El español en Brasil

 

 

 

Ante la poesía, tanto da temblar como comprender.
Baldomero Fernández Moreno

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La eternidad es una de las raras virtudes de la literatura.
Adolfo Bioy Casares

 

EL ESPAÑOL EN BRASIL
Francisco Moreno Fernández

 

INTRODUCCIÓN

Un país colosal. Tal es la impresión que ofrece, al extranjero y al nativo, la República Federal de Brasil. Esa realidad se presenta como una constante en cualquier consideración o análisis que quiera hacerse sobre este territorio americano. Y a partir de ella, se deduce otra realidad igualmente incontestable: la heterogeneidad derivada de una extensión y una variedad geográficas casi comparables a las de un continente.

La llegada de Pedro Álvares Cabral a las costas de Brasil en el año 1500 supuso para el idioma portugués el inicio de una aventura geográfica y social que el español vivió desde diversas regiones americanas. Los límites de las aventuras de estas dos lenguas quedaron dibujados muy pronto, con la firma de un tratado, el de Tordesillas, que destinaba a la influencia portuguesa aproximadamente el territorio de lo que hoy es Brasil, pero que establecía también unas relaciones permanentes de vecindad.

Aunque en la fecha de la firma del tratado no se conocía todavía el perfil completo del nuevo continente —en rigor, ni siquiera se sabía que se estaba ante un nuevo continente—, quedó ya echada la suerte por la que Brasil quedaría rodeado de territorios hispanohablantes y por la que el portugués circundaría buena parte de las fronteras de numerosos países hispanos de América del Sur.

La presencia de la lengua española en Brasil, en sus condiciones actuales y en las que puede experimentar en un futuro próximo, se ve determinada de modo claro por los dos hechos señalados: la grandeza del territorio y su heterogeneidad. Todo cuanto en Brasil llega a tener importancia o una presencia medianamente apreciable acaba viéndose afectado, para bien o para mal, por el peso y la naturaleza de Brasil. La configuración lingüística de Sudamérica es prueba de ello.

BRASIL EN CIFRAS

Brasil ocupa una superficie de 8 547 403 km2 y tiene una población de 161 790 000 habitantes. El territorio está dividido en 27 estados, incluido el Distrito Federal de Brasilia, la capital de la nación. De todos ellos, los estados de São Paulo, Minas Gerais, Rio de Janeiro y Bahia —en la costa este y sudeste—, junto a Rio Grande do Sul —en la frontera con Uruguay—, reúnen casi la mitad de la población; y entre ellos destaca São Paulo, tanto por el tamaño del estado como por su densidad demográfica, pues reúne más de 35 millones de habitantes en una extensión geográfica de unos 250 000 km2, aproximadamente la mitad del territorio de España.

En 1995, la distribución de habitantes mostraba un claro desequilibrio a favor de los jóvenes y de la población urbana: Brasil cuenta con más de 50 millones de menores de quince años, frente a unos 12 millones de mayores de sesenta años; por otra parte, más del 75 por ciento de los brasileños vive en las ciudades. Estamos, pues, ante una población joven y aglomerada en grandes núcleos urbanos, como São Paulo, Rio de Janeiro, Belo Horizonte y Salvador, si bien la densidad del conjunto del país puede considerarse baja: 18,9 habitantes por km2. Las proyecciones de población prevén una cifra de 230 millones de habitantes para el año 2025, lo que hace pensar que la juventud y la aglomeración urbana son rasgos demográficos que van a mantenerse.

En el terreno de la economía, los datos que ofrece Brasil son tan llamativos como desequilibrados, porque estamos ante un país con un desempleo elevado —ha pasado de un 5 por ciento en 1994 a un 9 por ciento en 1998—, un PIB por habitante bajo —cercano a 5 000 dólares— y unas tasas de interés en los préstamos hipotecarios que en la actualidad oscilan entre el 20 y el 50 por ciento. Afortunadamente, la tasa de inflación, que en 1995 llegó a ser de un 84,4 por ciento, se ha visto reducida a un 6 por ciento en 1998 (Muela, 1999).

Todos estos datos nos descubren una economía proporcionalmente débil, en su conjunto, pero con importantes posibilidades de crecimiento, si se diera un mejor aprovechamiento de los recursos humanos y naturales, un aumento y una mejora de las vías y medios de comunicación y transporte, a la vez que una redistribución de la renta, enormemente desequilibrada en la actualidad. Ese desequilibrio se hace patente en números e indicadores socioeconómicos —por ejemplo, en cuanto a desempleo o precios— que revelan tasas muy diferentes entre los distintos estados de la República. La situación general, no obstante, parece haberse visto favorecida desde la constitución en 1991 del Mercado Común del Sur (Mercosur-Mercosul), del que forman parte Argentina, Paraguay, Uruguay y Brasil, y donde Brasil representa nada menos que un 70 por ciento del PIB de la región.

En el ámbito de la educación, Brasil presenta unas cifras especialmente graves, por cuanto el porcentaje de analfabetismo entre la población mayor de catorce años alcanzaba un 20 por ciento en 1991 y, aunque en los últimos años se ha visto reducido, todavía son cerca de tres millones los niños con edades comprendidas entre los siete y los catorce años que no van a la escuela, según las estadísticas oficiales, sobre todo en la región del Nordeste (Ministerio de Educación, 1997).

El panorama de los medios de comunicación social presenta unos números bajos para un territorio tan extenso y poblado. Existen 356 diarios de los que se tiran algo más de ocho millones de ejemplares (54 por cada mil habitantes). Además, cuentan con aparato de radio unos sesenta millones de brasileños, para un total de 2 951 emisoras. Los aparatos de televisión superan los treinta millones, y en ellos se pueden recibir seis canales nacionales; aunque también existen 263 canales regionales y cuatro grandes empresas de televisión por cable (TVA, SKY, GLOBOSAT, NET).

Desde un punto de vista lingüístico, es importante recordar que la lengua oficial de Brasil es el portugués y que la presencia de otras manifestaciones lingüísticas —lenguas indígenas en el norte del país, enclaves de lengua alemana, uso de español y de fronteiriços en el sur— es poco menos que testimonial. Por otro lado, Brasil tiene frontera con siete países en los que el español es lengua oficial (co-oficial en algún caso), de norte a sur: Venezuela, Colombia, Perú, Bolivia, Paraguay, Argentina y Uruguay. Entre estos países hispanos reúnen una población de unos 125 millones de habitantes (Moreno Fernández y Otero 1998: 73 y ss.). Las lenguas oficiales del Mercosur son el español y el portugués.

METODOLOGÍA

Para la elaboración de este informe se ha recurrido a las técnicas y fuentes habituales para este tipo de documentos. Por un lado, se ha solicitado y recibido información de algunas de las instituciones más directamente relacionadas con el objeto del informe: han sido valiosos los datos proporcionados por el Ministerio de Educación y Deporte (MEC) de Brasil; por la Consejería de Educación y Ciencia de la Embajada de España en Brasilia; por el Colegio Miguel de Cervantes, de la Asociación Colegio Español de San Pablo; por la Cámara Oficial Española de Comercio en Brasil; por la Facultad de Letras de la Universidad de São Paulo, y por las asociaciones de profesores de español, así como, por supuesto, por la Oficina DELE de la Dirección Académica del Instituto Cervantes y por el Instituto Cervantes de São Paulo.

Nuestro informe es especialmente deudor de dos documentos, preocupados, en mayor o menor grado, por su mismo objeto de interés: de una parte, la publicación titulada Datos y cifras. Informe sobre la enseñanza del español en Brasil (1998), elaborada por la Consejería de Educación y Ciencia de la Embajada de España en Brasilia y continuadora del Mapa Lingüístico de la Lengua Española en Brasil (1992-1995); de otra, el informe de Santiago Mora Poveda (1999), titulado «El español para extranjeros en el mercado brasileño» y realizado para Exportaciones de Castilla y León S.A. en la Cámara Oficial Española de Comercio en Brasil.

A los datos facilitados por las instituciones e informes señalados deben sumarse los que proceden de otras publicaciones, periódicas y no periódicas, que serán oportunamente citadas, y los materiales de elaboración propia.

El hilo conductor de este informe, como no podía ser de otra forma, será el estudio y el uso de la lengua española tal y como se producen en Brasil. Nuestra ruta comienza en el comentario de algunos aspectos históricos de la presencia del español en Brasil y discurre con mayor morosidad por la situación actual, presentando y analizando la importancia que ha adquirido nuestra lengua y las causas y los parámetros que permiten medirla, especialmente en los espacios del comercio y de la enseñanza de la lengua. Al término del recorrido damos el análisis y diagnóstico de la situación actual, así como la presentación justificada de algunas propuestas de actuación

ESPAÑA, LO ESPAÑOL Y LO SHISPANO EN BRASIL

Puestos a rastrear la presencia del español en Brasil, podríamos referirnos a los viajes exploratorios que el propio Cristóbal Colón realizó entre 1494 y 1495 por la costa de Sudamérica, para asesorar a los reyes de España respecto a la demarcación establecida por el Tratado de Tordesillas (Hernández Sánchez-Barba, 1992: 21-23); a las décadas en que Brasil perteneció a la Corona española (1580-1640), unida a la de Portugal en tiempos de Felipe II (Buarque de Hollanda, 1936: 68-69), o a la larga pervivencia de las llamadas Ordenações Felipinas, en vigor hasta nada menos que 1916 (Albuquerque, 1981: 184).

Sin embargo, como ha señalado Susana Kakuta (1993: 214), la influencia más acusada entre España y Brasil se ha producido durante los últimos cien años a causa de la inmigración. El flujo migratorio desde España fue consecuencia de las graves crisis económicas padecidas desde mediados del siglo XIX, con especial incidencia en las regiones menos prósperas e industrializadas, como Galicia y Andalucía, hecho que vino a coincidir con la necesidad de sustituir en Brasil la población esclava por una mano de obra barata, principalmente en los cafetales. El destino de la mayor parte de estos inmigrantes fueron los territorios del sur y del sudeste, lo cual, unido a la vecindad de los países hispanos, contribuyó a que el español adquiriese una presencia apreciable y a convertirlo, sobre todo en las regiones meridionales, en una lengua cercana y familiar, si bien no necesariamente usada, en todo tipo de relaciones.

Según Claudio Aguiar, a partir de datos de Sodré (1991: 101-102), entre 1888 y 1930, entraron en Brasil más de cuatro millones de inmigrantes, de los que un 12 por ciento eran españoles. Como se ha dicho, la mayoría de ellos recalaron en tierras del sur y del sudeste y, muy notablemente, en el estado de Sao Paulo. Actualmente el número de españoles censados en los consulados de España en todo Brasil supera la cifra de los 120 000. En este total no se incluyen los españoles y sus descendientes, hasta de cuarta generación, que no están inscritos y que constituyen todo el grupo de la emigración española (fuente: Consulado General de España en São Paulo).

Los españoles censados en la ciudad de São Paulo son aproximadamente 88 000, es decir, cerca de un 65 por ciento del total. En esta ciudad, la tradicional presencia de la colonia ha llegado a reunir, en la última década, a más de un 75 por ciento de los trabajadores inmigrantes españoles. Por eso no es de extrañar que en São Paulo haya surgido el centro español de enseñanza más importante de todo el país. Nos referimos al Colegio Miguel de Cervantes, vinculado a la Asociación Colegio Español de San Pablo, instituciones a las que más adelante nos referiremos con algún detalle.

En cuanto a la presencia histórica de otros países hispanohablantes en Brasil, hay que resaltar fundamentalmente los contactos personales y comerciales establecidos en la frontera meridional con Paraguay, Argentina y Uruguay, contactos que han acabado dando lugar a un Mercado Común, que tiene en esa región fronteriza su más importante incidencia. Prueba de la interrelación brasileña y uruguaya es la aparición de modalidades lingüísticas de frontera, que reciben el nombre de «fronterizos» o «fronteiriços».

A pesar de lo dicho, es preciso advertir que la presencia del uso y aprendizaje del español en el Brasil del último siglo, exceptuando tal vez las áreas más sureñas, ha sido reducida y marginal. Tanto es así, que puede afirmarse que el interés por el estudio de esta lengua ha sido escaso hasta hace cinco años, como lo demuestra el hecho de que el español apenas ha sido tenido en cuenta en el sistema educativo brasileño (Tenorio-Mejía, 1998: 41-46). La situación actual es muy diferente.

SITUACIÓN ACTUAL DEL ESPAÑOL EN BRASIL

La situación del español al inicio del siglo XXI en Brasil es de bonanza, de auge y de prestigio. En este momento se vive un crecimiento espectacular de la demanda de cursos de español, con todo lo que implica el proceso de enseñanza-aprendizaje de un idioma extranjero: necesidad de material impreso y sonoro, necesidad de profesorado y de organización de cursos, por citar sólo algunas de las principales áreas implicadas. A todo ello vamos a hacer referencia a continuación, pero resulta pertinente poner antes sobre la mesa una de las cuestiones clave de todo el entramado de hechos, procesos e intereses que comentamos.

Esa cuestión fundamental es el porqué: ¿por qué se están experimentando esa bonanza y ese auge?, ¿por qué el español se ha prestigiado?, ¿cuál es la razón de que hace tan sólo diez años apenas se demandaran cursos de español en centros públicos y privados y hoy presenten un crecimiento exponencial? La respuesta ha de recoger tres hechos de notable importancia en la vida económica, social y cultural del país, a saber: la creación de Mercosur, el mercado común de los países del sur de América, en 1991; la aparición de grandes empresas de origen español y de estrechos lazos comerciales con España, sobre todo a partir de 1996, y el peso de la cultura hispana en general. Estas circunstancias, además, han dado fruto en un terreno ya abonado por el trabajo de muchos hispanistas y profesores brasileños: una labor impagable de enseñanza y difusión de la lengua y la cultura en español.

a) El Mercado Común del Sur, al que pertenecen Argentina, Paraguay y Uruguay, además de Brasil, se creó con la firma del Tratado de Asunción y hasta ahora ha servido principalmente de instrumento para el desarrollo de una unión aduanera. Entre sus objetivos están los de crear medios para ampliar las actuales dimensiones de los mercados nacionales, potenciar, sobre esta base, el desarrollo económico con justicia social y desarrollar el aprovechamiento de los recursos disponibles en la región, preservando el medio ambiente y mejorando los medios de transporte y comunicación. A partir de estos objetivos, se ha comenzado a hablar de una posible unidad económica, que incluye la creación de una moneda única. En un mundo que tiende a la globalización económica, es evidente que Mercosur ha levantado notables expectativas socioeconómicas, especialmente palmarias en los estados sureños de Brasil. Al respecto, son significativas las palabras del senador José Fogaça en un informe de 1998:

Es útil recordar que el proceso de globalización de la economía, que caracteriza al mundo contemporáneo, está exigiendo de los países la adopción de medidas que favorezcan su inserción, de forma positiva, en el contexto internacional. En América Latina, el Acuerdo de Constitución de un Mercado Común del Sur —Mercosur— marca un comienzo que anima a la integración de los países, con el objetivo de conjugar los esfuerzos y de conquistar un espacio promisorio en el nuevo escenario económico internacional. El éxito del Mercosur, no obstante, requiere un esfuerzo progresivo para hacer posible una mayor cercanía y entendimiento entre los países miembros. En este sentido, el dominio de un idioma común es de fundamental importancia. (Diário do Senado Federal, 8-98: 12.711)

Del informe de Fogaça se desprende que el dominio de un idioma común tiene un valor fundamental, tanto para facilitar el entendimiento en las relaciones comerciales o culturales, como para la formación de una verdadera comunidad «latino-americana».

Estos principios y sentimientos han penetrado en el pueblo brasileño, sobre todo en los estados del sur y del sudeste, y se han traducido, junto a otros elementos, en una mirada interesada hacia el español, idioma de las naciones vecinas, y en una legislación concreta, derivada de los tratados internacionales, que favorece la difusión de esta lengua. Como prueba de ello cabe mencionar que la influencia del Mercosur ya ha hecho aumentar la demanda de profesionales que dominan el español: aunque el inglés y el alemán son lenguas muy apreciadas en el mercado brasileño, dado el alto nivel de inversiones de Estados Unidos y Alemania en Brasil, lo cierto es que, en un estudio realizado a partir de una base de 530 ejecutivos brasileños, un 47 por ciento de los entrevistados hablaba inglés con fluidez, un 27 por ciento hablaba español, un 10 por ciento, francés y sólo un 5 por ciento hablaba alemán (Michelotti, 1999: 29-30).

b) Un segundo factor que contribuye al crecimiento y al prestigio de la lengua española en Brasil es la creación de grandes empresas de origen español, un hecho notable desde hace apenas tres años. Estas empresas no sólo están favoreciendo la contratación de numerosos empleados brasileños y la aparición de nuevos puestos de trabajo, sino que están prestigiando su lengua de bandera y despertando el interés por aprenderla. Están instaladas en Brasil empresas como Telefónica o Iberdrola y grandes bancos como el Banco Santander o el Banco Bilbao Vizcaya. La Cámara Oficial Española de Comercio en Brasil agrupa a más de 60 empresas españolas y a más de 130 asociados brasileños. España, hoy por hoy, es el segundo inversor extranjero en Brasil —detrás tan sólo de Estados Unidos de América— y el mayor de los europeos.

Los lazos comerciales con España se han estrechado y robustecido en el último lustro. El informe de Santiago Mora Poveda, elaborado sobre datos del Ministerio de Economía y Hacienda español, sostiene que Brasil, junto con Argentina, es el mercado más importante para la exportación española en Iberoamérica: este mercado pasó de 240 millones de dólares en 1993 a 1 300 millones en 1997; un crecimiento espectacular debido, según Mora, al empuje de las empresas españolas y a la política de apertura comercial practicada por Brasil desde 1992 y, sobre todo, desde el llamado «Plan Real» de 1994 (Mora Poveda, 1999: 181). A estas causas debemos sumar el protagonismo de las empresas españolas en todo el plan de privatizaciones del gobierno brasileño. Más adelante nos referiremos específicamente al comercio del libro entre España y Brasil.

c) Entre las causas de prosperidad y auge del español en Brasil conviene tener en cuenta un tercer factor: el peso de la cultura hispana, de la cultura en español. Tal vez sea éste el factor menos tangible o mensurable de los señalados, pero su relevancia es evidente. El éxito cosechado durante los últimos años por la música y la literatura hispanas en el ámbito internacional es una realidad, como lo es la simpatía que España despierta por sus manifestaciones artísticas y culturales, a las que no es ajeno el deporte. Desde este punto de vista, puede percibirse en Brasil una inclinación hacia lo español, incluida la lengua española en sus modalidades europeas, que no existe, al menos en un mismo nivel, hacia lo hispano de los países americanos circundantes, lo que se hace más evidente en el caso de lo argentino: la misma ventaja que para España puede suponer, en este ámbito, la lejanía geográfica, supone de desventaja, para Argentina, la cercanía, dado que en ella se identifican rivalidades que van más allá de lo inmediato en el tiempo y en el espacio.

La proximidad de las lenguas española y portuguesa hace que se sienta la cultura en español como algo afín y, hasta cierto punto, propio, y fomenta la actitud favorable de los brasileños hacia la cultura hispana. Si bien es cierto que esa misma proximidad puede llevar a la falta de motivación para estudiar y usar la lengua española, como ocurre en Portugal; no lo es menos que ante la necesidad o la obligatoriedad de estudiar una lengua extranjera, de las que pueden ser consideradas como más útiles, un hablante de portugués puede preferir el estudio del español al estudio de otras lenguas. Es frecuente encontrar brasileños que se consideran hablantes de español por el simple hecho de sentirse dominadores de unos pocos rasgos fonéticos o unidades léxicas. Esta confianza, unida a la facilidad de la intercomprensión, constituye un caldo de cultivo idóneo para la aparición de esa manifestación lingüística, tan voluble y heterogénea como pertinaz, a la que se da el nombre de portuñol. Semejante mezcla de lenguas se disuelve cuando el hispanohablante aprende bien portugués o el brasileño aprende bien español, pero persisten los posos inherentes a cualquier estado de lenguas en contacto.

LA ENSEÑANZA-APRENDIZAJE DEL ESPAÑOL EN BRASIL

Presentado el análisis de las razones que pueden explicar el aumento del interés por el español en Brasil, pasamos a comentar aspectos más concretos de la presencia del español en Brasil, la mayor parte de los cuales tienen relación directa con el proceso de enseñanza-aprendizaje del español como lengua extranjera. En nuestro informe habrá lugar tanto para la exposición de los hechos que se revelan favorables a la difusión del español, como para la reflexión sobre los problemas o dificultades que esa difusión encuentra en su camino.

1. La enseñanza del español en el sistema educativo brasileño

Todo lo que se refiere a la ordenación del sistema educativo de Brasil, incluido el lugar de las lenguas extranjeras, aparece regulado en la Ley 9394/96 de Directrices y Bases para la Educación Nacional (LDB), de 20 de diciembre de 1996, si bien los Estados tienen competencia en materia educativa para la implantación de las normas federales y el desarrollo de legislación específica.

La LDB en vigor recoge la enseñanza de lenguas extranjeras de una forma obligatoria para el nivel de la Enseñanza Primaria en los siguientes términos: «En la parte diversificada del currículo será incluida obligatoriamente, a partir de la quinta serie, la enseñanza de, por lo menos, una lengua extranjera moderna, cuya elección quedará a cargo de la comunidad escolar, dentro de las posibilidades de la institución» (art. 26, § 5.º). Además, se hace alusión a cuestiones lingüísticas para establecer que «la enseñanza primaria regular será administrada en lengua portuguesa, asegurando en las comunidades indígenas la utilización de sus lenguas maternas y sus propios procesos de aprendizaje» (art. 32, IV, § 3.º). Para la carga horaria se prevé un mínimo de 800 horas anuales de trabajo efectivo en el aula, pero gran parte de los colegios no sobrepasan ese mínimo, entre otras razones porque los medios materiales y humanos son reducidos y porque de esa manera se escolariza a un mayor número de niños, ofreciendo varios turnos con los mismos recursos. Con jornadas reducidas no es fácil encontrar un lugar para la enseñanza de lenguas extranjeras.

A propósito de la Enseñanza Media (15-18 años) la Ley 9394/96 establece que «será incluida una lengua extranjera moderna, como disciplina obligatoria, escogida por la comunidad escolar, y una segunda, con carácter optativo, dentro de las posibilidades de la institución» (art. 36, III). Actualmente, dados los medios existentes y la inercia esperada en estos casos, las lenguas extranjeras más estudiadas como obligatorias son, por este orden, el inglés y el francés. Pero la situación está cambiando velozmente en relación con el francés, que se está viendo desplazado por el español. La presencia del español es especialmente fuerte en los Estados del Sur. En cualquier caso, la puerta abierta por la LDB a una segunda lengua extranjera está permitiendo a muchos colegios incluir el español como lengua de estudio y si aún no se ha generalizado el ofrecimiento de cursos de español en la Enseñanza Secundaria es simplemente por la falta de medios y profesores. Dado que la ley no especifica qué idiomas deben figurar en el currículo de cada centro, la tendencia general, en la mayoría de los colegios, es seguir ofreciendo inglés y comenzar a enseñar español, si aún no lo han hecho.

Una de las pruebas de la creciente vitalidad del español en la enseñanza secundaria y en la universitaria brasileñas viene dada por el número de candidatos que realizan la prueba de lengua española en el examen «vestibular» prueba de selectividad organizada por las universidades para escoger a sus nuevos estudiantes. En 1998 casi todas las universidades del país, federales y estatales, públicas y privadas, incluían en sus procesos de selectividad el conocimiento de español, que llegó a ser la lengua extranjera más demandada, por delante incluso del inglés en algunas universidades. Como ha señalado Manuel Morillo, en el análisis que encabeza el volumen Datos y cifras (1998: 16), «la creciente presencia del español en el vestibular ha contribuido en gran medida al aumento de estudiantes de español en los centros de segundo grado y en las academias que preparan específicamente para esta prueba; no ha ocurrido, como parecería más lógico pensar, que fuera el aumento en el segundo grado, lo que se manifestara posteriormente en el vestibular».

Hasta aquí lo referido a la enseñanza primaria y secundaria y especialmente a lo que establece la legislación vigente en Brasil. Ahora bien, durante 1998 se han desarrollado unas iniciativas legales que, de culminarse en algún momento, podrían mejorar sustancialmente el panorama de la enseñanza del español. Se trata de la aplicación de un protocolo de intenciones firmado el 13 de diciembre de 1991 entre los ministros de Educación del Mercosur, por el cual se comprometen a implantar la enseñanza del portugués y del español en las instituciones de los diferentes niveles y especialidades de los respectivos sistemas educativos.
En relación con este compromiso, los legisladores brasileños han protagonizado a lo largo de los últimos años un proceso en el que, grosso modo, se han enfrentado dos opciones. Una de ellas, defendida por la Cámara, proponía la obligatoriedad del español en la enseñanza primaria y secundaria y en todos los Estados de la República: se trata de un proyecto presentado en 1996 como iniciativa del presidente que dejaba en manos de los Estados la elaboración de los programas concretos y los planes de implantación de los estudios. La otra posibilidad, defendida por el Senado, resultaba supuestamente más realista, dada la cantidad de medios humanos y materiales que requiere la enseñanza obligatoria de cualquier lengua; precisamente por este motivo, se proponía limitar la obligatoriedad a la enseñanza secundaria y a los Estados fronterizos con los países del Mercosur. En 1998, el Senado aprobó un proyecto de ley por el que debía convertirse en obligatoria la implantación de la lengua española en los currículos de los centros de Enseñanza Secundaria de todos los Estados que componen la República Federal de Brasil. Allí mismo, se habla de la enseñanza facultativa del español en los centros de Enseñanza Primaria, entre los cursos 5.º y 8.º (11-14 años). En el momento de redactar este informe no se ha producido la aprobación definitiva por parte de la Cámara de Diputados.

A lo largo del camino recorrido desde 1991 han surgido las alegaciones del senador Bello Parga, en las que afirma que la Ley de Directrices y Bases para la Educación Nacional no especifica que se deba estudiar un idioma extranjero determinado o que la existencia de un entorno de países hispanohablantes no es motivo suficiente para promover una legislación favorable al español. También se han producido algunos movimientos, del ámbito de la francofonía y de otras lenguas, que han apreciado en la iniciativa a favor del español una violación de la legalidad y de sus derechos.

Como balance de la situación actual del español en el sistema educativo, puede decirse que estamos asistiendo a una situación favorable a la enseñanza-aprendizaje del español —independientemente de que la obligatoriedad se llegue a aprobar o no—, y que las autoridades educativas deberían ser conscientes de la fuerza de la demanda del español y de la necesidad de satisfacer las exigencias del Mercosur. A fecha de hoy, la oferta pública de español es claramente insuficiente, principalmente por la falta de medios técnicos, de apoyo bibliográfico y de profesorado cualificado.

En lo que se refiere al profesorado, es difícil tener una idea cierta del número de profesores que actualmente trabajan en Brasil en el sistema educativo oficial. De hecho, ni siquiera el Ministerio de Educación dispone de una información fidedigna. La Asociación de Profesores de Español de São Paulo, que cuenta con unos 800 asociados, calcula que sólo en este Estado deben de ser unos 3 500 profesores (no sabemos de qué niveles). Es posible que la cifra de profesores se sitúe entre los 15 000 y los 20 000 en todo Brasil, pero el cálculo puede estar lejos de la realidad. Sea como fuere, lo cierto es que las asociaciones de profesores tienen una fuerza cada vez mayor y que algunas de ellas organizan actividades de formación y difusión de la lengua y la cultura muy dignas de alabanza. La actividad más sobresaliente de estas asociaciones son los congresos de profesores brasileños de español, que se organizan cada dos años y tienen un carácter itinerante (http://www.cervantes-brasil.com.br/).

Como apéndice de este asunto, merece un comentario especial la enseñanza regular que se ofrece en el Colegio Miguel de Cervantes. Este colegio depende legalmente de una asociación brasileña de derecho privado, la Asociación Colegio Español de San Pablo (ACESP), que en sus estatutos se obligó a fundar y mantener en Brasil centros destinados a la formación integral de sus estudiantes, en todos los niveles de enseñanza, así como a fomentar las relaciones culturales entre Brasil y España. La Asociación está regida por un consejo del que forman parte tanto socios brasileños pertenecientes o vinculados a la colonia española en São Paulo, como socios españoles que representan a distintas instancias de la Administración: Embajada, Consulado General de España en São Paulo, Consejería de Educación y Ciencia, entre otros. Funcionalmente, el centro depende del Ministerio de Educación español, a través de su Consejería de Educación y Ciencia, encargada de proporcionar una veintena de profesores, funcionarios públicos españoles que llegan en régimen de comisión de servicios por un máximo de seis años.
El Colegio Miguel de Cervantes ofrece en la actualidad las enseñanzas primaria (Ensino Fundamental) y secundaria (Ensino Medio) completas, ajustadas a la legislación brasileña, con la particularidad de que la titulación que se entrega está reconocida por los gobiernos de Brasil y de España (MEC, 1998: 31-32). Estas enseñanzas se realizan en portugués, como establece la LDB, en el nivel de primaria, con las asignaturas de Lengua Española y Cultura e Historia de España en español y bajo la responsabilidad de profesores procedentes de España. La enseñanza secundaria incluye en español, además, las asignaturas de Matemáticas y de Física y Química, impartidas también por personal docente español.

El modelo de enseñanza del Colegio, según se desprende de lo dicho, no es un modelo bilingüe, sino que se limita a incorporar un «componente adecuado [...] de lengua y cultura españolas» (MEC, 1998: 31). De ahí que los alumnos, en su mayor parte brasileños, que salen del centro cumplidos todos los ciclos de enseñanza, no puedan ser considerados hablantes bilingües. Esta circunstancia, que no es un problema en sí misma, sí pone en tela de juicio la distribución del desembolso del Ministerio de Educación español en este concepto: más de doscientos millones de pesetas cada año solamente para pagar a los profesores procedentes de España, que representan sólo unos 20 de los casi 150 profesores del centro. Los fines del Colegio podrían cubrirse con igual satisfacción sin cargar con un gasto tan elevado para cubrir sólo una parte reducida del personal, habida cuenta, por añadidura, de que ese profesorado, al incorporarse a su puesto, no suele conocer los problemas específicos que plantea la enseñanza de español como lengua extranjera, en este caso a lusohablantes, claramente mayoritarios en las aulas. También sería posible mantener tal nivel de gasto realizando las modificaciones oportunas para que se practicara una enseñanza, si no desde un modelo plenamente bilingüe, al menos con una presencia sustancial del español. Actualmente, el Colegio ya ha recibido la autorización del estado de São Paulo para aumentar el número de horas de enseñanza en español; queda por ver la forma en que esto se lleva a la práctica.

En lo cultural, la labor del Colegio Miguel de Cervantes destaca poderosamente en el panorama brasileño. Esta institución es, sin duda, el punto de referencia más importante de la difusión cultural de España y lo español en Brasil, y organiza actividades que van más allá de la labor docente de un colegio ordinario. Entre ellas sobresale la Feria del Libro, que se celebra con motivo del día Internacional del Libro y que reúne a cerca de cincuenta expositores y tres mil visitantes en un solo día.

2. La enseñanza del español en centros ajenos al sistema educativo oficial

Como ya hemos puesto de manifiesto, la enseñanza del español en el sistema público brasileño es claramente insuficiente en lo legislativo y en lo organizativo. En los últimos años, esta precariedad ha obligado al brasileño medio a dirigirse hacia un sistema de enseñanza privada que se ha ido adaptando al mercado a toda prisa, y que no siempre lo ha hecho de forma correcta.

Hoy día, la fuerza de la demanda social es notable en Brasil. De ello son testimonio hechos como los que siguen: las academias y centros privados, independientemente de la calidad de su enseñanza, tienen las aulas de español repletas; en muchos casos, el título de «hispanohablante» es suficiente para ofrecer clases particulares o para ser contratado en una escuela privada o incluso pública; el nombre de la lengua española se ha encumbrado a lo más alto de los carteles anunciadores de cursos de idiomas y se utiliza como gancho publicitario para animar a la inscripción en cursos de otras lenguas extranjeras.

La enseñanza de español fuera del sistema educativo se lleva a la práctica en ámbitos diversos, entre los que mencionaremos las escuelas privadas de enseñanza de idiomas, los centros de lenguas dependientes de las secretarías de Educación de algunos estados, los centros de idiomas dependientes de instituciones de enseñanza y los centros culturales Brasil-España.

Pocos datos fidedignos se pueden aportar de las escuelas privadas donde se enseña español, porque es realmente difícil proceder tanto a su cuantificación como a su cualificación. El libro Datos y cifras. Informe sobre la enseñanza del español en Brasil, elaborado por la Consejería de Educación de la Embajada de España (1998), presenta una relación de cerca de novecientos centros privados en todo Brasil; sin embargo, se tiene la seguridad de que falta información de una buena parte de los centros existentes, al margen de las escuelas que funcionan sin ningún tipo de licencia. Entre la empresas privadas, las hay de carácter local y las hay distribuidas por todo el territorio brasileño, algunas en régimen de franquicia, formando una extensa red de escuelas de idiomas en general, y de español en particular (Yázigi, Fisk, CCAA, Skill).

Las características de las escuelas privadas de español que funcionan en Brasil no siempre son las más adecuadas para la enseñanza-aprendizaje de la lengua. Aunque generalizar puede ser injusto, no lo sería menos dejar de señalar que el profesorado de muchos centros de este tipo no está mínimamente cualificado para esa labor, por cuanto se ofrecen puestos de profesores a personas que simplemente hablan español, a veces con graves deficiencias, y con un mínimo nivel cultural, incluso sin idea alguna sobre el funcionamiento de una lengua. Muchos de estos centros utilizan el nombre, la bandera y el escudo de España o un nombre que pueda relacionarse mentalmente con alguna institución oficial para atraer más alumnos; casos hay en que incluso se garantizan reconocimientos oficiales de instituciones que no tienen potestad para otorgar oficialmente certificados de conocimientos de la lengua.

Entre los centros privados de enseñanza de español, hay que hacer mención expresa de dos escuelas que funcionan, no sólo como centros de idiomas, sino como centros culturales y de recreo. Nos referimos a la Casa de España de Rio de Janeiro y a la sociedad cultural Caballeros de Santiago de Salvador de Bahia. Estos centros fueron creados por inmigrantes españoles, en su mayoría gallegos, y actualmente se han convertido en importantes escuelas de español en sus respectivas ciudades. También podrían incluirse en este capítulo los cursos de español de la Asociación Colegio Español de San Pablo, vinculados al Colegio Miguel de Cervantes, pero ofrecidos a título particular por la asociación, y que no son cursos, por tanto, de la Consejería de Educación de España.

Por otro lado, en Brasil existen también numerosas instituciones oficiales que ofrecen cursos de español de forma paralela al sistema educativo. Una gran parte de estas instituciones son universidades que abren las puertas de estos cursos a sus alumnos y profesores, así como, en algunos casos, a personas ajenas a la institución. Ejemplo de ello son los cursos llamados «Español en el campus», que organiza la Universidad de São Paulo y que cuentan con cerca de medio millar de estudiantes cada trimestre.

Otra iniciativa oficial, de gran éxito popular, a la vez que decisiva en el proceso de expansión de los cursos de lengua española en Brasil, ha sido la creación, a partir de la segunda mitad de la década de 1980, de los llamados Centros de Lenguas Extranjeras Modernas o Centros de Estudio de Lenguas, por parte de las secretarías de Educación de algunos estados brasileños. Siempre fuera del sistema educativo reglado, los Centros de Lenguas cubren distintos objetivos, puesto que, por un lado, ofrecen cursos de español, y de otras lenguas extranjeras, como complemento de la enseñanza regular, y por otro, atienden las demandas de la población adulta interesada en el aprendizaje de idiomas (Consejería de Educación, 1993: 35; 1995:24). En 1998 eran diez los estados que habían creado centros de esta naturaleza: Acre, Amazonas, Ceará, Distrito Federal, Maranhão, Minas Gerais, Paraíba, Paraná, Pernambuco y São Paulo. Entre todos ellos alcanzan un número cercano a los 150 centros, aunque la mayoría se concentra en Paraná (74), Maranhão (27) y São Paulo (21). Solamente en los centros del estado de Sao Paulo se reúnen 9 000 alumnos de español, y son 5 000 en el estado de Paraná.

En cuanto a los Centros Culturales Brasil-España, comentaremos que forman una red establecida en las ciudades de Belo Horizonte, Brasilia, Curitiba, Florianópolis, Porto Alegre y Recife. Estos seis centros dependen de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI). Sus funciones se encuentran repartidas entre los proyectos de cooperación, por un lado, y los cursos de español y otras actividades culturales, por otro, cursos y actividades que han crecido mucho durante los últimos años. Merece destacarse la concesión de becas de estudios, gestionadas en Brasil por la AECI, que han permitido realizar cursos de formación en España a una parte significativa de los profesores de español que hoy desempeñan su labor en el nivel universitario brasileño.

La labor de los centros culturales es de gran importancia para la difusión de la lengua y la cultura españolas en sus respectivas ciudades, y comparable a la que realiza el Instituto Cervantes en otros lugares del mundo, aunque la organización académica y docente de los centros, así como su gestión, dista mucho de asemejarse a la de aquel. Existe en Brasil un Instituto Cervantes, el de São Paulo, pero está dedicado de forma exclusiva a la formación de profesores, a pesar de que la legislación española hace recaer en el Instituto la labor de difusión de la lengua y la cultura allí donde esté. La duplicación de funciones y objetivos en la Administración de un Estado no suele ser beneficiosa para sus intereses generales.

Finalmente, otra posibilidad de aprendizaje de español para los brasileños es la visita a España o a otro país hispanohablante con el fin de seguir cursos de español. Según el informe de Mora (1999: 27), en 1998 el número de brasileños que cursaron algún tipo de estudio en el extranjero ascendió a unos 75 000, lo que supuso un incremento de un 25 por ciento respecto de 1997. De ellos, aproximadamente un 4 por ciento —unos 2 400 estudiantes— tuvo como destino España, en su mayoría para aprender la lengua española. Los desplazamientos a otros países hispanohablantes, más cercanos, encuentran no obstante las dificultades derivadas de una oferta de cursos más limitada que la española y, en las actuales condiciones de la economía sudamericana, también de unos precios bastante más elevados, aunque pueda resultar extraño.

3. El libro en español

Anteriormente se ha hablado del fortalecimiento de los lazos comerciales entre España y Brasil en los últimos años. Y, si en algún ámbito se ha apreciado tal fortalecimiento, ha sido en el sector editorial. Como se señala en el informe de Mora Poveda (1999: 24), este sector pasó de unas exportaciones a Brasil, en 1995, de 2 370 millones de pesetas, a casi 11 800 millones de pesetas en 1997. Así pues, en dos años se había producido un incremento de un 500 por ciento en las exportaciones editoriales. Junto a este dato hay que señalar que en 1997 las importaciones de libros españoles alcanzaron una cuota de mercado de un 22 por ciento, situando a España como primer país de origen de la importación editorial. De ese volumen, la parte más sustancial correspondió al capítulo de «diccionarios y enciclopedias».

Ante estas cifras, sólo cabe afirmar que el interés por el español y lo español, a través de sus libros, ha experimentado un desarrollo espectacular en Brasil. Sin embargo, precisamente por lo llamativo de este éxito, sorprende que sigan existiendo los problemas de información y distribución que han caracterizado históricamente la situación del libro iberoamericano en general. Los libros españoles más utilizados en la enseñanza de la lengua (español como lengua extranjera, manuales universitarios, obras de referencia) son caros y no se encuentran con facilidad: los precios pueden fácilmente cuadruplicar los de España para el mismo producto; y algo similar ocurre con los libros de otros países hispanohablantes. Ante la petición de compra de algún libro español, es fácil que se planteen plazos de espera de dos o más meses. La situación, ciertamente, está cambiando, pero sigue siendo deficiente. Es probable que la creación de nuevos sistemas de compra a través de Internet permita pensar que, en un futuro próximo, los libros en español se van a distribuir con mayor fluidez y a mejor precio.

Por otra parte, es evidente la falta de un material bibliográfico y audiovisual adecuado a las necesidades de la enseñanza de español para brasileños: llegan, todavía, pocos libros, se distribuyen mal, son caros y, además, no son los más apropiados para las necesidades específicas que se plantean: son muy pocos los manuales o métodos de enseñanza de español pensados específicamente para estudiantes brasileños. Algunos de los ya existentes han querido adaptarse a este mercado mediante adiciones o el intercalado de rasgos parcialmente locales, pero resultan de todo punto insuficientes.

4. Las certificaciones de conocimientos de español

La mayoría de las certificaciones de conocimientos de español que se expiden en Brasil proceden, como es natural, de los propios centros que ofrecen la enseñanza de la lengua; esto quiere decir que tanto los Centros Culturales Brasil-España, como los cursos de la ACESP de São Paulo, los de la Casa de España de Rio de Janeiro o los de la sociedad Caballeros de Santiago de Salvador de Bahia, por poner unos ejemplos, expiden sus propias certificaciones, sin más valor, ni menos, que el que se le reconoce a cada entidad. Como diplomas reconocidos oficialmente por el Ministerio de Educación de España sólo se ofrecen los Diplomas de Español como Lengua Extranjera (DELE). Es bien sabido que estos diplomas son expedidos por el Ministerio de Educación de España y gestionados por el Instituto Cervantes, entidad que desde 1999 también coordina las pruebas en Brasil.

Los exámenes del DELE se vienen realizando en Brasil desde 1989: este país, con 20 sedes de examen en noviembre de 1999, es el que más candidatos aporta en todo el mundo. Las cifras del DELE han sido presentadas y reproducidas en varios informes o publicaciones y no tiene mucho sentido darlas en su totalidad en esta ocasión (Instituto Cervantes, 1998; 1999). Destacaremos únicamente que en 1998 el número de candidatos en Brasil fue de 5662, mientras que en España, segundo país en la aportación de inscripciones, fue de 1974. Los candidatos brasileños al DELE suponen un 45 por ciento de los inscritos en todo el mundo y su potencial de crecimiento es de los mayores.

A lo largo de 1998 y 1999, todo el sistema de organización del DELE se ha adentrado en un proceso de reforma que busca una mayor agilidad y flexibilidad. Esta reforma se plantea en términos bastante complejos, pero lo que ahora nos interesa es que puede afectar a la habilitación de nuevo profesorado. Hasta el momento, los naturales de países en los que el español es lengua oficial no han podido presentarse a los exámenes del DELE por razones comprensibles: el DELE sólo certifica el conocimiento de la lengua española, que se supone en los oriundos de países hispanohablantes. En el caso de Brasil, dado que, como veremos más adelante, el DELE Superior ha gozado de reconocimiento para poder acceder a una habilitación como profesor, numerosos argentinos, españoles, uruguayos o bolivianos, entre otros, desean presentarse a los exámenes y reunir ante las autoridades brasileñas los requisitos legales que permiten llegar a ser profesores de español. Si la reforma del DELE abre la puerta a los hispanohablantes nativos, éstos también podrían acceder al profesorado, siempre que se cumplan los requisitos marcados por el propio Instituto Cervantes (sólo podrán inscribirse en el DELE aquellos hispanos cuyo nivel de conocimiento de la lengua no sea equivalente al de un hispanohablante) y por las autoridades brasileñas, a los que nos referiremos a continuación.

5. La formación de profesores de español

La formación de profesores de español es una de las grandes deudas que el gobierno de Brasil tiene contraídas con la sociedad brasileña. Con el crecimiento súbito de la demanda del español, las carencias de profesorado se han hecho manifiestas, como reconoce el propio Ministerio de Educación brasileño, que ha llegado a hablar de la necesidad de 210 000 profesores de español si se declarara la obligatoriedad del español en la enseñanza no universitaria. Esta cifra, siendo abultada, no resulta descabellada teniendo en cuenta que esa obligatoriedad podría afectar a más de cinco millones de estudiantes en todo el país.

Actualmente, la tarea de formación de profesores recae principalmente en las universidades. Existen en Brasil 26 universidades públicas y 24 privadas que ofrecen licenciaturas en español. También son 24 las universidades públicas que ofrecen posgrado en Letras o Lingüística, con la posibilidad de defender tesinas o tesis doctorales sobre temas de Lengua Española o Literatura Española o Hispanoamericana; este tipo de posgrado es ofrecido por 6 universidades privadas. Por el momento, tan sólo las universidades de São Paulo y de Rio de Janeiro ofrecen un posgrado específicamente en Lengua Española y Literaturas Española e Hispanoamericana.

La mayoría de los profesores de español que hoy ejercen su labor docente en las universidades brasileñas han recibido su formación en Brasil, pero muchos de ellos han realizado algún tipo de estudios de posgrado en España o han sido becarios del Programa de Becas de la Agencia Española de Cooperación Internacional. Estas becas han cumplido una función importante en el desarrollo del profesorado de español, entre otras razones, porque favorecieron la constitución en todos los estados de asociaciones de profesores, que sirven de vehículo para proponer candidatos a las becas (la oficina de Cooperación de Brasil decide finalmente a quién se conceden). Por fortuna, las asociaciones hoy día no se limitan a distribuir becas, siempre pocas para el número de solicitudes, sino que se están convirtiendo en un importante foco de actividades, en un importante canal del distribución de informaciones y en un medio de defensa de los intereses y derechos del profesorado. En los años 1999 y 2000 se está discutiendo la posibilidad de crear una Federación de Asociaciones, que sería de gran importancia en unos momentos de intenso crecimiento de la enseñanza del español.

En otro orden de cosas, en Brasil se ha producido una circunstancia singular e interesante que relaciona los Diplomas de Español como Lengua Extranjera y la formación de profesores de español o, más propiamente, la habilitación de profesores de español. En 1996, el Ministerio de Educación brasileño reconoció, a los portadores del DELE Superior que hubieran terminado la enseñanza secundaria, la posibilidad de conseguir la habilitación para la docencia de lengua española tanto en primaria como en secundaria. Para ello era preciso cursar en una universidad una complementación pedagógica formada por cuatro materias: Estructura y Funcionamiento de la Enseñanza de Primer y Segundo Grado, Psicología de la Educación, Didáctica y Práctica de la Enseñanza. Al mismo tiempo, se reconocía el DELE Superior para hacer la matrícula en una licenciatura en español, sin pasar por la selectividad, siempre que se hubieran cursado las materias de complementación pedagógica, y para convalidar las materias específicas de lengua española de la licenciatura («Portaría» del MEC, 950, de 16-09-96. Diario Oficial de 17-09-96. Basada en el «Parecer» del MEC 1114/79).

Como era previsible, esta disposición legal ha contribuido de forma importante a afianzar el DELE en Brasil y, bajo su amparo, se han organizado grupos universitarios a los que se ha ofrecido la complementación pedagógica, y se están convalidando materias específicas de lengua española de la licenciatura de español, por ejemplo, en la Universidad Federal de Pernambuco.

Ahora bien, desde 1998 y sin que ello vaya en detrimento de la insustituible labor de las universidades, la formación de profesores de español tiene una fuente más de actividad en el Instituto Cervantes de São Paulo, creado específicamente como centro de formación de profesores, el primero de estas características en el mundo. La labor del Instituto Cervantes en Brasil tiene como objetivo prioritario la formación de profesores de español como lengua extranjera, en sus más diversas manifestaciones: se organizan cursos de formación inicial, cursos de perfeccionamiento y actualización de conocimientos y cursos de formación de profesores de español con fines específicos, como por ejemplo, de español de los negocios. Hasta el momento, el Cervantes de São Paulo ha organizado cursos de formación inicial, de actualización y perfeccionamiento, a los que han asistido cerca de un millar de inscritos. Los cursos se han celebrado en diversas ciudades de Brasil, como Brasília, Belo Horizonte, Rio de Janeiro, São Paulo y Campinas, entre otras.

Además, el Instituto Cervantes de São Paulo coordina desde 1999 las pruebas de los diplomas DELE, labor que había sido desempeñada hasta esa fecha por la Consejería de Educación de la Embajada española. El Instituto apoya la labor de las Asociaciones de Profesores de Español y la de los hispanistas brasileños, y está contribuyendo a la creación de centros de recursos, a la elaboración de materiales de enseñanza-aprendizaje de español y al desarrollo de programas de enseñanza a distancia.

La formación de profesorado es también una de las funciones de la Consejería de Educación y Ciencia de la Embajada española. Hasta la llegada del Instituto Cervantes, la Consejería era el único organismo oficial español competente en esta tarea; desde 1998, se coordinan las actividades de Consejería e Instituto y se tiende a adscribir la acción de la Consejería al ámbito de la enseñanza reglada no universitaria. La labor desempeñada por la Consejería durante los últimos años ha sido meritoria y podría haber sido más amplia de haber contado con un mayor número de asesores lingüísticos, y si todos los asesores disponibles hubiesen estado familiarizados con la enseñanza de español como lengua extranjera a lusohablantes.

Por último, es interesante llamar la atención sobre el hecho de que existe un número creciente de brasileños, con licenciatura en español la mayoría de ellos, que están decidiendo completar su formación como profesores de español en programas de posgrado ofrecidos en España. Como se explica en el informe de Mora (1999: 27-30), aproximadamente un 15 por ciento de los brasileños que viajaron a España para realizar algún estudio tuvo como destino algún programa de posgrado de universidades españolas, con especial interés por los de formación de profesorado de español como lengua extranjera. En total, estudiaron en este nivel alrededor de 400 brasileños, con estancias en España de hasta dos años. Para estos estudiantes, uno de los posibles destinos son los programas de Máster o Magister de Enseñanza de Español como Lengua Extranjera que ofrecen varias universidades; algunos de ellos se están ofreciendo incluso a distancia, de forma semi-presencial o con parte de la materia impartida en alguna ciudad brasileña. El principal problema para este tipo de formación, por el momento, estriba en el reconocimiento de las titulaciones por parte de las universidades o por parte del Ministerio de Educación de Brasil, concretamente de la Coordenação de Aperfeiçoamento de Pessoal de Nivel Superior (CAPES), reconocimiento que no siempre está garantizado.

CONCLUSIONES Y PROPUESTAS DE ACTUACIÓN

Los datos e informes presentados en estas páginas muestran el alcance de la situación del español en un país tan colosal y variado como Brasil. Esta situación ha evolucionado de modo favorable al español a lo largo de los diez últimos años.

La presencia creciente del español en la enseñanza pública y privada, al margen de la posible obligatoriedad de su estudio, ha de tener consecuencias positivas para el español y para todos los que tienen intereses vinculados a esta lengua. Y esto por múltiples razones. En primer lugar, contribuirá a una auto-ordenación de la oferta privada brasileña: si el idioma puede ser estudiado en los centros de enseñanza pública, mal que bien, seguramente desaparecerán los profesores y academias que ahora ofrecen una enseñanza muy deficiente; sobrevivirá la oferta privada más cualificada. En segundo lugar, se hace patente la necesidad de una formación acelerada de profesores de español; desde este punto de vista, la reciente apertura de un Centro de Formación de Profesores del Instituto Cervantes en Brasil podría calificarse, al menos, de oportuna. En tercer lugar, el prestigio de la lengua ha de verse elevado porque el español está pasando a ser muy estudiado en un país que tiene más de 50 millones de menores de quince años. En cuarto lugar, todas las industrias relacionadas con la lengua española podrían experimentar un crecimiento notable, muy especialmente la industria editorial: sin duda alguna, muchas editoriales españolas, argentinas y, por supuesto, brasileñas, pueden obtener beneficios más que cuantiosos, una vez superadas, en el caso de las extranjeras, las dificultades de la entrada en el país. Por último, una mayor familiaridad de Brasil con el mundo hispanohablante abrirá las puertas a innumerables empresas, españolas por ejemplo, que pueden encontrar un mercado fantástico en un país que quiere crecer y modernizarse de forma inmediata.

En estos momentos, ante la necesidad de formar profesores, sería oportuno que el Ministerio de Educación de Brasil tuviera en cuenta que la Ley 9394/96 de Directrices y Bases para la Educación Nacional podría permitir a las universidades reconocer el DELE Superior con el fin de que los titulados superiores, con la debida complementación pedagógica, pudieran recibir la habilitación para enseñar español en la educación básica. También sería conveniente, dada la escasez de profesores, que las universidades aprovecharan el reconocimiento del DELE Superior para su convalidación por las asignaturas específicas de lengua española, lo que ya se está haciendo en diversos centros. Del mismo modo, sería importante que la Administración de Brasil flexibilizara los trámites legales para que pudieran llegar profesores de español bien formados y debidamente cualificados con el fin de paliar una parte de las necesidades de profesorado que existen en la actualidad y, al mismo tiempo, que Brasil reconociera los programas de Tercer Ciclo de formación de profesores de español en España, que en la actualidad están cursando muchos brasileños. En cualquier caso, el gobierno brasileño ha de reaccionar con firmeza y claridad de ideas para satisfacer una demanda social evidente.

Nadie puede negar que las decisiones fundamentales, en lo que se refiere a la satisfacción de esa demanda de español en Brasil, están en manos brasileñas. Pero también es cierto que las autoridades de los países hispanohablantes pueden ayudar a afrontar el reto planteado en torno a la enseñanza del español y la formación de profesores. Es posible pensar, por ejemplo, en la firma de acuerdos que faciliten la importación y la distribución de libros, para que los libros lleguen y lo hagan con agilidad. También es posible fomentar la redacción y edición de materiales de enseñanza pensados específicamente para las necesidades del mercado brasileño. Y es posible crear una red de centros de enseñanza de la lengua y difusión de la cultura, mayor que la existente y coordinada desde la institución que en España tiene encomendada esta tarea: el Instituto Cervantes. Los gobiernos de los países hispanohablantes, comenzando por el de España, podrían contribuir decididamente a una mejora de las dotaciones de materiales para la enseñanza del español, al mantenimiento de programas de formación de profesores y al incremento de la presencia hispánica, económica y cultural, en Brasil. FUENTE:
 

NOTICIA DEL ESPAÑOL EN BRASIL - ELPAIS.COM

El (lento) avance del español en Brasil
Cinco millones de brasileños estudian ya el idioma, pero su obligada inclusión en la secundaria se ha cumplido a medias - En 2006 había solo un millón de alumnos

NACHO MENESES - Madrid - 25/02/2011
EL PAÍS. COM

Diego tiene 16 años, y desde hace cuatro estudia castellano en una escuela privada de São Paulo. La influencia de sus abuelos, españoles, despertó pronto su interés por nuestro idioma, que aprende "para viajar y trabajar". Es uno de los cinco millones de personas que, según el anuario del Instituto Cervantes 2009, estudian español en Brasil, una cifra que "a estas alturas, seguramente es ya más alta", según aseguran desde la institución. Un gran salto comparado con el millón de alumnos de 2006.

"Brasil es un país situado entre el océano y el español", dijo Fernando Henrique Cardoso, expresidente brasileño. Aprobada en 2005, la denominada Ley del Español convertía en obligatoria la oferta del castellano en los centros de secundaria, incorporación que debía completarse en 2011. Sin embargo, a finales de 2009, solo un 32% lo había hecho, y la implantación había sido muy irregular. El Estado de Río, por ejemplo, había llegado a un 46%, pero otros como Bahía apenas llegaban al 21%, según datos del Instituto Nacional de Estudios e Investigación (INEP) brasileño. Una desigualdad aún más patente si se considera la titularidad de los centros: cumplían la ley un 66% de centros privados, pero solo un 18% de los públicos. Así las cosas, la nueva fecha que se plantean los responsables educativos mira hacia el horizonte de 2021.

Las caras de este retraso son múltiples, como explica Antonio Martínez, director del Instituto Cervantes de Río de Janeiro: "No salen suficientes plazas para garantizar la implantación de la ley; de 2006 a 2010 solo se convocaron oposiciones para 300 profesores". Fuentes del Ministerio de Educación brasileño reconocen que hay 6.000 docentes de español frente a una demanda aproximada de 25.000.

La falta de financiación, apuntan, es una de las razones, pero no la única. Al ser Brasil un Estado federal, el cumplimiento de la ley depende de que los diferentes estados desarrollen reglamentos para adaptarse a la nueva norma, algo que lleva su tiempo. Una lucha burocrática que se une a otras problemáticas, como apunta Belén García Llamas, profesora del Cervantes en Río de Janeiro: "La situación de los profesores no es muy buena. Sus salarios son muy bajos y trabajan con pocos medios... hay barrios muy desfavorecidos, con muchos contrastes, y los profesores tienen que echar mano de mucha vocación. Hay interés porque las cosas mejoren, pero no es fácil".

El español entra despacio, pero no para. La creciente demanda se ha notado también en las nueve sedes que el Instituto Cervantes tiene en Brasil, cuyas matrículas han pasado de 2.308 en 2006 a más de 16.000 en 2010. Su labor, que conjuga la enseñanza del español con la promoción de la cultura hispanoamericana, mezcla lo presencial con lo virtual a través de unas plataformas online que sirven "para llegar a rincones que, debido a la dificultad orográfica del país, sería mucho más complicado alcanzar", afirma la directora del Instituto, Carmen Caffarel. Así, tenemos el Aula Virtual de Español (AVE; http://ave.cervantes.es), cuyos cursos por Internet se organizan en torno a cuatro niveles multimedia, de inicial a superior. "Queremos llegar al mayor número de colectivos posible sin usurpar la labor de las universidades, que forman a sus profesores, pero ofreciéndoles nuestro apoyo", apunta Caffarel. Esther Blanco, profesora del organismo en Salvador de Bahía, añade que están intentando ofrecer clases extraescolares en escuelas, aunque "en eso hay más mercado para el inglés".

Los alumnos del Cervantes responden a un perfil diferente. Son universitarios, profesionales, con un buen nivel cultural. "Muchos se quedan con nosotros incluso después de haber completado todos los niveles", afirma García Llamas desde la sede de Río. Entonces el Cervantes diseña cursos específicos adaptados a lo que les piden: conversación, literatura, cine, cultura... Esta pasión por el español fue el germen que llevó a un grupo de alumnos de Río a crear, en abril de 2010, una revista electrónica en español, Los Insistentes (www.losinsistentes.blogspot.com), que coordina la periodista brasileña Daniella Wagner: "Empezamos siete personas y hoy tenemos incluso otro equipo de redacción al que damos un tratamiento casi profesional".

La labor docente del Cervantes se deja ver también en los múltiples convenios que la institución firma con diferentes entidades. El pasado mes de enero se presentó en Valladolid Practica español, un centro de recursos online fruto de un acuerdo entre la Fundación de la Lengua Española, la Agencia EFE y el Cervantes. Un proyecto que cuenta además con una radio dedicada a la enseñanza del español (www.radiofle.com) y otros contenidos culturales, y que en un mes escaso de existencia parece haber tenido una acogida especialmente buena en Estados Unidos y Brasil. Precisamente el 3 de febrero firmó el Cervantes un acuerdo en Madrid con la Fundación Hispano Brasileña, por el que ofrecen "ayuda y apoyo a la fundación en su trabajo de difusión y conocimiento de la cultura brasileña en España", según su presidente, Rafael López Andújar.

Entre los motivos que han favorecido la expansión del español en Brasil está, sin duda alguna, el económico. En primer lugar por el comercio con los restantes países de Mercosur; y también porque España, tras Estados Unidos, es el segundo país inversor en Brasil, con una cantidad acumulada de 30.000 millones de euros en los últimos 10 años y unas exportaciones valoradas en más de 2.100 millones a finales de 2010, según datos de la Cámara de Comercio España-Brasil. "Hay una cantidad enorme de empresas pequeñas y medianas deseando establecerse allí", afirma López Andújar.

Una muestra clara del interés por invertir en Brasil es el número de empresas asociadas a la Cámara de Comercio España-Brasil, que en solo cuatro años ha pasado de 50 a 250, "e incluso podrían llegar a 400 antes de finalizar 2011", según su presidente, Tomás González. "Tenemos como socios al 97% de la inversión española en Brasil. Y no solo con las empresas gigantes, sino también con socios pequeños, que son los que más necesitan el apoyo de la Cámara".

Las grandes citas internacionales que tendrán lugar en Brasil en los próximos años -Mundial de Fútbol y Juegos Olímpicos- pueden tener un impacto decisivo en la expansión del español. Así, se ha creado una secretaría nueva, SaeCopa, que entre otras cosas impartirá cursos de idiomas -español e inglés- a los trabajadores del sector servicios: bomberos, policías, taxistas y hasta vendedores ambulantes.

Para Anastasio Sánchez, director del Cervantes en Salvador de Bahía, "hay unas diferencias abismales que arreglar en Brasil en todos los aspectos. Son más de 200 millones de habitantes y, aunque Lula haya sacado de la pobreza a 30 o 40 millones, queda mucho por hacer". Pero hay una razón para sentirse optimista: "A diferencia de España, aquí van todos a una, hay un Gobierno y una oposición que ayuda".
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RecopiLado
de:
CVC - CENTRO VIRTUAL CERVANTES

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