a que Estados Unidos se abstuvo de participar en la creación de la Sociedad de las Naciones, en los órganos de ésta se instaló el bilingüismo franco-inglés, sin que prosperaran —afirma el Embajador Ortega en su Memoria— intentos de delegaciones hispanoamericanas para una utilización más amplia del español.

«En 1920, en la Conferencia de la Unión Postal Universal celebrada en Madrid», recuerda asimismo el Embajador Ortega, «el representante de los Estados Unidos pedía que se reconociera el español como lengua oficial junto al francés, e incluso con carácter prioritario, por ser mayoría los países de habla española. La propuesta no prosperó».

Las características de la representación en la Oficina Internacional del Trabajo (OIT) fueron motivo, recuerda el Embajador Ortega, de que los representantes de los países de habla española solicitaran que se tradujeran las intervenciones a nuestro idioma y que Alemania, en 1927, solicitara para el suyo el rango de lengua oficial. Ninguno de los dos intentos tuvo éxito .

«En el período de liquidación de la Sociedad de Naciones, o sea al final de la segunda Guerra Mundial», señala el Embajador Ortega, «se pusieron de manifiesto dos fenómenos contradictorios: por una parte el predominio del inglés (los grandes instrumentos internacionales que iban a determinar la inmediata posguerra, Carta del Atlántico, Acuerdos de Bretton Woods, etc., se redactaron principalmente en inglés); por otra parte, el reconocimiento de varios idiomas internacionales en las conferencias destinadas a regular la paz, por ejemplo en la Conferencia de Chicago sobre Aviación Civil y muy principalmente en la de San Francisco».

Es en esta Conferencia de San Francisco donde se consagra el nuevo sistema lingüístico que va a caracterizar a la organización de las Naciones Unidas y, en consecuencia, a gran parte de los organismos internacionales que irán naciendo en el marco de la nueva organización.

El Embajador Ortega en su Memoria afirma que «en la farragosa documentación de la Conferencia de San Francisco no hay constancia clara del origen de la propuesta. En el proyecto de Dumbarton Oaks no se hace referencia alguna ni a los idiomas de la Conferencia ni a los de la futura organización. En las observaciones previas de los gobiernos a quienes fue sometida la propuesta antes de convocarse la Conferencia no se menciona tampoco la cuestión, salvo en las de Brasil y Venezuela, que por razones prácticas se inclinaban por el mantenimiento del régimen de la Sociedad de Naciones. Cuba en cambio pedía la equiparación del español con el inglés y el francés, y presentó propuestas concretas en ese sentido al principio de la Conferencia».

En el proyecto de Reglamento presentado por la Secretaría Provisional se proponían los cinco idiomas oficiales en los que debía redactarse el texto definitivo de la Carta, pero se señalaba un único idioma de trabajo, el inglés, en el que se redactarían los documentos, las actas y el diario y en el que se realizarían las declaraciones.

Francia, que no era potencia invitante, pero que estaba previsto sería uno de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad, se opuso a este monolingüismo, con el apoyo en general de las Delegaciones hispanoamericanas, aunque la Delegación de Honduras anunció que, si se concedía al francés el rango de lengua suplementaria de trabajo, exigiría el mismo trato para el español. Chile, Venezuela y Perú intervinieron en favor del francés. Finalmente, a propuesta de la URSS, quedaron definitivamente aprobados los cinco idiomas oficiales de la Conferencia, y francés e inglés como idiomas de trabajo, dejando el concepto de idioma oficial ceñido —precisa el Embajador Ortega cuya Memoria sigo en todo este apartado— «al objetivo de la Conferencia, o sea la redacción de la Carta».

Evocados estos antecedentes vamos a tratar, en los siguientes apartados, de señalar la realidad actual en los diversos organismos Internacionales de los que España es miembro, con referencias concretas a cada organización, empezando por la de las Naciones Unidas, por ser la más universal y la que origina el nuevo sistema.

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ORGANIZACIÓN DE LAS NACIONES UNIDA (I)

La Carta de esta Organización (firmada en San Francisco el 26 de junio de 1945 y que entró en vigor el 24 de octubre del mismo año) supone, como hemos anunciado, un cambio importante respecto a la situación anterior, ya que el Pacto de la Sociedad de las Naciones que la precedió estaba redactado en dos idiomas oficiales: inglés y francés, ambos con el mismo valor, mientras que la Carta de la Organización de las Naciones Unidas se redactó en cinco idiomas: chino, francés, ruso, inglés y español, estableciéndose en su artículo final, el 111, que «son igualmente auténticos». Expresión paralela se utiliza en el texto inglés «are equally authentic», mientras que el francés dice «feront également foi».

El profesor Jacqué, en el comentario que acabamos de citar en la nota n.º 21, recuerda que durante los trabajos preparatorios únicamente el representante de los Países Bajos se refirió a las dificultades que podrían originarse por esta redacción de la Carta en cinco idiomas, todos con el mismo valor jurídico. El delegado soviético replicó que aún serían mayores las dificultades que se producirían si quería hacerse prevalecer uno de los textos.

El resultado fue, como afirma el profesor Jacqué citando a Ruth Russell, que no se incluyó en la Carta ninguna disposición sobre su interpretación, lo que teóricamente puede dar lugar a problemas en relación no sólo con este instrumento, sino en general con otros tratados multilingües.

Este artículo 111 no determinaba con certeza cuáles serían los idiomas en los que se realizarían los trabajos de los órganos de la nueva organización, a quienes correspondió la decisión.

Así, la batalla volvió a plantearse, incluso antes de que se celebrase el primer período de sesiones de la Asamblea General, en el seno de la Comisión preparatoria de las Naciones Unidas, que se creó al terminar la Conferencia de San Francisco para asegurar la interinidad hasta la convocatoria de estos órganos de las Naciones Unidas, y para tomar las medidas concretas que facilitaran la iniciación de actividades del nuevo organismo.

Idiomas oficiales e idiomas de trabajo

El embajador Ortega, en las páginas 91 a 114 de su Memoria, tan merecida y repetidamente citada en este informe, ha hecho una interesante historia de estos trabajos y de las deliberaciones en el primero, segundo y tercer período de sesiones de la Asamblea General, que, con gran esfuerzo, renuncio a incorporar a este informe, señalando únicamente que, como hice constar en mi artículo «El idioma español en las organizaciones internacionales»:

«La Asamblea General, en su primer período de sesiones, aprobó el 1 de febrero de 1946 un Reglamento Provisional (basado en un texto que figuraba en el Informe de la Comisión Preparatoria de las Naciones Unidas) según el cual en todos los Órganos de las Naciones Unidas, excepto la Corte Internacional de Justicia, chino, francés, inglés, ruso y español serán los idiomas oficiales, e inglés y francés los idiomas de trabajo.

»Se precisaba en esta Resolución que los discursos en un idioma de trabajo serían interpretados en el otro, y que los discursos en un idioma oficial serían interpretados en los dos idiomas de trabajo. Se admitía la posibilidad de utilizar terceros idiomas, pero haciéndose cargo de la interpretación a un idioma de trabajo. Las Actas se redactarían en los idiomas de trabajo, salvo petición de alguna delegación de traducción a un idioma oficial. Los resúmenes de las Actas se harían, tan pronto como fuera posible, en los idiomas oficiales. Los Diarios de los Órganos de las Naciones Unidas se publicarían en los idiomas de trabajo.

»En el tercer período de sesiones, la Asamblea General decidió incluir el español entre sus idiomas de trabajo y enmendar en tal sentido los artículos 44 a 48 de su Reglamento. Lo mismo hizo con el ruso en el XXIII período de sesiones [28] y con el chino en el período XXVIII.

»En este mismo período de sesiones (XXVIII), la Asamblea General decidió incluir el árabe entre los idiomas oficiales y de trabajo [30] con lo cual se incorporaba un nuevo idioma a los citados en el artículo 111 y quedaba, por tanto, definitivamente claro que este artículo no tenía jurídicamente ninguna relevancia en la determinación de los idiomas en que se desarrollarían los trabajos de los Órganos de las Naciones Unidas y que su alcance se limitaba a establecer la igualdad de los cinco textos de la Carta.

»El artículo 51 del Reglamento de la Asamblea General en su vigente redacción establece, pues, que el árabe, el chino, el español, el francés, el inglés y el ruso serán a la vez los idiomas oficiales y los idiomas de trabajo de la Asamblea General, sus comisiones y sus subcomisiones, desarrollándose, después, en los artículos 52 a 57, ambos inclusive, esta igualdad entre los seis idiomas (árabe, chino, español, francés, inglés y ruso) y su situación privilegiada con respecto a los de los otros países Miembros».

«Evolución análoga», señalé en el citado artículo, «fue seguida por el Consejo de Seguridad, que en los artículos 41 a 47 de su Reglamento Provisional da el mismo trato privilegiado que la Asamblea a los seis idiomas citados».

El Consejo Económico y Social

«En el Consejo Económico y Social», señalé en el citado artículo [34], «continúa, sin embargo, la distinción entre idiomas oficiales y de trabajo, ya que el artículo 32 de su Reglamento dispone: El árabe, el chino, el español, el francés, el inglés y el ruso serán los idiomas oficiales, y el español, el francés y el inglés los idiomas de trabajo del Consejo». Los artículos 33 a 35, ambos inclusive, regulan el régimen lingüístico del Consejo Económico y Social (ECOSOC).

El español se incorpora así, en este Reglamento del Consejo Económico y Social, al francés e inglés en el reducidísimo grupo de idiomas de trabajo, diferenciándose de las otras tres lenguas oficiales (árabe, chino y ruso), quizás por entender los autores del Reglamento que los tres idiomas de trabajo son, en verdad, idiomas de comunicación universal, mientras que los otros tres están más concentrados en determinadas zonas y tienen una relevancia más coyuntural como instrumento.

El embajador Ortega ha historiado también en su Memoria los esfuerzos de los países de lengua española en favor de la utilización privilegiada de nuestro idioma en este Consejo Económico y Social, «que ofrecía particular interés», dice el embajador Ortega, «por la índole propia de sus actividades y por coordinar los organismos especializados».

Las Comisiones Económicas Regionales, situadas en el marco del Consejo Económico y Social, siguen, en la práctica, regímenes lingüísticos diferentes, pues, por ejemplo en la Comisión Económica para Europa (CEE), el ruso es idioma oficial, junto al inglés y al francés [38], mientras que en la Comisión Económica para África son lenguas de trabajo el árabe, el inglés y el francés [39]; en la Comisión Económica y Social para Asia Occidental el inglés, el francés y el árabe; en la Comisión Económica y Social para Asia y el Pacífico, el inglés, el ruso, el chino y el francés; y en la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) son idiomas oficiales el español, el francés, el inglés y el portugués, y los tres primeros, idiomas de trabajo.

El embajador Ortega afirma en su Memoria que, al aprobarse el nuevo régimen lingüístico del ECOSOC, consecuencia de una propuesta presentada por Argentina, Cuba, México y Uruguay en su XIV período de sesiones [44], permaneció inalterado el régimen lingüístico de las Comisiones Regionales, «en la CEPAL por estar ya previsto el empleo del español como idioma de trabajo; en la CEE por no haber entonces ninguna delegación de habla española. No obstante», opina el embajador Ortega, «cuando ingresó España en las Naciones Unidas en 1955 y, por consiguiente, en la Comisión Económica para Europa, hubiera podido exigir, en aplicación estricta del Reglamento, el reconocimiento del español como idioma de trabajo».

Secretaría de las Naciones Unidas

La Secretaría de las Naciones Unidas tiene como idiomas de trabajo el francés y el inglés, conforme a lo establecido en el Reglamento de Idiomas, anexo a la resolución 2 del 1 de febrero de 1946.

El citado reglamento se refiere a «todos los órganos de las Naciones Unidas aparte del Tribunal de Justicia Internacional», esto es, según el artículo 7.1 de la Carta, a la Asamblea General, Consejo de Seguridad, Consejo Económico y Social y Secretaría.

Como antes he mencionado, la Asamblea General, el Consejo de Seguridad y el Consejo Económico y Social han adoptado, posteriormente, su propio reglamento de idiomas conforme al apartado b de esta resolución 2 de la Asamblea General.

En cuanto a los Fondos y Programas de las Naciones Unidas —Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD/Fondo Población), Fondo Internacional de Naciones Unidas para la Infancia (United Nations International Children Emergency Fund, UNICEF), United Nations Development Fund for Women (UNIFEM)—, según me informó el 2 de abril de 1997 el entonces embajador de España ante esta Organización de las Naciones Unidas, Carlos Westendorp, la dependencia funcional del Secretario General de las Naciones Unidas en que se encuentran estos fondos y programas supone que, en su ámbito interno, se aplique el régimen de idiomas de trabajo de la Secretaría.

En el ámbito intergubernamental, la Junta Ejecutiva de UNICEF sigue el régimen de los seis idiomas oficiales y tres idiomas de trabajo (español, francés e inglés).

La Junta Ejecutiva PNUD/Fondo Población (que es conjunta para ambos programas) sigue el mismo régimen.

El sistema es similar respecto al UNIFEM, ya que este Fondo es dirigido por la Junta Ejecutiva PNUD/Fondo Población.

Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y Centro de Asentamientos Humanos de las Naciones Unidas (HABITAT): según me ha informado el pasado 17 de junio de 1997 el embajador de España en Nairobi, Fermín Prieto-Castro, acreditado ante estos dos organismos de Naciones Unidas:

«tanto la Secretaría del PNUMA como el Centro de Asentamientos Humanos siguen las normas de la Secretaría de ONU en cuanto a la utilización de idiomas, que son las siguientes:

idiomas oficiales: inglés y francés, para escritos internos;

idiomas de trabajo: inglés, francés y español, para correspondencia, anuncios de vacantes, etc.;

para las reuniones oficiales: el árabe, el chino, el español, el francés, el inglés y el ruso;

en los Comités de Representantes permanentes del PNUMA y de HABITAT, y para aliviar costes, se decidió en su momento, utilizar solamente el inglés;

para las reuniones de la Comisión de HABITAT y para las reuniones del Consejo de Administración del PNUMA, me remito a los artículos 24 y 63 de sus respectivos Reglamentos, de los que adjunto fotocopia».

En efecto, el Reglamento de la Comisión de Asentamientos Humanos, en su Sección VII. «Idiomas y Actas» dispone:

«Idiomas oficiales y de trabajo. Artículo 24:

»1. El árabe, el chino, el español, el francés, el inglés y el ruso serán los idiomas oficiales y de trabajo de la Comisión. Los discursos pronunciados en cualquiera de estos idiomas serán interpretados a los demás idiomas de la Comisión.

»2. Todo representante podrá formular una exposición en cualquier otro idioma si dispone la interpretación de la exposición a uno de los idiomas oficiales. La interpretación hecha por los intérpretes de la secretaría a los demás idiomas oficiales podrá basarse en la interpretación dada en el primer idioma oficial.

»Idiomas de las resoluciones y de las demás decisiones oficiales. Artículo 25:

»Todas las resoluciones, recomendaciones y demás decisiones oficiales y todos los informes de la Comisión se proporcionarán en los idiomas oficiales de la Comisión.

»Distribución de las decisiones oficiales y de los informes. Artículo 26:

»Tan pronto como sea razonablemente factible, la secretaría transmitirá a todos los miembros de la Comisión y a cualesquiera otros participantes en el período de sesiones las resoluciones, recomendaciones y otras decisiones oficiales de la Comisión. El texto impreso de tales resoluciones, recomendaciones y otras decisiones oficiales, así como de los informes de la Comisión a la Asamblea General, será distribuido en todos los idiomas de trabajo de la Comisión después de la clausura del período de sesiones a todos los Estados Miembros de las Naciones Unidas, a los organismos especializados y a las organizaciones intergubernamentales a que se refiere el artículo 58».

El Reglamento del Consejo de Administración del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente  en su Sección IX, «Idiomas y Actas» establece:

«Idiomas e interpretación. Artículo 63:

»1. El árabe, el chino, el español, el francés, el inglés y el ruso serán los idiomas oficiales y de trabajo del Consejo de Administración. Los discursos pronunciados en cualquiera de estos idiomas serán interpretados en los demás idiomas del Consejo de Administración.

»2. Cualquier representante podrá hacer uso de la palabra en idioma distinto de los idiomas del Consejo de Administración. En este caso se encargará de suministrar la interpretación en uno de los idiomas del Consejo de Administración. La interpretación hecha por los intérpretes de la secretaría en los demás idiomas del Consejo de Administración podrá basarse en la interpretación hecha en el primer idioma del Consejo de Administración.

»Idiomas en que se proporcionará el texto de las resoluciones, las demás decisiones oficiales y los documentos, y distribución de los mismos. Artículo 64:

»1. El texto de todas las resoluciones, recomendaciones y demás decisiones oficiales del Consejo de Administración, así como de los informes del Consejo de Administración a la Asamblea General y de otros documentos, será proporcionado en los idiomas del Consejo de Administración.

»2. El texto de las resoluciones, recomendaciones y demás decisiones oficiales adoptadas por el Consejo de Administración, los comités que éste constituya para los períodos de sesiones y demás órganos auxiliares, será distribuido por la secretaría a todos los miembros del Consejo de Administración y a los demás participantes en el período de sesiones. El texto impreso de estas resoluciones, recomendaciones y demás decisiones oficialmente adoptadas, así como el de los informes del Consejo de Administración a la Asamblea General, será distribuido, tan pronto como sea posible después de la clausura del período de sesiones, a todos los Estados Miembros de las Naciones Unidas o miembros de algún organismo especializado o del Organismo Internacional de Energía Atómica, y a las organizaciones intergubernamentales mencionadas en el artículo 68».

La encargada de Negocios de la Embajada de España en Nairobi, Cristina Díaz, me informó el 22 de julio de 1997, que «el Comité de Representantes Permanentes de HABITAT utilizó siempre el inglés en sus sesiones de trabajo. El Comité de Representantes Permanentes del PNUMA sólo en el año 1992 hizo uso de intérpretes, pero el coste fue tan alto que no se volvió a repetir. Sin embargo, el Consejo de Administración en su 17 sesión (10 a 21 mayo 1993) instó al Director Ejecutivo que solicitara al Secretario General que considerara la posibilidad de financiar los servicios de interpretación a cargo del presupuesto General de las Naciones Unidas. La propuesta no prosperó y desde 1993 se ha venido utilizando sólo el inglés».

En la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos, conocida comúnmente por sus siglas en inglés, UNRWA (United Nations Relief and Works Agency for Palestine Refugees in the Near East), en principio es aplicable el régimen establecido por la Asamblea General de Naciones Unidas, que, como hemos señalado antes, no distingue ya entre idiomas oficiales y de trabajo, y otorga ambas calificaciones al inglés, francés, ruso, chino, español y árabe, pero en la práctica «el idioma de trabajo de la Agencia», según información remitida por su sede en Gaza el 6 de mayo de 1997 al Cónsul General de España en Jerusalén, D. Manuel Cacho, que me la transmitió el 19 de mayo de 1997, «es el inglés y limitadamente el árabe». En la misma información se menciona el hecho de que la Comisión Consultiva de UNRWA, un órgano subsidiario de la Asamblea General establecido al crearse la Agencia [50], decidió en 1981 que los idiomas de trabajo de la Comisión serían el árabe, el inglés y el francés.

La Universidad de las Naciones Unidas

La Universidad de las Naciones Unidas (UNU) es un organismo cuya libertad académica y autonomía están establecidas en el artículo II de su Carta aprobada por resolución 3081 (XXVIII) de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el 6 de diciembre de 1973. Tiene su origen en una propuesta presentada por el entonces Secretario General de las Naciones Unidas, U Thant. La promesa del gobierno de Japón de contribuir con usa 100 millones de dólares al Fondo de Dotación de la UNU facilitó su establecimiento. En junio de 1992, el mismo gobierno puso a disposición de la UNU el edificio de su sede permanente en Tokio.

Como perteneciente a la Organización de Naciones Unidas, son idiomas oficiales de la UNU los seis de la ONU, es decir, inglés, francés, español, chino, árabe y ruso. Sin embargo —según me informó el pasado 20 de mayo de 1997 el Consejero Cultural de la Embajada de España en Tokio, D. Gerardo Bugallo—, en la práctica se usa más el inglés y, aunque no es idioma oficial, se usa frecuentemente el japonés. Un 95% de las publicaciones se escriben en inglés, seguido por el japonés, francés y español, traducidos del inglés.

El Instituto Internacional de Investigaciones y Capacitación de las Naciones Unidas para la Promoción de la Mujer, International Research and Training Institute for the Advancement of Women (INSTRAW) fue establecido por el Consejo Económico y Social, de conformidad con una decisión anterior de la Asamblea General, basándose en la recomendación de la Conferencia Mundial del Año Internacional de la Mujer, celebrada en la ciudad de México en 1975.

El Instituto es un órgano autónomo enmarcado en el sistema de las Naciones Unidas y fue establecido, de acuerdo con la Carta de las Naciones Unidas, para servir de vehículo a nivel internacional con la finalidad de emprender investigaciones, establecer programas de capacitación y distribuir información, para integrar y movilizar a la mujer dentro del proceso de desarrollo.

Este Instituto, cuya sede está en la ciudad de Santo Domingo (República Dominicana) realiza sus publicaciones en inglés, español y francés, y «se rige», según información de su Directora en funciones, Martha Dueñas Loza, comunicada el 19 de marzo de 1997 a la Directora del Centro Cultural Hispánico, Agregada Cultural a la Embajada de España en la República Dominicana, Dña. Ana Tomé, que me la transmitió el 30 de abril de 1997, «por los glosarios publicados por la Secretaría General de Naciones Unidas» en los seis idiomas oficiales de la Organización.

El problema de la utilización de diversos idiomas en la Organización de Naciones Unidas sigue vigente, como demuestra el hecho de que el pasado 2 de noviembre de 1995, en la sesión 49 de la Asamblea General de Naciones Unidas, fuera aprobada por 100 votos a favor, 35 en contra y 29 abstenciones, la resolución 50/11 titulada «Multilingüismo» que, por su interés y actualidad, reproduzco en nota a pie de página, mencionando también la posición adoptada por los diferentes países, por entender que es extraordinariamente significativa.

En cumplimiento de esta resolución, el 6 de noviembre de 1997, el Secretario General de Naciones Unidas presentó al quincuagésimo segundo período de sesiones de la Asamblea General el informe que reproduzco en nota a pie de página [54]. En la conclusión de este informe, el Secretario General afirma: «Como se señala anteriormente, la Secretaría ha seguido una política de promoción continua de la enseñanza y utilización de los idiomas oficiales e idiomas de trabajo de la Organización en todas sus actividades. En atención a la resolución 50/11 de la Asamblea General, se han redoblado los esfuerzos encaminados a ese fin para que la promoción del multilingüismo siga siendo un objetivo primordial de la Organización».

La Corte Internacional de Justicia

En la Corte Internacional de Justicia sigue vigente el bilingüismo característico del sistema de la Sociedad de las Naciones de que procede.

El Secretario General de esta Corte Internacional de Justicia, D. Eduardo Valencia-Ospina, señalaba, el pasado 24 de marzo de 1997, al Embajador de España en La Haya, D. José Pons, que me transmitió esta información, vía Ministerio de Asuntos Exteriores, el 1 de abril de 1997, que «el Comité consultivo de Juristas de 1920, que preparó el primer proyecto de Estatuto de la Corte permanente de Justicia internacional, se había pronunciado a favor de un monolingüismo francófono, considerando que la permanencia de la Corte debía confirmarse con la permanencia del idioma».

«Sin embargo», afirma el mismo Secretario General, «el Consejo y la Asamblea de la Sociedad de las Naciones decidieron que la CPJI tendría dos idiomas oficiales, como la propia Sociedad: francés e inglés. Este principio se mantuvo en 1945 para la CIJ, a pesar de que las Naciones Unidas hubiesen adoptado cinco idiomas oficiales. Es pues en francés y en inglés que la Corte trabaja (en formación plenaria como en sus salas y en sus distintos comités). Los jueces se expresan en francés y/o en inglés y las partes redactan sus escritos y pronuncian sus alegatos en uno de estos dos idiomas o en los dos.

»En principio, la Secretaría se encarga en cada caso de las traducciones escritas y de las interpretaciones orales de un idioma oficial al otro. Las partes pueden convenir entre ellas la utilización del mismo idioma; pueden también usar otro idioma que el francés o el inglés, a ciertas condiciones que vienen precisadas en el Estatuto y el Reglamento de la Corte (por ejemplo, España ejerció esta facultad —y utilizó el idioma español en el asunto Borchgrave ante la CPJI y en el de la Barcelona Traction ante la CIJ). Los documentos de la Secretaría son bilingües y la correspondencia se hace en francés o en inglés. Todos los funcionarios deben dominar los dos idiomas».

Este régimen está establecido en el artículo 39 del Estatuto, precisado en particular por los artículos 51, 70, 71 y 96 del Reglamento.

El Tribunal Penal Internacional para la ex-Yugoslavia

l Tribunal Penal Internacional para la ex-Yugoslavia aprobó su estatuto el 25 de mayo de 1993 y en él dedicó el Artículo 33 [56] a su régimen lingüístico. La Sra. Dorothee de Sampayo Garrido-Nijgh informó, en nombre de la Secretaría General del Tribunal, el pasado 26 de marzo de 1997, al Embajador de España en la Haya, D. José Pons, que me lo transmitió vía Ministerio de Asuntos Exteriores, de que, según este artículo 33, «inglés y francés son los idiomas usados en todas las decisiones de los Jueces del Tribunal, todos los documentos expedidos por el Tribunal y toda la correspondencia oficial dentro de y desde el Tribunal. Además todas las audiencias son celebradas en inglés, francés y, como todos los acusados hasta la fecha procedían de la ex-Yugoslavia, en serbo-croata».

Según esta información «ha habido varios casos en los que testigos y amicus curiae comparecientes ante el tribunal han usado su propio idioma, que no era ni francés ni inglés ni serbo-croata. Las personas que comparecen ante el Tribunal Internacional, aparte el defensor, tienen el derecho de proceder así de acuerdo con la Regla 3 (C) de las Reglas de Procedimiento y Prueba. Hasta ahora, alemán y holandés han sido los únicos idiomas utilizados».

Se afirma también en la información que «no ha sido utilizada tampoco la posibilidad ofrecida por la Regla 3 (C) por ningún defensor para usar un idioma diferente del francés, inglés o serbo-croata».

Termina afirmando la señora Dorothee de Sampayo Garrido-Nijgh que «el español no es un idioma de trabajo del Tribunal y aunque una persona compareciente ante el Tribunal, aparte del defensor, tiene el derecho de usar el español, nadie lo ha hecho hasta ahora. Algunos funcionarios del Tribunal, sin embargo, son hispanohablantes y usan este idioma entre ellos de manera no oficial».
 

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El Tribunal Internacional para Crímenes de Guerra en Ruanda

El Tribunal Internacional para Crímenes de Guerra en Ruanda (The International Criminal Tribunal for Rwanda, ICTR) fue creado por la resolución 955 (1994) del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas [58], que en el denominado «Estatuto» del Tribunal estableció dos idiomas oficiales: francés e inglés.

Según información del Jefe de los Servicios de Idiomas y Conferencias de este Tribunal, el Sr. Joël Quénette, de 24 de abril de 1997, a la Encargada de Negocios a.i. de la Embajada de España en Dar es Salaam, Dña. Cristina Latorre, que me ha transmitido el 30 del mismo mes de abril el Embajador, D. Luis Gómez de Aranda, «todos los documentos oficiales se redactan en francés o inglés y son habitualmente enviados para traducción en el otro idioma oficial del ICTR. Sin embargo, algunos documentos procedentes de Ruanda, donde uno de los idiomas oficiales es el kinyarwanda, están en kinyarwanda. Estos pueden incluir deposiciones de testigos así como otros varios documentos solicitados por la Oficina del Fiscal. Estos documentos son traducidos del kinyarwanda al francés o al inglés. Habitualmente son traducidos al otro idioma oficial del ICTR para los archivos. La interpretación se hace simultáneamente en ambos, francés e inglés.

»Como algunos testigos en los procesos proceden de Ruanda y se desenvuelven mejor hablando en kinyarwanda, se proporciona interpretación al y del kinyarwanda. Sin embargo, debido a las dificultades para conseguir intérpretes experimentados de kinyarwanda, la interpretación al kinyarwanda se está haciendo en la actualidad de manera consecutiva».

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Organización de las Naciones Unidas para la educación, la ciencia y la cultura (UNESCO)

La Constitución de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), aprobada en Londres el 16 de noviembre de 1945, fue redactada en francés e inglés, y en el párrafo 1 de su artículo XIV se dispone que ambos textos «serán igualmente auténticos»; pero, a diferencia de la Carta de las Naciones Unidas, en el apartado 2 de este artículo XIV se establece: «Todas las cuestiones y controversias relativas a la interpretación de la presente Constitución serán sometidas, para su resolución, a la Corte Internacional de Justicia o a un tribunal de arbitraje, según determinare la Conferencia General con arreglo a su Reglamento».

El Reglamento de la Conferencia General, aprobado en su tercera reunión, titula su capítulo X «Lenguas», estableciendo en el artículo 52: «El árabe, el chino, el español, el francés, el inglés y el ruso son las lenguas de trabajo de la Conferencia General», autorizando en el artículo 53 al Consejo Ejecutivo «cuando la Conferencia se celebre en un país cuyo idioma oficial no sea una de las lenguas de trabajo», «a tomar disposiciones oficiales para el empleo, durante la Conferencia, del idioma del país de que se trate».

El artículo 54, en su párrafo 1, dispone: «Las lenguas oficiales de la Conferencia General serán el árabe, el chino, el español, el francés, el hindi, el inglés, el italiano, el portugués y el ruso» y, en su párrafo segundo, señala que «cualquier otro idioma podrá ser igualmente reconocido como lengua oficial de la Conferencia General a petición del Estado o los Estados Miembros interesados; sin embargo, ningún Estado Miembro podrá pedir ese privilegio para más de una lengua».

Esta multiplicidad de posibilidades se intenta contener en los dos artículos siguientes, pues el artículo 55 afirma que «todos los documentos, así como el Diario de la Conferencia General, se publicarán en las lenguas de trabajo», y distingue a continuación entre la publicación «provisional» en que cada intervención se reproducirá en la lengua de trabajo empleada por el orador y la «definitiva» en que estas reproducciones serán seguidas, si la intervención se ha hecho en lengua de trabajo que no sea francés o inglés, de traducción, alternativamente de una sesión a otra, en una u otra de esas dos lenguas.

Se intenta así conciliar la igualdad en principio concedida a las seis lenguas de trabajo, con la exigencia práctica de que los textos sean entendidos por el mayor número posible de lectores, lo que lleva a traducirlos, pero sólo a uno, alternativamente diferente de una sesión a otra, de los idiomas de trabajo, reconociendo así una mayor universalidad al francés y al inglés por encima de los otros cuatro: árabe, chino, español y ruso.

A las lenguas oficiales (las nueve mencionadas en el artículo 54, es decir, las seis del artículo 53 más el hindi, el italiano y el portugués) a las que puede añadir más la Conferencia General, según el segundo apartado de este artículo 54, se traducirán (según dispone el artículo 56, «todas las modificaciones del texto de la Constitución y todas las decisiones de la Conferencia que afecten a la Constitución y a la condición jurídica de la UNESCO».

Es decir, que las modificaciones de la Constitución deberán ser traducidas a más idiomas (nueve en principio) que los dos (francés e inglés) del texto original. En el apartado 2 de este artículo 56 se abre aún más esta posibilidad de traducción a lenguas oficiales, pues bastará con la petición de una Delegación para que haya que traducir a cualquier lengua oficial cualquier documento importante, pero la Delegación peticionaria deberá proporcionar los traductores necesarios.

En el artículo 57 se abre la posibilidad para los delegados de utilizar cualquier idioma, aunque no sea lengua de trabajo, pero con la obligación de encargarse de su interpretación a una lengua de trabajo, a partir de la cual la Secretaría lo hará interpretar a las otras lenguas de trabajo.

En el Consejo Ejecutivo las lenguas de trabajo (según el artículo 21 de su Reglamento aprobado en su 29.ª reunión) serán el árabe, el chino, el español, el francés, el inglés y el ruso, es decir, las mismas de la Conferencia General, sin que exista, en el Consejo Ejecutivo, la categoría de «lengua oficial».

El Acuerdo de Sede firmado en París el 2 de julio de 1954 con el Gobierno francés, fue «hecho por duplicado en francés e inglés siendo ambos textos igualmente auténticos».

Esta amplitud lingüística, producto de la propia naturaleza de la UNESCO, convive con la tensión que las razones económicas provocan en el seno de la Organización, y que llevan a reducciones presupuestarias que perjudican más a unas u otras de las seis lenguas de trabajo, como consecuencia de los esfuerzos de los Miembros cuyos idiomas no figuran entre estos seis para intentar limitar los gastos producidos por el multilingüismo que, piensan, no son para ellos rentables. Frente a estos intentos, los Representantes de los países a los que pertenecen los idiomas de trabajo vienen reaccionando para no sólo mantener el statu quo jurídico, sino, sobre todo, procurar que éste no se degrade en la práctica.

Así, en 1974 se creó por los países de nuestro idioma el denominado «Comité del Idioma Español» (CIE), del que forman parte España, todos los países iberoamericanos cuyo idioma oficial es el español y que tienen Delegación Permanente ante la UNESCO, más Guinea Ecuatorial y Filipinas. La presidencia se ejerce de manera rotativa, cambiando cada semestre, por los países miembros del Comité. En estos momentos, julio de 1997, es ejercida por la República de El Salvador. España desempeña siempre la Secretaría.

Voluntariado Naciones Unidas (United Nations Volunteer Program, UNV)

Según me informó el pasado 10 de junio de 1997, el Embajador de España en Bonn, José Pedro Sebastián de Erice:

«Sus idiomas oficiales son los seis de las Naciones Unidas.

»Aparte de esta disposición, no tienen ninguna normativa escrita sobre el uso de idiomas.

»En la práctica, las reglas para el uso real de idiomas son informales y siguen criterios enteramente pragmáticos. Tienen en cuenta la demanda real, los conocimientos de idiomas del personal, las reducidas dimensiones de la organización y, en particular, de su sede central, las limitaciones del presupuesto para traducciones e interpretación, y la escasísima frecuencia de reuniones intergubernamentales.

»Ello se plasma en que el inglés es la lengua de trabajo de la organización, con dominio casi absoluto: es la lengua franca del personal de la sede central; la lengua en que se redactan los documentos de trabajo; y el idioma que más suele usarse para contactos exteriores, incluso con delegaciones oficiales.

»Sin embargo, ello no impide que se puedan usar otros idiomas (algunos funcionarios francófonos hacen a veces gala de utilizar su idioma): simplemente es poco práctico y por tanto poco frecuente, salvo que haya razones especiales que lo aconsejen.

»Una de estas razones es, lógicamente, la especialización geográfica: en ese sentido, los funcionarios de la Sección de América Latina de UNV (una sección bastante importante por el número de proyectos en esa región) hablan español prácticamente todos.

»Asimismo, cuando hay visitas de delegaciones de países iberoamericanos, las reuniones pueden tener lugar en español cuando los interlocutores son de dicha Sección. Sin embargo, cuando son de otras secciones, suele hablarse inglés, eventualmente haciendo de intérprete algún funcionario de la Sección de América Latina.

»UNV tiene muy raramente reuniones o conferencias intergubernamentales: apenas una cada 4 ó 5 años. La próxima será a finales de 1997, asistiendo representantes de Gobiernos, otras organizaciones internacionales, ONGs, organizaciones nacionales de voluntarios, etc. a fin de discutir la futura política y estrategias del voluntariado de ONU.
»Sólo en estas ocasiones, y concretamente en la conferencia citada, habrá excepcionalmente servicio de interpretación simultánea.
»Para seleccionar los idiomas de interpretación se seguirá el criterio de la demanda real financiable. En consecuencia, los idiomas serán inglés, francés y español (ya que habrá muchos delegados hispanoparlantes y hay muchos programas en países iberoamericanos). Se está estudiando la posibilidad de interpretar también el ruso, pero sólo si viniesen delegaciones de la CEI de entidad suficiente. Prácticamente se descarta el árabe y el chino.

»Estos gastos de interpretación los cubre el presupuesto de la organización, pero son muy excepcionales. Normalmente se usa inglés o interpreta algún funcionario, y muy rara vez se recurre, para casos muy justificados, a interpretación comercial para alguna delegación que la requiera.

»Por lo que se refiere a textos escritos, los proyectos de documento y las publicaciones se redactan casi siempre primero en inglés. Luego se traducen según la demanda. En concreto, casi todos se traducen al francés y al español. Algunas veces, también al árabe o al ruso. Y de vez en cuando al alemán, por ser el idioma del país anfitrión, si hay interés.

»En cualquier caso, como puede verse, no se traducen ni publican automáticamente todos los textos en todos los idiomas oficiales de Naciones Unidas. Depende de las necesidades prácticas, por ejemplo, de cuál sea el país en que se desarrolle la actividad o el proyecto de voluntariado en cuestión.

»UNV no dispone de un servicio de interpretación ni de traducciones propiamente dicho. Las traducciones se hacen a veces por funcionarios de la sede central, pero casi siempre se encargan a traductores privados, mientras lo permita el presupuesto.

»La información en internet de UNV (http://www.unv.org) está actualmente sólo en inglés».

Secretariado de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el cambio climático (United Nations conference on climatic change, UNFCCC)

Según me informó el citado Embajador de España en Bonn, D. José Pedro Sebastián de Erice, el pasado 10 de junio de 1997:

«Sus idiomas oficiales son los seis de las Naciones Unidas, incluyendo por tanto el español.

»Según parece (me dijeron que mirarían en los archivos por si acaso) no tienen normas escritas que vayan más allá de esta norma general de toda organización de Naciones Unidas.

»En la práctica (ya se puede hablar de práctica aunque se trata de una organización muy joven), la lengua de trabajo es el inglés, ya que se trata de una pequeña organización que no tiene fondos para trabajar en todos los idiomas en todas las reuniones. En eso se parece a UNV, pero, a diferencia de esta última, tiene más reuniones intergubernamentales y documentos oficiales.

»En ese sentido, los documentos se suelen redactar en inglés.

»Sin embargo, todos los documentos oficiales, sin excepción, se publican en los seis idiomas oficiales. De hecho, no se pueden publicar hasta que estén disponibles en las seis lenguas.

»Igualmente, en grandes reuniones oficiales con representantes de los Gobiernos (que tienen lugar varias veces al año a diferentes niveles) hay interpretación simultánea a los seis idiomas oficiales.

»En cambio, en reuniones especializadas las facilidades de interpretación son reducidas, en función de los costes, teniendo en cuenta las limitaciones presupuestarias de esta pequeña organización. Y en este tipo de reuniones entra en juego por tanto la regla informal de la demanda, en la que el español sale relativamente favorecido (aunque muy por debajo del inglés), dado el número de países hispanoparlantes.

»En la dirección de internet de UNFCCC (http://www. unfccc.de) se puede consultar más datos. Esta página web está actualmente sólo en inglés, pero me dice su responsable que están estudiando la posibilidad de hacerla también en francés y en español. Quizás también algo en ruso, pero en cambio creen que es muy prematuro para hacerlo en árabe o chino, por falta de Standards para esos idiomas».
Eloy Ybáñez Bueno

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LA LENGUA ESPAÑOLA EN LA CIENCIA Y LA TECNOLOGÍA

EL ESPAÑOL Y LA CIENCIA

En un reciente documento, preparatorio de la actuación de la Unión Europea en vísperas del próximo milenio, se dice:

«No hay duda alguna de que, actualmente, el mundo es mas complejo. Para entenderlo mejor y situarse mejor en él, el individuo debe saber más. Es innegable que muchas de las respuestas a los grandes problemas de la sociedad, tanto el crecimiento y el empleo como la salud, el medio ambiente o la movilidad, deben buscarse en la ciencia y la tecnología... En una sociedad europea que se debate entre transformarse o seguir igual, el individuo, en su quehacer diario, es, al mismo tiempo, ciudadano, consumidor de productos y de servicios, y creador de ideas y de comportamientos. Inmerso en un mundo que se basa de manera cada vez más directa en el dominio del conocimiento, a veces se para a pensar en las repercusiones de los avances científicos en su modo de vida y sus valores.»

Ciencia y tecnología, sus avances y valores, que se acompañan de la esencialidad de una comunicación multilingüe. Comunicación multilingüe porque, en primer lugar, la concepción misma de la ciencia y, por ende, la descripción científica comparten con el lenguaje la raíz de sus problemas. En segundo término, porque la ciencia es una artesanía organizada a escala mundial, y la organización demanda comunicación, y la organización científica exige el lenguaje escrito y el oral entre los científicos. Y, en tercero, en las mismas palabras de Lapesa, porque

«... no podemos desatender el momento histórico en que vivimos. La sociedad se transforma; la ciencia y la técnica llenan de realidades nuevas el mundo; las formas del vivir cambian a ritmo acelerado. La sacudida alcanza, con intensidad sin precedentes, al lenguaje. De una parte, por la invasión de palabras nuevas, resultado unas veces de la mayor comunicación entre los distintos países y de la uniformación internacional de las formas de vida. Otras veces, como consecuencia de la ampliación del campo de intereses del hombre medio, a quien afectan rápidamente los progresos científicos y técnicos que antes eran sólo materia de especialistas...»

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Lengua y organización de la realidad

La lengua, en efecto, es la primera ciencia que posee el hombre. La lengua es una primera clasificación del mundo y ella nos muestra una organización de la realidad; pero esta inicial descripción científica por el lenguaje natural sirve demasiado trabajosamente a ciertos tipos de realidades científicas. El desarrollo de la ciencia y la aparición de nuevos dominios en ella van acompañados de una necesidad de superación del lenguaje natural. Sucedía así en Al otro lado del espejo:

«Alicia caminaba por el bosque de las cosas sin nombre, abrazada al suave cuello del Cervatillo, cuando el animalito miró a la niña con sus ojos grandes y dulces. ¿Cómo te llamas?, ¡recuérdalo!, ¡piensa! La pobre Alicia respondía ¡ojalá lo supiera! mientras acariciaba al Cervatillo que logró desasirse de ella con un repentino brinco en el aire justo al salir del bosque, a la vez que se alejaba gritando ¡soy un cervatillo y tú eres una niñita!. Alicia conoció así su nombre...»

Y también la creación que supone el dar nombre preocupó a los insectos:

«...cuando una vocecilla amiga haciendo cosquillas en el oído de Alicia susurraba: sí que no me harías daño aunque soy un insecto; y, luego, preguntaba a la niña ¿así pues, no te gustan los insectos?; tras lo que Alicia comenzó una conversación con el Mosquito, que así resultó ser el insecto con el que hablaba: me gustan cuando hablan y no me divierto con ninguno, más bien los tengo miedo, a lo menos a los más grandes.

Alicia y el Mosquito platicaron sobre los nombres de los insectos —el Tábano, la Libélula, el Dragón, la Mariposa...—; pero, ¿de qué sirve que tengan nombres si no responden cuando se les habla por su nombre?, arguyó el Mosquito. A ellos no les sirve de nada, respondió Alicia; pero es útil para las personas cuando los nombran. Y si no, ¿para qué tienen nombres las cosas?»

Relato de cómo la lengua natural sirve de telar sobre el que entretejer una lengua modificada, una terminología especial, con pretensiones más o menos universalistas, e, incluso, los mismos sistemas simbólicos, carentes de ambigüedad, con total ambición universalista. Todos los dominios de la ciencia estuvieron siempre empeñados en crear un lenguaje simbólico apropiado a su objeto, tendente a la abstracción y a un mejor ajuste a la estructura de la realidad. Y, a la vez, la lengua natural se ha ido amplificando con un cierto grado de cientificismo y refinando en su intento de lograr una mayor amplitud de sus objetivos. Este grado de cientificismo entremezclado con la lengua natural aparece ya arraigado en los tiempos clásicos, aunque data de los dos últimos siglos el gran incremento de su presencia; lo que ha dado origen a esa primera consideración de la comunicación multilingüe.

Comunicación multilingüe cuya naturaleza ha ido cambiando con los tiempos en función de la hegemonía política, el poderío económico y la influencia tecnológica de las naciones; de un siglo a esta parte tan fuertemente relacionados entre sí.

Puede ser un bonito ejemplo clásico la magna obra del módico griego Dioscórides de Anazarbus que, en el siglo i, acompañó a los ejércitos romanos en sus campañas y logró reunir una enorme cantidad de información sobre plantas medicinales. En De Materia Medica sistematizó los conocimientos de 700 plantas y un millar de sustancias, unificó los criterios de su descripción ateniéndose de forma regular a la exposición de la sinonimia de cada especie, sus caracteres, comprobaciones, acciones, uso médico y falsificaciones. A partir de Galeno, a lo largo de toda la Edad Media, y hasta bien avanzado el mundo moderno, la Materia Medica fue un instrumento imprescindible para la práctica de la medicina, a la que acudieron durante siglos médicos, farmacéuticos y profanos de todos los países en busca de datos para la preparación de multitud de remedios. Los libros de Dioscórides, los de Arquímedes y los de Plinio llegaron a tener total vigencia hasta los físicos y naturalistas del Renacimiento. Y la misma ciencia árabe, al estilo del Liber Fundamentorum Pharmacologiae, de Abu Mansur, acudió al latín como medio de difusión de sus hallazgos. Tomás Moro escribió en latín su Utopia y Francis Bacon, finalizando el siglo XVI, publicó una traducción latina de la primera serie de sus Ensayos; y, en tiempos de Shakespeare, se redactó en latín la primera Farmacopea Britanica.

Comunicación científica en español

A los mismos criterios de hegemonía se refería Rodríguez Carracido, al comparar la comunicación científica en español de su momento, hace medio siglo, con la de tiempos anteriores, la de los siguientes al Descubrimiento de América. Así eran algunos de sus lamentos:

«Afírmase comúnmente que sólo en las producciones literarias y filosóficas se revela el carácter nacional, pero no en las científicas, en las cuales con absurda obstinación no quiere verse la personalidad del autor, alegando que los fenómenos naturales están sujetos a las mismas leyes en todas las zonas del Planeta y su conocimiento lo expresan por idénticas fórmulas los hombres que viven en las más apartadas regiones... nadie negará que la tradición de los grandes maestros orienta en determinadas direcciones la labor investigadora de los que trabajan influidos por las enseñanzas de aquellos iniciadores de verdaderas series intelectuales, constituyendo grupos específicos de cultura dentro del saber general humano... Por estas condiciones personales y locales de su proceso conceptúo que no es empeño artificioso distinguir la nacionalidad de la ciencia; y sin que a ello se opongan sus modestas proporciones, afirmar que existe ciencia española, hoy poco perceptible por la pobreza del organismo nacional que la produce, pero de gran realce en el período pujante de nuestra Patria; realce adquirido principalmente en la labor original que hubo de realizar para el conocimiento y la explotación de las riquezas del Nuevo Mundo.»

Está claro que se refería, por ejemplo, a la Historia General de las Indias, de Gonzalo Fernández de Oviedo, publicada como sumario en 1526; a la Historia Natural y Moral de las Indias del jesuita José de Acosta; a El Arte de los Metales, de Álvaro Alonso Barba; a los numerosos estudios sistemáticos que, ya en el siglo XVIII, resultaron de las tres expediciones botánicas que dirigieron Ruiz y Pavón —al Perú— , Mutis —a Nueva Granada— y Sessé y Mociño —a Nueva España—.

A estos últimos hacía alusión Carracido de esta manera:

«La cultura importada por la dinastía borbónica fue puramente literaria en sus comienzos, pero la gran estimación concedida a los que entonces eran llamados conocimientos útiles promovió los estudios científicos dando la preponderancia a los que conducían a la explotación y acrecentamiento de las producciones naturales. Nuestros estadistas, influidos por las tendencias de su siglo, mostraron gran interés en poseer el inventario de las riquezas minerales y vegetales de las colonias, y con este deseo renació la literatura científica hispanoamericana.»

Ejemplos de este tipo de comunicación científica fueron las noticias recogidas en los Anales de Historia Natural, desde 1799, de los hallazgos de la expedición de Humboldt, que recorrió gran parte de América, y que redactaban, entre otros, Proust, Herrgen y Cavanilles.

Los importantes estudios españoles sobre la minería y la flora americana, y su correspondiente comunicación científica en español, no lograron conectar con todo lo que la ciencia europea venía ya mostrando abundantemente. No supieron nuestros políticos, tampoco los científicos ni los filósofos con toda seguridad, compartir las innovaciones metodológicas que suponía la autonomía de la ciencia, reivindicada por Galileo, entre otras novedades de la vida social y política del siglo XVII; ni, mucho menos aún, incorporarse a la posterior revolución y empleo de la química, en el siglo XIX, que consiguió el aislamiento e identificación de numerosos productos naturales procedentes de plantas.

Y la lengua española que mantuvo las brillantes aportaciones de las singularidades de la flora americana, no pudo servir de medio de comunicación a una posterior ciencia que, inexistente, facilitó el camino a las demás lenguas europeas. A partir de entonces, y a través del siglo XX, nunca estuvo el poder político tan ligado al prestigio científico y tecnológico, y, a ellos, como en las anteriores zancadas de la historia, la comunicación lingüística de la ciencia. No en balde:

«la lengua es un fenómeno en esencia político; incluso podría decirse que lengua y política son dos caras de la misma moneda en la medida en que ambas, más que permitir y ordenar la comunicación social son la comunicación misma. Y jerga familiar o profesional, dialecto local, lengua nacional, lengua internacional y lingua franca.»

La referencia anterior de Lapesa puede empalmarse con una colección de otras sobre la actual situación del español en la ciencia y la tecnología. Una de estas asegura:

«La situación del español en la ciencia y la tecnología nunca hubiera sido una preocupación en un Congreso internacional de la lengua española de no haberse producido un cambio sustancial en la superficie de contacto entre ciertos productores de sentido científico-técnico y una importante mayoría de extraños a él. Mientras nuestros lógicos, matemáticos o físicos hablaban entre ellos (bien o mal, con mucha o poca contaminación lingüística, de acuerdo o no con la norma y el uso de la lengua), por ejemplo sobre las expresiones del álgebra de Boole, a muy pocos incomodaba: nada nuevo desde Pitágoras, Euclides o Aristóteles en el discurso científico de Occidente. La cuestión cobró dimensiones de problema acuciante cuando sofisticaciones científicas —precisamente como el álgebra de Boole— desembocaron en desarrollos tecnológicos patentables y en productos de una industria de punta que por su intrusión masiva y creciente en la cotidianeidad se convirtió en un hecho de cultura revolucionario. Nadie ignora que los avances actuales en el campo de la investigación científica y los desarrollos tecnológicos ligados a los sectores más dinámicos de la economía tienen en el inglés su lengua vehicular. Verdadera lingua franca del fin de este milenio, su imperio —por el momento avasallante— deriva de problemáticas conocidas para los sociolingüistas: el grado de vitalidad, cohesión, expansión, difusión y penetración de una lengua depende del prestigio que, para propios y ajenos, tenga la cultura de la cual es portadora...»
 

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LENGUA Y CULTURA

Es seguramente así, en muy buena medida, que la cultura impone la lengua. Pero, no es menos cierto que, también, la lengua, con sus estructuras y reglas generativas, contribuye a la conformación de la cultura. Si la primera premisa podría dar lugar a un cierto conformismo en el «¿qué hacer?»; la segunda obliga a «¡tener que hacer!» algo en cuanto a la comunicación lingüística de la ciencia en español. Si la primera premisa pudiera conducirnos —y conduce de hecho— a la cómoda dejadez de la subordinación en tantas formas posibles como la lengua modela la vida cotidiana de la sociedad y, mucho más aún, la actividad de la comunidad científica; la segunda está forzando la imprescindible adecuación de la lengua española para su incorporación a los grandes sistemas de comunicación, a las interfases con la moderna instrumentación informática, a la confección y uso de las grandes memorias electrónicas y a la explotación de servicios.

Esta adecuación, y la capacidad de acceso de las lenguas a las nuevas tecnologías, se está convirtiendo en algo así como una forma de selección natural previa que va a regular su supervivencia en el seno de una nueva modalidad de darwinismo social. Adecuación que ha de enraizarse en la cultura y suponer la imposición de determinadas pautas sociales y políticas. A fin de cuentas, no es sino la propiedad que tiene la tecnología de configurar la sociedad. Y, en particular, «las consecuencias de la explosión de las tecnologías de la información y la comunicación sobre la evolución de la sociedad civil, sus riesgos y esperanzas: empleo, trabajo, acceso al conocimiento, cultura, poder, derecho, democracia, educación, desigualdades, exclusión, ética». A lo que se unirá toda una colección de factores de crecimiento adicionales, al estilo de la educación continuada y la salud; la telemedicina y el teletrabajo; las industrias culturales, de masas —electrónica, informática, fotografía, micromecánica, etc.—, de formación, del ocio y del espectáculo; el aprovechamiento de la evolución de la demografía; las actividades de asociación no lucrativas; los servicios propios de los sistemas de control y redistribución —banca, seguros, administración, etc.—; el multilingüismo como factor fundamental de interdependencia; y, en general, la impregnación del medio humano y la satisfacción de sus intereses materiales, espirituales o políticos, por las facilidades de comunicación.

Este desafío lingüístico se recoge en el citado Informe Danzin, del que son, literalmente, los párrafos siguientes:

«L'évolution probable des systèmes d'information est la simplification d'utilisation par l'usager. La complexité technologique sera progressivement effacée par la simplicité des accès. La langue naturelle deviendra l'instrument unique de la communication avec les systèmes d'information: langue écrite mais aussi langue parlée. La langue portée par la technologie ne sera qu'apparemment la langue du commun. En réalité, pour être comprise par les machines, cette langue devra subir une mécanisation au regard de laquelle l'invention de l'imprimerie doit être regardée comme une opération de petite envergure. On doit donc s'attendre à une sélection de caractère darwinien entre les langues, qui ne laissera subsister comme langues de communication universelles qu'un petit nombre de langues informatisées. Le défi linguistique n'est que l'un des aspects du défi culturel. Celui qui dispose de l'information sous une forme consommable (corpus, thesaurus, programmes de toutes natures, hypermédias, etc.) présente une supériorité culturelle sans limite par rapport à celui qui est privé de ces moyens.»

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CIENCIA Y POLÍTICA LINGÜÍSTICA

Si nos apuntamos, como parece deba ser, a esta adecuación de la lengua española como imprescindible argumento previo para enfrentarse a este desafío, o, si queremos, para su mantenimiento, empleo y expansión, no cabe la menor duda de que ello tiene que basarse en una política lingüística coherentemente correcta, capaz de atender a los múltiples flancos que muestra. Necesidad en la que coinciden los autores que, en los últimos años, han tratado este asunto con notable solvencia (5,7,8,9). Uno de ellos, al referirse al empleo del español como lengua de producción e intercambio de los resultados de las ciencias, tanto humanas y sociales como las exactas, físicas y naturales, asegura, a modo de resumen:

«La conclusión dista mucho, por el momento, del triunfalismo engañoso de los desinformados de turno: la internacionalidad del español es más relativa que absoluta, aunque esta consecuencia no sólo depende de la utilización, sino también de la falta de inversión. El español podría ser realmente una lengua internacional si se realizaran los esfuerzos oportunos para que así fuera, lo que equivale a decir si se considerara la rentabilidad de la inversión lingüística.»

Ocurre, sin embargo, que esta rentabilidad es un parámetro complejo, muy difícil de evaluar cuando a él contribuyen componentes económicos, ciertamente, directos algunos y otros muchos no tanto, y, a la vez, factores culturales, de prestigio, etcétera. Mas las inversiones, con gran frecuencia, no son sino conocimiento y preocupación por las situaciones, sin implicaciones económicas importantes, como las que señala José A. Pascual:

«Una de ellas se refiere a lo que se conoce como intelectualización de una lengua estandarizada, es decir, la mayor o menor facilidad que existe para realizar en ella formulaciones precisas y rigurosas y, si es necesario, abstractas; esta intelectualización tiene uno de sus pilares en la terminología, que es uno de los ámbitos en que nos encontramos más desasistidos los hispanohablantes... Carecemos de una institución que oriente eficaz y compartidamente la creación terminológica en España y en la América de habla española; hecho para el que no existen graves problemas de índole teórica, pero que exige una política lingüística bien orientada que facilite la creación paralela de voces técnicas en los distintos países de habla hispana».

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INTELECTUALIZACIÓN DE LA LENGUA ESPAÑOLA

Dentro, pues, de esta reconocida exigencia de una política lingüística coherente, el proceso de intelectualización de la lengua española resulta imprescindible en el quehacer político nacional de la comunicación científica e, incluso, se ha señalado su urgencia por importantes motivos económicos internacionales. Uno de ellos, que pudiera afectarnos de forma muy directa, se refiere a la puesta en vigor del Mercado Común del Sur y a la necesidad de confeccionar repertorios terminológicos especializados —medio ambiente, economía, etc.— en portugués y español, que solucionen los múltiples problemas de comunicación entre consumidores y productores de Brasil y las naciones de la cuenca del Plata. Otros influyen, de manera muy general, sobre nuestro prestigio lingüístico y político en el seno de la Unión Europea; y es bien sabida nuestra limitada presencia e influencia en este campo.

En este necesario gran proceso de intelectualización de la lengua española, ha de tomar parte una colección de proyectos parciales —que añadir al señalado de los recursos terminológicos— cuyo comportamiento cooperativo sólo puede producirse sobre la base de la coherencia política. Y, si a los científicos habría que mostrarles que sus jergas, a veces necesariamente crípticas, y casi siempre buscadamente elitistas, tendrían en la lengua y en su corrección un gran valor añadido; la administración y la gestión de nuestra ciencia, bajo cualquiera de sus denominaciones, debiera ser consciente de la necesidad de buscar el imprescindible equilibrio entre la lógica aceptación de las novedades, concisas e impersonales en su forma, generalmente en inglés, de la literatura científica actual en las revistas especializadas internacionales, y el absurdo desmerecimiento de las publicaciones científicas por el sólo hecho de serlo en español o en revistas españolas, oficialmente desconsideradas en una dudosa apreciación de méritos investigadores académicos. Profunda y persistente incoherencia de nuestra débil política lingüística que, felizmente, crea herramientas, aunque escasas de medios, como el Instituto Cervantes para la difusión del conocimiento y el uso de nuestra lengua, pero, a la vez, restringe una de las posibilidades más prestigiosas de su ejercicio.

No es necesario dejar de reconocer que la lengua vehicular de los hechos científicos y tecnológicos es, desde hace varias décadas, el inglés, por el propio peso de sus investigaciones y desarrollos, para abandonar a su suerte, en una compleja ilación, a las propias revistas, bibliotecas, sociedades científicas, divulgación, ensayos, promoción científica, relaciones internacionales, etc. Todos estos ingredientes están profusamente interrelacionados y sinergizan con facilidad sus actividades. Y no debiera ser excusa su posible deficiente calidad porque habría que añadir nuevos agravios y nuevas responsabilidades. Y, en este sentido, la Resolución de 6 de noviembre de 1996, BOE del 20 de noviembre de 1996 (Gobierno del Partido Popular) copia literalmente la de 26 de octubre de 1995, BOE del 16 de noviembre de 1995 (Gobierno del Partido Socialista), al establecer los criterios específicos de evaluación de la actividad investigadora, aceptándose como «prestigio reconocido las que ocupen posiciones relevantes en los listados por ámbitos científicos en el Subject Category Listing del Journal Citation Reports del Science Citation Index (Institute of Scientific Information, Philadelphia, PA, USA)». No se excluirá a este reconocimiento práctico, tendría menor importancia, si nuestra política lingüística pudiera hacer suyo el tipo de afirmación del Consejo Superior de la lengua francesa :

«La langue française est au coeur de notre culture et de notre patrimoine, un patrimoine que nous partageons avec l'ensemble de la communauté francophone qui attend de nous une politique linguistique dynamique et inventive. Essentielle pour le développement culturel, économique et social du pays, elle est aussi le vecteur de la présence de la France au plan international... Pour que le français demeure une langue de communication internationale, il convient de favoriser sa diffusion et de s'attacher à lui conserver sa place dans les secteurs sensibles, notamment dans la vie scientifique et dans les organismes internationaux.»

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EL  ESPANOL  EN  EL  MUNDO, MÁS  GOLES  QUE  LA  ROJA 

Fuente: EL PAÍS

Un informe del Cervantes corrobora las grandes cifras del idioma a escala universal.- El español, que hoy celebra su día, es la segunda lengua de hablantes nativos y el segundo idioma de comunicación universal - JESÚS RUIZ MANTILLA - Madrid - 19/06/2010

El aumento del interés por el español en el mundo sigue imparable. Mete más goles que la roja y las expectativas de dominio en algunos países y continentes crecen. El informe que habitualmente lanza en Instituto Cervantes y ha sido presentado hoy en el día del español (jornada en la que se celebran actos festivos en todo el mundo) certifica la salud de hierro y el empuje de una lengua que hablan 450 millones de personas. Brasil y Estados Unidos son los países más permeables y receptivos. Desde que entró en vigor la ley que obliga a enseñar el idioma en la enseñanza secundaria, la demanda ha crecido de forma incontestable en el primer país. De un millón de estudiantes ha pasado a cinco.

El informe certifica que el español es la segunda lengua del mundo por número de hablantes nativos y el segundo idioma de comunicación internacional. Por razones demográficas, el porcentaje de población mundial que habla español como lengua nativa está aumentando, mientras la proporción de hablantes de chino e inglés desciende.

Las previsiones son muy halagüeñas para el futuro: en 2030, el 7,5% de la población mundial será hispanohablante (un total de 535 millones de personas), porcentaje que destaca por encima del ruso (2,2%), del francés (1,4%) y del alemán (1,2%). Para entonces, solo el chino superará al español como grupo de hablantes de dominio nativo.

EE UU, potencia del español

Dentro de tres o cuatro generaciones, el 10% de la población mundial se entenderá en español, confirma el estudio. Pero hay zonas donde dominará, como Estados Unidos. Allí se producirá un vuelco y una hegemonía que cambiará muchas mentalidades. En 2050 Estados Unidos será el primer país hispanohablante del mundo, prevé el informe. El inglés, el francés, el español y el alemán, en este orden, son los idiomas más estudiados como lengua extranjera, según datos de 2005.

Tampoco son despreciables los recursos económicos que genera directamente en España. Unos 237.000 estudiantes viajaron a España a aprender español durante 2007 mientras que fuera, el Instituto Cervantes registra un crecimiento anual del 21% en número de matrículas de estudiantes de español, un idioma que prevén, estudian alrededor de 20 millones de personas en todo el mundo. El número de turistas idiomáticos que llegan a España ha crecido, desde el 2000 hasta el 2007, un 137,6%.

Pero todavía, el idioma tiene sus callos y sus barreras. Europa es la principal. El español es la quinta lengua de la Unión Europea por número de hablantes nativos. El 9% de los europeos habla español como lengua nativa. Fuera de España, más de 30 millones de ciudadanos europeos hablan español. La entrada de España en la Comunidad Económica Europea en 1986 supuso un claro estímulo para el aprendizaje del español entre los ciudadanos comunitarios.

España es el país de la UE que más estudiantes Erasmus acoge: el 17% de los alumnos de la UE que solicitan estas becas acude a universidades españolas. Pero no es el idioma de las preferencias entre los europeos, sino el cuarto idioma más útil de la Unión, después del inglés, el francés y el alemán.

La ciencia sí proporciona más alegrías al crecimiento del español. El empuje de los países latinos en desarrollo ayuda. Se ha convertido en un instrumento esencial para la difusión de los resultados de los estudios científicos relacionados con el hispanismo o con América Latina. España ocupa el décimo puesto en la clasificación mundial de producción científica. En la clasificación de citación, España se sitúa en el puesto decimoprimero, después de superar a Suecia en el año 2004. España presenta un índice de especialización temática superior al mundial en ciencias del espacio, ciencias de la agricultura, matemáticas, física, ingeniería y medicina clínica.

Peso económico

El informe ofrece datos que deben ayudar a pensar a las autoridades con más profundidad sobre la importancia económica del idioma: compartir el español aumenta un 290% el comercio bilateral entre los países hispanohablantes. Las empresas editoriales españolas tienen 162 filiales en el mundo repartidas en 28 países, más del 80% en Iberoamérica, lo que demuestra la importancia de la lengua común a la hora de invertir en terceros países. Norteamérica (México, Estados Unidos y Canadá) y España suman el 78% del poder de compra de los hispanohablantes. Los hispanos de EE UU son el grupo inmigrante que más mantiene el dominio de su lengua a través de las sucesivas generaciones y el que congrega más hablantes adoptivos.

El mercado canta. El poder de compra de los hispanos, es, desde 2007, el más alto entre los grupos minoritarios de Norteamérica, superando al de los afroamericanos. El crecimiento de las compañías hispanas entre 1997 y 2002 fue de un 31% frente al 10% de crecimiento medio de las compañías norteamericanas. En cuanto al poder de la lengua en la red es creciente.

El español es la tercera lengua más utilizada en la Red. El 7,9% de los usuarios de Internet se comunican en español. El uso del español en la Red ha experimentado un crecimiento de 650,9% entre el año 2000 y 2009. La penetración de Internet en España es la mayor entre los países hispanohablantes, pero Chile y Argentina tienen niveles de penetración que se acercan a la media de la Unión Europea. España, México y Argentina se encuentran entre los 20 países con mayor número de usuarios de Internet. La demanda de documentos en español es la cuarta en importancia entre las lenguas del mundo.

La ingeniería lingüística en España
Joaquim Llisterri y Juan M. Garrido Almiñana


Ingeniería lingüística e industrias de la lengua
Antecedentes: el marco de la ingeniería lingüística en España
Situación actual de la ingeniería lingüística en España
Análisis comparativo

La ingeniería lingüística en España

Ingeniería lingüística e industrias de la lengua

El ámbito de la ingeniería lingüística
El ámbito de las industrias de la lengua
El término «ingeniería lingüística» utilizado para delimitar el ámbito de este capítulo abarca un amplio espectro de actividades que suelen englobarse dentro de lo que se ha denominado «las industrias de la lengua». La ingeniería lingüística podría definirse, siguiendo un documento reciente de la Comisión Europea, como «la aplicación de los conocimientos sobre la lengua al desarrollo de sistemas informáticos que puedan reconocer, comprender, interpretar y generar lenguaje humano en todas sus formas» (Ingeniería lingüística. Cómo aprovechar la fuerza del lenguaje). Por su parte, las industrias de la lengua se centran en «una serie de actividades comerciales en las que el tratamiento del lenguaje por personas o por máquinas o por una combinación de unas y otras, forma una parte fundamental del producto o servicio» (Lenguaje y tecnología. De la torre de Babel a la aldea global, p.12).

Como se desprende de ambas definiciones, la existencia de las industrias de la lengua, entendidas como una actividad de índole fundamentalmente comercial, requiere el desarrollo de la ingeniería lingüística para disponer de las herramientas y técnicas a partir de las que se crean productos que realizan diversas funciones relacionadas con la utilización del lenguaje.

El presente capítulo se centra en las actividades que actualmente se llevan a cabo en España en el campo de la ingeniería lingüística en lengua española, dejando para una etapa posterior el análisis más detallado de las industrias de la lengua en su sentido más amplio. Por otra parte, este último ámbito ha sido abordado recientemente en el capítulo dedicado a «las industrias del idioma» del informe sobre la lengua española en las autopistas de la información editado por Fundesco en 1996.

El ámbito de la ingeniería lingüística

La ingeniería lingüística comprende una serie de técnicas relacionadas con el tratamiento informático del lenguaje. En conjunto, estas técnicas pueden dividirse entre las que se aplican al tratamiento de la lengua hablada y las propias del procesamiento del texto escrito, aunque debe señalarse que cada vez existe una mayor convergencia entre ambas, difuminando progresivamente una separación relativamente estricta hasta hace unos años. Para cada uno de estos campos, existen procedimientos que permiten la entrada de información lingüística en un sistema informático, y métodos que facilitan la generación de lengua hablada o escrita, tal como se representa en la figura 1.

El texto escrito puede introducirse en un ordenador tanto desde una fuente impresa —reconocimiento óptico de caracteres (ROC)— como desde una fuente manuscrita —reconocimiento de caracteres manuscritos o reconocimiento inteligente de caracteres (RIC)—, mientras que, en el caso de la lengua hablada, la entrada de información siempre se lleva a cabo mediante la voz. Sin embargo, en este último caso puede pretenderse la conversión del habla en un texto escrito —reconocimiento de habla—, identificar quién es la persona que habla y verificar su identidad o descubrir automáticamente la lengua que está utilizando un determinado locutor.

La salida de un sistema de procesamiento de lengua escrita es siempre un texto, sea generado automáticamente por el sistema a partir de una información básica —generación de textos— sea modificado a partir de los datos lingüísticos de entrada. En cambio, la producción de información oral por un ordenador requiere aplicar métodos de síntesis del habla, entre los cuales destaca la conversión de texto a habla, que permite transformar una representación escrita en su equivalente sonoro.

Además de integrar y generar información lingüística, los sistemas informáticos desarrollados en el marco de la ingeniería lingüística pueden también llevar a cabo el procesamiento de dicha información. Las principales técnicas aplicadas para tal fin se resumen en la figura 2.

Observamos como, tanto en el caso de la lengua escrita como en el de la lengua oral, es posible alcanzar la compresión, entendiendo por tal concepto algo mucho más restringido que la comprensión humana; se trata aquí de llegar a que el sistema informático disponga de datos suficientes para procesar la información lingüística en función de las necesidades de la aplicación que se desee darle —por ejemplo la traducción o el establecimiento de un diálogo para que el usuario realice determinadas transacciones—. La comprensión requiere, naturalmente, un análisis, que puede llevarse a cabo tanto en lo que se refiere a la estructura de las palabras —análisis morfológico—, de las frases —análisis sintáctico—, del significado —análisis semántico— o de las características comunicativas del texto —análisis pragmático—.
La ingeniería lingüística requiere también la existencia de los denominados recursos lingüísticos, consistentes en corpus textuales, orales o léxicos que proporcionan los datos necesarios para el desarrollo o el funcionamiento de las aplicaciones. En la figura 3 se resumen los principales tipos de recursos empleados habitualmente.

Existen corpus de tipo textual, corpus orales (constituidos bien sea por grabaciones o por transcripciones ortográficas de la lengua oral) y corpus léxicos consistentes en elementos del vocabulario de la lengua (Leech, 1991; Leech y Fligelstone, 1992; McEnery y Wilson, 1996). Para el desarrollo de ciertas aplicaciones, es necesario disponer también de recursos terminológicos que cubran áreas especializadas del léxico de la lengua (Cabré, 1992). Finalmente, las gramáticas computacionales o electrónicas son un componente indispensable de buena parte de los sistemas de procesamiento del lenguaje natural.

La utilización de los corpus está ligada a una serie de procesos y herramientas que facilitan su uso y su explotación, resumidos en la figura 4.

La codificación consiste en la introducción en el corpus de marcas relacionadas con su estructura y formato, de modo que éste pueda recuperarse al ser utilizado en sistemas informáticos diferentes.

Operaciones más propiamente lingüísticas son las que pueden llevarse a cabo mediante herramientas de segmentación de palabras, de descomposición de la palabra en su raíz y sus terminaciones (lematización) o de desambiguación, a fin de determinar la categoría gramatical o el significado de palabras que pueden tener más de uno. Por otra parte, la utilización de un corpus requiere a menudo que los elementos que lo componen estén anotados lingüísticamente mediante un conjunto de etiquetas que definen sus propiedades; en el caso de los corpus orales, suele etiquetarse el nivel fonético segmental y el nivel prosódico —sincronizando la anotación con la señal sonora si es preciso—, mientras que en los corpus textuales, los elementos léxicos se etiquetan en función de sus propiedades morfológicas, sintácticas, semánticas o, en algún caso, pragmáticas.

Finalmente, se han creado diversas herramientas para la explotación de los corpus, especialmente en la investigación lingüística y en la lexicografía: entre ellas destacan los programas que realizan listas de palabras ordenándolas en función de su frecuencia de aparición o los que permiten obtener concordancias —en las que las palabras buscadas aparecen ordenadas alfabéticamente, acompañadas de su contexto anterior y posterior—; en esta misma línea, también puede obtenerse información sobre la frecuencia con la que dos o más palabras aparecen seguidas (colocaciones).

Este breve repaso, necesariamente ni exhaustivo ni detallado, muestra que la ingeniería lingüística constituye un campo de trabajo interdisciplinar, en el que confluyen la informática y la lingüística —de aquí que algunos autores se refieran a la «lingüística informática» o la «informática lingüística» en este contexto— y con el que se relacionan especialidades como la lingüística computacional, el procesamiento del lenguaje natural y el procesamiento del habla. Para más información sobre la ingeniería lingüística en sus diferentes vertientes, remitimos al lector a la excelente recopilación de Cole et al. (Eds.) (1997) y a otros trabajos que presentan panorámicas generales como son los de Carré et al. (1991), Fuchs (1993), Moure y Llisterri (1996), Vidal Beneyto (1991) o Vidal y Busquets (1996).


El ámbito de las industrias de la lengua

Las posibilidades de procesar la información lingüística han dado lugar al surgimiento de herramientas y productos que forman la base de las industrias de la lengua, también denominadas «industrias del idioma». En la figura 5 se esquematizan algunas de ellas.

Cae fuera del alcance de este capítulo realizar una descripción pormenorizada de cada una de las aplicaciones de la ingeniería lingüística; las publicaciones de la DG XIII/E de la Comunidad Europea citadas en la bibliografía (Ingeniería lingüística. Cómo aprovechar la fuerza del lenguaje; Lenguaje y tecnología, De la torre de Babel a la aldea global; ¿Ingeniería lingüística? Un mayor uso del lenguaje en todos los sentidos y Language Engineering, The Technology), así como el trabajo más avanzado de Sager (1992), ofrecen una panorámica general de las industrias de la lengua para los lectores interesados. Nos limitaremos, pues, a mencionar que, como puede observarse en la figura 5, tanto las técnicas propias del tratamiento del texto escrito como las desarrolladas para el procesamiento del habla dan lugar a diversas funciones que se incorporan a programas informáticos, denominados a veces en inglés.

En el campo de la lengua escrita, señalamos las herramientas de ayuda a la redacción y corrección de documentos —que abarcan de los correctores ortográficos a la creación de un entorno con acceso a diccionarios electrónicos, enciclopedias y correctores gramaticales o de estilo—, la gestión de la documentación, incluyendo la posibilidad de generar y resumir automáticamente documentos, y la traducción, tanto en su modalidad completamente automática como en lo que se refiere a las herramientas que pueden ayudar al traductor humano.

En cuanto al tratamiento del habla, se dispone en la actualidad de programas que permiten el dictado automático o la conversión en su forma sonora de un texto en formato electrónico. Es posible también, mediante los sistemas de diálogo que incorporan síntesis, reconocimiento y un cierto grado de comprensión, obtener información o realizar transacciones a través del teléfono.

Cabe destacar que el multilingüismo es un aspecto recurrente en la mayoría de las aplicaciones de la ingeniería lingüística. Los recursos lingüísticos que enumeramos en la figura 3 pueden ser tanto monolingües como multilingües, con el fin de incorporarlos a sistemas de traducción, ya sea de lengua escrita o de traducción del habla. Por otra parte, algunas de las aplicaciones desarrolladas en el ámbito de las industrias de la lengua encuentran su utilidad en la enseñanza de lenguas asistida por ordenador, tanto en los sistemas presenciales como en la enseñanza a distancia.

Para finalizar este apartado, es necesario referirse también a la relevancia de las aplicaciones de la ingeniería lingüística como ayuda a las personas con discapacidades visuales —que pueden hacer uso de conversores de texto a habla—, auditivas —para quienes la conversión de habla en texto puede ser una alternativa viable en ciertos casos— o con transtornos de la producción del habla, que pueden utilizar igualmente sistemas de conversión de texto a habla.

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Autores:

  • J. ESCOBAR: La traducción y la interpretación
    en español

  • F. MORENO y J. OTERO: Demografía de la lengua española

  • E. YBÁÑEZ: El idioma español en las organizaciones internacionales

  • A. MARTÍN MUNICIO: El español y la ciencia

 

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Recopilado
del:
CVC.cervantes.es/obref/anuario/

   
 
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